Yeii a petición de Jessy Brown que también me lo pidió y a Gaby Chanii que insistió e insistió jajajaja.
Que lo disfruten.
¿Cómo fue que pasó esto?
Más bien, ¿cómo fue que todo terminó así?
¿Cómo es que ahora duermes plácidamente sobre mi pecho? Con tu pequeña cabecita reposando cerca de mi hombro, mientras tu madre duerme tranquilamente en la cama. Ni siquiera se ha percatado cuando te levanté de su lado, ni mucho menos se ha percatado que te he cantado; está realmente agotada, diste una buena batalla hija, creo que tú y yo nos llevaremos muy bien, eso ya me lo dejaste claro; sin embargo no puedo evitar reír al recordar cómo empezó lo nuestro.
Mi pequeña Asdis, pensé que me odiabas…
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"¡Hiccup, estoy embarazada! ¡Hikke, tendrás a un hermano o hermanita!"
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Aún recuerdo cuando tu madre me dio la noticia. Ella y muchas personas del pueblo se recuperaban de un problema digestivo. Recuerdo la angustia que sentí cuando ella no se había recuperado a diferencia de los demás, había hecho un esfuerzo físico y eso le hizo mal; pero tu madre es así, siempre queriendo ayudar; te aseguro que de saber de qué venías en camino ella no hubiera hecho tal esfuerzo, ni yo tampoco se lo hubiera permitido.
A partir de ese momento me encargué de que estuviera lo más cómoda posible pues al igual que tu hermano mayor queríamos que vinieras sana a este mundo.
—Se me antoja leche de yak con huevo
— ¿Quieres acompañar el huevo con pan, mi lady?
—No, creo que no me entendiste. Quiero leche de yak y el huevo juntos.
Me asqueé al saber el antojo de Astrid, pero si así lo quería tenía que complacerla. Puse en un jarra grande leche tibia, luego partí un huevo y se lo eché por encima para posteriormente revolver. En vez de que a ella le dieran las náuseas me dieron a mí, más cuando vi como tu madre bebía felizmente aquel menjurje.
— ¡Deliciosa!
"Qué asco".
Sonreí de lado al verla feliz y preferí guardarme mis comentarios, eran dos contra uno y tal vez saldría perdiendo.
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Los dos primeros meses transcurrieron con normalidad, pero el tercer mes…
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Astrid se levantó con nauseas mañaneras. Siempre debía correr detrás de ella, pues Chimuelo corría hacia ella para poder comerse lo que devolviera; tenía que calmar a mi dragón en lo que ella terminaba; luego limpiar en lo que ella se aseaba. Ahora esas eran mis actividades adicionales.
—Ahora las náuseas te llegaron muy temprano. —Comenté mientras ambos nos acomodábamos en la cama.
Eran como las cuatro de la mañana y aún estaba oscuro en el exterior.
—Sí, pero… es que de repente me llegó un olor muy desagradable y supongo que al bebé no le gustó.
— ¿Un olor?— pregunté mientras la abrazaba por detrás, para acurrucarnos los tres y protegernos del frio.
Ella asintió y se recostó sobre mi brazo, tomando el otro para llevarla a la altura de su pecho, antes dándome un beso en los nudillos. Una caricia que tenía conmigo desde que nos casamos. Se aferró a mi brazo muy cerca de su pecho y se dispuso a dormir de nuevo. Yo también cerré los ojos para conciliar el sueño pero…
Astrid se separó bruscamente de mi lado, aventó las pieles y mantas con las que nos habíamos cobijado y salió corriendo en dirección a donde estaba el cubo que utilizaba para vomitar. Mi pobre esposa hacía un gran esfuerzo para devolver lo que tanto le molestaba, ya había vomitado anteriormente, tenía el estómago vacío por lo que sólo arrojaba reflujo.
Después de terminar y aparentemente sentirse mejor, se volvió a asear. Se sobaba el vientre para tranquilizarte y a sus intestinos.
— ¿Te sientes bien? ¿Quieres que te prepare algo de comer?
—No, gracias. Sólo quiero descansar.
Volvió a echarse en la cama y la acompañé, al abrazarla vi que puso una mueca de asco.
— ¿Qué tienes? ¿Vomitarás de nuevo?
—Es… es ese asqueroso olor. – Dijo con repulsión. — ¿Te bañaste?
"¿qué? ¿Qué?"
Me sentí acusado.
—Creo que ese olor eres ¡tú!— me acusó separándose de mi. — Deberías de bañarte.
—Pero… pero… pero, yo no huelo a nada— Levanté ambos brazos para oler mi axilas, nada fuera de lo común, el mismo y casi imperceptible olor de siempre.
— ¡Por favor, Hiccup! ¡Báñate!
Se volvió a echar sobre la cama para dormir. ¿y sabes qué? Ahora era yo el que no quería dormir, me levanté para empezar las actividades del día, claro, no sin antes bañarme pues aparentemente apestaba. Después de eso, salí en Chimuelo a nuestro típico y por el momento solitario vuelo matutino.
—Ahora resulta que el que apesta soy ¡YO!— grité molesto desde el cielo. Debo añadir que el aire estaba heladísimo y pegaba horrible sobre mi cara y sobre todo por mi cabello que aún seguía húmedo. Chimuelo sólo gruñó, burlándose de mí, gracias por nada reptil inservible. Seguimos volando hasta que el sol se levantó por completo, después regresamos a Berk para empezar nuestras respectivas tareas de jefe.
Donde había más trabajo fue en la fragua; estuve ahí casi todo el día con Bocón haciendo pedidos de algunos vikingos. No había tenido la oportunidad de ver a Astrid desde nuestro despertar, me preguntaba si aquella sensación de asco por mí ya se le había pasado.
—Te buscan— avisó Bocón.
Me limpié con un trapo la mugre de la cara así como el sudor, causado por el calor del lugar, y salí para ver quién tenía ahora problemas; sin embargo no era un vikingo cualquiera, era nada más ni nada menos que Astrid.
— ¿Ocurre algo?—pregunté preocupado, no podía estar enojada con ella ni con mi bebé.
—No, sólo quería pedirte perdón, sabes que nunca me ha molestado nada de ti, mucho menos tu olor, digo, eres de los vikingos más aseados de Berk, pero…
Reí al verla tan apenada al estarse disculpando— Supongo que al bebé no le gusta mi olor.
—Supongo— Astrid también rio. Ambos nos acercamos para darnos un pequeño abrazo.
—Ahora si hueles mal. — me empujó levemente, trataba de reír pero se notaba de inmediato que trataba de contener la respiración. Su piel empezó a palidecer, yo creo que quería, corrección creo que lo haría… lo hizo, vomitó creo que todo lo que comió.
—Está bien, está bien… me bañaré.
—Gracias— dijo sobándose el vientre. — Yo también iré a bañarme.
La loca idea de bañarnos juntos llegó a mi mente, pero hacía un frio del mismísimo jontumheim y ella no debía enfriarse demasiado, no quería que se enfermara, además que yo aún tenía trabajo en la forja y no podía darme una escapadita sin que nadie lo notara.
Para bañarnos en casa tenemos una especie de barril metálico, gracias a los dragones podíamos mantener el agua caliente y asearnos sin exponernos tanto a la intemperie como otros vikingos, aunque eso no te quitaba el frio. Ese día me aseé con afán, me quité hasta la mínima pizca de mugre dentro de la uñas, creo que debí hacer un buen trabajo ese día ya que Astrid durmió fuertemente abrazada a mí.
Pero eso se tuvo que repetir todos los días…
Y ahí me verás, tomando hasta dos baños al día, limpiándome a no más poder dentro del barril que Chimuelo o Tormenta mantenía caliente para mí, a veces en compañía de Hikke, a veces solo, y sólo una vez con Astrid. Debo admitir que me moría de frio, ya que hay una ventanilla que se usa como respiradero, ya que si lo cerrábamos por completo los residuos de la leña o el vapor podían asfixiarnos. Eso sí, era una tortura salir del agua caliente y que entrará una brisa fría y sentirla por todo el cuerpo desnudo, pero en fin, todo por mi bebé a quien no le gustaba que su papi apestara. Y claro, para dormir calientito a lado de Astrid.
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— ¡Ahhh! Hueles tan bien. — Astrid estaba realmente acurrucada a mí, tenía una pierna por encima de las mías y me abrazaba como a un juguete de felpa, con su rostro muy pero muy cerca de mi cuello.
—Nunca dudé que no te gustara mi olor, pero… ¿al bebé le gusta?—pregunté con sarcasmo con mi mano libre en su vientre.
—Veamos, o más bien… olamos.
Astrid se juntó más a mi cuello y me empezó a olfatear, sentir su respiración y exhalación tan cerca me hacía cosquillas y también era muy placentero, sin embargo, el momento no duró mucho pues se apartó rápidamente de mí, se giró en la cama y…
Vomitó.
Después de limpiar…
—No lo entiendo, me fascina como hueles y aun así se me revolvió el estómago.
— ¿No es obvio?— estaba desanimado. —Mi hijo o hija me odia.
—¡No digas eso— Astrid trataba de aguantarse la risa.— No te odia, apuesto a que cuando nazca serás su persona favorita, lo que pasa es que saldrá igual de quisquilloso que tú.
— ¿quisquilloso yo?—Me ofendí.
—Sí, tú. —Recalcó dándome un golpe en el brazo.—admítelo, eres así.
Sí, sí… lo que tú digas. –Rodeé los ojos y tomé distancia, la suficiente como para que mi bebé no hiciera vomitar a su madre. —ahora que lo pienso, creo que será celoso, no quiere que me acerque a ti.
—O tal vez es lo contario. —Rio Astrid de nuevo.
—Pues tiene una forma muy rara de demostrarlo.
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Y así pasaron los meses, a pesar de que la sensación del asco se fue con los antojos debo decir que nuestra relación no mejoró, eso sí, me sorprendió ver que incluso Patán, que podía durar días sin bañarse, se podía acercar a una buena distancia sin hacer vomitar a Astrid.
Mi lady ya tenía 7 meses de embarazo y un día llegando de hacer unos trabajos fuera de la isla, vi que había una gran acumulación de gente alrededor de mi esposa, todos pidiendo tocar su vientre.
—Qué bonita te ves mamá.— Hikke estaba con ella, tenía una manita en la parte central de su barriga, también estaba Patán y Brutilda.
— ¡oh! Me pateó. —Gritó Brutilda feliz, con su mano en la parte derecha del vientre de Astrid.
Patán también se emocionó al sentirlo moverse, no podía creer que se llevara mi bebé mejor con él.
—Ahí está Hiccup. —Me vio Patapez.— ¡Vamos! Se está moviendo mucho aprovecha. — Me animó.
La gente se abrió paso para dejarme pasar, Patán y Brutilda quitaron sus manos de Astrid y volvieron con los demás, Hikke también se hizo a un lado colocándose a un costado de su madre.
— ¡Anda!—me apuró Astrid tomando mi mano y poniéndola en su vientre, justo donde habían sentido los demás las pataditas.
Me dejé guiar por ella, inicialmente movió mi mano por todas partes, sólo ella sabía lo que se sentía tener una vida dentro de ella, dejó mi mano quieta en el extremo izquierdo donde aseguró que minutos atrás los chicos la habían sentido moverse más. Pero nada.
No sentí nada.
—Qué raro. — Astrid se extrañó al ya no sentir tampoco nada, al parecer mi bebé había estado muy activo hasta que yo llegué. —Trata de hablarle, como siempre lo haces… te aseguro que le gustará.
Yo asentí, a pesar de la gente que nos observaba, me hinqué para quedar a la altura de su vientre y tomé entre mis manos su abultada barriga.
—Bebé, soy yo… soy tu papá. ¿Puedes darme señales de vida?
— ¡Hiccup!—me regañó Astrid jalando mi cabello el cual estaba acariciando.
— ¿Qué tal una patadita?... por favor.
Nada.
Los aldeanos empezaron a murmurar entre sí, era un caso muy curioso que un bebé no respondiera a la voz de uno de sus padres.
—No hay duda alguna, tu hijo te odiará. — Bromeó Patán, aunque yo no me lo tomé así.
Me sentí rechazado por hijo no nato, con Hikke todo había sido diferente pero con este nuevo bebé. ¡Ahhh! No sabía ni que pensar.
—Ya se moverá, descuida… tu hija sí te quiere. –me animó Astrid.
— ¿hija?... ¿Cómo sabes?
—sólo lo sé. — Respondió segura. — quiero que tú seas quien escoja su nombre, pero, por favor, que no se te ocurra algo parecido como Axila Lamida. – dijo con una radiante sonrisa.
Debí haber sonreído como tonto ante aquella petición, porque de inmediato todos los vikingos se empezaron a burlar de mi expresión, claro que Astrid los silenció amenazándolos con una hacha y su fiera mirada; los sacó a todos de nuestra propiedad quedando sólo nuestra pequeña familia incluyendo a Chimuelo y Tormenta. Ya no había nada más que hacer afuera así que entramos a la casa, ni Astrid ni mi bebé (aunque no me quisiera) se debían de enfriar mucho.
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Al día siguiente nos levantamos con el cantar de los terribles terrores. Recuerdo que Astrid se levantó a mi par a pesar de que le dije que siguiera descansando, noté cierta molestia en ella más al ver como se sobaba insistentemente el vientre.
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— ¿Pasa algo?
Dio un leve quejido y negó con su cabeza que hubiera algo mal con ella.
—Lo normal. —Dijo dando un largo respiro. —la siento muy inquieta.
—Descansa.
La obligué a recostarse a pesar de su insistencia por levantarse, según con la excusa de querer ver a Hikke antes de verlo partir a la academia de dragones. No la dejé moverse. Me quedé preocupado y decidí encargarles a mi madre y a Bocón los pendientes que hubiera en la aldea.
Me dediqué a limpiar la casa y atender a mi hijo antes de que partiera en compañía de Chimuelo. Cuando volví a subir a la habitación para ver a Astrid la encontré mucho peor; mi esposa trataba de aguantarse el dolor al juzgar como apretaba las mantas de la cama.
— ¡Astrid!
— ¡Me duele! —se quejó apretando los dientes.
— ¿Ya viene?
— ¡No!... ¡no debe!...aún falta…—decía con la voz entrecortada. — ¡Ayúdame! Tal vez caminando se me pase.
Corrí hacia ella, trataba de verme tranquilo aunque por dentro estaba histérico, no me gustaba para nada verla así. La ayudé a ponerse de pie y le serví de apoyo, la ayudé a caminar alrededor de la habitación; sin embargo, los quejidos y las respiraciones profundas se hicieron más frecuentes.
—No puedes quedarte así, llamaré a Gothi.
Astrid muy apenas pudo replicar, susurraba para ella misma que aún no era tiempo para que naciera. La iba a dejar en la cama para avisar a la anciana pero…
—No te vayas, no me dejes. —empezó a sollozar con dolor.
No quería dejarla pero tenía que buscar ayuda, en ese momento, Astrid dio un grito de dolor que bien pudo haberme dejado sordo, pero fue lo suficientemente fuerte para llamar la atención de Tormenta.
Su nadder se asomó por la pequeña ventana de la habitación, queriendo corroborar que su amiga estuviera bien.
— ¡Tormenta! —grité. —Trae a mi madre y a Gothi.
A pesar de ser un dragón, Tormenta entendió mis palabras y salió volando en busca de ayuda.
—Ya vienen mi lady. —traté de consolarla.
La cargué para llevarla a la cama y me senté haciéndola de su respaldo para que se apoyara en mí; no pasó mucho tiempo cuando escuché el batir de las alas de Tormenta, había llegado y con ella la ayuda. Escuché el correteo cuando alguien entró a la casa y subió a paso veloz las escaleras. Era mi madre quien llegó apresurada y detrás de ella, segundos después, llegó la lenta Gothi.
— ¡Ay no!... ¿Qué pasó aquí? —Preguntó mi madre.
—No es tiempo… aun no. —respondió Astrid abrumada, respirando con dificultad. Yo me limité a apretar con fuerza su mano deseando disminuir aquel dolor.
Gothi se acercó para revisarla, palpó el vientre de Astrid en distintos puntos, su expresión cambió de un segundo a otro, con sólo ver aquella expresión y ver que Astrid se quejaba al contacto con sus manos supe que algo no andaba bien.
La anciana le hizo unas señas a mi madre, esta entendió y empezó a levantar el camisón de Astrid. Di un grito ahogado al ver que en los pantalones holgados que usaba para dormir tenía sangre.
Gothi y mi madre se vieron entre sí y asintieron con angustia, luego nos vieron a ambos.
—El parto se adelantará. —avisó mi madre. —Gothi dice que el bebé está en mala posición y debemos moverlo.
— ¡Pero aún falta! —se quejó Astrid con dolor.
—El bebé puede morir si no nace lo antes posible, Gothi me dijo que muy apenas lo pudo sentir.
Astrid se echó hacia atrás dando un grito de dolor que fue acompañado de lágrimas, se apoyó más en mi pecho y tomó mi mano con fuerza. Yo quedé pasmado, de sólo pensar que podía perder a mi bebé, un miedo me empezó a invadir; empecé a rezar y a pedirle a todos los dioses, a pedirle a mi padre Estoico que todo saliera bien. Que mi bebé y mi esposa estuvieran bien.
Mi madre salió para buscar más mujeres que ayudarán al parto, Gothi se quedó y empezó a preparar algunas mantas y demás cosas que podía sacar de la habitación.
Mientras tanto, yo trataba de consolar a mi esposa, susurrándole que todo saldría bien, que nada le pasaría a nuestro bebé. Al cabo de unos minutos, Mi madre llegó con un grupo de mujeres, entre ellas Brutilda, quienes traían más cosas para asistir a mi esposa.
—Hiccup, sal de la habitación, nosotros nos encargaremos. —Ordenó mi madre.
Me resistí a acatar esa orden, quería estar al lado de mi esposa, sin embargo, mi madre volvió a ordenarme lo mismo con mucho más seriedad, aclarándome que no podían empezar si yo estaba de estorbo ahí.
No me quedó de otra, me despedí de mi lady dándole un beso en la frente, apretando su mano contra la mía.
—Todo saldrá bien.
—Re-recuerda… pensar en un nombre. —dijo con la voz entrecortada.
Tragué saliva aguantándome las ganas de llorar, asentí a su petición y salí no sólo de la habitación sino de la casa. A pesar del frio que hacía, pues era un día nevado, había una multitud afuera entre ellos mis amigos más cercanos.
— ¿Qué pasó? —Preguntó Bocón de inmediato.
Me dejé caer en la nieve quebrándome por completo. —Se adelantó el parto pero…—Sollocé. —Se puede morir…
Todos dieron un grito ahogado al verme así, Bocón, Patán, Patapez y Brutacio se acercaron a mi queriéndome consolar con sus palabras de apoyo, de repente, escuché el ruido de mi amigo furia nocturna; Chimuelo había arribado con Hikke. Rápidamente me limpié los retazos de las lágrimas.
—Papá… ¿Qué hacen todos aquí? —preguntó mi hijo inocentemente.
Sonreí lo más que pude. —Tú mamá tendrá a tu hermanita. —me sentí hipócrita al tener que fingir felicidad cuando lo que más angustiaba era perderlas.
Lo bueno que mi hijo en su inocencia se emocionó por el hecho, tenía que permanecer fuerte para él; recordé cuando él nació, había sido doloroso para Astrid, pero no tanto como con este bebé.
Pasaron unas interminables horas, los chicos hicieron una fogata enfrente de mi casa, todos esperando alguna noticia. Las mujeres que estaban atendiendo a mi esposa tampoco habían salido, tampoco había escuchado fuertes quejidos de parte de Astrid.
Hasta casi al atardecer…
El grito desgarrador de Astrid nos asustó a todos, cargué a mi hijo entre brazos y me junté más a Chimuelo, quien también parecía ser empático con el dolor de Astrid. Los gritos siguieron y siguieron, después hubo silencio. No lo entendí. Se supone que debería escuchar el chillido de un bebé, tal como pasó con Hikke… pero nada.
Pensé lo peor. Sin embargo, esperé, esperaba que de inmediato una de las mujeres saliera y me dijera:
"¡Felicidades Hiccup! ¡Eres padre otra vez! ¡Astrid y ella están bien!"
Ella…
Ella quien necesitaba un nombre, un nombre que la representara como a su madre Astrid,… a aquel bebé que era un ser divino que habíamos creado Astrid y yo con mucho amor… "Asdis"...ese nombre...llegó como un rayo de luz. Asdis que significa espíritu divino, así quería que se llamara, creo que sería el mejor nombre que se me hubiera ocurrido hasta ahora.
"¡ ¿POR QUÉ NO LLORA?!"
Desperté de mis pensamientos al escuchar a Astrid, no podía esperar más. Dejé a mi hijo al cuidado de Chimuelo y me adentré a la casa, subí las escaleras y corrí hacia la habitación, abrí la puerta bruscamente pero fui interceptado por Brutilda y otra enorme vikinga, entre forcejeos vi que Astrid también estaba siendo sometida por mi madre, otra mujer y Gothi. Mientras que otras dos mujeres parecían analizar a mi bebé desde el cunero que le hice.
— ¡Déjame pasar! —exigí a mi amiga.
— ¡Hiccup! —Brutilda me abofeteó. — ¡La niña no está respirando bien!
Cesé de moverme, quedé inmóvil, tanto por lo que dijo Brutilda como por enterarme de que efectivamente había sido una niña, miré de nuevo a Astrid y había sido sometida con la ayuda de un somnífero que le hicieron inhalar para que mi madre y Gothi siguieran atendiéndola, vi una gran mancha de sangre en las sabanas y otras también sangradas que estaban apiladas en un rincón.
—Tuvo una hemorragia. —dijo Brutilda. —Si no la atienden también se puede morir.
El mundo se desvaneció para mí en ese instante, las dos personas que más quería, aunque a una no la conociera, se me estaban yendo de mi lado, me sentí impotente ¿no había nada que pudiera hacer?
—Déjame verlas. —rogué a mi amiga.
Brutilda me soltó y me dejó ir, caminé hacia donde estaba Astrid pero mi madre me pidió espacio para seguirla atendiendo. Me sentí inútil.
Entonces fui a donde estaba mi hija, las mujeres no sé qué tanto la movían para hacerla respirar.
—Jefe Haddock. —saludaron las dos al unísono.
—Estamos tratando hacer que respire, si tan sólo llorara. —Dijo una de ellas.
Sin decir palabra alguna, alcé mi brazos para reclamar a mi hija, la mujer me la pasó y la vi por primera vez, tan pequeña, tan frágil, con toda la piel enrojecida como cualquier bebé recién nacido, tenía poco cabello que no parecía ser rubio, tampoco castaño, más bien una combinación de ambos. El color de sus ojos, imposible aun de saber.
—Asdis. —susurré. —Asdis… soy yo, papá. Sé que tal vez no te agrade. —reí y lloré a la vez. —Por favor, ¿llorarías por papá?... por favor.
Todas las presentes en la habitación se silenciaron, mientras presenciaban uno de los momentos más felices pero a la vez desdichados de mi vida.
—Por favor. —Supliqué. —Por papá…
Luego… se escucharon unos casi imperceptibles quejidos, la miré con atención, a pesar de su pequeño tamaño se empezó a remover entre mis brazos, para luego soltar un fuerte chillido. Escuchar el llanto de mi hija se me hizo el sonido más hermoso de todo el mundo, me había equivocado, mi bebé sí me quería. Rápidamente las mujeres me la quitaron para atenderla, después de revisarla con detenimiento me aseguraron que no tendría problemas en el futuro, sólo debíamos darle un estricto cuidado en los próximos meses.
Sólo una persona no había sido capaz de escuchar el llanto,… Astrid.
Estaba tan pálida por la pérdida de sangre y en su frente aún se marcaba el sudor así como las lágrimas por causa del parto. Acudí a su lado para tomar su mano.
—Mi lady… ¡me hizo caso! —le conté feliz. —Tenías razón… sí me quiere, recupérate pronto, tenemos una hermosa hija…
—Despertará en unas horas. —avisó mi madre poniendo una mano sobre mi hombro.
Yo asentí, la preocupación inicial se había ido, sabía que Astrid se recuperaría, ella era muy fuerte después de todo.
Durante la espera de su despertar, increíblemente yo fui el único que pudo aplacar el llanto de mi hija, ni mi madre, ni las demás mujeres habían podido hasta que yo la cargué.
La estaba arrullando cuando Astrid empezó a despertar, abrió parpadeante los ojos y cuando logró abrirlos por completo se levantó de golpe. Aún estaba muy pálida y débil.
—Tranquila. —tanto mi madre y yo la calmamos para que no se lastimara.
—Hiccup… nuestro…—se silenció al verme con el pequeño bultito en brazos.
—Aquí esta. —me acerqué a ella, sentándome en la cama. —Está bien, es una niña mi lady, es Asdis.
—Asdis. —repitió Astrid con una sonrisa, le pasé a nuestra hija y la observó con adoración. —Me encanta, es tan linda…
La besé en la mejilla, para después besarnos en los labios, y le agradecí por ese hermoso regalo.
— ¿Hikke ya la conoció?
—Aun no, quería que estuvieras despierta para no angustiarlo.
De inmediato fui por mi hijo, al verlo se notaba que había estado llorando y Chimuelo lo consolaba, estaba con todos los demás pobladores que seguían esperando fuera de mi casa por noticias.
— ¡Es una niña! —anuncié con una gran grito. — ¡Se llama Asdis!
— ¡Larga vida a Asdis! —gritó Bocón celebrando.
"¡Larga vida a Asdis!" gritaron los demás, los dragones gruñeron fuertemente también celebrando el nacimiento de mi bebé.
Estaba realmente feliz, tomé la mano de hijo e invité a Chimuelo a conocer a mi bebé, todos acudimos rápidamente con Astrid. Cuando mi hijo vio a su hermanita prometió ser el mejor hermano para ella, diciendo que serían iguales o mejores que los gemelos, yo no los tomaría como ejemplo, no tanto, sin embargo sé que mi hijo sería excepcional con su pequeña hermana.
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Y eso fue lo que pasó…
Han pasado 4 días desde que llegaste, Astrid se ha estado recuperando pero debe descansar mucho y tú, mi niña, ya te apodaron la niña de papá; sólo conmigo dejas de llorar y pareces relajarte, hasta Astrid batalla, pero conmigo es diferente. Dice Astrid que es porque me quieres, que te relaja estar conmigo, que por eso ni siquiera pateabas cuando estabas en su vientre, aunque debo decir que lo del olor si fue extraño, pero de seguro serás tan quisquillosa como yo, sólo contigo sí lo admito, pero qué más da…
Yo te amo, tú me amas…
Amo a mi familia.
Espero que les haya gustado esta parte. La verdad no se me ocurre nada más que decir que el fic me mantuvo despierta en el trabajo, porque ya me andaba durmiendo.
Agradecimientos por reviews de capítulo anterior.
Ana-Gami, Maylu-liya, Lady Aira HH, Gaby Channi, Astrid Amezcua, Jessy Brown, Kristtanna, Steffani, Dragon Viking, Unbreakable warrior, videl SS, Ary, Jessy, Aileen.
Favoritos y seguidores.
Alexa , Ana Gami, Ana Karolini, Cathrina 57, DragonViking, FutuWalking, Gaby Chanii, Lady Aira HH, Love and Cute, Mayra58, ORQUIDEA671, Vitani Love, Kristtana Mariadelmonte, missmarvel2000, the ridel sel, videl SS.
Saludos.
26 noviembre 2015
