Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.
N/A: no sé ustedes, pero amo a este par. No yaoi.
Arroz con leche griego
-No… Cami…. no por favor… no otra vez
Los sollozos sustituyeron el silencio en la habitación. Y es que cada vez que el subconsciente le jugaba la mala pasada de recordarle aquel día, despertaba sollozando como un indefenso niño grande.
-Mierda -hipaba tratando de calmarse- cada vez que peleamos me sucede esto -se dijo así mismo jalando el contenido de su nariz y luego lanzó el puño a la almohada, furioso por su debilidad.
Los últimos resplandores del día se colaban por el cortinaje de la habitación, haciendo brillar las gotitas de sudor que le empapaban el torso desnudo "tengo que arreglar esto" -se dijo a sí mismo. Pesadamente se levantó de la cama y se introdujo al baño para darse una ducha.
Un rato más tarde en la escalinata frente Acuario
-Hola
Camus miró hacia donde se encontraba Milo, un par de escalones más abajo, de donde él estaba sentado comiendo de un tazón. Camus frenó la trayectoria de la cuchara hacia su boca abierta y enarcó una ceja -y eso… ayer dijiste que hubieras deseado nunca haberte toparte conmigo en tu vida…
-Lo sé -Milo bajó la mirada apenado. Las luces del atardecer, resplandecían en la armadura de Escorpión y Camus tuvo que proteger sus ojos con la mano- ayer dije muchas cosas -Milo suspiró y dirigió su mirada hacia un lado- lo siento…
Camus relajó el cuerpo, buscando una posición en la que pudiera dirigirse al griego con comodidad- no es decir lo siento Milo… me dolió lo que dijiste …
-Sabes que soy impulsivo… quizá demasiado…
-Tu temperamento es como una llama y vaya que esa llama quema…
-El tuyo como una ráfaga que paraliza -se defendió Milo suspirando, estaba evidentemente afligido- volví a recordar en sueños tu muerte -unas lágrimas resbalaron por las mejillas del escorpión y Camus abrió los ojos impresionado- no lo soporto... no quiero que pase de nuevo -Milo intentaba ocultar el llanto y limpió su rostro torpemente con el dorso de la mano- lo siento… de verdad lo siento… comprenderé si no quieres tratarme de nuevo...
-Milo -susurró el francés, levantándose de su lugar para quedar a la altura del otro- somos complementarios -Camus se acercó a Milo y con una media sonrisa lo rodeó, aprisionándolo en un cálido abrazo que dejó al peliazul sin saber cómo reaccionar- hielo y fuego… Milo…
-Hielo y fuego -repitió en un susurro el griego- del hielo y el fuego... surgieron las montañas más imponentes...
-Exacto y no voy a dejar de ser tu amigo por tu bocaza estúpida…
-Cami -Milo correspondió el abrazo ante las "cálidas" palabras de su amigo. Camus lo había perdonado de nuevo.
-Mi amistad contigo es el tesoro más grande Milo
-Cami...
-Por eso sabía que lo recordarías y vendrías a buscarme -Milo guardó silencio demasiado rato- lo olvidaste -afirmó entonces muy serio el francés.
-¿Yo?... yo nunca olvido nada... pero por si las dudas ¿de qué estás hablando?
Camus deshizo el abrazo y miró con ironía a Milo -¡ja!... lo sabía- afirmó, sin dejar de disfrutar el desconcierto grabado en la expresión del otro.
-No... no te entiendo -se defendió temeroso el griego.
-Nuestro decimoctavo aniversario...
-¿Dieciocho?… ¿de conocernos?... ¿tanto?… digo… ya... ya lo sabía -contestó Milo con orgullo.
-Si claro -Milo no dijo nada, solamente abrió los ojos como platos y las palabras no salieron de sus labios -¿y supongo que tampoco recuerdas cómo comenzó?- le preguntó Camus, adivinando al griego por la expresión boba de su cara.
-Yoooo…
-Bien Milo… entonces te refrescaré la memoria -Camus tomó un plato que tenía a su lado y se lo entregó a Milo, quien sonrió al recibirlo- todo comenzó con un tazón de arroz con leche...
Santuario de Atenas, dieciocho años antes
Hacía apenas una semana, Milo sopló las cuatro velitas de su pastel de cumpleaños. Para ese entonces, tenía un año de disfrutar de los beneficios que le traía ser el menor del grupito. Esos pocos meses de diferencia, le valían al pequeñín para ser el consentido de los demás. Antes de Milo, ese privilegio había sido de Shaka y antes de Shaka, de Aioria.
El bichito fue encontrado por Shion en el mercado de Rodorio, robando por hambre una manzana en el puesto del viejo Delos, cuando eso, tenía poco menos de tres años.
Rodorio, un año atrás, cuando Milo tenía tres años
-Pequeño rufián -gritó el viejo cascarrabias, cuando las manzanas de un estante cayeron como avalancha, gracias a que el peliazul tomó una de las que estaban más abajo- ven acá -dijo el hombre alcanzando al niño, quien se revolvía asustado entre las rústicas manazas de su captor.
-¿Peleando con un niño tan pequeño Delos? –el hombre se quedó de piedra; al frente suyo, tenía nada menos que al gran Patriarca del Santuario, acompañado de dos aprendices dorados; Saga y Aioros.
-Su.. su Santidad... disculpe usted -el hombre se inclinó en una reverencia- es que este ladronzuelo, acaba de echar a perder mis manzanas intentando robarse una, se merece una paliza...
Shion frunció sus puntitos debajo de la máscara -¿vale más una docena de manzanas que el cuero de un niño? -el hombre pasó saliva y no se atrevió a contestar, Shion se irguió con prepotencia -el pequeño está bajo mi cuidado -Saga y Aioros se quedaron asombrados mirando al Patriarca- yo me encargaré de reprenderlo y en cuanto a las manzanas, me llevo todas las que cayeron... a los chiquitines les gusta el puré -Delos no se atrevió a decir nada más y soltó al lloroso niño, quien corrió a los brazos del caballero mayor.
-Aioros... págale por favor
-Sí señor
-Hola -dijo Shion amablemente, mientras levantaba al chiquitín en brazos y caminaba de vuelta al Santuario- ¿cómo te llamas?
-Milo -el pequeño escondió su rostro en el cabello gris del mayor- me luede la pancita...
Shion lo abrazó de forma protectora y le dio una galleta de avena que sacó de un bolsillo de su túnica - ya... ya -lo consoló peinando los cabellos azules con los dedos- esa pancita nunca volverá a doler de hambre -en cuanto entró al primer templo, Shion se deshizo de la máscara- no tienes que temerme...
-Papi y mami se fuelon al cielo...
Shion sonrió triste -si... pero ahora te cuidaremos aquí... ¿sabes?... te pareces mucho a un amigo... se llamaba Kardia… él también se fue al cielo
-¿Ela guapo?
Shion rió muy fuerte, mientras subía las escaleras con el niño en brazos -si... Kardia era guapo... casi tanto como tú pequeño...
Santuario de Atena, Grecia, dieciocho años atrás
En esos días, su Santidad andaba un poco inquieto. Desde hacía unos años, las estrellas anunciaban la llegada de los miembros de la futura Orden Dorada, pero los mensajes eran escuetos y difíciles de interpretar. Sin embargo, hasta el momento todo parecía haber salido bien; uno a uno los chiquitines iban llegando y ahora era el turno del penúltimo guardián dorado: el de acuario.
Esa tarde, los aprendices más pequeños, llevaban la clase de aprestamiento en la guardería, bajo la tutela de la amazona de Corona. Por su parte, Angello, quien era un poco mayor que los otros, seguía adormilado las clases de literatura clásica, las cuales estaban a cargo de Lucca de Acuario.
-Angello -el belga le atinó en la cabeza con el puntero- despierta... es una desconsideración dormirse... te estoy hablando
El cangrejito abrió los ojos, restregándose con insistencia -pero... maestro... tengo sueño
-Sigamos Angello... según Hesíodo... ¿cuál es la descendencia de Nix?
-Phobos... Pseudos... mmm... ¿Eros? -Lucca negó con la cabeza, pero se distrajo cuando miró al joven aprendiz de Sagitario arribar con un pequeño peliturquesa de la mano.
-Buenas tardes, maestro Lucca... amazona... chicos -interrumpió Aioros, el niñito que venía con él, traía abrazada una copia en francés de "El Principito" -les presento al aprendiz de Acuario– el arquero se agachó para estar a la altura del pequeño- mira, ellos son tus compañeritos y este señor elegante será tu maestro...
Lucca se levantó muy emocionado, pero como siempre sin externarlo mucho -hola- dijo en francés, ofreciendo la mano al niño, quien apenas respondió el saludo -soy Lucca joven... ¿cómo te llamas?
-Camus- contestó entre pucheros -quielo ilme
-Todos quieren irse al principio -Lucca revolvió los cabellos turquesas- ¿cuántos años tienes? -el niño contó sus deditos y le mostró tres.
-¿Tres años? -preguntó Aldaberán, quien se había acercado con los otros pequeños rodeando al francesito para estudiarlo con detenimiento- mira Milo... es más pequeño que tú... ahora eres mayor
Milo abrió los ojos a más no poder "ahora eres mayor... ahora eres mayor"... ¿qué consecuencias tendría eso en su, hasta ahora, confortable estilo de vida?
-Eres pequeño -dijo Mu comparándose con Camus, a quien le llevaba unos centímetros de estatura- yo soy más grande que tú...
-Yo...
-¡Miren sus cejas!... ¡miren sus cejas! -gritó Milo con toda la mala intención de burlarse de Camus, la verdad es que el detalle de las cejas bífidas era raro y llamativo, lo que podría dar pie a muchas bromas de parte de sus compañeritos.
El francesito arqueó las cejas y Shaka se le acercó con curiosidad –tus cejas son…- Camus estaba a punto de echarse a llorar- son muy bonitas -Milo arqueó la boca haciendo un puchero, las cosas no habían salido como quería- mira… yo casi no tengo y Mu no tiene del todo –dijo el rubio levantándose el flequillo, para mostrar dos delgadas líneas de vello blanco.
-Son geniales Camus –dijo Aioria muy entusiasmado, el francesito sonrió contento al ver que a sus compañeritos les gustaban sus extrañas cejas- mira Milo… parecen selpientes con la boca abierta
-Wow... es cierto -Aldaberán y Mu, estudiaron la frente del francesito, celebrando aquella maravilla.
A Milo, quien estaba cruzado de brazos, no le hacía nada de gracia la popularidad del nuevo niño y dejando de lado toda cortesía, exclamó enojado –son cejas tontas… como selpientes tontas- y al decir esto, salió corriendo fuera de la guardería.
Todos los demás niños se miraron asombrados por la extraña conducta del escorpioncito y Camus no podía creer que le habían dicho algo tan horrible. Gracias a la diosa, en ese momento llamaron para la cena, distrayendo a todos del asunto.
-A comer... a comer -canturrearon algunos de los niños ante el sonido de la campanilla. Lucca le arqueó una ceja a Aioros y el arquerito movilizó a los pequeños hasta el comedor, donde comían todos juntos –vamos chicos… apresúrense… que todos tenemos hambre
Una vez se fueron los niños, Lucca se volvió hacia su compañera y ambos negaron con la cabeza –me huele a que Milo está celoso- canturreó la amazona y el belga suspiró con preocupación, mientras ella le pasaba la mano sobre los hombros y lo rodeaba lentamente, hasta quedar sentada en su regazo –no te preocupes Lucca- dijo quitándose la máscara para besarlo en los labios –yo te ayudaré.
-Estoy feliz con la idea de ser maestro... es solo que...
-¿Si?
-Es muy pequeño… no sé si estaré preparado para cuidarlo…
-Lo harás bien –ella volvió a besarlo- parece un niño bueno y con respecto a Milo… ya se le pasará…
-Condenado enano…
-¡Lucca! –regañó ella dándole un golpecito en el pecho.
-Lo siento...
Como siempre, a Saga le había tocado la tarea de ir a buscar a Milo y traerlo de donde sea que estuviera oculto, por lo tanto, el pobre gemelo mayor llegó tarde a cenar con el escorpioncito tomado de la mano y haciendo pucheros.
-Ya Milo, no seas llorón... Castalia preparó papas bravas y ternera asada... dijo que nos iba a tener una sorpresa para el postre…
-¿Arroz con leche? -preguntó Milo agarrado de la mano de Saga, caminando los más rápido que podía para igualarle el paso al niño mayor.
Saga sonrió -si... al rato sea arroz con leche ¿tu postre favorito verdad? -Milo asintió- tienes que portarte bien... no queremos hacer enojar a mi papá -en ese momento Saga se volvió hacia Milo para mirarlo mientras hablaba y notó un pequeño, pero inquietante detalle en su cara.
-¡MILO! -gritó asustado y al percatarse de que Milo se había depilado las cejas comenzó a reír- ¿pero qué te hiciste tonto?
Mientras tanto en el comedor
-Ya... ya... calma -Shion levantó en brazos a Camus, quien no dejaba de llorar y se lo sentó en el regazo para darle de comer. Normalmente el Patriarca solía ser muy apegado a los niños y los mimaba mientras eran pequeños- te cuidaremos mucho aquí, no hay de qué preocuparse...
Era la hora de la última comida del día. Los aprendices dorados, se sentaban en largas bancas de madera, debido a que Shion estaba convencido de que los más pequeños tenían tendencias suicidas y por eso eliminó los asientos individuales para minimizar el récord de accidentes. Uno al lado del otro, los chiquitines compartían alimentos y conversación con sus compañeros mayores, tal como una gran familia.
-Mmmmm... que rico -dijo Mu con un trozo de papa horneada en la mano, mientras celebraba bailando. Eso lo hacía cada vez que algo le gustaba mucho- ¿verdad Shaka?
El pequeño rubio asintió con un risilla, mostrando sus dientitos de leche -la mía tiene forma de Luna
-La mía parece un cuerno -dijo Kanon colocándose una de sus papitas cerca del cabello. Todos los más chicos comenzaron a jugar con sus gajos de papa, mientras el comedor se llenaba de risitas infantiles.
-Kanon... ¿podrías dejar de jugar con la comida?
-Lo siento pa -el peliazul se encogió avergonzado en su asiento- digo, su Santidad...
Esa noche, Camus era el privilegiado en los regazos del Patriarca y Milo estaba realmente dolido por eso. La mayoría de las ocasiones aquel era su sitio, sino es que algún otro estaba enfermo. Pero ese día, el francesito de cejas ridículas le había quitado su lugar.
-Chicos -interrumpió Castalia desde la cocina- ya está el postre -los pequeños comenzaron a gritar de la emoción- el que haya terminado tendrá su porción de arroz con leche...
Angello se metió todo lo que quedaba de su carne y papas en la boca y con las mejillas cargadas, llevó su plato hasta la cocina, para recibir a cambio un tazón de dulce. -Angello- regañó Castalia -algún día te vas a atragantar por hacer eso- el italiano contestó con sonidos inteligibles -toma... dile a los demás que traigan sus platos
De nuevo en el comedor
-Milo... si no terminas tus papas no te dan postre -dijo Mu, señalando el plato casi intacto del peliazul.
-No quiero ese tonto postre...
-Milo -regañó Shura, Shion negó con la cabeza. El gran Patriarca sabía que el comportamiento de Milo se debía a celos infantiles e imaginaba que la falta de cejas en su rostro, tenía que ver con lo mismo- deja de usar esa palabra... menosprecias el trabajo de Castalia...
-Lo siento -dijo el chiquillo golpeando con el dorso de la cuchara las papas que tenía al frente. En ese momento Castalia entró al comedor cargando una bandeja llena de tazones, ganándose los vítores infantiles.
La afanada cocinera, fue entregando los platos a los comensales, sin embargo, ninguno de los chicos se atrevió a probarlo -Casta- dijo Kanon mirando extrañado su plato, el cual giraba una y otra vez escrutándolo con desconfianza -¿qué es esto?
-Arroz con leche -contestó ella con seguridad.
-Pero… ¿qué tiene encima?
-Quise darle un toque francés -Castalia entregó el último plato a Camus, quien permanecía acurrucado en el pecho del Patriarca- como la creéme bruleé
Al escuchar el nombre de su dulce favorito, el francesito se fue desprendiendo de a poco de los brazos de Shion y revisó con curiosidad el plato frente a él. Tal y como acostumbraba a hacerlo en su casa, le dio un par de golpecitos con el dorso de la cuchara al crocante, liberando al suave pudding de abajo. Los demás chicos imitaron al peliturquesa y comenzaron a degustar el postre.
-Espero lo disfruten pequeños… tú también Milo -dijo la cocinera antes de retirarse. Milo continuaba con el ceño fruncido, le parecía que el arroz con leche era perfecto como para echarlo a perder de esa forma. Enojado y a regañadientes, tomó su cucharita y lo probó.
Rayos, centellas y relámpagos, aquello sí era un estallido de cosas deliciosas. La combinación del arroz con leche frío y el crocante caliente, era lo mejor que había probado en toda su corta vida.
-¿Te gusta Milo? -preguntó tímidamente Camus. Shion sonrió y los chicos más grandes esperaron la respuesta del peliazul.
-Bueno -contestó el chiquillo y luego sonrió- creo que es lo más rico que he probado… que buena idea… ¿me das tu crocante?
Camus afirmó contento y bajó del regazo de Shion para sentarse junto a Milo. El escorpioncito estaba feliz con el francesito, aquello parecía el inicio de una amistad duradera -del hielo y el fuego... surgieron las montañas más altas- le murmuró Shion a Saga, quien permanecía sentado a su lado.
Escalinata, frente a la casa de Acuario, dieciocho años después
-Te dije que no
-Por favor Cami... ¿qué te cuesta?
-Siempre te comes el crocante de mi postre…
-Lo siento… pero es la mejor parte
Milo se sentó al lado de su mejor amigo, en medio de la escalinata entre Acuario y Capricornio. Camus se había hecho de dos platos de la receta especial de arroz con leche que preparaba Castalia, para compartirlo con Milo. Y es que desde la llegada de Camus, la cocinera espolvoreaba un poquito de azúcar por encima y la derretía en el horno para crear un delicioso crocante, tal como en un créme bruleé. Aquel detalle le daba un toque de hogar al dulce, que Camus disfrutaba enormemente y para él era un deleite quebrar el cristal con la cucharilla y saborear los trocitos de caramelo, mezclados entre la suavidad del pudding.
-A veces creo que no me quieres -protestó Milo haciendo un puchero exagerado, Camus, quien tenía la cuchara en la boca, se volvió hacia el griego y enarcó una ceja.
-Aquí va de nuevo -murmuró entonces- Milo... sabes que te quiero -Camus le dio la espalda a su amigo y continuó disfrutando el dulce- ahora déjame comer en paz…
-¿De verdad me quieres? -Camus afirmó en silencio- ¿más o menos que a ese postre? -Milo intentó introducir su cuchara en el plato de Camus.
-Ni más, ni menos... solo diferente -dijo el francés acuerpando su plato para protegerlo. Aquello se había convertido en un juego y ambos dorados comenzaron a perseguirse por la escalinata.
En ese momento Aphrodite y Saga subían al doceavo templo para una partida de pócker. El gemelo abrió los ojos al máximo, cuando vio el comportamiento de los dos más jóvenes. El sueco, quien al ser vecino de Camus estaba acostumbrado a aquello, se volvió a su amigo para aconsejarlo- no es la primera ni será la última, solo finge indiferencia...
-Ok -murmuró Saga sin salir de su asombro y ambos continuaron la marcha.
-El mío ya no tiene crocante -se quejó dramático el escorpión, batiendo su cuchara en el aire.
-Lo siento por ti…
-¿Lo ves?... no sé como sigo siendo tu amigo después de todo esto... Mira que hasta me rapé las cejas por ti...
Camus detuvo la carrera, miró el contenido de su plato y sonrió -somos amigos, porque somos la mejor de las combinaciones...
FIN
Hola, yo de nuevo, disculpen el abandono de las historias paralelas, pero es que de verdad a veces no me da tiempo de nada. Muchas gracias a quienes siguen este bloque de shoots, a sus faves y seguidores, les cuento que a mi me encanta escribirlos. Un abrazo.
