Descargo de responsabilidad: Five Nights at Freddy's y sus personajes le pertenecen a Scott Cawthon; yo sólo los utilizo para el entretenimiento de ustedes, sin ánimos de lucro. Las ocurrencias y demás, así como la historia, sí son producto de mi descabellada imaginación.
~Capítulo exageradamente largo detected.
~Tercera noche en Fazbear's Fright - Problemas.
III
En cuanto llegué a mi casa, siquiera me preocupé por no hacer ruido ni nada, sólo me dirigí a mi cuarto mientras prácticamente me arrastraba por las escaleras. Me dejé caer en la cama con un sonoro "uff" que escapó de mis labios. A pesar del gran agotamiento tanto físico como emocional, no era capaz de conciliar el sueño.
—Debí imaginarlo… de hecho, lo hice.
Suspiré.
Debía, además, tratar la herida. No era la gran cosa la verdad, pero aún así podría infectarse. Aunque la fatiga era todavía más poderosa, y me impedía moverme.
—Qué loco todo esto. El mundo está demente…
Había infinitas cosas que uno podría esperarse en la vida. Desde accidentes, ataques extraterrestres o muertes grotescas, pero definitivamente no esto.
Y pensar que, aún así, estaba viva para contarlo.
—¿Por cuánto tiempo…?
No era momento para el humor negro y absurdo. ¡Debía ser optimista! ¡Claro!
Al menos estaba viva, eso es algo.
¡Y mi uniforme no es rosa! Qué alivio. Además, el morado era un bonito color.
¡Y la hora de pensar en estupideces para hacer tiempo, llegó! ¿Qué hubiera pasado si el uniforme hubiese sido, en cambio, de color rojo?
¿Atraería al animatrónico como toro de rodeo? Sonaba estúpido, pero tenía que preguntármelo.
—Eso hubiese sido divertido… haha… toro de rodeo…
Reí un poco histérica, como si hubiese tomado un par de copas antes de llegar a casa. Mi cabeza dolía demasiado pero yo no podía dejar de reír de mi propio chiste el cual sólo yo, aparentemente, sería capaz de entender.
—¡Agh! Diablos, es conejo, no un toro. ¿Qué pasa con mi vista? No diferencio bien dos animales completamente opuestos…
Por el amor de Dios, es sólo un robot. Como si hubiera mucho en qué pensar.
—Ahora sé que los fantasmas sí existen… —dije, tratando de verle el lado positivo. Por supuesto que no lo era para nada.
Luego de un rato logré sacar fuerzas para levantarme e ir a darme una ducha. En verdad fue un gran alivio, y en cuanto salí del baño me dispuse a tratar la herida.
Me miré en un espejo. El corte era en mi garganta, y a pesar de que era leve, había sangrado demasiado. Hice una mueca al pensar que pudo ser peor, incluso más grave.
—¿Ese animatróni- es decir, Springtrap, tiene navajas en sus manos o qué diablos? —me pregunté mientras pegaba una curita en el pequeño tajo—. Uh… Qué le diré a mamá ahora…
Ya que no podía dormir, debía ensayar una escusa más o menos creíble. ¿Pero qué podía decirle? No sabía mentir. Incluso yo misma me delataba cuando lo intentaba.
Y si le decía la verdad, entonces entraría en pánico y no me permitiría trabajar más en ese lugar. A mi madre le aterraban los animatrónicos.
No la culpo.
Pero yo no quería abandonar ese empleo, pese al riesgo que corría al permanecer allí. Y si soy una loca-demente-idiota-irresponsable-masoquista, ¿qué más da?
En eso, alguien golpeó la puerta. Tragué grueso, pues llegaba el momento de la verdad.
—Hija, ¿está todo bien? Te oigo hablar sola.
—Eh… umm… ¡Sí! —respondí con nerviosismo.
—¿Puedo pasar?
—Ah… —debía pensar en algo—. L-lo que pasa es que… me estoy vistiendo ahora mismo.
—Entonces esperaré.
Ay, ¡demonios!
—Mejor pasa, ya terminé… —suspiré.
—¿Bueno…?
Ella abrió la puerta y sonrió al verme.
—Hey, ¿cómo ha sido tu segunda noche?
Le envié una sonrisa un tanto forzada, mientras aún planeaba una escusa.
—¡Muy bien! Tan fácil como la anterior… ¿No es increíble? Haha…
—Bueno, de hecho sí es algo muy bueno, pero creo que estás actuando un poco extraño…
—¡¿Extraño?! No, cómo crees…
De hecho, el tratar de actuar estúpidamente sólo lo hacía menos creíble. La intuición de mi madre era increíble.
—Y… ¡¿Qué es esa herida?! —exclamó histérica mientras se acercaba rápidamente a mí.
—Oh… eh… ¿esto? No es nada, sólo es un pequeño rasguño.
Vaya, ella siempre hacía un gran escándalo por pequeñeces. Es que el corte estaba cubierto, cómo es que dedujo que había sido algo un poco grave.
Mi madre me miró severa y se sentó en mi cama.
—Pues yo de aquí no me iré hasta que me lo digas. Fue en el trabajo, ¿verdad?
Agh, ¿cómo lo sabe?
—N-no… —traté de mentir pero no funcionó. El ceño fruncido de mi madre sólo empeoró.
—Estoy esperando.
No tenía otra opción. No había pensado en ninguna escusa factible, y era pésima mintiendo, por lo que cualquier esfuerzo de todos modos hubiese sido en vano.
Suspiré y me senté junto a ella. Miré mi regazo con nerviosismo.
—Lo diré, pero por favor, prométeme que no te enojarás conmigo o actuarás de forma precipitada. E-es que es algo difícil de contar y… no quiero interrupciones.
Ella miró dudosa, pero asintió con la cabeza.
—Pues verás… —hice una pequeña pausa mientras pensaba en las palabras que debía escoger, mientras que mi madre me miraba impaciente—. Creí que hoy sería una noche cualquiera en la Atracción del Terror, pero fue el "terror", literalmente.
—¿Q-qué quieres decir…? —mi madre estaba algo inquieta.
—Huh… a lo que me refiero —me mordí el labio—… es que hay un animatrónico en el lugar…
Mi madre se puso de pie rápidamente.
—¡¿Qué estás diciendo?! ¡No-!
—¡Mamá, tranquilízate! ¡Recuerda lo que me prometiste! —la miré un poco fastidiada—. Espera al menos que termine de hablar, por favor.
Ella me miró y se sentó en la cama una vez más e hizo una mueca. Su cara era de completa preocupación.
—Como iba diciendo, él… bueno… —suspiré—… ¡Él me atacó! Fue un momento difícil, pero bueno…
—¡¿Te-te atacó?! —la voz de mi mamá sonaba agitada.
—Sí… ¡Pero él me habló! ¿A que es genial?
—¡¿Qué?!
—¡Y hasta me dijo su nombre! Se llama Springtrap, fíjate.
—¿Ah…? —mi madre pronunció con un hilo de voz.
—Pero mírale el lado positivo… eh… um… —quedé pensativa—. ¡Es un conejo…!
—…
—Y a pesar de que estaba muy roto, su nariz era suave…
—¡Hija! ¡¿Pero de qué estás hablando?! —mi madre, literalmente, estalló. Estaba hecha un verdadero manojo de nervios.
—Uh… —fue todo lo que pude responder.
Presentía lo que venía.
—¡El animatrónico te atacó y tú comienzas a bromear!
—Pero no estoy bromeando… su nariz de verdad era suave-
Decidí callarme ya que mi madre me envió una mirada de muerte. Ella comenzó a negar repetidas veces con la cabeza.
—¡¿No lo entiendes?! ¡Pudo matarte!
Fruncí el ceño y gruñí.
—Pero decidió no hacerlo, como podrás ver.
Mi madre se quedó un momento en silencio, como si estuviese en medio de un debate interno. Podía notar que estaba muy asustada.
Hice una mueca. Me sentía culpable.
—Sabía que los animatrónicos tenían vida propia. Siempre lo supe a pesar de que sólo eran simples rumores…
—Yo la verdad no me lo esperé —dije con sinceridad. Bueno, nadie se espera realmente que un robot venga por cuenta propia, y te hable, para variar.
Y además, se movía demasiado rápido para ser una simple máquina oxidada. ¿Cómo diablos lo hacía?
Mi madre sollozaba. ¿Por qué? Si yo estaba bien. Estaba viva.
Quizás sólo estaba asustada, pero eso sólo me hacía pensar que ella exageraba.
¡No fue para tanto! ¿Verdad…?
—Mamá…
Ella suspiró.
—Con todas esas cosas que dijiste antes… ¿S-segura que no te golpeaste la cabeza o algo?
No comprendo. ¿Se refería a las estupideces de antes?
—En realidad, eran la pura verdad —respondí apenada—. Aunque ahora que mencionas lo de la cabeza… tal vez cuando él me acorraló contra la pared…
—¡¿Qué?!
Se levantó de golpe y me señaló con el dedo de forma acusadora, con una mirada amenazadora.
—¡¿Me estás diciendo que además de ser una hojalata asesina es también un pervertido?! ¡Por el amor de Dios! ¡De sólo pensar que los niños van a ese lugar, deberían cerrarlo!
Mi madre estaba al borde de la histeria.
Reí nerviosa e incómoda. Puse en duda las verdaderas intensiones de ese tal Springtrap.
Una era más que clara: Quería matarme. Aunque no lo hizo, sin embargo.
Pero no podía desmentir lo que dijo mi madre, yo de verdad no lo sabía. Pero oigan, es un animatrónico, un robot, no creo que pueda hacer nada aunque quisiera.
Eso sería demasiado raro. Hasta me pareció, en cierta forma, perturbador. Extraño más que nada.
Pero pervertidos hay muchos, y en todos lados. Un robot podía serlo también, ¿no? Rogaba que no.
Mi madre misma era una pervertida por malpensar todo, pero no la juzgo, yo también llegué a pensarlo. Justo ahora me lo estoy preguntando.
Pero luego de todo lo ocurrido, ¿cómo haré para convencerla de continuar trabajando allí? A pesar de que tal vez arriesgaría mi vida de la manera más estúpida.
Yo misma me metería en la boca del lobo.
Tal vez tenía mis propias razones, sin embargo, no eran muy claras. Sólo quería quedarme una semana y terminar con mi trabajo.
Quizás sólo quería demostrar que podría sobrevivir, enfrentar los momentos más difíciles. Gracias a ese empleo ya no sentía tanto miedo, de a poco mi cobardía se estaba yendo.
Era algo que me hacía muy feliz, la verdad. Me traía demasiados problemas.
El miedo y la timidez eran aliadas.
—No volverás a ese lugar, ¿me oíste? —dijo en un tono que decía claramente que no aceptaba reclamos.
—P-pero…
La miré desesperada. Ella frunció el ceño.
—Nada de peros.
—¡Por favor! —me puse de pie rápidamente—. ¡No hagas esto, necesito ese empleo!
Mi madre perdió completamente la paciencia.
—¡He dicho que no! ¿A caso quieres matarte? ¡Estás loca!
Me mordí el labio y gruñí con molestia.
—¡Te aseguro que no pasará nada! ¡Te lo juro! —exclamé con súplica. Ella iba a replicarme pero la interrumpí—. Te lo prometo…
Ella me miró, y al cabo de unos minutos negó con la cabeza casi frenética.
—No, tienes que entenderlo, Amy…
—Yo… lo entiendo… —susurré— Pero esto es… como una prueba para mí. Han sido sólo dos noches, y no negaré que fue difícil, pero me ha ayudado. Siento que algo en mí ha cambiado…
—N-no entiendo a qué te refieres —mi madre me miró angustiada—. N-no hagas esto, Amy.
Sonreí de lado y la abracé.
—Sólo no te preocupes, ¿sí? Te lo prometo.
Ella correspondió al abrazo con más fuerza.
—¿Y-y qué hay de…?
—No te preocupes por él. Yo umm… —pensé un momento—. V-vi que el gerente tenía un libro muy interesante… eh… creo que ponía algo así como… huh… "Cómo caerle bien a un Animatronic". L-luego se lo pido…
¿Otra vez diciendo idioteces, Amy? ¿De dónde sacas semejantes ideas tan surrealistas? No tenía sentido, la verdad.
Pero la expresión de perplejidad de mi mamá no tenía precio. Sólo rompió el abrazo para mirarme a los ojos con una mueca extraña.
—No hay forma de que exista un libro así… —susurró, a penas audible.
Me costó un poco oír lo que dijo, pero luego reí.
—Lo creas o no, es así.
Por supuesto que no.
Estaba mintiendo.
Es imposible que un libro así exista. Es ilógico.
Aunque la idea se me hacía graciosa. Si lograba superar las noches, entonces escribiría un libro así.
Mi madre jadeó con tristeza.
—Yo… no lo sé… —dudó y suspiró. Yo le sonreí de manera tranquilizadora.
—Sólo quiero que me prometas, mamá, que dormirás bien por la noche. No trasnocharás mientras estoy en el trabajo, por favor.
Me miró un momento, como si no quisiese aceptarlo. Dudó y dudó por un largo rato, hasta que finalmente asintió, lentamente.
Sonreí.
—Gracias. Sólo no te preocupes, ¿sí? Nada pasará.
Nada.
No sabía por qué me sentía tan segura de ello. Sólo lo estaba… Y era algo bueno, ¿verdad?
—No sé qué hora es, pero creo que deberías ir preparándote para la escuela.
Oh, es cierto.
Asentí con la cabeza y me puse de pie. No tenía ánimos de ir, pero debía hacerlo.
¡Y mañana es el examen! Eso significaba que debía estudiar toda la tarde.
Bendita sea mi suerte.
Salí corriendo por la puerta mientras mi madre me observaba. Pude oír un suspiro de parte de ella antes de alejarme.
Salí de mi casa una vez estuve preparada. ¡Iba tarde!
Por alguna razón no tenía hambre. Con sólo pensar en la comida sentía un revoltijo en mi estómago, lo que era muy desagradable.
Las clases transcurrieron lentas. Era desesperante.
El profesor hablaba demasiado, y cada una de sus palabras eran como fuertes golpes en mi cabeza adolorida. Mis párpados pesaban por el cansancio, pero no podía dormirme ni aunque quisiera.
A pesar de todo esto, temía cerrar los ojos.
Podía oír a los demás chicos hablar sobre ese dichoso examen de matemáticas. Aparentemente iba a ser muy difícil, y a todos les preocupaba eso.
Como una especie de… examen decisivo. Integraba una amplia gama de temas vistos durante todo el año. En pocas palabras, todo un año resumido en una hoja.
Qué gracioso.
Odiaba a esa profesora. De seguro estaba regocijándose.
¡Vamos! ¿Sólo dos días para estudiar? ¿Por qué no nos avisó con anticipación?
Decidí no pensar mucho en ello, ya que la campana que anunciaba el fin de clases finalmente había sonado. Me embargó una inmensa alegría, ¡finalmente me iría!
Guardé mis cosas y me fui de allí. Mientras caminaba por los pasillos hacia la salida de la escuela, oí a alguien gritando mi nombre escandalosamente.
—¡Amy! ¡AMY!
Me detuve. Ya sabía de quién se trataba.
—Hey… uff… Amy… agh.
Mi mejor amiga se detuvo junto a mí, mientras trataba de recuperar el aliento. Se había encorvado, con sus manos en sus rodillas.
Arquee una ceja.
—¿Qué? —dije, un poco fastidiada. Ella me miró e hizo un puchero.
Kathy era muy pálida de piel, muy similar a mi madre. Su cabello era de color negro, ondulado, y lo llevaba atado en una coleta baja mientras dos mechones rebeldes caían en ambos lados de su rostro.
Ella siempre tenía una expresión infantil, a pesar de que era casi un año mayor que yo.
Me apuntó con el dedo acusadoramente.
—¡Me debes una explicación! —exclamó. Yo suspiré y aparte su dedo que casi tocaba mi rostro.
—¿Explicación de qué? Oh, y es de mala educación señalar a la gente de esa forma.
Se cruzó de brazos.
—Con que comenzaste a trabajar y no me lo dijiste, ¿eh? Y en aquella extraña atracción del horror o terror, lo que sea, ¡ni más ni menos!
—¿Y tú como sabes eso? —inquirí. Esta chica me daba miedo.
Ella sonrió con orgullo y puso una mano en su pecho, justo en el corazón.
—Rumores, rumores~
—Eres una vieja chismosa, Kathy.
Suspiré. Era increíble como se expandían los rumores.
—No lo soy —se quejó con una mueca—. Todos saben que eres una vaga, ¡y bastó con que un solo chico se enterara para que se hiciera viral!
—¡Estás loca, Kathy! ¿Qué cosas andan diciendo de mí?
Suspiré angustiada. No comprendía por qué era tanto el empeño de los demás por meterse en vidas ajenas.
—No tanto como lo que se dice de aquél lugar —se quedó pensativa—. Por cierto, ¿es cierto eso de que ese lugar está maldito? Se dice que todos los empleados nocturnos allí desaparecen. Por supuesto, son sólo leyendas urbanas, ¡pero sabes que me encantan!
Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo al recordarlo.
—Uhm… sabes… tengo que volver a mi casa ahora.
Ella me examinó con la mirada.
—Está bien. Pero oye, te ves fatal. ¿has dormido bien?
Es cierto. Parecía muerta en vida con esas grandes bolsas bajo mis ojos. No había dormido esta mañana.
—E-estoy bien, no te preocupes —moví mis manos frente a ella un poco—. El asunto del examen me ha tenido algo ajetreada, pero no es nada.
—Mientes, es por tu trabajo.
Rayos, ¿cómo lo saben? ¿Será que me conocen bien?
—B-bueno…
Fue como un impulso. Salí corriendo lo más rápido que pude, recibiendo miradas y oyendo murmullos. No me importó, sólo quería huir de esa situación.
Lo último que pude oír fue a Kathy llamando a mi nombre antes de que yo saliera por la puerta hacia el exterior.
Sin duda, mañana será un día incómodo.
Cuando llegué a mi casa, mi madre no estaba. Sobre la mesa de la cocina encontré una nota de ella: decía que ella tenía asuntos importantes que atender, y que por si acaso me había preparado algo de comer. Si era posible, que lo llevase a mi trabajo. Estaba en la nevera.
Ella sabía que no había estado comiendo. Qué intuitivas eran las madres.
Sonreí y asentí para mí misma. Decidí que lo llevaría a mi trabajo, ya que no quería pensar en comer en esos momentos. Puaj.
Me encerré en mi cuarto y comencé a estudiar. No tenía noción del tiempo hasta que le eché un vistazo a la ventana. Estaba oscuro, pero podía ver enormes nubes grises cubriendo el vasto cielo.
¿Será que se aproximaba una tormenta? No puede ser, me aterraban las tormentas eléctricas.
—E-espero que no sea la gran cosa…
Noté que Kathy no me había enviado ningún mensaje. ¿Estaría enfadada?
Tomé el celular encendí la pantalla.
—Uhm… tal vez deba disculparme con ella… sí.
No debí hacerle eso, pero realmente me sentí incómoda con aquella situación. Fue extraño recordarlo.
Estaba por escribir el mensaje, pero me arrepentí.
—No, me disculparé mañana en persona, y responderé a todas sus dudas.
Dije decidida.
Noté entonces que eran casi las diez de la noche. ¡Oh, no! El viaje es largo, se me hará tarde.
Me puse de pie rápidamente y corrí por las escaleras hacia la cocina. En un bolso guardé lo que había preparado mi madre, y también algunas galletas y tostadas. En resumen, todo lo que encontré.
Subí a mi cuarto y me vestí con mi nuevo uniforme. Me agradaba mucho el color, incluso había una nueva gorra morada. Luego devolvería la otra.
En cuanto abrí la puerta para salir de la casa, sentí que el frío viento calaba mis huesos, por lo que tomé una chaqueta y salí por la puerta.
Al parecer mi madre iba llegando, pero antes de siquiera dijera algo le saludé con la mano y me fui apresurada.
El bus se atrasó demasiado, pero logré llegar seis minutos antes a la atracción. A lo lejos podía oír los truenos resonando y los relámpagos iluminaban el cielo.
En cuanto abrí la puerta, esta rechinó como siempre. Di un suspiro tembloroso.
El gerente se asomó desde su oficina y me saludó.
—¡Hey! Uhm… veo que era cierto, ¡sí viniste!
Sonreí de lado.
—Por supuesto. Cumpliré con la semana, ya verá —dije con confianza. Él me miró sorprendido—. Aunque debo admitir que fue un tanto difícil convencer a mi madre, pero me las arreglé.
El gerente arqueó una ceja.
—¿Qué fue lo que hiciste?
—Eh… sólo mentí —sonreí nerviosa—. Dije que tenías un libro de auto-ayuda para agradarle a un animatrónico, y que me lo prestarías…
Reí divertida por el recuerdo. Pero por alguna razón, el gerente no se veía sorprendido.
—Oh… —dijo, mirando a la nada. Entonces hizo señas para que lo siguiese a su oficina. Una vez dentro él caminó hacia una estantería en el otro extremo de la habitación y comenzó a buscar en él, hasta que sacó un libro y me lo entregó con una sonrisa—. ¿Te refieres a esto?
Mis ojos se ampliaron a más no poder, y mi boca se abrió ligeramente.
¡Oh, por favor! ¡Esto no puede ser cierto!
"Secretos para llevarse bien con un animatrónico", ponía aquél libro polvoroso.
Increíble…
—Huh… —dije incómoda.
Él rio, como si hubiese imaginado mi reacción.
—Verás, ese libro fue escrito por dos ex guardias de la antigua pizzería Freddy Fazbear's Pizza. ¿A que fue una buena idea?
—Pues… qué va.
Suspiré, quizás sea de ayuda. Aunque no me esperaba que realmente existiera algo así, quedé anonada.
—Al principio fue ideado para motivar a los principiantes en aquél empleo, pero al parecer se vendió mucho.
—Ya veo.
Aún no podía creerlo.
—Uhm… puedes quedártelo, quizás sirva de algo —dijo y suspiró.
—Oh, muchas gracias —sonreí. Él sólo asintió y se rascó la nuca.
Miró la hora y se despidió, yéndose rápidamente. Ahora entendía cuál era el motivo de su apuro.
Suspiré y caminé hacia mi oficina. Faltaba un minuto para que el reloj marque las 12 a.m.
Me sentía muy intranquila, y mucho frío. Entonces me puse la chaqueta y el teléfono sonó:
"Hola, hola, para la lección de hoy seguiremos nuestro entrenamiento de técnicas de manipulación apropiada, mientras uses algún tipo de animatrónico como traje debes asegurar de que las partes animatrónicas están completamente comprimidas y aseguradas con el pestillo de seguridad por dentro del traje, toma un momento y posiciona tu cabeza y torso de manera que puedas moverte y ver. Trata de no apegarte al seguro y de no tocarlo en ningún momento, ya que podrías aflojarlo y este podría soltarse en cualquier momento.
En caso de que el seguro se suelte mientras usas el traje, por favor, intenta alejarte de áreas con personas antes de desangrarte para no arruinar la experiencia del cliente."
—¿H-huh?
"Como siempre, si hay alguna emergencia, dirígete a la habitación falsa designada. Cada lugar tiene su propia sala extra que no está incluida en ninguno de los mapas digitales de los animatrónicos o del sistema de seguridad. Esta habitación está escondida de los clientes, es invisible a los animatrónicos y siempre está fuera de cámara.
Como siempre, recuerda sonreír, tú eres el rostro de Freddy Fazbear's Pizza."
—Ese tipo está demente…
Pensé en voz alta mientras comía una galleta. Poco a poco había comenzado a sentir hambre.
Miré las cámaras y vi al animatrónico en la cámara 10. Sin embargo, éste no se movía.
—Q-qué raro…
¿Por qué no se movía? ¿A qué esperaba? ¿Debería estar aliviada o preocupada?
Ya casi eran las tres de la mañana, y todo seguía igual.
La mirada del conejo entonces se volvió hacia la cámara repentinamente. Yo me sobresalté y comencé a sentirme nerviosa.
La pantalla parpadeó y distorsionó, siendo invadida por una estática.
Camera System, error.
Desesperada, toqué el audio, pero no podía ver nada, por supuesto.
Audio Devices, error.
Corrí hacia la computadora me dispuse a reparar los errores reiniciando los sistemas. Su lentitud me desesperaba y mi respiración poco a poco se agitaba.
En cuanto terminó fui rápido hacia las cámaras, pero no lograba hallar al animatrónico.
—¿D-donde estás? Anda, dímelo… n-no desaparezcas así…
En la cámara 8 vi una silueta, alta y delgada. No entendía lo que era, pero no sabía si debía apartar la vista o qué. Estaba aterrada.
En cuanto me alejé de la tableta, espantada, algo se apareció frente a mí, bloqueándome la vista.
Solté un fuerte grito pero a cada lugar al que deseaba mirar, esa cosa que sonreía de forma macabra me lo impedía. Cerré los ojos, y en cuanto los abrí, ya no estaba.
—¿Q-qué rayos era eso…?
La oficina se iluminó con una luz parpadeante roja y el aire parecía faltar en el lugar. Esto indicaba una falla en la ventilación.
Me acerqué tan rápido como pude a la computadora, jadeando pesadamente. Me dispuse a reparar el problema.
—V-vamos… vamos…
Justo cuando terminó algo me empujó con fuerza, tirándome al suelo.
Solté un quejido de dolor, pero pronto fue sustituido por el miedo cuando miré hacia arriba.
—S-Springtrap…
Dije con nerviosismo. El susodicho sólo me miró fijamente y me sentí incómoda.
—¿Por… qué volviste…? —inquirió con su voz grave y entrecortada. Yo sólo me arrastré un poco hacia atrás y él dio un paso hacia adelante.
—A-ah… b-bueno… yo… —tartamudee sin saber realmente qué responder—… Y-yo… necesito el trabajo… e-eso es todo…
Simplemente me miró con cara de que le importaba un carajo.
—Vas a morir.
Comenzó a acercarse a mí, pero cuando me di cuenta ya me tenía arrinconada.
—A-ah… por-por favor… esta situación de nuevo no… m-mi madre cree que eres un pervertido… y-ya sabes…
¡Por el amor de Dios! ¡¿Por qué decía estupideces cada vez que estaba nerviosa?! Era vergonzoso.
Pero, sorprendente, él me quedó mirando.
—¿Eso… qué significa…?
Aquello me dejó perpleja.
¿Era en serio? ¿Esto realmente estaba pasando o me había golpeado la cabeza demasiado fuerte cuando él me empujó?
—P-pues eso quiere decir que… huh… un pervertido es alguien que… eh… hace cosas indebidas… uhm… como tocar a-a alguien sin su consentimiento o… a-acosar sexualmente a alguien… huh…
¿Por qué estaba respondiendo de todos modos? Esto no tenía sentido.
—… —me miró.
¡Por favor, que alguien me explique lo que está pasando!
—¿Es… eso? —pude notar que él se alejaba sólo un poco.
Vamos… ¿realmente entendió? Esto no puede ser cierto. Pero creo que podría sacar algo de provecho.
—S-sí… —respondí con nerviosismo—. A-así que eso te hace ser un pervertido…
Seguía sin decir nada. Aproveché entonces que yo era algo pequeña y me escabullí por entre las piernas del animatrónico y corrí hacia el otro extremo de la oficina.
Springtrap, al parecer, reaccionó tarde, por lo que luego volteó y noté enfado en sus ojos.
Oh uh.
Miré a mi alrededor, tratando de encontrar algo con el cual defenderme. El conejo ahora se acercaba a mí con pasos pesados.
Noté que no llevaba mi gorra puesta, la cual vi bajo el escritorio. No me importó, sin embargo.
No sabía cómo defenderme. Yo no destacaba por tener fuerza. Me sentía inútil; yo era débil, tímida y cobarde.
Lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas. Ahí estaba de nuevo, llorando.
En cuanto él estaba frente a mí yo no hice otra cosa más que arrojarle mi chaqueta a la cara. No ayudó mucho, ya que simplemente se la quitó y la tiró a un lado.
Sólo logró molestarlo aún más.
Pero algo hizo que se detuviera en seco y me mirara fijamente con ojos sorprendidos.
—Mo… morado…
Dijo con voz extraña. Por un momento sonó algo distorsionada.
¿Morado?
Mi mirada bajó a mi vestimenta, y luego hacia él.
Estaba como petrificado. Eso me asustaba, ¿a caso en lugar de rojo… era el morado?
—P-pues… fue el color que escogieron mis jefes… y-yo no tengo nada que ver con esto…
Tarde. Él ya estaba acercándose, rápido y peligrosamente.
Yo grité del miedo cuando él me tomó de los hombros con fuerza.
No entendía qué pasaba, pero estaba aterrada. Quería llorar.
—¡Lo siento, lo siento! ¡No sabía que no te gustaba ese color, mis jefes tienen la culpa, no yo! ¡Ayuda!
Grité como una loca mientras trataba de apartarme desesperadamente, pero él no me soltaba.
Me quedó mirando. ¡¿Por qué diablos hacía eso?!
Intenté darle una patada, pero sólo logré darle un ligero golpe en la pierna, lo cual hizo que se molestara mucho más. Me empujó contra la pared, aún sujetando mis hombros, pero con más fuerza.
Hice una mueca y jadee, ya que por un momento me faltó el aire. Cerré mis ojos, no quería mirar.
—Me gusta ese color…
Springtrap dijo como si nada. Si yo hubiese estado bebiendo algo en ese momento, sin duda lo hubiera escupido por la sorpresa. Mis ojos se abrieron y me giré lentamente hacia él.
—¿Q-qué…? —dije con voz temblorosa—. B-bromeas… ¿cierto?
—No…
—E-entonces… ¿v-vas a matarme? —No perdía nada con preguntar.
—Sí…
—Pe-pero… —suspiré. Si preguntaba lo siguiente quizás se enfadaría más conmigo, e incluso me mate antes de que siquiera fuera capaz de reaccionar. Por supuesto, decidí arriesgarme; debía saberlo—. ¿Por qué m-matas a los guardias n-nocturnos?
Esta vez, él llevó una de sus manos a mi cuello, tal como lo hizo la noche anterior. Cerré mis ojos con fuerza debido al dolor de la herida que aún se encontraba allí.
—¡No… preguntes eso de nuevo…! —exclamó el animatrónico con ira. Yo me sorprendí pero sonreí de lado.
—¿P-por qué…? —le desafíe—. Necesito saberlo… e-es como una duda existencial… para mí…
—N-no… —miró frustrado y molesto—… no… sé...
Repentinamente me soltó sin ningún cuidado. Caí al suelo dolorosamente, pero no fue más fuerte que el miedo.
Él.. ¿no lo sabía? Todo este tiempo estuvo asesinando a los guardias, pero, ¿con qué razón?
¿Será una falla en su programación? ¿Por qué los animatrónicos hacían esto?
Yo… no lo entiendo.
Pero quería saberlo, no pensaba quedarme con la incógnita.
—Eh… uhm… lamento si fue una pregunta indebida.. huh… pero gracias por… este… no matarme ayer… haha…
Era increíble como decía estupideces cuando estaba nerviosa, pero en realidad estaba siendo sincera. En verdad estaba feliz porque no acabó con mi vida… y hoy también.
Springtrap iba a decir algo, pero entonces la oficina se iluminó con aquella parpadeante luz roja.
La ventilación estaba fallando.
Yo no podía hacer nada, estaba segura de que Springtrap no me lo permitiría.
Entré en pánico y mi corazón se aceleró mientras aquellas luces continuaban parpadeando en señal de alerta y el aire comenzaba a faltar.
¿Y ahora qué?
N/A: ¡Hey! ¿Qué tal? n.n
Logré subir el cap justo a tiempo uwu creí que no llegaría, pero mi internet es muy troll :v
Bueno, ¿qué les pareció? Lo sé, fue incluso más extraño que el anterior, creo que me dejé llevar un poco, huh. Y lo siento, no puedo evitar agregarle humor a algunas situaciones en la historia, es que soy pésima cuando se trata de seriedad, pero trato de esforzarme, jeje.
Agradezco mucho sus comentarios, y por agregar a favoritos y seguir, me pone feliz saber que les está gustando nwn.
Creo que el cap quedó un poco largo. Bah, no creo que más de 5100 palabras sea demasiado :v (?
Estoy muy entusiasmada con esta historia, incluso planeaba ilustrar algunas situaciones, pero no sé.
Estoy algo depre ;-;
Muchas gracias! Y nos vemos en el siguiente capítulo! Saludos n.n/
~MH99
