Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, tan sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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La claridad empezaba a molestar. Tenía mucho calor y de repente la cabeza empezó a dolerle como si tuviera un martillo hidráulico dentro. Hizo un gesto arrugando la nariz y se tapó los ojos con el brazo, que por cierto le pesaba horrores.
- Ya estás despierta?
"Esa voz..."
Abrió un poco un ojo para ver a un ceñudo Natsu sentado a los pies de la cama. De un brinco se incorporó, haciendo que su cerebro se abotargara de pronto y la habitación comenzara a dar vueltas. Tuvo que volver a cerrar los ojos con fuerza llevándose una mano a la frente. Escuchó una leve risita proveniente del chico, lo cual la hizo ofuscarse más.
- Qué haces aquí? -Le preguntó.
- Estaba preocupado, ya es medio día y no despertabas. Empecé a pensar que te tendría aquí hasta mañana.
La chica miró a su alrededor. No estaba en su casa. No conocía la habitación, ni la cama ni… Dios, estaba desnuda. Pegó un grito y se tapó enseguida con la sábana.
- Fuera de aquí! -Voceó.
- Eh! Tranquila. Procura no echarme de mi propia casa.
- Tu casa? -Dijo abriendo mucho los ojos a pesar del dolor de cabeza.- Por qué estoy desnuda en tu casa? Qué me has hecho?
- Yo?! -No daba crédito a lo que oía.- No recuerdas nada de lo que pasó anoche?
- Oh dios mío… pasó algo?
El chico sintió una punzada en el corazón. A pesar de todo, la noche anterior habría sido como si no hubiese sucedido. Un sueño, tal vez. No le gustaba la idea, pero igual era mejor así. Lo que sentía cuando estaba cerca de esa rubia no le convenía ni le interesaba. Suspiró y mirando hacia otro lado se levantó.
- Te traeré tu ropa. Hay café preparado en la cocina. Tómate tu tiempo. El baño está tras esa puerta de ahí.
Lucy se quedó petrificada mirándole salir por la puerta. La cabeza amenazaba con estallarle y no lograba ni sumar dos más dos. Cerró los ojos tratando de recordar algo de la noche anterior, pero le fue imposible. Entonces Natsu volvió a entrar con su ropa doblada en un montón y lo colocó a los pies de la cama sin mirar hacia ella. Cuando volvió a quedarse sola se llevó las manos a la cabeza y se dejó caer de nuevo en la cama, tapándose la cara con una almohada para ahogar un grito. Tomó aire y sin querer aspiró el olor del muchacho. Sus sentidos se liberaron un momento y la imagen de un tentador cuello a la altura de su nariz apareció en su mente, haciendo que su vientre reaccionara. La inundó una dulce sensación que no supo ubicar, y cuando se forzó más para recordar algo le volvió a dar otra punzada la cabeza.
"Vale vale… Ya lo pensaré mañana."
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El chico de pelo rosa miraba por la ventana del salón mientras se tomaba su café. Joder, después de todo, no había servido para nada. Ahora sólo podía esperar a que se fuera de su casa para poder gritar de rabia a gusto, o desfogarse con algún videojuego. Por qué le importaba tanto que no lo recordara? Un móvil sonó desde alguna parte en el suelo del cuarto. No era su tono de llamada, así que supuso que sería el de Lucy. Se acercó a buscarlo a la entrada y lo encontró en el suelo justo en el sitio en que ella… Por inercia lo tomó y leyó lo que ponía en la pantalla: "Gajeel L.". El chico se sobresaltó al leerlo. Podría ser su novio, o algún chico con el que practicara sexo y luego no se acordara. Al poco dejó de sonar y un mensaje apareció en la pantalla. Podía leerse con claridad: "Dónde estás? He llegado a casa y no te he visto. L."
"L? Quién se despide poniendo L? Qué significará, Love? Mierda. Sí es su novio, y viven juntos."
Escuchó cómo la puerta del cuarto se abría y decidió dejar el teléfono sobre la mesita que tenía a la entrada, volviendo a la ventana con rapidez. La chica salía con la cabeza agachada.
- Voy a… Si no te importa, me vendría bien un poco de café antes de salir.
- Claro, toma lo que necesites.
Se encaminó a la cocina y empezó a abrir puertas hasta que dio con los vasos, el azúcar y las cucharillas. Sobre la mesa reposaba una pastilla preparada para ella, que no dudó en tomarse. Cogió la leche de la nevera y se bebió el café casi de un trago. Tenía que salir de allí lo antes posible. No dejaba de recorrerle el cuerpo una sensación demasiado agradable, sin contar con que cada vez que detectaba el olor de aquel chico se estremecía por completo. Realmente no sabía si quería o no recordar lo que había pasado por la noche, pero aun así la curiosidad la mataba.
Tras desayunar a solas y en silencio, llegó al salón buscando sus cosas. Llaves de casa y móvil. Lo encontró todo en la mesa de la entrada. Lo cogió y abrió la puerta con cierta incertidumbre.
- Eh, Natsu… -El chico se giró hacia ella, con gesto serio y aún sin decir nada. Ella volvió a agachar la cabeza antes de salir.- No importa. Gracias por… -se encogió de hombros- no sé, por lo que fuera que tuviste que hacer por mí anoche.
Él sonreía interiormente, pero no era capaz de expresar esa sonrisa en sus labios. Se sentía… dolido quizás?
- De nada.
Y sin más, salió del piso y se fue. Una vez llegó a la calle y se acostumbró a la excesivamente brillante luz del sol del medio día, miró hacia los lados.
"Muy bien, y dónde coño estoy ahora?"
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La cerveza fresquita le estaba sentando genial. Hacía demasiado calor para estar a mediados de mayo, y a los chicos les había dado por sentarse en la terraza del bar en plena tarde. Bueno, la verdad es que no tenía inconveniente ninguno en salir de allí con alguna cerveza de más. Hacía que no se juntaban desde la noche que habían salido de fiesta, y se ve que Sting tenía muchas cosas que contar.
- Pues al final me fui con una chica preciosa a su casa. A la suya -dijo mirando a Natsu- porque alguien me dejó tirado y se llevó el coche sin siquiera despedirse.
- Te llevaba avisando rato -se excusó sin darle mucha importancia-. Además, si pensaste en algún momento que te iba a dejar mi coche para llevarte a una de tus zorras a tu casa lo llevabas claro.
- El caso es que cuando me di cuenta estaba solo! Dónde coño os metisteis?
Todos los presentes agacharon la cabeza.
- A ti qué te importa? -Preguntó Jellal a la defensiva, cosa que fue muy rara en él.
- Vale, tatuaje. Canta.
Gray le apuntaba directamente con el tenedor con el que acababa de pinchar una patata brava y le ordenaba que les contara el cotilleo.
- N-no hay nada que contar.
- Se ha puesto rojo! -gritó el rubio.
- N-n-no, es que…
- Oooohhh… -dijo el de pelo rosa fingiendo estar enternecido- Que por fin ha perdido la virginidad!- Todos rieron ante el comentario malicioso.- Ya eres todo un hombre, estoy orgulloso de ti.
- Vete a la mierda tío!
Otra carcajada general.
- Bueno anda, no seas tímido. -Volvió Gray al ataque.- Cuéntanos.
- Pues nada, conocí a una chica muy interesante, estuvimos un montón de tiempo hablando y luego nos fuimos a casa.
- A qué casa? -Preguntó Sting.
El muchacho de pelo azul se volvió a ruborizar.
- A la suya...
- Así se hace! -Vitoreó Gray.
- Machote! -Le dijo Sting.
- Ya era hora, no? Cuánto tiempo hacía que no estabas con una tía? -Preguntó Natsu.
- Demasiado! -Se quejó suspirando abatido.- Cuando llegó el momento… Me puse tan nervioso que… -Todos le miraban conteniendo una risotada.- Bueno, que menos mal que ella tomó las riendas.
- Bueno -le alentó el chico de pelo negro-, lo importante es que disfrutaras.
- Y tú, Gray? -Le interrogó el rubio.- Desapareciste ensegiuda.
- Es verdad -añadió Natsu-. Qué pasó con la chica de pelo azul?
El muchacho pensó un momento.
- No era lo que yo esperaba… -"resultó ser mejor"- Al final me fui pronto a casa.- "A las 6 de la tarde."- Y tú? Antes de irme te vi hacer varios viajes al baño con varias chicas. En qué terminó la noche para ti?
Todos se giraron a mirarle. El más activo de todos ellos siempre había sido el de pelo rosa. Tenía algo que resultaba arrebatador para las mujeres, y no se solían negar a su compañía, así que no tenía mucho misterio cómo habría acabado la noche. Probablemente se hubiese tirado a más de una de ellas (o a todas) en esos viajes al baño. Y tal vez si alguna le hubiese gustado un poco más se la habría llevado a casa. Eso explicaría por qué había dejado colgado a su compañero de aventuras. Antes de contestar, el chico se encogió de hombros y tomó su cerveza sin darle importancia a lo que iba a decir.
- Acabé en casa con una chica de piernas largas y unas tetas de infarto, que me gorroneó ducha y café antes de irse.
- Bueno, eso no es nada nuevo. -Le contestó el rubio.- Lo que me sorprende es que la permitieras quedarse tanto tiempo en tu casa!
Natsu supo que Sting sospechaba al oírle.
- Estaba tan borracha que se quedó dormida y no se despertaba.
- Ya, ya, -le miró entrecerrando los ojos- pero desde cuándo se lo consientes?
- Ahora será que no puedo dejar dormir a nadie en mi propia casa sin tener que sufrir el tercer grado!
- Debía estar muy buena para que la dejaras quedarse tanto tiempo! -Todos rieron ante el comentario del chico. Entonces recordó algo- Hablando de tías extraordinariamente buenas... -se giró hacia Gray- Qué tal tu amiga?
Él le miró confundido.
- Qué amiga?
- La camarera del otro día, la madre de mis hijos.
- Qué tal de qué?
- Has vuelto a verla?
- No suelo quedar mucho con ella desde hace tiempo. Por qué lo preguntas?
Sting sonrió con picardía.
- Podrías conseguirme su teléfono? -Preguntó meloso. Natsu se tensó.
- Eeemm... A ver, yo le tengo, pero -le miró con desconfianza- no sé si debería dártelo.
- Por qué? Hay algo entre vosotros? O es que acaso tiene novio?
El chico de pelo rosa se atragantó con su cerveza. Jellal le dio unas palmaditas en la espalda, atento aún a la conversación. Gray se llevó una mano al mentón y miró hacia arriba, a ninguna parte.
- Pues ahora que lo mencionas... la verdad es que no lo sé. Lo último que supe de ella es que andaba lócamente pillada de un payaso que se aprovechaba de ella. Pero no sé en qué acabaría la cosa, eso fue hace algunos años.
- Y... -se pasó la mano por el pelo- no podrías preguntarle?
El muchacho le miró y parpadeó dos veces.
- Qué dices, tío? Y por qué no vas tú y se lo preguntas directamente? Ya sabes dónde trabaja, y no está lejos. A mí no me metas en movidas.
Miró a todos en la mesa y dijo:
- Cuándo volvemos a esa cervecería?
La mesa le miró a él y uno a uno fueron contestando:
- Pasa de mí. -Dijo Natsu.
- Olvídalo. -Respondió Gray.
- No tengo interés en tus juegos amorosos insanos. -Sentenció Jellal.
- Veeeeengaaaaa!
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Levy leía tranquilamente en el sofá de su casa. No se había dado cuenta de que llevaba ya dos horas enganchada a esa novela, ni de que su compañera de piso corría de un lado a otro porque llegaba tarde. Un fuerte golpe y el sonido de un mueble arrastrándose la hizo levantar la vista.
- Lucy?
- Joder! -Oyó un grito en la habitación de al lado.
- Qué te ha pasado?
La cara de su amiga apareció por el marco de la puerta, con el ceño fruncido y mala leche.
- Me acabo de llevar por delante la pata de la silla con el dedo meñique del pie.
- Y por qué has hecho eso? -Rió entre dientes.
- Porque me apetecía ir a trabajar cojeando, ya que voy con tiempo de sobra.
- Tiempo de... Qué hora es?! -Preguntó de repente nerviosa.
- Las 17:30 casi. O salgo ya o no llego a la cervecería. Al volver del restaurante me ha pillado atasco y me he retrasado demasiado.
- Oh dios mío! Y yo había quedado con Gajeel hace media hora! Por qué no me has avisado?
Lucy la miró con los ojos muy abiertos.
- Disculpe, señora, por no darme cuenta de su agenda entre trabajo y trabajo. Es mi culpa, porque como me sobra el tiempo...
- Lo siento, lo siento -dijo avergonzada mientras se ponía en pie y se marchaba a arreglarse.
La rubia sonrió. Su amiga era muy despistada en cuanto a la lectura se trataba. Quizás por eso le había caído tan bien desde un principio. Se encontraron una tarde en la biblioteca, ambas buscaban el mismo libro y ninguna de las dos quería ceder para que la otra se lo llevara. En ese momento surgió una pequeña amistad que con el paso del tiempo se hizo más y más fuerte, pues como decía Levy, "ver a una persona leyendo un libro que te gusta es ver a un libro recomendándote a una persona". Y aquella novela romántica de misterio en los años 20 las había recomendado entre ellas. No tardaron demasiado en irse a vivir juntas, que fue cuando el casero de la chica de pelo azul le quiso subir el alquiler y se veía en la calle pidiendo para poder pagarlo. Lucy estaba intentando lograr su sueño de publicar una novela, pero el mundo editorial era duro y no la estaba tratando muy bien, por lo que decidió compartir piso y buscarse un segundo trabajo para poder conseguir dinero y seguir intentándolo.
El sonido del timbre la sacó de sus ensoñaciones. Se terminó de poner la bota y corrió a la puerta. Allí estaba Gajeel, el novio de Levy, que como la mayoría de las veces, al dar la hora de su cita y ver que la chica no llegaba había decidido ir a buscarla. La muchacha sonrió y le hizo un gesto con la mano.
- Se está preparando.
- Me lo imaginaba.
Y sin llegar a cerrar la puerta, cogió sus llaves y se despidió.
- Me marcho ya. Pasad buena tarde. Adiós Levy!
- Adiós Lu! -se oyó desde la zona de las habitaciones.
- Creo que ya lleva el móvil sin batería, estamos en contacto a través del tuyo, como siempre.
El chico rió. Era lo más común en su novia, llevarse el móvil sin carga o dejárselo en casa directamente. Un pequeño y adorable desastre de chica.
- De acuerdo, te diré lo que sea. Adiós Lu.
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Los chicos seguían en esa terraza disfrutando de la charla y del calorcito. Ya iban por la tercera ronda, les quedaba una para moverse de sitio. Entonces Sting abrió mucho los ojos y empezó a dar golpecitos contra la mesa con los dedos.
- Es ella! Es el destino!
Los demás miraron hacia donde el chico fijaba la vista, para encontrar a una acalorada Lucy casi corriendo por la calle. Natsu notó cómo su cuerpo se contraía. De repente le habían venido a la mente las imágenes de aquella noche que pasaron juntos, y la verdad es que a la luz del día la encontraba más atractiva, cosa que no confesaría en voz alta.
- Lucy! -Gritó Gray ganándose un codazo del rubio.- Qué, no suspirabas por ella hace un momento? Ale, ahí tienes tu oportunidad.
La chica se giró y vio al grupo sentado en una mesa de una terraza cercana. Rápidamente buscó con la vista al muchacho de pelo rosa que la tenía tan confundida. No había podido dejar de pensar en él en todos estos días, y su cuerpo reaccionaba de forma extraña cada vez que lo hacía. Pero seguía sin recordar demasiado de aquella noche. Algunos flashes, como ella abrazada a su cuello oliéndolo como una vulgar psicópata, y él cargando con ella desnuda en brazos hasta la cama. Al localizarle vio cómo apartaba la mirada de ella, y eso le picó en el orgullo. Así que, ni corta ni perezosa, y sin saber realmente el motivo, se acercó a ellos, al menos para saludar. Cuando llegó se encontró con un sonriente Jellal, un Gray con gesto malicioso, un desinteresado Natsu y un abochornado Sting.
- Hola chicos! -Saludó educada- Qué hacéis por aquí?
- Tomamos algo -respondió su amigo-. Quieres unirte a nosotros?
Una patada por debajo de la mesa le hizo saltar en la silla.
- No puedo, lo siento. Entro a trabajar ahora en la cervecería. -Un destello en la mirada color verde del chico de pelo rosa. La había mirado sin querer?- Si queréis pasaros luego estaré allí. Me encargaré de que os den un buen servicio.
- Si nos lo das tú será exquisito. -Le dijo zalamero el de pelo negro. Ella rió y se apoyó levemente contra él. El efecto que produjo en Natsu fue el que ella esperaba, otro destello.
- Sabes que por ti, lo que sea, guapísimo.
- Eh! -Se quejó el rubio- Que él no es el único guapo del grupo!
Ella se acercó entonces a él y le pasó un brazo por el hombro mientras se agachaba a su lado.
- Perdona, no quise insinuar eso. La verdad es que Jellal y tú tampoco estáis nada mal. Vendrás a verme después?
"Cómo?"
El muchacho, obnubilado, asintió con una sonrisa tonta.
- Me das tu teléfono? -La preguntó en un arrebato. Todos le miraron incrédulos. Lo había hecho.
- Claro! Apunta.
La sorpresa fue mayor al ver la reacción de la chica. Natsu apretó los puños debajo de la mesa y Gray quiso meter baza.
- Creía que sólo me tratabas así a mí!
Entonces, coqueta, y antes de marcharse, le dijo:
- Tú siempre serás el primero en mi lista.
Se dio la vuelta y se marchó, dejando al grupo carcajeándose por las ocurrencias de la camarera. Natsu no dijo nada y se fue en dirección al bar. Necesitaba refrescarse un poco, pero cuando llegó a la puerta, en lugar de entrar siguió andando en la misma dirección que había tomado ella. Pronto la alcanzó y la tomó de la muñeca.
- A qué juegas?
Ella le miró con un escalofrío recorriéndole el cuerpo por ese contacto.
- Yo?
- Sí, tú. Estás interesada en Gray o en Sting? -La miró enfadado. Sus palabras estaban cargadas de rencor.- No juegues con ellos de esa manera o acabarás haciendo daño a alguien.
Ella dio un paso hacia él, colocándose muy cerca.
- Me vas a detener tú?
En ese momento notó cómo algo tiraba de ella desde su vientre. Todo su cuerpo le decía que se lanzara hacia esos labios entre abiertos tan tentadores y que tomara lo que quisiera de él. Pero su orgullo se lo impedía. Deseaba que fuera él quien lo hiciera, y por eso no dejaba de pincharle. Notó una mano en su nuca y sin querer suspiró por lo que iba a venir, cerrando los ojos y notando cómo su corazón se aceleraba. Un golpe en su frente. Abrió los ojos y vio la cara de Natsu pegada a la suya, sonriendo.
- Pretendes que te detenga como lo hice la otra noche en la discoteca?
Joder, había leído entre líneas y había interpretado a la perfección lo que ni siquiera ella quería admitir.
- Quítame las manos de encima ahora mismo.
En realidad no quería separarse de él. Deseaba que la detuviera de esa manera. Quería que siguiera tocándola, hablándola, retándola, notar su aliento en la cara tan suave como ahora, volver a oler su aroma. Pero él la hizo caso y la soltó poco a poco, sin separar sus frentes. Entonces, con dudas, acercó sus labios a los de ella y tan sólo los rozó, pero fue suficiente para sentir el estremecimiento recorriéndole el cuerpo.
"Ya basta."
Apretó los puños y se dio la vuelta marchándose hacia donde estaban sus amigos, sin mirar a la rubia descolocada que se volvía a quedar con la miel en los labios.
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Dos días más tarde, y antes justo de entrar a trabajar en el restaurante, Lucy recibió una llamada de un número que no conocía. cuando descolgó resultó ser Sting. Es verdad, le había dado su teléfono aquella tarde.
- Me preguntaba si te puedo invitar a comer. Si estás libre, claro.
- Lo siento -respondió ella-, entro a trabajar ahora y salgo sobre las cuatro de la tarde.
- Oh... -parecía decepcionado- Y después?
- Después entro en la cervecería.
- Vaya... -realmente decaído- Bueno, si quieres te puedo invitar a merendar en ese ratito.
La chica se sintió sobrecogida por el interés del muchacho.
- Mira, mañana tengo la tarde libre. Merendamos entonces?
- Claro! Te recojo en algún sitio?
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El teléfono sonó. Antes de mirarlo ya sabía que era su amigo Sting, pues le tenía puesta una melodía especial, fruto de una tarde de risas frente a unas cervezas hacía bastante tiempo.
- Qué te pica? -Dijo nada más descolgar.
- Natsu! Tienes algo que hacer?
- Sí, estaba bastante ocupado -contestó quitando la pausa del videojuego y moviendo al personaje-. Qué necesitas?
- Era para quedar un rato. Me aburro. -Entonces oyó la musiquita a través del móvil- Eh! A qué estás jugando?
Natsu volvió a pausar el juego y suspiró.
- Al nuevo Final Fantasy. Qué, te apetece venir y hacer tarde de consola? Pero entro de turno de noche, a las nueve como muy tarde te estás largando.
- De acuerdo -contestó el otro feliz-. Llevo pizzas para comer?
- Como veas.
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Al rato el rubio se presentó con los demás en casa del chico. Éste se llevó una mano a la cabeza pero sonrió. La verdad es que llevaba otra vez sin dejar de pensar en Lucy desde que se habían encontrado hacía unos tres o cuatro días. Mil veces se había arrepentido de ese sutil roce que le dio con los labios, pues le había dejado con ganas de más. Pero las mismas veces se había arrepentido de no tomarla en ese momento y besarla como deseaba. Le vendría bien la tarde de chicos para desconectar de aquella muchacha diabólica de ojos color chocolate.
Pronto se repartieron las tareas. Sting y Jellal preparaban la mesa y las pizzas para comer, mientras Gray y Natsu elegían un película para ver mientras y la iban poniendo en la tele. Cuando se sentaron todos a comer y la peli empezó, al leer el título el rubio sonrió notablemente.
- Esta peli me la recomendó Lucy. -Se ganó una mirada sorprendida de todos- Dice que está muy bien, tiene mucha acción y las escenas de ostias están muy curradas. Y que además, la trama te engancha.
- Espera... -dijo Gray atónito.- Qué Lucy?
- Ya sabes! Rubia, ojos expresivos, sonrisa perfecta, inteligente... todos la conocéis.
- Estás hablando de MI Lucy? -Volvió a preguntar.
- Eh! Que no es tuya.
- Qué hacías tu hablando tanto con esa chica? -Preguntó Jellal con una sonrisa de medio lado- Y además, qué ha sido de las tetas de infarto, el culo maravilloso y las piernas perfectas?
- Lucy es mucho más que eso... -dijo con una sonrisa boba. Natsu sentía que poco a poco se le iba calentando la sangre.- Quedamos ayer para pasar la tarde y la verdad es que es una chica diferente.
Todos estaban estupefactos. Gray pausó la película sin mirar hacia la tele.
- Está bien, eso es más interesante. Cuenta.
- No os voy a contar nada sobre mi cita! -Cosa que les extrañó enormemente a los chicos.
- Será que nos está madurando el rubito? -Preguntó Gray con sorna.
- O quizás es que esa chica te gusta de verdad? -Interrogó el del pelo azul analizando su reacción.
Sting se vio acorralado. Sus mejillas se colorearon levemente y apartó la vista de sus amigos frunciendo el ceño.
- Vamos a ver la peli y a comer o no?
Pero nadie había reparado en que alrededor del anfitrión se había creado un aura oscura y tensa. Permanecía apretando los puños bajo la mesa mientras agachaba la cara hacia su porción de pizza, ocultando unos iracundos ojos bajo el flequillo. Por qué? Por qué se sentía así cuando su amigo hablaba de aquella irreverente chica? Por qué de repente le daban ganas de partirle la cara? Por qué deseaba tener a Lucy ahora mismo delante para demostrarle quién es mejor opción para andar quedando por las tardes? Tragó en seco y se sacudió mentalmente la cabeza para alejar esos pensamientos. No, no debía tenerlos. Esa chica le estaba trastornando. El hilo de sus pensamientos se rompió de golpe cuando escuchó la pregunta que lanzó el chico de pelo negro.
- Vas a volver a quedar con ella?
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Aquí os dejo el siguiente capítulo. No tengo mucho que comentar sobre él, sólo que espero que os guste y os esté enganchando a la historia ^^
Sabéis que me encanta hacerme guiños a mí misma, y este fic está lleno de ellos. Como por ejemplo, el libro que van a coger las chicas a la vez en la biblioteca es mi anterior trabajo, "Atardecer a la orilla del río". Del cual estoy muy orgullosa y os recomiendo leer a quien no lo haya hecho ya.
Como siempre, se agradecen los comentarios, ideas o peticiones!
Nos leemos!
Hanako
