Hola gente linda!
Gracias por las correcciones! ;). Suelo ser despistada cuando escribo después de las 1am o_0 *, asique puede que encuentren algún error por ahí TT-TT…avísenme si ven algunos, gracias :D.
Para las personas a las que no les gusta la historia: Bueno sobre gustos no hay nada escrito, y yo no obligaré a nadie a leer algo que nos les gusta. Asique buen viaje! (*u*)/. :P
Hablando en serio. Como autora de esta historia les aconsejaría que no se apresuren tomar conclusiones. Personalmente, quiero que los personajes vayan creciendo (emocionalmente) mientras la historia va trascurriendo, (algo así como en este anime ;D), además si Sakura fuera como queremos que sea desde el principio, esta historia seria como muchas otras… y terminaría demasiado rápido ;D. ¡Por supuesto que yo también adoro a las Sakura patea traseros! \(*0*)/
En fin, ustedes deciden si quieren seguir leyendo ;D (Obvio, me encantaría que dijeran que ¡SÍ! :D). Por mi parte ya no los molesto más! ^3^
Disclaimer: Los personajes de M. Kishimoto no me pertenecen. En cambio la historia sí es de mi creación.
Capitulo 3
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―¡Iré a traer unos repuestos allá atrás!
Itachi elevó la voz sobre el volumen de la música. Want you bad de The Offspring, sonaba en la vieja radio portátil situada entre los trofeos del bisabuelo Madara, un legendario ex corredor del DAKAR; ahora estos reposaban en una de las estanterías contra la pared sin revocar del taller.
Sasuke asintió sin despegar la vista de lo que estaba haciendo, como única señal de que lo había oído.
―Avísame si alguien me busca ―agregó Itachi. El sonido de su voz se fue apagando mientras se alejaba por la puerta posterior del taller, que conducía a un depósito, un baño y las escaleras al departamento de arriba, lugar donde Itachi vivía temporalmente.
Bajo el capó de un Chevrolet Impala, Sasuke conectó el motor de arranque que acababa de reparar. Estaba en cortocircuito, por lo que no funcionaba. Consecuentemente, el auto no encendía. Problema que hubiera llevado a muchos a comprar un nuevo burro, pero para Sasuke el problema tenía una solución, y una no muy compleja.
Cuando terminó de ajustarlo bien y revisar las conexiones, se irguió y comenzó a limpiarse la grasa de las manos con un trapo. Después fue detrás del volante, insertó las llaves en el contacto y probó encender el motor.
Efectivamente, arrancó.
Una sonrisa imperceptible adornó sus labios. Satisfecho con su trabajo, salió del auto y cerró el capó. Secó el sudor de sudor de su frente con el dorso de la mano y echó un vistazo al reloj analógico con motivos de truecas y engranajes colgado en una pared llena de posters de autos clásicos y mujeres despampanantes.
Eso es todo por hoy, pensó. Debía volver a casa, y al menos tratar de leer algo para el examen del día siguiente. Mientras pensaba en esto, su primo regresó con los repuestos que buscaba en mano, y un par de botellas de agua.
―Veo que has terminado ―su primo dejó los repuestos en el banco a su derecha, y le lanzó una botella.- Buen trabajo.
Sasuke la atrapó en el aire. Se apoyó en el lateral del auto y miró a su primo a los ojos mientras desenroscaba la tapa.
Había algo que no tenía muy claro.
―¿Te vas él siguiente sábado? ―preguntó alzando la voz.
Itachi bajó el volumen de la radio, y puso las manos en las caderas.
―Sí, el siguiente sábado…, pero si algo surge, a más tardar puedo salir el domingo temprano.
Sasuke asintió y luego bebió un largo sorbo. En una semana su primo viajaría a Canadá. Se iría por tiempo indefinido. Visitaría a su familia, que vivía allí y que hace alrededor de un año que no visitaba.
Itachi viajaba constantemente a Canadá, y de regreso. Pero desde que Sasuke había empezado a trabajar para él, ya iban a ser tres años, lo había hecho con menos frecuencia. Al punto de que el ultimo año no había viajado a su lugar natal.
Sasuke nunca le había hablado de la magnitud de los problemas que tenia con su padre, pero lógicamente, Itachi era consciente de que su relación no era buena.
Por su lado, Itachi nunca había sido cercano a Fugaku, su relación se había deteriorado desde la muerte de Mikoto, cuando Fugaku dejo de tener contacto con la familia. Pero su primo sí sabía de los demás problemas en los que solía meterse Sasuke. Las peleas y demás, por eso no sospechaba que a veces era su padre quien lo golpeaba. También era consciente, de la clase de gente que lo buscaba para que formara parte de ellos. Gente que no era más que basura de la sociedad.
Sasuke no era tan idiota coma liarse con ese tipo de basura de gente, pero apreció que Itachi se preocupara por él, justo cuando creía que no significaba nada para nadie.
Sasuke bebió el último sorbo de su botella, y seguido secó con el dorso de la mano el agua que le resbalaba por la comisura del labio.
―¿Ya tienes todo listo?... ¿hay algo que necesites?
Itachi sonrió.
―Todo en orden. Solo tengo que terminar todo mis encargos antes del sábado ―cambió su peso de una pierna a la otra y paseó la vista alrededor―. Cuando me valla, tu estarás a cargo. Llamaré a Pain, el baterista, para que te dé una mano.
Sasuke desvió la mirada, y se preparó para lo que diría a continuación.
―Pero, sabes que si quieres, puedes venir conmigo y ayudarme en el nuevo taller ―hizo una breve pausa, y agregó con tono firme―. Todo el tiempo que quieras.
Sasuke suspiró silenciosamente.
¿Quería ir con él y largarse de allí?... Maldita sea que sí.
Pero aun era demasiado pronto, y quería planearlo un poco más…
Pasar más tiempo con sus amigos.
Terminar la secundaria.
Correr una última vez…
Olvidarse de esa estúpida obsesión de atormentar a Sakura…
Evitó seguir la línea de pensamientos a lo que conducía esto último.
Sonrió tensamente. Eres un maldito masoquista, se dijo.
―Gracias por la oferta Itachi ―se giró para tirar la botella en el cesto de basura.-Pero esperaré un poco más antes de ir.
Itachi asintió una vez, pero no del todo convencido.
No le gustaba la idea de dejar a su pequeño primo solo. Sabía que él no era un idiota que pondría el pie en el lugar equivocado, pero también sabía que Sasuke era un obstinado orgulloso que no pediría ayuda si la necesitase.
No sabía cuánto le tomaría volver, quizás más de un año.
Trató de no darle más vueltas al asunto. Aun tenía una semana y quizás cambiara de opinión, fue su pensamiento. Y si no, le pediría a Pain que le pusiera un ojo encima y lo llamara si algo ocurría.
Asintiendo a estos pensamientos se permitió relajarse de momento.
―Está bien, Sasuke, ya has terminado por hoy. Ve a casa ―se giró y comenzó a desenvolver los repuestos de su protección―.Te veo mañana.
Sasuke le dio las llaves del Impala, para que las guardara. Y tras lavarse las manos y quitar cualquier rastro de grasa, se marchó a casa.
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Cuando estuvo de regreso en casa, no encontró a su padre allí. En cambio, encontró un desastre de botellas y vasos rotos. Rastro de que su padre había estado bebiendo de nuevo y desquitado su enojo en un arranque de furia.
Suspiró de cansancio al pensar que él seria quien tendría que limpiar todo eso.
Diciéndose a sí mismo que lo haría más tarde, entró en la cocina para prepararse algo de cenar. Le gustaba cocinar y tenía un gran apetito, quizás fuera porque gastaba mucha energía todos los días y por su robusto tamaño.
Después de cenar milanesas napolitanas, guardó las sobras en el refrigerador y empezó a limpiar con fatiga. En veinte minutos estaba sacando la basura.
Cuando salió al porche de su casa, se percató de que ya había anochecido. La fresca brisa nocturna le puso la piel de gallina en los brazos cuando abrió la reja del portón y salió a la vereda. Colocó la basura en el canasto, a salvo de los perros vagabundos.
―¡Sakura!, ¡Mebuki te necesita!
Sasuke se limpió las manos en su camiseta gris sin mangas, y miró por encima del hombro a la casa de al lado.
La casa de Sakura era poco más grande que la de él, también de dos plantas. Pero tenía grandes ventanales con marcos de madera barnizada, era de paredes color durazno, y poseía un jardín con césped y lleno de flores de todo tipo, desde rosas a pequeños cactus; algunas en macetas de muchos colores. Tenía también, reposeras de madera con cojines colorinches y una mesa de hierro entramado pintada de blanco. La cerca de madera le llegaba a la altura de las caderas, y había sido pintada recientemente de color rojo, por Kizashi mismo.
A su lado, la casa de Sasuke contrastaba enormemente con aquella. Una parecía llena de vida y felicidad y la otra reflejaba tristeza y olvido. Las plantas de Mikoto habían muerto hace años y a la casa le faltaba una nueva mano de pintura.
―¡Ya voy! ―contestó una juvenil voz femenina.
Sasuke la divisó en el jardín, y la atrapó a tiempo con su mirada fija en él.
Entonces recordó que la había estado evitando hace una semana y media. Desde que habían discutido no había vuelto a molestarla, ni mirarla siquiera.
La estudió por unos segundos.
Ella estaba sentada en una de las reposeras y en su regazo acariciaba a Ramón, un pequeño gato negro, que a veces por las noches se colaba en el árbol fuera de su ventana y empezaba a maullar diabólicamente, sin dejarlo pegar un ojo.
Su cabello ondulaba con la suave brisa nocturna y parecía fantasmalmente delicada con ese suéter blanco y sus pantalones jeans cortos.
Después de apenas unos segundos de contacto visual, sus ojos verdes se llenaron de angustia y frunciendo levemente el ceño apartó la mirada. Puso a Ramón en el suelo y se levantó, para después encaminarse a la puerta de su casa. Ramón se colaba entre sus piernas de vez en cuando reclamando su atención.
―Buenas noches, hijo.
Sasuke desvió la vista de la espalda de Sakura, al hombre que lo miraba fijamente desde el umbral de la casa, apoyado en el marco de la puerta.
Asintió hacia él y le devolvió el saludo.
―Cómo va todo en el taller ―preguntó el padrastro de Sakura, haciéndose a un lado cuando ella se adentró en la casa sin voltear a ver ni una vez.
―Todo va sobre ruedas, señor Kizashi ―respondió de manera despreocupada mientras veía a Sakura desaparecer dentro la casa ―. Me mantiene ocupado la mayor parte del tiempo.
Kizashi asintió, y por un momento se quedó viéndolo sin decir nada.
Desde allí, Sasuke podía observar su semblante regio y formidable. Kizashi era un hombre robusto y alto. La luz del interior de la casa solo acentuaba su porte intimidatorio en la oscuridad nocturna. Y si bien no podía estar seguro, le pareció que lo miraba con expresión inescrutable. Por un breve instante creyó que sabía de la relación de Sakura y él, y que lo mandaría al diablo y algo más. Pero descartó ese pensamiento al recordar la naturaleza de Sakura. A ella no le gustaba involucrar a los demás en sus problemas y darles más preocupaciones, de las que ya podían tener.
Kizashi carraspeó y se rascó la barbilla.
―Quizás me pase por allí. Necesito que le eches un vistazo al BMW. Creó que las protecciones del caño escape están flojas y por eso hace ese ruido. Ya sabes ese ruido que―
―¡Kizashi, ven aquí un segundo! ¡Necesito mover esto!
Era la voz la señora Mebuki. Kizashi resopló y se disculpó. Le prometió que cualquier día visitaría el taller. Sasuke le respondió que él mismo se encargaría de solucionar su problema y luego de despedirse, entró en la casa.
Kizashi fue el que empezó a mantener conversaciones con él. Sasuke solía ser muy evasivo con este, pues siempre le daba la sensación de que sabía lo que estaba pensando. Y parecía como si quisiera mostrarse, forzadamente amable con él.
Hubo un tiempo en el que Sasuke pensó que solo sentía lastima, ya que debía oír los gritos de su padre cuando estaba ebrio y lo insultaba, o simplemente porque era consciente de su situación.
Sacudiendo la cabeza cerró la puerta principal. No podía posponer más sus deberes si quería aprobar el examen del día siguiente. Subió a su habitación.
Pero antes necesitaba una ducha, se dijo desvistiéndose de camino al baño.
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Mientras el agua caliente caía sobre su cabeza y comenzaba a enjabonarse el cuerpo, fue consciente de lo agarrotados que tenía los músculos y de que estaba realmente cansado.
Esa semana había estado muy absorto en su trabajo, tratando de mantenerse ocupado y de no tener tiempo para pensar demasiado. No quería admitirlo, ni a él mismo siquiera, pero había hecho lo posible para evitar darle vueltas a algo que le carcomía la cabeza, desde que tuvo aquella discusión con Sakura hace más de una semana. Había intentado, inútilmente, refrenar aquellos pensamientos.
Aquel encuentro había dejado un sabor un tanto amargo en su boca.
Tomó un poco de champú y comenzó a frotarse el pelo con los ojos cerrados.
Sabía que había llegado demasiado lejos con ella. Había sido más rudo que nunca, y la había dejado al borde de las lágrimas. Y ella nunca lloraba o se quebraba frente a él.
Si se quebraba siempre lo hacía donde nadie la viera. Ella siempre había sido así. Siempre se levantaba cuando él la empujaba, y seguía adelante ignorándolo.
Eso además de frustrarlo por no poder derrumbarla, era algo que envidiaba de ella.
A pesar de su padre había muerto y su madre debía sacrificarse por ambas, Sakura había sido una niña alegre y enérgica. Había sido un apoyo para él durante su amistad, porque ella siempre había sido la más fuerte de los dos.
Frustrado, golpeó la pared de la ducha con un puño.
Se lo había confirmado en el último encuentro.
Incluso después de todo el daño que le había hecho. Ella seguía creyendo en él. En que el antiguo Sasuke no estaba perdido. Le había dicho en palabras claras que todo en él era una fachada y que se escondía debajo de eso.
Nadie había tenido los huevos suficientes para decirle algo como aquello hasta ahora.
Eso había tocado algo dentro de él. Y no supo cómo reaccionar, por lo que enojándose consigo mismo, se había desquitado con ella. Como siempre, se dijo.
Ella tenía un corazón tan grande, que no podía odiarlo. No, no Sakura.
Pero estaba malditamente seguro de que jamás lo perdonaría.
Y eso está bien por mí, se dijo apretando los ojos con fuerza.
Porque él no quería su perdón. No lo merecía, por eso nunca se disculparía.
Cerró la ducha y tanteó una toalla.
Tal vez debería alejarse de Sakura por un tiempo. Todo esto empezaba a molestarle a él también.
Quizás… sea yo el que tenga que evitar cruzarme en su camino, murmuró para sí mientras salía del baño frotándose una toalla en la cabeza.
Pero parecía más fácil decirlo… ―"Solo tengo que mantenerme lejos de ella" ―se repitió.
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Ino se retocaba el maquillaje mientras veía su reflejo en el pequeño espejo en la puerta de su casillero. Cuando terminó, sacó su almuerzo, y lo cerró. Luego se giró hacia Sakura, que la miraba impaciente con los brazos cruzados.
―¿Qué esperas para contestarme? ―susurró Sakura en voz alta con un brillo de crispación en sus ojos verdes.
Ino acomodó su brillante melena rubia sobre un hombro y la miró inocentemente.
―¿De qué hablabas?
―Por favor Ino, no te hagas la desentendida conmigo ―descruzó los brazos y enterró las uñas en las palmas de sus manos mientras susurraba incrédula―. Acaba de decirme que me veo genial, ¡y que quiere almorzar conmigo!
Ino no contestó, en cambio reprimió una sonrisa.
―Por favor, dime que no es verdad. ¿Le has dicho a Neji que estoy interesada en él? ―insistió Sakura con desasosiego en su voz.
Ino rodó los ojos.
―Él solo me preguntó si le darías una oportunidad, y yo le dije que sí. Nada más ―contestó en tono despreocupado mientras agitaba su mano restándole importancia al asunto.
Sakura pestañeó.
―¿Nada más? ¡Acaso estás loca! ―susurró demasiado fuerte―. ¿Qué voy a hacer ahora?
Se mordió el labio con nerviosismo.
Ino se acercó a ella y la tomó por sus hombros, ligeramente sacudiéndola.
- Nada, ¿me escuchas? Lo único que vas a hacer, es dejar que él te coquetee y sea lindo contigo. Y si tú quieres, le vas a dar una oportunidad.
Sakura la miró desconcertada.
―No tengo ganas de salir con nadie, Ino… Estoy bien así.
Ino volvió a sacudirla.
―Frentona, míralo de este modo: dejar que Neji se acerque a ti, significa que él estará de tu lado. Además, se extinguirá ese falso mito de que eres lesbiana, o peor aún, que eres invisible y nadie se interesa en ti ―repuso, sonriendo juguetonamente.
Sakura la miró como si estuviese loca.
―¡No puedo salir con alguien solo para mi propio bien! Y tampoco si no me gusta esa persona―susurró esto último.
―Nadie ha dicho nada sobre ese tipo de gustar, Sakura… En todo caso, eso es algo que lo descubrirás cuando conozcas a la persona. ¿Y cómo esperas conocerla si nunca sales con nadie?
Buen punto, pensó Sakura. De pronto, ese pensamiento fue desplazado por otro más preocupante: Neji era uno de los amigo de Sasuke.
―¿Y si todo se trata de una jugada de Sasuke? ―murmuró en voz alta.
Ino la miró con genuina preocupación.
―Oh, lo siento Sakura. No había pensado en eso ―se afligió.
Sakura se libró de su agarre, y la tomó de las manos.
―No te preocupes, Ino ―la tranquilizó―. Sasuke no es de los que meten a sus amigos en estas cosa.- trató de convencerse a sí misma sobre eso también.
Los amigos de Sasuke siempre se habían mantenido al margen, y nunca se involucraban entre ellos. Él más bien, había mantenido a todos los chicos lejos de ella con rumores desagradables. Fueran o no amigos suyos.
Por lo menos, hasta ahora Sasuke nunca había hecho algo ten rastrero como involucrar a sus colegas en sus jugarretas, y tenía la fuerte intuición de que nunca lo haría. Pero no podía estar del todo segura cuando se trataba de él, pensó con amargura.
―Está bien. Si tú lo crees así… Solo piénsalo, y si Neji intenta algo le diré a Sai y Shikamaru que le pateen el trasero ―alzó un puño inspirada.
Sakura sonrió complaciente, sin disipar del todo el desconcierto en sus ojos verdes.
―Aun no he dicho que sí, ¿sabes? ―señaló, encaminándose al patio. Ino le siguió el paso ―.Lo único que sé de Neji, es que es uno de esos chicos fáciles que salen con chicas lindas.
No sé que ha visto en mí, murmuró para sus oídos.
Ino se llevó el dedo índice al mentón, fingiendo que lo pensaba detenidamente.
―Mmm… sí, es cierto ―la miró con diversión― No te estoy diciendo que seas su novia. Sal con él y diviértete, Sakura ―Puso una mano en su hombro y sonrió maliciosamente—. Solo deja que te invite a salir y que page por ti, desmiente esos rumores tontos sobre ti, y de paso conoce a un chico lindo ― le guiñó un ojo―.Luego solo deséchalo si no te gusta.
Sakura la miró indecisa, pero luego reprimió una sonrisa.
―Bueno, desde cuando te has vuelto todo un diablillo, Ino. Si no fueras mi mejor amiga, ya habría echado andar muy lejos de ti ―bromeó.
Ino rió. Luego compuso una mueca arrogante.
―Y nunca dejaré de serlo. Tú eres la única que me conoce debajo de este fantástico cuerpecito mío ―expresó señalándose a sí misma de arriba abajo.
Ambas comenzaron a reír al mismo tiempo mientras buscaban un banco para almorzar.
Charlaron de temas triviales y rieron de bastante. Ino le contó unos cuantos chismes de gente que no conocía mientras ambas terminaban sus almuerzos. A Sakura le distrajo un ruidoso coro de risas masculinas y aplausos cercanos.
Se trataba nada menos que de los amigos de Sasuke.
Naruto hacía muecas y señas efusivamente, explicando algo a Juugo, mientras Lee y Suigetsu reían. Se preguntó de qué estarían hablando.
Vio a Neji observando la escena mientras sonreía. Tenía un aire pasivo y reservado, pero a juzgar por su largo historial, no era ninguna de las dos cosas, al menos en compañía de chicas.
Llevaba una chaqueta verde militar que le sentaba perfecta, y unos jean negros que se ajustaban a sus fuertes piernas cuando cruzaba los tobillos. El viento meció su larga melena castaña y él acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja. De alguna forma, se las arreglaba para no tener nunca un pelo parado, y lucía siempre perfectamente guapo. Era apenas un par de centímetros más bajo que Sasuke y casi igual de fornido. Neji era el sub-capitán del equipo de futbol, y ocupaba el lugar que ocuparía Sasuke si perteneciera al equipo más temido entre las escuelas provinciales.
Neji se reclinó hacia atrás apoyándose en una mano.
Sakura descubrió que efectivamente Sasuke estaba con ellos. Y una esbelta pelirroja estaba sentada a su lado.
La reconoció como Karin, la líder de animadoras del equipo de futbol, la chica más codiciada por los hombres del la escuela. Poseedora de una hermosa y salvaje melena pelirroja, un cuerpo fantástico, labios carnosos y ojos color miel de mirada gatuna.
No recordaba haber tenido alguna vez contacto con ella, pero sabía que se le hacía más fácil hacer amigos varones, era bastante competitiva y mandamás, y era la líder de un séquito de animadoras barbies. Karin nunca la había mirado con envidia ni nada parecido, al parecer tenía bastante seguridad en sí misma, como para rebajarse a sentir envidia de una chica como Sakura. Alguien que se esforzaba por parecer sencilla y no llamar la atención. Su verdadero antagonista.
Exteriormente, se veían perfectos el uno para el otro, pensó Sakura. El lindo chico malo y la porrista más linda de la escuela.
Pero en la realidad, a ninguno de los dos les gustaba el compromiso, más bien ambos eran depredadores pasando el rato. Sin embargo, el interés que mostraba Karin por Sasuke parecía genuino. Podía decirlo por la forma en que Karin le pestañeaba y el modo en el que lo miraba. Parecía que en verdad le gustara. Y por la forma en que se inclinaba sobre él, prácticamente estaba sentada en su regazo. A Sasuke no parecía molestarle.
A diferencia de Neji, Sasuke llevaba sus vaqueros desgastados, una musculosa negra, y una camisa a cuadros blanca y roja anudada a la cintura. Estaba ligeramente despeinado como siempre, y reprimía una sonrisa mientras escuchaba la discusión de Juugo y Naruto.
Rodeó los hombros de Karin con un brazo.
Karin se pegó más a él, tratando de llamar su atención, y él sonriendo le susurró algo en su oído.
Entonces ella chilló y lo golpeó juguetonamente en el hombro.
―¡Puedes creerlo, Sakura! ―rió Ino, y siguió con su monólogo.
Sakura asintió para Ino, pero su mente estaba en otro lado.
Porque justo en ese momento sus miradas se encontraron.
Fueron apenas unos segundos. Negro contra jade.
Y luego Sasuke volvió la vista a Neji, haciendo como si no la hubiera visto.
Dos semanas atrás habría creído que él frunciría el ceño y luego vendría en su dirección para decirle algo estúpido tratando de molestarla o herirla. Pero ahora, como desde entonces, no sabía que esperar de él.
Desde que le había dicho que no se metiera en su camino, había sido él el que la había evitado todo el tiempo. Incluso cuando estaba a metros de distancia, la ignoraba. Sakura no podía explicar su conducta, pero no podía decir que la situación le disgustaba del todo. Ser ignorada por Sasuke era algo que había deseado por mucho tiempo.
El timbre de final del receso, la trajo de nuevo a la realidad. Sakura se despabiló y juntó los restos del almuerzo.
―Será mejor que vallamos a clases ―dijo poniéndose de pie.
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Fue el último en llegar a la clase de química. Karin lo había demorado en las escaleras al primer piso. Se había puesto tan pesada, que prácticamente tuvo que sacársela de encima con una escusa barata.
Realmente los dos no estaban saliendo, solo pasaban el rato el uno con el otro. Y ahora que se rumoreaba que estaban juntos, la mayoría de las personas habían dejado de insinuárseles tan a menudo. Y eso de alguna forma era un respiro, al menos para Sasuke, cuya intención había sido esa desde el principio.
Ella era atractiva y seductora, y siempre estaba de acuerdo con él. No era que sintiera algo especial por Karin, ni nada. En realidad, nunca se involucraba sentimentalmente en ninguna relación, y ninguna de ellas duraba demasiado. Todo era más sencillo y cómodo de esa forma, y pensaba seguir así. Sin complicaciones, ni sentimientos innecesarios.
Cerró la puerta del salón, y se ubicó en uno de los únicos lugares disponibles en la fila media. La chica sentada a su lado le sonrió sugestivamente, pero Sasuke simuló no darse cuenta mientras fingía concentrarse en sus apuntes.
El profesor de química lo miró por encima del hombro y luego volvió la vista al pizarrón mientras seguía escribiendo formulas químicas y observaciones.
―Otro alumno que llega tarde ―la voz del profesor Azuma sonó perezosa y rasposa― Ha llegado justo cuando nos hacía falta, señor Uchiha.
Sasuke levantó la vista de las fórmulas que estaba anotando.
El profesor se acomodó detrás de su escritorio y se reclinó en su asiento.
―El señor Uchiha y la señorita Haruno formaran equipo para este proyecto ―completó en tono despreocupado.
Sakura se preparó para protestar, pero Azuma la calló alzando una mano.
―Si no les agrada la idea, les sugiero que la próxima vez que se planteen llegar tarde a mis clases, se lo piensen dos veces ―expuso rascándose la barbilla―. Ahora todos tomen sus lugares y comiencen ―agregó, para luego centrar su atención en corregir exámenes de otra clase, con una mueca maliciosa en el rostro.
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Perdón por cortarlo ahí, pero se estaba haciendo demasiado largo (12 hojas de Word), y no quería que fuera muy tedioso.
Esta vez trataré de actualizar más rápido. Es que todo está en mi cabeza, solo necesito tiempo para escribir. Es mi segundo fic, el primero fue un Oneshot Lemon de SasuSaku, jaja. (¿Había que empezar en grande, no? XD), el Lemon era fuerte, y no lo puse aquí, pero está en fanfic . es, y se lama "Perdiendo el control". ;D
Besos y abrazos! \(*3*)/
