Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, tan sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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Sentía que los labios le ardían. El corazón le iba acelerado y su entrepierna clamaba por algo más de espacio. Se fue directo a la pista a buscar a Sting para decirle que se iba, pero encontró al señor pulpo en una de las barras pidiendo algo, sin las dos chicas a las que intentaba meter mano momentos antes. Tomó aire y se acercó a él.

- Eh tío, me piro. Ya no aguanto más.

El rubio miró el reloj.

- Vamos tronco, si sólo son las 5 de la mañana! Ya ha pasado el punto de "no retorno", mañana estarás echo polvo igualmente. Qué más te da?

- En serio, me voy a casa.

- Uoo! -No le estaba prestando atención- Mira lo que tenemos allí! -Le dijo señalando la otra punta de la barra. Allí estaba Lucy, esperando a ser atendida por algún camarero.- Mira esas piernas... Me muero por tocarlas. Cómo se puede estar tan buena?

Natsu intentaba no mirar en esa dirección. Aún se sentía confundido por el arrebato que había tenido momentos antes, y a cada palabra que decía su amigo le apetecía más y más cerrarle la boca. La camarera le atendió y él dio gracias por que el tema pasara.

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Había demasiado trabajo para el poco personal que había, y empezaba a darse cuenta de que si quería beber tendría que esperar hasta mañana, cuando una camarera se paró delante de ella, colocó un vaso de chupito y sacó una botella con un líquido transparente para llenarlo. A su lado colocó un salero y un platito con una rodaja de limón.

- Perdona -preguntó Lucy confundida-, y ésto?

- De parte del chico rubio de allí -dijo la camarera señalando a Sting.- Ya está pagado.

- Oh... -le miró un momento y le sonrió cuando sus ojos se cruzaron. No pudo evitar darse cuenta de la cabellera rosa que había a su lado medio escondida, así que ni corta ni perezosa, colocó el vaso sobre el platito, agarró el salero y se dirigió a donde estaban los chicos.- Ésto es obra tuya? -Le preguntó al rubio cuando llegó, señalando el chupito.

- Me apetecía invitarte. -Contestó con una sonrisa seductora.

- Bueno pues espero que te tomes otro conmigo.

La camarera volvió a acercarse y le sirvió otro tequila al muchacho. Ambos se lamieron el dorso de la mano para poner un poco de sal, pero el gesto de la chica fue observado por dos pares de ojos golosos. Brindaron y se tomaron el chupito de un trago, dando un golpe en la barra con el vaso mientras se metían el limón en la boca haciendo gestos con la cara. Lucy volvió a llamar a la camarera y pidió otro par.

- Déjame que te devuelva el favor. Pero esta vez, lo haremos más interesante. Has probado alguna vez el "tequila sexy"?

Natsu abrió los ojos. Sabía lo que era aunque el payaso de su amigo no, y no le hacía gracia el camino que estaba tomando la noche. Vio como ella se acercaba demasiado a su oído para explicarle lo que tenía que hacer, y cómo el cuerpo de él se tensaba a la vez que se relamía por la idea. Los dos nuevos chupitos llegaron, y la chica se apartó el pelo de manera sugerente, dejando despejado un lado de su cuello. Sting fue a ponerle la sal pero ella le paró.

- Primero hay que humedecer la zona si quieres que se quede algo de sal.

Emocionado por la idea, se acercó a la muchacha y le pasó la lengua muy despacio por la zona mientras ella le colocaba la mano cariñosamente sobre un musculoso brazo. Le puso la sal en la zona que había lamido, y le dio la rodaja de limón para que ella se la colocara en la boca. La mordió con los dientes exponiendo toda la carne de la fruta hacia fuera. Él cogió el vasito y se animó a probar. Cuando hundió la boca en el cuello de la muchacha, recreándose un poco de más en la tarea de lamer la sal, ella lanzó una mirada desafiante al espectador que no había sido invitado al juego pero que no perdía detalle mientras se notaba arder por dentro. El rubio se bebió el chupito y acto seguido fue a coger el limón de la boca de ella, rozando los labios con los suyos propios de una forma bastante lasciva. Natsu apretó los puños. No aguantaba este juego entre los dos. En qué coño estaba pensando Lucy?

Cuando el muchacho se separó, la chica tomó su vaso y se lo bebió de un trago, lo puso sobre la barra boca abajo y agarró una rodaja de limón mientras decía:

- Muchas gracias por este rato, ha sido realmente fructífero, lo necesitaba -lanzó una corta mirada al de pelo rosa-. Encantada de verte Sting!

Y metiéndose el trozo de fruta entero en la boca se marchó de allí. Al pasar por al lado de Natsu éste le sujetó el brazo fuertemente.

- Qué crees que estás haciendo? -Preguntó a la muchacha con notable enfado.

- A ti qué te importa? Suéltame.

- Así que quieres jugar, eh? Ten cuidado o podrías quemarte.

Ella se acercó más a él y le retó:

- Me gusta el fuego.

Y dando un tirón de su brazo se soltó y se fue. Natsu se volvió hacia su amigo, que estaba hablando con la camarera y no se había enterado de nada. Entonces vio cómo le tendía una copa con un líquido oscuro y le dijo:

- Venga, la penúltima. -El chico la tomó y bebió un trago grande para tratar de quitarse el mal sabor de boca del momento anterior.- Venga, vamos a la pista. Quiero intentar camelar a Lucy. Esta noche me la llevo a casa. Buf! Qué hembra!

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No muy lejos de allí, en un coche aparcado entre las sombras de la noche y los árboles de la zona, alejado de todo menos del ruido de la música que salía de las discotecas, un bastante bebido Gray se dejaba hacer por las arrebatadoras manos y boca de la muchacha de pelo azul. Se había bajado los pantalones y estaba recostado en el sillón de atrás mientras ella disfrutaba con su miembro erecto, chupando, lamiendo y apretando todo lo que podía. Parecía que pretendiera exprimirle, pero a él le estaba volviendo loco. No dejaba de gemir pidiendo más, y ella, muy excitada, se lo daba. Cuando consideró que hubo disfrutado lo suficiente, se quitó las braguitas, dejándose la falda y la blusa puestas, y se subió a horcajadas al chico, que se había sentado derecho, y se colocó su húmeda virilidad entre sus pliegues, introduciendola más y más mientras se dejaba caer, con un gemido largo y sensual. Ella empezó a cabalgar, primero despacio, después con fuerza. Gray le arrancó los botones de la blusa para acceder a su enorme pecho y comenzó a manosear sus atributos por encima del sujetador, hasta que tiró de la fina tela de encaje y dejó al descubierto uno de sus rosados pezones que pedía a gritos que lo estimulara. Sin pensárselo dos veces, y consumido por el placer que le estaba dando, se lo metió en la boca y succionó mientras con una mano apretaba el otro pecho y con la otra una nalga. Ella le hincaba las uñas en los hombros mientras se movía frenéticamente, y en mitad del arrebato le besó y cuando separó sus labios le dijo:

- Dime guarradas.

El morbo era máximo, y Gray se dejó llevar por el momento y por la extraña petición de aquella adictiva chica. Sus labios empezaron a moverse y lo que salió de ellos realmente logró complacer a la muchacha. No eran guarradas del tipo "me gusta estar dentro de tu conejito". Eran cosas que se avergonzaría de haber dicho cuando lo pensara al día siguiente. Poco a poco notó como ella iba acelerando el ritmo y perdiendo el norte. Sus gemidos se hicieron cada vez más fuertes y él aprovechó para tomar con ambas manos sus nalgas y abrirlas todo lo que pudo, acariciando con la punta de los dedos la abertura trasera de la chica y haciéndola con eso dejarse ir por el momento y llegar a un tremendo clímax mientras gritaba de placer. Al verla de esa forma tan eróticamente entregada a él, lo que creía que no iba a llegar por culpa del alcohol llegó en el mismo momento que notó los cálidos fluidos de ella envolver su miembro y caerle por los muslos, y un arrebatador orgasmo le hizo acompañarla en su grito para luego dejarse caer rendido en el asiento trasero de su coche.

- Dios, Juvia. Eres increíble.

- Tú no te quedas atrás, chico. Además de que ese tremendo cuerpazo que tienes ayuda un montón.

- Hablas tú de cuerpazo!

Ambos rieron por los comentarios que se estaban haciendo. Esa chica había sido todo un descubrimiento, pero... y ahora qué? Carraspeó un poco incómodo por el pensamiento mientras ella se recomponía y se sentaba a su lado, apoyando la cabeza en su hombro y pasando la mano por debajo de su camiseta dibujando esos tentadores abdominales.

- Me llevarías a mi casa? -dijo ella después de un rato. Él no tenía intención de irse aún, pero vio en esa pregunta una invitación que le llamaba más la atención que volver con sus amigos a la discoteca.

- Claro. Tienes que ir a buscar alguna cosa o a avisar a alguien?

- No, lo llevo todo encima. Y tú?

- En realidad da igual. Ahora les mando un mensaje a mis amigos y listo.

- Sí.

Los dos sacaron sus móviles para avisar de que no volverían a entrar y se marcharon en dirección a la casa de la chica. La noche prometía ser larga y placentera, y ya se preocuparían del resto mañana.

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Lucy bailaba con sus amigas bajo la mirada de cazador de Sting, quien se había intentado acercar a ella varias veces pero siempre había sido rechazado de formas muy sutiles. El tequila empezaba a hacer estragos en su cerebro cuando vio a Natsu adentrarse en el baño tirando de la mano de una señorita que iba aún más borracha que ella. Entonces se le ocurrió que necesitaba hacer pis, y tambaleándose llegó al baño de mujeres. Estaba desierto, pero sin pensar en nada más entró a descargar su vejiga. Mientras lo hacía, y con el minúsculo habitáculo dando vueltas, escuchó un leve gemido que salía de uno de los cubículos del final. Gemidos de una chica que lo estaba pasando muy bien. Pensó en que hacía un momento había visto entrar al chico de pelo rosa arrastrando a una dócil moza en esa dirección, y sintió una rabia atroz e inexplicable de repente. Se colocó delante de la puerta de la que provenía el ruido y se agachó para mirar por debajo. Con el cambio de verticalidad, su cuerpo no respondió como debiera y perdió el equilibrio, cayendo hacia la puerta del baño sobre sus manos. Oyó un gritito al otro lado de la puerta y un gruñido masculino que quiso saber de quién era. Con la sangre hirviendo gritó:

- Iros a un hotel! Aquí no se pueden hacer esas cosas!

Un momento de silencio. Después, un leve murmullo que decía algo así como "vístete" y al poco, la puerta se abrió dando paso a la pareja que ella creía, una golfa ligera de cascos totalmente ruborizada, en parte por la vergüenza y en parte por el alcohol que llevaba en el cuerpo, y un chico de pelo rosa totalmente serio que, en lugar de acompañar a su pareja hasta la puerta, le dio un beso en la mejilla y se soltó de su mano.

- Espérame fuera, ahora salgo.

Lucy no sabía dónde meterse. Estaba enfadada, dolida, humillada... y lo peor es que no tenía motivos para estarlo. Además del tremendo mareo que tenía encima.

- Eres un capullo. -Logró decir evitando la mirada triunfal del chico.

- Es la segunda vez esta noche que me persigues. Voy a empezar a pensar cosas raras de ti...

- De mí? Quién fue el que me besó primero allí atrás?! -Todo el baño daba vueltas. No conseguía enfocar bien y sabía que si se movía demasiado se llegaría a caer.

- Y lo volvería a hacer! -Sentenció el muchacho descolocándola.

- No te rías de mí, idiota!

Dicho esto, lanzó un tortazo a la cara del chico haciéndola trastabillar y caer directamente sobre su cálido pecho. Éste la rodeó con los brazos para que no se desplomara, y se dio cuenta de que no podría andar ella sola por el momento. Lucy se sentía segura, firme, cuidada. Aquel cuerpo era tan cómodo, y esos brazos tan fuertes... Sus piernas empezaban a fallarle y de repente sus ojos se cerraron. Notó entre ensoñaciones cómo sus pies abandonaban el suelo, e inconscientemente alzó los brazos para pasarlos alrededor del cuello del muchacho. Éste empezó a andar y la sacó de allí, con la suerte de que ninguno de sus amigos les vio. Jellal seguía encandilado con aquella pelirroja de la que no se había vuelto a separar, y Sting estaba demasiado borracho persiguiendo mujeres. Gray había desaparecido hacía horas, así que ni se preocupó por él. De camino al coche notó que la chica hundía la cara en su cuello y aspiraba profundamente. Tuvo que tragar en seco. Entonces la oyó murmurar mientras hacía círculos con la nariz en la suave piel del chico:

- Qué bien hueles...

La montó en el coche, se subió en el asiento del conductor y la dijo:

- Te llevaré a tu casa. Dónde vives? -Pero ella se había quedado dormida. O más o menos. El caso es que no contestaba.- Joder, Lucy, responde por favor. -Nada.- Si no me dices dónde vives tendré que llevarte a mi casa.

Natsu juraría que vio dibujarse una leve sonrisa en sus labios. Volvió a maldecir por lo bajo y arrancó el coche.

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Al fin llegaron a su casa. Tuvo que volver a coger en brazos a la muchacha para subirla hasta su piso, y ella se volvió a abrazar a su cuello y de vez en cuando movía la nariz por él absorbiendo su aroma. La tranquilizaba, y... quizás algo más. Natsu se detuvo en la puerta para sacar las llaves, y en ese momento notó cómo ella volvía a aspirar con fuerza y soltaba el aire por la boca, rozándole el cuello y haciendo que poco a poco se fuera encendiendo.

- En serio, hueles muy bien. Me apetece probarte a ver si sabes igual.

Y dicho esto empezó a repartir suaves besos por su piel desde donde acababa la camiseta hasta detrás de la oreja, jugando después con la lengua por esa zona y haciendo que la piel se le erizara. El chico tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse y no dejarse llevar, volvió a tragar en seco y bajó sus pies al suelo para poder abrir la puerta. Mantenía a la muchacha sujeta por la cintura, y ella seguía inmersa en su cuello, aunque ahora al menos había dejado de lamerlo y luchaba por mantenerse de pie mientras reía. Tras mucho trabajo, logró sacar la llave del bolsillo del pantalón y abrir la puerta. Guió a la chica a través de ella y cuando la cerró ésta aprovechó para dejarse caer sobre la pared tirando del chico y buscando sus labios. No le costó encontrarlos, pues él estaba tan dispuesto como ella a dáselos ya en ese momento. Las manos de la chica se enredaron en los rebeldes mechones rosas, y las de él se enrollaron a la delicada cintura. Sus corazones se aceleraron y empezaron a respirar con dificultad. Él se separó un poco dejando la frente apoyada en la de ella.

- Lucy, no voy a seguir.

Ella le agarró con saña la entrepierna mirándole a los ojos con seductora pereza.

- Algo aquí abajo me dice que estás totalmente preparado para seguir.

Y llevaba razón. La erección que venía arrastrando desde que empezó a respirarle encima ya le empezaba a doler. Ninguna de las mujeres con las que se había enrollado esa noche había logrado excitarle lo suficiente, pero ésta, tan solo con su aliento, le tenía fuera de control.

- No. Estás muy borracha. No me voy a aprovechar de ello.

La chica jugó un poco con sus dedos apretando y aflojando el enorme bulto de Natsu con una sonrisa pícara en la boca. Éste gimió a punto de perder el control y apretó los ojos tratando de aguantar.

- Estás seguro? -Le tentó.

Entonces cayó de rodillas al suelo poniendo ambas manos en la cintura del pantalón del chico y empezó a desabrocharlo. Él tuvo que apoyar una mano en la pared para no caerse de la impresión. Cuando Lucy liberó por completo su erección y se la metió en la boca golosa, éste apoyó la otra mano para no venirse abajo. Perdía las fuerzas. Qué estaba haciendo? No era propio de él negarse a un polvo fácil, y sin embargo estaba luchando contra todos sus instintos para no hacerlo con ella.

- L-Lucy, por favor... -gimió extasiado. Ella agarró el tronco con una mano y los testículos con la otra mientras su boca seguía trabajando con la punta. Una succión más fuerte, un pequeño grito del muchacho, y la chica notó un ligero sabor salado que le indicaba que estaba a punto de correrse. -Dios... no aguanto más!

Los movimientos de la mano se intensificaron y la lengua se movió más rápido. No tardó en notar el tirón del muchacho que intentó salir de su boca antes de derramarse, entre espasmos y jadeos, de pie y sin haber pasado de la entrada de su casa. Ella se levantó limpiándose los labios con el dorso de la mano y mirando retadora a esos ojos verdes que ahora estaban rendidos a sus pies.

- Me estabas diciendo algo antes de que te interrumpiera. -Le dijo mientras volvía a notar los efectos del tequila.

Natsu recobró el aliento sin apartar la vista de aquella pequeña bomba de relojería. Aquella niña no sabía lo que estaba haciendo, mucho estaba tentando a la suerte. Sin querer contenerse más la agarró con ambas manos de la cara y empezó a devorar sus labios con verdadera pasión.

"Sí!"

Eso era lo que Lucy buscaba. Un poco descontrolada, pero eso era lo que quería. Ansiaba sentirse tocada por él, besada, acariciada, invadida... Lo quería todo con él. Le deseaba tanto que le dolía el vientre. Y si no se lo daba él lo tendría que coger ella.

Las manos de los dos fueron volando por sus cuerpos hasta ir quitando una por una las prendas de ropa que les estorbaban, mientras se iban apoyando el uno en el otro para moverse por la habitación sin separar sus bocas. Lo primero que encontraros fue un sofá cochambroso en el que decidieron hacer una parada y terminar de desnudarse. Natsu la tumbó boca arriba y fue bajando hasta colocarse delante de las delicadas braguitas que llevaba puestas. Suspiró inconscientemente al ver esa escena tan deliciosa, y fue cuando le agarró con los dedos la goma de la prenda y empezó a quitársela con cuidado, descubriendo su feminidad totalmente húmeda y preparada para él. No pudo evitar dibujar una sonrisa pensando en su sabor, y tras alzar la vista hacia su arrebolada cara que mantenía los ojos cerrados por el deleite se lanzó a degustar la parte mas fina de su anatomía. Lucy se arqueó respondiendo al estímulo, colocando las manos en la cabeza del muchacho.

Era deliciosa. En todos los aspectos. Notar cómo le pedía más y cómo le gustaba lo que le estaba haciendo encendió de nuevo al muchacho que ahora notaba que su virilidad se había vuelto a despertar y demandaba atenciones. Se deshizo de la presa con la que le había inmovilizado la chica usando piernas y brazos, ganándose un puchero por su parte. Pero cuando vio que sus verdaderas intenciones eran colocarse sobre ella e introducirse de una vez en su húmeda cavidad cambió el puchero por una sonrisa lasciva.

No se creía lo que iba a hacer. Era plenamente consciente de la situación, sabía que no debía, y aun así no podía controlarse. Muchas noches se había ido con algún pivón demasiado borracha para aprovecharse de ella y hacer lo que le apeteciera en ese momento. Además, al ser un chico atractivo tenía fácil la aceptación de dichas mujeres perjudicadas. Nunca había tenido escrúpulos a la hora de hacerlo. Total, eran un polvo y a las seis de la mañana estaban fuera de su casa. Pero con Lucy era diferente. No la veía como a un polvo de una noche. En realidad no sabía cómo la veía, pero le molestaba pensar que pudiera ser sólo eso. Además, el se cuidaba siempre con todas las chicas. Tenía preservativos en su cuarto y en su cartera por lo que pudiera pasar. La seguridad ante todo. Pero en estos momentos estaba empezando a penetrar a aquella incontrolable chica a pelo. Todos sus sentidos gritaban que estaba haciendo las cosas mal, pero su cuerpo no reaccionaba. Cuando estuvo dentro de ella y notó la suavidad de su interior ya no hubo vuelta atrás. Empezó a bombear con fuerza mientras perdía totalmente el poco control que le quedaba. La rubia clavaba las uñas en su espalda mientras movía las caderas, manteniendo las piernas alrededor de su cintura. Ambos se notaban arder, era explosivo. Jamás lo había sentido tan bien con otra mujer. No sabía exactamente qué era o que cambiaba, pero algo era distinto con Lucy.

- Natsu! -gimió descontrolada- Me voy!

Y mágicamente esas palabras le hicieron tocar el cielo con los dedos y sucumbir al orgasmo que estaba reteniendo, vertiéndose por completo dentro de ella y notando cómo su esencia se esparcía mezclándose con la que empezaba sentir alrededor de su miembro.

Todo quedó en silencio, a excepción de los jadeos de la pareja tratando de recobrar el aliento. Habían perdido sus fuerzas y reposaban uno sobre el otro en el sofá. Lucy jugaba con el pelo del chico mientras éste se reprendía mentalmente por lo que acababa de hacer. Entonces notó como los dedos de ella se detuvieron y se dejaron caer sobre su espalda, y poco a poco, a su costado. La miró y se dio cuenta de que se había quedado dormida. Sonrió con la imagen tan hermosa que le mostraba sin pretenderlo, y tras un par de minutos de inocente observación, se puso en pie y la cargó hasta la cama, metiéndose luego al otro lado y cerrando los ojos, aún con una sonrisa boba en la cara.

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Antes de nada, quisiera pedir disculpas a los posibles lectores mexicanos por la escena del tequila. Cada país tiene sus costumbres, y aquí en España se toma con sal y limón (aunque yo obvio la sal xD). Digo ésto porque, aunque no he estado nunca en ese país, me han comentado alguna vez que el tequila allí se bebe solo, que los aditivos que le ponemos aquí es porque la calidad es tan mala que con algo hay que pasarlo xD Pero como os digo, al no saberlo de primera mano prefiero pedir disculpas por quien se pueda ofender. Yo me he limitado a escribir sobre lo que conozco y se acostumbra en mi país.

Quitando eso, espero que os haya gustado este capítulo calentito. La escena de Gruvia ha sido a petición de mi querida Tsuki-chan, que imagino que te habré sacado más de una sonrisa al leerlo (y/o/u carcajada!)

Si tenéis algo que comentar, es el momento! Se admiten más peticiones para los próximos capítulos ^^

Nos leemos!

Hanako.