COINCIDENCIAS

III. ENCUENTROS

FLASHBACK

6 meses antes de la guerra santa del siglo VIII

Agasha dobló cuidadosamente la capa blanca. Ya la había lavado, secado y planchado con cuidado. La dobló cuidadosamente y se la guardó en su pequeño bolso, junto con otra cajita de madera. Sonrió levemente al recordar las circunstancias en las que la había recibido. Había estado corriendo bajo la lluvia, con las flores que llevaba al Patriarca Sage, cuando Albafica, el santo de Piscis, la había cubierto con su propia capa para protegerse de la lluvia. Sonrió levemente, aunque estaba preocupada por lo que el santo dorado le había dicho.

"No me toques", fueron las únicas tres palabras que intercambiaron esos dos.

Agasha se mordió el labio. Su padre ya le había explicado exactamente porqué Albafica no quería ser tocado. Tenía miedo por ella, tenía miedo de hacerle daño, a ella y a los demás. Y eso le había comprado toda una vida de soledad en el Santuario. Pero eso no era importante para ella, para Agasha. Tenía que devolverle la capa, y agradecerle por su amabilidad. No necesitaba tocarlo para ello, y estaba segura de que no habría problema.

-No tardaré, papá- dijo la chica- solo le entregaré la capa al señor Albafica, y después regresaré-

-De acuerdo, no tardes, hija-

La chica se echó a correr hacia el Santuario de Athena. Los santos y los guardias ya la conocían, así que la dejaron pasar sin ninguna molestia o problema. Cuando llegó al templo de Piscis, sacó la capa de su bolso, y la detuvo en sus manos. Miró, dudosa, el interior del doceavo templo.

-Puedes pasar- dijo la voz tranquila de Albafica, resonando en todo el templo- no sabía que hoy ibas con el Patriarca-

-No voy con el Patriarca… eh… señor Albafica- dijo Agasha, bajando la mirada- vine a devolverle su capa, que tan amablemente me prestó el día de ayer-

Hubo varios minutos de silencio, en los que Agasha esperó pacientemente la respuesta del santo de Piscis. De pronto, comenzó a escuchar el tintineo de la armadura dorada, y el santo dorado apareció frente a ella. Agasha sonrió ampliamente al verlo aparecer. No era el hombre más bello del mundo en vano. Se ruborizó levemente.

-No era necesario eso- dijo Albafica con seriedad, pero asomando una pequeña sonrisa.

-No, pero igual quise traerle esto de vuelta- dijo la chica, acercándose a él y ofreciéndole la capa.

Albafica la tomó con cuidado, sus dedos rozando los de Agasha. La chica sonrió al ver que el santo se alarmó por haberla tocado. Después, Agasha sacó la cajita de su bolso.

-Horneé unas galletas, en agradecimiento- dijo Agasha, bajando la mirada, apenada, y sus mejillas tiñéndose de rojo- gracias, señor Albafica- añadió, ofreciéndole la cajita.

Albafica sonrió enternecido.

-Gracias, Agasha- dijo el santo, tomando la cajita de sus manos.

-¿Sabe… sabe mi nombre?- dijo ella, asombrada. Albafica sonrió y asintió. La chica quiso abrazarlo, pero Albafica dio un paso atrás.

-No me toques…- le dijo en voz baja.

FIN DEL FLASHBACK

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Calles de Atenas

Minos había obedecido la orden del dios del Sueño, y se dirigía a Atenas hacia el Santuario inmediatamente, tras despedirse de sus compañeros. El joven espectro se puso una mano en la frente. La primavera iba a iniciar pronto, pero hacía demasiado calor, y el sol era particularmente molesto para su piel blanca. El espectro se mordió el labio. Recordaba la conversación que había tenido con Lune. Debió haberlo escuchado.

Minos miró sus brazos. El lobo blanco, le habían llamado sus compañeros de la escuela, cuando aún era un niño pequeño. Su prima, Jorunn, era la única que le había dicho que su apodo le hacía justicia. Lo irónico fue que ella murió por las fauces de un lobo, y Minos casi sufría el mismo destino, si no fuera por el hecho de que Thanatos lo había reclutado.

El espectro se puso ambas manos en la frente para cubrirse del sol. ¡Era insoportable! No podía ver la hora de llegar al Santuario y ponerse en la sombra. Incluso tenía que entrecerrar los ojos para que la luz no los lastimara.

Quizá conseguiría algo de comer. No, Minos pensó que no. Sería mejor que llegara pronto al Santuario y fuera de ese terrible sol.

El joven espectro apresuró el paso, y chocó contra alguien. Una chica que venía caminando sin ver por donde andaba, pero se impresionó al verla: tenía enormes ojos color azul y morado, piel blanca y largos cabellos castaños muy claros, casi rubios, su rostro redondo enmarcado por los cabellos y un flequillo. Sus mejillas tenían un natural color rosado. La chica casi cayó al suelo, y Minos hizo un esfuerzo para evitarlo. Ella se incorporó, y sonrió al levantar su mirada hacia él.

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Departamento cerca de la Universidad de Atenas

Poco antes

Aria no estaba muy feliz que digamos. En el aeropuerto habían perdido una de sus maletas. Cuando Lucca le dijo que no era la gran tragedia, que aún llevaba otras 3 con una gran cantidad de ropa, la chica solo lo miró con enojo, lo cual hizo que Lucca desistiera en intentar animarla.

Tan pronto como dejó sus maletas en su nuevo apartamento, se despidió rápidamente de su hermano y su primo, y se apresuró a la universidad, a dejar sus documentos para comenzar al día siguiente con su curso.

¡Atenas era una ciudad enorme, y muy hermosa! De verdad, desde que bajó del avión, la ciudad le había quitado el aliento. No se parecía para nada a su natal ciudad de Verona, ni siquiera se parecía a Roma, donde había vivido antes, cuando su familia se tuvo que mudar ahí por la enfermedad de Lucca. Las columnas, los edificios, vaya, la dejaban sin aliento.

Caminó un par de cuadras, y rápidamente llegó a la universidad. Tras preguntar a dos personas, pronto supo a donde tenía que llevar sus documentos. Pronto llegó a una pequeña ventanilla, tras la cual se encontraba una secretaria limándose las uñas, y puso cara de pocos amigos cuando Aria le entregó sus documentos. La mujer los tomó de mala gana.

-Señorita Aria Rossini- dijo la secretaria, levantando la mirada para observarla, y volviendo su atención a los documentos que la chica le había entregado- ¿carrera en botánica en Verona? ¿ingreso para el master en ciencias?-

-Así es- dijo Aria, sonriendo.

-¿En serio ya terminaste la universidad?- dijo la secretaria, alzando las cejas y volviendo a mirarla- ¿no eres demasiado joven para una maestría?

-No- dijo Aria, cruzándose de brazos y frunciendo el entrecejo. La secretaria no insistió, solo asintió y, tras sellar un par de hojas, se las entregó a la chica.

-Bien, mañana se le espera en las aulas para el curso de inducción- dijo la secretaria- las clases comienzan la próxima semana-

-Muchas gracias, señorita- dijo la chica y, tomando los documentos, los guardó en su mochila y se apresuró a salir de la universidad.

Estaba algo cansada por el viaje, y su estómago rugía de hambre. Aria comenzó a caminar por las calles, pensando en que quizá debería comprar un gyro o algo parecido para comer, cuando sin darse cuenta chocó contra un hombre el la calle, y casi se va de espaldas al suelo, si no fuera porque el extraño la detuvo.

-¡lLo lamento mucho!- dijo ella sin miraron, aún concentrada en recuperar el equilibrio y no caer- gracias- añadió sonriendo y levantando la mirada, para ver a los ojos al hombre con el que había chocado. Se sonrojó un poco al verlo. Era un hombre alto, de piel blanquísima y cabellos blancos también- oh… eres super blanco. Eres albino, ¿verdad?-

Minos se sonrojó al escuchar esa pregunta, parpadeando confundido. No que le molestara, pero era la primera vez que alguien le decía tan abiertamente eso. Ningún espectro se había atrevido, salvo Lune esa mañana, y solo lo había insinuado. Quizá era porque se veía menos amenazante sin su sapuri, vestido de civil. Al darse cuenta de su propio atrevimiento, la chica también se sonrojó levemente.

-¡Ay! Lo siento muchísimo, no pretendía ofenderte- dijo Aria, bajando los ojos. Minos, por su parte, salió de su sorpresa y sacudió la cabeza- lo siento mucho en serio, tengo que pensar antes de hablar… a veces no tengo filtro-

-No… no te preocupes- dijo el espectro, sonriendo levemente, y sin querer mostrando sus colmillos mientras sonreía- solo me alegro que no te hayas lastimado cuando chocaste. ¿Te encuentras bien?-

Aria asintió, y Minos sonrió levemente. ¡Que chica tan rara era! Parecía que hablaba justo lo que se le ocurría, sin pensar si era buena idea decirlo o no. Como fuera, inmediatamente la chica le cayó bien. Y además tenía razón. Minos se limpió el sudor con el dorso de su mano y suspiró, molesto por el sol.

-Quizá deberías irte por la sombra, está haciendo un calor espantoso- dijo la chica- una vez más, discúlpame por chocar contigo, pero que tengas un lindo día-

La chica se despidió, y comenzó su carrera nuevamente. Minos vio que se dirigía hacia la misma dirección a donde él iba: al Santuario de Athena. El espectro apresuró un poco el paso, y la detuvo con uno de los hombros. La chica dio un respingo, pero sonrió al ver que era el chico ya conocía.

-Disculpa, ¿a dónde te vas?- dijo Minos.

-Al Santuario de Athena- dijo Aria, volviéndose hacia él con una sonrisa- una amiga de la infancia está ahí ahora, y quiero pasar a saludarla-

-Oh- dijo Minos, agradablemente sorprendido- yo también voy para allá. Quizá… si no te molesta… ¿te podría acompañar?-

Aria parpadeó confundida, mirando al extraño albino. ¿Debía dejarlo acompañarla? Bah, parecí aun buen chico, no podría ser malo si iba al Santuario de Athena. Sonrió.

-Por supuesto que puedes acompañarme, si eres lo bastante rápido- dijo ella, guiñándole el ojo y poniendo sus manos en sus caderas- ¿eres un santo de Athena?-

-No, claro que no- dijo Minos, sonriendo ampliamente y fingiendo estar ofendido- ¡me ofendes! Yo soy un espectro de Hades. Mi amo me envió al Santuario de Athena a reforzar la alianza que tienen juntos-

-Bueno, espectro de Hades, ¿vienes o te quedas?- dijo Aria, adelantándose unos pasos y mirando al espectro hacia atrás sobre su hombro.

Minos sonrió, y ambos comenzaron a caminar rumbo al Santuario, charlando animadamente.

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Restaurante cerca del Santuario

Esa tarde, los gemelos habían decidido salir a comer con sus respectivas chicas, e invitaron a Aioros con Sofi, y a Afrodita con Evelyn. La inglesa aún estaba muy ansiosa de pasar tiempo con ellos, sobre todo por lo que había pasado con Cathy. Al parecer, aún Sofi estaba un poco reservada cuando se trataba de Evelyn, sobre todo porque había visto como había lastimado a su compañera. Afrodita de Piscis, por su parte, la había rodeado con su brazo con cariño, intentando que se relaje.

-Aguuu…- comenzó a vocalizar Elsita desde el regazo de Satu. Kostas se acercó a ella y comenzó a hacerle caras, a lo que la pequeña respondió con sonoras carcajadas.

Sofi sonrió levemente al ver ese intercambio, y apoyó su cabeza en el hombro de Aioros. Éste sonrió y comenzó a acariciar sus cabellos. Se volvió a los otros, y su mirada se quedó fija sobre la chica que estaba junto al santo de Piscis.

-¿Cuánto tiempo más piensas quedarte aquí en Atenas, Evelyn?- preguntó Sofi, haciendo un gran esfuerzo por no ser desdeñosa en su tono de voz.

-No lo sé- dijo Evelyn, bajando la mirada y apretando ansiosamente la mano de Afrodita- quizá… quizá consiga trabajo en el museo de Atenas…-

-Me gustaría que Eve se quede un tiempo más- dijo Afrodita- los enemigos saben que es importante para mí. Estaría en peligro si se queda sola en Londres. Incluso su amiga Victoria se está quedando en el Inframundo con Radamanthys-

Sofi sonrió levemente, y asintió. Muy en el fondo, sabía que Evelyn no había tenido ninguna culpa de lo que había pasado, no más culpa que ella misma había tenía del corazón enfermo de Aioros. Reprimió un escalofrío al recordarlo. Quizá debería esforzarse más en ser amable con ella. Suspiró.

Les llevaron la comida, y Sofi automáticamente tomó su bomba y oprimió unos botones, para ponerse la insulina.

-¿Qué se siente hacer eso, Sofi?- preguntó Satu casualmente, sacándola de sus pensamientos- ponerte esa cosa, quiero decir-

-Nada, realmente nada- dijo Sofi a su vez, sonriendo levemente. Extendió la mano y acarició la cabeza de Elsita antes de comenzar a comer. La nena procedió a meterse el pulgar a la boca y se acurrucó en el regazo de su mamá, cerrando los ojos, como si estuviera a punto de quedarse dormida.

Mientras los santos y las chicas comían y charlaban, de pronto escucharon el ruido de los trastes quebrándose. Todos dieron un respingo, el restaurante se quedó en silencio, excepto por Elsita, quien comenzó a quejarse, molesta por haber sido despertada. Se volvieron al sitio donde habían caído los trastes, y había un mesero recogiéndolos.

-¿Sofía?- dijo un hombre detrás de ellos, con un claro acento italiano.

Sofi y Aioros se volvieron simultáneamente hacia el hombre que había llamado a la chica. Ella abrió los ojos desmesuradamente, sin poder creer que se había encontrado a su amigo ahí.

Lucca había crecido. Ahora era mucho más alto que ella, incluso un poco más alto que Aioros, con hombros anchos. Se había dejado crecer la barba, lo que hacía que se viera totalmente diferente, y parecido al mismo tiempo.

-¿Lucca?- dijo Sofi, sin saber muy bien si alegrarse o preocuparse de su presencia. Si bien Aria le había advertido que iría a Atenas, la chica no esperaba encontrárselo tan pronto. Suspiró, y tomó la mano de Aioros debajo de la mesa. Aioros alzó las cejas. Notaba que Sofi estaba un poco nerviosa, pero no parecía estar tan preocupada.

-Sofi, ¡que gusto me da verte!- dijo el recién llegado- lamento haberte sorprendido hace unos momentos-

-No lo hiciste, Lucca- dijo Sofi en voz baja, volviendo su ojos hacia Aioros por un momento y sonriéndole ampliamente, para después volverse a Lucca- tu hermana me avisó que también vendrías a Atenas. ¿Donde está ella?-

-Ah, ya conoces a Aria- dijo Lucca, cruzándose los brazos y sonriendo- seguramente debe estar con su mochila llena de todas las hierbas y hongos que pueda encontrar en la ciudad- rió nerviosamente

-Me da gusto volverte a ver después de tantos años. ¿Cómo has estado?- dijo Sofi.

-Más o menos- sonrió Lucca- mis números no han estado tan bien como me gustaría. ¿Y tú?-

-Bien, no me quejo- dijo Sofi a su vez- mira Lucca, ellos son mis amigos-

Aioros miró el intercambio con curiosidad. Mientras tanto, Saga frunció el entrecejo, algo disgustado por la situación en la que estaban, y se volvió hacia Casandra, que era la mejor amiga de Sofi y la conocía muy bien, pero ella solo se encogió de hombros, alzando las cejas, dando a entender que en todos los años que llevaba de conocerla, jamás había escuchado a Sofi decir algo sobre ese chico. Evelyn, por su parte, también entrecerró los ojos con curiosidad.

-Quiero presentarte a alguien. Aioros- dijo Sofi, volviéndose al santo de Sagitario, sin soltar su mano- te presento a Lucca. Él fue mi amigo cuando era niña, y me enseñó a inyectarme- dijo haciendo un gesto como si se inyectara con una jeringa invisible- Lucca, él es mi novio, Aioros-

Después de presentar a Aioros, Sofi comenzó a presentarle a los otros santos y a las chicas, quienes sonrieron al ser nombrados, excepto por los gemelos, quienes gruñeron levemente. Pero Lucca no estaba poniendo atención a los nombres de los demás. Si no hubiera tan ruidoso el restaurante, todos hubieran escuchado el corazón del chico romperse, o al menos astillarse.

-¿Novio?- dijo Lucca por fin, con una expresión de incredulidad, que incluso llegó a ser un poco impertinente e insultante, cosa que no pasó desapercibida para Aioros, y al parecer tampoco para Sofi, pues ella abrazó al santo dorado.

-Sí- dijo Sofi con firmeza, para que no quedara ninguna duda al respecto, y luego suavizó su mirada- espero que le digas a Aria que venga a visitarme en estos días, antes de que comience sus clases en la universidad. Me gustaría mucho volverla a ver-

-Claro…- dijo Lucca distraídamente, y quizá un poco entristecido, inclinándose levemente, dándose cuenta que la chica había dado su conversación por finalizada- supongo que nos veremos pronto, Sofi. Gusto en conocerlos a todos-

Aunque no parecía estar tan contento al respecto. El chico italiano se fue, dando algunos pisotones, seguido de otro chico, el cual tenía un cigarrillo en la mano.

Una vez que se quedaron solos, cada quién volvió a lo suyo. Satu se volvió a Kanon.

-¿Qué fue eso?- dijo la chica rubia en un susurro, que solo el gemelo menor escuchó, ya que Elsita estaba llorando por el ruido de los trastes rotos de hacía un rato, y ella trataba de consolarla y arrullarla de nuevo.

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Entrada del Santuario

Minos acompañó a Aria a la entrada del Santuario de Athena, mientras que ambos iban charlando animadamente entre ellos. Minos se dio cuenta que Aria era una botánica, pero como pocas, que adoraba las plantas. Realmente las amaba. El espectro de Grifo no era ningún entusiasta al respecto, pero la pasión con la que ella hablaba lo hizo sonreír. Una vez que llegaron a la entrada del Santuario, Aria rápidamente se distrajo con un hermoso jardín de rosas que estaba muy cerca en la entrada.

-¡Pero qué hermosas rosas!- exclamó Aria con una enorme sonrisa, volviéndose hacia el jardín y olvidando a Minos por un momento- mira, es una Rosa gallica de lo más hermosa, yo…-

Aria comenzó a caminar a paso acelerado hacia los rosales, pero Minos la atrapó por la cintura y evitó que se internada en el peligroso jardín de rosas de Afrodita. La chica fue suspendida en el aire por la acción de Minos, sus pies flotando varios centímetros en el aire.

-¡No, espera!- dijo Minos.

-¿Qué te pasa? ¡Suéltame!- exclamó Aria, mientras pataleaba y trataba de soltarse de él. Minos rió en voz baja. La chica era bajita, y se veía muy graciosa haciendo eso- ¿qué estás haciendo?-

-No, pequeña, tranquila- dijo Minos en un tono calmado, mirando a la chica pataleando en el aire- esas rosas pertenecen al santo dorado de Piscis. Todas ellas están envenenadas. Una aspirada y te noquearán por varias horas, en el mejor de los casos…-

Aria dejó de retorcerse, y se volvió a Minos, interrogante. El espectro siguió sonriendo y la volvió a poner en el suelo. Recordaba muy bien en su vida anterior cuando había peleado contra los santos de Athena en ese mismo lugar, hacía casi trescientos años. Cómo había peleado contra el anterior santo de Piscis, y que ambos se habían aniquilado mutuamente. Sacudió la cabeza, intentando alejar de él esos pensamientos.

-¿Rosas envenenadas?- dijo Aria, alzando las cejas y parpadeando repetidamente, como si quisiera recordar algo. A cualquier persona eso le habría sorprendido, pero ella sintió como si ya hubiera escuchado eso antes. Se llevó la mano a la frente y suspiró.

-Recuerda que los santos de Athena, igual que nosotros, los espectros, son guerreros- le dijo Minos, interpretando su gesto como miedo- este jardín es una de las líneas de defensa del Santuario de Athena. Ja- añadió, haciendo un gesto de superioridad, poniendo sus manos en la cintura- como si eso pudiera detenerme a mí-

-No, lo entiendo muy bien- dijo Aria en voz baja, aún pensativa, pero sonriendo levemente por la actitud de Minos- tiene sentido. Convierte algo hermoso en un objeto letal y un arma muy poderosa. Yo hubiera caído en ello-

Minos sonrió y asintió. Aria le caía muy bien, tenía muy buen carácter, era linda y decidida. Y no sabía porqué, pero le recordaba a alguien en su pasado. A alguien parecido a ella, en apariencia y en carácter, pero el juez del Inframundo no podía ponerle nombre aún. Lo tenía en la punta de la lengua. Suspiró.

No pudo seguir pensando en ello, porque un ruido proveniente de la ciudad los interrumpió. Viniendo de la ciudad de regreso al Santuario venían los gemelos, con Afro y Aioros, y con sus respectivas chicas. Minos sonrió ampliamente y mostró sus colmillos al hacerlo. Rió levemente al ver que Kanon llevaba a la pequeña Elsita en sus brazos, y que frunció el entrecejo al verlo acercarse.

-Buenas tardes, santos de Athena- dijo Minos, y se volvió a las chicas- señoritas. Es un gusto volverlos a ver. Kanon- añadió, poniendo la mirada en el gemelo y en la pequeña en sus brazos.

-Buenas tardes- dijo el gemelo menor en lo que pareció ser gruñido, y estrechando más a su pequeña en sus brazos como reflejo, lo que le pareció muy simpático al espectro.

-No muerdo, Kanon- rió Minos, con su sonrisa de cocodrilo y la mirada fija en Elsita- así que ella es tu hija. Es bonita, yo creo que porque se parece a tu chica-

Kanon asintió, aún sin sonreír. Elsita, por su parte, sonrió al escuchar que su nombre fue mencionado, abrió los ojos grandemente al sentir los brazos de su padre tensándose, y como si fuera algo hecho a propósito, la pequeña extendió los brazos hacia Minos.

-Eh…- dijo Minos, alzando las cejas, dando un paso atrás, como si la niña fuera la mismísima plaga, mirando alternadamente a Kanon y a Elsita, para completa diversión de Aria- ¿qué es lo que quiere esa mocosa? ¿porqué estira sus brazos así?-

-Aww, te está dando los brazos- dijo Satu, sonriendo e ignorando la mirada agresiva de Kanon, que no quería poner a su pequeña en los brazos del espectro- vamos, ella tampoco muerde-

Minos se sintió excepcionalmente incómodo. Pero Elsita comenzó a lloriquear mientras extendía cada vez más sus brazos a Minos, y éste finalmente se rindió y extendió sus brazos para cargarla. La niña dejó escapar una carcajada, y tomó entre sus manitas uno de los largos mechones de cabello blanco del espectro, mirándolo con curiosidad.

-Te ves bien con ella. Creo que le caíste bien- observó Casandra, sonriendo levemente.

El juez no dijo nada. No se sentía nada desagradable tener a la pequeña en sus brazos. No hizo nada, sino que esperó pacientemente a que la niña se aburriera de su cabello blanco y volviera a estirar sus brazos hacia Kanon.

Una vez que puso a la niña en los brazos de su padre, el espectro suspiró. La atención se giró hacia Aria, quien solo había estado detrás de él, observando la escena aguantándose la risa. Minos se veía demasiado guapo con la nena en sus brazos, excepto por el hecho de que parecía que le tenía miedo.

-¿Quién es ella?- preguntó Saga.

-¿Aria?- dijo Sofi al verla cuando salió de detrás de Minos- ¿qué estás haciendo aquí?-

Aria se ruborizó levemente, al ver que era el centro de atención de los santos dorados, y bajó la mirada. No duró mucho tiempo, ya que Sofi soltó a Aioros por un momento y se apresuró a abrazarla.

-Aria, hacía mucho que no nos vemos- dijo Sofi, tomándola de la mano- ven, quiero presentarte. Él es mi novio, Aioros. Ella es mi amiga, Aria-

Aioros sonrió. El tono de Sofi era más sincero y menos incómodo que cuando le había presentado a su amigo. Aria, por su parte, parecía feliz y emocionada de conocerlo.

-Es un gusto conocerte, Aioros- dijo Aria, mirando de reojo a Sofi- así que tú eres el que ha hecho feliz a mi querida amiga durante todo este tiempo-

-Lo he intentado- dijo Aioros- el gusto es mío-

Sofi se abrazó de Aioros en un gesto nervioso, y Aria volvió a sonreír.

-¿Y se puede saber que haces aquí, Minos?¿Hades te envió como representante? Creo que el Patriarca mencionó algo el otro día- dijo Kanon de pronto, mientras que Elsita le daba los brazos a Saga, y de regreso a él, claramente la pequeña los estaba confundiendo entre ellos.

¿Minos? Aria alzó las cejas y sintió un vuelvo. Ese nombre comenzó a darle vueltas en su cabeza. No recordaba exactamente porqué, pero sabía que ya lo había escuchado antes. Pero no podía recordarlo bien. Se encogió de hombros.

-¿Te sientes bien, Aria?- preguntó Sofi. Aioros alzó las cejas, confundido- me encontré con tu hermano hace un rato-

-Claro- dijo Aria, sacudiendo la cabeza- ¿ese tarado...?- comenzó a decir, pero se contuvo. Quizá no sería buena idea decir eso- creo que será mejor que regrese al departamento. Aún no he desempacado, y mañana me espera un largo día. Gusto en conocerlos. Minos- añadió sonriendo.

Sofi sonrió y asintió. Tras despedirse de ellos, Aria se dirigió a la salida del Santuario. Antes de salir, se inclinó y cortó un diente de león que estaba en el camino. Sonrió y sopló suavemente sobre él, y las pequeñas borlas blancas flotaron en el aire hacia donde se encontraban los santos. Minos tomó una con su mano y sonrió al verla.

-Minos, tienes un talento natural con las mujeres- dijo Saga, regresando a Elsita a brazos de Kanon e inclinándose en el suelo para alzar a Kostas en brazos, usando un tono sarcástico, cosa que le ganó una mirada asesina por parte del espectro.

Cada quien regresó a sus templos, y Minos se dirigió a reportarse con el Patriarca. Cuando Aioros y Sofi llegaron al templo de Sagitario, el santo dorado se tumbó en la cama y suspiró.

-Vaya, este ha sido un día interesante-

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Apartamento cerca de la Universidad, Atenas

Lucca tomó un vaso de cristal y lo estrelló contra la pared del apartamento. Estaba furioso. Había pasado años y años detrás de esa chica, rogándole a Sofía que saliera con él, que le diera una oportunidad, y apenas tres o cuatro años en Atenas, ya tenía un novio. Bah.

Un novio apuesto, para hacer las cosas peores. Y poderoso: era un santo de Athena, si no se equivocaba.

Aria se lo había advertido. ¡No debió haber ido a Atenas! ¿Qué podía hacer él al respecto? Nada. Había esperado mucho tiempo, y finalmente había perdido. Pero, ¿qué le veía Sofi? Sí era apuesto, pero hasta ahí. Era griego. Y al parecer no tenía nada en común con ella. ¿Qué sabía Sofi de peleas? ¿O que sabía él de lo que Sofi necesitaba, por su condición? Ahora que lo recordaba, Aria le contó que una vez se había descompensado por culpa de los enemigos de los santos de Athena. Quizá podría…

- ¡Por todos los dioses! ¿Quieres tranquilizarte, Lucca?- dijo Mario en un tono desdeñoso, encendiendo su cigarrillo- que pena, la chica que te gustaba cuando eras niño tiene novio. ¡Déjala ser! Ya pasó mucho tiempo, es hora de superarlo-

-¡No!- dijo Lucca en una expresión dolida- ¡yo la amo! Ese santo de Athena, ¿cómo va a entenderla, si no tiene…?-

-Oh, vamos- le dijo Mario, dejando el cigarrillo en el cenicero- ella es más sensata que tú. Además, el chico se veía que estaba muy enamorado de ella-

Lucca le lanzó una mirada asesina.

-Su novio es un hombre que no ha pasado lo mismo que ella y que yo, ¿cómo va a poder entenderlo?- dijo Lucca después de un par de minutos en silencio- no, mañana iré a hablar con él. Le haré ver mi posición, y sé que me va a escuchar-

Mario se dejó caer sobre el sofá, cruzándose de brazos en un gesto frustrado.

-Creí que íbamos a ser turistas- dijo Mario, tras bufar de aburrimiento- que íbamos a acompañar a tu hermana para poder conocer esta hermosa ciudad, conocer las ruinas, el Partenón, el Santuario de Athena, la playa…-

Lucca gruñó levemente y se cruzó los brazos. Iba a decir algo más, pero se interrumpió. Aria entró por fin al apartamento, algo agitada, pues había regresado corriendo desde el Santuario de Athena.

-¿Aria?¿qué sucedió?- dijo Lucca, olvidándose momentáneamente de su propia miseria.

-Na…nada- dijo Aria, recuperando el aliento y buscando en la cocina un vaso con agua. Una vez que bebió agua fresca, respiró hondo- es solo el calor, no pasa nada-

-¿El calor?- dijo Mario, alzando las cejas. ¿Porqué estaba pálida? Esos dos hermanos eran tan transparentes. Al parecer también Lucca se dio cuenta de que algo la estaba preocupando.

-No parece ser el calor, sorellina- dijo Lucca.

La chica bajó la mirada y suspiró. Se dejó caer en el sillón, entre Lucca y Mario, y se cruzó de brazos, dirigiendo su mirada a su hermano.

-Sinceramente, no lo sé- dijo Aria, y comenzó a contarle sinceramente lo que había pasado desde que se había encontrado al espectro cerca de la Universidad hasta que había escuchado su nombre en el Santuario de Athena.

-¿Viste a Sofi?- dijo Lucca.

-Oh, Lucca, ¿quieres dejar a esa chica en paz?- dijo Mario, poniendo los ojos en blanco, y se volvió a mirar a Aria- pero no entendí muy bien, ¿qué tiene de malo lo que pasó?-

-El nombre de ese chico me parece conocido, Mario- dijo Aria en voz baja- no lo sé. Sentí algo extraño al respecto, como si lo hubiera escuchado antes- se volvió hacia su hermano- ¿el nombre de Minos significa algo para ti?-

-Para nada- dijo Lucca, indiferentemente, jugando con sus dedos y aún pensando en lo que le diría a Sofi el día siguiente. Aria buscó simpatía en Mario.

-No sé porqué te estresó tanto, Aria- le dijo Mario, encogiéndose de hombros sin darle mucha importancia- ¿quizá un exnovio con ese nombre?-

-No, no es eso- dijo Aria, ya un poco más tranquila- creo que lo escuché alguna vez en el pasado...-

-Quizá no sea nada importante. Deberías descansar- dijo Mario- mañana irás al curso de inducción, y no quisiera que estuvieras cansada-

Aria sonrió levemente, y asintió. Se despidió de su hermano y de Mario, y se apresuró a su habitación a descansar. Se tumbó a la cama y suspiró. No sabía que significaba eso que había sentido cuando escuchó el nombre de Minos, en claro contraste con lo que había sentido cuando lo conoció. Suspiró y cerró los ojos.

Mientras tanto, Mario y Lucca se miraron entre sí.

-No puedes pretender que no escuchaste eso- le dijo Mario a Lucca, mirándolo significativamente.

-Se lo encontró por casualidad, no significa nada- dijo Lucca- de todos modos, debemos tener cuidado con lo que pasará en los próximos días-

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.