Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, tan sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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Por fin había llegado su mañana libre, y la verdad es que desde que tuvo el encuentro con Natsu en su restaurante necesitaba alejarse de allí por un día al menos. Cada paso que daba le recordaba la fatídica velada con ese incierto final en los baños, y se estaba volviendo loca. Las imágenes de lo que creía que había pasado aquella noche se sucedían una y otra vez en su cabeza, sin llegar a nada en particular, con lo cual más le estaba preocupando.
"Ya basta por hoy."
Había quedado con Gajeel para ir a la biblioteca. Solían ir juntos de vez en cuando, ella le ayudaba a elegir un libro para su novia y él iba aprendiendo sobre el mundo de la literatura. Le parecía un detalle tan bonito que no dudaba en sacar tiempo de donde no lo tenía para acompañarle. Pero hoy tendrían toda la mañana, ya que había decidido aprovecharla enteramente para recrearse en sus mundos de ensueño. Quería aprovechar para escribir algo de su novela, y el mejor sitio de la ciudad sin duda era aquel. Así que quedaron en la misma puerta y entraron juntos. Ayudaría a su amigo a escoger el libro y luego ella se quedaría allí toda la mañana, recargando pilas. Lo que no sabía es que según entraran por la puerta, un par de ojos verdes curiosos y sorprendidos les seguirían por todo el local, observando entre bambalinas a la pareja.
Natsu observaba a Lucy y al enorme chico que venía con ella. Quién coño sería, y qué hacía un lunes por la mañana en la biblioteca? Joder, ni siquiera allí se podía esconder del mundo, y mucho menos dejar de pensar en ella. Lo que menos le apetecía era que le encontrara allí y se pudiera burlar de la situación. Para ella debía seguir siendo el tipo insensible y estúpido que hasta ahora estaba demostrando.
Pero... por qué?
Bueno, eso era lo de menos. El caso es que no debía mostrar ningún tipo de debilidad ante ella, y su amor por la lectura siempre lo había considerado una, por eso lo escondía. Sabía por Gray que a Lucy le encantaba la literatura, que leía siempre que tenía un rato libre y que estaba escribiendo sus propias novelas, tratando de publicarlas. Eso le había hecho interesarse aún más por ella. Pero lo que no esperaba era cruzarsela en su único lugar de refugio...
Se asomó entre unas estanterías pero no lograba oír lo que decían. Les veía muy juntos, parecían cercanos y tenían bastante complicidad ente ellos. Sin duda compartían cama. Ella le sonreía con dulzura, y a él se le encendían las entrañas de pensar que nunca le había sonreído de esa manera. Se paraban muy juntos, se rozaban las manos, reían juntos... Joder, le estaba machacando por dentro y aun así no podía dejar de mirar. La muchacha le pasó un libro de una estantería, le dio un beso en la mejilla y se separaron. Miró con curiosidad hacia dónde se dirigía aquel robusto personaje de pelo largo y negro, y casi consigue que le de un infarto cuando al volver a posar los ojos sobre Lucy la vio entrando en el pasillo en el que se encontraba él. Ya no podía hacer otra cosa. Le iba a ver...
Alea iacta est.
Tomó aire y fijó la vista en los libros del estante en el que estaba apoyado. Escuchó un pequeño quejido justo antes de que mencionara su nombre con un susurro.
- No me lo puedo creer. Natsu?
Se giró distraído hacia ella.
- Vaya, Lucy, qué extraña coincidencia! No te hacía de las personas que frecuentan estos sitios. Ni siquiera creía que supieras leer.
- Cállate imbécil, no tengo ganas de seguirte el juego hoy. No tienes a alguna de tus zorritas escondida tras alguna estantería? O no son del tipo que vienen a la biblioteca? O espera... Alguna de ellas sabe acaso lo que es una biblioteca?
- Y el tipo grandote con cara de cazurro acaso lo sabe?
- Te refieres a Gajeel?
"Con que ese es Gajeel..."
- Ese es tu novio? -Preguntó nervioso.
- No te importa. Y ahora, por favor, necesito un rato a solas.
Pero cuando se iba a apartar de él notó cómo una mano la detenía y la arrastraba contra la pared. Se colocó muy cerca de ella, con sus ojos ardiendo de celos.
- Con cuántos tíos te ves a la vez?
- Pero qué mosca te ha picado? Eso es cosa mía.
- Quiero saber contra cuántos he de competir. -Lucy se quedó estática. Competir? Notó cómo unas cálidas manos empezaron a recorrerle el cuerpo mientras el chico se apretaba más contra ella.- Vamos, dame una cifra. Haré que los olvides a todos a la vez.
Sus manos llegaron hasta sus glúteos, apretando y manoseando cuanto pudieron, haciéndola volver a reactivarse. Pasó por inercia los brazos alrededor del cuello del muchacho, pues estaba segura de que si no lo hacía se caería al suelo de la impresión. Él, al notarlo, no le dio tiempo ni a responder, y arrastrando las manos por su cuerpo, una por la cintura y la otra por la espalda, la abrazó con posesión mientras le devoraba esa boca que tanto le perdía. Ella se sintió perdida en esos gestos.
Los dedos de ella se le enredaron en el pelo y se notó un tremendo fuego arrasar todo en su interior. Dispuesto a ser el único que tocara a aquella mujer a partir de ahora, fue bajando las manos hasta posarlas en sus caderas, y empezó a jugar con los dedos por los muslos bajo la corta falda, notando cómo se le erizaba la piel de la zona con sus caricias. Entonces abandonó sus labios y empezó a agacharse frente a la chica, despacio, turbándola cada vez más con esa mirada que la estaba proponiendo cosas indecentes. Colocó la cara delante de su vientre y metió las manos por completo bajo la falda, buscando el inicio de su ropa interior. Lucy soltó un jadeo cuando notó que empezaba a bajarle las braguitas con una delicadeza demasiado morbosa.
- Natsu…
- Dime un número. Lo superaré.
Y tras hacerla que levantara los pies para sacarle la prenda del todo y guardarla en su bolsillo trasero, le separó las piernas y se hundió entre ellas. Colocó las manos en sus muslos mientras jugaba con la lengua en su zona más íntima, escondido bajo la falda y arrancando jadeos y estremecimientos por todo su cuerpo. El chico agarró su clítoris con los dientes y dio un leve tirón, que hizo a la muchacha dar un pequeño grito. Al darse cuenta se llevó un brazo a la cara para tratar de controlarse. Entonces, la cara de la bibliotecaria asomó por el final de las estanterías.
- Señorita Heartfilia, está bien?
Lucy se sintió morir de la vergüenza. Tenía las mejillas totalmente coloradas y un sofoco que de seguro la delataría. Pero lo mejor de todo es que el provocador de esa situación estaba oculto a los ojos de la empleada por la mesa y las sillas que tenía detrás.
- Sí, tranquila Mirajane. Estoy bien. Es solo que… me dio un poco de dolor de cabeza.
Otro lametazo más fuerte en su entrepierna. Casi pierde las fuerzas y cae al suelo. Natsu realmente se lo estaba pasando bien con ese momento tan crítico.
- El señor Redfox acaba de salir, quiere que le llame?
- Gajeel? No, no hace falta… -A la mención de ese nombre, el chico entre sus piernas empezó una extenuante rutina con labios y dientes en esa húmeda zona. A punto de perder el sentido, echó la cabeza hacia atrás con fuerza, dándose un golpe en la pared.
- Señorita?
- No pasa nada… no pasa nada -dijo con la voz entre cortada por los jadeos-. Es que acabo de recordar… que me voy!
Sus últimas palabras fueron más un grito susurrado que otra cosa, mientras la lengua del bombero degustaba el premio por un trabajo bien hecho bajo las faldas de la chica.
- De acuerdo, si necesita algo me lo dice.
- Sí… -tomó aire-. Gracias, Mira.
Y cuando por fin se fue Lucy se dejó caer sentándose en el suelo en frente de Natsu, que se limpiaba la cara con el dorso de la mano.
- Realmente eres deliciosa.
- Y tú un capullo.
Él se levantó con una sonrisa triunfal y se encaminó hacia la salida.
- Si quieres recordar lo que pasó la otra noche, ven hoy a mi casa cuando salgas de trabajar. Aún recuerdas dónde era, no?
Ella asintió, acalorada aún.
- Qué te hace pensar que iré?
El chico se llevó una mano al bolsillo trasero del vaquero del que sobresalía el encaje de la pequeña prenda que le había quitado, y se la terminó de esconder.
- Tengo un seguro.
La rubia no pudo evitar quedarse mirando ese bien formado y perfecto trasero que enfundado en tela vaquera ya daban ganas de morder, hipnotizada por el magnetismo que desprendía ese caótico ser. Entonces cayó en la cuenta. Estaba sentada en el suelo de la biblioteca, sin ropa interior y llevando una absurdamente corta falda. Se levantó de un salto y se asomó para buscar al ladrón de prendas íntimas, pero fue demasiado tarde. Había desaparecido. Definitivamente, se tendría que marchar ya.
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El reloj daba las 23:23 cuando llegó frente a la puerta del apartamento aún vestida con el uniforme de la cervecería. Iba a tocar, pero se detuvo, y con las mismas se dio la vuelta.
"Qué hago aquí? Joder, ni siquiera estoy segura de querer saber qué pasó aquella noche. Aunque... creo que me diga lo que me diga, en el fondo ya lo sé."
Se llevó las manos a la cabeza acompañando a sus pensamientos mientras se alejaba varios pasos. Volvió a girar en redondo y de un salto se plantó sobre el felpudo mientras llamaba tímidamente con los nudillos. Pasaron unos segundos, pero no oyó nada al otro lado. Acercó el oído a la puerta para intentar escuchar algo, pero entonces se abrió mostrando como saludo un primer plano de su oreja al chico que la recibía con tan sólo una toalla en la cintura y el cuerpo empapado. Dio un paso atrás al verla, y ella trató de recomponerse lo más rápido que pudo, totalmente avergonzada.
- B-buenas noches! -dijo demasiado alto evitando mirar el brillante y escultural cuerpo del muchacho.
- Se me ha hecho tarde, pasa. -Una vez dentro cerró la puerta tras la chica.- Disculpa por recibirte así, acabo de llegar del trabajo hace muy poco y apenas me ha dado tiempo a ducharme. Siéntate, enseguida salgo.
Y sin decir más se marchó hacia la habitación llenando el suelo de gotitas de agua. Lucy no paraba de observar esos definidos músculos empapados. Dios, le habría gustado de veras saber cuál sería su tacto en esas condiciones. Un momento... No podía estar pensando eso. Sacudió la cabeza y buscó algo para entretenerse. Algo como libros que encontró en una estantería. Los autores le eran conocidos, pero no se imaginaba a Natsu leyendo cosas así. Paseó los ojos por todos ellos hasta que llegó a uno que le llamó realmente la atención: El ocho. Ese le conocía. Se le había leído y le pareció una obra maestra. De echo, guardaba un ejemplar como oro en paño en su habitación, y siempre había dicho que lo volvería a leer. Lo cogió y empezó a pasar las páginas ojeando por encima la historia que tanto le había enamorado a ella, cuando se quiso dar cuenta de que estaba bastante usado. Probablemente sería de segunda mano y por eso estaba así, no creía que aquel cazurro insolente y descerebrado leyera cosas tan intensas. Aspiraba el olor de las hojas antes de cerrarlo, cuando oyó que la interrumpían.
- Qué haces cotilleando mis cosas? -Preguntó con una mezcla entre ofendido y divertido.- No te han enseñado a respetar la privacidad de cada persona?
Lucy cerró el libro de un golpe y lo dejó sobre la mesa enfadada.
- Mire caballero, creo que dados los acontecimientos entre nosotros, ni tú ni yo podemos hablar de privacidad. Así que ahórrate el sarcasmo.
La contestación le hizo reír un poco. Le encantaba escucharla rebatir cualquier cosa que le dijera, y defenderse con uñas y dientes de un ataque verbal. Se acercó a donde estaba ella y tomó el libro entre sus manos. Lo miró con una sonrisa y lo volvió a colocar en su sitio.
- Te agradecería que lo trataras con cariño, es uno de mis favoritos.
- Tú te has leído eso? -Preguntó sorprendida. Él asintió orgulloso.- Y lo entendiste? Lo digo porque puede que sea un poco enrevesado para mentes sencillas...
Como contestación, el muchacho sólo metió un dedo en la cinturilla de su falda y dio un tirón atrayendola hacia donde estaba, con una intensa mirada penetrante en los ojos que no la dejaban escapar. Cuando la tuvo lo bastante cerca acercó la cara, notando como ella esperaba que le robara uno de esos apasionados besos que últimamente tanto anhelaba, pero en lugar de eso tan sólo le rozó la nariz con la punta de la suya, y se separó para ir de camino al centro del cuarto.
- Tienes hambre? -Preguntó.- No hay gran cosa en la nevera, pero podemos pedir algo de cena si quieres.
De verdad éste era el mismo tipo que no dejaba de picarla por tonterías y que cuando menos se lo esperaba le encontraba dentro de su boca?
- Prefiero ir al grano. Qué fue lo que pasó aquella noche? Y... no hace falta que me des detalles.
El bombero se sentó en el sofá destartalado que anteriormente les había servido como apoyo para cosas poco púdicas. Su pelo aún chorreaba sobre sus hombros y dejaba un rastro de agua por aquella camiseta que se le ajustaba al cuerpo de una forma tan sexy que Lucy no podía mirarla sin morderse el labio inferior.
- De verdad quieres saberlo? -Hizo un gesto para que se sentara a su lado. Ella obedeció sin pensar.- Estás preparada para saberlo?
Tragó en seco.
- Tan malo fue?
La miró directo a los ojos con seriedad.
- Fue espléndido. -Ella enarcó una ceja.- Bueno, no querías detalles, no? Pues sólo te voy a decir que estuvimos aquí en este mismo sofá.
Ella miró con gesto confundido el lugar.
- Parece que me quiere sonar. Puede ser que...? -Se llevó una mano a la cabeza.- Oh dios mío... Me quiero acordar de algo pero no soy capaz. Ayúdame por favor.
Dicho y hecho. Natsu dibujó una sonrisa lobuna justo antes de lanzarse a saborear de nuevo la boca de la chica, recostándola allí en el sitio en el que estaba y tumbándose sobre ella. Empezó a acariciarla por encima de la ropa mientras se bebía sus jadeos, y entonces sus dedos encontraron la fuente de su placer bajo la falda. Las imágenes fueron llegando. Dudosas, desenfocadas, pero llegaban. Sus labios, sus manos, su piel... ese ardiente recuerdo fue floreciendo en su mente con una fuerza capaz de arrastrar cualquier cosa. Entonces, una sensación. Plenitud, calor, deseo... Y un tirón en su vientre. Cogió al chico de la cara con las dos manos y le hizo mirarla.
- Nos acostamos... aquí.
Él sonrió satisfecho.
- Ya lo recuerdas?
- Todo no, pero te... -se ruborizó un poco- recuerdo dentro de mí.
Natsu alzó una ceja al ver la expresión de la chica, y mientras se separaba de ella preguntó:
- Tan malo fue?
Ella se sintió entonces mal por la interpretación que había tenido de su reacción. Quiso sujetarle para que no se levantara de encima de ella, pero ya se le había escurrido entre los dedos y le veía cómo se sentaba a su lado.
- No me refería a eso! -Le contestó haciendo un puchero. Realmente tenía ganas de que continuaran donde lo acababan de dejar.
- Bueno, ahora ya sabes que hubo más que buenas palabras aquella noche. No te voy a pedir disculpas ni excusas. Entiendo que no tengas interés en ello, y más sabiendo la caterva de chavales que pasan por tu cama últimamente. -El tono de voz que estaba usando parecía que arrastraba algo de rencor, pero Lucy no supo diferenciarlo bien pues enseguida cambió.- Así que, si quieres cenar algo, estás a tiempo. Si no, ahí tienes la puerta, ya es tarde.
"A ti te cenaba yo, pedazo de idiota."
La muchacha no podía creer lo que estaba oyendo. Después de todo lo que llevaban vividos estas semanas, y ahora la echaba de su casa? N quería tener nada con ella, no pretendía hacer nada esta noche con ella, después de los buenos días que le había dado en la biblioteca. De verdad ahora se estaba comportando de esa manera? La rabia empezó a crecer dentro de ella haciéndola apretar los puños y agachar la cabeza. Se levantó como un resorte y se encaminó a la salida mientras el chico se dirigía a la cocina para prepararse algo de cena.
Natsu sólo oyó la puerta cerrarse, y en ese momento sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. No sabía por qué había actuado así, pero ahora ya no podía hacer nada, había perdido la oportunidad. Había perdido a Lucy. Se apoyó contra la pared de la cocina y se dejó caer hasta sentarse en el suelo, esconder la cara entre sus rodillas y enterrar los dedos en el pelo. Se llamó idiota varias veces, pues claro que quería que se quedara, y claro que sabía que debía haberlo demostrado, haberla tratado de otra forma. Aún notaba los suaves labios de la chica como un hormigueo en los suyos, y se maldijo interiormente por lo que acababa de hacer. Pasaron más de 10 minutos antes de que lograra reponerse y levantarse del frío suelo. Entonces notó en el bolsillo de su pantalón el bulto que había guardado ahí para devolvérselo a la muchacha cuando viniera. Era la prenda que le había robado por la mañana, y lleno de rabia y confusión la lanzó hacia el sofá, colándose entre los cojines y olvidándola allí perdida.
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Juvia acariciaba el pecho desnudo de Gray con los dedos, tumbada a su lado sobre la toalla que habían puesto en aquel rincón del jardín privado en el que se habían colado. Durante un momento a él le pareció que lo que antes había confundido con círculos en realidad eran corazones lo que ella dibujaba con la yema de un dedo, y notó que su corazón se llegó a sobresaltar ante la idea. Pero la desestimó enseguida pensando en el tipo de relación que tenían. No lo veía factible. Una vibración los alertó. Él la miró extrañado.
- Te has dejado algún juguete encendido?
Ella negó con la cabeza.
- Hoy no me he traído nada que vibre.
Tras mirarse un momento a los ojos extrañados, Gray dio un salto sobre la toalla.
- Ostia el móvil! -Se arrodilló para alcanzar la mochila y hurgó en ella hasta encontrarlo. La chica se deleitó con ese espectacular cuerpo desnudo moviéndose sin tapujos delante de ella, con tanta naturalidad que se le hizo la boca agua, y más al entrever ese miembro que tanto le gustaba moverse entre las piernas del muchacho. Encendida, se acercó a él como una gata en celo, acechando a su presa a la vez que contestaba la llamada.- Qué pasa contigo?
- Tío, he llamado a Natsu y anda raro. Sabes si le ha pasado algo?
- Ni idea. Le has preguntado a Jellal? Yo es que la verdad... -notó una mano que se colaba entre sus extremidades y se acercaba a la zona blanda que aún permanecía en reposo- es que ando un poco ocupado ahora.
- Tampoco sabe nada. Le he dicho que vayamos a verle. Hoy está de libre, no?
Las manos de la chica de pelo azul empezaron a jugar con su objetivo, haciendo que se fuera hinchando por momentos.
- Mira Sting, ahora mismo no puedo pensar con claridad. Estoy... ocupado.
- Bueno, yo me voy a acercar a su casa y llevaré comida. Si puedes pásate, creo que le vendrá bien. El "tatuaje" también vendrá. Estaremos allí sobre las 14.
- Está bien. -Colgó el teléfono, lo lanzó al césped y se giró para agarrar a Juvia y volver a colocarla en posición horizontal mientras la besaba con frenesí.- Ésta me la vas a pagar...
- Estoy deseando que pongas el precio...
Y de una sola embestida introdujo su virilidad totalmente recargada en el interior de ella, haciéndolos gritar a los dos por el placer. No sabía qué tenía esa chica, pero no podía parar. De besarla, de tocarla, de hacerle el amor... Un momento, hacerle el amor? Desde cuando pensaba que lo que hacían en sus encuentros era eso y no follar sin contemplaciones? No quiso pensar en eso. No ahora, al menos. Se limitó a disfrutar del momento, de la compañía, del morbo... y del increíble orgasmo que no tardaría en llegar.
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El timbre de la puerta sonó. Natsu no esperaba a nadie, así que ni se levantó del sofá. Pero entonces volvió a sonar otra vez, con más insistencia. Soltó el libro que estaba leyendo sobre la mesita de café y se asomó por la mirilla a ver quién tenía tanta ansia por molestarle. Estaba claro, no podían ser otros. Sus tres amigos esperaban ser atendidos desde el otro lado de la puerta, y cada vez con más urgencia, pues empezaron a aporrear con los nudillos. El chico abrió descolocado.
- Qué ostias queréis? -Empezaron a pasar de uno en uno sin responder. Jellal llevaba unas cajas de pizza.- Eh, un momento. No pensaréis acampar, no?
- Terapia de apoyo. -Dijo Sting muy serio.
- Apoyo? -Preguntó- Apoyo a quién?
- El rubito considera que algo te pasa y hemos venido a sacártelo de la cabeza.
Abrió mucho los ojos ante las palabras de Gray.
- A mí? Qué me va a pasar?
- Eh! -Gritó el artífice de todo agarrando el libro sobre la mesita.- Estabas leyendo esto? Buf! Chico, estás realmente mal.
El bombero se apresuró a arrebatarle el ejemplar de la mano y colocarlo en su sitio, y el de pelo azul aprovechó para curiosear cuando lo dejó en la estantería.
- El ocho? No me suena. Es interesante?
Directamente ignoró la pregunta y se dirigió a sus amigos que empezaban a acomodarse en el sofá.
- A ver, vale ya. Qué os pensáis que estáis haciendo?
- Te creía un poco más inteligente, cabeza de antorcha. Vamos a poner una peli para comer y luego jugaremos a la consola. Es lo que hacemos siempre, no era muy difícil.
- Pero quién os ha invitado? -Todos le ignoraron.- Quién os ha dicho que podíais venir? -Empezaron a servirse trozos de pizza.- Y si estoy esperando a alguien?
Ahora el silencio se hizo en la sala y todos le miraron.
- No, no estás esperando a nadie -rió Sting-. No con esa cara de amargado y en pijama.
Natsu se miró mientras los demás volvían a su tarea de comer. Le iba a resultar imposible pasar la tarde de relax leyendo como había planeado, y realmente era lo que le apetecía. Pero bueno, igual la pizza y la consola le hacía apartar la mente de Lucy de una forma igual de efectiva.
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La verdad es que había conseguido animarse bastante. Estaban enfrascados en una dura competición de carreras de coches, totalmente emocionados con las victorias o las derrotas de cada uno, y eso al anfitrión le hacía sonreír aunque débilmente. Sting perdió la carrera contra Jellal y se revolucionó demasiado, revolviéndose en el sofá mientras se quejaba. Entonces se detuvo en seco.
- Eh, Natsu... -dijo mientras sostenía algo en la mano. Todos le miraron y se dieron cuenta de que sujetaba unas delicadas braguitas rosas, usadas.- Pensaba que no te iban estas cosas... -terminó riendo mientras vio a su amigo ofuscado quitarle la prenda de las manos y llevarla directa a su cuarto para guardarla en un cajón.
- Vale, campeón. -Dijo Gray.- Nos vas a contar lo que ha pasado aquí?
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Tengo que decir que se me ha ocurrido este giro de los acontecimientos mientras lo escribía, y que alargará un poco más la historia. (Qué láaaaastima... xD)
Os aviso de otro de mis guiños (que este fic está lleno) y es que realmente el libro de "El ocho", de Katherine Neville, es uno de los libros que más me han gustado en el mundo, y uno de los primeros por los que realmente desarrollé el amor por la lectura que tengo ahora. Os lo recomiendo, si os gusta leer tochos largos sobre leyendas, aventuras, intriga, historia...
Me alegra ver que cada vez son más las personas que se van enganchando a la historia, y os agradezco de vedad la participación con vuestros comentarios.
Sin más, nos leemos en el siguiente capítulo!
Hanako.
