COINCIDENCIAS
VI. BOFETADAS
FLASHBACK
Cinco meses antes de la guerra santa del siglo XVIII
Tras pasar toda la noche pensando en lo que acababa de pasar con Agasha, su abrazo, la suavidad de su piel, la dulzura de su olor, a la mañana siguiente Albafica se levantó y se dirigió directamente a la florería de Rodorio. Tenía que volver a verla.
Agasha no estaba fuera de su casa. Eso alarmó un poco, pero pronto averiguó donde estaba. Se encontró al padre de Agasha.
-Oh, esa niña chica está un poco alterada- dijo el hombre y, al ver la expresión interrogante de Albafica, continuó- el panadero del pueblo quiere que Agasha se case con su hijo. Es un buen partido para ella, pero parece que no le agradó…-
Albafica no siguió escuchando. ¿Qué había dicho el padre de Agasha? ¿Se iba a casar? No supo porqué, pero en ese momento Albafica se sintió enfermo, nauseoso, como si algo le hubiera caído mal. Agasha se iba a casar. Agasha iba a pertenecer a otro hombre. ¡No podía permitir eso! Se despidió del hombre rápidamente, y se dirigió hacia una de las colinas entre Rodorio y el Santuario. Agasha estaba ahí, sentada en una de las raíces bajo un árbol, abrazándose con tristeza. No pasó mucho tiempo cuando notó que estaba siendo observada. Levantó la vista.
-Señor Albafica- dijo la chica, sorprendida de encontrarse ahí al santo dorado. Se limpió los ojos con el dorso de la mano y levantó la mirada hacia él, fingiendo una sonrisa tranquila- que agradable sorpresa-
-Tu padre me dijo sobre tu compromiso- dijo el santo de Piscis.
La chica parpadeó, y bajó la mirada tristemente.
-Eso no me hace feliz- dijo ella tristemente- no quiero…-
Agasha se deslizó suavemente hacia el suelo, y abrazó sus rodillas, hundiendo su rostro entre sus brazos, y comenzó a sollozar suavemente. Albafica se mordió el labio, y se sentó en el suelo junto a ella.
-No… no llores- dijo Albafica, sin saber como consolarla o animarla, dándole unos golpecitos en el hombro.
Sin escucharlo, Agasha lo abrazó, apoyando su cabeza en el hombro del santo dorado, y reanudando su llanto. Albafica se tensó, asustado. ¿Y ahora que rayos hacía? ¿Cómo consolaba a una chica a quien le tenía tanto cariño? El santo dorado extendió su brazo para rodearla por la espalda y abrazarla con cariño mientras que ella seguía llorando. ¡Se sentía horrible! ¿Cómo podía detener su llanto, quitarle su dolor?
-No llores, Agasha, me partes el corazón- dijo el santo.
-Lo siento- dijo Agasha en voz baja, limpiándose los ojos. Intentó incorporarse, pero Albafica se lo impidió. La abrazó con fuerza contra sí mismo, y la besó en la frente. No quería dejarla ir. No la iba a dejar ir.
FIN DEL FLASHBACK
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Coliseo, Santuario de Athena
Una vez que terminaron el entrenamiento de esa tarde, aún estando sudando y llenos de tierra, Christofer y Lydia se saludaron inclinando la cabeza. Ambos habían estado entrenando juntos, bajo la atenta mirada de Shaka y de Afrodita. Evelyn, que estaba de pie junto al santo de Piscis, hacía algunos gestos de preocupación ante la tremenda paliza que se estaban dando mutuamente, pero Afrodita le explicó que todo estaba bien.
En los últimos meses, Shaka se había encargado de entrenar a Chris sin parar, animándolo y haciéndolo esforzarse, y para estos momentos el chico ya había recuperado gran parte de su cosmo robado, igual que su ánimo. Sobre todo, el chico esperaba la ocasión para devolver el favor a los enemigos.
-Muy bien hecho, Chris- dijo Shaka, sonriendo complacido, bajando de las gradas hacia la arena, y dándole unas palmadas en el hombro- ya casi has recuperado todo tu cosmo. Estoy orgulloso-
Lydia, por su parte, estaba feliz por su amigo, y también le dio una palmada en el hombro. Cada vez Chris se volvía más poderoso, un verdadero aprendiz dorado. Los cinco regresaban a los Doce templos, cuando Chris notó algo extraño en el jardín cercano. Algo de color rojizo.
-Hay alguien en los jardines, maestro- dijo el chico, alzando las cejas. No sentía ningún cosmo proveniente de ese sitio.
-Creo que es Sofi- dijo Lydia, y se separó de ellos, apresurándose a llegar a donde se encontraba la chica. Se impresionó al verla llorando, abrazando sus rodillas y hundiendo la cara entre sus brazos. Pronto la alcanzaron Shaka, Afrodita, Evelyn y Chris.
-¿Qué sucedió, Sofi?- dijo Shaka, preocupado por verla llorar. Evelyn se mordió el labio, y nerviosamente tomó la mano de Afrodita. Lydia se puso en cuclillas, intentando hacerla levantar la mirada- ¿te encuentras bien?-
Sofi sacudió su cabeza repetidamente.
-¿Qué sucedió, Sofi?- dijo la aprendiz de Piscis.
Cuando Sofi les explicó lo que había pasado y lo que Aioros había hecho, los presentes se quedaron mirando entre sí. Finalmente, Lydia decidió acompañar a Sofi al templo de Geminis, para que Casandra cuidara de ella: sabían que no era sensato que regresara al departamento en la ciudad. Y después de ello, estaba decidida a que tendría una buena conversación con su hermano mayor.
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Templo de Géminis
Poco antes
Oskar había subido al templo de Géminis, a visitar a su hermana. Había tenido a Elsita en sus brazos, y conversaba animadamente con Satu y con Kanon. La bebé parecía muy entretenida intentando quitarle los lentes a su tío y lanzarlos al suelo, cosa que por poco logra.
-Lamento decírtelo, Satu, pero esta nena no se parece nada a ti- dijo Oskar riendo e intentando ajustarse las gafas mientras veía que su sobrina frunciendo el entrecejo, a punto de hacer un puchero- esta niña es un pequeño clon de Kanon-
Kanon sonrió ampliamente cuando escuchó ello, inflando su pecho orgulloso. Por fin, la nena hizo un puchero y extendió los brazos hacia su mamá, pidiendo de comer. Satu la tomó en sus brazos y se disculpó con ellos con una sonrisa para entrar a la habitación y darle de comer.
El chico se despidió de ellos para regresar a su apartamento en la ciudad, dejando solo a Kanon con Saga y Casandra. Kostas ya había sido enviado a dormir, pues ya había oscurecido. Mientras Saga levantaba los platos de la cena y la chica los lavaba, Kanon miraba sonriente las fotografías de la sala.
Pronto fueron interrumpidos por Lydia y Afrodita, seguidos de Sofi, quien lloraba desconsolada. Casandra dejó los trastos y se apresuró a consolar a su amiga, mientras los gemelos se miraron entre sí, sin entender lo que estaba pasando.
-¿Qué fue lo que pasó, Lydia?- le preguntó Saga.
-Aioros metió las patas- dijo Lydia, visiblemente molesta con su hermano mayor.
Saga no entendía nada, pero con una mirada de Casandra hacia él, supo que tenía que subir a Sagitario y tener una pequeña conversación con su amigo. Suspiró.
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Apartamento cerca de la Universidad, Atenas
Después de pasar el resto de la tarde charlando y descansando en el camino entre Rodorio y Atenas, Minos acompañó a Aria a su apartamento en la ciudad. Cuando estuvieron a punto de llegar, pasando por el parque frente a la universidad, la chica comenzó a verse un poco triste. Minos se dio cuenta de ello, y la rodeó con su brazo mientras caminaban.
-Hey, no estés triste- le dijo el espectro, sonriendo- voy a creer que fue mi culpa-
Aria sonrió levemente, y miró a Minos con un brillo en los ojos que al espectro le pareció adorable. Y ahí estaba, de nuevo, una extraña sensación en la tripa, que se le revolvía de gusto cuando la miraba. ¡Qué extraño era todo eso!
-Por cierto, Aria- dijo Minos, pensativo, cuando se encontraban ya a unos pasos del apartamento- ¿cómo supiste que yo había hecho todas esas cosas en Rodorio? La gente del pueblo lo sabe, se sabe la historia, pero como viste, no me reconocen. ¿Cómo supiste tú?-
La chica se encogió de hombros.
-No lo sé- dijo Aria- solo lo supe. Cuando toqué esa casa, los recuerdos vinieron a mí. Y ni siquiera son mis recuerdos, porque fue hace muchos años, yo no estaba viva para entonces…- levantó la vista- no lo sé, ¿porqué preguntas?-
-Se me hizo extraño que supieras tanto- dijo Minos- yo soy el único que estuvo ahí. Los otros dos, Albafica y la chica que viste, Agasha, murieron y están en el Inframundo-
-¿Qué fue lo que dijiste, Minos?- dijo Aria, parpadeando un par de veces- ese nombre…-
-Albafica- dijo Minos, alzando las cejas- el antiguo santo de Piscis-
-Oh…- dijo ella, pensativa. Se detuvo y se llevó las manos a la cabeza. Minos se detuvo también.
-¿Estás bien, Aria?- le dijo Minos, preocupado.
-Claro, estoy bien- dijo ella, sonriendo- no te preocupes-
La verdad es que ese nombre, Albafica, le parecía tan conocido como el de Minos el día anterior. Estaba segura que pronto sería más claro el porqué recordaba eso. ¿Acaso lo había escuchado en su casa? No lo sabía exactamente. Tendría que preguntarle a Lucca. Pronto llegaron a la calle frente al apartamento de la chica. Minos volvió a sonreír y se volvió hacia ella.
-Bueno, hemos llegado- dijo el espectro, mirando alternadamente a la chica y al departamento.
-¿Puedo verte mañana, Minos?- dijo Aria, esperanzada.
-Me temo que puedes contar con ello- dijo Minos, con su amplia sonrisa. Tomó la mano de la chica y la besó, para después alzar los ojos hacia ella. Aria sonrió- hasta mañana. Me divertí mucho esta tarde-
-Yo también- dijo ella.
Se despidieron, y Minos se retiró hacia el Santuario, caminando por las calles de Atenas. La chica lo siguió con la mirada hasta que desapareció entre las calles de la ciudad. Con una sonrisa curiosa, la chica entró a su apartamento y cerró la puerta tras de sí. Dentro, Aria pronto borró su sonrisa. Lucca y Mario la estaban esperando, su hermano con los brazos cruzados.
-¿Donde has estado, Aria?- dijo Lucca, alzando las cejas.
-Fui a la Universidad, como te dije ayer- dijo Aria, poniendo los ojos en blanco. Lucca frunció el entrecejo.
-¿Todo el día?- dijo su hermano- son casi las diez de la noche, Aria. ¿Qué hacías tan tarde fuera de…?-
-Fui a visitar la villa de Rodorio cuando salí de la Universidad, y perdí noción del tiempo- dijo Aria, cruzándole de brazos molesta. ¡Cómo odiaba que su hermano la tratara como si fuera una niña pequeña!- francamente, no le veo el caso a tu interrogatorio. Ya soy adulta, Lucca, no tienes que estar vigilándome y poniendo toque de queda a mi estadía aquí-
Mario reprimió una carcajada, divertido ante la discusión de los hermanos, lo que le ganó una mirada furibunda por parte de Lucca. Aria relajó su mirada.
-Y ni te imaginas que es lo que tu hermano ha estado haciendo- dijo Mario divertido, encendiendo un cigarrillo.
-¿Y tú, que has estado haciendo?- continuó Aria, volviéndose a Lucca, entrecerrando los ojos de nuevo- no me días que has estado hostigando a Sofía-
-No, por supuesto que no- dijo Lucca, con una expresión de fingida ofensa- solo hablé con su supuesto novio-
-¿Que hiciste qué?- dijo la chica-¡Lucca, qué demonios…!-
-Oh, esto se va a poner interesante...- dijo Mario, dejando escapar una bocanada de humo.
-Le expliqué que era mejor para Sofi que dejara en paz, que estaría mejor con alguien que la pudiera entender- dijo el chico, ruborizándose levemente y bajando la mirada, entre avergonzado y molesto- y claro que estuvo de acuerdo…-
Aria no lo podía creer.
-Arggg… ¡Lucca!- dijo ella, furiosa, dando una patada al suelo- ¿acaso tienes el craneo lleno de agua? ¿cómo se te ocurrió hacer eso? ¿Acaso tienes estiércol en el cerebro? ¡Piensa en el daño que le estás haciendo a Sofi!-
-Es por su propio bien…- dijo Lucca.
-¡No lo es!- dijo Aria en voz alta- ¿no lo ves? Sofi y Aioros son felices juntos? Él cuida de ella. Ninguno de ellos necesita tus consejos totalmente interesados. ¡Tonto!-
-Sinceramente, Aria, nada de esto es tu asunto…- comenzó Lucca.
-¡Y la relación entre Sofi y Aioros tampoco es tu asunto!- dijo Aria- pedazo de… arggg….-
Antes de que Lucca pudiera responderle, Aria se metió a su habitación y cerró la puerta tras de sí con un gran golpe. La chica sacó su teléfono celular y comenzó a escribir un mensaje. Tenía que avisarle a Sofi antes de que Aioros metiera la pata por culpa del tarado de su hermano. Por la respuesta que recibió, ya era demasiado tarde.
"Ese estúpido…", pensó Aria, y suspiró, "mañana a primera hora iré al Santuario. No es justo que mi hermano arruine la relación entre ellos dos"
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Templo de Sagitario
Mientras tanto, Aioros estaba sentado en su biblioteca, con los codos apoyados en la mesa, y su cabeza apoyada en sus manos. Le dolía terriblemente lo que acababa de hacer. No solo había tenido que dejar a Sofi, la había lastimado de nuevo. Su corazón le dolía terriblemente, incluso comenzando a cortarle la respiración.
Pronto escuchó un ruido que lo interrumpió. Se limpió los ojos con el dorso de su mano, y se volvió hacia la puerta.
-Saga…- comenzó a decir el chico.
-¿Qué demonios hiciste, Aioros?- dijo Saga con fría calma, cruzado de brazos.
-Saga, yo…- comenzó el santo de Sagitario, y le contó lo que había pasado, desde la conversación con Lucca, y lo que habían sucedido entre él y Sofi. Saga escuchó todo con la misma fría calma con la que había llegado, frunciendo el entrecejo cada vez más. No podía entender porqué Aioros había llegado tan lejos.
-¿Que hiciste qué cosa?- dijo Saga, incrédulo, abandonando momentáneamente toda seriedad- ¿porqué escuchaste a ese tarado?-
-Entiéndeme, Saga- dijo Aioros, aún cabizbajo- mientras estemos juntos, Sofi siempre tendrá una espada sobre su cabeza, siempre estará en peligro mientras esté conmigo-
-Y Casandra. Y Kostas- dijo Saga- y mi sobrina y Satu. No por eso los voy a abandonar, Aioros-
Aioros bajó la mirada.
-Hay alguien que está dispuesto a cuidarla- dijo Aioros en voz baja- si ella va a estar a salvo sin mí, estoy dispuesto a hacer ese sacrificio-
Saga suspiró sonoramente, y puso su mano sobre el hombro de su compañero. Aioros lo interpretó como un gesto de apoyo, y levantó la mirada a su amigo, pero pronto se desengañó. Saga le dio un tremendo puñetazo en la mejilla, que lo hizo caer de su asiento y caer sentado en el suelo.
-¡Saga!- se quejó Aioros, frotándose la mejilla dolida- ¿que te pasa?-
-Perdona, pero eso lo necesitabas urgentemente- dijo Saga, como si nada hubiera pasado, para después fruncir de nuevo el entrecejo y alzar la voz- ¿qué rayos estabas pensando? ¡Por supuesto que ese hombre sabía lo que te estaba diciendo! ¿No se te había ocurrido que eso era para hacerte a un lado? ¡Ese hombre está enamorado de Sofi, y te jugó sucio quitarte del camino!-
Aioros parpadeó mientras escuchaba lo que Saga le había dicho. ¡Tenía razón! Lucca siempre había estado enamorado de Sofi. ¿Porqué lo había escuchado? ¡Que tonto había sido! Se llevó las manos a la cabeza.
-Soy un tonto- dijo Aioros.
-Dime algo que no sepa- dijo el santo de Géminis, torciendo su boca en una leve sonrisa. Le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse. Aioros la tomó.
-Tengo… tengo que disculparme con ella- dijo Aioros.
-No, espera- dijo Saga prudentemente- en este momento, Sofi está muy afligida, y puede resultar peor. Además, creo que para este momento Satu y Casandra querrán asesinarte, al igual que tu hermana- Aioros tragó saliva- espera a que todos se calmen. Arreglaré que mañana la dejen sola para que puedas hablar con ella-
-Gracias, Saga- dijo Aioros tristemente.
Saga gruñó de nuevo, y le dio otro bofetón que lo hizo caer al suelo.
-¡Saga!- se quejó Aioros- ¿qué fue eso?-
-Eso fue porque, gracias a ti, esta noche dormiré en el sofá- dijo Saga, dandole la espalda y saliendo del templo de Sagitario, dejando a Aioros pensativo y dolido en la biblioteca.
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Templo norte, Santuario de Athena
Minos regresó a su sitio en el Santuario de Athena cuando ya era muy tarde. Tan pronto como llegó, se reportó con Lune, diciéndole que no había novedades en el mundo de los vivos o en el Santuario de Athena. Cuando éste le preguntó porqué había tardado tanto en reportarse, Minos lo ignoró, diciéndole que ya se iba a ir a dormir.
El espectro se quitó de los brazos, bajo las mangas, las hojas de sábila que Aria le había puesto sobre sus quemaduras del día anterior. Miró sorprendido que sus brazos estaban mucho mejor que el día anterior. De hecho, no las había sentido en todo el día.
-Vaya…- dijo en voz baja.
Se tendió en la cama y cerró los ojos, dando un sonoro suspiro. Esa extraña chica lo había cautivado, aunque no quisiera admitirlo. ¡Le encantaba! Tanto que la persiguió por Rodorio, horrorizado de que lo fuera a odiar para siempre por lo que había hecho hacía tanto tiempo, y haciendo lo posible para aclararlo todo. ¿Qué le pasaba? Sin saberlo, la chica lo tenía volando bajo, bailando sobre la palma de su mano.
Claro, Aria tenía una ensalada en la cabeza, pero Minos pensaba que por eso le encantaba su manera de ser. Bonita y alegre, inteligente y gentil. Se interrumpió. ¿Qué le estaba pasando? Él era el gran Minos de Grifo, el más poderoso de los tres jueces del Inframundo, el más temible de todos. ¿Qué rayos estaba haciendo? Que una chica lo tuviera bailando al son de su propia música. Sacudió la cabeza. Él estaba en Atenas en una misión, no de paseo. No podía estar buscando a esa chica, por más atrayente que fuera. Se hizo la idea en su mente de no irla a buscar nunca. Se cruzó de brazos. A partir de mañana no volvería a pensar en ella.
Sí, como no.
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Santuario de Athena
A la mañana siguiente, todo el Santuario estaba hecho nudo por lo que había pasando entre Aioros y Sofi. Y el santo de Sagitario no recibió ninguna simpatía de nadie por lo que había hecho. Lydia estaba furiosa con él, cosa rara en ella, pues desde que se conocieron nunca se habían peleado, desde que se habían conocido. Y usualmente Afrodita se ponía muy molesto cuando Lydia hacía algún berrinche, pero esta vez el santo de Piscis no la reprendió de ninguna manera, tan molesto estaba también con Aioros. Mu permaneció en silencio y neutral, pero tampoco reprendió a Lydia.
El santo de Sagitario bajó al templo de Géminis, deseoso de ver a Sofi y disculparse, solo para encontrarse a Casandra y a Satu mirándolo peligrosamente furiosas. Elsita estaba en brazos de Kanon, y éste miraba a Aioros con una expresión de cuidado, advirtiéndole con la mirada que huyera mientras pudiera. Y Saga estaba furioso, cruzado de brazos y apoyado en la puerta. Aparentemente, la noche en el sofá no había ido muy bien que digamos. Sobra decir que las chicas, muy molestas, le dijeron a Aioros que Sofi no quería verlo, y se aseguraron de saliera del templo.
Después de ello, Aioros salió a los terrenos del Santuario y se dejó caer al suelo, cerca de la entrada del bosque. Una voz interrumpió sus pensamientos.
-Estás invadiendo mi lugar preferido para meditar, Aioros- dijo la voz femenina.
Aioros levantó la mirada, y se encontró con Lena. Ésta no lo parecía estar mirándolo agresivamente, o no lo podía saber, pues traía la máscara puesta, pero parecía hablarle con un tono benévolo. Aioros agachó la mirada tristemente.
-¿Qué es lo que sucede, Aioros?- dijo Lena, sentándose en el pasto junto a él. Nunca lo había visto así- ¿pasó algo malo?-
-Metí las patas- dijo Aioros, y le contó brevemente lo que había sucedido entre él y Sofi el día anterior. Ni bien terminó su relato, Lena le dio un zape- ¡oye!-
-Perdón, pero te lo mereces- dijo Lena, cruzándose de brazos- ¿cómo se te ocurrió esa tontería?-
Aioros bajó la mirada, realmente arrepentido.
-Si hay algo que yo admiraba de ustedes dos- continuó Lena en voz baja- es que siendo ella tan distinta a nosotros, los guerreros de Athena, muy a su manera siempre ha ayudado a la causa, ¿no es así? Aún recuerdo cuando tuve que encerrarla en el armario de la enfermería, porque no quería dejarme ir a pelear con Shaka contra los enemigos-
El santo de Sagitario sonrió levemente al recordar la situación. Sofi se enfureció mucho esa vez. Claro que sí, siempre había estado orgulloso de su chica. Lena se dio cuenta, y le dio un golpe en el hombro en señal de apoyo.
-Ella te perdonará, Aioros- dijo Lena en voz baja- ¡te adora! Pero solo intenta no hacerla enojar más. No metas más las patas. Ella te ama, y esa es la ventaja que tienes-
Aioros la miró sospechosamente.
-¿Lo dices por tu experiencia con Shaka?- dijo el santo de Sagitario.
-Tal vez- dijo Lena, aguantándose una risita- pero no le digas nada-
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Hospital de Atenas
Sofi acudió a trabajar ese día casi en piloto automático. Parecía que estaba soñando, que había ido sonámbula a trabajar. Por su propio bien y el de los pacientes, Oskar se encargó de darle solamente trabajo de papelería. Satu lo había prevenido sobre lo que había ocurrido la noche anterior.
Tras un par de horas de trabajo, fue evidente incluso para Sofi que no podía trabajar así, y pidió permiso para retirarse temprano. Se despidió de Oskar, quien la abrazo, intentando no hacerla sentir mal, y salió del edificio, dirigiéndose de regreso al Santuario.
Cuando salió del hospital y giró hacia la calle que la llevaría al Santuario, se topó cara a cara con Lucca Rossini. Al principio se sorprendió de verlo, pero pronto frunció el entrecejo.
-Tú…- comenzó a decir ella, hablando entre dientes y mirándolo con molestia- no tengo la más mínima intención de hablar contigo, Lucca, y si sabes lo que te conviene, te mantendrás alejado de mí…-
Pareció que Lucca no escuchó
-Sofi, sabes que lo que hice, lo hice por tu propio bien- dijo el chico.
Beeeeeep, beeeeeep.
Sofi escuchó el sonido de su bomba, el largo pitillo que le indicaba una abrupta subida de sus niveles de glucosa. No le sorprendía: después de la ensalada de emociones del día, aunado al dolor de cabeza que sentía en esos momentos, se calculaba cuando menos doscientos cincuenta. Pero lo ignoró por el momento.
-Mi propio bien mis calcetines- dijo Sofi, alzando la voz un poco- ¿cómo te atreviste a hacerme esto? Yo amo a Aioros, no hay ninguna manera en la que…-
Lucca no la dejó terminar. Con su antebrazo, el chico italiano la empujó bruscamente contra la pared, y la intentó besar. Al principio Sofi no sabía que estaba pasando, pero al darse cuenta, gritó y giró su cabeza para evitarlo.
-¡Ah!¡Suéltame!- gritó Sofi, pero para su mala suerte, no había nadie cerca para ayudarla.
-No- dijo Lucca, cada vez acercándose más a ella- quiero que seas mi chica…-
¡Eso había sido suficiente! Sofi frunció el entrecejo, furiosa, y le dio un tremendo rodillazo en la entrepierna, que lo hizo gritar en un tono cuatro veces más agudo de lo usual y separarse de ella. Aprovechando eso, mientras él caía al suelo, la chica le dio un fuerte golpe en la mejilla con el puño cerrado, terminando de tumbarlo al suelo. Se escuchó un crack que pertenecía a los huesos de la mano de Sofi, pero ésta no hizo ni medio gesto de dolor, tan enfurecida como estaba. Se puso las manos en las caderas, y lo miró desafiante.
-Vuelves a tocarme, estúpido, y la chica vas a ser tú- dijo Sofi, dandole la espalda y apresurándose a salir de esa calle, para llegar lo más rápido posible al Santuario. Ese día había sido una pesadilla, y no parecía estar a punto de mejorar.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando está historia. El próximo capítulo será el 24 de Diciembre, si todo sale bien será temprano para que pueda llegar Santa. Muchas gracias a todos por sus reviews y por seguir leyendo. Les mando un abrazo.
Abby L.
