Y entonces lo besaste suave, pero fuerte. ¿Por qué mierda lo besabas tan desesperadamente? Tan ansioso, como si tuvieras el presentimiento de que algo malo fuera a pasar. Lo besaste y él se quedó inmóvil por la acción tan inesperada. La duda, el horror y la confusión fue lo que inevitablemente se reflejó en sus ojos y en todas las facciones de su rostro, pero tú no te diste cuenta, ya que mantenías los tuyos cerrados; concentrándote en disfrutar y memorizar la sensación para no olvidarla jamás ¿Por qué se te antojaba tan conocida? No entendías por qué lo hacías, fue un impulso que te nació de repente y ni siquiera lo alcanzaste a pensar como es debido, sólo te dejaste llevar cuando no pudiste escuchar lo que él estaba diciendo, cuando no pudiste apartar tu mirada de esos labios que veías que se movían, debían estar diciendo algo, pero tú no los escuchabas.

Entonces lo besaste interrumpiendo su oración y lo hiciste de tal forma que los dos resbalaron al suelo; él abajo de ti y tú sobre él, que oportuno. El gusto no te duró lo suficiente porque en cuanto tu hermano menor recuperó la cordura, empezó a forcejear, intentando quitarte de encima. Tú aún no regresabas en sí, no estabas en tus cables y por alguna razón tenías la mente nublada; no sabías lo que estabas haciendo, ni mucho menos por qué, lo único que sabías era que no querías que terminara. Fue por eso que atrapaste sus manos –que trataban empujarte–, con las tuyas, primero entrelazando los dedos tiernamente, el tacto de sus manos te era agradable, pero cuando unas uñas se clavaron en el dorso de tus manos, las llevaste arriba de su cabeza, acomodándolas para sostenerlas con sólo una de tus manos, mientras que con la otra tanteabas su cintura; al parecer eras más fuerte que Ichimatsu.

Todo parecía tan típico, tan casual en ese momento, tan normal; como si estuvieras acostumbrado. Que tonto.

–S-suel... –Fue en una fracción de segundo que ladeó su rostro, deshaciéndose de tus labios, exigiéndote algo que no alcanzaste a entender.

Continuaste. Lo forzaste a continuar y cuando te quedaste sin respiración te separaste lentamente, sintiendo suavidad y cómo ambos pares de labios se separaban apenas para tomar un poco de aire, no querías apartarte, pero lo hiciste. Lo hiciste y escuchaste al chico tartamudear algo, comprendiste por el tono que empleaba que no era bueno, pero no alcanzaste a captar nada más específico, así que, ignorante, volviste a atrapar su boca, está vez de una forma más brusca, más desesperada, quizá porque esa asfixiante sensación en tu pecho te obligaba, quizá porque no parecías ser tú quien actuaba.

Tú inexperta boca atrapó su labio inferior con los colmillos derechos y mordiste algo fuerte, para obtener como recompensa un jadeo de parte de Ichimatsu, lo que te propició la oportunidad de introducir tu lengua. Cuando te topaste con la suya un escalofrío recorrió tu cuerpo. Pronto comprenderías que la sensación que te provocaban los labios de Ichimatsu era la causa por la que pasaste por alto todas las quejas y amenazas que te hizo.

El aire hizo falta otra vez y ahora besabas su cuello, pudiste sentir como el cuerpo bajo el tuyo se estremecía.

Y por fin saliste de tu ensueño.

Qué lástima.

Te diste cuenta de que el cuerpo de tu hermanito estaba temblando y aún seguía luchando por hacerte a un lado, pero tú lo mantenías en donde estaba. Notaste que su respiración estaba entrecortada y tú, con los nervios a flor de piel, sin querer ver las consecuencias de tus estúpidos actos no pensados, no te resististe a lamer por última vez la blanquecina piel y sin valor, pero con deber, subiste la mirada a su rostro. Lo que te hizo sentir fue indescriptible ¿por qué le hiciste eso? ¿en qué demonios estabas pensando? Se notaba que estaba respirando con dificultad, tal vez por el esfuerzo constante de apartarte, o porque momentos antes no te importaba si le faltaba el aire; sus normalmente pálidas mejillas estaban coloreadas con el rojo más hermoso que podía existir, qué terrible que estuvieran adornadas por sus lágrimas.

Sus ojos se conectaron. Te dedicó la mirada más fría, aterradora y amenazante que habías visto en tu vida, sin embargo, el brillo que emanaba era cautivador.

–Será mejor que me sueltes ahora maldito bastardo, o te vas a arrepentir por el resto de tu miserable vida. –No fue más que un susurro ronco y entrecortado, pero te hizo tragar saliva. Conmocionado por lo que acababa de pasar –por lo que aún estaba pasando– liberaste sus muñecas despacio, aterrado de ti mismo. Tartamudeaste.

–Ichim... –Su mirada te petrificó y te hizo comprender que debías dejar de aplastarlo con tu peso y por si eso no fuera suficiente, también te lo gritó, se veía furioso.

–¡Quítateme de encima, idiota! –Lo hiciste rápido y te colocaste a una distancia prudente de él, incapaz de decir nada ¿qué le podías decir de todas maneras? Acababas de forzar a tu hermano gemelo a besarte ¿por qué mierda hiciste eso? Cerraste fuertemente los ojos esperando una paliza, gritos, dos palizas; algo. Pero no sucedía nada, sólo estabas consciente de que Ichimatsu seguía intentando regular su respiración, tosiendo levemente; el vello de tu piel se erizó y abriste lo más que pudiste tus ojos, aunque sin ver un punto en específico, haciendo un intento por pensar.

El silencio te aterraba más que si sólo hubiera decidido golpearte, todo era abrumador y tenías miedo de hacer contacto visual con él, aún así hiciste un intento por explicarte.

–Yo...

–Cierra la boca, no quiero que me vuelvas a hablar en tu estúpida vida. –Lo viste ponerse de pie y dirigirse a la puerta. Entraste en pánico.

Lo alcanzaste cuando estuvo a punto de abrir la puerta para retirarse. Lo tomaste por la mano e impediste que se fuera; si habías forzado un beso ¿qué tan malo sería forzar una explicación?

Esta vez él te dio un puñetazo y volvió a la puerta, ahora alcanzó a abrirla, pero tú fuiste rápido y la cerraste antes de que saliera. Lo empujaste al suelo, demasiado desesperado y te arrepentiste al escuchar el golpe. No lo querías lastimar, pero tampoco querías que mal interpretara tus acciones, sí, eso era más importante.

Te sentías tan culpable y el golpear en tu pecho sólo te hacía sentirte peor, sin embargo, esa era la única manera que se te ocurrió para explicarle. Él cayó boca abajo, te sentaste en su espalda.

–¡¿Ahora que mierda quieres?! ¡Soy tu hermano, maldita sea! ¡Déjame! –Bueno, pensándolo bien, quizá eso se veía mal, bastante mal, pero tú sólo querías explicarle... ¿explicarle qué? Ni siquiera tú sabías lo que te había pasado. Entraste en pánico y unas desesperadas lágrimas te impidieron ver claramente, eso y el pitido en tus oídos, te hizo dudar, quizá no hacías más que empeorar las cosas, si hacías memoria, nada te salía bien. Diste un par de bocanadas de aire, lo más profundo que fuiste capaz.

–Sólo quiero que me escuches... –Dijiste lo más suavemente que te permitió tu alterada voz. Él se removió con más fuerza, terco.

–¡Osomatsu nii-san! ¡Ayu..! –Gritó y le tapaste la boca, tu único hermano mayor no se habría ido si no conseguía dinero. Te mordió un dedo y comenzaste a hablar.

–¡Perdóname! No se qué pasó –Te mordió más fuerte–, no sé por qué... –Te perdiste en su mirada, furiosa, las palabras abandonaron tu mente y suspiraste. Seguramente sería bastante difícil arreglar esa cagada.