COINCIDENCIAS

II. VIAJES

Ptolomea, Inframundo

Año 15 del nacimiento de Athena

Toc… toc…

El espectro solo gruñó entre sueños, ni siquiera comenzando a despertar. Se cubrió la cabeza con una almohada, intentando ignorar los golpes en la puerta y la luz en sus ojos. Suspiró, y pronto el sueño comenzó a volver a apoderarse de él…

Toc… toc…

Minos abrió un ojo, y despertó esa mañana dando un gruñido. ¡Cinco minutos más! Tan pronto como escuchó el sonido de la puerta por segunda vez, el juez se puso una almohada en la nuca y se giró en la cama para quedar tumbado boca abajo, con la almohada cubriéndolo. Sus pies se descubrieron durante la maniobra, pero el espectro los encogió para que volvieran a quedar cubiertos. Apretó los ojos y se concentró en intentar volverse a...

-Buenos días, señor Minos- dijo el lugarteniente de Ptolomea, en voz bastante alta que hizo que Minos volviera a despertarse, entrando a la habitación del juez de Grifo. Miró a su alrededor y chasqueó la lengua un par de veces reprobatoriamente por el desorden, pero finalmente se encogió de hombros y movió levemente a su jefe- siete y media de la mañana. ¡Hora de levantarse!- añadió con jovialidad.

Minos gruñó de nuevo. Lune era un obsesivo con el orden y la puntualidad, y se encargaba de despertarlo todos los días religiosamente a la misma hora, por las que el juez le explicara que se había desvelado la noche anterior. Tras intentar en vano ignorar a su lugarteniente, Minos se rodó sobre la cama y se dejó caer la suelo, mientras que se tallaba los ojos con pereza.

-Señor Minos, por favor, ya es tardísimo…- dijo Lune ansiosamente, con un portapapeles y bolígrafo en mano, haciendo clic repetidamente al botón de su bolígrafo, ruido que realmente desquiciaba al juez- a las 8 tenemos que iniciar los juicios en Ptolomea. Somos por mucho los de mejor productividad. Llevamos quince juicios más que en Antenora y dieciocho juicios más que en Caína. Si seguimos así…-

Minos lo interrumpió dando un sonoro bostezo, que por poco se llena su boca de moscas, a lo que el espectro subordinado le respondió con una mirada de reproche. Minos sonrió levemente. ¡Cómo le gustaba importunarlo!

-Señor Minos, yo…- comenzó Lune, haciendo puchero.

-Bueno, bueno, ya entendí, Lune- dijo Minos, interrumpiéndolo de nuevo y rascándose la cabeza, tras bostezar sonoramente de nuevo- de acuerdo, haré lo que me dices. ¿Puedes darme un poco de privacidad para vestirme?-

Lune asintió, un poco avergonzado, y tras disculparse, salió de la habitación del juez. Una vez que quedó solo, Minos cerró la puerta con llave tras Lune, y se tumbó de nuevo en la cama boca abajo, volviéndose a dormir. El juez sonrió con travesura al escuchar a Lune nuevamente golpeando su puerta, desesperado para hacer que Minos se levante. No lo logró.

x-x-x

Entrada a los Doce Templos, Santuario de Athena

Aioros dejó escapar un largo suspiro. El chico estaba sentado en la explanada frente al templo de Aries, disfrutando los últimos rayos de sol de la tarde. El invierno estaba a punto de terminarse, pero el clima aún era fresco, y el santo de Sagitario estaba disfrutando la calidez del sol.

Frente a él estaba el Coliseo, y podía ver a lo lejos a su hermana entrenando con las otras amazonas. Sonrió. Lydia acababa de cumplir dieciséis años hacía un par de semanas, y esta vez estaba feliz porque ese año era bisiesto y había podido celebrar su cumpleaños en el día original. El santo sonrió levemente. Miró su reloj y se dio cuenta que la hora de ir por Sofi al hospital se acercaba.

Sofi.

El santo de Sagitario sabía que ya era hora de que su relación con Sofi avanzara. Estaba locamente enamorado de su chica, y quería que estuviera con él por el resto de su vida. Pero tenía miedo de que le dijera que no, por su trabajo, o por alguna otra cosa. Una parte de él entendía como Aioria había podido pasar tanto tiempo sin decirle a Marín como se sentía. Suspiró sonoramente.

Como le había dicho a Aioria: ya era hora de avanzar.

El santo se puso de pie y comenzó a caminar hacia el hospital. Tendría que armarse de valor. Y no sabía porqué, pero eso lo ponía más nervioso que pelear contra todos los espectros de Hades. Al mismo tiempo.

-Hola, hermanito...- Aioros sintió un leve golpe en la espalda, para ver al León dorado sonriendo detrás de él- ¿y bien? ¿Ya se lo propusiste? ¿Cuando es la boda?

Aioros gruñó.

-Si te gusta la forma que tiene tu nariz, mantente fuera de mis asuntos- dijo el santo de Sagitario. Aioria sonrió. Oh, dulce venganza. El santo de Leo pensó en importunar a su hermano mayor como él lo había hecho antes con el asunto de Marín.

Aioria no dijo nada más. Solo le dio varias palmadas en la espalda, y sonrío socarronamente.

-Mejor date prisa, Aioros, antes de que te la ganen- añadió guiñando un ojo antes de irse.

x-x-x

Verona, Italia

La chica bajó corriendo las escaleras, de dos en dos, y casi tropieza y se cae rodando por ellas. No se fijen mucho en ello, pues tenía razones para estar feliz. Su loca carrera terminó cuando chocó contra su hermano mayor, un chico rubio y con lentes, en la base de la escalera, y casi lo hace caer junto con ella. El chico maniobró entre su hermana, la pared y el suelo para no caer, pero logró estabilizarse y estabilizar a la chica.

-Tranquilízate, Aria, no hay ninguna necesidad de lanzarse de cabeza al suelo- dijo el chico en voz alta, con una mirada reprobatoria- ¿qué es lo que te tiene tan emocionada?-

-No puedo creerlo, Lucca- dijo Aria en voz alta, levantando un papel y poniéndolo en las narices de su hermano mayor. Lucca puso los ojos en blanco. Su hermana estaba a punto de brincar de contento, y eso no lo quería ver. La tranquilizó poniendo las manos en sus hombros.

-Aria, o me dices de que se trata en los próximos cinco segundos o te daré un zape- dijo el chico, cruzando los brazos molesto.

-¡Me aceptaron para hacer un curso en Grecia, Lucca!- dijo Aria, volviendo a mirar el papel- un intercambio de un año en la universidad de Atenas, para la maestría en ciencias, ¿puedes creerlo?-

Lucca alzó las cejas, sin poder entender que era lo que estaba sucediendo.

-Ok, en italiano. ¿Vas a hacer un curso en Atenas?- dijo Lucca, su corazón dando un vuelco. Su hermana asintió.

-¡Sí!- exclamó Aria, como una niña pequeña en una juguetería- mañana a primera hora viajaré a Atenas. Mamá y papá ya lo saben. La universidad me compró los boletos de avión y la renta del apartamento por todo el año-

-¿Una maestría?- dijo Lucca, alzando ambas cejas, y chasqueando la lengua un par de veces- muy mal hecho, sorellina, ¡eres la vergüenza de la familia!-

Aria se echó a reír. Su familia tenía una pizzería que había pertenecido a su abuelo materno, y era la principal fuente de ingresos de la casa. Pero Aria era una botánica, completamente obsesionada con las plantas, y por más que lo intentó, su madre jamás pudo alejarla de su pasión.

-Mamá debió estar muy decepcionada cuando le dijiste- continuó el chico- en serio, Aria, no deberías hacerla rabiar así. Ya sabes que quiere que continúes también en el negocio familiar. Pizzas de un euro-

-Sí, pero no tiene nada que hacer- dijo la chica, sonriendo- ya tengo veinte años y puedo hacer lo que me de la gana-

Lucca iba a decir algo, pero un pitido irritante comenzó a sonar. El chico hizo una mueca y se inclinó a ver el aparato que colgaba de su cinturón. Como reflejo, Aria dio unos pasos a la cocina, y trajo una manzana, para ponerla en la mano de Lucca.

-Ten, traga esto- dijo Aria, sonriendo- debí sospechar que estabas bajo. Estás más gruñón de lo habitual-

-Gracias, Ari- dijo Lucca, sonriendo y mordiendo la manzana. Aria sonrió ampliamente- entonces, ¿mañana sales para Atenas?-

La chica asintió, y sus ojos se volvieron a iluminar de contento.

-Ari, ¿te importaría… si yo también voy contigo?- dijo Lucca- puedo pedir vacaciones en el trabajo, y no creo que a mamá le importe-

Aria alzó la ceja derecha, en una expresión incrédula.

-¿Porqué querrías tú ir a Grecia?- dijo la chica sospechosamente, haciendo énfasis en el "tú".

-Solo… me gustaría saber que mi hermanita está bien instalada en su nuevo apartamento, que no hay pervertidos alrededor o algo así, eso es todo- dijo Lucca con una expresión inocente- además, nunca he estado ahí, me gustaría ver la ciudad, y además…-

-Ajá, sí claro…- lo interrumpió ella, entrecerrando los ojos de manera sospechosa, no creyendo ni un poco el acto de su hermano. Ya se sabía todas sus excusas para ir a Grecia- y el hecho de que Sofi viva ahí no tiene nada que ver…-

-Nada que ver- dijo Lucca, jugando con los dedos- eh… ¿a poco Sofi vive ahí? Ya no recordaba-

Aria miró a su hermano con los ojos entrecerrados. Ella sabía muy bien que Lucca nunca había olvidado a Sofi, y que aún estaba enamorado de ella. Bufó levemente. Sabía que no podía evitar que Lucca la acompañara a Atenas, pero quizá podría mantenerlo a raya y evitar que metiera a Sofi en problemas.

-No creo que sea buena idea, Lucca- dijo Aria- pero si quieres, será mejor que le digas a mamá. No va a estar nada contenta al respecto-

Lucca se limpió la boca con el dorso de la mano cuando se terminó la manzana, y sonrió. La chica suspiró sonoramente, un poco menos contenta que hacía unos minutos. No sabía porqué, pero tenía la leve sospecha de que pronto habría problemas. Muchos problemas.

x-x-x

Hospital, Atenas, Grecia

Horas más tarde

Esa tarde, tras despedirse de Oskar, Sofi se apresuró a correr a la puerta del hospital para encontrarse a Aioros. Había sido un turno especialmente pesado y difícil, y estaba aliviada de salir del hospital y regresar con su chico al Santuario, a descansar.

Desde el ataque a Cathy en su apartamento, Sofi se había quedado en el templo de Sagitario de forma permanente. Aioros no la había dejado que regresara a la ciudad, y la había mantenido con él en el noveno templo, en caso de que hubiera otro ataque. Ella no se quejaba: le gustaba pasar tiempo con él.

El último par de semanas, el santo dorado había notado que Sofi había estado un poco asustada, rehusándose a salir sola, o incluso a ir a trabajar. Apenas llevaba dos o tres días que había regresado al hospital. Todo había sido por el ataque contra Cathy de hacía unas semanas, pues estaba muy asustada.

-¡Aioros!- exclamó Sofi con una sonrisa, mientras que el santo la rodeaba con sus brazos- que bueno que ya llegaste-

-¿Como estás hoy?- dijo Aioros sonriendo levemente al ver su mirada cansada, sus cabellos desaliñados y amarrados en una cola- ¿día pesado?-

-Pesadísimo- dijo Sofi, soltándolo y tomando su mano- no sabes como quisiera poner los pies en alto-

-Volvamos al Santuario entonces, para que descanses- dijo Aioros. Sofi asintió y lo besó en la mejilla. Ambos se tomaron de la mano, y comenzaron a bajar juntos el tramo de escalones en la entrada principal del hospital.

Mientras ambos caminaban de regreso entre las calles de Atenas, el celular de la chica sonó repetidamente. Sofi lo sacó de su bolsillo y lo miró. Sonrió una vez que terminó de leer.

-Oh, mira- dijo Sofi en voz baja para sí misma.

-¿Qué sucede, Sofi?- dijo él, pasándole la mano por la cintura para atraerla hacia sí mismo.

-Una amiga mía vendrá de Italia, a estudiar en la Universidad de Atenas- dijo ella, sin levantar la mirada, mordiéndose el labio mientras miraba la pantalla- se quedará todo el año, y quiere que nos veamos un día de estos. Llega a Atenas mañana en la tarde-

-Eso es bueno, ¿no es así?- preguntó Aioros. Hubo algo en su tono de voz que le pareció extraño, como si estuviera preocupada por algo.

-Sí- dijo Sofi, aclarándose la garganta- y además, su hermano la va a acompañar. Lucca también es amigo mío- sonrió.

-Quizá, si quieres, podemos invitarlos a tomar un café alguna vez- dijo Aioros- un chocolate caliente. Como la primera vez que salimos, ¿recuerdas?-

Sofi asintió con una enorme sonrisa. Aioros la miró con adoración. ¡Cómo amaba su linda sonrisa!

x-x-x

Jardines de Elysion, Inframundo

Después de los juicios de ese día, Hypnos y Thanatos habían dado permiso a los jueces de cruzar el muro de los Lamentos hacia los jardines de los Campos Elíseos. Radamanthys y a Victoria de pasear por los jardines junto con Dash. El pequeño corgi se la pasaba corriendo de un lado al otro, ladrando, persiguiendo mariposas y regresando con su nuevo dueño. Radamanthys le permitía tumbarse en su regazo con la barriga hacia arriba. A Victoria le encantaba haberlo vuelto a ver.

Y adivinen quien se la pasaba furiosa y apretando los dientes al respecto.

Pandora se encontraba en la entrada de los campos, apenas detrás del muro de los Lamentos, con los brazos cruzados y una expresión enfurruñada, mirando molesta a Victoria, cerrando sus dedos alrededor de su tridente e imaginando como si fuera alrededor del cuello de la chica. Cuando vio a Radamanthys inclinarse hacia un lado para besar a Victoria en la mejilla, Pandora pateó el suelo y se alejó dando pisotones. No vio a Minos, que estaba de pie cerca de ella, y chocó contra él.

-Minos, lo siento- dijo Pandora, con una expresión que realmente no parecía sentirlo.

-Pareces distraída, Pandora- dijo Minos en un tono benévolo. Podía ser muy burlón, pero no se burlaba de nadie que sufriera por amor- ¿hay algo en lo que te pueda ayudar?-

-No, gracias, Minos- dijo Pandora con desdén- creo que mejor regreso a mis habitaciones. Digamos que no disfruto mucho la compañía…-

Minos sonrió levemente y se inclinó para dejarla pasar y regresar a Giudecca. El juez suspiró. Violate y Aiacos no estaban esa tarde en Elysion, se habían quedado en Antenora entrenando juntos. Minos tenía la teoría de que Violate quería obtener más cicatrices de las que ya tenía, y esa era la idea que esos dos tenían de romance: darse de golpes entre ellos. Ah, el amor. Minos suspiró.

Minos miró de nuevo a Radamanthys y Victoria, y entrecerró los ojos con curiosidad. ¿De qué se trataba eso? ¿Cómo se sentía estar enamorado? El juez de Grifo rió levemente. Quizá como un un dolor de estómago extraño, o realmente no sabía. Sus dos compañeros sonreían de la nada, y miraban a sus respectivas chicas con adoración. Aiacos no dejaba que nada le pasara a Violate, a pesar de ser una guerrera bastante poderosa. Y Radamanthys, bueno, digamos que cuando estaba con Victoria, se veía mucho menos temible de lo que realmente era. Uno que otro espectro había cometido el error de creer que Radamanthys se había suavizado. Se arrepintió.

-Creo que el señor Hades tiene razón, Minos- dijo Hypnos, interrumpiendo los pensamientos del espectro- has estado muy distraído-

Minos dio un respingo de sorpresa, y se volvió hacia el dios del sueño. Hypnos había estado sentado en el pasto, a unos pasos de donde estaba Minos, con la espalda apoyada en uno de los árboles y enfrascado en un libro, pero se había quitado los lentes y mirando al juez. Minos tragó saliva. No sabía a qué se refería.

-¿Señor Hypnos?- dijo el juez.

-Quizá sería buena idea de que fueras al Santuario de Athena- dijo Hypnos, pensativo, mientras limpiaba los cristales de lentes con una telita y miraba a través de ellos, para ver si había alguna mancha- el señor Hades tenía pensado enviar a uno de los espectros al Santuario, y creo que tú serías la opción ideal-

-Pero…- comenzó Minos- ¿cuál será mi misión? No es como que hay una pelea en este momento-

-Solo apoyar a Athena en la protección de su Santuario, en caso de ser atacado por las fuerzas de Deimos- dijo Hypnos, volviéndose a poner los lentes y mirándolo fijamente- aunque sea por un tiempo. La ultima vez que atacaron el Santuario, tomaron varios prisioneros, y quizá se les ocurre liberarlos. Además, en caso de que ataquen, es más sencillo que tú nos contactes, y vayamos a ayudarlos, terminar con esta guerra lo más rápido posible- Hypnos se aclaró la garganta- y sirve que te distraerás un poco-

Minos alzó las cejas, pero no se quejó. Quizá sería buena idea pasar un tiempo con los santos de Athena, fuera del Inframundo. Tomar aire fresco. Además, también a ellos los podía molestar, especialmente a Kanon, ahora que tenía una hija. Vaya, que raro iba a ser eso.

-De acuerdo, señor Hypnos, iré a Atenas- dijo el espectro, y miró de reojo a Radamanthys y Victoria. Sonrió. Él y Aiacos eran como sus hermanos, y estaba complacido de verlos a ambos tan felices.

x-x-x

Templo de Géminis

Elsita ya tenía cuatro meses, y había ganado peso, y cada día se parecía más a los gemelos. Ya no quedaba rastro de la bebé prematura y pequeña. Sonreía a quien se le acercara, y movía los brazos y las piernas. Pero sus mayores sonrisas eran para sus padres, sobre todo para Kanon. Los ojos grises de recién nacida de la nena se volvieron verdes con el tiempo, verdes como los de sus dos padres, y sus cabellos eran de un tono idéntico a los de su papá.

Sofi y Aioros habían vuelto a visitar el templo de Géminis cuando regresaron del hospital. Aioros se volvió a Saga y comenzaron a charlar juntos. Sofi, por su parte, tomó en sus brazos a Elsita. La pequeña estaba envuelta en una manta tejida de color rosado, un regalo que les habían hecho.

-Mira a mi niña- sonrió Satu en voz baja, como no quiere la cosa, dándole un leve codazo a Kanon- y se ve tan linda en los brazos de Sofi, ¿no lo crees, Aioros?-

-Satu tiene razón, Aioros- dijo Kanon, mirando de reojo al santo de Sagitaro.

Aioros se volvió hacia Sofi y sonrió con adoración al verla. Elsita no paraba de reír, contenta de que la pasearan en brazos por el templo de Géminis. La nena dejó escapar una carcajada que enterneció a todos los presentes.

-¿Cómo está Cathy?- preguntó Casandra de pronto.

-Está mucho mejor desde que regresó al Santuario- dijo Sofi, borrando su sonrisa, pero aún balanceándose en un pie y luego en el otro para hacer reír a Elsita- pero aún está muy débil para levantarse o salir del templo de Escorpión-

-Y Milo no se ha separado de su lado desde lo que pasó- dijo Aioros a su vez, también un poco entristecido- lo bueno es que por fin pudimos convencerlo de que duerma en su propia cama. Ya me había preocupado-

Todos los presentes se quedaron en silencio. Elsita tiró juguetonamente de las cintas de la blusa de Sofi, y ésta la estrechó con suavidad contra ella misma.

-Eso es una buena señal que Milo esté tan apegado con ella, después de todo- dijo Saga tras un buen rato en silencio- Milo siempre fue muy liberal. Es agradable saber que él está realmente enamorado de Cathy-

-Realmente enamorado- dijo Sofi, sonriendo y poniendo a Elsita en brazos de su tía. Casandra tomó a la nena en sus brazos y se sentó, poniendo a la pequeña en su regazo. La pelirroja se volvió a Aioros- vayamos a descansar, Aioros, me siento muy cansada-

Aioros asintió y le ofreció el brazo.

x-x-x

Templo de Escorpión

Tal y como habían dicho los demás, Milo no dejaba a Cathy sola ni un minuto. Athena y el Patriarca le habían dado permiso de salir del rol de guardias del Santuario y se dedicara exclusivamente a cuidar de Cathy hasta que se recuperara de su herida. Oskar, el hermano de Satu, era el médico de la chica, y ya le había autorizado caminar algunos pasos en su habitación.

-¿Cómo te sientes el día de hoy, preciosa?- le preguntó Milo, mientras la ayudaba a sentarse sobre la cama.

-Mucho mejor- dijo Cathy, sonriendo- un poco más ligera, como me dijiste antes- y rió un poco. Milo también dejó escapar una risita.

Cathy se recostó y subió los pies a la cama. Milo la cubrió con las sábanas, y se recostó a su lado. El santo extendió su brazo hacia ella, y Cathy apoyó la cabeza en su pecho. Milo pasó los dedos entre sus cabellos en una expresión cariñosa.

-Deberías salir con los demás, Milo- dijo Cathy- llevas mucho tiempo encerrado aquí conmigo-

-No te preocupes por ello, Cathy- le dijo Milo- la señorita Athena me dio permiso de quedarme a tu lado. No quiere que te quedes sola- le dio un beso en la frente- me gusta estar contigo-

Cathy sonrió levemente, y se ovilló junto a Milo.

x-x-x

Sastrería, Atenas

Así como Aioros había salido al hospital a buscar a Sofi, Death Mask había salido a la ciudad a buscar a Fatima, quien había conseguido trabajo en una sastrería cercana al Santuario. Death Mask se dio cuenta de que la chica tenía talento en remendar telas y vestidos cuando arregló uno de los pantalones de Kostas, así que la había acompañado a conseguir trabajo. Los demás no sabían exactamente cómo había hecho para conseguir trabajo una chica sin documentos, que más o menos hablaba griego. Death Mask dijo que los empleadores habían notado que Fatima tenía facilidad para ese trabajo, sin embargo, algunos de los santos sospechaban que el santo de Cáncer los había amenazado para que le dieran el trabajo, y los pobres por miedo la habían contratado.

-¡Dema!- sonrió Fatima, una vez que salió a la calle y vio que el santo la estaba esperando.

-¿Cómo te fue en tu primer día de trabajo, carina?- sonrió el santo.

-¡Muy bien!- dijo Fatima- ¿viste cuantos tipos de telas tienen ahí?¡Es impresionante!-

Death Mask sonrió, y le ofreció la mano para acompañarla al Santuario. Fatima, que ya había entendido algunas cosas sobre como eran las costumbres en Grecia, la tomó sin dudarlo.

-Dema, ¿harás pasta para cenar?- preguntó Fatima mientras iba caminando.

-Por supuesto, si eso te gusta- dijo Death Mask.

Ambos caminaron juntos al Santuario, tomados de la mano. Los dueños de las tabernas que el santo solía frecuentar lo miraron alejarse, extrañados. Llevaba al menos dos semanas sin visitarlos y, al parecer, habían encontrado la razón.

x-x-x

Aeropuerto, Verona

A la mañana siguiente

Aria suspiró. Su pequeña aventura no era exactamente lo que se había imaginado. Primero, no pensaba que tendría que cargar con su hermano. No es que le molestara su presencia, pero no se chupaba el dedo: sabía que Lucca solo la quería acompañar para volver a ver a Sofi. Le fastidiaba la idea. ¿Porqué no podía dejarla en paz y seguir con su vida? Uno pensaría que cuatro años o un poco más eran suficiente.

Lo otro que le molestó es que invitara a uno de sus primos a ir con él. Mario. Con el pretexto de que Mario y Lucca estarían visitando la ciudad como turistas, la señora Rossini había no le había dicho nada al respecto. Aria sabía que, secretamente, su madre deseaba que Lucca y Sofi terminaran juntos. Se sopló el flequillo, frustrada, pero se volvió a sus acompañantes.

-¡Vamos, chicos!- dijo Aria, resignada- esas maletas no se van a subir solas-

La chica se echó a reír, mientras que su hermano y su primo hacían una mueca. El lado positivo es que ambos chicos le podían ayudar a cargar con todas sus pesadas maletas, las que ella no podía cargar.

-Aria, ¿qué tantas cosas traes?- preguntó Mario, alzando las cejas.

-En serio, ¿te piensas mudar a Atenas?- dijo Lucca.

-Voy a vivir un año en Atenas, Lucca- dijo Aria, como si fuera lo más lógico del mundo- es obvio que quisiera traer todas mis cosas-

-No tenías que traer tantas plantas- dijo Mario, encendiendo su cigarrillo- de hecho, no estoy muy seguro de que sea legal-

-Sabes que en Athenas también hay plantas, ¿verdad?- dijo Lucca, alzando las cejas. Aria los ignoró.

Los dos chicos bufaron, nada divertidos por la situación. Aria sonrió. Se lo merecían por haberse autoinvitado a su viaje. Oh, sí, los iba a hacer sufrir por haberse atrevido. Rió por lo bajo. En verdad, estaba un poco nerviosa, pero se sentía tranquila de no hacer ese viaje sola. Suponía que era otra de las pocas ventajas.

-Bueno, vamos a documentar este equipaje antes de que me salga una hernia- dijo Lucca, echándose una maleta al hombro mientras cargaba otra con su otro brazo. Mario puso cara de circunstancias, apagó su cigarrillo, y tomó sus maletas también.

Aria asintió, se acomodó su mochila en su espalda, y siguió a los dos chicos hacia el mostrador de la aerolínea. Faltaban dos horas para su vuelo a Atenas. Se detuvo unos segundos. Era el inicio de su siguiente aventura. Respiró hondo, con una sonrisa, y corrió para alcanzar a Lucca y a Mario.

x-x-x

Ptolomea, Inframundo

Al mismo tiempo

Lune casi da brincos de alegría esa tarde cuando Minos le dijo que iba a pasar unos días en el mundo humano, y que él se iba a quedar a cargo. El juez casi sintió lástima por sus subordinados: Lune era famoso por ponerlos a trabajar arduamente durante las ausencias de Minos, y ellos no podían reclamar, pues le tenía mucho miedo al látigo del Balrog.

-No se preocupe, señor Minos- dijo Lune- todo estará en perfecto orden cuando usted regrese. Además, no dejaré que nadie pierda el tiempo, o…-

-Eh… bueno, Lune- dijo Minos- te encargo los juicios. Por favor, no seas tan duro con los chicos. Y avísame de inmediato si hay algún ataque al Inframundo-

Pero Lune no lo estaba escuchando. Estaba absorto con la lista mental de cosas que iba a hacer por él, y sus ideas sobre mejorar el rendimiento y la productividad de Ptolomea, pensando en superar la de Giudecca algún día. Minos bufó.

-… y me encargaré que todos hagan su deber como debe ser, y además…- continuó Lune hablando.

Minos no estaba escuchando a su subalterno. Suspiró. La verdad lo sentía por los otros espectros en Ptolomea. Solo esperaba que todo saliera bien durante su ausencia.

-Señor Minos- dijo Lune de pronto, sacando al juez de sus pensamientos- no olvide llevarse el bloqueador solar-

-¿Uh?- dijo Minos, alzando las cejas, confundido.

-Siempre ha salido al mundo humano de noche, señor Minos- dijo Lune- los días en Atenas comienzan a ser soleados, podría causarle…-

Minos frunció el entrecejo.

-¿Acaso estás diciendo que tengo la piel demasiado delicada?- dijo Minos.

-No, claro que no, señor- dijo Lune, ruborizándose- solo le digo que…-

-Entonces no digas nada- dijo Minos, frunciendo el entrecejo, bufando molesto. Tomó un par de cosas en su mochila, y se la echó al hombro. En su otro nombro cargó la caja de su sapuri, y se dirigió a la salida del Inframundo. Sonrió ampliamente, mostrando los colmillos. Si tenía suerte, iba a volver a repartir patadas. Se tronó los nudillos, sonriendo ilusionado.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Hoy toca actualización tempranera. Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews, y por seguir leyendo. Les mando un abrazo.

Abby L.