Disclaimer: todos los personajes pertenecen al juego 《My forged wedding: PARTY》 perteneciente a Voltage Inc.
Les recomiendo buscar el juego en su tienda de aplicaciones y ver el prólogo, ya que de ahí parte la historia. Si no pueden (o quieren) descargar el juego búsquen el prólogo en internet (ahí está disponible).
Capítulo 4: Ya me fui.
La noche anterior la emoción de conocer Tailandia me comía. Olvidé por completo a mi familia, e incluso olvide al imbécil de Makoto. Ahora voy hacia el vestíbulo, me siento alegre de salir por la puerta. Increíblemente a las 6:30 a.m. veo al señor Iwatani barriendo la entrada. Me detengo en frente de él.
-Buenos días Kumi.- dijo alegremente Iwatani.
-Muchas gracias por no abrir la puerta.- le dije sinceramente.
-No es nada, no podía abrir la puerta.- dijo Iwatani.
No pude evitar sonreír ligeramente. Después de todo, el hablar con ellos iba a hacer que esa herida se volviera a abrir; yo sólo quería cerrarla.
Camino a la esquina, espero encontrar un taxi. El aeropuerto estaba a 30 minutos caminando, pero prefería pagar un taxi.
Una vez en el aeropuerto me dispongo a encontrar la sala en la que sale mi vuelo, eso no me toma más de 10 minutos.
-El vuelo sale 7:15 a.m.- dije en voz baja.
Miré mi maleta, decido llevarla con las personas que suben el equipaje al avión.
-Si son 6:55, tengo unos 20 minutos para comer algo.- dije en voz baja.
Vi una cafetería, se veía bien. Me acerco, veo buenos precios.
-Hola, buenos días. ¿Qué le sirvo?- dijo un joven amablemente.
-Buenos días, ¿podría darme un sándwich de jamón de pavo con queso, un jugo de naranja, una dona glaseada y un brick de leche?
-Wow, usted sí que tiene hambre.- dijo el joven en un tono burlón pero amable.
-Algo, sí. ¿Cuánto es?- dije.
-Son 490 ¥.- dijo el joven amablemente.
Pagué y una vez que tuve mi desayuno me dispuse a comer. La llamada para abordar el vuelo hizo que caminara más rápido.
Me alojo en mi asiento, escogí el asiento junto a la ventana. El avión ya va a despegar y el asiento contiguo sigue vacío.
El avión despegó y el asiento siguió vacío.
