Hello, aqui tengo una nueva historia, a decir verdad esta va a ser una recopilacion de cuentos de hadas pero vistos desde un punto un poco mas moderno y sombrío. He decidido empezar con caperucita roja, pero más adelante iré adaptando otros cuentos.
DESCLAIMER: FT no me pertenece, le pertenece a Trollshima-san, solo la rara y un poco retorcida historia que leeran acontinuación es mía
Caperucito rojo y la gran loba feroz (Part II)
Prontamente la idea de volver a poner la carpeta en su lugar abandonó su cabeza.
Guardó la carpeta en su mochila y salió apresuradamente de allí.
Se acababa de dar cuenta de algo que nadie más vio en la foto del lugar de asesinato de Lyon.
-¡Tú, Yo confié en ti!- las palabras de Gray destilaban rabia- fui tu amigo. Pero tú los mataste a todos ellos, matate a todos esos chicos, incluso a Lyon.- sus ojos empezaron a llenare de rabia al ver que la cara de la otra persona no mostraba emoción alguna.
-¿Qué es lo que quieres de mí Gray? Tú y yo fuimos amigos pero te separaste de mí- su sonrisa malévola apareció- Podría peguntarte para que vienes-
Gray estaba atónito ¿De verdad conocía a la persona frente a sus ojos? ¿De verdad habían sido amigos? Gray no podía creer lo que veía. Él solo quería respuestas. Solo quería que alguien lo pellizcara para saber que eso no había sido verdad. Solo necesitaba saber que lo que realmente había pasado. Y al mismo tiempo, solo esperaba que le dijese que todo era mentira.
- ¿Acaso no sientes nada por haberlos enterrado? ¡Lyon era como mi hermano!-sus palabras fueron un grito desgarrador, pero su semblante no cambió mucho, solo quitó su sonrisa y volvió a su cara sin emociones.
-No.-
Gray se dio cuenta de que realmente había cruzado el punto entre la locura y la cordura, y la ira y la rabia actuaron por sí solas. Así que cogió un garrote, y corrió directo al frente con la intención de destrozarle la cabeza a palazos, pero la persona en frente suyo fue más rápida, esquivó su movimiento por lo que Gray dirigió su garrote a el espejo que estaba detrás y lo rompió, mientras que se volteaba para darle otro golpe, pero el otro ser se apresuró y cuándo lo tuvo suficientemente cerca, en un simple y rápido movimiento clavó un pedazo de vidrio roto en su abdomen.
Gray cayó de sentón al suelo mientras le seguían clavando puñalada tras puñalada el vidrio en el estómago, hasta que su mirada quedó completamente vacía. Una risotada espeluznante salió de los labios de la única persona viva de la habitación. Risa, tras risa, tras risa cada una un poco más calmada que la anterior hasta que estas parecían más un sollozo. Toda la risa se convirtió poco a poco, hasta que solo quedó llanto.
Se paró lentamente viendo como había quedado su antiguo amigo, con el estómago completamente abierto la mirada perdida y completamente ensangrentado. No quiso ver más del suceso que su propia inestabilidad había causado.
Se volteó lentamente y se vio en los cristales rotos que había en el piso. Admiró su figura dividida en varios reflejos.
Todo su jersey blanco se había teñido de rojo así que en la antigua y vieja chimenea de la casa, quemó su jersey hasta que solo quedaron cenizas, siempre llevaba uno de repuesto por si su ropa se manchaba.
Y en su mente surgió la pregunta que atormentaba su día a día: ¿A cuántas personas más tendría que matar para llenar su hambre?
Pero una pequeña y aguda voz en su cabeza le susurraba: Pronto. Ella siempre le decía lo mismo, pero era seguro de que esta vez era verdad, porque la persona que más quería iba a estar en la heladería e iban a estar juntos para siempre e iban a tener un final feliz esta vez.
Porque al final de todo: no importaba que cierta cantidad de culpa por haber derramado la sangre de esos chicos y a su amigo le corroyera por dentro siempre y cuando pudieran estar juntos.
Se estaba dirigiendo a la puerta, pero alcanzo a ver algo en uno de los cristales que llamó su atención. En su reflejo alcanzó a ver manchas de salpicaduras de roja sangre en el pelo. Que suerte que siempre se preparaba para eso, así que simplemente limpió los restos de sangre en su cabello rubio con un pañuelo rojo bermellón que traía en un bolsillo.
Fue caminando para alcanzar la puerta y antes de salir y cerrarla por completo volteo nuevamente hacia el cuerpo inerte que se encontraba unos 8 metros lejos de su persona.
-Perdón Gray, pero tú no podrás impedir que vaya por mi siguiente víctima- Y sonrió tan lentamente a la par que cerraba la puerta.
Quizá debería quitarse la costumbre de hablar con gente muerta, pero a veces todo a su alrededor se sentía tan solitario, que lo hacía solo por el hecho de hablar con alguien, aunque ese alguien no pudiese responderle de vuelta.
No podía quitarse su sonrisa aun sintiendo la pena de que el que alguna vez fue su mejor amigo estuviera muerto, pero pronto todo cesaría.
Después se encargaría del cuerpo, no lo quemaría porque quemarlo tardaría más tiempo. Y los estúpidos de los policías tardarían en encontrarlo, como siempre, y lo sabía porque había visto una y otra vez como ellos procedían.
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Se preparó y se arregló para su cita, tenía que estar presentable para esta ocasión. Puede que realmente fuese un poco cursi, pero esto lo ameritaba al final todo valdría la pena.
Fue caminando a su destino con una felicidad tremenda, pero jamás olvidándose de su propósito, porque si bien tenía ese dia para alegrarse la ansiedad no quería abandonar su cuerpo.
-"¡No puedes equivocarte en nada!"- le gritó la voz en su cabeza
- ¡Sí, ya lo sé!- respondió con desesperante tono.
Entonces vio que había estado adentrándose tanto en sus pensamientos, que no había notado que solo le faltaban unos pasos para llegar a la heladería.
Es más, ambos habían llegado al mismo tiempo, así que Natsu y Lucy se saludaron. Comieron helado hablaron de lo más normal. O eso parecía, porque Lucy jamás se había comportado tan amable con Natsu, era más cariñosa que de costumbre, algo raro le pasaba.
¿Y si sentía lo mismo que él? Con esa idea rondando por su mente se puso mucho más feliz de lo que ya estaba.
Cuando terminaron de hablar, salieron de la heladería y ya era muy tarde, asi que Natsu se ofreció a llevar a Lucy a su casa, así que se fueron, pero a mitad de camino, algo raro sucedió, y mientras nadie estaba cerca, su cabeza se sintió pesada y sus piernas empezaron a peder fuerzas todo su cuerpo se sintió liviano, y si saber lo que pasaba se desmayó
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Sus ojos pesadamente se abrieron ante la penumbra de la habitación. Un dolor de cabeza palpitante. La confusión doliente acompañada de la pregunta que tomó lugar en su cabeza. "¿Dónde estoy?". Una sensación de asfixia palpable.
Vio su situación. Estaba en un cuarto oscuro sin ventana alguna, le habían puesto una gruesa soga en manos y pies. Intentó moverse, y al hacerlo un punzante dolor se instaló más arriba de su rodilla. Bajó la mirada para descubrir parte de su ropa desgarrada y heridas en sus piernas y abdomen.
Miedo
Trató de dar un desesperado grito en busca de auxilio a su situación, en busca de lo que sería una explicación decente de cómo había terminado en aquel lugar, mas aquel esfuerzo se vio amortiguado e inútil por la sequedad de su garganta y la mordaza en su boca.
A medida que intentaba soltarse, más inútil e impotente se sentía. Tenía miedo. ¿Quién le habría hecho esto?
La soledad de ese lugar era deprimente.
¿Llegaría a quedarse allí sin que alguien supiese su paradero?
Terror
El sonido de la nada en la habitación fue roto por algo más…
Se escuchó el débil sonido de un caminar, por lo que sonaba como un pasillo al otro lado dela habitación, que con cada pisada, se iba tornando más y más fuerte.
La confusión y el miedo hicieron mella en sus sentidos. Quiso gritar nuevamente pero no lo consiguió.
El terror entraba por sus poros. No sabía quién estaba afuera ¿Y si la persona que estaba afuera iba a ayudar a su situación? O por el contrario era la persona que le hubo hecho esto
Podía incluso escuchar los latidos de su propio corazón a medida que los pasos se escuchaban más cerca, la desesperación al escuchar los sonidos más fuertes era palpable, cuando sintió su cabeza explotar por las miles de suposiciones, el sonido incansable paró, justo al otro lado de la puerta. Escuchó como introducían las llaves en la única puerta que apenas era vislumbraba en la oscuridad de la habitación. La ansiedad calaba sus sentidos a la espera de que alguien cruzase por el umbral de la puerta.
Puerta que se abría con lentitud, dejando pasar unos grisáceos reflejos de luz, casi torturando su mente con la espera…
Alivio
-Hola, cariño-
Al ver de quien se trataba, se esfumó una gran cantidad de la pesadumbre y terror. Fue como ver un ángel bajado del cielo, mientras la poca luz que entraba por la puerta alumbraba sus cabellos, ahora de color rubio ceniza, probablemente se había teñido el pelo de un color más claro, más aún seguía la confusión, la sensación de nauseas, la ansiedad de saber que hacia allí, y la necesidad de salir y saber quién le había hecho eso. Alzó la cabeza pidiendo ayuda con la mirada, esperando que la persona que estaba al frente suyo ayudara y pudiera dar una explicación a su rara situación. Estuvo a punto de llorar por el alivio, pero ese llanto de alivio pronto se convirtió en un respingo de terror al alzar por completo la cabeza y ver que la persona, que estaba a solo medio metro de suyo, miraba de arriba abajo su ser sin expresión alguna, como una persona que ve una pared en vez a su igual, al mismo tiempo le transmitía una cara entre pena y felicidad, entre culpa y alivio, entre enojo y clemencia.
Pero quizá todo eso tuviese una sola definición.
Quizá todo pudiera darse a entender en una sola palabra:
"Locura"
Y aquella persona tenía una delgada y larga inyección en su mano derecha, que sostenía y volteaba a mirarla lentamente, tan lentamente como si volteases a mirar algo que te asusta y en realidad no quisieses mirarlo. La única diferencia es que aquella persona no la miraba con miedo, la miraba con culpa, como dudando usarla.
Como no queriendo hacerle daño. Como culpándose. Como si cada segundo que pasara mirando la afilada y fría aguja de la jeringa fuese una eternidad de culpas y sufrimiento en su aturdido subconsciente.
Vio con horror como aquella persona que creía conocer se tornaba como gente extraña, dirigiendo su mirada a un punto y al mismo tiempo a la nada. No podría decir si parecía que su cordura prendiese de un hilo o si pareciese que ese hilo ya se hubiese roto hace tiempo…
Una pronta mirada de disculpa se dirigió a su persona y luego contempló con pavor y lágrimas en los ojos como el ente en frente suyo alzaba la inyección y luego sus ojos le dirigían rabia en su más puro estado, antes de que en un movimiento furioso le clavara la afilada aguja en el cuello.
Sus gritos de clemencia fueron amortiguados por la mordaza, si quiera tuvo oportunidad de hablar o de pedir ayuda antes de sentir el frío del metal.
Sus ojos regresaron a sentirse pesados. Extrañas sensaciones de ligereza envolvían su cuerpo. Se estaba desmayando otra vez. No se volvió a dormir sin antes escuchar las últimas palabras de la persona que regresó a estar a medio metro suyo.
-Lo siento mucho cariño, pero te has comportado mal, así que debo darte tú merecido castigo… pero aun así no olvides que te amo- Lo último que vio fue la espalda de esa persona desaparecer en el umbral de la puerta donde unos pequeños rayos de luz alumbraron hebras doradas, todo se desvaneció lentamente y quedó en tinieblas por segunda ocasión.
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Sacó de su maleta su carpeta de los nuevos análisis psicológicos que le habían realizado, no esperaba menos de uno de sus ex mejor amigo. Gray realmente había sido listo al revisarlos, pero él ya no jugaba más así que simplemente cogió un encendedor que traía en el bolsillo y lo quemó.
Definitivamente se sintió un poco culpable por lo que acababa de hacer. Acababa de dejar a un ser querido totalmente inconsciente en la habitación que ahora estaba cerrando otra vez, pero hace tiempo que quería que ellos se diesen un tiempo a solas. No importaba que estuviesen en malos términos justamente en ese momento, al final sería razonable y entendería porque hizo todo eso, entonces perdonaría sus acciones. Lo hizo porque necesitaban estar más juntos y conocerse mejor, lo hizo porque ellos eran iguales, entonces se entenderían y al final se amarían. Asesinó a todos sus novios porque eran inservibles piezas que se interponían en su relación y que fueron una vana
ilusión para ella, que no la hicieron fijarse bien en lo demás. Cuando abrió los ojos se dio cuenta de eso, por eso tuvo que romper esa fantasía, por eso tuvo que matarlos a todos.
Por eso no tenía que permitir que nadie se interpusiera entre ellos.
Notó que el rubio cabello tenía manchas de sangre y una que otra se extendía por su cara, de alguna manera su cabello siempre se veía comprometido, por eso se quitó la peluca y la guardó mientras las hebras rosas de su cabello volvían a ver la luz, luego saco su pañuelo rojo bermellón y limpió la sangre de su cara. Después de hacer eso, antes de guardarlo, miró su pañuelo rojo. Realmente muy pocas personas notaban que venía con manchas de sangre cuando llevaba algo rojo encima, quizá después de haber matado a tanta gente y camuflarse de rojo ese había terminado siendo su color de buena suerte. Lo único que le importaba era que Lucy estuviese con él, cuando notasen que ella había desaparecido ya se habría inventado una excusa para entonces.
Porque así era él, siempre aparentando, siempre actuando.
Pero, cuando bajase el telón, las luces se apagasen y la gente se fuera él sería el que sonreiría al final, no sería más el caperucito rojo del cuento, ya que al fin y al cabo esa era solo una máscara para actuar.
Porque al final de todo él siempre tuvo alma de lobo.
Sonrió para sí mismo ante sus pensamientos y se fue, silbando como si no hubiera hecho nada. Aún faltaba para que el telón cerrase por eso y mientras tanto él mantendría las apariencias.
Caperucita Roja: Fin
Bueno Muchas gracias por leer las locas historias que salen de mi cabeza. El siguiente cuento será: La Bella Durmiente (Gruvia) Pedido por Lymar Vastya ;D
