COINCIDENCIAS
VIII. EL OLVIDO
FLASHBACK
Albafica miró disimuladamente, refugiado detrás de las columnas del templo de Piscis, mientras Agasha cruzaba hacia el templo del Patriarca. Una vez que la chica desapareció hacia el templo del Patriarca, el santo dorado se sentó en el suelo, deteniendo su cabeza con sus manos. ¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Porqué estaba pensando en eso? ¡Eso estaba prohibido en la orden de Athena!
Bueno, no estaba prohibido, pero su conciencia le decía que no debía enredarse con ella. La guerra santa estaba a la vuelta de la esquina, y si él moría, rompería el corazón a la pobre chica. De hecho, estaba el matrimonio arreglado con el hijo del panadero, por el que se encontró a Agasha llorando. ¡Cómo deseaba Albafica ser el hijo del panadero, y no un santo de Athena con la sangre envenenada!
Albafica salió de su escondite, y comenzó a caminar en círculos. ¡Adoraba a esa bella aldeana! Esos últimos meses había pasado tanto tiempo con ella. Era la única que lo entendía, era la única que podía entender la belleza de las flores tanto como él. Tenía bonitos ojos, y era guapa. ¿Porqué no podía tener lo que deseaba su corazón?
-¿Señor Albafica?-
El santo dorado dio un respingo de sorpresa, y se volvió. Agasha estaba ahí, recién regresando de las habitaciones del Patriarca, mirándolo interrogante.
-Hola, Agasha- dijo Albafica, sus mejillas tiñéndose de rojo- ¿vienes de nuevo de dejar las flores con el Patriarca?-
-Sí, fui a dejarle las flores directamente a la señorita Athena esta vez- dijo la chica, con una amplia sonrisa- claro, nuestras flores nunca serán tan bonitas como sus rosas, señor Albafica-
-Bueno, pero sabes que mis rosas tienen otro propósito- dijo Albafica, cabizbajo. Agasha lo notó triste, y extendió su mano para consolarlo, pero el santo dio un respingo y se alejó de ella- ¡no me toques!-
-Lo lamento- dijo ella, ruborizándose y bajando la mirada- creí… creí que podía… lo lamento mucho-
-No, yo lo siento- dijo Albafica a su vez- es la costumbre…-
Agasha sonrió y se acercó al santo dorado tanto que casi pudieron rozar sus narices. Cuando lo hicieron, Albafica no se contuvo y, tomándola por la cintura, se inclinó para besarla. Agasha se asustó en un principio, pero pronto sonrió y lo besó también. Ambos se besaron hasta que se dieron cuenta de lo que hacían.
-Lo lamento- dijeron los dos cuando se separaron. La chica le tomó la mano.
-Agasha, no debemos hacer esto- dijo él, intentando recuperar el aliento- no tengo nada que ofrecerte. Soy un santo dorado, pero la guerra santa está a punto de comenzar, y es poco probable que sobreviva. Yo…- pero un beso de la chica lo interrumpió.
-Te amo, Albafica- le dijo ella.
-Y yo te amo a ti, Agasha…- dijo el santo dorado.
FIN DEL FLASHBACK
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Morphia, Mundo de los Sueños, Inframundo
Hypnos había escuchado atentamente lo que Minos le había relatado, y tras mucho meditarlo, decidió concederle su petición. Llamó a Morpheus, y éste lo acompañó al Mundo de los Sueños, a su reino.
Desde que Hades había hecho ese trato con Athena, una de las cláusulas había sido enviar a los santos dorados de guerras santas anteriores al mundo de los sueños, en vez de que sufrieran eternamente en el infierno helado de Cocytos. Y había un santo dorado muerto en específico con el que Minos quería hablar muy seriamente.
El juez de Grifo pasó por varias de las prisiones, siguiendo a Morpheus, hasta que llegaron a una en especial. Minos suspiró mientras que Morpheus se retiraba para dejarlo solo. Dio un paso adelante, y se introdujo bajo el arco de la prisión.
El santo dorado lo esperaba ahí, de pie, con los brazos cruzados y una mirada un tanto arrogante. Minos ya casi no lo recordaba así, limpio y pulcro, sin ninguna herida. Casi se sintió avergonzado por haberlo destrozado en el pasado, hace todos esos años. Si se hubieran conocido en otras circunstancias, quizá hubieran sido amigos, ¿o no? Nunca lo sabría. El destino había propuesto otra cosa. Y hablando del destino…
El santo dorado se acercó a él.
-Albafica…- dijo Minos en voz baja.
-Minos…- dijo Albafica a su vez, reconociéndolo, pero dirigiéndole una mirada de desdén- supuse que vendrías a visitarme-
Minos se mordió el labio. ¿Era que sus sospechas fueron correctas?
-Creí que eras un santo dorado serio y decente, pero te portaste mal, Albafica, ¿no es así?- dijo Minos en voz baja- con esa chica de Rodorio-
Albafica no dijo nada, pero el espectro se llevó una mano a la frente, y abriendo los ojos desmesuradamente al entender lo que había pasado. Lo que él, Minos, estuvo a punto de hacerle a Agasha.
-¡Por todo el tártaro! ¿estaba embarazada cuando…?- dijo Minos, con una expresión sumamente culpable en su mirada- yo… no sabía que ella estaba esperando un hijo tuyo cuando la ataqué…-
-Como si eso te hubiera detenido, Minos- dijo Albafica, cruzándose de brazos y entrecerrando los ojos- si la atacaste por tener una rosa en su vestido, por asociarse conmigo, la hubieras aniquilado en el momento si hubieras sabido…-
Minos bajó la cabeza, algo avergonzado. Albafica tenía razón. Casi había destruido a Agasha. ¿Qué era lo que había hecho? El espectro bajó la mirada, lleno de culpabilidad, cosa que hizo que el antiguo santo de Piscis alzara las cejas.
-¿Te arrepientes de ello?- dijo Albafica.
-No presiones tu suerte, niño bonito- dijo Minos en un tono sarcástico, sacudiendo la cabeza y cruzándose de brazos- créeme que no estoy aquí por ti-
-Sabes que odio que me digan eso- dijo Albafica con un gesto fastidiado- y sé que no lo haces por mí. Lo haces por Aria- rió por lo bajo- ¡vaya que los dioses tienen sentido del humor! Que fuera tu destino encontrarte con mi descendiente doce generaciones después…-
Minos lo vio con cara de circunstancias. Entonces era cierto.
-¿Qué sucedió con ella, Albafica?- dijo Minos en voz baja. El antiguo santo dorado hizo una mueca, pero el espectro continuó- quiero entender lo que pasó para poder ayudarla. ¿Quieres contarme?-
Albafica respiró hondo.
-Yo amaba a Agasha- dijo Albafica, con una expresión de culpabilidad- sabía que no debía, pero…- y le contó lo que había pasado anteriormente. Minos escuchó atentamente el relato de Albafica. Al llegar a ese punto, el antiguo santo dorado dejó escapar un suspiro.
-Ajá…- dijo Minos, sonriendo de pronto y alzando las cejas- entonces una cosa llevó a la otra. Ya entendí-
Albafica puso cara de circunstancias, y se ruborizó levemente.
-Supe que Agasha escribió una carta- dijo Albafica- explicando a nuestro hijo, y a sus hijos, lo que había pasado conmigo… y el hecho de que yo había muerto en tus manos. En este momento, esa carta está en poder de su hermano mayor. Aria no lo dabe, pero Lucca sí está al tanto-
-No es necesario- dijo Minos- ella recordaba todo lo que pasó. Tuvo como una… visión, de mí destruyendo el pueblo de Rodorio-
-Yo se la envié- dijo Albafica, frunciendo el entrecejo- en un principio intenté alejarla de ti. No quiero que resulte lastimada, como estuviste a punto de hacer con Agasha…-
-¡Yo no la lastimaría jamás!- exclamó Minos, ofendido, pero bajó la voz y la mirada- oye, discúlpame por, ya sabes, asesinarte. Si te sirve de consuelo, yo… lamento mucho haberlo hecho-
-No era nada personal, lo sé- dijo Albafica con una sonrisa curiosa- tú también terminaste muy mal. Minos- añadió, haciendo que el espectro alzara los ojos- cuídala, por favor. No dejes que ningún daño caiga sobre ella-
-Entonces, ¿tengo tu permiso de contarle todo esto?- dijo el juez.
-Si lo crees conveniente- dijo el antiguo santo de Piscis. Minos sonrió levemente, y salió de la prisión de sueño de Albafica.
"Gracias", pensó Minos "no hubiéramos sido malos amigos, si no fuéramos enemigos".
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Almacén abandonado, lugar desconocido, Atenas
Ikki era muy bueno en eso. Había entrado sigilosamente por una de las ventanas, y se había escondido detrás de una de las enormes cajas de materiales cerca de donde los hombres se encontraban vigilando. El santo de Fénix no hizo un solo ruido, y esperó pacientemente a que los desconocidos dijeran algo que valiera la pena.
Cabe mencionar que los hombres estaban bebiendo, y los hombres que han bebido suelen meter la pata más fácilmente.
-El señor Bellini dijo que el asunto se le está escapando de las manos- dijo uno de los enemigos, tras unas horas de conversación aburrida- esta noche finalizarán los preparativos, y mañana se moverán a atacar el Santuario de Athena-
-¿Está seguro que eso es sabio?- preguntó el otro hombre.
-Sí, por supuesto- dijo el primero- los santos de Athena estarán ocupados, y después el…-
Lo siguiente no lo pudo escuchar bien, pues alguien más llegó y comenzó a reír sonoramente. Ikki se mordió el labio, y decidió ir a reportar lo poco que había averiguado. Los santos de Athena estarían avisados.
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Apartamento en Atenas
Poco antes
Cuando Aria entró a su apartamento, se encontró a su hermano y a Mario esperándola, brazos cruzados y una mirada grave. La chica alzó las cejas al verlos así.
-¿Sucedió algo malo?- dijo Aria, mirando alternadamente a los dos chicos.
-¿Dónde estuviste el día de hoy?- preguntó Lucca.
-En el Santuario de Athena- dijo ella, frunciendo el entrecejo- ¿y que es este interrogatorio de nuevo? Creí que ayer habíamos hablado de esto. ¿Habrá un día que no me preguntes que hice o donde estaba?-
-No cambies el tema, Aria- insistió Lucca, mientras que Mario encendía otro cigarrillo- ¿qué fuiste a hacer allá?¿con quien estabas?-
-Fui a arreglar el desastre que causaste con Sofi- dijo Aria, y tosió un par de veces- coff… cofff… Mario, ¿en serio tienes que fumar aquí dentro?¡Al menos abre la ventana!-
-Esto es más serio que el asunto con Sofi, Aria- dijo Lucca, cruzando su brazos- ¿con quién has estado estos días?-
-Con un buen amigo- dijo Aria, alzando una ceja, sin entender que era lo que se proponía su hermano- ¿sabes que? No tengo que estar escuchándole, Lucca…-
Aria se dirigió a su habitación a paso firme, pero Lucca la detuvo del brazo.
-¿Estabas con un espectro llamado Minos?- dijo su hermano. Aria lo miró en silencio con una expresión furiosa- porque si lo es, no debes verlo más, ¡es peligroso!-
Aria se soltó de él con un gesto.
-¡Déjame!- dijo Aria molesta- tú eres la última persona que tienes que estar diciéndome si salgo o no con alguna persona…-
Lucca no se dio por vencido. Volvió a tomarla del brazo, y la hizo caminar hacia la mesa. De un empujón la hizo sentarse en una de las sillas, y puso un viejo trozo de papel frente a ella.
-¿Qué rayos es esto?- comenzó Aria.
-¡Léelo!- dijo Lucca- para que veas que tipo de persona es el espectro Minos de Grifo-
Aria se sonrojó de enojo, pero hizo lo que su hermano le dijo. La chica bajó la mirada y comenzó a leer el documento. Era una carta de trescientos años de antigüedad, escrita por una mujer llamada Agasha. Describía que ella había tenido un hijo con el santo de Piscis Albafica, y que un espectro llamado Minos de Grifo lo asesinó en la guerra santa de Athena contra Hades. Al final, estaba escrito, con diferentes tintas y en diferentes tiempos, los descendientes de esa pareja. Al final de la lista, en la onceava generación, Aria encontró el nombre de su padre, y justo abajo el suyo y el de Lucca.
"Oh", pensó ella "Albafica y Agasha eran nuestros…"
Claro, era una sorpresa para ella el ser tarara...nieta de un santo de Athena, pero ¿y eso que?
-Esto no me impresiona- dijo Aria- y todo esto ya lo sabía. Minos fue sincero conmigo sobre esto, la guerra santa y su pelea contra Albafica. No sabía que nosotros descendíamos de él, pero no veo porqué sea importante-
-¡Estás con un espectro asesino!- dijo Lucca- estás haciendo amistad con la persona que destruyó nuestra familia-
Aria se mordió el labio. Sí era cierto que Minos había hecho todas esas cosas en el pasado, pero finalmente estaba arrepentido. Ella miró sus ojos, y en ellos vio que no mentía, que le hablaba desde su corazón. Todos se merecían una segunda oportunidad, ¿no? Hasta el tarado de su hermano. Y hablando de Lucca, éste le puso las manos en los hombros.
-Prométeme que no vas a volver a juntarte con ese espectro- dijo Lucca- no me hagas contarle sobre esto a mamá. No le gustará nada saber que estás con él. Te va a hacer regresar a Italia-
-Piérdete, Lucca, yo haré lo que me dé la gana- dijo ella, y se levantó de la mesa, para cerrar la puerta de su habitación tras de ella.
Lucca se volvió a mirar a Mario, y éste se encogió de hombros y apagó el cigarrillo en el cenicero.
-Te lo dije- dijo Mario- tu hermana no te va a escuchar-
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Octava Prisión, Inframundo
Tras agradecer a Morpheus el favor y a Hypnos su permiso, Minos se dirigió a la salida del Inframundo a paso seguro, dispuesto a regresar al Santuario de Athena para pasar la noche, antes de volver a ver a Aria en la mañana. No iba precisamente feliz, pero caminaba con su amplia sonrisa.
-¿Minos?- lo interrumpió Aiacos al verlo- ¿qué estás haciendo aquí? Creí que estabas en el Santuario de Athena-
Minos se volvió, y notó que Violate estaba con él.
-Hola tortolitos- dijo Minos con su habitual sonrisa traviesa- veo que ya están juntos otra vez. Me da gusto- se rascó la nuca- bajé al Inframundo por una información importante, pero ya regreso a Atenas. ¿Hubo novedades?-
-Ninguna. Solamente han juzgado a Byaku por sus crímenes- le dijo Violate, y lo miró sospechosamente- pero tú te ves diferente. ¿Nos perdimos de algo?-
Minos se ruborizó levemente, pero se volvió rápidamente para darles la espalda, y comenzó a caminar apresuradamente hacia la salida del Inframundo.
-Tengo que irme, nos vemos pronto, tórtolos…- dijo Minos mientras se alejaba. Una vez que se perdió de vista, Aiacos se volvió a Violate.
-Tú también viste que se ruborizó, ¿verdad?- dijo el espectro de Garuda, y Violate asintió con una sonrisa- me pregunto que estará pasando…-
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Apartamento cerca de la Universidad, Atenas
Ya había oscurecido hacía un rato, y Aria se encontraba tumbada en la cama. ¿Qué se creía el bueno para nada de su hermano, para decirle que no podía ver a Minos? ¡Bah! La chica se acostó sobre su lado derecho, mirando hacia la pared, de espaldas a la puerta, y sonrió levemente.
La chica cerró los ojos y se preparó a dormir. Pronto sintió como si comenzara a soñar, la conciencia escapándosele poco a poco. Pero de pronto sintió algo extraño. ¡Había alguien en su habitación! Intentó gritar, pero quien quiera que estuviera ahí, le cubrió la boca. La chica pataleó para soltarse, pero la persona detrás de ella la sacó de la cama y la arrastró unos metros, haciéndola ponerse de pie.
-Shhh, silencio, Aria- dijo la voz masculina, y Aria abrió los ojos grandemente. ¡Ella conocía esa voz! Pataleó de nuevo e intentó soltarse, pero en vano. Aria escuchó algo extraño, el ruido de un frasco destapándose, y sintió un objeto de vidrio acercándose a sus labios.
-Ahora vas a beber esto, mocosa- dijo el hombre, poniéndole el vial en sus labios. Aria palideció y apretó los labios, evitando beber el líquido- ah, eso no te va a servir de nada-
El hombre la soltó por un momento, y le dio un fuerte pisotón en el pie izquierdo. El hueso crujió, y Aria gritó de dolor. Mientras gritaba, el hombre vertió en líquido transparente de su vial en su boca, e involuntariamente bebió un sorbo. Al ver ello, el hombre la lanzo sobre la cama y salió huyendo.
Aria parpadeó repetidamente. Sus bonitos ojos celestes se marcaron con un aro plateado alrededor de sus pupilas. Hizo una mueca y se detuvo su tobillo. ¡Le dolía!
-¡Aaaah!- gritó Aria de nuevo- ¡Lucca!¡Mario!-
Rápidamente ambos estuvieron en su habitación.
-¿Qué sucede, Aria?- dijo Lucca, y miró el tobillo que se estaba sosteniendo- ¿qué pasó contigo?-
-Me duele…- dijo Aria.
-Sí, pero ¿qué pasó?- preguntó Lucca, alzando las cejas.
-No… no recuerdo- dijo Aria, haciendo una expresión de dolor- ¿importa eso? Me duele mucho…-
Lucca y Mario se miraron entre sí, uno mirando sospechosamente al otro. Finalmente, Mario salió hacia la cocina por una bolsa de hielo y Lucca le acercó un analgésico y un vaso con agua.
-Ten, ponla en alto- dijo Mario, poniendo la bolsa de hielo sobre el tobillo de la chica- veremos como sigues en la mañana, a ver si no necesitas ir al médico-
-Gracias, Mario, Lucca- dijo ella sonriendo más aliviada, y volvió a acostarse. Los chicos le desearon buenas noches, y salieron de su habitación. Y Aria se quedó dormida con una sonrisa, sin recordar nada sobre lo que acababa de ocurrir.
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Santuario de Athena
Minos regresó al Santuario de Athena esa noche, ya bastante tarde. Hyoga y Shiryu, los dos santos de bronce, estaban patrullando la entrada, y se sorprendieron de encontrar a Minos. Una vez que el espectro les explicó de que se trataba y porqué estaba ahí, los dos santos de bronce lo dejaron pasar.
Se dirigió al templo para descansar, cuando se encontró a alguien conocido. El Patriarca.
-Llegas tarde, Minos- dijo Shion, cruzándose de brazos.
-Lo lamento, señor Shion- dijo Minos- tuve algo que hacer en el Inframundo- alzó los ojos, y se encontró con los del Patriarca- quise… ir a disculparme con Albafica-
Shion parpadeó. A su edad, no se esperaba sorprenderse por nada, pero esto sí fue una sorpresa. No esperaba que Minos se disculpara alguna vez.
-Vaya, ¿lo viste?- dijo Shion, y Minos asintió- ¿y que te dijo?-
El espectro se ruborizó levemente. No estaba seguro de que fuera buena idea divulgar el secreto del antiguo santo de Piscis.
-Lo lamento, señor Shion, es algo entre él y yo- dijo Minos- si lo vuelvo a ver, me aseguraré de darle sus saludos-
Shion asintió levemente, y sonrió.
-Te recomiendo que te vayas a descansar, Minos- dijo Shion- Ikki de Fénix nos trajo inteligencia que los enemigos planean atacar mañana-
Minos alzó las cejas.
-¿Cómo lo supo Ikki?- dijo el espectro.
-Él es un experto en infiltrarse- dijo Shion- al parecer uno de los enemigos fue descuidado y reveló parte de sus planes. Debes estar alerta- añadió.
-Buenas noches, señor Shion- dijo Minos.
Shion sonrió levemente y, tras darle las buenas noches, se fue a descansar al templo del Patriarca. Minos, por su parte, se fue a dormir con una sonrisa.
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Elysion, Inframundo
A la mañana siguiente, Hypnos se encontraba en el jardín de su palacio en Elysion, tomando su habitual té. Estaba agradecido con Victoria, quien le había llevado una caja de Earl Grey, y el dios del Sueño lo estaba disfrutando. Pronto lo interrumpió Thanatos, quien se sentó frente a él, tomando una taza y sirviéndose también.
-Esto es extraño, Thanatos, que hayas venido a charlar conmigo- dijo Hypnos, sonriendo levemente- ¿dónde está Agatha?-
-Está en Giudecca, con la señora Perséfone- dijo Thanatos en voz baja.
-Es raro que vengas a charlar conmigo- repitió el dios del sueño.
-¿Estás celoso?- dijo Thanatos, con una sonrisa traviesa, que hizo reír a su gemelo.
-Eso quisieras…- dijo Hypnos.
Thanatos dio un sorbo a su té tras reír en voz baja. Amaba a su chica, pero sabía que su hermano gemelo había estado muy solo últimamente, y decidió pasar un tiempo con él, si acaso un té para darle la oportunidad de charlar juntos.
-¿Sabes algo?- dijo Hypnos- ayer Minos vino a buscarme con una petición extraña-
Thanatos alzó las cejas, esperando pacientemente a que su hermano le contara.
-Quería hablar con un santo dorado de la guerra santa previa- dijo Hypnos.
-Quizá encontró algo extraño- dijo Thanatos, dándole otro sorbo al té- no me preocuparía por él, Hypnos-
Hypnos suspiró.
-Espero que tengas razón- dijo el dios del sueño- no sé porqué, tengo un mal presentimiento sobre Minos- bajó los ojos- quizá deberíamos decir al señor Hades que considere enviar a alguien más en su lugar…-
-Ni hablar- dijo Thanatos- Minos es el juez más poderoso. Además, si llega a estar en problemas, podemos enviar a Radamanthys y Aiacos a ayudarle…-
Hypnos bajó los ojos y miró el té.
-Espero que tengas razón, Thanatos- dijo su gemelo- tengo una corazonada de que las cosas no se quedarán tan tranquilas como están en este momento…-
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Salida de la Universidad de Atenas
Al día siguiente
Pasado el mediodía, Minos salió del Santuario de Athena a buscar a Aria. Estaba sonriente con la expectativa de encontrarse con ella. Incluso había comprado una pequeña rosa color durazno, que estaba seguro que le gustaría. Se sentó en una banca a esperar.
No esperó mucho tiempo cuando vio a Aria salir de la puerta principal de la universidad y comenzar a caminar hacia donde él se encontraba. Minos se levantó al verla llegar, pero la chica pasó de lado junto a él, como si no lo hubiera visto. Minos alzó las cejas, confundido. ¿Qué estaba pasando? Sin pensarlo de nuevo, el espectro se giró y se apresuró a alcanzarla.
-Aria- dijo Minos, trotando un poco para alcanzarla- Aria, espera…-
Aria se detuvo y se volvió hacia él, con una expresión educada y confundida, como si quisiera reconocerlo.
-Buenos días- dijo ella, inclinándose levemente- ¿cómo sabes mi nombre?-
Minos frunció el entrecejo. Si esto era una broma, no era nada graciosa. Pero no podía ser una broma, ¿o sí? Lo poco que conocía de Aria, ella era transparente, y no podría actuar una broma así. Pero al final, Minos preguntó.
-¿Es una broma, Aria?- dijo Minos- soy yo, Minos…-
Aria lo miró con curiosidad y con atención, como si quisiera reconocerlo pero no podía.
-Eh… ¿nos conocemos?- dijo ella.
Minos suspiró exasperado. Entonces, ¿Aria estaba bromeando? ¿O fingiendo que no lo conocía? ¿Porqué? Si el día anterior hasta se habían… Minos sacudió la cabeza. Alzó la mirada y vio que Aria seguía mirándolo con interés, pero confundida, como si quisiera reconocerlo o entender como él la conocía.
-¿No me recuerdas?- dijo Minos.
-Eh… ¿alguna vez has estado en Roma o en Verona?- dijo Aria, cambiando su expresión curiosa a una mortificada- discúlpame, la verdad no te recuerdo…-
-Ayer fuimos al Santuario de Athena- dijo Minos- y antier estuvimos en Rodorio…-
-Ah, tengo una amiga en el Santuario de Athena- dijo Aria, sonriendo- hace años que no la veo. Pero, en serio, aún no te reconozco…-
El espectro no entendía lo que estaba pasando. Y fue entonces cuando lo vio. Un brillo plateado en sus ojos. Minos la tomó de la cabeza con las dos manos para mirar mejor, haciendo que Aria diera un respingo de sorpresa por el movimiento brusco. Minos lo ignoró por un momento, y fue cuando miró bien el aro plateado brillando alrededor de las pupilas de Aria. La soltó con una expresión horrorizada. ¡Ya sabía porqué Aria no lo reconocía!
-No, eso no…- dijo Minos, dando un paso atrás- tú no… oh, dioses, por favor no…-
Aria parpadeó repetidamente mientras Minos se dejó caer sentado al suelo, sosteniendo su cabeza con sus manos y apretando los ojos. Se sintió nauseoso. ¿Porqué? ¿Porqué a ella? ¿Cómo había sucedido eso?¿Quién se había atrevido a hacerle algo así? El joven espectro sacudió la cabeza de un lado al otro. No podía creer lo que estaba pasando.
-No te encuentras bien- escuchó a Aria comentar, poniéndole una mano en el hombro, con un tono de voz realmente preocupado- ¿necesitas ayuda?-
Minos levantó la mirada hacia ella, y la observó con una gran tristeza. Aquello no era justo. ¿Cómo le habían hecho algo tan cruel a Aria? ¿Quién había sido?¿Y porqué? El espectro se levantó ante una muy confundida Aria, la tomó por el mentón y la besó levemente en la mejilla. Ella se quedó helada, sin saber que pensar de un extraño haciendo eso. Minos puso la rosa en sus manos.
-No te preocupes, estoy a punto de arreglar todo, Aria- dijo Minos en voz baja- vas a estar bien-
Y antes de que Aria pudiera responder o reaccionar, el espectro salió corriendo hacia una de las entradas del Inframundo, con la chica en su pensamiento. No sabía quien la había hecho beber agua del río Lethe, pero lo iba a averiguar, ¡y pobre de quien lo haya hecho!
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que hayan pasado muy Feliz Navidad. Ojalá que les haya gustado este capítulo. Las cosas se están poniendo intensas. De aquí en delante recomiendo pelotitas anti-estrés (Misao-CG). Muchas gracias por seguir leyendo, y sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
