Nota obligatoria: los personajes de Saint Seiya desgraciadamente no son de mi propiedad, pertenecen al ingenio de un señor llamado Masami Kurumada, no gano ni un cinco (así decimos en CR) con esto.


La niña del lago

-Kanon, necesito que me ayudes a limpiar este desorden! Cada vez que los cuidas haciéndote pasar por Saga, la guardería queda hecha un desastre…

-Sólo los enseño a divertirse Aiorios… nada más… ustedes los tratan como si fueran … aspirantes a dioses o algo así… no se comportan como los niños que son, vamos compañero... tienen solo cuatro años... déjenlos vivir…

-Pues eso vas a tener que discutirlo con tu padre, Kanon… no conmigo…

-Vamos Aiorios… relájate… -terminó por decir el gemelo menor, mientras continuaba leyendo una revista de historietas, de esas que le encantaba comprar en Rodorio. Con su pose característica, sentado en una de las pequeñas sillas de la guardería con los pies sobre la mesa, restaba importancia con su actitud, a la preocupación del joven caballero de Sagitario, acerca de mantener el comportamiento de los más pequeños, dentro de los regimientos de la Orden.

Kanon, por su parte, en su afán de salir por allí a dar lata, gustaba de suplantar por ratos a su hermano en la guardería, haciendo pensar a los niños que ese día Saga se había levantado de buen humor y entonces los ponía a hacer desastre.

-Y según tú ¿cuál fue la lección de hoy? ¿desperdiciar pintura?

-Arte moderno… -contestó Kanon inflando el pecho orgulloso, mientras comenzaba a limpiar las paredes.

-¿Pinta tu propio Jackson Pollock en las paredes de la guardería?

-Sólo los incentivé a que dejaran volar su imaginación con la pintura… son muy buenos en eso…

-Ajá... y por cierto… ¿dónde están?

-No te preocupes Aiorios… le dije a Angello que los cuidara…


Jardínes cercanos a la guardería... sin Angello

-Mu!... ¿puedes o no bajar esas manzanas?

Mu trataba de concentrarse en bajar manzanas de un árbol repleto de frutos, los cuales se encontraban todos en la copa, ya que los pequeños aprendices dorados, habían dado cuenta de los que estaban más abajo. Sin embargo, para el lemurianito, era difícil lograr su objetivo con cinco niñitos ansiosos encima de él, clamando por las deliciosas golosinas que colgaban del árbol.

-Ustedes no me dejan pensalr… si no puedo pensalr no hay manzanas!

-Tenemos hamblre –reclamó Aioria con un puchero.

Mu resopló los mechones de pelo que le caían en la frente, cruzó los bracitos y se sentó en el suelo arrugando la naricilla enojado. Shaka se acuclilló a su lado y empezó a darle palmaditas en la espalda para tratar de calmar la molestia de su amigo.

Mientras tanto y sin que los niños se dieran cuenta, alguien los espiaba desde detrás del manzano, Camus, quien logró descubrir al extraño vigilante antes que los demás, se dispuso a encararlo.

-Oye tú… oh... eres… ¡¿eres una... niña?! ¿por qué nos espías? –el pequeño francés se arrimó a la personita que los observaba curiosa, quien era apenas un poco más alta que él- ¿por qué no llevas máscara?

La criatura, cuyo hermoso rostro estaba enmarcado en una cascada de bucles celeste claro, recogidos en una media cola, miraba a Camus, con unos grandes ojos del mismo color, sin decir nada.

-¿Con quien hablas Cam? –Milo se acercó a su amigo, con esa mirada llena de curiosidad tan característica de él, y al ver a la pequeña, el escorpioncito cambió su semblante travieso a uno adormilado, sorprendido de la belleza de aquella criatura–pero… que niña taaaan linda… – dijo suspirando el peliazul.

-¿Eres muda? –observó Shaka, quien se había acercado junto con Aldaberán, Mu y Aioria- ¿Polr qué no hablas?

-No… griego malo… malo –se limitó a decir la peliceleste, negando con la cabeza, y señalando hacia arriba con el índice preguntó- ¿fluta? ¿albór? ¿querer?

-Queríamos que Mu bajara unas manzanas –dijo Camus con un dejo de reproche y cruzando los bracitos al frente- pero no lo ha hecho… dice que no puede…

-No puedo porque ustedes no me dejan concentlarme… -replicó el carnerito sacando la lengua a su compañero.

La peliceleste sonrió y se colocó al lado del árbol, rodeándolo con sus manitas, luego apoyando su sonrosada mejilla al tronco, encendió un tenue cosmo y cantó una hermosa canción en un idioma que ninguno de los niños reconoció. Los chiquillos se quedaron embelesados viendo lo que hacía la pequeña, sobre todo porque de repente una gran cantidad de manzanas se desprendió de la parte alta del árbol y se vino al suelo. Mu de inmediato, atinó a atajarlas con su telequinesis y con cuidado las colocó en un montón sobre la hierba.

Un rato después, siete pequeños degustaban las dulces manzanas al pie del árbol, el cual parecía hacer bailar su frondoso ramaje, al compás de las risas infantiles -foy Milo –dijo el escorpioncito con la boca llena de manzana- ¿cómo hifiste efo?

-Milo… ¡no se habla con la boca llena!... ¡mucho menos con una niña!... ¿no te da velgüenza? –Camus le dio un bofetón al peliazul por la nuca haciendo que escupiera parte de su manzana sobre la peliceleste, quien se quedó viendo sus ropas sucias con los ojos abiertos a más no poder. Los seis niños se quedaron pasmados viendo la reacción de la chiquilla, quien de pronto se echó a reír a carcajada suelta, ante la mirada apenada de Milo.

-Que pena –dijo el escorpioncito riéndose también- …pero no te enojaste ¿verldad?... ¿quieres jugar con nosotrlos?

La chiquilla solo sonreía sin contestar, ni replicar lo que los niños le decían, sin embargo cuando éstos se levantaron para jugar, no se hizo de rogar y se unió a los alegres pequeños en sus correrías por todo aquel prado.


Por espacio de al menos tres horas, los niños jugaron felices a esconderse, perseguirse e incluso comenzaron a lanzarse los centros de las manzanas que habían comido entre ellos y es que la pequeña peliceleste era cualquier cosa, menos una delicada damisela, ya que resultó hasta más brusca y rápida que ellos en el juego, tanto, que incluso logró derribar al pobre Aldaberán con un empujón, por lo que los chicos estaban encantados.

De pronto, en medio de las risas, la niña se respingó como si recordara algo de repente –ya casi anochece y me están esperando... tengo que irme -pensó ella para sus adentros.

-No te vayas... por favor -al adivinar las intenciones de su nueva amiguita, Milo estuvo a punto de hincarse para rogarle que se quedara, sin embargo ella sabía que debía irse, no tenía opción, entonces despidiéndose con la manita corrió a toda velocidad hacia la arboleda que llevaba al lago que se encontraba en las afueras del Santuario, hasta que su pequeña figura, desapareció en medio de las sombras de los árboles.

-Que niña taaan bonita… –dijo Aldaberán con los ojitos brillantes- nos bajó muchas manzanas del árbol…

-Y era muy fuerte -dijo Mu, sobándose un bracito- vaya que sabe dar un golpe...

-Yo creo que estoy enamorlado –siguió el escorpioncito suspirando, mientras Aioria le daba un codazo- tú que vas a saber de eso Milo…

-¿De qué diablos están hablando ustedes? -Angello se había apresurado a regresar al Santuario, después de unas horas de caminar por los senderos secretos que solo él conocía, sabía que si los pequeños hacían alguna travesura, los mayores, como siempre, lo culparían a él, así que decidió que era hora de regresar al prado para corregir cualquier desastre, antes de la cena.

Cuando llegó al claro donde se encontraban sus hemanitos de armas, los niños se le abalanzaron encima para contarle todo acerca de la hermosa peliceleste, con quien jugaron toda aquella tarde.

-Ustedes si que están loquitos... -fue la respuesta del niño de Cáncer- las niñas no se revuelven con los niños aquí, además, si ella viviera en el Santuario, llevaría máscara...

-Pero en serio -dijo Aioria- era una niña y hablaba raro, pero de pronto salió corriendo por el camino que lleva al lago... parecía tener prisa por irse

Salió corriendo por el camino que lleva al lago... salió corriendo por el camino que lleva al lago...

Las palabras revolotearon en su cabeza y una sonrisa malévola apareció en los delgados labios de Angello. Así que cambió su semblante burlista a uno solemne y se volvió hacia los pequeños.

-No puede ser...-dijo dramático.

-¿Qué no puede ser Angello? -preguntó Camus con el ceño fruncido.

-Era... era la niña del lago... estoy seguro que desapareció, porque se dio cuenta que yo estaba cerca...

Los rostros de los seis chiquitines perdieron el brillo de sus sonrisas y se tornaron grises de angustia, con sus miradas suplicando una explicación. Sin dar tiempo a que alguno de los pequeños se atreviera a preguntar, Angello comenzó con su relato:

-Hace muchos años, una lindísima aprendiz de amazona de plata, fue enviada por su maestro a conseguir... mmm... manzanas! al pueblo y él le advirtió que no hablara con extraños y sobre todo, que no se desviara por alguno de los senderos ocultos del Santuario

Los pequeños se sentaron alrededor del niño de Cáncer, justo debajo del árbol de manzana, el cual parecía haber mermado el hermoso cantar de sus hojas para escuchar también la historia.

-Cuando la niña iba de camino a... al mercado -continuó el italiano con un tono sombrío- una ardilla se cruzó en su camino, desgraciadamente la niña era muy curiosa y corrió detrás del animalito, ignorando las advertencias de su maestro...

-¿Y qué pasó? -dijo Mu con los ojitos abiertos a más no poder.

-La niña... desapareció... -dijo Angello ensombreciendo la mirada- los últimos en verla con vida, la ubican cerca del lago... nunca más se volvió a saber de ella... eso hasta que...

-Ha- hasta -que-que? -se atrevió a preguntar el escorpioncito.

-Hasta que empezó a cruzarse en el camino de los aprendices más pequeños... dicen que cuando ella se les aparece, juega con ellos y los encanta debido a su belleza, sin embargo cuando habla nadie le entiende... y al final se lleva a los niños con engaños hacia el lago y nunca más los vuelven a ver...

Los seis chiquitines empezaron a gritar y llorar y corrieron sin detenerse hasta la guardería, buscando la protección de los mayores.

Una vez que los pequeños desaparecieron en alocada carrera, Angello se tiró a la hierba muerto de la risa, hasta que se le salieron las lágrimas.

Esa manada de diablos... que buen susto se han llevado...


Comedor, Templo Principal

Las comidas en el templo, siempre eran alegres y escandalosas, debido a que los aprendices dorados aprovechaban el momento para relatar sus aventuras del día. Durante esa semana Shion y Saga estarían fuera, visitando al hermano del Patriarca, por eso Kanon (suplantando a Saga, claro está), Aiorios y Shura, habían quedado a cargo de la tropa de chiquitines.

Como todas las noches, los mayores se aseguraron de que los pequeños tuvieran su cena servida para sentarse con ellos a comer, y como todas las noches, esperaban que los pequeños los bombardearan con gritos, preguntas e historias, sin embargo esa noche era diferente, todo estaba muy, muy silencioso.

Kanon los conocía, y sabía que algo había sucedido, ya que los chicos solían ser muy expresivos cuando estaban juntos.

-¿Pasa algo enanos?

Los pequeños respondieron negativamente con la cabeza, algunos estaban cabizbajos y otros ni siquiera probaron bocado. Instintivamente Kanon dirigió su vista a Shura y Aiorios, quienes se encogieron de hombros y luego a Angello, quien comía su cena con una gran (y sospechosa) sonrisa en el rostro.

Este Angello... casi que podría jurar que tiene que ver con esto...


Más tarde en el dormitorio de los aspirantes dorados

Ante la insistencia de Kanon, los seis más pequeños accedieron a contarle todo lo sucedido con la niña peliceleste y la famosa historia de Angello acerca del espíritu del lago. Kanon escuchó pacientemente, mientras dirigía una que otra mirada de enojo al niño de Cáncer, hasta que decidió que era suficiente y que además no aguantaba el sueño.

-Bueno enanos… ¡hora de dormir! –dijo Kanon terminando de arropar a los chiquitines en el dormitorio en común que compartían en el Templo Principal- de verdad ese cuento de la niña del lago es mentira... solo son tonterías inventadas por Angello para que ustedes se asusten... ¿verdad Angello?

...

-Mañana hablaremos largo y tendido acerca de las historias que les cuentas a los niños... ¿estamos de acuerdo?

El aludido se volvió en su lecho para darles la espalda a los niños que le miraban con reproche y a Kanon que lo regañaba, de verdad que hacía un esfuerzo enorme para disimular la risa que le causaba la situación.

-¿No puedes quedarlte un ratito con nosotrlos? –dijo Aioria tapándose la carita con la frazada.

-No, lo siento leoncito… hora de que yo me dedique a leer mis historietas, además –dijo el mayor en medio de un bostezo- mañana me toca levantarme temprano y si no lo hago Aiorios o Shura me sacan de la cama a patadas


Dormitorio de Saga, Templo Principal

Un rato depués, Kanon roncaba boca abajo, tenía sobre la almohada una de las revistas de historietas que leía regularmente, el trabajo de ese día con los aprendices lo había dejado tan agotado que no pudo leer más de dos páginas antes de caer inconsciente.

De repente en medio del sueño, sintió que algo se movía en la cama, atontado, encendió la lámpara y se encontró con el pequeño lemurianito de cabellos lilas acostado a su lado.

-Enano ¿qué pasa? -dijo más dormido que despierto.

-Tengo miedo… no quiero que esa niña se nos aparezca otra vez... y nos lleve al lago...

-No vas a creer que lo que les contó Angello es cierto... ¿o si?

-¿Me puedo quedar contigo?

Kanon sonrió resignado y como cada vez que su hermano pequeño se pasaba a dormir con él, lo arrimó hacia si para abrazarlo y le hizo cariño hasta que se durmieron los dos.

Media hora después...

El golpe de la puerta del cuarto, despertó al gemelo... era el niño de Escorpión –Milo… no me digas... la niña del lago ¿verdad?

El chiquillo lo miraba, abrazando una frazada y asintió con la cabeza.

-Es que... cuando cierro los ojos... la escucho hablando así... raro...

-Arriba entonces... -alentó el muchacho resignado, la cama era grande, dos enanos no iban a incomodarlo tanto.

Quince minutos después

-Saga!

-No fui yo papá... fue Saga lo juro...

-Saga!

-Yo que... ah si -Kanon despertó de repente con Milo dormido sobre su espalda y Mu abrazado, alguien llamaba a Saga, en ese caso a él, eran Aldaberán y Aioria, quienes venían agarrados de la mano. Kanon suspiró y les hizo una seña para que subieran al lecho.

Angello me las paga mañana... lo juro!

Una hora después...

Alguien pasó por encima suyo... o álguienes...

Cuando logró moverse para encender la lámpara, se topó de frente con un par de ojos azules que lo miraban interrogantes.

-Hola... Shaka -Kanon estaba tan cansado que apenas le salían las palabras- ¿tú también?

-Camus dice que no es posible que un espílitu camine de día... pero yo digo que es el alma de una niña... las almas de los niños podrlían salir con la luz del Sol...

-Eso no es lógico Shaka -Camus se cruzó de brazos frunciendo el ceño- los espílitus salen solo de noche...

Kanon, trataba de enfocar la mirada infructuosamente.

- Supongo que si no es lógico entonces deberían devolverse al dormitorio... ¿cierto o no?

Los dos chiquillos, se respingaron a la vez y negaron con la cabeza asustados.

-Está bien, busquen espacio en la cama, pero por favor duérmanse ya!


Dormitorio de Shura, una hora después...

-Shura...

El español se volvió sobre si para encontrarse con los ojos suplicantes de Angello, quien se encontraba de pie junto a su cama.

-Qué... Angello... es la una de la mañana -contestó aturdido Shura.

-Los enanos... -dijo el chiquillo lloriqueando.

-¿No te dejan dormir?

-¡Desaparecieron!


Rodorio, día siguiente

Kanon sentía que se iba a quedar dormido mientras caminaba por las callejuelas del pueblo junto con Aiorios, esa mañana tenían que conseguir las frutas necesarias para los jugos diarios de los más pequeños.

-Te lo juro Aiorios, no tienes idea lo que es dormir con seis enanos usándote de almohada...

-No Kanon... lo siento por ti -dijo el otro con una risilla- fue una noche difícil, Angello se pasó con Shura... resulta que se despertó en medio de la noche y ninguno de los pequeños estaba en la habitación, entonces llegó lloriqueando donde él arrepentido por haberles contado la historia... al final él mismo creyó que el espíritu del lago se había llevado a los enanos...

Ambos chicos se carcajearon a la vez, y es que la verdad había sido una buena lección para el niño de cáncer quien acostumbraba a hacer bromas muy pesadas a los más pequeños.

-Pero... me tiene intrigado ese cuento de la niña... ellos alegan que jugaron con una peliceleste la tarde completa... que era muy hermosa y que hablaba en un idioma muy extraño, los seis coinciden en su historia... en todos los detalles!

Aiorios siguió caminado cabizbajo, pensando en el misterio que aquello encerraba.

-Buenos días chicos!... ¿Saga de vacaciones?

Un hombre rubio, alto y elegante venía caminando ayudado con un bastón, hacia los dos aprendices dorados.

-Maestro Amadeo... un placer -dijo Kanon con una reverencia- si, Saga está el Lemuria con padre...

-Hola maestro ¿cómo ha estado usted? -saludó el chico de Sagitario.

-Bien, gracias muchachos, que bueno que les veo, quiero presentarles a alguien...

-Meister -una voz infantil se acercaba a ellos, desde el otro lado del mercado- ¿diese frucht ist gut?

Una criatura de hermosos rizos celestes y mirada del mismo color, venía corriendo con una bolsa llena de melocotones, con ansias por mostrarle la fruta a su maestro para que este la aprobara.

-Chicos... les presento a Kristërn Rosenträdgard, el futuro caballero de Piscis... aún no habla griego, pero estamos en proceso, llegó hace dos semanas desde Suecia

El pequeño peliceleste les sonrió e inclinó la cabeza haciendo una reverencia.

Kanon y Aiorios se volvieron a ver y sonrieron con alivio, habían resuelto el misterio del la niña del lago.


FIN

Aquí les dejo este shot, lo tenía guardado por allí, ojalá y lo disfruten, abrazos, Shakary