Por ti
Capítulo II
Una hora pasó desde aquella presentación. Goku platicaba animadamente con Milk acerca de qué platillos ella sabía preparar y cuáles eran los favoritos de él, aunque basta decir que pasó varios minutos enlistando comida, bueno, al menos los que recordaba. Vegeta seguía apartado de los otros chicos, sólo que ahora se había sentado y recargaba su espalda contra el tronco, meditando acerca de asuntos que sólo él entendía, y mirando a ratos hacia el cielo estrellado. Los gemelos estaban en un extremo alejado del jardín, haciendo comentarios sarcásticos por la estupidez de Goku. Krilin platicaba con Bulma, ambos sentados en una banca que les daba una vista panorámica de aquel lugar. Tal vez esté de más decir que Krilin no prestaba demasiada atención a Bulma, quien se quejaba de que Yamcha había preferido ir a un reclutamiento para entrar a un equipo semi profesional de baseball. Él prefería mirar "discretamente" a la hermosa chica de rubia cabellera, queriendo perderse en la profundidad de sus ojos azules, deseando tan siquiera que ella le dirigiese una corta mirada.
Una voz que parecía lejana lo sacó de su fantasía. Bulma lo miraba con furia.
—Krilin, no me estabas escuchando, ¿verdad? — le reclamó ella.
—Lo siento, Bulma —le dijo él sonrojado, ya que en esos momentos todos los miraban con curiosidad, para después ignorarlos y seguir con lo suyo.
—¿Qué es más importante que escucharme? Espera... —dijo ella en tono de sospecha y dirigiendo su mirada hacia donde estaban los hermanos —. Es por Dieciocho, ¿no? ¡Te gusta! — casi gritó.
Krilin logró taparle la boca antes de que todos se dieran cuenta.
—Puedes soltarme, Krilin —la voz ahogada de Bulma llegó hasta sus oídos, así que asegurándose de su silencio, la soltó.
No obstante, Vegeta los miraba con una ceja levantada, ya que por la acción de Krilin, la chica de cabello azul había quedado en su regazo; una posición muy comprometedora a su parecer. Bulma golpeó a Krilin en la cabeza y arregló su vestido corto de color azul rey, para luego mirar de mala manera hacia Vegeta, ya que había murmurado " insectos" con desdén.
—¿Por qué lo odias tanto? —preguntó el chico sorprendido —. Desde que llegó, no dejan de insultarse mutuamente.
—¡Uy! —exclamó ella frunciendo el ceño y cruzándose de brazos —. Vegeta no es más que un idiota arrogante, orgulloso y frío, que no sabe lo que es respetar a una señorita como yo. Es realmente insoportable, Krilin. No sabes lo que es estar cerca de una persona que no piensa en otra cosa que no sea sí mismo —respondió ella con enfado.
Si se les miraba con detenimiento, eran casi las mismas poses cuando se enojaban. Ambos tenían el ego y el orgullo muy por encima del promedio, aunque Bulma no lo quisiera aceptar. Krilin le hizo notar esas similitudes, cosa que le ganó un golpe más fuerte que el anterior.
—Ese no era el tema de conversación y lo sabes Krilin —dijo ella más calmada —. Te atrae Lázuli y no puedes negarlo: es una chica atractiva, pero te debo advertir que no debes hacerte demasiadas ilusiones con ella —continuó con seriedad en la voz.
Krilin estaba confundido y decepcionado. No era la primera vez que le advertían en no hacerse ilusiones con alguien o algo, pero la confusión era causado por el tono de voz de su amiga. Antes de que pudiera decir algo, miró cómo Milk llevaba arrastrando a Goku dentro del salón, y de un momento a otro él era arrastrado también por Bulma.
Dentro se encontraron con varias parejas que bailaban lentamente al son de la suave música. Milk y Goku estaban justo en el centro del salón, ligeramente sonrojados pero mirándose a los ojos profundamente. Goku tomaba suavemente el talle de Milk, y ella posaba sus manos pequeñas en los fuertes hombros de su acompañante. La tierna escena era observada desde una mesa cercana a la pareja por un hombre de gran tamaño que esbozaba una sonrisa.
Era muy extraño. El comportamiento de su amigo para con Milk era por demás inusual. Hacia unas horas el tema de las chicas no estaba entre sus tópicos preferidos y ahora estaba disfrutando como nunca de la compañía femenina.
La música era relajante y cautivadora, pero antes de que Bulma pudiese iniciar a bailar con Krilin, su padre la llamó nuevamente, por lo que él se quedó recargado en el umbral de la puerta que llevaba hacia el jardín trasero, las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el horizonte. De pronto, un ligero tirón en la parte baja de su saco le hizo mirar a una pequeña niña de cabello rubio cenizo y ojos verdes, que llevaba un vestido rosa y zapatos a juego, quien lo observaba con una sonrisa. Él le sonrió de vuelta y sin más remedio dejó que la pequeña niña lo llevara de la manita hacia la pista de baile.
Los demás presentes miraron con ternura la escena. La pequeña tomaba por las manos a Krilin, en cuyo rostro se formó una gran sonrisa. Tres canciones fueron suficientes para que la pequeña niña pidiera un descanso. Una mujer de unos treinta años y elegante vestido negro se acercó a la singular pareja, dándole las gracias por haber aceptado bailar con si hija.
—No fue nada, su hija es buena bailarina —dijo él aún con una sonrisa.
—Dale las gracias al joven, Marron —pidió la madre suavemente.
La pequeña Marron así lo hizo, despidiéndose de él con la mano.
Krilin consideró que el nombre era lindo, aunque tenía una similitud enorme con el nombre de su ex novia, así que luego de un rato, se dirigió al jardín nuevamente y al no encontrar a nadie ahí, suspiró con pesadez.
—Tal vez Bulma tenga razón, jamás podré cumplir mi sueño, nunca podré casarme —dijo en voz alta.
—Hump, sí, tal vez esa mujer vulgar tenga razón —la voz de Vegeta hizo que se sobresaltara.
No lo había visto. Estaba justo en el mismo sitio, sentado, recargada la espalda contra el tronco de aquel árbol y esbozando una sonrisa mientras mantenía los ojos cerrados.
Y ese era un momento muy incómodo para Krilin.
Su rostro pasó de un segundo a otro de un tono rojizo al pálido extremo. Básicamente un extraño había escuchado uno de sus más íntimos secretos, y si eso fuese poco, el maldito se reía justo en frente de él, se burlaba de su más grande anhelo, lo único que lo haría infinitamente feliz. Vegeta sonreía de lado mientras le lanzaba una mirada que aunque estuviera acompañada de su habitual ceño fruncido, no tenía nada de enojo, todo lo contrario, se mofaba de él. Krilin, sin otra opción, empezó a reír debido a los nervios que lo invadían lentamente. La pequeña sonrisa de Vegeta fue deformando en una gran carcajada que retumbaba en los árboles del precioso jardín.
Era algo tan vergonzoso y denigrante para él, sentía como si su alma hubiera sido arrancada brutalmente de su cuerpo y las sonoras carcajadas del estúpido que tenía enfrente realmente no mejoraban la situación. Quería desaparecer, que se lo tragase la tierra y jamás lo escupiera al mundo de los mortales jamás. Y ahí estaban los tres hombres siendo parte de la miseria de uno de ellos. ¡Un momento! ¿Tres hombres? Ahí, justo en la entrada, estaba Goku riendo como un tonto y sin saber por qué o de qué iba el asunto. Su noche estaba arruinada totalmente.
Vegeta, al darse cuenta de la presencia del otro sujeto, detuvo sus carcajadas para mirar severamente a Goku, quien después de percatarse del silencio que se hizo de pronto, paró de reír, para mirar con confusión a su amigo y al joven que seguía recargado en su árbol. Su mirada iba y venía hacia los rostros de los dos muchachos.
—¿Qué sucede, Krilin? Pensé que se estaban divirtiendo —dijo inocentemente mientras observaba cómo su amigo agachaba la cabeza decepcionado y sólo atinó a rascar su cabeza.
Vegeta examinaba a Goku, olvidándose por completo del vergonzoso secreto que sin querer descubrió. El sujeto de estudio miró fijamente el rostro de su examinador, para descubrir que el rostro de éste se hacía sombría y murmuraba con rencor un nombre que pocos conocían:Kakarotto.
El desconcierto se mostró en el rostro del susodicho ¿Cómo lo sabía? Antes de poder siquiera pedir explicaciones, un hombre calvo, con barba de candado, fornido y alto los interrumpió. Hizo una reverencia en muestra de respeto hacia Vegeta para informarle después que era necesario que se presentara ante su padre. Molesto, él se levantó sacudiendo el polvo que había en sus ropas y salir apresuradamente de la presencia de ambos amigos. El hombre calvo se quedó estupefacto, el muchacho al que debía resguardar estaba furioso y no había una razón aparente. La voz grave de Vegeta lo llamó desde dentro del salón.
—¡Nappa! Estúpido, ¿qué estás haciendo que tardas tanto?
El hombre entró rápidamente al salón ante el temor de perder su empleo por su tardanza.
—¡Vaya! —exclamó Krilin—. A pesar de que él se ve más feroz, obedece las órdenes de Vegeta sin titubeos.
No supo si su amigo lo había escuchado o no, pues cuando volteó a mirarlo, Goku estaba sumergido en sus propios pensamientos. Con una pose pensativa, la mirada seria, fija en el suelo. Un rostro que nunca antes le fue revelado a persona alguna, era mostrado tras un extraño acontecimiento. Trataba de recordar en qué lugar pudo conocer a Vegeta. El rostro le era muy familiar, pero el nombre no podía recordarlo de ningún otro lado en el pasado. No, no sabía de dónde, pero conocía a Vegeta de algún lugar. Maldijo a su poca memoria, pero ahora tendría pesadillas si no lo recordaba. Suspiró derrotado al fin y recobró su usual faceta de alegría.
—¿Dónde está Milk —le preguntó Krilin antes de que él le preguntara la razón por la que estaba riendo hacia un rato.
A su amigo le brillaron instantáneamente los ojos con la sola mención de su ahora amiga.
—Me dijo que necesitaba descansar un poco y después su padre la llamó para conversar de un asunto muy importante que yo no podía escuchar —le respondió aún con ese extraño brillo en la mirada.
Ambos se sentaron en la única banca que había ahí, admirando las estrellas tan brillantes que la noche les ofrecía. Una suave brisa los envolvió y alborotó el cabello de Goku levemente. Cerraron los ojos para poder disfrutar del momento y el delicioso perfume de las distintas flores que estaban cultivadas en ese lugar inundó el ambiente. No había ningún otro ruido que no fuera el constante murmullo que provenía de dentro del salón. La noche había inundado todo y los minutos pasaban en silencio. Krilin se preguntaba en dónde estaba Dieciocho, desde que había vuelto de bailar con Marron no la había visto. Suspiró. Tal vez jamás la volviese a ver.
Pero la vida parecía querer ser generosa con él por primera vez en mucho tiempo. Justo en ese instante, Lázuli salía al jardín para respirar un poco de aire puro, seguida por su mellizo que también aspiró gustoso el cautivante aroma de las flores. Como si lo presintiera la joven rubia lo miró, acción que realizó también su hermano.
—Vaya, pero si es el chico que baila con las niñitas —dijo con sorna Diecisiete.
Un bufido de parte de su hermana lo calló.
—Te comportas como un niño, Diecisiete —le dijo ella con enojo.
Un incómodo silencio los invadió a todos. Krilin ahora no tenía el valor suficiente para mirar a Dieciocho directamente a los ojos, no después de lo que le había pasado. ¿Entonces lo había visto bailar con la pequeña de vestido rosa? Tal vez calló a su hermano por lástima. No encontraba otra razón y eso lo entristecía. Ya era tarde; él y su amigo debían regresar a sus hogares. Pero Diecisiete los detuvo antes de que pudieran ingresar al lugar de la reunión.
—Espero que no te vayas con una mala impresión —dijo con una sonrisa y sin voltear a mirarlo.
Lázuli esta vez se mantuvo callada. Pasó de largo a su hermano que la miró desconcertado, para dirigirse rápidamente hacia el muchacho bajito. Se inclinó hacia su rostro, depositando un suave beso en su mejilla derecha. Lapis hizo caso omiso a lo que su hermana acababa de hacer y salió tras ella mientras entraban nuevamente a la reunión.
Goku estaba estupefacto, quizás más que el propio Krilin. Sus ojos bien abiertos en muestra de sorpresa y la boca ligeramente abierta por la impresión. Y nuestro protagonista literalmente se sentía por los cielos, ahora no por haber visto a un ángel, sino porque uno lo había besado. Tocó su mejilla en un intento de resguardar la calidez que dejaron sus labios en su rostro. Bueno, la noche no fue tan horrible.
Después del incidente en el jardín, Goku fue rápidamente a despedirse de Milk, posando levemente y aún con nerviosismo sus labios en la mano que se le otorgaba tan tímidamente. Ambos se despidieron con un abrazo de Bulma, quien por cierto no se veía del todo contenta. A Vegeta no lo vieron por ningún lugar y Krilin suspiro aliviado, no quería que recordara el bochornoso momento que vivió por su causa. Así abandonaron aquella reunión que tan inesperadas sorpresas les brindó.
Al menos sabía gracias a Bulma que los mellizos eran los hijos de un reconocido inventor especialista en armamento militar y dueño de la Red Ribbon Company. Este hombre, el Dr. Maki Gero, había salvado a los hermanos de una situación demasiado cruda para ser contada. Sin embargo, la tensión que existía en ambas partes de su relación padre e hijos era totalmente evidente. Ellos no lo soportaban y él a ellos tampoco. No los había salvado por la infinita bondad de su corazón, no. Simplemente necesitaba a alguien que heredara su compañía cuando él muriera y, al ver que los jóvenes eran lo suficientemente inteligentes, decidió acogerlos bajo su cuidado. Secretamente, el viejo y cansado doctor sentía la necesidad de llenar el vacío que dejó con su partida la persona que era digna de llamarse su motivo de orgullo. Sabían también que Milk era la hija de un socio muy importante para Capsule Corp, Ox Satán, dueño de Industrias FRYPAN, de ahí que Bulma conociera las cualidades culinarias de la joven de cabellos negros. Y por último, el pequeño arrogante —citando a Bulma—. era el hijo de uno de los más importantes empresarios y proveedores de la Corporación: Vegeta Kobayashi. Padre e hijo eran casi idénticos, variando por la coloración en su cabello, pero ambos muestras dignas del orgullo que podía tener una persona en su posición.
Krilin dejó a Goku en la puerta de su casa, y aunque pasaba de la medianoche, su amigo de cabello alborotado se la pasó todo el trayecto de regreso quejándose de que moría de hambre. Se despidieron y Krilin llegó a su hogar, donde el Maestro Roshi, su tutor legal, aún seguía viendo en la TV. programas no aptos para menores. Tan absorto estaba su maestro que no notó la presencia de su pupilo, quien solamente subió a su recámara y sin sacarse antes el traje que llevaba, se tiró en su cama dispuesto a dormir plácidamente. En eso estaba cuando su celular sonó.
—¿Bueno? —preguntó medio adormilado.
—¡Krilin, ya sé cómo me conoce Vegeta! —gritó emocionado Goku, dejando desconcertado a su amigo.
En un mal movimiento de parte del Son, cortó la llamada.
"Ya me contará después" fue el último pensamiento de Krilin antes de entregarse sin problemas al mundo de los sueños.
