Por ti

Capítulo IV

Bulma entró furiosa a su cuarto. Una fresa de peluche fue la primera víctima de su ataque de furia, la cual voló algunos centímetros para dar justo con la lámpara que estaba en el buró de su habitación y hacer que esta cayera estallando en mil pedazos, pero esto no le importó a la joven de cabello azul, porque en su mente sólo resonaban las palabras de su padre.

—Bulma, acércate— le pidió el Dr. Briefs antes de que su hija se dirigiera a su habitación para probarse toda la ropa que compró en el centro comercial.

Ella resopló un poco fastidiada. Al día siguiente iniciaba el curso en la universidad y necesitaba decidir su atuendo. Aun así, se acercó a su padre quien se hallaba sentado en el sillón de la estancia y tomó asiento a su lado. Él la miró seriamente por unos segundos, algo que no era habitual en él, y después habló con la misma seriedad.

—Hija, cuando yo ya no pueda manejar la empresa, lo harás tú. Yo habría querido que Tights, al ser mi hija mayor, asumiera el mando de la empresa que con tanto esfuerzo fundé, pero ya sabes que a ella no le interesó en absoluto la ciencia ni la tecnología, ella sólo quería llegara ser una escritora famosa, y yo no se lo prohibí. Pero cuando tú me dijiste que te gustaba lo que yo hacía y me pediste que te enseñara, yo me sentí muy feliz porque al fin alguien que si lo deseaba, me sucedería el día de mi muerte.

La chica no comprendía a qué se debía todo ese discurso, pero prefirió respetar a su padre y guardar silencio, mientras que el doctor buscaba la manera correcta de darle un anuncio importante.

—Mañana empezarás con la etapa final de tu educación hija, y después de ello comenzarás a trabajar en la empresa para que comiences a familiarizarte con ella —hizo una pausa para acariciar a su siempre fiel gato negro Tama, que en ese momento se subía en sus piernas y comenzaba a ronronear.

—Eso ya lo sé, papá, mejor dime qué es lo que necesitas decirme —replicó Bulma quien comenzaba a presentir que algo malo se avecinaba.

—Cuando asumas la presidencia tendrás que tratar con empresarios muy importantes, acudir a eventos tanto públicos como privados, y sobre todo, convivir con nuestros más cercanos socios… y sabes que Vegeta Kobayashi es uno de ellos —finalizó mirándola con curiosidad.

La chica por supuesto que frunció el ceño al escuchar el nombre del padre de un sujeto tan desagradable, engreído y cabeza hueca, y fue ahí cuando comprendió todo. Su padre quería asegurarse que por sus supuestos capricho, perdieran a un socio tan importante solamente porque ellos no se llevaban bien. Si fuera el padre de Vegeta (al que apodaban Rey) con quien tuviera que tratar, no tendría tantos problemas, pero como el chico con cabello en forma de flama sería el nuevo sucesor de su padre, las cosas se ponían más que complicadas.

—Entonces quieres convencerme de que trate bien a ese idiota, ¿no? —preguntó sin rodeos.

—No se trata de que sólo tú lo trates bien, no creas que pienso que eres la única culpable de su mala relación. Ambos deben aprender a respetarse mutuamente y el Rey Vegeta piensa igual que yo. Él conoce perfectamente el carácter de su hijo, y si queremos que nuestros negocios funcionen, ustedes deben aprender a soportarse.

—¿Y qué harán? —preguntó enojada, mientras cruzaba los brazos y fruncía el ceño— ¿Nos encerrarán en una caja hasta que aprendamos que hay cosas peores que estar el uno junto al otro durante quién sabe cuántos días? ¿O tal vez nos coserán del costado para aprender que no podemos hacer nada para huir de nuestras responsabilidades, eh? —subió el tono de su voz.

—Bulma, yo sólo quiero lo mejor para ti y lo sabes bien. Jamás haría algo para perjudicarte, pero necesitas aprender que hay veces en que una convivencia armónica es mejor que vivir en una constante guerra.

—¿Y entonces qué harás? —preguntó la de cabello azul, desconfiada

—Vegeta es un muchacho difícil, y tú hija también lo eres, así que el Rey y yo decidimos que, como asistirán a la misma Universidad, pueden ir juntos en todas sus clases; aunque no sé qué otros asuntos puedan tener, sí pueden salir juntos por las mañanas rumbo al colegio.

—¡Acaso quieres volverme loca, papá! —preguntó fuera de sí Bulma—. No puedo creerlo, ¡me obligarás a pasar por cientos de momentos incómodos junto aquel… aquel tipo! ¡Quieres que nos matemos mutuamente, eso es lo que quieres! —exclamó mientras daba vueltas por la estancia.

—Hija, no será tan malo. Ya verás que con el tiempo se acostumbrarán a su presencia, tal vez hasta vuelvan a ser tan amigos como antes —dijo su madre con su típica sonrisa despreocupada mientras dejaba una bandeja llena de pastelillos en la mesita al centro de la habitación.

—Mamá, eso fue hace años. En ese entonces nosotros no éramos como ahora. Éramos…diferentes —dijo tristemente la joven.

Así fue antes. Ellos eran muy amigos, aunque Vegeta siempre lucía serio con el ceño fruncido, ella lograba sacarle algunas risas. Pero un día fue diferente. Él se mostró mucho más huraño que antes; no le hablaba, ya no reía y tampoco quería jugar con ella. Nunca vio a su madre, y ese día supo que la madre del chico había tenido un accidente, y aunque en un principio pareció que no sería nada por qué preocuparse, las complicaciones médicas no se hicieron esperar. La mujer también estaba embarazada y sumado a las heridas internas que tenía, la madre de Vegeta murió mientras daba a luz.

Desde ese día su relación se fracturó para siempre. Al principio ella quiso comprender su dolor, ayudarlo, pero él se alejaba más y más, hasta un punto en que ninguno de los dos podía verse. Las constantes riñas degeneraron en un odio casi irracional el uno por el otro. A los catorce años Bulma conoció a Yamcha, y en la primera oportunidad que tuvo, presumió ante Vegeta por su éxito en las relaciones afectivas, a lo que él no reaccionó como lo esperaba. Comenzó con una risa leve, para después mirarla y decirle que el insecto no tardaría en mandarla a volar cuando pudiera. Ella se enojó tanto que no dudó en darle una bofetada y él le dijo que sabía que era verdad, que ella sólo era una mujer vulgar y agresiva que se quedaría sola de por vida porque nadie llegaría a amarla. Bulma se mofó de sus palabras y se alejó del joven lo más rápido posible; aunque no quisiera aceptarlo, tal vez él tenía razón. No habían pasado ni siquiera un año en que formalizaron su relación, su novio no desaprovechaba la ocasión para coquetearles a otras chicas frente a su nariz. Ella lo perdonó tantas veces por cuatro años que había perdido la cuenta de ellas; pero no, ella era una chica hermosísima, una genio, y era capaz de encontrar a alguien que sí la quisiera y la valorara por lo que realmente era, que la aceptara con todas sus virtudes y defectos (que según ella eran inexistentes) y que nunca la abandonara. En un fugaz momento, la imagen de Vegeta se coló en sus pensamientos. No, no, no. Ella no estaba loca como para dedicarle sus pensamientos a un tipo tan frío. Sin duda se estaba volviendo loca.

Sus padres la miraban con curiosidad y preocupación, porque de un momento a otro su rostro lleno de furia de borró, y tampoco estaba caminando con tanto enojo como antes. Se sumió en sus pensamientos como tantas otras veces lo había hecho y miraba hacia el gran ventanal como recordando. Aunque en un súbito momento de lucidez, ella tomó las bolsas con todas sus compras y se dirigió con pasos acelerados a su habitación.

Y ahí estaba, recostada en su cama mirando hacia el techo tratando de contener la furia que de súbito la invadió. No era justo que una chica linda como ella tuviera tantos problemas, y menos no tener con quién hablar. Su círculo de amigos se limitaba a chicos, porque las mujeres nunca aceptaban que ella era más hermosa y le tenían envidia, por eso nunca tuvo amigas. Milk era una muchacha un tanto reservada y nunca se interesaría en cosas como la tecnología o la moda. Para ella lo más importante eran los estudios y nada más, así que no contaba como una amiga completa. En ese momento se preguntó qué estarían haciendo Goku y Krilin, pero conociendo a Goku, era seguro que se estuviera muriendo de hambre.

(…)

— ¡Me estoy muriendo de hambre!— exclamó Goku mientras tocaba su estómago y miraba a su hermano mayor conducir.

Raditz, se podría decir, tenía el ceño más fruncido de lo normal. Dos horas de trayecto seguido desde la última vez que se habían parado para comer, y se estaba volviendo loco con las constantes quejas de su hermano menor.

—¡Ya cállate, Kakarotto! Ya me tienes harto —gritó el joven de cabello largo.

—Pero, Raditz… —intentó convencerlo su hermano.

—Nada de peros, Kakarotto, ya tengo bastante con tener que soportarte todos los días como para que vengas y trates de chantajearme con comida —le dijo seriamente a su hermano.

—Pero es que si no paramos ahora en serio que me moriré de hambre, y tú no quieres cargar con mi cadáver, ¿verdad? —trató de convencerlo una vez más.

—Pues fíjate que no me importa en lo mínimo si te mueres o no; si eso llegase a suceder, solamente arrojaría tu cuerpo a un lado de la carretera y dejaría que los animales salvajes te comieran —amenazó Raditz.

—Por lo menos ellos tendrían algo que comer —susurró enojado Goku.

Pasaron diez minutos en total calma, Raditz conduciendo y Goku viendo maravillado el paisaje de la carretera. El mayor lanzó un suspiro cansado y miró por el retrovisor a su hermano. Era algo increíble que pudiera acceder a la universidad con un coeficiente intelectual más bajo que el de una mosca, porque debía admitirlo, aunque fuera un genio en las artes marciales, para el estudio daba asco. Y él sabía que su amiga Bulma debió tener algo que ver en todo el asunto, porque era extraño que teniendo a una genio a su disposición no hicieran uso de la ventaja que tenían a la mano. Volvió a suspirar, pero esta vez porque recordó con algo de coraje la vez que trató acercarse demasiado a la chica y terminó con los ojos llenos de lágrimas por el gas pimienta que usó para ahuyentarlo. La molesta voz de su hermano volvió a resonar por el auto.

—Raditz, por favor, no seas malo, detente que tengo mucha hambre —suplicó el joven.

—Está bien —accedió con resignación su hermano.

En el rostro de Goku se formó una gran sonrisa, sin saber que la única razón por la que su hermano accedió, fue porque él también tenía mucha hambre.

Salieron del negocio satisfechos y todavía recordando las miradas atónitas de todas las meseras y personas que estaban ahí dentro al mirarlos comer. Siempre se sorprendían de la misma manera cuando las grandes porciones de comida eran devoradas en unos cuantos minutos. O tal vez era por su falta de modales, bueno, daba igual. Al menos Kakarotto dejaría de fastidiarlo por un buen rato. Pero se equivocó

—Raditz, ¿ya vamos a llegar? —preguntaba impaciente Goku

—¡Maldita sea, Kakarotto! ¡Ya te dije que todavía falta mucho para que lleguemos! —gritó estresado.

—Hum, ya veo —dijo su hermano apoyando su cara entre sus manos—. Estoy muy aburrido, Raditz, vamos a jugar algo —sugirió emocionado Goku.

Una vena en la frente de Raditz empezó a ser muy notoria, pero su hermano menor no le tomó la más mínima importancia. El mayor inhaló y exhaló en repetidas ocasiones para no explotar y provocar un accidente. Una vez que se tranquilizó, sugirió jugar a quién puede aguantar más tiempo sin hablar, idea que en un principio emocionó a Kakarotto, pero en veinte minutos irrumpió la paz que había reinado en ese tiempo.

—Esto es muy aburrido, no le veo caso. Mejor juguemos a…— fue interrumpido por su compañero de viaje.

—¡A ver quién aguanta saltar del auto en marcha! —gritó furioso con un tic en el ojo derecho y apretando el volante lo más fuerte que podía.

—No, Raditz, eso es muy peligroso, podríamos morir —replicó seriamente Goku.

—¡Mejor cállate de una buena vez pedazo de idiota si no quieres que te arroje yo mismo del auto! —le dijo al borde de la desesperación.

—Deberías dejar de ser tan gruñón por una vez, Raditz, tal vez es por eso que aún no tienes novia.

—Y me lo mencionas —dijo él un poco más calmado—. Como si tú tuvieras una novia —se mofó.

—Pues, sí —alardeó un poco.

Raditz, sabiendo que era una broma, decidió seguirle la corriente.

—¿En serio? ¡No me digas!

—Pues sí te digo.

—Y, por pura curiosidad, ¿cuál es su nombre? —preguntó Raditz.

—Su nombre es… —no lo recordaba muy bien e hizo una pausa. Su hermano lo miraba como se ve a un farsante esperando su respuesta.

—¡Ya me acordé! —festejó—. Su nombre es Ox-Milk.

—No me digas que tu novia es la hija del socio de la Corporación Cápsula, Ox-Satán. —Raditz sabía que su hermano no era dado a fantasías, pero le asombraba que hubiera escogido a una chica tan importante como ella para hacerla pasar por su novia.

—Pues sí. Nos conocimos en la fiesta a la que nos invitó Bulma, ¿recuerdas?

—Si…lo recuerdo —respondió Raditz impresionado.

Si había sido en esa fiesta, era muy probable que le cabeza hueca de su hermano no estuviera mintiendo. Hasta él tenía novia, no era posible. Goku, por su parte, empezó a arrepentirse de haberle mentido a su hermano. Él no era así, pero no tuvo más opción que hacerlo.

Después de un largo trayecto llegaron al que sería su nuevo hogar. Por cuestión de que la Universidad en la que fue admitido estaba bastante lejos de su hogar, Bardock decidió que era mejor que él se mudara cerca de la escuela, pero para la desgracia de Raditz, Kakarotto era muy joven como para vivir solo, así que su padre le ordenó mudarse junto con él. Al principio se negó, peor prometiéndole que solamente tendría que vigilar que cumpliera con sus deberes aceptó sin muchos ánimos. No era muy grande ni bastante pequeño, era simplemente ideal para que dos jóvenes hermanos pudieran instalarse en esos años.

Goku recordó a su amigo Krilin, y como otras veces, deseó que tanto él como Bulma, estuvieran pasándola bien.

(…)

Krilin estaba agotado. Después de dos meses de intensa búsqueda, aún no había encontrado el más mínimo indicio de sus padres y como los recursos que le agotaban, tuvo que buscar empleo como repartidor de pizzas. El salario no era mucho, pero se conformaba que su jefe no fuera demasiado exigente, aunque claro, siempre había inconvenientes.

—No puede ser, estoy muerto —exclamó mientras se recostaba un poco en su cama.

Ese día en particular no había sido el mejor que tuviera. Un hombre le había reclamado y exigía que se le diera la pizza gratis, pues según él, Krilin había llegado dos minutos después de los veinticinco minutos que se garantizaban en la entrega. Lo que pasaba era que el reloj del tipo estaba adelantado cinco minutos y tras una mini discusión en que la justicia se hizo presente, el joven pudo seguir con su trabajo. Y después tuvo que hacer más de diez entregas con el tráfico vehicular más congestionado que antes, por lo que recorrió algunas manzanas a pie. Sí, ese no había sido un día fácil, pero ninguno lo era. Al menos su sueldo era suficiente para pagar la renta de su pequeño departamento.

Suspiró derrotado.

Tal vez debió esperar hasta acabar una carrera para tomarse un poco de tiempo para ello, pero una vocecita en su interior le dijo que esa etapa de su vida era la mejor para iniciar su búsqueda, búsqueda que no estaba dando sus frutos como lo deseaba. Cuando reuniera el dinero suficiente, podría seguir buscando, pero no por ahora. Los gastos que tenía no eran excesivos, peo si le impedían ahorrar una cantidad lo suficientemente grande para tomar sus cosas y dejar la ciudad.

El maestro Roshi había vuelto a Kame House, aquella pequeña isla en que le enseñó todo lo que sabía de artes marciales. Si lo conocía bien, en esos momentos estaría viendo algún programa donde las chicas hermosas no faltaran. Rió un poco por ello. Él mismo se aprovechó de lo pervertido que era su maestro para que este lo aceptara como su alumno, y con el paso del tiempo, él lo acogió como su protegido ante la ley. Tanto tiempo y recordaba los momentos en que no imaginara que él llegaba al altar del brazo de una bella mujer, la que se convertiría en su esposa, pero ya no estaba seguro de si podría hacer sus sueños realidad.

—Dieciocho… —pronunció el nombre de esa bella chica en un voz baja.

¿Cómo estaría? La pregunta se le hizo tonta y se respondió a sí mismo: "Ella está muy bien, no está llorando porque no estás a su lado. Es seguro que ni siquiera puso atención de tu nombre y si lo hizo, ya lo olvidó. No te hagas ilusiones, Krilin, estás destinado a estar por siempre solo y jamás encontrar el amor verdadero."

Esa molesta voz en su cabeza podía tener razón, tal vez era mejor olvidar a una chica imposible, a alguien que no era para él. Por más que le doliera así era. Pero en algo esa voz se equivocó. La chica rubia si recordaba su nombre, y aunque no lo dijera entre suspiros ni se sintiera morir sin él, el hombrecillo no se borraba de sus recuerdos y menos aquél beso que por impulso le regaló. Lázuli no entendía por qué, pero el chico no era como los demás, era diferente. No lo sabía, pero ese hombre se clavaría en su pecho para no salir jamás de su vida.

Las arenas del tiempo empezaban a moverse a favor del amor.