El pequeño ventanal abrió paso a los primeros rayos de sol de la mañana. Aquella luz cálida entró en la sala con cierto tono esperanzador. Tal vez aquella oscuridad que habían vivido había llegado a su fin, tal vez el sol marcó un nuevo comienzo.
Llevando la contraria a todo el mundo, Shaw puso el pie izquierdo en el suelo y salió de la cama. Un leve empujón la tomó por sorpresa y la devolvió entre las sabanas.
- Buenos días, Sameen. – susurró Root acercando sus labios a los de Shaw y retirándole el mechón que caía sobre su mejilla.
El comienzo del día no supuso ningún impedimento a continuar en la cama. Ninguna de las dos quería estar lejos de la otra, querían recordar para siempre aquella sensación de estar en contacto debajo de las sabanas. Sin embargo, aquel cálido momento no duró por mucho tiempo.
- ¿Harold? – contestó Root en el teléfono.
- Root, creo que querrías apresurarte en volver a la estación. Me temo que nuestro periodo de paz ha llegado a su fin.
- ¿Lo has conseguido, Harold?
- Querrás verlo con tus propios ojos.
- Harold. – dijo Root con voz tensa. El teléfono no emitió ningún sonido en los siguientes diez segundos. Ambos sabían lo que suponía parar la conversación con ese tono. Finch observó el panel de búsqueda situado al lado de la mesa del ordenador y se acercó para coger la fotografía de Grace.
- A veces es más sencillo olvidar antes que agonizar con la idea de que solo la puedes observar en la distancia, que no volverás a escucharla… o tocarla de nuevo.
- No debiste darlo por perdido, Harold.
- Root, tu capacidad de mantener la esperanza hasta en las peores situaciones es sin lugar a dudas refrescante, pero no compartida. Estaremos por aquí. – dijo Harold antes de colgar el teléfono.
"Si vuelvo, es por el perro", espetó Shaw después de escuchar la conversación. De camino a la estación, Root era incapaz de apartar su mirada, la observaba una y otra vez, recordando cada momento que habían pasado juntas trabajando para la Máquina. Al llegar a la entrada de la estación, Shaw paró en seco, chocando contra el cuerpo de Root, quien la abrazó por la espalda con la intención de tranquilizarla.
- Estoy aquí. – le susurró al oído.
Bear empezó a ladrar. La puerta se abrió.
