Aquí está la segunda parte… solo queda una más.. ¡Espero sus comentarios!

Pensamientos de Takao.

- ¡Ya es suficiente!- pensé esa mañana al despertar. Creo que lo mejor será arreglar las cosas con Shin-Chan. Si yo no hago algo, vamos a terminar graduándonos y no vamos a volver a hablar. Él es demasiado orgulloso cómo para dar el primer paso.

Ese día caminé despreocupadamente y feliz hacia la escuela. Hoy teníamos un partido amistoso con el equipo de Josei, quien seguramente no sería un gran rival, pero que de todas formas, deberíamos asegurar la victoria. Era la excusa perfecta para arreglarnos. Yo le daría los pases y volveríamos a jugar como la dupla exitosa que éramos.

Entré a nuestro salón y él se encontraba ya sentado mirando distraídamente por la ventana. Sentí su mirada cuando dejé mis cosas sobre mi pupitre. Lo miré y le sonreí. Luego caminé hacia él y le pregunté:

- ¿Nervioso por el partido de hoy?- (preferí omitir el Shin-Chan)

- Para nada- me miró con odio

- ¿Por qué me miras así?- le pregunté sorprendido

- No me hablas hace días y ahora pretendes hablarme cómo si nada- ¡qué insólito eres nanodayo!- dijo arreglándose sus gafas.

- Bueno, sino lo hago, creo que tú no lo harás nunca.

- ¿Y para qué iba a hacerlo?- me dijo – Si no te hablo, es porque no me interesa hacerlo – me dijo mirándome serio e infranqueable. – Por fin había logrado algo de paz, por favor deja las cosas cómo están.

Esas palabras nuevamente me hirieron. Al parecer, yo era el único preocupado por él. Estos días lo había extrañado enormemente, ya que siempre había disfrutado de su compañía y de sus extrañas costumbres respecto de los signos y artículos de la suerte. Mi error fue pensar que él también me extrañaba. Por un minuto, sentí que una gran pena me inundaba. Al parecer mi rostro, lo transmitió, porque Shin-Chan me miró desconcertado por un minuto. Sentí un nudo aparecer por mi garganta. Si no hubiera sido por el profesor que acaba de entrar al salón y me mandó a sentar, no sé si hubiera podido contener mis lágrimas.

¿Por qué rayos me había puesto así de repente?. Lentamente, comencé a sentirme mal. Comencé a sentir un terrible calor que me recorría por el cuerpo. Estaba sudando. Casi como si tuviera fiebre. La vista se me comenzó a nublar y luego comencé a sentir cómo mi estómago se me comenzaba a revolver. ¿Por qué mi cuerpo me traicionaba de esta manera?- Acaso, no era obvio que él no iba a aceptar hablarme al tiro. Estúpido de mí que llegué a pensar que podría alegrarse de que lo hiciera y de que no sería tan antipático como siempre. ¡Rayos! ¿por qué tenía que quererlo tanto? ¿por qué tenía que haberme enamorado de él?

Pensamientos de Midorima

- ¡Diablos!- ¿Por qué tuve que responderle así?- ¡él se acercó a conversar conmigo en forma tranquila y amena!- ¡quizás había estado esperando el momento para hacerlo y hoy quizás lo encontró – ¿Y yo que hago?- ¡Tratarlo mal cómo siempre!- ¡soy realmente un estúpido!

Pero lo que más me sorprendió fue cómo se le desdibujó la mirada con mis comentarios. Seguramente lo hice sentir mal. Me imagino que no debió haber sido nada fácil para él venir a hablarme. Esa cara que puso, aún me duele. ¿Le habrá afectado realmente mi forma de responderle, o habrá sido mi imaginación?. El Takao de siempre se hubiera largado a reír o me hubiera molestado, pero ahora nada. Se quedó helado mirándome con esa cara que aún no puedo descifrar.

Estábamos en mitad de la clase, cuando de repente, Takao se levanta rápidamente y sale corriendo de la sala de clases. Me levanté para seguirle, pero el profesor me detuvo.

- Disculpe Profesor, pero deje ver qué le pasa a Takao. No es normal que él salga corriendo de esa forma- le dije tranquilamente. (Todos mis compañeros asintieron)

- Está bien- anda con él. Si se siente mal, lo llevas directo a la enfermería. Al finalizar la clase, pasaré por allá.

- Gracias Profesor- le dije saliendo de la sala de clases.

Miré hacia todos lados, pero no lo vi. Lo más obvio sería buscarlo en los baños, así que ahí fue al primer lugar al cual me dirigí. Cuando entré al baño, vi como estaba lavándose la cara con agua fría incesantemente. Sus ojos estaban rojos. ¿había estado llorando?

Me acerco lentamente y le pregunto:

- ¿Estás bien Takao?

- ¡Por Dios Midorima! ¿De dónde saliste?- dijo agarrándose el pecho instintivamente por el susto.

- Te seguí. Saliste corriendo tan repentinamente, que el profesor me pidió que te viniera a ver y aquí estoy. ¿Midorima, desde cuando me llama Midorima?- pensé

- Gracias, regresa al salón y dile al profesor que regresaré cuando me sienta un poco mejor – me respondió en forma cortante y continuó lavándose la cara con agua fría.

No sabía qué hacer. Quería quedarme ahí con él, pero Takao había sido claro con sus instrucciones. Lo mejor sería regresar a la sala y avisarle al profesor. Por lo que lo miré una vez más, y luego salí del baño. Apoyé mi espalda en la muralla. Quería cerciorarme que se encontraba mejor, cuando de pronto escuché unos sollozos desde el baño.

Entré rápidamente al baño y vi a Takao llorando, sentado en el suelo del baño, abrazado a sus piernas. Esa imagen fue verdaderamente dolorosa para mí. Ese no era el Takao que yo conocía, el que solía reírse de todo, aquel que lograba hacer reír a todos con su ingenioso humor.

Me acerqué a él, me hinqué a su lado y le puse mi mano sobre sus oscuros cabellos a modo de consuelo. Él al sentir mi mano, comenzó a sollozar más fuerte.

- ¡Midorima, ahora por favor no me vengas hacer creer cómo que te importo!- ¡no a estas alturas! - ¡déjame solo por favor!

- ¡Takao, ven, vamos, párate! – le dije tomándolo del brazo, pero él de un manotazo se liberó de mí.

- ¡Déjame solo! ¿Quieres? – ¿Ni siquiera somos amigos? ¿no? - ¿Por qué deberías estar conmigo ahora?- Si puedes, hazme un favor y ve a buscar a Miyaji a su salón.

- ¿Para qué lo quieres a él?- ¿5 minutos y ya son los mejores amigos?- le grité molesto.

- No tengo que darte explicaciones. Si no puedes, entonces vete- me dijo sin más.

Me paré herido, listo para irme, pero no fui capaz. Me devolví lentamente analizando la situación. No quería verlo así. Me dolía sobremanera.

- Takao, vamos, párate – le dije con voz tranquila, intentando calmar las cosas.

Él me miró y finalmente optó por hacerme caso. Tomó mi mano e intentó ponerse de pie. Sentí como le temblaron las piernas y tuve que sostenerlo rápidamente para que no cayera al suelo.

Caminó lentamente hasta el lavamanos y se apoyó con ambas manos para sostenerse. Se miró en el espejo y vio su reflejo. Sin duda, esa no era su cara. La cual, estaba totalmente desfigurada por el llanto y la pena.

- ¿Debes estar feliz por verme así verdad?- me preguntó enojado, frustrado.

- ¿Cómo puedes pensar eso?- ¡Estoy preocupado por ti!- le escupí

- ¿Tú preocupado por otra persona? – me miró y comenzó a reírse con esta estúpida risa que siempre lograba hacerme enojar. - ¡Ay Midorima!- ¡sí que eres gracioso de vez en cuando!

- ¿Qué te parece gracioso?- le grité enojado.

- ¡Qué seas capaz de mentir así! - ¿Cuándo te has preocupado por alguien además de ti?- Ahhhhh debe ser por eso- dijo luego de unos segundos de reflexión. Debe ser porque ahora ya no tienes a tú sirviente, que te transporta por todo Tokio y que te sigue como un perro faldero- me dijo furioso- ¿Eso es lo que te preocupa?

- ¡Eres un imbécil Takao!- le grité

- Lo sé- me lo dices todo el rato- me contestó.

Mis ojos ardían de la rabia en esos momentos.

Pensamientos de Takao.

¿Qué hace aquí? - ¡Quiero que se vaya!- ¡No quiero que me vea así! ¡Luego se va a andar burlando de mí por esto!. Además él sólo quiere un sirviente, no quiere un amigo, y menos un amigo que lo quiere y ama tanto como yo. - ¿Cuándo diablos me vine a enamorar tanto de un tipo como él? ¿Por qué? ¿Por qué?

Mis pensamientos y rabia de esos momentos, me hicieron colapsar. Estaba discutiendo con él mientras pensaba en esas cosas, cuando sentí cómo mi estómago se revolvió y me vinieron unas terribles ganas de vomitar. Tuve una fuerte arcada seguida de una fuerte tos. Apenas pude llegar al WC a devolver lo que había sido mi desayuno. Midorima me siguió y al verme doblado vomitando, me sostuvo fuertemente por la cintura y con su mano libre corrió mi pelo de mi cara y me colocó su mano en la frente.

Vinieron dos arcadas más fuertes, que me hizo continuar vomitando lo que quedaba en mi estómago, un panorama nada agradable de presenciar. Al terminar, caí rendido, y me senté en el suelo del baño. Tomé un pedazo de papel higiénico y me limpié la boca con él y algunas lágrimas que tenía atrapadas entre mis pestañas. Midorima se sentó conmigo y me sirvió de pared. Pude apoyar mi cabeza en su hombro. Mi respiración comenzaba a agitarse cada vez más, y sentía como un sudor frío recorría todo mi cuerpo. Sin darme cuenta, estaba temblando como un niño.

- Takao, estás temblando- me dijo él sorprendido.

- Hace tiempo no vomitaba así- le respondí agotado

- ¿Esto es mi culpa verdad?- me preguntó él con un tono tan triste que me sorprendió.

- No me gusta cómo me tratas. Eres demasiado insensible y egoísta. Yo sólo intenté ser tu amigo y que nos lleváramos bien, pero nunca pensé qué sería tan difícil y que serías tan cruel Midorima – le respondí honestamente.

- Lo sé y lo siento. Lamento todo lo que te he dicho. Sé que soy difícil, pero sí te considero mi amigo. - Él único- estos días no han sido fáciles ¿Sabes?

¿Sería posible que Midorima Shintaro pudiera estar diciéndome eso?- quizás ya estaba delirando.

- ¿Estoy delirando Midorima?- le pregunté

- Espero que no- ¿Por qué me preguntas?

- No sé, es que me pareció que un estúpido, engreído y antipático compañero de clases, decía que se había sentido sólo sin mí. Pero él no sería capaz de decirme esas cosas, menos a mí … ¡quizás ya me morí!

- ¡Cállate idiota!- ¡Sabes, yo también puedo tener sentimientos!- me dijo ofuscado.

- ¡Oh Gracias Dios!- pensé que sería un sueño- dije apoyando mi cara y mi mano izquierda en su pecho.

Mi Shin-Chan me rodeó con sus brazos fuertemente y pude sentir por primera vez, cómo era estar abrazado a él. Por primera vez pude sentir su calor, su inconfundible aroma, sus fuertes manos. Fue tanto mi relajo que al parecer me desmayé.

Horas después, desperté en la enfermería. La enfermera me estaba cuidando, y a mi lado, medio dormido estaba Shin-Chan.

- ¿Cómo se siente?- me preguntó la enfermera

- Mejor. Pero estoy sediento- le respondí

- Tome, aquí tiene un vaso de agua. Tómese la toda. Aún tiene un poco de fiebre, por lo que será mejor, que descanse un poco más.

- ¡Al fin despiertas!- dormiste por lo menos unas 4 horas- me dijo con tono preocupado Shin-Chan

- ¿Y el partido?- pregunté exaltándome y sentándome abruptamente, lo que sin dudas, no fue una buena idea.

- Ganamos, por supuesto- me respondió.

- ¿Jugaste?- le pregunté

- Los dos primeros tiempos- me aseguré de anotar lo suficiente cosa de que los demás no tuvieran que preocuparse por ganar- Necesitaba venir a verte- no me podía concentrar. Además que debo reconocer que los pases de Miyaji son terribles. Pero aún así, nuestros senpais se encargaron del resto.

- Oh- ya veo- le dije recostándome feliz de escuchar esas palabras.

- Llamé a tu casa y hablé con tu mamá- le dije que esta noche te quedarías en mi casa. Qué te sentías un poco mal y que mi papá te revisaría y te daría algo. La llamaremos cuando lleguemos a mi casa- me dijo él como si nada… ¿Pasar la noche con Shin-Chan?

- ¿Quééé?- le pregunté sorprendido.

- Si, mi papá mandará alguien a recogernos- me llamarán apenas llegue el taxi.

- ¿No es muy costoso eso?- pregunté avergonzado.

- No te preocupes por eso. El hospital pone ese servicio a disposición de los médicos y mi padre nunca lo usa, porque va en su propio vehículo. Por lo cual no habrá ningún problema. Mientras dormías fui por tus cosas al salón. Menos mal mañana, no habrá clases. El entrenador, en vista que ganamos hoy, nos dio libre el día de mañana.

- Todo suena bien- le dije agotado - Era mucha información.

Midorima me miró de reojo. Sabía que algo no iba bien.

- ¿Qué pasa Takao?- me preguntó.

- Nada- le mentí

- ¿Takao?- me insistió

- No quiero sonar grosero Midorima, y en verdad agradezco todo, pero sería posible que me llevaras a mi casa. Preferiría estar en mi casa ante cualquier cosa. Midorima me miró enojado.

- Antes siempre querías que te invitara…

- Si, pero no así. No sintiéndome mal, y no como están las cosas entre nosotros- dije bajando la mirada.

Midorima me miró serio y luego suspiró.

- Está bien- llama a tu madre y explícale el cambio de planes. Yo mientras avisaré en mi casa.

- Gracias- le respondí tomando mi celular.

20 minutos más tarde, llegaron a recogernos. Me llevaron en silla de ruedas hasta el auto, lo cual agradecí, ya que tenía mis piernas como gelatina de lo débil que me sentía. Una vez arriba del taxi (último modelo), me apoyé sin pensarlo en el hombro de Shin-Chan y nuevamente me quedé dormido.