COINCIDENCIAS
V. LA SEMILLA DE LA DUDA
FLASHBACK
Cinco meses antes de la guerra santa del siglo XVIII
Albafica sonrió ampliamente desde que amaneció. Otra vez era miércoles, y esperaba con ansias la hora a la que Agasha pasaba hacia la cámara del Patriarca con las flores. Respiró profundo, intentando calmar los latidos de su corazón, diciéndose a sí mismo que solo quería verla porque le agradaba su conversación.
Pronto se dio cuenta que estaba pasando por el pasillo principal de su templo. No por el ruido de sus pasos, sino por el olor de las flores que llevaba en sus manos. Azucenas. Albafica sonrió, y miró al cielo por la ventana. Estaba a punto de oscurecer, por eso las azucenas olían tan fuerte y tan bien.
Albafica se acercó lentamente al pasillo principal de su templo, y esperó pacientemente a que Agasha regresara del templo del Patriarca. Dio algunas vueltas en Piscis, hasta que escuchó los suaves pasos de la chica. Al verlo, Agasha sonrió, y el corazón de Albafica comenzó a latir con fuerza de contento.
-Señor Albafica- sonrió Agasha, con sus manos en la espalda, e inclinándose levemente.
-Me da gusto verte de nuevo, Agasha- dijo Albafica- menos mal que ya te recuperaste-
-Gracias a usted- dijo la chica, abriendo su bolso y sacando de él una pequeña caja- traje de nuevo galletas-
-Son deliciosas, Agasha- sonrió el santo, mirando a la chica con ojos enormes- yo tengo algo para ti- añadió, sacando una enorme rosa roja, hermosa obviamente, y entregándosela a la chica.
Cuando lo hizo, Albafica pudo ver la sonrisa de la chica iluminándole los ojos. Al ponerla en sus manos, el santo sintió el roce de sus dedos. Agatha no retiró su mano, sino que cerró sus dedos alrededor del pulgar de Albafica, mientras que con la otra mano sostenía con cuidado la rosa.
-No me…- comenzó Albafica.
-Ya sé, que no te toque- dijo Agasha, soltándolo y bajando la mirada. Acercó la rosa a su nariz y aspiró su delicioso aroma- será mejor que me vaya. Ya oscureció, y mi padre se preguntará donde estoy-
Albafica asintió tristemente, y le agradeció por su visita. Agasha no se pudo contener, y lo abrazó por la cintura.
Al sentir el contacto con la chica, Albafica se alarmó. ¡Eso era mucho más del contacto humano que había tenido en toda su vida! Y seguramente sería un poco peligroso para ella, ¿no es así? El abrazo apenas duró unos segundos, pero fue mucho más intenso de lo que Albafica se había imaginado. Inconscientemente extendió sus brazos y la rodeó con ellos. ¡Que bien se sentía! Incluso podía sentir el pequeño corazón de Agasha latiendo con fuerza.
De pronto, el santo dorado sintió un vuelco. ¿Qué estaba haciendo? ¡Su sangre era peligrosa! Tuvo la necesidad de empujar a Agasha, hacer que lo soltara, pero no fue necesario. Ella sola lo soltó, y sonrió.
-Lo lamento- dijo Agasha, sin dejar de sonreír, con sus mejillas sonrojadas- lo lamento, Albafica, tengo que irme…- y, tras ponerse de puntillas para besarlo en la mejilla, salió rápidamente hacia el templo de Acuario.
Mientras tanto, Albafica se quedó helado. ¿Qué acababa de pasar? Se tocó suavemente el hombro izquierdo con la mano derecha. Aún quedaba, sobre su cuerpo, algunos rastros del olor de Agasha. ¡Se había sentido tan bien! Se toco la mejilla, donde ella lo había besado. Se dejó caer en el suelo, en la entrada de su templo, sin saber que pensar.
FIN DEL FLASHBACK
Camino al hospital de Atenas
Aioros iba a ir por Sofi al hospital cuando recibió un mensaje de ella diciéndole que Oskar la iba a acompañar al Santuario. Después de todo, el chico era el hermano mayor de Satu y, por ende, tío de Elsita. Y hacía mucho tiempo que no iba a visitar a su sobrina. Aioros sonrió al recibir el mensaje, y comenzó a caminar hacia el hospital.
Apenas se hubo alejado un poco del Santuario, cuando vio a Lucca, el amigo de Sofi, acercándose a él. Aioros frunció el entrecejo y, tras dar un largo suspiro, se dirigió a él. El chico había estado apoyado en una de las columnas.
-Aioros, ¿verdad?- dijo Lucca, aún con un tono algo impertinente.
-Así es- dijo el santo de Sagitario, cruzándose de brazos- y tu eres Lucca, ¿no es cierto?-
-Sí- dijo el chico, entrelazando sus dedos- quiero hablar contigo. Sobre Sofía-
Aioros entrecerró los ojos ante la mención de Sofi. No sabía que tenía en mente ese chico, pero se encogió de hombros, dando a entender que lo estaba escuchando.
-Lamento mucho mi conducta del día anterior, Aioros- dijo Lucca en voz baja- pero espero que me comprendas. Es difícil ver a la mujer que amas con otro hombre, ¿no es así?-
Aioros no respondió. Realmente no tenía ni la más mínima idea de qué decir en esa situación. Esa conversación no le estaba gustando ni un poco, y rogaba a los dioses que terminara rápidamente.
-Sobre todo cuando ella te prometió que no te olvidaría nunca- añadió Lucca.
El santo dorado frunció el entrecejo. ¿De qué estaba hablando ese hombre? Sofi le había dicho que ella nunca le había dado esperanzas, o prometido nada. No, él confiaba en su chica. Y aún así, su tripa le decía que no quería escuchar más lo que tenía que decir ese hombre.
-Escucha, no creo que sea buena idea tener esta conversación- dijo Aioros- no es muy educado hablar de alguien que no está aquí, así que si me disculpas...-
Aioros comenzó a apresurar el paso, pero Lucca corrió detrás de él y lo detuvo.
-Escúchame, por favor- le pidió el chico- solo me atreví a acercarme a ti porque estoy preocupado por ella, y creo que te preocupa su bienestar, y lo que es bueno para ella. Ella está en peligro, y estará en peligro siempre que estés con ella. Déjala ir. Por favor. Le estás haciendo más daño de lo que crees-
El santo dorado se paró en seco. ¿Él, haciéndole daño a Sofi? Aioros se volvió a Lucca con una expresión de incredulidad.
-¿A qué te refieres?- dijo el santo, perdiendo la paciencia- yo no le he hecho...-
-Ella es diabética, y...- comenzó Lucca.
-Sofi vive con diabetes- lo corrigió Aioros, casi sin pensarlo. Sofi le había dicho muchas veces lo mucho que le irritaba que la llamaran así.
-Tú no sabes lo que es vivir así- dijo Lucca, ignorando la corrección de Aioros- tú no sabes lo que es tener diabetes, y tener que depender de un aparato como éste- añadió, mostrándole su bomba, que era igual que la de Sofi, solo que de color azul- no sabes lo que es estar pinchándote los dedos a cada rato, que la gente te mire con lástima…-
-Tienes razón, no lo sé- dijo Aioros con convicción- no lo he sentido, pero sé que Sofi siente eso, y estaré ahí para apoyarla-
-Déjala ir- insistió Lucca- la primera vez, cuando la conociste, casi murió por tu culpa, ¿no es así?- Aioros sintió un vuelco doloroso, y se puso la mano sobre su pecho, intentando ignorar los molestos latidos- desde entonces, ¿cuántas más veces la has puesto en peligro?-
Aioros parpadeó. Sí, cuando recién la conoció, se descompensó por culpa de Henry y Greta, que la usaron para obligarlo a volverse en contra de Athena. Cuando atacaron el Santuario mientras él estaba en Catania, y apenas Saga y Shion logró salvarlas. Cuando las atacaron en Marsella, y cuando el ataque al hospital, donde Sofi estaba cuidado a Satu.
-¿Lo ves?- dijo Lucca, adivinando sus pensamientos a juzgar de la expresión preocupada de Aioros- tengo razón-
-Yo jamás he querido que Sofi fuera lastimada- dijo Aioros.
-Entonces déjala ir- dijo Lucca.
-No, no puedo- dijo Aioros- no quiero-
-Tienes que pensar en lo que es mejor para ella, no para ti- dijo Lucca, intentando no sonreír: ya había logrado lo que quería, hacer dudar a Aioros- que esté con alguien que la pueda comprender, o que pase el poco tiempo de vida que le queda si se queda contigo como un blanco permanente-
Aioros bajó la mirada.
-Solo piénsalo- dijo Lucca, dándole una palmada en el hombro y alejándose.
El santo dorado no dijo nada, solo lo miró alejándose mientras se quedaba pensativo. ¿Realmente le estaba haciendo daño a Sofi? ¿Estaría mejor en Italia, lejos de él y de los demás santos, ajena a todas las disputas?
Aioros sacudió la cabeza. Debería apresurarse. Seguro Sofi lo estaba esperando.
x-x-x
Giudecca, Inframundo
Perséfone sonrió al recibir las flores que Hypnos le había llevado desde Elysion. Hypnos era, entre los sirvientes de Hades, por mucho su favorito, y éste correspondía a su reina con adoración. De hecho, últimamente había estado más atento con ella, sobre todo porque se sentía culpable por no haber creído que ella, Elizabeth, fuera la reencarnación de Perséfone.
-Muchas gracias por las flores, Hypnos, son hermosas- dijo la reina del Inframundo, sonriéndole dulcemente, haciendo que el dios sonriera también- no debiste molestarte-
-Que bueno que le gustaron, señora- dijo el dios del Sueño, inclinándose educadamente ante Perséfone- traje también unas cuantas flores para la señora Pandora-
-Son hermosas, en serio- repitió Perséfone, y se volvió hacia la otra mujer- ¿no lo crees, Pandora?-
-Sí, lo que tu digas, Perse- dijo Pandora sin muchas ganas. La reina del Inframundo suspiró. Pandora no había estado muy animada desde hacía unos meses, sobre todo desde que Victoria había aparecido en la vida del espectro de Wyvern. Siempre había sospechado que Pandora tenía algo con Radamanthys, y entendía muy bien su tristeza. Hypnos sonrió con simpatía también.
Pronto se interrumpieron. Hablando del rey de Roma. Radamanthys y Aiacos llegaron a la reunión semanal, seguidos de un cabizbajo Lune, quien se había quedado de nuevo como sustituto de Minos mientras que el juez de Grifo estaba en el mundo humano.
-¿Qué noticias hay de Minos, Lune?- preguntó Aiacos.
-Ninguna todavía, señor Aiacos- le respondió el espectro de Balrog- el día de hoy el señor Minos aún no se ha reportado-
-Eso es extraño- dijo Aiacos pensativo.
-Quizá está ocupado- dijo Radamanthys- ya conocen a Minos, no es la persona más ordenada del mundo, quizá olvidó reportarse-
-O quizá se la está pasando bien en el mundo humano- sugirió Aiacos, sonriendo.
Radamanthys bufó con un gesto de fastidio.
-¿Con los santos de Athena?- dijo el espectro de Wyvern- para nada-
x-x-x
Rodorio, Grecia
Minos no pudo detener a Aria. La chica estaba fuera de sí de alegría. Le gustaba mucho la pequeña villa, sus jardines. Cada tres o cuatro pasos, sacaba su navaja y cortaba una hoja de algún árbol o hierba, decía algo en latín y se lo guardaba con cuidado en una cajita que tenía en la mochila. El espectro se divertía al verla hacer eso.
En una de las tiendas de recuerdos, Aria se compró un sombrero para cubrirse del sol. Su piel no era tan blanca como la de Minos, pero sus mejillas estaban enrojeciéndose demasiado. Intentó hacer que Minos se cubriera también, pero no hubo poder humano que lo convenciera de comprar un sombrero. Al menos logró convencerlo de al menos ponerse unos lentes oscuros.
-No quiero ponerme ese bloqueador solar- dijo Minos, alzando las cejas y mirando con fastidio el tubo de crema que Aria llevaba en sus manos- además, huele a niña-
-Pero bien que aceptaste los lentes oscuros- se burló Aria.
-Claro, me veo muy apuesto con los lentes oscuros- dijo Minos, poniéndose las manos sobre las caderas, con una pose de galán que hizo que Aria se echara a reír.
-Si usas lentes y te quemas la cara, parecerás mapache- dijo Aria- vamos, bien lo vale oler un poco como niña-
Minos finalmente aceptó ponerse el bloqueador solar, y su piel lo agradeció.
Pasado el mediodía, ambos se sentaron en una cafetería, mirando hacia la calle. Minos pidió un café cargado, y ella un capuchino con crema. El espectro se echó a reír cuando la nariz de la chica se llenó de crema.
-¡Ah! No te burles de mí, Minos- le dijo la chica, limpiándose la nariz, y tomando un poco de crema con su dedo y embarrándola en la nariz del espectro.
-¡Oye! Eso no se vale…- se quejó Minos, limpiándose la nariz con con el dorso de su mano, ante las carcajadas de Aria.
-Eres tan blanco que la crema no se nota en tu cara- dijo Aria entre risas.
-¡Oh, golpe bajo!- dijo Minos, intentando hacer una expresión ofendida, pero sin poder evitar echándose a reír también y mostrando sus colmillos durante sus risas. Miró a Aria entrecerrando los ojos- tú también serías igual de blanca, si no tuvieras esas rosas en tus mejillas-
El rostro de Aria se volvió rojo, y se cubrió las mejillas con las manos. Minos volvió a echarse a reír. No pasó mucho tiempo cuando las caras de ambos quedaron embarrados de crema, ambos riendo a más no poder.
Minos se contuvo cuando algunos de los transeúntes se quedaron mirándolo. Se ruborizó levemente. Rogaba a los dioses que los habitantes de Rodorio no lo reconocieran como el espectro que, en otra vida, atacó y destruyó parte de esa hermosa villa. Claro que estaba arrepentido. Había disfrutado muchísimo esa tarde, y había encontrado la belleza de ese pueblo.
"Te debo una disculpa, Albafica", dijo Minos para sí mismo "este pueblo sí es hermoso".
Aria lo tomó del brazo y ambos se levantaron y comenzaron a caminar entre las calles de Rodorio. La chica se detuvo frente a una florería.
-Que hermosas flores…- dijo Aria, y comenzó a caminar hacia una de las rosas. Cuando la chica lo tomó, Minos tuvo un extraño recuerdo. Su sonrisa. Sus ojos. ¡Ya sabía a quién se le había estado recordando todo este tiempo!
-Albafica…- dijo Minos, dando un paso atrás. ¿Cómo lo había visto antes? Esa cara, y esos ojos, eran casi idénticos a los del antiguo santo de Piscis. Incluso tenían el mismo estilo de cabello. La única diferencia era el color del mismo: los cabellos de Aria eran castaños claros. Ah, y el hecho de que Aria era una chica. ¿Cómo era posible que ella se pareciera tanto a Albafica?
-¿Qué dices?- dijo ella, volviéndose hacia Minos distraídamente.
-Nada, nada- dijo el espectro, mirándola con asombro, mientras se llevaba una mano a la boca- sí que es una rosa muy bonita-
Sin decir nada más, Minos tomó la rosa y pagó por ella para luego ofrecérsela a Aria quien, tras recibirla como si fuera lo mejor del mundo, sonrió y se puso de puntillas para besarlo en la frente, y después se colocó la rosa en el vestido. Minos la miró, admirado. Al principio pensó que Aria se parecía a Albafica, ahora pensaba que se parecía a la chica que había visto en el pueblo, con una rosa en su vestido. Agasha.
¿Quién era esa chica?¿De donde había salido?¿Porqué le recordaba tanto a esas dos personas?
Aria parecía ajena a la tormenta de pensamientos que tenía el juez de Grifo en la cabeza. La chica pasó los dedos por las demás flores, disfrutando los olores de las varias especies presentes. Casi quería tomar una flor de cada tipo. Cuando se estaba acercando a las azucenas, Aria se apoyó en el marco de la puerta de la casa del florero. Y una tormenta de memorias comenzaron a entrar a su cabeza.
FLASHBACK
Todo era caos en la ciudad. Gritos, empujones y explosiones por todos lados. Agasha miró con horror que su padre quedaba sepultado bajo los escombros causados por una de las explosiones. Tras la petición de su padre de pedir ayuda en el Santuario, la chica se echó a correr hacia éste, pero fue interrumpida por una explosión, y por un espectro. Un hombre vestido con una armadura de color negra. Con enormes alas. Un espectro albino, con ojos color naranja, largos cabellos blancos, y su sonrisa que mostraba los colmillos.
Minos.
Agasha se cubrió primero la rosa en su pecho, y con la otra mano cubrió su abdomen.
-Ah, otra amante de las rosas…- dijo el espectro- ¿conoces al santo de Piscis? Si es así, vas a morir igual que él-
Su sádica risa resonó en sus oídos.
FIN DEL FLASHBACK
Aria sacudió la cabeza, y se volvió a mirar a Minos. Y el espectro la vio: tenía esa misma mirada asustada que había visto en Agasha hacía tantos años, cuando estuvo a punto de atacarla. Aria dio unos pasos atrás, palideciendo mortalmente. Tropezó y cayó al suelo, sentada, con sus ojos abiertos como platos, mirando horrorizada a Minos, quien se agachó junto a ella.
-¿Aria?¡Aria!- dijo Minos, tomándola de los hombros, lo cual no ayudó ni un poco a calmar a la chica. Ayudándose con sus codos y tobillos, la chica comenzó a alejarse de él, sin dejar de mirarlo asustada.
-Tú…fuste tú... tú destruiste este pueblo…- dijo la chica en voz baja.
Le tomó a Minos unos segundos deducir lo que estaba pasando. De alguna manera, Aria sabía lo que había pasado. Sabía que en su vida pasada había intentado destruir ese pueblo.
-Sí, pero déjame explicarte...- dijo Minos.
La chica no respondió. Se levantó del suelo y salió corriendo de ahí, como si fuera la peste tras de ella. Minos se quedó viendo a la chica alejarse, repasando lo que acababa de suceder. Se puso de pie. No podía dejar las cosas así. ¡Tenía que explicarle!
-No, Aria, espera- dijo Minos, comenzando a correr tras ella.
x-x-x
Hospital de Atenas
Sofi y Oskar salieron del hospital juntos para encontrarse con Aioros. Como todos los días, Sofi se apresuró a abrazar a Aioros con cariño, pero esta vez el santo de Sagitario estaba menos entusiasmado de lo habitual, y la chica se dio cuenta de inmediato. No fue la única, también Oskar miró con curiosidad al santo dorado, pero no dijo nada.
-Me muero por volver a ver a mi pequeña sobrina- comentó Oskar mientras caminaban al Santuario- la he extrañado mucho-
-Seguro Satu estará feliz de verte- dijo Sofi, pero sin dejar de mirar a Aioros, quien caminaba al Santuario muy poco entusiasmado e inusualmente callado.
-¿Cómo está Cathy, Aioros?- preguntó Oskar- ¿y Milo? Espero que estén de mejores ánimos los dos-
-Mucho mejor- dijo Aioros por fin, aunque aún sin sonreír- Milo por fin ha estado más animado. Había estado de un humor pésimo-
Pronto, los tres llegaron al Santuario de Athena. Oskar se disculpó con ellos, y se apresuró al templo de Géminis, a saludar a su hermana y a su pequeña sobrina. Mientras tanto, Sofi detuvo a Aioros con su mano y evitó que subiera a los Doce Templos.
-¿Qué sucede, Aioros? Te conozco- dijo Sofi en voz baja- algo malo pasó…-
Aioros dejó escapar un largo suspiro, y le mostró a Sofi un sitio en la hierba, cerca de los Doce Templos, para sentarse a charlar. La pelirroja lo hizo, y él se sentó junto a ella.
-Sofi, cuando iba hacia el hospital por ti, hablé con tu amigo, Lucca…- comenzó a decir el santo dorado.
-Oh, dioses…- dijo la chica, poniendo los ojos en blanco, y llevándose las manos a la cabeza- por favor, dime que no le hiciste caso-
Aioros bajó la mirada, avergonzado, y no respondió.
-Aioros, por favor- le dijo Sofi- dime que no estás escuchando sus tonterías-
-Bueno, hay algo que Lucca dijo en lo que tiene razón- dijo Aioros- te he metido en muchos problemas, Sofi. Te he puesto en peligro incontables veces-
-Aioros, no digas eso- dijo Sofi- nada de lo que ha pasado en el pasado es culpa tuya…-
-Me hizo preguntarme si estoy haciendo lo correcto estando contigo- dijo Aioros- no quisiera que terminaras lastimada por mi culpa. Lo que le pasó a Cathy por poco te hubiera pasado a ti. Y jamás me hubiera podido perdonar-
Sofi se mordió el labio y levantó los ojos hacia él. Extendió su mano y tocó la mejilla del chico.
-No hagas esto, Aioros- dijo la chica, a punto de llorar. Aioros no pudo evitarlo, y la abrazó. El chico sintió cuando la chica comenzó a llorar en sus brazos, y el chico se sintió totalmente destrozado por haber hecho eso. Su corazón le dolía terriblemente.
-Te amo, Sofi- dijo Aioros- no quiero que ningún daño llegue a ti. Si estar sin ti es lo que va a salvar tu vida…-
-Y yo quiero estar contigo, Aioros- dijo ella- por favor, no hagas esto…-
El santo de Sagitario suspiró.
-Perdóname…- dijo en voz baja, besándola en la frente- perdóname, Sofi-
El santo dorado se puso de pie y, tras una mirada triste a la chica pelirroja, se alejó para regresar a su templo con los ojos llorosos, y un fuerte dolor en el pecho. Su corazón roto de nuevo volvía a molestarlo. Se mordió el labio, pero continuó su camino.
x-x-x
Camino entre Rodorio y Atenas, Grecia
Aria caminaba a paso acelerado hacia Atenas, y Minos corría detrás de ella. La chica iba caminado con las manos empuñadas, intentando ignorar al chico que iba corriendo detrás de ella.
-Aria… ¡Aria! Espera, por favor- dijo el espectro, dando zancadas para alcanzarla. No era difícil, ella era pequeña, él era mucho más alto- ¿qué pasó?¿porqué no me escuchas?-
El sombrero de Aria cayó al suelo, pero la chica no lo recogió. Se soltó de Minos e intentó volver a alejarse. Minos recogió el sombrero y la volvió a alcanzar.
-Fuiste tú- dijo Aria, deteniéndose por un momento y mirándolo con el ceño fruncido, y una expresión aterrada que le causó un vuelco a Minos- ¡fuiste tú!-
-Aria, ¿no me vas a escuchar?- repitió Minos- ¿porqué te fuiste así?-
-¡Tú destruiste esa villa!- dijo Aria, y Minos se quedó helado al escuchar eso. Se imaginaba que era eso, pero ¿cómo lo sabía?- tú causaste esa destrucción. Atacaste a esa chica con la rosa en el pecho. ¡Y te reías mientras lo hacías!-
Aria iba a resumir su camino, pero Minos la detuvo, tomándola suavemente de su brazo.
-No lo niego. Pero espera, por favor, déjame explicar…- dijo el espectro.
-Suéltame. ¡Suéltame, monstruo!- gritó ella, intentando en vano soltarse de él.
-No te voy a soltar hasta que me escuches, Aria- dijo Minos entre dientes, intentando no sonar amenazante en el tono más tranquilo que pudo encontrar- por favor, dame una oportunidad de explicarme, solo escúchame-
Aria le mandó una mirada furiosa, pero no siguió caminando. Minos le mostré un sitio, un gran árbol a la orilla del camino, con grandes raíces que salían de la tierra. La chica suspiró para calmarse, y se sentó sobre una de las raíces, con los brazos cruzados y una mirada sospechosa. El espectro se sentó en el suelo junto a ella, a su derecha.
-Sí, esa persona era yo- dijo Minos en voz baja, levantando su vista hacia ella- para ser exacto, fui yo en mi vida pasada. Eso que viste fue hace más de doscientos años. Athena y mi señor Hades eran enemigos. Y fui enviado con mis hombres a destruir el Santuario-
La chica iba a decir algo, pero Minos hizo un gesto para pedirle que no lo interrumpiera.
-El santo de Piscis de ese entonces peleó conmigo- dijo Minos- yo sabía que ese santo amaba esta villa y yo, en mi crueldad, decidí venir a destruirla antes de dirigirme al Santuario- bajó la mirada, algo avergonzado- al final, el santo de Piscis me venció, y morí. Recibí mi merecido-
-¿Porqué la atacaste?- dijo Aria- ¿a la chica?-
-No estoy orgulloso de ello, en serio- dijo el espectro, bajando la mirada, sus mejillas enrojecidas de vergüenza- es un episodio de mi vida pasada que aún sigue avergonzándome. Por eso no quería ir a Rodorio. Estar ahí me hace sentir culpable por mis malas acciones en el pasado-
Aria lo evaluó con la mirada por unos momentos. Cuando Minos por fin alzó la vista y la miró, ella le había vuelto a sonreír. El corazón de Minos respiró de nuevo.
-Aprendí mi lección esa vez, Aria, en serio- le dijo Minos en voz baja, antes de que ella dijera algo- el santo de Piscis me pateó en el trasero, y me bajó los humos de golpe. Prometí que no volvería a ser cruel, no de esa manera. Y esta vez, mi señor Hades hizo un tratado de paz con Athena. No volverá a suceder-
-Me alegra escuchar eso- dijo Aria, y se ruborizó levemente- perdón por haberme ido así, sin escucharte. Y lamento haberte llamado monstruo-
Minos asomó una leve sonrisa, y volvió a levantar la mirada hacia ella. ¡Vaya que era linda! Sintió una extraña sensación en la tripa, como mariposas en el estómago cuando la miraba. ¿Eso era lo que se sentía cuando te gustaba una chica? No sabía si eso era, nunca lo había sentido antes, pero nunca iba a volver a burlarse de Aiacos o de Radamanthys.
Aria, por su parte, estaba sonriendo, y por un momento se distrajo mirando una margarita que estaba junto al árbol bajo el cual ambos estaban sentados.
-Bellis perennis- dijo la chica, tomando la margarita y mostrándosela a Minos. Sacó una libreta de su mochila, y guardó cuidadosamente la flor entre una de sus páginas- es un lindo día, ¿no crees?- dijo Aria, guardando la libreta y sacando un par de manzanas de su bolsa, para después ofrecerle una al espectro- más lindo en tu compañía-
Minos sonrió, tomando la manzana, mostrando sus colmillos, y con un gesto suave, entrelazó sus dedos con los de Aria y, para sorpresa de ella, apoyó su cabeza en el regazo de la chica y cerró los ojos, contento de estar con ella bajo la sombra. Al principio Aria se sobresaltó, pero pronto se relajó y sonrió. Desde donde estaba, Minos podía percibir el olor de la rosa en el vestido de Aria. ¿O era el olor de la chica? Ahora que lo pensaba, las rosas no estaban tan mal.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a ariscereth y a Karla por sus reviews. Les mando un abrazo a todos. Gracias por seguir leyendo mis locuras! Nos leemos pronto!
Abby L.
