COINCIDENCIAS
IV. ALIVIO
FLASHBACK
Cinco meses antes de la guerra santa del siglo XVIII
Albafica suspiró. Esa chica nunca iba a entender. ¡Él estaba intentando hacer lo correcto, dejarla en paz, alejarse de los humanos comunes y corrientes para no lastimarlos! Pero no. Agasha pasaba cada semana al templo del Patriarca a llevar las flores que su padre enviaba, pero al pasar por Piscis, siempre se detenía a saludarlo, ya sea con su linda sonrisa o llevando unas galletas recién horneadas. Él era humano, no podía resistirse.
Y no cocinaba nada mal tampoco.
Inconscientemente esperaba cada semana a que la chica apareciera, llevando consigo los ramos de flores, y cruzara hacia el templo del Patriarca. Se encontró a sí mismo deseando verla, saludarla, interactuar con ella todos los días.
Esa tarde, el santo dorado esperaba a que Agasha pasara por su templo, a llevar las flores al Patriarca Sage. Conforme pasaban las horas y no había señal de la chica florista, Albafica comenzó a dar vueltas en círculos en el pasillo principal de su templo, con un semblante preocupado. ¿Agasha estaría bien?¿Le habría pasado algo?
No esperó más. Al ponerse el sol, el santo de Piscis salió del Santuario de Athena, y comenzó a caminar hacia el pequeño pueblo de Rodorio. No le costó nada de trabajo localizar la casa del florista. El hombre estaba sentado en la entrada de su casa con su mercancía, entrelazando los dedos lleno de preocupación. Levantó la vista, y se sorprendió mucho al encontrarse cara a cara con Albafica. Se puso de pie de inmediato.
-Lo… lo lamento mucho, señor Albafica- dijo el hombre- las flores están listas, pero desafortunadamente Agasha desarrolló un resfrío y no puede subir a dejarlas-
Albafica frunció el entrecejo levemente, pero después sonrió.
-No se preocupe- dijo el santo dorado- por eso vine. Y si no fuera molestia, quisiera ver a su hija. Quisiera agradecerle sus atenciones-
El hombre asintió, y condujo al santo a la habitación de Agasha. La chica estaba tumbada en su cama, febril, con un paño de agua fresca en la frente. Dormitaba en un sueño algo agitado. Albafica sonrió levemente y se sentó junto a la cama en silencio. Después de unos minutos, Agasha despertó y lo miró, alzando las cejas levemente.
-¿Señor Albafica?- dijo Agasha débilmente- lo siento, no pude llevar las flores al señor Sage-
-Lo sé, pequeña, no tienes porqué alterarte- le dijo Albafica con una sonrisa, ofreciéndole un vaso con una bebida caliente- toma, es un té. Hará que te sientas mejor-
-Gracias…- dijo Agasha, mientras Albafica la ayudaba a incorporarse sobre la cama y sonreía, ayudándola a beber.
-Ya, vas a estar mejor- dijo el santo de Piscis, sonriendo.
-Gracias por venir, señor Albafica- dijo Agasha, intentando tomar la mano del santo. Albafica la quitó de golpe, para completa decepción de la chica, quien hizo un puchero.
-No me toques…- le dijo el santo en voz baja, pero ayudándola a beber otro sorbo del té.
-Lo siento- dijo Agasha, bebiendo un poco más del té que el santo preparó- ¿porqué usted si me puede tocar?-
Albafica no respondió, solo continuó en silencio ayudándola a beber el té. Una vez que terminó, Agasha volvió a recostarse.
-¿Me va a acompañar?- dijo la chica.
-Hasta que te duermas de nuevo, Agasha- sonrió Albafica. La chica cerró los ojos e intentó volverse a dormir con una sonrisa.
FIN DEL FLASHBACK
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Templo del Patriarca
Minos se inclinó delante de Athena y de Shion, y ellos le dieron la bienvenida. Una vez que Minos les dijo la naturaleza de su visita, la diosa adolescente sonrió y ofreció poner a su disposición el recién reconstruido templo norte, para que el espectro se sintiera cómodo y, al mismo tiempo, con algo de privacidad.
-Muchas gracias por su amabilidad, señorita Athena- dijo el espectro.
-No hay nada que agradecer- dijo Saori, sonriendo benévolamente- te agradezco mucho que hayas venido-
El juez del Inframundo agradeció una vez más a la diosa y al Patriarca, y bajó al lugar donde le habían indicado. Una vez que se quedó solo y se tumbó en la cama, poniendo sus manos detrás de su cabeza y suspirando mientras miraba el techo. Recordó las ventajas de estar ahí: Lune no iría a despertarlo temprano en la mañana.
Sonrió levemente antes de quedarse dormido.
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Templo de Sagitario
Mientras todo esto pasaba, Sofi se fue a acostar junto con Aioros. Este extendió sus brazos a ella y la atrajo a sí mismo en un gesto tierno, como no había hecho en mucho tiempo.
-¿Qué sucede, Aioros?- dijo Sofi, alzando las cejas. Aunque no se quejaba, ella lo conocía y sabía que algo lo había estado molestando.
-Esas dos personas que me presentaste hoy- dijo Aioros- ese chico. Dijiste que te enseñó a cuidarte…¿quién son ellos?-
Sofi sonrió levemente, y comenzó a acariciar los cabellos castaños del santo dorado.
-Lucca y Aria son hermanos- dijo Sofi- vecinos de mi familia en Verona. Pero primero conocí a Lucca en Roma, cuando mis padres me llevaron para…-
-¿Para?- dijo él.
-Para una segunda opinión- dijo Sofi en voz baja, estrechando levemente a su chico- mis padres estaban en negación con mi enfermedad. No querían aceptarlo. Fue muy difícil: no me dejaban ponerme insulina, no me dejaban hacer lo que tenía que hacer, solo porque no creían que realmente estuviera enferma. Pero cuando estuve ahí, mientras ellos se reconciliaban con mi condición, Lucca me enseñó a inyectarme yo sola, a cuidar de mi diabetes sin ayuda de mis padres-
-Oh…- fue el único comentario de Aioros.
-En cuanto a Aria- continuó la chica, sonriendo ampliamente- una vez que regresamos a Verona, la conocí y siempre fuimos buenas amigas, a pesar de que ella es mucho más joven que yo. Le tengo mucho cariño, es una persona muy transparente, con un buen corazón-
-¿Y tu amigo?- dijo Aioros, haciendo un esfuerzo por no sentirse celoso.
Sofi se incorporó sobre sus codos, levantando su cabeza para mirar a los ojos a Aioros. Era muy importante para ella decir lo que estaba a punto de decir.
-Aioros, la verdad es que Lucca estaba… enamorado de mí- admitió Sofi- pero yo nunca le di ánimos, y solo le ofrecí mi sincera amistad, lo que para él no ha sido suficiente. Pero debes creerme, Aioros- continuó, inclinándose para besar su mejilla- a pesar de que estoy agradecida con él, mi amigo, solo te quiero a ti-
Aioros sonrió ampliamente.
-Sabes que confío en ti- dijo Aioros, besándola y haciéndola acostarse junto con él- gracias por tu sinceridad-
Sofi sonrió, y entrelazó los dedos con él. Pronto, ambos cayeron rendidos de cansancio.
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Templo Norte, Santuario de Athena
Minos despertó al día siguiente con una extraña sensación en las tripas. Había tenido problemas para dormir: las noches en Atenas eran muy frías en el mes de marzo. Ya se imaginaba como estaba Giudecca, tan cerca del río helado de Cocytos. Y había otra cosa. Su cerebro no lo dejaba en paz, pensando en la chica que había visto la noche anterior.
No era que le interesaba. Era bonita, sin duda. No, muy hermosa. Pero no era eso lo que le llamaba la atención. La conversación con ella era agradable, excepto cuando puso esa expresión asustada, o preocupada, cuando escuchó su nombre. ¿Porqué fue eso?
Sonrió levemente. Sí, era cierto que toda su vida había inspirado miedo: era un espectro, un juez del Inframundo. Una vez Aiacos le había dicho que, a los ojos de los demás espectros y enemigos, él era como un lobo blanco. Majestuoso pero extremadamente peligroso. En el momento, a Minos no le había hecho mucha gracia la comparación, sobre todo porque su prima había muerto en las fauces de un lobo blanco, y él mismo estuvo a punto de hacerlo, si no fuera porque Thanatos lo reclutó en ese momento.
Pero ahora lo entendía. Era albino, pero para nada frágil. Era tan amenazante como el lobo que lo había atacado hacía todos esos años.
Pero no en ese momento. Aria no había hecho ninguna expresión cuando le había contado que era un espectro de Hades, pero pareció dudosa cuando Kanon había mencionado su nombre.
El chico se levantó incómodamente, e hizo una mueca. Le dolía la piel. Hacía mucho tiempo que no salía descubierto al sol, y su piel blanca se había quemado. Se miró. ¡Con razón se sentía tan horrible! La piel de sus brazos y alrededor de su cuello se encontraba completamente enrojecida, y que dolía incluso al rozar su ropa. En su antebrazo derecho tenía un gran ampolla, y el espectro suspiró. Debió haber escuchado a Lune. Se mordió el labio.
Minos se levantó y se vistió. Se puso una camisa con mangas largas de color negro, para cubrir su piel albina del sol, y un pantalón de mezclilla. Se miró en el espejo y sonrió mientras se ponía las manos en las caderas.
"¿Cómo esa chica pudo irse del Santuario cuando había un tipo tan apuesto como yo?", pensó mientras sonreía y mostraba los colmillos. Hizo una mueca. Le dolían los brazos, que era donde tenía las quemaduras.
Minos desdobló un pañuelo que tenía en su mesita de noche, y sonrió al ver la única borla blanca del diente de león que había tomado Aria antes de salir del Santuario. Suspiró. Quizá sería buen idea salir a dar una vuelta a la ciudad. Frunció el entrecejo. No solo eso. Quería volver a ver a Aria. Esa chica le daba curiosidad.
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Apartamento en Atenas
Cuando Aria se levantó a la mañana siguiente, su hermano y Mario ya se habían ido. La chica puso los ojos en blanco, molesta. Lucca nunca iba a entender que debía dejar a Sofi en paz. Ya tendría esa noche una larga charla con su hermano al respecto. Se vistió rápidamente, con toda la intención de dirigirse a la Universidad a su curso de inducción.
Mientras se preparaba un pan tostado y un vaso de leche para desayunar, comenzó a pensar en lo que había pasado el día anterior. ¡Qué extraño había sido! Según ella, jamás había escuchado antes el nombre de Minos. Bueno, excepto en sus clases de historia en la secundaria, pero ese nombre no significaba nada para ella.
Con la tostada en la boca, Aria encendió su tablet y suspiró. ¿Qué quería saber? Quería saber quien era Minos, y porqué tenía esa extraña sensación en el estómago, como si su cerebro le estuviera urgiendo que huyera de él. Tecleó las cinco letras del nombre MINOS, y ESPECTRO en el buscador. Dudó unos segundos antes de presionar la tecla para buscar. Por fin, la presionó, y esperó pacientemente su respuesta. Alzó las cejas.
Minos de Grifo. Ese chico apuesto le había dicho que era uno de los espectros de Hades, uno de los jueces del Inframundo. Era el espectro más poderoso del mundo de los muertos. ¿Ese chico delgado y de piel blanca, era ese temible espectro en los dibujos que aparecían en la página, con una horrible armadura negra y grandes alas? Tragó saliva.
Claro, ahora entendía como podía parecerle tan temible. Pero ella no supo eso hasta ese momento. ¿Qué era esa sensación? Es decir, quería volver a verlo, pero tenía el presentimiento de que no debía hacerlo. ¿Porqué?
Aria sacudió la cabeza. Estaba segura de que no lo iba a entender en ese momento, por más que se estrujara el cerebro. Y se le estaba haciendo tarde. Mejor se apresuraba antes de que llegara tarde en su primer día de clases. Guardó la tablet en su bolso, junto con algunas cajitas con pequeñas raíces que podría llegar a necesitar, se calzó los zapatos y se apresuró a salir del apartamento hacia la Universidad.
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Hospital de Atenas
Sofi había iniciado su turno esa mañana con un largo suspiro. La sala de urgencias estaba caótica, y en esa hora de la mañana parecía que hubiera pasado un desastre. Había niños llorando, madres histéricas, pero no había ningún paciente grave. Un par de horas después, Sofi volvió a suspirar y, tras repartir el trabajo a los internos y residentes, y asegurarse de que las cosas volvieran a estar en orden, decidió tomar un café.
Mientras se servía una taza de café en el cuarto de médicos, sintió que alguien puso sus manos en sus hombros. Sofi dio un respingo de sorpresa, tanto que casi tira el café. Se volvió, para darse cuenta que se trataba de Lucca.
-¡Lucca!- dijo Sofi en un tono de reclamo, algo molesta- ¿qué rayos estás haciendo aquí? ¡Me asustaste! Y no deberías estar aquí-
-Por favor, Sofía- dijo Lucca a su vez- necesito hablar contigo-
Sofi no estaba de humor, mucho menos después de haber sido asustada de esa manera. Le dio un sorbo al café, y se volvió al chico cruzada de brazos.
-Tu dirás- dijo Sofi.
-Perdóname por asustarte- dijo Lucca- y también, perdóname por haber sido grosero con tu novio ayer. No sé que pasó conmigo-
Sofi no dijo nada. Se sentó en una de las sillas en la sala de médicos y puso su café sobre la mesa. Volvió a cruzarse de brazos. Estaba molesta por la escena del día anterior, y también porque la había ido a buscar a Atenas, y potencialmente meterla en problemas con Aioros, y eso no le agradaba ni un poco.
-Gracias- dijo Sofi por fin, aún enfurruñada, mientras que Lucca se sentaba también.
-Sofi- dijo Lucca en voz baja- tú sabes lo que te he dicho tantas veces. Yo…-
-Lucca- lo interrumpió Sofi- tú también sabes mi posición. Mis sentimientos no han cambiado al respecto. Tengo cariño por ti, porque eres mi amigo desde que somos niños, pero eso es todo. Yo amo a Aioros, y no…-
-Aioros es un santo de Athena- le dijo Lucca- él es sano, y fuerte. Él nunca va a entender lo que es vivir como tú y yo vivimos…-
-¿Cómo vivimos?- dijo Sofi- salvo algunos cuidados, yo vivo mi vida exactamente igual que los demás…-
-No somos como los demás, Sofi, y lo sabes- dijo Lucca- somos diabéticos, necesitamos…-
-Vivimos con diabetes- lo corrigió Sofi- y no necesitamos nada. Aioros me entiende, sabe lo que tengo que hacer y como me tengo que cuidar. Y me apoya, que es lo único que necesito-
-Y te ha metido en problemas- dijo el chico. Sofi frunció el entrecejo.
-¿Me has estado espiando?- dijo Sofi, entrecerrando los ojos- no, has estado leyendo los mensajes que le he enviado a Aria-
-Te secuestraron y casi mueres una vez por su culpa- dijo Lucca- no creas que no me sé la historia. Y desde entonces, ese hombre te ha estado metiendo en problemas…-
-Esos mensajes eran para Aria, no para tí- dijo Sofi, golpeando la mesa- no tenías ningún derecho a…-
Lucca iba a interrumpirla de nuevo, pero algo los interrumpió. La puerta se abrió, y apareció Oskar. Había escuchado los gritos, y decidió interrumpir la conversación.
-¿Está todo bien aquí?- dijo Oskar, alzando las cejas y mirando sospechosamente al chico.
Sofi suavizó su mirada.
-Todo bien, Lucca ya se iba- dijo la chica, y se volvió a ella- ¿verdad, Luca? Está consciente de que tenemos mucho trabajo…-
Lucca frunció el entrecejo.
-Sí, ya me iba- dijo el italiano- disculpa mi impertinencia, Sofi-
Y salió de ahí sin decir nada más. Sofi suspiró sonoramente, y se apoyó en el respaldo de la silla, deteniendo su cabeza con sus manos.
-Aaaargg…- exclamó ella, molesta- no estoy de humor para esto…-
-¿Exnovio?- preguntó Oskar en voz baja, pero a punto de sonreír por la incómoda situación en la que estaba su amiga.
-No- dijo Sofi, bufando de fastidio- antiguo pretendiente-
-Actual, por lo que acabo de ver y escuchar- dijo Oskar, poniendo sus manos en los hombros de ella. Sofi gruñó en voz baja- por cierto, Sofi, ¿te molestaría que esta tarde los acompañe cuando regresen al Santuario? Quiero visitar a mi sobrina, y ver como sigue Cathy-
Sofi volvió a sonreír.
-Para nada- dijo Sofi, su humor mejorando.
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Templo de Escorpión
Aioria subió a ver a Milo poco antes del mediodía. Estaba preocupado por su amigo desde que Cathy había sido atacada. El santo de Escorpión había estado deprimido todo ese tiempo, y no había asistido a las reuniones en el templo del Patriarca, con permiso de Athena.
Esa tarde, Marín les había enviado algo de comida que habían preparado en el recinto, pues sabían que Milo no se podía separar de su chica mucho tiempo.
-Cathy está dormida- le dijo Milo en voz baja a Aioria, al verlo llegar, poniendo un dedo en sus propios labios para indicarle que guardara silencio- creo que sería prudente dejarla descansar por un rato más-
Aioria sonrió tristemente, y siguió a su amigo hacia la cocina. Dejó la comida sobre la mesa, y se sentó en una de las sillas.
-¿Cómo sigue?- dijo Aioria- todos han estado muy preocupados por ella-
-Está mucho mejor- dijo Milo, sonriendo levemente, y bajó la mirada tristemente- la verdad tuve mucho miedo de perderla en esta ocasión. Fue algo terrible-
Aioria asintió seriamente. Si hubiera pasado lo mismo con Marín, él hubiera estado en un estado mucho peor que Milo. Estaría en ese momento cazando al maldito que hubiera osado planear ponerle los dedos encima a su chica. Sabía que Evelyn había sido solo una víctima más, igual que Cathy. Todo era culpa de Deimos. Y deseaba tener una manera de terminar con él, para que la amenaza que estaba sobre ellos, y sobre la gente que amaban desapareciera por fin.
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Entrada Principal, Universidad de Atenas
Aria salió de la universidad en la tarde, repasando mentalmente todo lo que había visto en el curso de inducción. Las reglas ahí eran más estrictas que en Italia, pero no parecía nada malo. Se había emocionado al escuchar sobre las excursiones a las playas para recoger muestras de algas y algunas plantas, y algunos viajes a ciudades cercanas.
Mientras salía de la universidad, con su mente en otro lado, chocó de nuevo con un transeúnte. Minos de nuevo. Esta vez, ambos se fueron al suelo.
-Ay, ay, ay- dijo Aria, quejándose por el hecho de que Minos le había caído encima- ¡perdón! No me fijé por donde iba…-
-Mis disculpas, señorita- dijo Minos, y levantó los ojos hacia ella. Se ruborizó y se apresuró a quitarse de encima de ella- Aria, eres tú…-
-Y tú eres Minos- dijo Aria, levantando la mirada. El espectro se levantó y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. Aria la tomó y se levantó con una sonrisa. Al ver la cara sorprendida de Minos, ella quedó se puso seria- oye, lo siento, yo…-
-No digas nada- dijo Minos, sonriendo y ofreciéndole su brazo- empecemos de nuevo. Me llamo Minos, espectro de Grifo, juez de Ptolomea-
-Y yo soy Aria Rossini. Soy bióloga con orientación en botánica. Eh…- dijo ella, dudosa, como si le faltara algo por decir. Bajó la cabeza avergonzada- me puedes decir solo Aria-
Minos sonrió, e intentó sonreír lo suficiente para no verse muy amenazante. Digamos que no le funcionó bien. Minos sonreía siempre mostrando los colmillos, y no podía evitar verse un poquito aterrador, aún sin su sapuri. Aria sonrió levemente al ver su débil intento para tranquilizarla.
-Bueno, solo Aria- dijo Minos amablemente- me dio mucho gusto conocerte-
-Igualmente, Minos de Grifo y blah blah…- dijo Aria, sonriendo- no sé porqué, pero tengo la sensación que ya había escuchado de ti antes-
Minos sonrió.
-Bueno, quizá has escuchado de mí, yo soy uno de los espectros más poderosos del Inframundo, soy aterrorizador y temible- dijo Minos, poniendo sus manos en la cintura e inflando su pecho, pero Aria no se asustó, sobre todo porque sin su sapuri era un chico albino, alto y delgado.
-Por supuesto- sonrió Aria- hablando de eso, señor aterrorizador y temible, podemos tomar un café. Vamos, te invito a mi casa-
-Te sigo, Aria- dijo Minos, ofreciéndole el brazo. Aria lo tomó con una sonrisa y tomó el brazo del espectro, quien tan pronto como ella lo tocó, hizo una exclamación de dolor- auch…-
-¿Qué pasó?- dijo Aria, asustada, soltándolo de golpe- ¿qué hice?-
-Nada, no fuiste tú- dijo Minos, arremangándose y mostrándole su piel quemada- ayer me quemé con el sol-
-Oh, creo que tengo justo lo que necesitas- dijo Aria, sonriendo y sacando una planta alarga de color verde, y una navaja de su mochila.
-Wo, wo… espera un minuto...- dijo el espectro, dando un paso atrás y levantando las palmas. No tenía mucha experiencia con chicas, pero sí el bastante sentido común para saber que una mujer con una navaja o cualquier punzocortante podía llegar a ser muy peligrosa- ¿qué vas a hacer con eso?-
-Esto te va a ayudar. Una hoja de sábila. Aloe vera- dijo ella, mientras abría la hoja a la mitad, revelando el interior viscoso de la planta, y puso una mitad sobre las quemadura de Minos en un brazo, y la otra mitad en el otro brazo- no te muevas, esto ayudará a curar tu piel…- levantó la mirada- realmente debiste haber usado algo para protegerte del sol-
-Está baboso… ¡que asco! ¿Qué es eso?- dijo Minos, frunciendo el entrecejo, pero de pronto suavizó la mirada. La constante quemazón de sus brazos cesó al sentirse su piel de pronto fresca y suave al contacto con la planta. El espectro suspiró- vaya, esto es agradable. ¿qué es eso?-
-Aloe vera, ya te lo dije- sonrió ella, mientras bajaba las mangas de la camisa de Milo para detener las hojas en su sitio- te vas a sentir mejor. Ven, vamos a mi casa, podemos charlar. Quiero que me cuentes todo sobre como es el Inframundo. O ya sé que podemos hacer- añadió ella, emocionada- podemos visitar la villa de Rodorio, dicen que es hermosa-
Minos, que había estado muy entusiasmado por la idea de pasar tiempo con Aria, de pronto borró su sonrisa y palideció.
-No… no puedo…- dijo el espectro, mordiéndose el labio- no puedo ir a esa villa-
-¿Porqué no?- dijo ella, alzando las cejas, extrañada.
-Digamos que… soy una persona non grata en Rodorio- dijo Minos, bajando su cabeza, avergonzado- hace muchos años… en mi vida pasada… hice algo muy malo para los habitantes de Rodorio-
-¿En tu vida pasada?- dijo Aria, alzando las cejas, pero sin dejar de sonreír. Minos le causaba mucha gracia. Era tan raro y, a la vez, tan divertido- no pudiste haber sido tú…-
-Sí, sí fui- dijo Minos, poniendo su mano en el pecho- es largo de explicar-
Aria lo miró, pero siguió sonrió y puso su mano en el hombro del espectro.
-Vamos, Minos, por favor- dijo Aria, mirándolo con ojos grandes- no vas a hacer nada malo, ¿o si? Vamos…- añadió, tomándolo del brazo- regresaremos antes del anochecer-
Minos la miró a los ojos. ¡Maldita sea! A esos lindos ojos que tenía Aria no les podía decir que no. Además, quizá todo estaría bien. Seguramente no lo reconocerían sin su sapuri, y no había nadie vivo que lo pudiera reconocer de hacía tantos años. Quizá no sería tan mala idea después de todo. El espectro sonrió levemente tras meditarlo unos segundos y asintió, y ambos comenzaron a caminar hacia el pueblo de Rodorio.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Les mando un abrazo enorme. Muchas gracias por seguir leyendo, y por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
