COINCIDENCIAS

X. AURORAS BOREALES

FLASHBACK

Año 50 después de la guerra santa del siglo XVIII

Monasterio a las afueras de Rodorio

La delgada mujer tosía sin parar, mientras el joven tomaba sus manos con aprensión y le acercaba un pañuelo.

-Tranquila, mamá, no te agites- dijo el chico, dejándole el pañuelo y tomando un vaso de la mesita de noche, sirviendo un poco de agua en él y acercándoselo a los labios- tienes que reposar, para que te puedas mejorar y…-

-Hijo, sabes que mi hora está cerca- dijo la mujer, sonriendo con cariño y extendiendo su mano hacia él, tocándole el rostro con cariño y sonriendo. Su hijo tenía un rostro muy bello, un poco redondo, y enormes ojos azules. Esos ojos…- me recuerdas mucho a tu padre-

-Me hubiera gustado haberlo conocido, mamá- dijo el chico- estoy seguro que le encantaría tu jardín, aquí en el monasterio-

-Se acerca la hora en la que volveré a verlo- sonrió la mujer- después de cincuenta largos años, por fin volveré a estar con Albafica. Y esta maldición de no estar con el hombre que amo por fin va a terminar-

El chico parpadeó varias veces para hacer desaparecer las pequeñas lágrimas que se asomaban por sus ojos. La mujer volvió a sonreír. Cada día que pasaba, su hijo se parecía mucho más a Albafica. Estaba feliz de tenerlo, era el recordatorio de los hermosos meses que había pasado con él.

-Estoy segura de que tu padre estará muy orgulloso de ti cuando le cuente en lo que te has convertido- dijo Agasha- no llores, hijo. Nos veremos de nuevo un día… aunque espero que no demasiado pronto-

Su hijo no pudo ya contener las lágrimas. Agasha volvió a extender su brazo hacia él, acariciando su rostro con cariño, mientras su hijo, a pesar de ser ya un adulto, lloraba como si fuera un niño pequeño.

-No olvides de donde vienes, hijo- le dijo Agasha.

FIN DEL FLASHBACK

x-x-x

Jardín Botánico, Monasterio de Kesariani, afueras de Atenas

Al mismo tiempo

Los tres jueces del Inframundo se apresuraron hacia el jardín botánico. Tan pronto como entraron, los generales sintieron el fuerte aroma de las flores en ese sitio. Minos estornudó un par de veces y se frotó la nariz, pero no se detuvo y siguió buscando a la chica. Estaba muy preocupado, y con muy buena razón, ya que sentía los cosmos enemigos tan cerca. ¿Aria estaría bien?

-No me gusta esta situación ni un poco- Minos escuchó decir a Aiacos, y Radamanthys gruñó en voz baja. El espectro no les hizo caso.

Pronto los encontraron. Al final del jardín, junto a la entrada del monasterio, estaba Mario con Aria y con varios hombres vistiendo armaduras negras. Los tres jueces se detuvieron frente a ellos, preparándose para pelear.

-Mira, si son los tres jueces del Inframundo- dijo uno de los hombres usando armaduras negras- y yo que pensé que vendrían solo santos de Athena-

-Desde que te metiste con Aria no me dejaste opción- dijo Minos, con su cosmo agresivamente encendido.

Aria lo miró con curiosidad al escuchar su nombre. Era el mismo chico de hacía un rato, ahora vestido con una enorme, imponente y quizá aterradora armadura negra. Pero aún no podía reconocerlo ni recordarlo. Pero ese no era el motivo de la curiosidad de Aria, sino pensar que porqué alguien a quien no conocía se preocupaba tanto con él.

Los otros dos jueces encendieron sus cosmos también, pero pronto sintieron otro mucho más poderoso que el de los enemigos o que el de ellos mismos, rodeándolos y haciéndolos sentir extraño, como si sus corazones se encogieran. Aiacos abrió los ojos grandemente al reconocerlo.

-Es Deimos- dijo el espectro de Garuda en voz alta, poniéndose en guardia- está aquí…no bajen la guardia-

Minos y Radamanthys alzaron los ojos. Los enemigos incluso habían soltado a Aria, quien no estaba consciente del peligro, encontrándose entre dos grupos de hombres. Minos sintió el impulso de caminar hacia ella, pero estaba demasiado cerca de los enemigos, y se arriesgaba a que la lastimaran en algún forcejeo. El espectro tragó saliva.

De pronto, y sin que nadie hiciera nada, Minos notó que a su izquierda Aiacos cayó de rodillas. El casco de su sapuri cayó al suelo haciendo un ruido metálico, y el chico se llevó las manos a la cabeza, dando un fuerte grito de dolor. Aria dio un respingo de sorpresa, y Minos y Radamanthys se volvieron preocupados hacia Aiacos.

-¡Aiacos!- dijeron los dos jueces, preocupados. Minos, que era el que estaba más cerca, se aproximó a él y le puso la mano en el hombro. El espectro de Garuda solo repetía una palabra sin parar.

-Violate… Violate…- murmuraba Aiacos. Minos lo miró, preocupado, y después se volvió a mirar a los enemigos. Todo eso se sentía terriblemente familiar. Aria había regresado al lado de su primo, mientras que veía a Aiacos con algo de temor.

-Vaya, él es el más débil de los jueces del Inframundo- dijo Mario casualmente, volviéndose a Aria, quien seguía sin entender que era lo que estaba sucediendo. La chica solo podía intuir que algo no estaba bien, y se mantenía cerca de su pi¡rimo, donde pensaba que iba a estar más seguro.

-¿Qué le hiciste?- quiso saber Radamanthys.

-Nosotros nada- dijo Mario- es el señor Deimos quien está atacándolo. Él esta viendo en su mente su peor pesadilla: la muerte y el sufrimiento de la persona a quien más ama en el mundo-

Minos tragó saliva, y se llevó una mano al pecho. Le dolía de una extraña manera, como si estuviera a punto de desvanecerse, como si sintiera un presentimiento terrible. El espectro de Grifo iba a decir algo, cuando Radamanthys fue quien cayó de rodillas al suelo, en la misma posición que Aiacos, haciendo gestos de dolor, deteniéndose la cabeza con ambas manos, temblando y repitiendo en voz baja el nombre de Victoria. Minos se volvió hacia los enemigos con los dientes apretados.

-¡Déjalos en paz, maldito!- dijo Minos, alzando la voz, molesto por el truco- ¿porqué les estás haciendo eso? ¡Eso es jugar sucio!- hizo una pausa y, al no obtener respuesta y sentir su corazón estrujándose aún más- ¿o eres lo bastante cobarde como para atacar entre las sombras y no dar la cara?-

Como respuesta a la pregunta de Minos, todos los presentes sintieron un poderosísimo cosmo a su alrededor, y tras una brillante luz apareció un hombre de piel blanca y cabellos color plata brillante, usando un kamei de color negro con líneas rojas apareció frente a ellos, a una distancia considerable de los jueces. Minos ya lo había visto una vez, hacía más de un año, en Catania. Era Deimos, dios del Terror.

-Lo mismo hice con ustedes en Catania- dijo el dios del terror, cruzándose de brazos y mirando a Minos por encima del hombro, como si fuera poca cosa- están soñando que sucede algo malo con las personas que aman. Tú no amas a nadie, por eso no te ha afectado. ¿O tal vez sí amas a alguien?- se echó a reír- ¿No te lo habían dicho antes, espectro de Hades? El amor es debilidad-

De pronto, Minos comenzó a sentirlo aún más fuerte. Un dolor horrible en su tripa, un vuelco terrible en su corazón. Y comenzó a ver imágenes terribles. Cosas indescriptiblemente horribles que le pasaban a Aria, justo frente a sus ojos. Cosas impensables, insoportables. Y Minos no podía soportar verlas, no podía soportar imaginarse que algo malo le sucediera a esa chica. ¿Eso significaba que la amaba? Quizá, pero en este momento tenía cosas mas importantes en que pensar.

Minos se detuvo la cabeza con ambas manos y apretó los ojos.

-No…- dijo Minos, sacudiendo la cabeza de un lado al otro- esto no es real. Aria está aquí, y está a salvo… esto no es real…-

-No te resistas, espectro- dijo el dios, apretando una de sus manos- no puedes resistirte a mi poder-

Minos cerró los ojos. En su mente, pudo ver a Aria sufriendo, su blanca piel desgarrándose con horrendos ganchos, la sangre roja manchando su piel y sus ropas. Podía escuchar un terrible grito de dolor que hizo que al espectro se le helara la sangre. Podía ver sus lágrimas mezcladas con sangre. Al final, Minos también cayó de rodillas, igual que los demás.

-No… Aria no, por favor…-

Aria estaba mirando atenta aquella escena, aún oculta detrás de Mario. No podía entender lo que estaba pasando.

-¿Qué está pasando, Mario?- dijo la chica- ¿porqué está así…?-

-¿No lo entiendes, Aria?- dijo Mario- ese espectro de Hades, Minos, está enamorado de ti- se echó a reír- pobre, ni siquiera lo recuerdas, y él está en esas condiciones por ti. ¿Ves lo que te digo? El amor es debilidad…-

Aria miró de Mario hacia Minos. Le daba pena el chico, tumbado en el suelo con esa expresión de dolor, sacudiendo la cabeza de un lado al otro y repitiendo su nombre una y otra vez.

-Detente- le dijo Aria- ¿qué no ves que está sufriendo?-

Mario se echó a reír.

-No creo que entiendas lo que sucede, Aria- dijo Mario- Minos es nuestro enemigo. No solo nuestro, sino tuyo también. Él es un espectro de Hades, que asesinó a uno de tus ancestros. Y merece morir…-

Aria miró a Minos con tristeza. Ese chico a quien no recordaba, ¡estaba sufriendo por ella! Su corazón se conmovió. Minos. Sentía un ruidito en el fondo de su cabeza, que le decía que ese chico era importante para ella. Minos. ¿Porqué no lo recordaba?

-Mario, yo…- dijo Aria, con la intención de acercarse a él para ayudarlo. Mario se dio cuenta y la detuvo, tomándola de un brazo.

-¿A donde crees que vas?- dijo Mario, tirando bruscamente de ella y empujándola hacia atrás, hacia la pared del monasterio- ¡quédate quieta!-

Aria tropezó por el impulso, y se detuvo de la pared para no caer al suelo. Una vez que sus dedos tocaron la pared, la chica sintió un vuelco. El tiempo pareció detenerse de pronto.

Aria miró a su alrededor. Seguía en el mismo sitio, en el jardín botánico junto al monasterio, pero parecía casi un lugar distinto. Era de día, no de noche, y no había hombres en armadura ni espectros de Hades, no estaba su primo tampoco. Había una mujer, una hermosa mujer, cuidando de algunas de las plantas. La chica parpadeó. La mujer se parecía un poco a ella, solo un poco.

-Ella es Agasha- dijo una voz masculina detrás de ella. Aria dio un respingo. Se volvió y vio un hombre que le parecía muy conocido, y a la vez, una que nunca la había visto en su vida. Ese rostro le parecía bastante familiar.

-Agasha vivió aquí por muchos años, después de mi muerte, y creó este hermoso jardín…- dijo el hombre.

-¿Quien eres tú?- dijo Aria.

-Ya sabes quien soy- dijo el hombre, sonriendo benévolamente.

-¿Eres… familiar mío?- dijo Aria, tocándose su rostro levemente, sorprendida por el parecido entre los rostros de ambos- ¿es cierto todo lo que han dicho?-

Albafica sonrió benévolamente.

-Soy Albafica, santo de Piscis del siglo XVIII. Y soy ancestro tuyo, de quien Mario habló anteriormente- sonrió el santo dorado- no te preocupes, lo recordarás…-

La chica bajó la mirada.

-¿Quién es ese chico, Minos?- dijo ella- ¿es cierto que me ama?¿porqué no lo recuerdo?-

-Mario te hizo beber agua del río Lethe- le explico Albafica- y por eso lo has olvidado. Pero creo que sí te ama en verdad. Si tenía alguna duda, ahora estoy seguro-

Aria sonrió tristemente.

-No lo recuerdo- dijo ella- ¡está sufriendo por mí, y yo no lo recuerdo!¿Cómo puede ser esto?-

Albafica se acercó a ella, y acarició su rostro con cuidado. La chica nuevamente sonrió tristemente. El santo dorado la besó en la frente y le ofreció un pequeño frasco con un líquido transparente.

-¿Qué es esto?- dijo ella, tomando el frasco.

-Es agua del río Mnemosine- dijo Albafica- Mario también es descendiente mío, y cuando supe que el agua del Lethe había llegado a sus manos, procuré éste vial en caso de que fuera necesario-

-¿Cómo…?-

-Vivo en el Inframundo- dijo simplemente Albafica- no fue fácil, pero quiero que seas feliz, y que recuerdes lo que sucedió. Tu flor, la salvia, no va a servir de nada, al menos no para recordar lo que pasó- bajó la mirada- Agasha y yo estamos siguiéndote y protegiéndote, Aria-

Aria sonrió, y miró el vial.

-Este vial me hará recordar…- comenzó a decir Aria- recordar a ese chico, Minos. ¿Realmente quiero recordarlo?-

El santo dorado sonrió amplamente.

-Por supuesto- dijo Albafica- él te ama, y tu lo amas a él. Tu corazón lo sabe, seguramente brinca de contento cuando escuchas su voz- la chica bajó la mirada, algo ruborizada. Albafica señaló el vial en manos de Aria- bébelo, y averígualo-

Y antes de que la chica pudiera agradecerlo, regresó de golpe a la realidad.

Aria abrió los ojos. Mario apenas la había lanzado contra la pared, y ella tenía el vial en sus manos. Miró alternadamente a su primo, y a Minos, que seguía en el suelo, retorciéndose de dolor y repitiendo su nombre. La chica decidió destapar el vial y, antes de que los enemigos se dieran cuenta o pudieran detenerla, bebió el contenido del vial.

Se volvió a Minos, y abrió sus ojos desmesuradamente.

-¡Minos!- dijo ella, mientras que se abría paso entre los enemigos y corría hacia el espectro caído, quien ya tenía la frente pegada al suelo. Con esfuerzo lo hizo levantar la cabeza, y notó que apretaba los ojos de dolor. Lo sacudió levemente- Minos, ¡Minos! Despierta, es una pesadilla…-

-¡No!¡Detente!- gritó Mario, acercándose a ella, con toda la intención de hacerla soltar a Minos- ¡aléjate de él!-

-Minos, despierta por favor- dijo Aria, tomando el rostro de Minos entre sus manos y besándolo en la mejilla, antes de que Mario llegara a alejarla del juez- no, Mario, déjame…-

Mario la tomó por la cintura, levantándola un poco del suelo, y la alejó de Minos, a pesar de los reclamos y pataleos de la chica. Apenas se hubo alejado unos pasos cuando una fuerza invisible separó a Aria de Mario, y la tirarla directamente hacia donde se encontraba Minos. Era como si fuera tirada por hilos. Hilos invisibles.

Minos había despertado, y miraba furioso al chico que había arrastrado a Aria. Tenía su cosmo encendido, los brazos extendidos y sus dedos preparando el ataque que había usado para separa a Aria de donde se encontraba Mario. Una vez que la chica llegó a su alcance, el espectro la abrazó aliviado.

-Aria, que bueno que estás a salvo- dijo Minos en voz baja, con una leve sonrisa- estaba muy preocupado por ti-

-¡Minos!- dijo ella, sonriendo ampliamente- estás bien, Minos…-

-Gracias a ti- dijo el espectro- ¿tú estás bien?-

Aria asintió, sonriente. Minos continuó sin soltarla, con una de sus manos en la cintura de la chica, y se volvió a los enemigos. El dios Deimos estaba ahí con ellos. Minos frunció el entrecejo. Iba a ser difícil mantener a salvo a Aria y pelear contra un dios él solo. Radamanthys y Aiacos no daban señales de mejorar.

-¿Cómo es posible esto?- dijo Mario, sorprendido de igual manera que Minos hubiera podido despertar y que Aria hubiera recordado quien era Minos- ¡yo le di el agua del Lethe! No debió haber recordado nada-

Minos frunció el entrecejo y se preparó para atacarlo, pero Deimos se puso frente a él.

-Lástima, espectro, iba a perdonarla, pero parece que ambos van a morir aquí- dijo el dios del terror.

Deimos atacó a Minos con su poder. Éste le dio la espalda y envolvió a Aria con sus alas, intentando protegerla. Ambos salieron volando unos metros y cayeron en una de las sendas del jardín, Aria de espaldas sobre el suelo y Minos sobre ella. A pesar de estar herido, el espectro le sonrió.

-¿Estás bien, Ari?- le dijo Minos. Ella asintió, abriendo los ojos grandemente.

-Estás herido, Minos- dijo ella con una expresión preocupada- no me protejas. ¡Tienes que pelear y vencerlo!-

Minos sonrió, mostrándole los colmillos, y Aria sonrió también.

-Estaremos bien…- dijo Minos, levantándose y volviéndose hacia el dios, extendiendo sus brazos y las alas de su armadura, en una actitud protectora.

-Un ataque más, espectro- dijo Deimos, encendiendo su cosmo- despídete…-

Pero antes de que algo más sucediera, todos los presentes escucharon resonar a su alrededor una voz femenina.

-¿Y de dónde salieron las auroras boreales, mamá?, preguntó la niña. No se sabe exactamente, le contestó su madre, pero escuché que un zorro cruza las mesetas árticas e ilumina el cielo con las chispas que se desprenden de su cola al arremolinarse la nieve- escucharon.

Todos los presentes, Minos y enemigos, incluso el dios, se volvieron hacia el sitio donde surgía la voz. Deimos palideció al ver de quien se trataba.

Satu estaba de pie frente a ellos sobre el techo del monasterio, con un libro entre sus manos y una sonrisa desafiante. De cada lado de ella estaba de pie uno de los gemelos de Géminis, Saga usando la armadura, y Kanon vestido de civil, cruzado de brazos, muy cerca de Satu. Ikki de Fénix estaba también junto a ellos, preparado para atacar. Deimos fue rodeado por un halo de energía, igual que su hermano Phobos hacía casi un año.

-No….¡NOOOOO!- gritó el dios, mientras desaparecía absorbido por el poder de Satu, encerrado en un pedazo de papel en el libro de cuentos.

Tan pronto como Deimos desapareció, Radamanthys y Aiacos fueron liberados de su poder, y por fin respiraron aliviados.

-¿Qué rayos…?- comenzó Radamanthys, parpadeando repetidamente, mientras que Aiacos sacudía la cabeza, como si pudiera sacudirse el pensamiento de lo que había visto. El espectro de Garuda miró a Minos, interrogante, pero éste sonrió y se volvió a los enemigos.

-¡Maldita perra!- gritó Mario- ¡libera al señor Deimos en este instante!-

Algunos de los enemigos se dispusieron a atacar a la chica. Saga e Ikki se lanzaron a contraatacarlos, mientras que Kanon abría un portal a otra dimensión y desaparecía por él junto con Satu. El santo de Géminis, quien saltó contra Mario, casi le tumbó todos los dientes de una bofetada.

-Cuida tu lenguaje, maldito malnacido- dijo Saga entre dientes- es mi cuñada a quien estás insultando-

Radamanthys y Aiacos pronto entendieron lo que había pasado, y se tronaron los nudillos, listos para dar una paliza. Minos dejó a la chica en un lugar seguro.

-Aquí estarás a salvo, Aria- le dijo Minos con una sonrisa- si me disculpas…-

Y, tras darle un beso en la mejilla, Minos encendió su cosmo y se dispuso a atacar. Los espectros estaban furiosos por el mal rato que habían pasado, y no mostraron ningún reparo y nada de piedad. Excepto por el golpe de Saga hacia Mario, los santos de Athena se abstuvieron de pelear, pues vieron que los espectros no necesitaban ayuda y estaban bastante motivados. Finalmente, los tres jueces del Inframundo ganaron por paliza (literal), y todos los enemigos fueron vencidos.

Radamanthys y Aiacos miraron con curiosidad a Minos, quien abrazaba aliviado a Aria.

-Bien, bien, amigo…- dijo Aiacos, dandole una palmada en el hombro- creo que tienes algo que contarnos a nosotros…-

Minos y Aria se miraron, y sonrieron.

-De hecho- dijo Saga- quizá sería buena idea que vengan al Santuario de Athena…-

x-x-x

Santuario de Athena

Poco antes de la pelea

FLASHBACK

Aioros y Sofi estaban en el templo de Sagitario cuando Saga y Kanon llegaron de improviso, vía un portal a otra dimensión. Junto con ellos iban Satu, con Elsita en sus brazos, e Ikki, quien llevaba un libro en sus manos. Al principio, ambos se alarmaron, pensando que algo malo había sucedido con la nena, pero pronto se desengañaron al ver que se encontraba bien.

-Sofi- dijo Kanon- no hay tiempo para explicar. Nosotros cuatro tenemos que ir a una misión. Te encargamos a mi hija-

Antes de que Sofi saliera de su sorpresa, Satu puso a la pequeña en brazos de la pelirroja. La chica rubia besó a la pequeña en la cabeza, y se apresuró a tomar la mano de Kanon.

-No tardamos- dijo Saga en un tono grave, y pronto los cuatro desaparecieron en otro portal.

Aioros y Sofi se miraron entre ellos, sorprendidos, mientras Elsita hacía un puchero al perder de vista a sus papás.

FIN DEL FLASHBACK

Templo del Patriarca

Al terminar la pelea

Sofi estaba aliviada de ver a Kanon y a Satu regresar sanos y salvos. Tras poner el libro que contenía a Deimos en manos del Patriarca, Satu se volvió hacia la pelirroja y tomó a Elsita en sus brazos. Kanon sonrió aliviado. Saga había logrado convencerlo de llevar a Satu al sitio donde se encontraba el malvado dios para que la chica pudiera sellarlo, aprovechando que estaría distraído peleando contra los jueces del Inframundo. Finalmente, las cosas habían salido mucho mejor de lo que habían esperado.

Athena dejó caer su báculo al suelo, y corrió a abrazar a Satu.

-¡Satu!- dijo la joven diosa- ¡menos mal que estás a salvo!- y se volvió hacia los gemelos- eso fue muy peligroso, pero me alegro que haya podido hacerse, y que haya salido tan bien-

-Tenía que hacerse, señorita Athena- le dijo Satu, abrazando a la nena y tomando la mano de Kanon, quien aún estaba cabizbajo y preocupado- no podíamos desperdiciar esta oportunidad. Y gracias a los dioses, todo salió bien…-

-Quizá hemos puesto fin a la guerra contra los dioses Phobos y Deimos- dijo Ikki, cruzado de brazos y apoyado en la columna.

Athena estaba feliz, y se volvió a los espectros de Hades.

-Ustedes tres también nos han ayudado mucho- dijo la diosa- espero que agradezcan a Hades de mi parte. Y muchas gracias, Minos, por haber venido a ayudarnos-

Minos asintió, sin soltar a Aria. Aiacos y Radamanthys no paraban de mirarlo con curiosidad, pues aún no les había contado de que se trataba su relación con la chica. Los tres jueces se despidieron de Athena y de los santos, y se dirigieron de regreso al Inframundo.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustado esta historia. Este capítulo no me quedó tan bien como esperaba, justo hoy se me borró todo y tuve que volverlo a escribir. Espero que haya quedado bien, sin errores. Si encuentran algún error o typo, les agradezco por avisarme. Les agradezco mucho sus reviews. Nos leemos pronto. Aprovecho para desearles FELIZ AÑO NUEVO!. El próximo capítulo (el epílogo) lo subiré el 1 de enero por la tarde. Les mando un abrazo a todos.

Abby L.