- Vale campeón, cuéntanos qué ha pasado aquí.

La cara de Natsu era un poema. No quería tener que contarles nada, no quería tener que dar explicaciones, y sobre todo no quería que ellos se enterasen del tema de Lucy. Eso se lo guardaría para él mismo. Pensó en mentir y en decir que eran de alguna tía a la que se habría tirado sin miramientos y habría echado de casa igual que como entró. Bueno, igual pero sin bragas. Pero tampoco le salía una mentira. Estaba demasiado compungido ahora mismo como para lidiar con ese tema. Agachó la cara suspirando y se sentó en una silla ignorando a sus amigos.

- Eh! Qué pasa, no nos vas a decir nada?

- Sting, cállate. -La serena voz de la razón, en este caso llamada Jellal, les dio a entender a todos que quizás, sólo quizás, esa prenda femenina tenía que ver con lo que le ocurría a su amigo. Se hizo un silencio en la sala, y entonces continuó hablando.- A quién le toca ahora?

El anfitrión agradeció con una sonrisa mental que dejaran el tema en paz, y poco después alzó la cara para volver a enfrentarse al mundo y olvidarse del percance y de sus historias.

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El chico rubio esperaba en la puerta de casa de Lucy a que ella bajara. Era su tarde libre y quería llevarla a algún sitio especial, ya que cada vez se sentía más a gusto con ella y empezaba a pensar que tal vez podrían tener algo más. Habían vuelto a quedar dos veces desde que ella recordara su encuentro con Natsu, y sin querer, las veces que había intentado besarle, la cara del chico de pelo rosa había aparecido en su mente para espantar cualquier idea que pudiera haber tenido de hacer con él. Paseaban por el parque charlando. La verdad es que no era mal conversador, había resultado ser un chico inteligente, con una carrera de arquitecto y un puesto de trabajo en la empresa multimillonaria de su padre, amable, caballeroso y que encima lucía un cuerpazo de infarto que atraía siempre las miradas de las chicas por la calle. Era muy fácil estar con él, dejarse llevar y pasar el rato como dos buenos amigos. Pero ella no creía que pudiera llegar a más. En mitad del paseo, el móvil del chico sonó, y disculpándose contestó la llamada de su amigo de pelo azul. Lucy pudo ver el cambio en el gesto de su acompañante al escuchar lo que le decían, y al colgar tuvo que preguntar.

- Es… uno de mis amigos. Natsu, te acuerdas de él? -La sangre se le heló en las venas.- Ha… tenido un accidente en el trabajo. Está bien, pero aún sigue hospitalizado.

- Pero qué ha pasado? -Preguntó notando su propio pulso en los oídos.

- Estaban apagando un incendio, cuando al parecer oyó la voz de un niño en una planta que ya habían registrado del edificio. Quiso subir a por él pero la estructura estaba muy dañada. Logró salvar al niño, pero él se ha llevado una intoxicación por humo y un golpe muy fuerte. Dicen que lo más seguro es que mañana le den el alta. Lo siento, pero tengo que ir a verle al hospital.

- Iré contigo.

El muchacho se conmovió pensando que quería acompañarle en un momento duro, cuando realmente la chica estaba siendo egoísta y quería aprovechar a su amigo para ver al bombero.

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Cuando llegaron al hospital, Gray esperaba en la puerta con Juvia agarrándole la mano en un gesto de ánimo.

- Sting! Menos mal que has venido. -El rubio miró de soslayo a la chica de pelo azul.- Jellal está hablando con el médico, ahora nos dirá algo.

- Está bien? -Preguntó una ansiosa Lucy. Gray la miró con una leve sonrisa.

"Al final te vas a destapar, no?"

- Sí, ha sido más el susto que otra cosa. -Miró a Juvia y le hizo un gesto mientras la soltaba la mano. Ésta se llevó a un lado a su amiga para que los chicos pudieran hablar.- Por qué la has traído?

- Ha querido venir. Yo te podría haber preguntado lo mismo.

- Ya bueno, pero hay una ligera diferencia…

- Cuál?

El muchacho no contestó. Se limitó a mirar a una temblorosa rubia que hablaba con su chica. Entonces la puerta se abrió y el médico salió acompañado de Jellal.

- Muchas gracias doctor.

- No hay de qué. -Y mirando la gente que se había conglomerado a las puertas de la habitación añadió.- Por favor, entren de uno en uno para no agobiarle.

Lucy maldijo un poco más alto de lo que pensaba. Si entraban de uno en uno ella no tendría excusa para verle, y necesitaba hacerlo. Su amiga se dio cuenta de sus pensamientos y la dio un pequeño empujón para acercarse a donde estaban los chicos ahora que se había ido el doctor. Sting la vio pálida y nerviosa, y le pasó un brazo por el hombro para confortarla, mientras Gray se adelantaba para entrar el primero en la habitación. Mientras la puerta se abría y se cerraba, la rubia se encontró con la mirada verde sorprendida del muchacho postrado en la cama, magullado y un poco chamuscado, pero despierto.

Mientras entraba Gray en la habitación, lo que vio al otro lado de la puerta no le gustó nada. Qué hacía Lucy allí? Es más, qué hacía abrazada a Sting? Tan en serio iban? No pudo evitar sostener esa mirada preocupada de color chocolate según se cerraba la puerta.

- Qué tal estás? -Preguntó el recién llegado.

- Esa era Lucy?

- Genial, veo que te encuentras en óptimas condiciones. Yo también me alegro de verte.

- Ha venido con Sting?

Gray le miró estupefacto.

- En serio? Te preocupa más eso que cualquier otra cosa?

Natsu se sonrojó al darse cuenta.

- No es que me importe…

- Ya claro… -contestó escéptico.- Sí, era Lucy y ha venido con el rubiales.

- Joder… -apartó la mirada hacia un lado.

- Vale, ya que no quieres nada más conmigo la haré pasar a ella.

- No! No es eso, es que…

Es que se había dado cuenta mientras se adentraba en las llamas de aquel edificio que en la única persona que pensaba era en ella. Es que había deseado con todas sus fuerzas que estuviera allí con él. Es que al verla abrazada a su amigo se le había partido el corazón. Es que ya no aguantaba más y necesitaba soltar lo que tenía dentro.

- Eh, cómo te encuentras?

- El médico me ha dicho que pasaré la noche en observación, por la intoxicación, pero que mañana por la mañana me iré a casa.

- Eso ya nos lo ha dicho Jellal. Ahora dime cómo te encuentras tú, realmente.

Natsu le miró y miró hacia la puerta con tristeza.

- Pues…

Su amigo le puso una mano en el hombro, le sonrió y trató de animarle.

- Más te vale actuar ya, Sting te está cogiendo ventaja.

- Sting? Y qué pasa contigo?

- Conmigo? -Preguntó extrañado.- Qué pasa conmigo?

- Bueno, ya sabes. Tú… y ella…

- Eh eh eh espera… Tú crees que yo tengo algo con Lucy?

- Bueno… Sé que tienes a alguien, y cuando os vi en la cafetería…

- Nos vistes? -Ahora Gray abrió mucho los ojos.- Por qué no dijiste nada? Por qué no me lo has dicho a mí? Creía que éramos amigos.

- Ya, -dijo decaído- por eso mismo. Sting también es mi amigo.

El muchacho entendió la tesitura en la que se encontraba. Se levantó y se encaminó hacia la puerta mientras le decía con aire de superioridad.

- Si yo hubiese jugado no habrías tenido nada que hacer, antorcha humana. Pero por suerte, sólo es Sting contra el que compites, y déjame decirte que no tienes competencia. Lo sé, la conozco.

Se marchó dejando al chico pensativo en la cama. Seguro que estaba entendiendo lo que su amigo le había querido decir? Entonces vio como el rubio entraba, tomó aire y se armó de valor para su siguiente visita.

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Juvia corrió al lado de Gray una vez salió. Éste la sonrió con dulzura y tras ponerle una mano en la cara la atrajo hacia sí y la besó muy tiernamente.

- Y esto? -Preguntó ella un poco confundida, pero contenta.

- Necesitaba hacerlo.

Lucy los miraba conmovida, alegre por su amigo. Al parecer, esa chica de pelo azul, piel blanca y carácter variable según con quien estaba, le había echo algo más que calentarle la cama durante los últimos meses. Y al parecer ella no pensaba muy diferente. Con suerte habrían encontrado en el otro el complemento perfecto. Sonrió mientras agachaba la cabeza pensando en que su complemento perfecto tenía espinas y pinchaba. No se podía tener todo en la vida, no? Al menos esperaba poder terminar su novela pronto para enviarla a la editorial que le había prometido publicarla tras leer parte del borrador. Una alegría en medio de todo aquel caos.

Jellal, que estaba a su lado, no pasó por alto la cara que había puesto la rubia ante la muestra de cariño de la pareja, y aunque no tenía mucha confianza con ella, se acercó hasta su oído y se atrevió a decirle:

- No es bueno perder el tiempo, tal vez cuando te animes a intentarlo, la oportunidad se haya ido.

Ella le miró. Joder, es que todo el mundo sabía leer sus pensamientos? O es que tenía un cartel en la frente que rezaba "quiero a Natsu Drgneel"?

"Un momento… Le quiero? Eso es lo que me está pasando?"

Al rato la puerta volvió a abrirse. Lucy miró dentro pero no vio al chico tumbado en la cama. Sting salía mirando al suelo pero con una sonrisa complacida en la boca. Se dirigió a sus amigos, alzó la vista hacia la rubia y, haciendo un gesto hacia la puerta le dijo:

- Quiere hablar contigo.

La chica miró hacia atrás, pero no había nadie.

- Qué? Conmigo? -Preguntó nerviosa- Y por qué?

El muchacho se encogió de hombros.

- Entra.

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La habitación era aséptica. Quitando las sábanas que estaban un poco manchadas de hollín todo era impoluto. Siguió girando la cabeza hasta que dio con el inquilino, de pie, al lado de la ventana, mirándola. Se ruborizó un poco a ver esos intensos ojos clavados firmemente en ella, y no supo qué debía hacer en ese momento. Era él quien quería hablar con ella, lo suyo sería que fuera quien empezara. Pero como parecía que no pensaba hacerlo, decidió intervenir.

- Me han dicho que querías hablar conmigo.

Él soltó una pequeña risa. Tampoco sabía por dónde empezar. Momentos antes, cuando su amigo había entrado a verle, le había confesado que estaba enamorado de esa pequeña bruja rubia con la que él se estaba viendo, y que cuando saliera del hospital iba a intentar conseguirla. Éste le había retado a hacerlo alegando que "no tenía huevos a decírselo la próxima vez que la viera", y siguiendo el reto, había aceptado. Se lo diría y lucharía por ella, con él y con quien hiciera falta, pues tenía claro que quería estar con Lucy por encima de todo. El cabrón se la había liado… Y ahora, como había prometido, tendría que decirle lo que sentía por ella. Se pasó la mano por el pelo cogiendo fuerzas, sin dejar de mirarla.

- Te quieres sentar? -La preguntó señalando la silla preparada para las visitas que tenía delante suyo. Ella se acercó pero no llegó a sentarse, tan sólo se apoyó dejando el susodicho mueble como única barrera entre los dos.

- Cómo te encuentras? -Le preguntó con preocupación. Él dio la vuelta alrededor de la silla hasta colocarse frente a ella y la abrazó con ganas.

- Ahora bien…

La chica tembló y acto seguido le rodeó con los brazos y le correspondió con alivio. Oh dios, esos brazos eran tan cálidos…

- Joder, me he preocupado mucho. -Él la acarició el pelo al oírlo para tranquilizarla.

- Perdona, no puedo evitar salvar vidas durante la hora del almuerzo -rió sarcástico, llevándose una colleja de la muchacha. Se separó un poco, aún con la sonrisa en los labios-. Verás, en realidad sí hay algo que tengo que hablar contigo.

Ella se quiso apartar pero él no la soltó.

- Espero que no sea nada malo, ya he tenido bastantes disgustos hoy.

- Bueno, creo que es malo -confesó-. O peor!

- Vale vale, aguantaré.

- Pues resulta que... que me he enamorado de la chica de uno de mis mejores amigos y ahora no sé qué hacer.

Lucy se sintió morir. Estaba enamorado de la novia de uno de sus amigos? De quién? Lo de Gray y Juvia no había sido público hasta ahora, y Jellal no sabía si tenía a alguien. Será que Sting estaba saliendo con alguien además de quedar con ella? No lo parecía. Es más, juraría que el rubio sentía algo bastante fuerte por ella misma. Entonces sería algún amigo que no conociera. Y qué pretendía, que le ayudara a conquistarla? Que le diera consejos? Que le prestara el sujetador a juego con las bragas que le había robado para poder regalárselas? Poco a poco su rabia fue creciendo y aunque quiso disimularla no fue del todo capaz.

- Bueno, eso deberías decírselo a ella, no crees?

La rabia creció cuando le oyó reír.

- Lo estoy haciendo.

El mundo se paró.

Qué estaba diciendo?

A qué se refería?

No lograba entenderlo. Abrió mucho los ojos, como si ampliando el rango de visión pudiera hacer que comprendiera las cosas con más claridad, pero al final sólo le salió preguntar.

- Cómo?

Natsu se acercó a su boca y le susurró:

- Que te quiero, y que no soporto que estés con nadie más.

Vale, eso sí lo había entendido. Las rodillas le fallaron en ese momento y se tuvo que apoyar completamente en él. Tragó con dificultad y al final consiguió decir:

- P-pero si yo no estoy con nadie. -El chico se sorprendió ante el comentario?

- Ah no? -Ella negó con la cabeza sin apartar la vista de esos increíbles ojos verdes.- Y Sting?

- Es sólo un amigo.

- En serio? Cuando os he visto llegar juntos pensaba que iba a explotar de celos. -Ella soltó una pequeña carcajada.- Y Gray?

- Gray creo que ha encontrado a la mujer perfecta para él. Está fuera.

- Ah... -Debería pedirle explicaciones a su amigo más tarde.- Y el tal Gajeel?

- Es el novio de mi compañera de piso, Levy.

De pronto todas las piezas del puzzle parecieron encajar y el muchacho se sintió realmente tonto. Es que realmente nunca se le había ocurrido preguntar de buenas maneras esa información?

- Entonces... -su gesto cambió a uno lleno de picardía- soy el único que ha estado entre tus piernas últimamente?

Ella se ruborizó un poco al pensarlo.

- Sí, y apenas me acuerdo...

Volvió a la posición de ataque frente a sus labios.

- Me propongo solucionar eso, si tú quieres.

Lucy no se lo pensó dos veces y terminó con la poca distancia que separaba sus bocas. Fue el beso más bonito y sincero que se habían dado, y ninguno de los dos pretendía que terminara nunca. Era real? Estaba pasando eso de verdad? Ninguno podía creérselo, pero por miedo a despertar de un sueño ninguno preguntó. Cuando al fin se separaron permanecieron un momento más enganchados a sus profundas miradas. Natsu acarició la cara de la muchacha con la mano, grabando a fuego cada detalle, cada respiración. Entonces un carraspeo sonó desde la puerta. Gray pretendía no mirar pero la sonrisa de medio lado que lucía revelaba que había visto más de lo que decía.

- Lucy, quieres que te llevemos a casa? Siento decirte que Sting se fue en cuanto entraste en la habitación.

La chica se sintió un poco mal, pero la voz del bombero la hizo volver al mundo real.

- Quédate.

Ella le miró sorprendida con los ojos iluminados por la ilusión.

- Vaya vaya... esto sí que no me lo esperaba! -rió el muchacho a través de la puerta.

- Cállate, que creo que aún tienes algo que contarme. -Le contestó su amigo fingiendo enfado.

- Vale vale, me voy. -Y dirigiéndose a la muchacha dijo- Te esperamos entonces o te quedas?

Volvió a mirar al muchacho de pelo rosa y con una sonrisa le contestó:

- No voy a quedarme, tienes que descansar para recuperarte bien. -Y dándole un rápido beso en los labios terminó diciendo- Mañana vendré a verte por la mañana antes de ir a trabajar.

Y cuando trató de separarse éste la volvió a sujetar con fuerza y hundió la cara en su cuello mientras la achuchaba pletórico.

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Gray y Juvia dejaron a Lucy en su piso, contenta, preocupada, nerviosa, y mil cosas más que no sabía diferenciar. Les dio las gracias por todo y se bajó del coche. Entonces, la chica de pelo azul miró al conductor y le preguntó:

- Quieres llevarme a mi casa o prefieres que demos una vuelta?

Él tomó su cara entre las manos y la besó con dulzura antes de contestar.

- La verdad es que había pensado en que te vinieras a mi casa esta noche. A dormir. Solamente.

Ella le sonrió enternecida y satisfecha con el ofrecimiento. En el tiempo que llevaban viéndose había desarrollado una especie de dependencia hacia el chico que no quería confesar por miedo a no ser correspondida, y cada día trataba de crear nuevos escenarios llamativos para que nunca pudiera decirle que no a quedar. Pero la cosa parecía que estaba cambiando. Ahora no le pedía sexo, le pedía compañía. Y eso se moría por dárselo. Asintió con energía justo antes de darle otro beso, y enseguida partieron hacia casa del muchacho.

No había oscurecido del todo cuando llegaron, y ambos se morían de hambre. Gray quiso preparar algo de cena y demostró que sus dotes culinarias brillaban por su ausencia, así que después de un rato trasteando sin apañarse con nada Juvia se ofreció a invitarle a comida china. Mientras llegaba la cena no sabían qué hacer. Nunca habían estado tanto tiempo juntos sin sexo, y al principio les costó un poco arrancar.

- Te apetece ver una peli? -preguntó el anfitrión.

- De acuerdo, una peli estará bien.

Pero cuando empezó a revisar su videoteca se dio cuenta de que no tenía nada para chicas. Todo eran películas de acción, de ciencia ficción, de terror... se giró con una sonrisa culpable en la cara y la chica se asomó para ver los títulos que le ofrecía con tanto bochorno.

- Oh! Tienes la última de Resident Evil! Me encanta esa saga, aunque en realidad prefiero los juegos. Te apetece ver ésta?

Gray la miró muy serio, soltó las películas y la agarró de la cara con ambas manos dispuesto a no soltarla nunca.

- Te quiero. -Y antes de que reaccionara la besó con todas sus ganas. Ella le correspondía tratando de evitar que la sonrisa tonta terminara de salir, y cuando al fin se separaron pudo contestarle.

- Tengo que tomármelo en serio o como un arrebato?

- En serio, totalmente en serio. Juvia Lockser, Llevo tiempo sintiendo por ti más de lo que me permitía admitir, pero al oírte decir esas palabras me acabas de terminar de enamorar. Dime que no acabo de acojonarte, por favor. -Ella soltó una carcajada. Cómo la iba a acojonar? Estaba feliz de oírlo.

- Para nada. De echo yo estoy en una situación parecida.

- Ah sí? -Dijo acercándose meloso a ella.- Y qué tengo que decir para terminar de enamorarte?

La muchacha pensó un momento, y quiso seguir el tema con el que habían empezado.

- Tu entrega favorita de la saga? -Gray enarcó una ceja. No le hacía falta preguntar más.

- El "Code: Verónica". -Vio como su chica sonreía complacida.

- Soy tuya para siempre.

Volvieron a enredarse. Se besaron, se acariciaron, se tocaron, se abrazaron... a duras penas llegaron a la cama, donde hicieron tiempo a que llegara el repartidor con la cena, de una forma que nunca hasta ahora lo habían hecho: con sus sentimientos expuestos. Se disfrutaron como nunca, se llenaron el uno del otro. Y aun con todo lo que llevaban vivido juntos a las espaldas, sin duda, esa fue la mejor vez de todas hasta el momento.

La cena fue genial, la compañía increíble, y cuando se fueron a dormir se abrazaron hasta que el despertador les avisó de que debían levantarse para continuar con sus vidas. Mientras desayunaban frente a sendas tazas de café y se miraban como un par de bobos, Gray se atrevió a decir:

- Te quedarás aquí conmigo?

Eso la sobresaltó un poco.

- Eh eh eh... no crees que eso es ir demasiado rápido?

La miró seriamente a los ojos y contestó con firmeza:

- No.

La seguridad del muchacho la hizo estremecerse. Ella tenía muy claro que en ese mismo instante lo dejaría todo por irse con él, pero no quería condicionarle a él de ninguna manera a algo que pudiera llegar a agobiarle o desagradarle.

- Te parece si antes tenemos un periodo de prueba?

Le costó un poco, pero al final asintió.

- De acuerdo, si tú te sientes más cómoda así, está bien. Puedes ir trayendo cosas poco a poco, el piso es grande.

Una enorme sonrisa se dibujó en los labios de la muchacha, que logró contagiar al chico. Pronto estaban haciendo planes de futuro sin pensarlo, y sin darse cuenta, llegó la hora de que ambos entraran a trabajar, costandoles separarse más de lo que esperaban.

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Lucy llevaba tres días durmiendo en casa de Natsu. Iba en cuanto salía de trabajar, pasaba la noche allí y por la mañana después del desayuno y de los buenos días se iba a su casa para prepararse para entrar en el restaurante. Esa noche estaba excesivamente cansada. Se estaba sobre explotando entre los trabajos y la actividad marital que no perdonaba el bombero, y cuando salió de la cervecería fue directa a casa del chico, como de costumbre. Cuando llegó sacó las llaves de su casa y trató de abrir, pero no lograba que entrara ninguna llave en el bombín. Empezó a desesperarse.

- Qué coño le pasa a esta puerta? -Preguntó enfadada. Entonces se abrió y un divertido Natsu apareció al otro lado.

- A la puerta no le pasa nada. Eres tú la que estás demasiado cansada para darte cuenta.

- De qué? -Preguntó mientras se dejaba llevar hacia dentro de la casa.

- De que no tienes llaves de aquí. Estabas intentando abrir con unas llaves que no corresponden.

La muchacha se quedó en el sitio, estupefacta y avergonzada. Cómo se podía haber despistado tanto?

- Ay dios... lo siento mucho. He venido por inercia...

- No, está bien. Me gusta que estés aquí. -Y tras una sonrisa que desarmó a la agotada camarera, la abrazó con fuerza para darle un poco de la suya.- Métete en la cama, te llevaré algo ligero para cenar.

- Natsu, soy yo la que debería estar cuidándote, no tú a mí.

- Estoy bien, tranquila. Déjame que haga ésto por ti. -La dio un beso en la frente y la mandó a la habitación.

Cuando llegó con un sándwich y un zumo, Lucy estaba tirada sobre la cama, con la ropa puesta, un zapato y el bolso agarrado de la mano. No pudo evitar sonreír al verla tan adorable. Dejó las cosas en la mesilla y se dispuso a desvestirla para ponerla el pijama y acostarla. No fue fácil, ya que una adormilada Lucy le iba asestando patadas y puñetazos según le iba quitando prendas. Consiguió ponerle la camiseta larga que utilizaba para dormir tras llevarse un codazo en las costillas, y cuando ya estuvo todo preparado, la alzó en brazos y la colocó en la cama. Ella había pasado por instinto los brazos alrededor de su cuello, y una vez que la soltó en el colchón ella se había negado a soltarle a él. Tenía la cara metía den su cuello, y la notaba respirar con calma.

- Hueles realmente bien...

El cuerpo del chico se activó al oír esas palabras. Inconscientemente se había acordado de la primera noche que pasaron juntos y eso le hizo excitarse sobremanera. Pero por el momento tenía que acostar a la muchacha y dejarse de pensar en nada más. Forcejeó un poco con ella hasta que logró soltarse, la tapó con la sábana y la dejó dormir. Él no tardaría en acompañarla, antes tenía que terminar lo que estaba haciendo antes de que ella llegara...

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Bueno señores, esto se acaba. Aún queda el último tirón, pero ya está todo el pescado vendido! Espero que este empalagoso y dramático capítulo os haya gustado. La verdad es que no tenía una idea para él hasta que empecé a escribirlo jeje.

Volviendo a mis guiños, seguro que no habéis pasado por alto el que he hecho esta vez: Resident Evil. Saga de juegos que me enamoró, y películas que como fanática sigo con ansia. Colecciono todos los juegos y, como habréis deducido, el "Code: Verónica" es mi favorito. Soy más de los primeros, pero siempre me gusta jugar a un RE cuando tengo un ratito o cuando mi marido y yo hacemos lo que llamamos "noche de zombies".

Poco más! Agradecer a todos los que se van uniendo a este viaje su participación con los comentarios, y esperar que me sigáis leyendo porque os siga gustando cómo avanza la historia!

Nos leemos en el próximo capítulo!

Hanako