COINCIDENCIAS

VII. PROPUESTA

Entrada del Santuario

Incluso Minos se había enterado de lo ocurrido la tarde anterior, con Aioros y el pretendiente de Sofi. Pensó que Aioros seguramente tenía los sesos podridos de tanto tiempo que estuvo muerto, o que carecía por completo de sentido común. Sea lo que fuere, Minos sabía que sus intenciones habían sido honorables, pero por los dioses que era inocente, estúpido, o las dos cosas.

We are all fools in love, había escuchado decir a Victoria una vez.

Salió del templo, y pronto se dio cuenta de que su decisión de evadir a Aria era en vano. Pronto, se vio a sí mismo caminando hacia la Universidad de Atenas, y el departamento de Aria. No tardó en encontrársela. La chica estaba ahí, caminando hacia el Santuario, como si estuviera furiosa por alguna razón, con una expresión molesta, y sus manos empuñadas.

-¡Aria!- dijo él, sorprendido de verla tan cerca del Santuario de nuevo.

-Minos- respondió ella, y borró su expresión preocupada para cambiarla por una sonrisa- hola-

-¿Qué haces acá, en el Santuario?- dijo el espectro, alzando las cejas- creí que irías a tu curso de inducción hoy-

-Algo malo sucedió con mi amiga, Sofi- dijo Aria, volviendo a fruncir el entrecejo- el muy tarado y cabeza hueca de mi hermano mayor metió su cuchara donde no debía, y lastimó a otras dos personas. Quiero asegurarme de que Sofi esté bien…-

Minos no pudo evitar sonreír levemente. Incluso molesta se veía linda. El espectro sacudió la cabeza. No, no podía estar pensando en esas cosas. Por todo el tártaro, ¡era un espectro de Hades, no un adolescente enamorado!

Pero ahora que lo pensaba, realmente no hacía ningún daño pasar tiempo con ella. ¿O sí?

-No soy un santo de Athena, pero te puedo acompañar- dijo Minos, ofreciéndole el brazo- supongo que debe estar en el templo de Géminis, según lo que escuché-

Aria dudó unos segundos antes de tomarlo. No había olvidado las quemaduras en los brazos del espectro de Grifo, y no quería volver a lastimarlo.

-¿Cómo sigue tu brazo, Minos?- dijo ella.

-Perfecto- respondió Minos, sonriendo y recogiéndose las mangas, para mostrarle su piel completamente curada gracias a la sábila que le aplicó el día anterior- gracias a ti. No sé de donde sacaste esa planta con un poder tan alucinante-

Aria sonrió y tomó el brazo del chico, y ambos comenzaron a caminar juntos hacia el Santuario de Athena.

-¿Tú sabes algo de lo que sucedió anoche, Minos?- preguntó la chica- con Sofi, quiero decir-

-Solo escuché un rumor- dijo Minos en voz baja- pero mejor no te diré nada, creo que es mejor que te enteres por ellos mismos, ¿no es así?-

-Y yo tengo algo importante que agregar- dijo Aria, ensombreciendo un poco su mirada- mi hermano, Lucca, está enamorado de Sofi. ¡El muy rata lo hizo a propósito para que ellos dos se pelearan y se separaran!-

Minos alzó las cejas.

-¿Y tú que piensas de ello?- preguntó el espectro.

-Lucca lleva años clavado con Sofi- dijo ella, cruzando los brazos- ya es hora que la supere. Sofi es mi amiga, y me enfurece que ella y su chico hayan peleado por culpa del cabeza hueca de mi hermano-

Minos se echó a reír. Incluso sus insultos eran adorables. Minos la rodeó con el brazo mientras que se acercaban a la entrada del Santuario. Cuando estaban acercándose en la entrada, cuando vieron a Sofi, que estaba de pie junto a la entrada, apoyada en una de las columnas, deteniéndose su cabeza. Minos no pensó nada de ello, pero Aria pronto se preocupó y corrió hacia ella.

-Sofi… ¡Sofi!, ¿qué pasó?- dijo Aria- te ves pálida-

-Pregúntale… a tu hermano…- dijo Sofi con dificultad. Minos notó que la chica no estaba bien. Tras mirar a Aria, tomó a Sofi de los hombros y la ayudó a sentarse en el suelo. Aria se inclinó hacia ella, y tomó la bomba que estaba en el cinturón de Sofi.

-Sofi, tienes más de trescientos- dijo Aria- ¿te pasaste insulina?-

Sofi sacudió la cabeza de un lado a otro, se notaba que estaba muy mareada y que le dolía bastante la cabeza. Minos notó que tenía los nudillos de la mano derecha rojos, y toda la mano completamente hinchada, como si se la hubiera quebrado. Mientras tanto, Aria desbloqueó la bomba y le pasó una dosis de insulina.

-¿Sabes usar ese aparato del mal?- dijo Minos, alzando las cejas.

-El bueno para nada de mi hermano también usa uno- dijo Aria, mientras que hacía que Sofi cerrara los ojos y apoyara su cabeza en la pared- listo, estará bien en unos minutos, solo necesita tomar agua-

-Bueno- dijo Minos, tronándose los nudillos- será mejor que la regresemos al templo de Géminis-

El espectro no esperó a que Aria le respondiera. Tomó a Sofi en sus brazos, y se apresuró a llevarla al templo de Geminis, seguida de Aria. Estaba preocupada por su querida amiga. Y no sabía porqué, pero esa mano inflamada rehacía pensar que seguramente su hermano había recibido parte de lo que se merecía por meter las narices donde no le correspondía.

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Templo de Géminis

Aria y Minos habían llevado a la pelirroja al templo de Géminis, a que descansara un poco. Se encontraron a Mu de Aries en la entrada del primer templo, quien tras ver a Sofi en esas condiciones y escuchar quien era la chica y que quería los dejó pasar. En Tauro, Aldebarán no estaba, había salido a hacer su guardia, y ambos pasaron directamente a Géminis.

Una vez que ambos saludaron a los presentes y explicaron lo que pasaba, Minos puso a Sofi en una cama, y Casandra y Aria se quedaron con ella, ayudando a que se sintiera mejor Mientras tanto, Minos esperó apoyado en una de las columnas del templo de Géminis, mirando a la nena que estaba en su cuna, riendo a carcajadas al verlo.

-Es muy risueña la nena- dijo el espectro, recibiendo un gruñido de Kanon como respuesta- no te vendría mal tener algo de su buen humor, Kanon-

La nena extendió sus brazos hacia el espectro repetidamente, riendo, pero hizo un puchero cuando Minos no la alzó.

-Eh… ¿porqué hace eso?- dijo Minos, alzando una ceja.

-Quiere que la alces- dijo Satu, sonriendo- vamos, Minos. ¿O un espectro de Hades tiene miedo de alzar a un bebé?-

Minos hizo una mueca y se ruborizó levemente. No sabía como cargar a un bebé, al menos levantarlo de la cuna. Kanon lo adivinó, y levantó a Elsita con cuidado, y la puso en sus brazos.

-Es la segunda vez que la pones en mis brazos- dijo Minos, mientras Elsita lo miraba curiosa, y tiraba de sus cabellos blancos- ¿porqué tiene ese comportamiento tan extraño?-

-Creo que le agradas, Minos- dijo Satu.

-Tiene entonces muy mal criterio, mi hija- dijo Kanon, cruzando sus brazos mientras la nena tocaba el rostro del espectro con sus manitas y reía- buena razón para no dejarla tener novio hasta los treinta años-

Minos se echo a reír, haciendo que la niña se sobresaltara levemente, pero luego ella se puso a reír también, tanta gracia que le causó la risa del espectro.

-Tu hija me cae bien. Auch…- dijo Minos, haciendo una mueca cuando la niña tiró de su cabello- no hagas eso, nenita-

Satu sonrió y tomó a Elsita de los brazos de Minos. Kanon sonrió, y le dio una palmada amistosa en el hombro al espectro.

-¿Y que me dices de esa chica?- dijo Kanon, alzando las cejas.

-¿Aria?- dijo Minos, alzando las cejas, pero sus mejillas levemente enrojecidas- ¿qué tiene ella?-

Kanon entrecerró los ojos, analizando al espectro. Habían sido enemigos mortales en el pasado, pero igual que Radamanthys, Minos se había vuelto un buen amigo suyo. Y sabía que había algo más detrás de todo eso. Solo sonrió levemente, con una expresión un poco burlona, pero que el espectro no notó, ya que estaba concentrado en la puerta tras la cual había desaparecido Aria.

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Al mismo tiempo

Dentro de la habitación, Casandra acompañó a Aria a ayudar a Sofi a controlar sus glucosas. Tras unos quince o veinte minutos, gracias a la insulina y a que Sofi comenzó a beber agua, pronto sus niveles comenzaron a mejorar.

-Gracias, Aria- dijo Sofi débilmente- ya me siento mejor-

-Creo que fueron las emociones del día- dijo Aria distraídamente en voz baja. Sofi no podía pretender que no sabía de que estaba hablando. Casandra había tomado algo de hielo del refrigerador y lo había puesto en su mano- ¿qué fue lo que pasó con tu mano? Parece como si te hubieras golpeado con algo-

-Me golpee con algo- dijo Sofi, bajando la mirada y respirando hondo- la cara de tu hermano. Y quizá le di un rodillazo en la entrepierna también- y les contó lo que Lucca había hecho. Cabe mencionar que, si bien Casandra estaba molesta, Aria estaba realmente furiosa.

-¡Ese maldito renacuajo!- exclamó Aria, cruzándose de brazos- ¿cómo se atrevió a hacer eso? ¡Ya esta!¡Fue suficiente! Lo voy a matar… o peor, voy a acusarlo con mi madre, y ella se encargará de ponerlo en su sitio-

-Parece que Sofi ya lo puso en su sitio- dijo Casandra, riendo.

-Sofi, tú eres lo bastante lista para darte cuenta de que todo fue un engaño del bueno para nada de Lucca- dijo Aria, tras respirar hondo para tranquilizarse y no soltar todas las groserías que su italiana lengua quería decir- pero creo que tu Aioros es demasiado inocente o demasiado tarado-

-O las dos- dijo Casandra sin contenerse, riendo en voz baja. Sofi le lanzó una mirada molesta, y ambas sonrieron al darse cuenta que, por su reacción, no todo estaba perdido, al menos de parte de Sofi.

-Creo que le deberías dar a Aioros una oportunidad de disculparse, Sofi- dijo Aria- y no te preocupes por mi hermano, yo también le patearé el trasero por ti en cuando lo vea-

Sofi sonrió, y abrazó a sus dos amigas con cariño, muy agradecida por su apoyo.

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Apartamento en Atenas

Mario apagó la colilla de su cigarro en el cenicero, y le lanzó una mirada de preocupación a Lucca. Éste estaba algo arrepentido por el desastre que había causado el día anterior con Sofi, y lo que había pasado ese día, además de estar adolorido, con la mitad de la cara hinchada por el derechazo que la pelirroja le había dado, y ni hablar de la patada en…

Pero ese no era el motivo de su preocupación.

-¿Sabes lo que es lo que ha estado haciendo Aria estos días?- dijo Mario en un tono indiferente, poniendo otro cigarrillo en su boca y encendiéndolo.

-Supongo que estuviste siguiéndola, como acordamos- dijo Lucca, cruzándose de brazos.

-Tus temores no están infundados, Lucca- dijo Mario, exhalando una bocanada de humo- no solo fue a Rodorio ayer, también se encontró con un espectro de Hades, que la ha estado acompañando. Y hoy también se encontró con él en el Santuario. Minos de Grifo-

Lucca, quien estaba deteniendo un trozo de carne contra la mitad inflamada de su cara, abrió los ojos desmesuradamente y dejó caer el objeto al suelo.

-Entonces, ¿Aria sabe quien es Minos?- dijo Lucca, alzando las cejas.

-No completamente- dijo Mario- pero hay un problema. Creo… por lo que he visto, que Aria se está enamorado de ese espectro-

-¿Del espectro que echó a perder nuestra familia?- dijo Lucca, cruzándose de brazos.

Mario exhaló otra bocanada de humo, y le mostró una fotografía en su celular a Lucca. El chico italiano no lo podía creer. Era su querida hermana, sentada a la sombra de un árbol, pero con el maldito espectro apoyando la cabeza en su regazo.

-Esto ocurrió ayer, en el camino a Rodorio- dijo Mario.

-¡Esto tiene que detenerse!- dijo Lucca, poniéndose de pie, y regresando el celular al otro chico- no es posible que Aria esté… arggg… ese maldito espectro. ¡Tenemos que hacer algo al respecto, Mario! Imagina lo que mi madre va a decir cuando se entere-

Mario apagó de nuevo su cigarrillo, presionándolo contra el cenicero.

-Mejor déjala en paz, Lucca- dijo Mario- si la antagonizas, ella se va a aferrar más al espectro. Minos de Grifo, como todos los espectros, es pura maldad. Pronto ella se dará cuenta, o él mismo arruinará todo con tu hermana-

Lucca frunció el entrecejo.

-¿Y mientras tanto, sugieres que deje que sigan las cosas así?- dijo el chico.

Mario sonrió antes de encender otro cigarrillo, y se encogió de hombros.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Aioros caminó hacia la habitación donde estaba Sofi como si fuera un condenado a muerte caminando hacia su ejecución. Le temblaban las manos, y le latía el corazón con tanta fuerza que dolía. Recordaba muy bien que no estaba tan sano del corazón y que tenía que cuidarse. Pero por su Sofi, valía la pena.

Tras ignorar las miradas enfadadas de Casandra, de Satu y de esa chica nueva, Aria, que estaba acompañada de Minos (¿qué rayos hacía el juez ahí?), el santo de Sagitario llamó a la puerta.

-Pasen- dijo la voz de Sofi.

Aioros abrió la puerta y entró con una expresión culpable en su mirada. Sofi tenía sus mejillas enrojecidas y sus ojos hinchados, seguramente había pasado la noche llorando. Él también, aunque no había querido admitirlo.

-Sofi… yo….- comenzó Aioros.

Levantó la mirada. Ella lo escuchaba atentamente, con sus ojos llenos de miedo. Tragó saliva. Lentamente, se sentó junto a ella y la tomó de los hombros.

-Perdóname, por favor, Sofi, soy un tonto- dijo el santo dorado sinceramente, bajando la mirada para evitar mirarla: sabía que iba a llorar si seguía mirándola sufrir así- no debí haber escuchado a Lucca…-

-Esto es lo que él quería que pasara, Aioros- dijo ella en voz baja- ¿porqué lo escuchaste? Tu sabías lo importante que eres para mí. Tu sabes que elegí esta vida desde que te conocí-

Aioros lo entendió perfectamente. Lucca le había sembrado ese miedo en su corazón, para que Aioros se equivocara, y él tuviera el camino libro con ella. El santo tomó suavemente las manos de Sofi, y las besó alternadamente.

-Me equivoqué- dijo Aioros- tardé mucho en entenderlo, y además fui un estúpido- dijo el santo dorado- no puedo vivir sin ti, pero si no me quieres ver más, sé me lo merezco. ¿Podrás perdonarme?-

La chica no le respondió. Solo siguió sollozando, hasta que Aioros tomó su rostro con sus dos manos y la besó en la mejilla. El santo bajó la mirada tristemente. Abrazó a Sofi,y ella no se retiró.

-Nunca te voy a dejar, Sofi. Tienes mi palabra…- le dijo él al oído- quiero que seas mi esposa…-

-¿Qué… qué dijiste?- dijo Sofi, levantando la mirada, no estando segura de lo que había escuchado.

Aioros se sorprendió a sí mismo por decirlo en voz alta. Claro que había pensado largo y tendido que se quería casar con Sofi, pero no se había imaginado pedírselo en ese momento, o en esa situación.

-Había estado pensando en pedírtelo, Sofi- dijo Aioros en voz baja, separándose de ella un poco y tomando sus manos. Sonrió levemente- esto es, si me puedes perdonar. ¿Me harías el honor de convertirte en mi esposa?-

-¿Lo dices en serio?- dijo Sofi, aún sin poder creer lo que pasaba.

-Lo digo en serio- dijo Aioros- quiero que seas mi esposa. ¿Por favor, Sofi?-

Sofi sonrió ampliamente y lo abrazó con cariño.

-Claro que sí, Aioros- dijo ella.

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Camino hacia la Universidad, Atenas

Después de todo lo sucedido en el Santuario de Atena, Minos acompañó a Aria de nuevo a su departamento. Minos la miró. Si bien se había visto linda cuando estaba enojada más temprano, ahora se veía mucho más linda, sonriendo.

-Me da gusto que haya salido bien- dijo Aria- hubiera odiado que la estupidez de Lucca hubiera destruido por siempre la felicidad de Sofi. ¡No lo puedo creer! ¡Le pidió que se casara con ella!-

-No debiste espiar en su puerta- dijo Minos, sonriendo travieso- no es de buena educación-

-Oh, y entonces, ¿porqué tú también pegaste la oreja a la puerta- dijo Aria, sonriendo con una expresión sospechosa.

-Touché- dijo Minos, sonriendo levemente, recordando como ambos habían estado espiando, con la oreja pegada a la puerta, durante toda la conversación de Sofi con Aioros. No fueron los únicos. Saga y Casandra habían hecho lo mismo. Le daba gusto por Aioros: esos dos se veían tan tiernos juntos, tanto que le daba gastritis, además de que pensaba que un poquito de drama no le hacía daño a nadie. Se cuidó de no decirlo en voz alta, o se iba a ganar una bofetada de parte de Aria.

Ambos se echaron a reír mientras salían del Santuario y se encaminaban hacia la universidad por las calles de Atenas.

-¿Cuánto tiempo durará tu misión en Atenas, Minos?- preguntó ella, como que no quiere la cosa.

-No sé exactamente- dijo Minos sinceramente, encogiéndose de hombros- unos días más, quizá. Los espías reportaron que habría un ataque pronto, y como somos aliados, fui enviado a apoyarlos, pero no hubo ninguna evidencia de un ataque…-

Aria sonrió tristemente.

-Me dará un poco de tristeza cuando tengas que irte- reconoció ella sinceramente- sobre todo porque has hecho mi estadía aquí mucho más agradable… tal vez…-

-Sí, a mí también me dará tristeza irme… tal vez…- dijo el espectro, y se ruborizó al decirlo.

¿Qué le pasaba? Esa era la verdad. Aria le caía muy bien, y la idea de regresar al Inframundo y no verla más le parecía horrenda. Pero no podía siquiera imaginárselo. ¿Y si la llevaba con ella, igual que Radamanthys había llegado a Victoria? No, no podía hacer eso. En el Inframundo no había plantas ni jardines, las cosas que Aria amaba tanto. Bueno, quizá el jardín en la segunda prisión, pero nada más. Era como su hogar en noruega, cubierto de nieve, y sin plantas o flores a la vista.

-No te pongas triste, Minos- dijo Aria, notándolo cabizbajo, tomando su mano y apretándola en un gesto cariñoso- todo va a estar bien, de alguna manera. Estoy segura-

-Eso espero- dijo Minos, sonriendo levemente.

Ambos siguieron caminando en silencio por la ciudad, Minos cada cierto tiempo volviéndose hacia la chica y sonriendo. Finalmente se detuvieron en la entrada del departamento de Aria.

-Bueno, hemos llegado- dijo Aria, en un tono un poco decepcionado. Minos también se sentía decepcionado. Apretó de nuevo su mano. Su piel era demasiado suave- bueno, supongo que… te veré mañana, ¿verdad?-

-Por supuesto. Oye, Aria…- dijo Minos, bajando la mirada ruborizado- ¿puedo besarte? En la mejilla, quiero decir-

Aria sonrió, levemente ruborizada también, y le mostró la mejilla, la cual Minos besó con cariño mientras sonreía. Aria se volvió hacia él, las frentes de ambos apenas tocándose una contra la otra, y rozó su nariz con la del espectro. Minos sintió mariposas en el estómago ante ese contacto, al sentir el dulce aliento de la chica tan cerca de su rostro. Todo su cuerpo estaba en expectación. El espectro no se contuvo más. La empujó suavemente contra la pared y, al ver que la chica no lo rechazaba, acercó sus labios a los de ella y la besó. Duró apenas unos segundos, pero cuando ambos abrieron los ojos, ninguno estaba sin ruborizarse o sonreír.

-Lo lamento- dijeron los dos al mismo tiempo, y se echaron a reír en voz baja.

-Creo… - comenzó ella, bajando la - que será mejor que entre, o Lucca va a empezar a molestar-

-Tienes razón- dijo Minos, besándola en la mejilla de nuevo- entonces, ¿te veré mañana?-

-A la salida de la universidad- dijo Aria, sonriendo también- hasta mañana-

Minos sonrió, y esperó a que la chica entrara al apartamento para comenzar a alejarse.

¿Qué acababa de hacer? El espectro se llevó los dedos temblorosos a los labios. ¡La había besado! Pero a él no le gusta, ¿o sí? No podía estar enamorado. Pamplinas. El juez de Grifo suspiró. Esa chica era una criatura extraña.

Pero Minos tenía una duda rondando por su mente, una pregunta muy importante sobre Aria, y porqué se parecía tanto a una persona que había conocido en el pasado. Tenía que saber la respuesta. Tenía que preguntar. Pero la persona que tenía las respuestas estaba muerto.

Pero él podía hablar con esa persona. Solo era cuestión de saber a quien pedir permiso.

Minos encendió su cosmo y, tras avisar al Santuario de Athena que iría por un rato al Inframundo a hacerse cargo de un asunto, desapareció.

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Templo de Géminis, Santuario de Athena

Poco antes

Aioros y Sofi por fin se habían arreglado, y aunque Casandra y Satu seguían mirando molestas al santo de Sagitario, al menos los gemelos ya no estaban enfadados con él. Aún así, Aioros se disculpó también con ellos por las preocupaciones que había causado.

Todo se perdonó cuando Elsita le dio los brazos a Aioros, y este la cargó. La nena le jaló el cabello, haciendo que el chico hiciera una leve mueca.

-Bah, solo faltaba Elsita de golpearme por lo tonto que fui- dijo Aioros, un poco dolido, haciendo reír a las chicas. Tras revolverle el cabello, la regresó a su papá y le ofreció el brazo a Sofi- si nos disculpan, creo que ambos tenemos que descansar-

Sofi sonrió agradecida con Casandra y Saga, y tras despedirse, acompañó a Aioros al templo de Sagitario. Una vez que se fueron, los gemelos se miraron entre sí. Elsita, quien estaba en los brazos de Kanon, extendió los brazos hacia Saga, quien sonriendo la recibió. Después, la nena miró con ojos grandes a Kanon y le dio los brazos a él.

-Ah, dejen de jugar con ella así- dijo Casandra, exasperada- son gemelos, ¡la confunden!-

-Solo nos confunde cuando está despierta, Casy- dijo Saga, recibiéndola de nuevo de regreso- cuando está dormida, reconoce bien los brazos de Kanon. Creo que no le gustan los míos-

Kanon sonrió levemente. Recibió de nuevo a la pequeña de brazos de su gemelo, y ésta se acurrucó, como comprobando las palabras de Saga.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Esta actualización un día antes de lo planeado se debe a que mañana y pasado mañana (24 y 25) son días familiares obligatorios. Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por todos sus reviews. Nos leemos pronto. Pasen una muy Feliz Navidad! Este fic continúa el lunes 26 de diciembre. Un abrazo a todos!

Abby L.