Hacía ya varios días que desganado, no salías de tu hogar, ni hablabas debidamente con tus hermanos, sólo respondías cuando te preguntaban algo. Al principio intentabas aparentar estar bien, no querías preocupar a nadie por una estupidez, pero con el tiempo se volvió cada vez más difícil. Supusiste que no les importaría mucho si no estabas emocionalmente bien de todas formas; si no les importaba el moretón hinchado en tu mejilla derecha, lo demás sería claramente pasado por alto. Y no te equivocaste.
Ya no intentabas despistar nada, aunque eras bueno fingiendo estar bien cuando no era así, está vez habías alcanzado tu límite y ya no podías más.
Tu plan para tener una mejor relación de hermanos con Ichimatsu se había ido a la mierda oficialmente.
Si, se fue estúpidamente a la mierda, porque lo habías besado; porque de repente creías estar enamorado de él, estúpido, ¿no? tu amor fraternal pasó a ser algo mayor, algo enfermo, algo imposible, algo que jamás sería correspondido y eso te lastimaba con cada día que pasaba y cada que respirabas, ¿por qué tenía que ser de esa forma? La pregunta te provocaba dolor de cabeza, que, aunque no en una forma positiva, te distraía un poco del dolor de tu pecho.
Y como la persona tan sentimental que eras, no podías evitar esos malditos sentimientos encontrados y revueltos que te atacaban, no podías terminar de entenderlo. «Los sentimientos están para demostrarse, no para esconderse» recordaste toda clase de frases y canciones con las que te identificabas en ese momento, te sentiste de lo más infeliz.
¿Por qué te habías enamorado de él? Y ¿Cuándo...?
La estrujadora sensación en tu pecho ya era algo común en esos días y a pesar de eso aún no eras capaz de acostumbrarte a ella.
Si lo pensabas bien, Ichimatsu siempre había rechazado tus muestras de afecto. Eso siempre te lastimaba, te hería, Ichimatsu siempre rompía algo en tí con cada acción con la que tratabas de demostrarle cariño; cariño que él nunca te tendría. Aunque a veces te gustaba pensar que sus acciones no eran intencionadas, que sólo era su extraña —pero no por eso menos llamativa— personalidad; ¿Sólo te estabas engañando?
Pero ahora se podría decir que estabas roto por dentro, aunque también te veías roto por fuera. Y, sin embargo, ese genuino dolor que sentías en tu pecho parecía ser un consuelo, como si lo hubieses estado esperando toda una vida ¿Así se siente el rechazo?
Lloraste cuando estuviste a solas para ocultar el sentimiento. Lloraste porque era algo que no podías soportar; no eras lo suficientemente fuerte. Lloraste por Ichimatsu y lloraste por ti. Lloraste por algo que nunca sería; lloraste porque aún con todos los peros y todas las adversidades que existían no te querías rendir.
Y lloraste por algo que desconocías, algo de lo que no estabas seguro de haber hecho.
Y cuando las lágrimas cesaron, te viste acabado, las rojas ojeras tan extrañas en tu rostro y tú cabello tan descuidado no hacían más que resaltar tu vacío, pero estabas sólo y nadie te acompañaría en tu pena.
Lloraste hasta quedarte sin lágrimas, hasta que los sollozos se volvieron demasiado roncos como para dañarte la garganta.
«¿Debo dar esta batalla como perdida cuando ni siquiera la he peleado?» Te preguntaste. «¿Debería intentarlo al menos?» Algo te decía que sí.
La fuerza te abandonó, el punzante dolor te había agotado. Te quedaste dormido en el suelo, abrazando tus piernas para guardar algo de tu propio calor en ese frío ambiente.
(...)
Te despertaste sintiéndote pesado, no recordabas haberte recostado en el sofá de su habitación. Abriste los ojos sintiéndolos hinchados, seguro te veías pésimo, tu vista era borrosa.
–Te ves patético. –¿Osomatsu? Te frotaste los ojos, intentando aclarar tu visión–. No deberías dormir en el piso, alguien más puede tropezar contigo. –El rostro de tu hermano sentado en el sofá se volvió nítido–. Tu actitud es bastante molesta.
No era Osomatsu.
–¿Ich-Ichimatsu? –Tu pulso se aceleró y tus ojos se volvieron acuosos, a pesar de que habías llorado bastante hace no mucho. ¿Por qué estaba ahí? ¿Lo habrían mandado los demás? Te levantaste un poco de donde estabas, apoyándote en tus codos; nervioso.
Él te vio sin demostrar expresión alguna y podrías jurar que tú corazón se detuvo por un segundo– Ah, ¿te tropezaste conmigo? Lo siento, no me di cuenta cuando...
–Eso no importa, olvídalo. No estoy aquí por eso. –Tu hermano menor hizo una pausa para aclararse la garganta–. ¿Qué mierda te pasa? –Fue al grano frunciendo el ceño, habló con una entonación que te retorció las entrañas. Ichimatsu no era de rodeos, pero no sabías responder y a decir verdad te daba temor su respuesta.
«Yo también quisiera saberlo» te hubiera gustado decirle, pero de tu boca no salió nada. ¿Cómo ibas a decirle? ¿Cómo le ibas a decir que creías estar enamorado de él? ¿Cómo le ibas a decir el tormento que te provocaba su rechazo?
Observaste cuando se levantó de ese sofá verde para acercarse a ti, temblaste levemente. Él se sentó a tu lado. Cerró los ojos por un momento, pensaste que sería para calmar la frustración que le producía hablar contigo, porque se le veía agitado y molesto. Habían sido días desde que no te golpeaba pues lo evitabas a toda costa, no querías que te matara. Sin embargo, él no reflejaba esa sed de querer golpearte que usualmente emanaba. –Si es por el b...
–No, no es por eso. –Aunque era más que obvio que era la causa de tu estado, lo interrumpiste rápido, negando frenéticamente antes de que lo mencionara, no lo querías escuchar, no querías que te dijera que lo olvides, que hagas como si jamás hubiera pasado, porque jamás lo harías, esa sensación era imborrable, y te sentías sucio porque la atesorabas en tu alma. Él te vio irritado por cortar su oración. Bufó–. Sólo quita esa maldita actitud, da asco.
–No puedo. –Dijiste sin ganas, siendo sincero. Hasta el fingir te había fallado. Él gruñó y se puso de pie, molesto.– Ten una cita conmigo. –Soltaste, sin siquiera pensar, pensándolo bien, sería mejor que no se te hiciera costumbre actuar sin pensar. Ichimatsu se te quedo viendo de lo más extrañado con una mueca que no podrías descifrar, porque no lo veías, no te atrevías.
–¿Se te pudrió el cerebro? –Te preguntó después de un rato, irritado, te levantaste del futón.
–Puede ser. –Le restaste importancia, últimamente ya no estabas seguro de casi nada. «Creo que ya estoy tan hundido que dudo salir del fondo, aunque quizá si voy más abajo, logre hacer mi propia salida por el lado contrario» –Pero quiero tener una cita contigo. –Al menos, sí podías estar seguro de eso, pese a tus nervios y tu vergüenza. Él te vio incrédulo y algo fastidiado.
Te dio la espalda sin dirigirte la palabra y se encaminó a la puerta. Había algo en su forma de marcharse que te producía melancolía. Mordiste tu labio en un intento de parar su temblor y te recostaste de nuevo, dándole la espalda a la puerta, no queriendo ver cómo se iba, no queriendo sufrir más. Te concentraste en la luna que se podía ver a través de la ventana, emanaba una luz blanquecina brillante, era hermosa. Cerraste los ojos con la esperanza de que, al dormir, todos tus pensamientos se disiparan, pero escuchaste un suspiro pesado y te tensaste, para esas alturas ya deberías estar solo. Volteaste, confirmando que seguía ahí.
–Si intentas besarme en público te voy matar. –Tu intento de sonrisa amable se iluminó. ¡No te lo podías creer! En esa ocasión vez fue tu sorpresa y emoción lo que te impidió hablar, sólo tartamudeaste incoherencias, pero estaba bien. A pesar de la amenaza, conocías lo suficiente a Ichimatsu como para saber que nunca te daría una respuesta simple y eso había sido un sí. No alcanzaste a procesar aún cuando tu hermano salió dando un portazo, fue gracioso, hasta parecía que estaba huyendo. Reviviste esa pequeña escena en tu mente unas mil veces durante ese minuto, pretendió hablarte con amenaza, pero en su voz había suavidad; la amenaza fue como una excusa para no querer ablandar su propio semblante al responderte. Apretaste los puños enorgullecido de ti mismo.
Inesperadamente él volvió tiempo después y pudiste notar que, aunque llevara la cabeza baja sin verte a los ojos un ligero sonrojo se manifestaba en sus mejillas.
–Dice mamá que bajes a cenar. –Y esta vez se fue sin esperar cualquier respuesta/tartamudeo que le pudieras dar. Y tú reíste de forma histérica, mientras unas pequeñas lágrimas escurrían por tu ojo izquierdo «El lugar donde se encuentra el corazón» pensaste. Aún con toda tu dicha tenías un mal presentimiento.
.
.
.
Olvidé que tenía que actualizar XD
¡Hola! ¿Cómo están? 😃 Sé que los capítulos son demasiado cortos, pero para hacerlos más largos tendría que poner relleno y eso no me gusta(? Además, tengo un One-shot de 9,000 palabras y nadie lo lee por largo xd
Me estoy dando cuenta que quieren ver a Karamatsu sufrir, que crueles son 😝 A mí me da mucha cosa escribir eso :c
Bueno, muchas gracias por sus comentarios, l s estaré leyendo, ¡los amo!
