Capitulo 5
Yui tardó un poco en reaccionar, pero al final, asintió.
Yuma había estado conteniendo la respiración, y exhaló con un suspiro bajo y estremecido que se mezcló con un sentimiento de anticipación. La deseaba; la deseaba con toda su alma. Pero había algo más que eso; algo que le ponía extremadamente nervioso.
Le soltó la mano, sacó las gafas que llevaba en el bolsillo y se las dio.
- Toma. Las recogí de tu piso.
- Gracias...
Ella aceptó las gafas y se ruborizó; después, limpió los cristales con el borde del jersey rosado que Haruka le había prestado y se las puso.
- ¿Qué pasará cuando lleguemos? - preguntó Yui.
Yuma intentó contenerse, pero supo que la expresión de su sonrisa fue más vampirica de lo que pretendía. Se preguntó su ella había visto sus colmillos.
- Primero tenemos que llegar. Ya veremos lo que hacemos después, Yui.
- Me gusta que me llames por mi nombre solamente. Yui. Nadie me había llamado de esa forma en años. - murmuró.
- ¿En serio?
Yuma contempló el cabello de Yui. El día anterior lo llevaba recogido en una trenza, pero aquella mañana se lo había dejado suelto y formaba una cortina de aspecto sedoso y color rubio, casi blanco.
Se la imaginó debajo de él, desnuda, tumbada en una cama, con el cabello desparramado sobre el almohadón. Fue una imagen tan terriblemente erótica que dijo:
- Sabes que esto va a ser muy difícil para mí. ¿Verdad?
- ¿A qué te refieres? - preguntó ella.
- A estar contigo.
- Oh...
Yuma notó su miedo y su desconfianza, pero también su interés y cierta satisfacción.
Pensó que tendría que hacer un esfuerzo por controlar sus apetitos. Yui era mucho más pequeña que él, y le hacía sentirse una especie de gigante. Además, Yuma siempre había evitado a las mujeres pequeñas porque no se encontraba muy cómodo en su compañía; la diferencia física era tan grande que tenía miedo de hacerles daño.
Sin embargo, con ella era diferente. Cada vez que la miraba, se sentía dominado por un deseo irrefrenable que le hacía imaginar todo tipo de escenas salvajes, primitivas y ferozmente apasionadas.
Ya estaba a punto de hacer algún comentario tranquilizador cuando Shu se acercó a ellos y miró la hora.
- Se está haciendo tarde. Si estáis preparados, deberíamos marcharnos.
Yuma asintió. Tenían que llegar a las montañas antes de que se hiciera de noche.
- Sí, es verdad. - dijo - Vámonos.
Un minuto después, el todoterreno negro se puso en marcha y se dirigieron a la cabaña que Yuma había mencionado. El interior del vehículo olía a cuero, a bosque y a hombre; a Yui le encantó el olor, aunque se no se parecía a nada de lo que había conocido.
Shu iba al volante. Se había ofrecido a conducir y había soltado una risa irónica cuando Yuma aceptó el ofrecimiento y se sentó en el asiento de atrás, junto a ella. Era tan grande y ocupaba casi todo el espacio. Y su energía y su calor llenaban el lugar.
- ¿Cuánto tiempo tardaremos? - preguntó.
Shu había tomado el camino del este, el que llevaba a la cadena montañosa que separaba la ciudad del bosque.
- Deberíamos estar en un par de horas, pero depende del tráfico. - contestó Yuma, que pasó un brazo sobre el respaldo del asiento.
Yui lo miró y pensó que tenía aspecto de poder superar cualquier obstáculo. En eso no podían ser más diferentes. Pero a pesar de ello y del miedo que sentía, se encontraba maravillosamente bien a su lado. Se encontraba a salvo.
Observó sus ojeras durante un momento y dijo:
- Pareces cansado.
Él sonrió.
- Llevo dos días sin dormir. Por tu culpa.
- ¿Has estado despierto toda la noche?
- Sí - respondió.
Yuma no dio más explicaciones. De hecho, cambió de conversación.
- ¿Tienes familia? ¿Alguien a quien debamos avisar de tu paradero?
- No, mi madre murió cuando yo tenía quince años. Tengo unos tíos en alguna parte, pero no los he visto desde hace una década.
- ¿Amigos?
- Sólo los del trabajo... pero Haru-chan les dirá que... que me he ido del pueblo. - contestó. - ¿Qué va a pasar con mi casa?
- Hemos enviado un equipo para que la limpie. Les he pedido que recojan algunas de tus pertenencias... supongo que las tendrás mañana.
- Magnífico. Haruka me ha prestado la ropa que llevo, pero no tengo nada más. - explicó.
En realidad, Yui no estaba tan preocupada por eso como por otra cuestión: la ropa de Haruka no era de su talla. Su amiga tenía una figura preciosa, pero las caderas y los pechos de Yui no eran, ni mucho menos, tan exuberantes.
- Descuida, seguro que tendrás tus cosas al mediodía.
Ella asintió.
Estuvieron un buen rato en silencio, manteniendo las distancias en el asiento de atrás. Shu encendió la radio y puso música. Yui hacía verdaderos esfuerzos por no mirar a su acompañante, pero le gustaba tanto que no podía evitarlo.
- Deberías descansar un poco. - murmuró Yuma en determinado momento. - Has tenido unos días algo... complicados.
Ella apoyó la cabeza en el asiento y cerró los ojos con intención de relajase, pero fracasó miserablemente; notaba el olor de Yuma y sabía que la estaba observando. Minutos después, llegó a la conclusión de que no lograría dormir y abrió los ojos de nuevo.
- ¿Te importa que les haga unas cuantas preguntas?
Yuma arqueó las cejas, pero no dijo nada. Fue Shu quien contestó.
- Adelante, muñeca. - dijo- Dispara.
Yui sonrió al oír lo de "muñeca".
- Ayer dijisteis que no sois como Ritcher, y ya he podido comprobar lo más obvio, es decir, que sois razonablemente decentes. Pero ¿Os referíais a eso? ¿O a otra cosa?
Yuma apoyó el codo en la portezuela, contempló el paisaje por la ventanilla y respondió sin mirarla.
- Somos vampiros; seres mágicos, como él. Pero no somos de los suyos totalmente. Antes de que Ritcher se pasara al lado oscuro, era un miembro perfectamente normal de los licántropos de pura raza, del clan de los Crestas Plateadas.
Yui notó algo raro en el fondo de su voz. Sin embargo, decidió insistir. Necesitaba saber más.
- ¿Por qué no sois de los suyos?
Shu cambió de carril y respondió por Yuma.
- Porque Yuma-kun y yo somos mestizos, hijos de un humano y un vampiro. Él y yo estamos en el mismo caso... nuestras madres eran humanas y nuestros padres, vampiros.
- Comprendo. Así que vuestros padres se enamoraron de mujeres humanas...
- En efecto. - Dijo Yuma.
Yui lo miró durante un momento, sorprendida.
- Vaya... vuestras madres debían de ser muy especiales.
- Lo eran y lo son. - dijo Shu, sonriéndole por el retrovisor.
Yui se giró hacia Yuma y preguntó.
- ¿Qué tal se llevan sus padres?
- Oh, se llevan maravillosamente bien. - respondió con humor. - Están tan enamorados y se quieren tanto que casi dan asco.
Shu soltó una carcajada.
- ¿Por qué dices eso? - preguntó ella. - ¿Crees que el amor da asco?
- No, en absoluto. - respondió Yuma. - No me refería a eso.
- Entonces, ¿Es que tus padres te hacen sentir...?
- Me hacen sentir muy bien. - la interrumpió. - Los adoro. Son dos personas magníficas, los mejores padres que se pueden tener. Aunque supongo que les he dado unos cuantos disgustos...
Yui miró a yuma con detenimiento, intentando adivinar lo que había querido decir.
- Comprendo... Los adoras, pero hay algo en ellos que te hace sentir incómodo. - afirmó. - ¿Verdad?
- Sí, supongo que es algo así. Tengo miedo de que si alguna vez le pasa algo a uno de ellos, el otro lo siga a la tumba en cuestión de días. Se quieren tanto que no se separan ni un momento.
Ella asintió.
- Bueno, crecer con unos padres que se quieren tanto sólo puede tener dos consecuencias en un hijo. - declaró.
- ¿Ah, si?
- Sí. - respondió Yui. - Desear el mismo tipo de relación... o huir de las relaciones por miedo a ser tan vulnerable como ellos.
Yuma gruñó, se cruzó de brazos y volvió a mirar por la ventanilla del todoterreno. Yui lo imitó, sin saber qué decir. Un momento después, Shu salió de la autopista, y tomó una carretera secundaria.
- Me temo que tendremos que parar en una gasolinera. - anunció el rubio.
Shu paró en la primera que encontraron y Yuma abrió la portezuela a toda prisa, como si quisiera escapar de Yui.
- Voy a buscar unos cafés. Quédate aquí. - ordenó.
Yui se mordió el labio inferior, pensando en la conversación que habían mantenido, y lo siguió con la mirada hasta la tienda, disfrutando de sus movimientos masculinos y de la visión de su trasero, precioso.
No había nada en él que le disgustara. Adoraba los músculos de sus brazos, los mechones de cabello castaño que le caían sobre la frente, las líneas rectas de su cara y la rectitud de su nariz.
- Si no fueras tan asustadiza, te aferrarías a él y disfrutaría tanto como te fuera posible. - murmuró.
Sabía que era verdad, y se odiaba por no ser capaz de relajarse. Yuma era tan atractivo que probablemente podía estar con cualquier mujer que deseara, en cualquier momento y todo el tiempo que quisiera, disfrutando de ellas día y noche. Y sin embargo, estaba allí, con ella.
En su opinión, aquello no tenía ningún sentido.
Por su escasa experiencia, y por lo que había visto en el caso de su madre, las caras bonitas no duraban demasiado. Se acordó de Clint, uno de los pocos novios de su madre que le había gustado. Era un hombre divertido, dulce y atento. Pero al final se marchó. Al final, todos se marchaban.
Pensó que, si se dejaba llevar por sus instintos, acabaría con el corazón partido. Estaba segura. En algún momento, Yuma Mukami se aburriría de ella y la abandonaría. Lo había visto antas veces durante su infancia y juventud que no consideraba otra posibilidad.
Se maldijo a sí misma por preocuparse por eso e intentó convencerse de que, en el fondo, no le interesaba. Pero la atracción que sentía era tan evidente que no se pudo engañar.
Shu, que estaba echando gasolina en el depósito, le dio un buen susto cuando dio un golpecido en la ventanilla.
- ¿Te ocurre algo?
Yui soltó un gemido de frustración. Estaba tan preocupada que Shu lo había notado en su expresión.
- Dime una cosa, Shu-san... etto... ¿Todas las chicas se vuelven locas por él?
Shu rió.
- Sí, pero no le des muchas vueltas, Yui. Ninguna se ha casado con él. Y Yuma no es de la clase de hombres que se enamora de cualquiera y luego desaparece. - explicó.
- ¡Y-yo no he hablado de amor! - dijo Yui, de repente sonrojada. - Yo no creo en el amor a primera vista... Además, casi no me conoce. - murmuró.
- Oh, en eso te equivocas. Te conoce muy bien. - dijo Shu con una sonrisa maliciosa, que dejaba ver sus colmillos. - Pero si no crees en el amor a primera vista, tal vez deberías creer en el viejo y tradicional deseo a primera vista... Pero lo suyo es más que eso. Encontrar una compañera para toda la vida no es una simple cuestión de deseo, aunque esté presente. Es algo mucho más intenso.
- No sé si te entienda...
- Mira, ahora que te ha encontrado, puedes estar segura de que no buscará la compañía de otras mujeres. Podría tomar a otra, por supuesto, pero no sería porque lo deseara. Tendría que obligarse... y al hacerlo, sería consciente de estar destruyendo los lazos que los unen. Le rompería el corazón.
Shu habló con una intensidad muy particular, como si le estuviera confesando una experiencia propia; pero no le dio más explicaciones y Yui tuvo la sensatez de no preguntar.
- ¿Qué has querido decir con eso de encontrar a una compañera?
Él la miró y se frotó la barbilla.
- Suponía que Yuma te lo habría explicado esta mañana, cuando estabais delante de la tienda de tu amiga.
Ella sacudió la cabeza.
- No. Se le habrá olvidado.
El rubio sonrió.
- Pues verás... en nuestro mundo, el de los seres mágicos, los machos y las hembras forman parejas que no se rompen nunca. Están hechos el uno para el otro; se complementan - explicó Shu. - Todavía hay quien cree que los humanos y los vampiros o licántropos no hacen buenas parejas, pero eso es una estupidez. He visto demasiadas relaciones felices como para creer lo contrario. Además, lo importante es lo que se lleva dentro.
- ¿Y crees que Yuma me considera... su compañera? - preguntó, verdaderamente sorprendida.
- No lo creo, Yui, lo sé. Eres suya... por eso le interesas tanto a Ritcher. Ese canalla se ha dado cuenta de que eres especial para él, porque Yuma no se arriesgaría nunca a meter a una mujer en uno de nuestros asuntos si tuviera otra opción. Y en este caso, no la tiene.
Yui soltó una risa nerviosa.
- Bueno, eso habrá de verlo...
- Confía en mí, preciosa. Yuma no te habría metido en esto si no estuviera realmente convencido. Acabaréis juntos; es inevitable. Entretanto, respira hondo y ve paso a paso.
- Eso es fácil de decir, pero difícil de hacer. - murmuró.
- Yo no estoy tan seguro de eso. Sospecho que eres de la clase de personas que pueden hacer lo que se propongan.
Yui estuvo a punto de reír de nuevo; pero esta vez, con ironía. Era evidente que Shu no la conocía bien. Era tan miedosa que llevaba 17 tapándose la cabeza con las mantas. Y en ese momento se había metido en medio de una trifulca de seres mágicos, uno de los cuales la quería asesinar.
- ¿Puedes contarme algo más sobre ustedes, sobre el clan de los Cazadores?
Shu asintió.
- Claro. Como te dijo Yuma, nos dedicamos a cazar a los seres mágicos descontrolados, los hombres lobo o vampiros que deciden estar fuera de la ley. Para que un cazador, sea vampiro o hombre lobo, sea parte de los Crestas Plateadas (lobos) o Vitraex (vampiros) tenemos que cazar una cantidad determinada de descontrolados. Quien lo consigue, puede dejar la caza y convertirse en miembro de pleno derecho.
Ella frunció el ceño.
- Y todavía no lo habéis conseguido, claro...
- Te equivocas - dijo Shu, sonriendo. - Alcanzamos nuestro número hace mucho tiempo. Pero esto es lo que hacemos y lo que somos. Además, los vampiros del clan Vitraex nos trataron desde la infancia como si fuéramos inferiores a ellos... ya no queremos formar parte del grupo.
Yui lo sintió mucho por ellos. Aunque no eran humanos, sino vampiros, imaginó lo que habrían sufrido por culpa de un prejuicio absurdo y estúpido.
Estaba a punto de pedir más explicaciones a Shu cuando Yuma regresó con una bolsa de papel y tres cafés.
- No es nada del otro mundo. - anunció con su voz de barítono. - Pero he traído unos cuantos pastelillos. Todavía no hemos comido nada...
Yuma le dio uno de los pastelillos a Yui, que pegó un bocado.
- Gracias... estaba hambrienta.
- Y yo...
Comieron en silencio, mientras Shu cerraba el depósito de gasolina. Yui no sabía que decir, asó que preguntó:
- ¿Tu cabaña está lejos de tu grupo?
- Los Vitraex no son mi grupo.
Yuma intentó disimularlo, pero su voz sonó un fondo evidente de amargura.
- No te caen bien, ¿Verdad?
- Ni bien ni mal. No me preocupan.
- Entonces, ¿Por qué cazas para ellos?
Él arqueó una ceja y la miró.
- ¿Cómo sabes que cazo para ellos?
Yui pegó otro bocado a su pastelillo.
- Acabo de tener una conversación muy interesante con Shu-san. - respondió.,
- Si, no lo dudo en absoluto. - gruñó.
- Seguro que tu amigo tiene mala reputación en lo relativo a las mujeres, pero conmigo ha sido un perfecto caballero.
Shu entró en ese momento en el vehículo y se sentó al volante.
- Por supuesto que he sido un perfecto caballero, Yui. Mi querido amigo Yuma no nos ha quitado el ojo de encima en ningún momento. - explicó con humor. - Por lo visto, no confía tanto en mí como yo en él.
- Cierra la boca y tómate el café, cretino.
El rubio soltó una risita, pero echó un trago de café y encendió otra vez la radio. En los altavoces empezó a sonar Parhelion Logic.
Terminaron de comer y se pusieron en marcha. Ya llevaban un buen rato en silencio cuando Yui se sintió incómoda. No sabía si Yuma era un hombre callado o si estaba enfadado con ella por las preguntas que le había hecho sobre sus padres. Pero en cualquier caso, no estaba dispuesta a permitir que su actitud le inquietara tanto.
- Bueno, y ese Ritcher... - dijo, en voz más alta de lo que pretendía. - ¿Te odia tanto como parece?
- Sí, pero el sentimiento es mutuo. - Contestó Yuma.
- Lógico. Son enemigos. Tú eres el cazador y él la presa. - dijo ella. - Creo que ya he entendido cómo funciona la cosa, pero...
- ¿Pero qué?
Ella se encogió de hombros.
- No sé, tuve la impresión de que su odio es más personal.
- La muerte es un asunto de lo más personal, Yui. Ritcher sabe que Shu y yo le seguimos la pista. Su tiempo se está acabando. Si ayer no hubiera estado tan preocupado por ti, lo habríamos seguido y le habríamos dado a muerte.
- Aún así, estoy segura de que te odia por algo más.
Yuma ladeó un poco la cabeza y le dedicó una mirada muy sexy.
- ¿Qué es lo que quieres saber, exactamente?
Ella lo pensó un momento antes de contestar.
- Ya te odiaba cuando empezó la cacería, ¿Verdad?
Él asintió. Shu giró en una desviación y tomó un caminó que se internó en el bosque, ya en plena montaña.
Yui se mordió el labio.
- Me dijo que tú le habías quitado algo y que pensaba pagarte con la misma moneda. - contestó al fin.
Yuma apartó la mirada.
- Hace tres años, maté a su hermano pequeño.
- Oh...
La reacción de Yui fue algo estúpida, pero se había llevado una buena sorpresa. Hasta entonces, creía que Ritcher odiaba a Yuma porque éste le había robado un trabajo, una propiedad o, quizá, una novia. No se le había ocurrido que pudiera ser algo más grave.
Yuma suspiró con pesadez y explicó:
- Nuestro principal cometido como Cazadores consiste en librar al mundo de los licántropos y vampiros descontrolados, que se empiezan a alimentar de carne humana. Pero también luchamos para mantener el secreto de nuestra existencia... El hermano pequeño de Ritcher tenía gustos bastante extremos. No estaba descontrolado, pero el muy cerdo se dedicaba a capturar menores y transformarse delante de ellos.
- ¿Y qué pasó?
- Que seguimos su rastro y lo encontramos con las manos en la masa. Pero se resistió. No quiso volver con nosotros para recibir su castigo.
- El muy imbécil no estaba dispuesto a asumir sus responsabilidades. - Intervino Shu. - así que atacó a Yuma.
- Y lo mataste - dijo Yui. - En defensa propia...
- Por supuesto que lo maté, y disfruté de cada segundo. Era un sádico que disfrutaba torturando a los niños.
- Claro. - murmuró ella. - Ahora lo entiendo. Seguramente eso fue lo que provocó que Ritcher se pasara al lado oscuro.
Yuma estaba echando un trago de café. Al oírla, se sobresaltó tanto que se derramó un poco en la pierna.
- ¿Cómo?
Yui se giró en el asiento para mirarlo.
- Ritcher no te odia sólo a ti por la muerte de su hermano. Seguramente odia a todos los humanos por la debilidad de su hermano... por haber causado el problema que lo llevó a la muerte. Con el tiempo, perdió el control de su odio y terminó siendo lo que es. - dijo ella. - Por no mencionar el asunto de sus padres.
- ¿Cómo sabes lo de sus padres?
- Lo sé porque me lo contó él. No me extraña que su hermano terminara de esa manera. Menuda familia.
Yuma no dijo nada. Se limitó a mirarla con extrañeza, como si intentara resolver un enigma.
- ¿Nunca te has preguntado por qué cambian los de tu especie, por qué se vuelven malignos? - continuó.
- ¿Por qué me lo iba a preguntar? - dijo Yuma, encogiéndose de hombros. - Eso es irrelevante. Si cambian, mueren.
- Pero conocer sus motivos podría ser de ayuda. Aunque sean verdaderos demonios como Ritcher, o enfermos como... como Ritcher.
- Sí, podría ser de ayuda. Pero el final sería el mismo. - insistió él.
- Este asunto no puede ser tan normal y tan sencillo como lo planteas, Yuma-kun. - afirmó Yui. - Estoy segura de que al cabo de un tiempo, las cacerías los afectan.
Yuma tomó un poco más de café.
- No es para tanto. Suelen ser rápidas.
- Estoy segura de ello. Pareces muy... centrado en tu trabajo.
Él se frotó la barbilla y la miró con una mezcla de humor y de deseo, ofreciéndole su mejor pose de ángel caído.
- Yo me centro en todo lo que hago. - declaró con malicia.
Acto seguido, extendió un brazo, la tomó de la mano y se la acarició.
Yui se quedó sin respiración y tuvo la impresión de que se derretía por dentro. No había creído ni una sola palabra de lo que Shu le había contado sobre las parejas de los seres mágicos, pero estaba dispuesta a seguir adelante hasta descubrir la verdad. Sólo tenía que encontrar el valor necesario.
- Te preocupas demasiado. Y miras demasiado fijamente. - le advirtió él, con una sonrisa juvenil.
Yuma respiró hondo, lentamente, y Yui supo que se estaba empapando de su aroma. Le pareció tan erótico que sintió un escalofrío por toda la columna.
- Todo saldrá bien, Yui. No permitiré que te hagan daño. Y por supuesto, tampoco te lo haré yo.
- No, no es eso. Es que... aunque estoy verdaderamente asustada, no puedo negar que me encanta mirarte...
Yuma la miró con sorpresa; era obvio que no esperaba esa declaración. Después, le dedicó una mirada tan intensa y tan llena de deseo que Yui pensó que tenía buenos motivos para estar asustada. Pero no se asustó. Al contrario, estaba cautivada por él.
- Tienes unas manos preciosas. - murmuró ella.
Eran unas manos fuertes y duras que terminaban en unas muñecas poderosas. Yuma se había remangado la camisa y Yui pudo ver que hasta sus brazos eran bellos, de piel clara y venas anchas y saludables.
- Están llenas de cicatrices. - murmuró él.
Yui notó su incomodidad y sonrió. De hecho, Yuma se había ruborizado de un modo encantador.
- Eso es parte de su belleza. - dijo ella.
Dejó su café a un lado, pasó un dedo por el índice de Yuma, siguiendo una cicatriz que terminaba en el dorso de la mano, y le dió la vuelta para admirar la palma, que acarició suavemente.
Él se puso tenso, como si estuviera haciendo esfuerzos por controlarse.
Yui lo miró a los ojos y supo que lo había excitado. Con una simple caricia.
Se sintió fascinada y maravillada por su reacción. Fue como si un cometa atravesara el firmamento e iluminara la oscuridad del vacío.
Yuma intentó decir algo, pero entonces oyeron una especie de grito gutural, casi un aullido, aterrador y descarnado a la vez. La clase de sonido que habría puesto los pelos de punta a cualquiera. La clase de sonido que despertaba todos los terrores de la infancia.
Al oír eso, Shu pronunció una palabra malsonante, que Yuma repitió.
Asustada, Yui le apretó la mano con fuerza y dijo:
- ¿Qué ha sido eso, Yuma?
De repente, el bosque se llenó de aullidos similares.
- Parece que nuestro querido Ritcher tiene intención de hacernos otra visita. - Respondió. - Y esta vez, ha venido con sus amigos.
Continuará...
