Antes de comenzar al capitulo, agradezco a mi mejor amigo por ayudarme a escribir este. Fue muy duro por que tuvimos que comenzar de cero y lo terminamos una hora antes de subirlo. Si lees esto, muchas gracias por todo.
Capitulo 4
A Yui le pareció una situación de lo más irónica. Para exorcizar los demonios de su pasado, había tenido que descubrir que eran reales. Y sorprendentemente, había sobrevivido.
Haru había cerrado pronto la tienda y los Kirishima la habían llevado a su casa para mantenerla a salvo de su peor pesadilla. Yui estaba sentada en el borde del canapé, contándoles su fantástica historia. Haruka y Ruki se habían acomodado delante de ella.
- Al final, abrí el grifo del lavado para que no oyeran que abría la ventana. Después, salté al callejón y corrí hasta la tienda. - concluyó.
Yui había hecho un esfuerzo sobrehumano para saltar por la ventana. Cabía la posibilidad de que Ritcher la estuviera esperando, pero no podía quedarse allí y permitir que Yuma y Shu se la llevaran.
Mientras corría hacia la tienda, atajando por callejuelas secundarias, se preguntó si debía llamar a la policía. Pero habría sido absurdo. No podía decir que la había atacado un hombre lobo y que dos vampiros le habían salvado la vida. La habrían tomado por una loca.
Yui tomó aire y clavó la vista en la taza de té que tenía entre las manos. Le preocupaba que ni Haruka ni Ruki le creyeran, pero sus amigos la miraban con inquietud y comprensión.
- Sé que parece imposible... - continuó en un susurro - Pero es verdad. Me gustaría que fuera una pesadilla, pero no lo es.. Todo es absolutamente cierto. Hasta la última palabra.
Haru se inclinó hacia adelante.
- Hiciste lo correcto en venir a buscarnos, Yui-chan. Y te creemos. A estas alturas, ya deberías saber que no hay nada imposible.
Yui se sintió totalmente aliviada.
- ¿Me creen? ¿En serio?
Ruki asintió y la miró con toda la calidez de sus ojos azules.
- Por supuesto que si, Yui-chan. Eres una persona importante para mi hermana y para mí, como si fueses nuestra familia. Y las familias tienen que estar juntas, pase lo que pase.
Yui le sonrió.
- Sí, pero... ¿Vampiros? Es como una historia sacada de una película de terror. - acertó a decir.
En el exterior, el viento aullaba con tanta furia que la mantenía al borde de un ataque de nervios. Tuvo que apretar los dientes para impedir que castañearan.
- Yui, te he hablado muchas veces de nuestro pasado. - declaró Haru con suavidad. - Los pantanos del sur están llenos de historias de vampiros, hombres lobo y fantasmas... Ruki y yo crecimos entre esas historias, así que no nos sorprende en absoluto. Para asumir lo inexplicable, hay que tener una mente abierta.
Yui dejó la taza de té en la mesita y se secó las manos, sudorosas, en los vaqueros.
- Ojalá fuera así de fácil para mí. - confesó. - Ya sabes que soy capaz de enfrentarme a muchas de esas cosas, pero esto... son vampiros, Haru-chan. Después de lo que me ha pasado, dudo que pueda llevar una vida normal.
Yui se cruzó de brazos y empezó a oscilar, nerviosa.
- No estás sola, Yui. Ni Ruki ni yo te vamos a dejar en la estancia.
El viejo reloj de pared del abuelo de Haru dio unas campanadas. Al ver la hora que era, Yui miró a Ruki y preguntó:
- ¿No deberías estar en el trabajo?
Ruki negó con la cabeza y le sonrió.
- Ya te dije que me han cambiado de turno. Y me alegro mucho, porque así podré estar contigo y mi hermana y echarles un ojo.
- Oh, Dios mío...
Yui gimió y cerró sus ojos con fuerza. En sus prisas por huir de Yuma y Shu, no se le había ocurrido que estaba poniendo en peligro a Haruka y Ruki. Si Ritcher la había encontrado una vez, podría encontrarla de nuevo.
Haru se dio cuenta de que algo andaba mal y preguntó:
- ¿Qué ocurre, Yui-chan?
Yui abrió los ojos. Se sentía enferma.
- Que he cometido una estupidez al venir aquí. No podía pensar con claridad... Los he puesto en peligro, Haru. ¿Qué pasará si me encuentra?
- ¡Si intenta algo contra ti, lo pagará muy caro, Yui! - contestó en un gruñido el joven de ojos azules.
Yui se quedó asombrada con su respuesta. Ruki ya no era un niño; se había convertido en un hombre. En un hombre fuerte, alto y de hombros anchos. En uno perfectamente capaz de cuidar de si mismo. En uno que ardía en deseos de vérselas con Ritcher.
Pero naturalmente, Yui no estaba dispuesta a permitirlo. Tenía que marcharse de allí.
Habló con ellos y se lo dijo. Sin embargo, los Kirishima no le hicieron el menor caso.
- No quiero oír ni una sola palabra más. - declaró Haruka, con expresión orgullosa.
Haru se levantó, llevó las tazas vacías a la cocina y regresó un momento después con un vaso de agua y dos píldoras pequeñas, de color azul.
- Te quedarás aquí - afirmó. - Ven conmigo y te llevaré a la habitación de invitados. Pareces completamente agotada.
Tras diez minutos de discusión y otros diez de organización, Yui se encontró metida en un baño caliente, en la habitación de invitados. El lugar estaba cargado en vapor, y los tranquilizantes de Haruka empezaban a surtir efecto.
Mucho más relajada, inclinó la cabeza hacia delante y se echó agua en el pelo y en el cuello. Pero ahora estaba por otro motivo: sabía que no había huido de su casa por miedo a Yuma, sino porque sentía un deseo irrefrenable de quedase con él. Y no estaba dispuesta a admitirlo.
Era una locura, pero deseaba a Yuma Mukami con toda su alma. De hecho, su deseo era mucho más fuerte que su miedo a él y a lo que era cuando se transformaba. Había visto sus garras brevemente, durante la pelea con Ritcher, y sabía de lo que era capaz.
Alzó la cabeza y pensó que estaba perdiendo el juicio. Pero no se podía engañar a si misma.
A pesar de todo lo sucedido, a pesar de que Yuma Mukami era un vampiro, quería estar con él.
Escondido entre las sombras de la noche, Yuma apoyó la espalda en el tronco de un olmo enorme y olisqueó el fresco aire de otoño en busca del rastro de Ritcher.
Sus ojos se clavaron en la casa que estaba ante él, la casa que había estado vigilando desde que Ayato lo llamó y le dio la dirección, después de que siguiera a Yui desde la tienda. Era una construcción de dos pisos, típica en las afueras; la fachada daba a una calle llena de árboles y la parte trasera al bosque.
Por fuera, Yuma parecía en calma, concentrado en la vigilancia. Pero por dentro, estaba furioso.
No podía creer que Yui hubiera huido de él por segunda vez.
Cuando descubrió que se había escapado por la ventana del cuarto de baño, salió a la calle y la siguió a pie. Poco después, Ayato lo llamó por teléfono y le dijo que acababa de llegar a Lovers. Al cabo de un rato, sus compañeros la siguieron hasta la casa de Haruka Kirishima.
Yuma y Shu aparcaron el todoterreno a un par de manzanas y atajaron por el bosque, donde permanecían ocultos. Se habían preparado para pasar una noche larga y fría. El viento soplaba con fuerza y el cielo estaba tan cubierto que casi no se veía la luna.
Shu, que estaba apoyado en un árbol cercano, miró el piso superior de la casa y vio la silueta de Yui contra una de las ventanas.
- Hay que reconocer que es todo un caso. - comentó. - Ahí la tienes, disfrutando de la calidez y la comodidad de una casa mientras nosotros pasamos la noche a la intemperie.
- Sigo sin creer que me haya intentado engañar. - Gruñó Yuma.
Yuma encendió un cigarrillo y dio una calada larga. Estaba muy enfadado con ella, pero sobre todo estaba enfadado consigo mismo, por no haber hecho caso a su instinto. Cuando Yui se fue al cuarto de baño, supo que no debía fiarse de ella. Pero quiso concederle el beneficio de la duda. Y una vez más, le había tomado el pelo.
- ¿Que te ha intentado engañar? - dijo Shu, sonriendo con ironía. - No lo ha intentado, amigo mío. Lo ha conseguido. Y no una, sino dos veces en el mismo día... Debo admitir que empieza a caerme bien. Siempre me pregunté cómo sería la mujer que te pusiera en tu sitio.
- Sí, bueno... - murmuró Yuma, mirando hacia la ventana. - Me alegra que te estés divirtiendo a mi costa.
- Para esto están los amigos, ¿no?
- Por supuesto que sí. Pero recuerda que el último ríe mejor.
Shu dejó de sonreír.
- ¿Qué quieres decir con eso? - preguntó el rubio de ojos azules.
- Que no te volveré a ayudar con cierta bruja rubita.
Shu suspiró.
- Eres un cerco, Yuma... Eso es jugar sucio.
- Lo que tú digas. Pero no lo olvides. - dijo Yuma, dando otra calada.
Shu se sentó en el suelo y apoyó la espalda contra el árbol. Tras unos segundos de silencio, arqueó una ceja y miró a Yuma.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Esperar. Puede que Ritcher vuelva.
- Esto está tan tranquilo que parece un cementerio. - murmuró Shu. - No se oye nada, ni los grillos... Si se acerca a la casa, lo sabremos. Aunque no captemos su olor.
Yuma asintió y miró la parte trasera de la casa.
- Si se acerca, morirá. Me aseguraré de ello. - dijo.
- ¿Has vuelto a hablar con Ayato?
- Sí, hablé con él mientras tú echabas un vistazo a la calle. Subaru y él se han ido a comprobar los bajos fondos, pero no han visto nada. Me dijo que Reiji y Raito siguen en Tokio, investigando el otro asesinato.
Shu frunció el ceño.
- ¿Todavía no han atrapado a ese canalla?
- Me temo que no. - murmuró.
Yuma se pasó una mano por la mandíbula y pensó que necesitaba darse una buena ducha. Por desgracia, tendría que esperar.
- ¿No han encontrado su rastro?
- No han encontrado nada de nada, pero parece ser que notaron un olor raro, ácido. Intentaron seguirlo y sólo consiguieron que les afectara el olfato... se parece a lo que nos ha pasado con Ritcher. - Comentó Yuma.
- Los asesinatos son demasiado rituales... no encajan en los ataques típicos de los licántropos. Este asunto me da mala espina, Yuma.
- Y a mí...
Durante las semanas anteriores habían encontrado dos cadáveres de mujeres, los dos en zonas boscosas, cerca del territorio de los hombres lobo de la especie de Ritcher, los Crestas Plateadas. Las mujeres eran rubias y de ojos azules y a las dos les habían arrancado el corazón para devorarlos.
Desde el siglo XVII, vampiros de la nobleza han hecho un tratado con los hombres lobo, creando la paz en las ciudades. Los Crestas Plateadas eran el clan de los lobos, y los vampiros era del clan Vitraex. Yuma, Shu, Raito, Reiji, Subaru y Ayato pertenecían a los cazadores de hombres lobo, que mantenían la paz entre las dos especies.
Hasta el momento, el clan de los Cazadores se las había arreglado para controlar la situación e impedir que mataran a más personas, pero Yuma sabía que las cosas se pondrían feas si no lo solucionaban pronto. No se trataba únicamente de las vidas humanas; debían impedir que la existencia de los hombres lobo se llegara a conocer: un peligro constante que aumentaba año tras año.
Además, ahora sabían algo nuevo, algo potencialmente catastrófico para todos los hombres lobo y vampiros. Ritcher había aprendido a transformarse en pleno día.
Estaba pensando en la gente con quien podía consultar el problema cuando Shu dijo:
- Hay algo que te quería preguntar hace un rato; pero han pasado tantas cosas que no he tenido ocasión.
Yuma lo miró con inquietud.
- Adelante, Shu.
- Sólo quería saber si lo llevas bien...
Yuma apagó el cigarrillo y contestó, con voz tensa.
- Por supuesto que si.
Shu sacudió la cabeza, y lo miró con tristeza.
- Vamos, Yuma... Soy tu compañero, tu mejor amigo, hombre. Puedes confiar en mí.
- No es para tanto. - gruñó Yuma, incómodo.
- Lo que intento decir es que... demonios, Yuma. Sé lo que piensas de estas cosas desde lo de Azusa, y sé que no querías que te pasara a ti. Pero te ha pasado y necesito saber que te encuentras bien.
- Pues estoy bien. - afirmó.
- ¿Seguro?
Yuma suspiró, frustrado.
- Por mi padre, Shu. ¿Qué quieres que te diga?
Shu sonrió, pero mirándolo fijamente, sin dejarse engañar por el farol de su amigo.
- La verdad.
Yuma no habría sido capaz de definir la verdad. Sólo sabía que debía mantener a Yui con vida. Después, cuando acabaran con Ritcher, podría preguntarse por sus sentimientos y tomar alguna decisión. Pero hasta entonces, su trabajo consistía en esperar, vigilar y asegurarse de que seguía a salvo.
Conocía muy bien a Ritcher. Sabía que no se rendiría hasta terminar lo que había empezado. Y cuando volviera a actuar, él estaría allí.
Tanto si le gustaba como si no, Yui Komori tendría que aprender a vivir con ello. Tanto si quería estar con él como si no, la pequeña rubia se quedaría a su lado. Porque desde ese mismo momento, él le pertenecía.
- Yui-chan, despierta... vamos, cariño, despierta. Tienes una pesadilla.
Yui oyó las palabras, pero las oyó como si estuviera sumergida en un lago. De hecho, movió los brazos y las piernas como los habría movido para nadar. Distinguía el brillo lejano de la luz del sol, pero las sombras oscuras de la pesadilla la mantenían presa.
- ¿Le echo un poco de agua? - oyó decir a Ruki, muerto de preocupación.
- No, no, ya se está despertando. - contestó su hermana. - Venga, Yui, vamos... Abre los ojos y mírame.
Yui respiró hondo y consiguió abrir un ojo. La luz del sol era tan intensa que casi le resultó dolorosa.
Tenía la boca seca y el corazón le latía a toda velocidad. Pero al menos, estaba viva.
Haru sonrió.
- Ah, ya estás con nosotros... - dijo su amiga - Te oímos gritar en sueños y supusimos que sería otra de tus pesadillas. ¿Qué tal estás?
- Bien, bien. - jadeó.
- Estaré en mi habitación si me necesitan... - comentó Ruki.
El joven se pasó una mano por el pelo y salió de la habitación de invitados para que tuvieran más intimidad.
Yui miró a Haru. Se había vestido y maquillado. Tenía muy buen aspecto, aunque sabía que Ruki y ella se habían turnado de noche para vigilarla.
- Siento ser una molestia. - se disculpó, sintiéndose culpable y desorientada. - Si pudieras prestarme algo de ropa, me vestiré deprisa y estaré en la tienda en quince minutos.
Haruka la miró con cierta sorpresa.
- Por supuesto que te puedo prestar ropa. - Aseguró. - Pero, ¿Estás segura de que te sientes con fuerzas?
Yui asintió.
- Lo último que necesito es quedarme aquí y dedicarme a darle vueltas a la cabeza. - le confesó.
Haru cruzó los brazos sobre su camisa negra, de seda.
- Lo comprendo, pero creo que no deberías salir de casa. Ruki se quedará contigo. No te preocupes.
Yui sonrió, intentando parecer animada.
- No, no, lo digo en serio... si me quedo, me volveré loca de preocupación. Me ducharé rápidamente y me iré contigo. Me sentará bien.
- De acuerdo, como quieras. Si estás segura...
Haruka caminó hasta la puerta. Una vez allí, se apoyó en el marco. Sus brazaletes tintinearon como campanillas.
- ¿Qué te parece si le digo a Ruki que vaya con un amigo a tu casa y traiga tus cosas? - preguntó.
Yui sacudió la cabeza. Odiaba la idea de que alguien entrara a aquel lugar. Podría ser peligroso.
- No, todavía no. Esperemos un par de días.
Yui supo en ese momento que no podría volver a vivir en esa casa, no después de lo que había sucedido. Tendría que mudarse.
- Muy bien, cariño. Pero te quedarás con nosotros todo el tiempo que sea necesario. Y no quiero oír ni una sola protesta. - Declaró Haruka. - Venga, dúchate; iré a buscarte la ropa. Ah, y si tienes suerte, puede que Ruki decida prepararte unas tostadas antes de que nos vayamos...
Haruka sonrió, le guiñó un ojo y cerró la puerta.
Cuando Ruki abrió la puerta trasera de Lovers, Yui se dio cuenta de que pasaba algo malo. La alarma sólo se podía desconectar desde dentro, así que saltaba cada vez que abrían la tienda. Pero aquella mañana no saltó.
- ¿Qué diablos...? - murmuró Ruki.
Haruka y Yui entraron en el establecimiento y se dirigieron a toda prisa a la parte delantera.
Alguien había destrozado el local durante la noche. El suelo estaba lleno de libros y objetos rotos, y los muebles mostraban unas hendiduras extrañas que parecían zarpazos. Había velas, cristales y cartas del tarot por todas partes. No habían respetado nada. Y entre el aroma y los bálsamos, sobresalía un olor almizclado, como de animal salvaje.
Haruka derramó una lágrima. Ruki maldijo en voz alta. Yui cerró los ojos y deseó que aquello fuera un mal sueño; pero no lo era.
- Te lo pagaré todo, Haru. - dijo, emocionada, con un profundo sentimiento de culpabilidad. - Tengo dinero en el banco... descuida, reemplazaremos todo lo que has perdido.
- Ya estoy muy enfadada, Yui; no necesito que me enfades más con tonterías. - Dijo Haruka, mirándola fijamente. - No ha sido culpa tuya. Tú no le has pedido a ese canalla que destroce mi tienda. No voy a permitir que te sientas culpable por eso.
- Pero soy culpable... - dijo, irritada consigo misma. - Esto no habría pasado si no hubiera acudido a ustedes.
Haruka se cruzó de brazos y la miró con intensidad.
- ¿Lo has hecho tú? - preguntó. - ¿Es responsabilidad tuya?
- No... pero si me hubiera marchado a cualquier otra parte, no habría pasado nada. - respondió Yui.
Yui no podía creer que hubiera sido tan estúpida. Sólo tenía que haber subido a un autobús y haberse alejado de allí. Llevaba la cartera con los documentos y las tarjetas de crédito en el bolsillo de los pantalones, así que el dinero no habría sido ningún problema. Podría haber viajado de noche, hacia el norte, hasta encontrar un hotel en alguna localidad pequeña y desconocida. Nadie la habría encontrado. Y Haruka no habría pagado las consecuencias.
- Si te hubieras marchado, ahora estarías muerta. - dijo Haru. - Te parecerá una idiotez, pero me parece que la vida de mi mejor amiga es mucho más importante que los objetos de una tienda.
- Eh... - dijo Ruki en ese momento. - Siento interrumpir su conversación, pero tienen que echar un vistazo a esto.
Yui se giró hacia el hermano de Haru. Cuando vio lo que estaba mirando, palideció y se tuvo que apoyar en el mostrador para mantenerse en pie.
- Oh, Dios mío...
Le habían dejado un mensaje en la pared del fondo. Decía así:
Puedes huir, Caperucita.
Pero no te puedes esconder.
- Así es como Ritcher me llamó - dijo, en voz muy baja. - Caperucita...
Yui se puso tan nerviosa que empezó a recoger los restos del destrozo mientras se preguntaba por lo que debía hacer. Podía escapar de la casa en mitad de la noche y dejar una nota a sus amigos. Sabía que se enfadarían mucho con ella, pero al menos estarían a salvo; por lo menos, teóricamente: las cosas se habían complicado mucho. Cabía la posibilidad de que Haruka y Ruki estuvieran en peligro si se quedaba con ellos como si no.
Justo entonces, miró por el escaparate de la tienda y se llevó tal susto que estuvo a punto de tropezar con la pata de un mueble roto y caerse.
- No es posible... - susurró.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Haruka, que corrió a su lado.
- Es él. Yuma. El que me salvó al vida... está afuera.
- ¿El tipo del que huiste? - preguntó Ruki.
- Sí, el mismo...
Yuma la miraba fijamente. Estaba apoyado en un todoterreno negro, con los brazos cruzados sobre el pecho y un cigarrillo en mano. Al igual que el día anterior, llevaba una camiseta y una camisa de franela.
- Vaya... - intervino Haruka - No exageraste ni un poquito al decir que era una maravilla de hombre.
Yui suspiró.
- Lo sé, lo sé. En fin, supongo que será mejor que salga y hable con él.
- Sí, será lo mejor, pero te acompañaré. - dijo Haru.
Cuando Ruki hizo ademán de seguirlas, su hermana se lo impidió.
- No, tú te quedas en la tienda. - le ordenó. - vigilarás por el escaparate. Ya hay bastante testosterona por aquí. No quiero encontrarme en mitad de una pelea.
Ruki la miró con cara de pocos amigos, dispuesto a insistir, pero Haruka añadió:
- No te preocupes, no le hará daño.
- ¿Estás segura?
- Completamente.
Yui abrió la puerta de la tienda. Estaba decidida a mantener la calma, pero sintió una oleada de entusiasmo en cuanto miró a Yuma a los ojos.
Él se apartó del vehículo, tiró el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el tacón de su bota. Después, caminó hacia ella.
- Tienes la mala costumbre de escaparte, ¿Verdad, Komori? - preguntó él, enojado.
- Y tú tienes la mala costumbre de seguirme, ¿Verdad, Mukami?
Yuma arqueó la comisura de los labios, pero sin llegar a sonreír.
- Sí, y más tarde o más temprano, me lo agradecerás. Pero llámame Yuma, por favor.
- ¿Sabes quien ha hecho esto?
- Por supuesto que si. Y tú también, Yui.
Ella asintió. Él entrecerró los ojos y preguntó, con voz suave:
- ¿Te encuentras bien?
Yui volvió a asentir, asombrada por el efecto que le producía aquel muchacho. Nadie la había mirado nunca de esa forma. Lograba que se estremeciera por dentro, que quisiera algo terriblemente profundo e íntimo.
A pesar del frío de la mañana, tuvo calor. Yuma estaba tan atractivo como siempre, pero parecía cansado. Tenía ojeras, el cabello desarreglado y ni siquiera se había cambiado de ropa. De repente, Yui se preguntó si había dormido algo desde que ella huyó de la casa.
Casi en respuesta a su pregunta, Yuma hizo un gesto con la cabeza, hacia la tienda, y dijo:
- He estado toda la noche frente a la casa de tu amiga, vigilando. Obviamente, Ritcher se dio cuenta y decidió pasar por aquí.
- Le ha dejado un mensaje dentro. - intervino Haruka, que acababa de llegar.
Yuma la miró con desconfianza.
- ¿Qué dice el mensaje? - preguntó, metiéndose las manos en los bolsillos.
Yui lo miró a la cara y supo que estaba muy enfadado. Por ella. Porque su vida estaba en peligro.
- Dice que Yui puede huir, pero que no puede esconderse. - contestó Haru.
Yuma se giró hacia Yui y la miró con detenimiento.
- Sabes lo que tenemos que hacer, ¿verdad? - dijo.
Yui pensó que Yuma tenía razón. Pero eso no significara que le agradara.
- ¿Es necesario?
- Si quieres que tus amigos sigan con vidam sí. Ahora bien, si su bienestar no te preocupa... . Yuma se encogió de hombros.
Haruka arqueó una ceja y dijo:
- Yui no se va a ir a ninguna parte. Además, tú...
- Yo soy la única persona que puede salvarle la vida. - la interrumpió - Y estoy dispuesto a hacer lo que sea.
Haruka miró a Yuma durante unos segundos, con la intensidad que utilizaba cuando quería adivinar las emociones de alguien. Después, tomó a Yui del brazo y la alejó un poco.
- ¿Me concedes unos segundos?
Yuma asintió.
- Por supuesto.
Haru se llevó a Yui. Seis metros más adelante, soltó a su amiga y la miró con una sonrisa enorme.
- Por Kami-sama, Yui-chan, ese muchacho es increíble - afirmó.
Yui gimió y miró hacia el todoterreno. Yuma estaba hablando con Shu, al que no había visto hasta ese momento.
- Ya te lo había dicho. ¿Has conseguido adivinar sus pensamientos?
Haruka soltó una risita.
- Sí, bueno, algo parecido. - respondió. - Sus sentimientos hacia ti son increíblemente poderosos... ese tipo te quiere con locura, Yui-chan. Y es verdad que hará cualquier cosa por mantenerte a salvo.
Yui volvió a mirar a Yuma.
- No me puedo quedar aquí, Haru-chan...
Haruka le acarició el hombro.
- Ni yo intento librarme de ti, Yui-chan. Sabes que te puedes quedar todo el tiempo que quieras. Lo sabes.
- Sí, lo sé. Pero me preocupa lo que les pueda pasar. - le confesó.
- Ruki y yo sabemos cuidarnos. Eres tú quien está en peligro.
Yui miró el suelo, con tristeza en sus ojos.
- Es posible... pero será mejor que me vaya con él.
Haruka volvió a sonreír.
- No sé como explicártelo, Yui... tu amigo me da buenas vibraciones. Sé que cuidará de ti. Y creo que te hará mucho bien en otros sentidos.
- Yo no estoy tan segura de eso... - murmuró Yui, sin querer confesar sus sentimientos. - Pero marcharme con él es la mejor solución. No quiero que les hagan daño por mi culpa, Haru-chan.
Haruka la abrazó.
- Prométeme que tendrás cuidado, y que me llamarás todos los días por teléfono. Pero todos los días, muchachita. No de vez en cuando.
Yui rió.
- Estás loca, Haru-chan~
- Tal vez, pero como no me llames...
Haruka se alejó hacia la tienda. Antes de desaparecer, apuntó a Yuma con una mano y dijo:
- Cuida de ella o me encargaré de ti, chupoptero.
Haru entró en Lovers. Yuma intercambió unas palabras con Shu y fue al encuentro de Yui.
- ¿Estarán bien? - preguntó la pequeña humana.
Yuma se metió las manos en los bolsillos y la miró a los ojos.
- Descuida, ya me he encargado de que los vigilen.
- Conozco a Haru-chan y a Ruki-kun y sé que no les hará ninguna gracia que...
Yuma asintió. La briza llevó su aroma a Yui, que estuvo a punto de gemir.
- No tienen por qué saberlo. Ayato y Subaru son muy buenos en su trabajo. Ni siquiera los verán.
- ¿Ah, si? ¿Y dónde estaban anoche? - preguntó, en tono acusador.
- Cuando Shu y yo empezamos a vigilar la casa de tu amiga, les pedí que intentaran seguir el rastro de Ritcher. - contestó.
- ¿Han encontrado algo?
Yuma soltó un gruñido.
- No, todavía no, pero lo encontraremos. - le aseguró. - Ahora debemos llevarte a un lugar seguro.
Yui se cruzó de brazos, nerviosa.
- No puedo creer que me esté pasando esto...
- Te prometo que estarás a salvo, Yui.
Yuma se sacó una mano del bolsillo y se frotó la nuca. La visión de sus fuertes músculos y de su mirada directa, fuerte y hambrienta, le pareció tan masculina a Yui que se estremeció.
- No permitiré que te hagan daño. - añadió él.
- Si te refieres a Ritcher, te creo - murmuró ella. - Pero, ¿Qué me dices de ti?
Yuma tardó un momento en responder.
- Yo no te haría daño nunca, Yui. Siento muchísimo que te hayamos metido en este lío.
- Bueno, tampoco es que tuvieran la intención de hacerlo...
Yuma entrecerró los ojos.
- Debería haberme mantenido lejos de ti y haberme marchado de ese maldito restaurante. Pero no pude.
Como Yui no supo que decir, se quedó muda.
Se había levantado el viento y tuvo frío. Se frotó las manos para calentárselas, y se llevó una sorpresa cuando él extendió un brazo y la tocó. Sin embargo, no hizo otra cosa que cerrar los dedos sobre los de ella para que entrara en calor.
Desconcertada y asombrada por su contacto, Yui miró su pecho poderoso y sintió el impulso de hundir la cabeza bajo su cuello. Tenía la piel más caliente que había tocado en su vida, a pesar de ser él un vampiro; era como si tuviera fuego en las venas.
Suspiró, sin poder evitarlo. Él le acarició una mano de forma inocente, con intención de tranquilizarla un poco. Pero lo que Yui sintió no fue inocente en absoluto.
- Tendrás que venir conmigo, Yui.
Yui tuvo miedo. Pero no podía negar que se sentía atraída por él.
- No tengo elección, ¿verdad?
- No si quieres seguir con vida. - respondió, con una voz profunda y ronca.
Ella tragó saliva y preguntó.
- ¿Adónde me llevarás?
La mirada poderosa y cálida de sus ojos marrones como el chocolate le recorrió de la cabeza a los pies y, a continuación, por el camino inverso.
- A casa - respondió él. - A las montañas. A mi cabaña.
Continuará...
