—¿I-Ichimatsu...? —Aunque intimidado por su mirar, te atreviste a hablar. Como era de esperarse, él no dijo nada, pero tampoco hizo ademán de evitarte, así que te sentaste junto a él, primero en silencio; evitando lo más posible presionarlo, era más seguro así.

Las gotas salinas que caían por sus mejillas de cuando en cuando te cortaban la respiración debido al nudo en la garganta que se te formaba. Él había cubierto su rostro con ambas manos al saber que no te irías, pero el llanto aún no había perecido y se le escurría de entre los dedos no sólo de manera literal.

—Hey, ¿estás bien? Why are you crying? —De alguna forma decir eso último estuvo mal, pero al menos la mirada fruncida y fulminante que te dedicó le quitó un poco de tensión al ambiente.

Suspiraste audiblemente con esa sensación en el estómago que, aunque incómoda, te motivaba a arreglar las cosas cuando volvió a cubrir su rostro.

—Y-yo... —Comenzó, sorbiéndose los mocos.

Tu mirada se concentró en el asfalto, aunque no había nada interesante en particular, sólo te perdiste en un punto y el deseo incesante de que el tiempo pasara más deprisa para evitar ese momento inafrontable, aumentó. Pudiste observar el temblar de su mano y esperaste más ansioso que paciente, porque los segundos te parecían eternos.

Y sentiste miedo y confusión, es decir: ¡Él te había besado en primer lugar! Quizá sólo se dejó llevar por el momento, pero esa no era una excusa; hasta las más simples acciones tienen un motivo sentimental oculto.

Ichimatsu descubrió su rostro de sus manos y pensaste en lo difícil que debería ser vivir con un orgullo y una personalidad como la de suya —qué irónico que fueran cosas que te atraían de él, como si fueras un masoquista—. Apreciaste cómo su intento de hablar se atoraba en su garganta y no pudiste soportar por un segundo más el verlo de esa manera. Lo abrazaste llevando su rostro a tu pecho y no te diste cuenta de que él pudo escuchar la tonada extraña que producía tu corazón.

El tiempo que duraron de esa manera se te antojó eterno, pero aun así fue insuficiente.

—Karamatsu, —Te susurró — yo... —Tu piel se erizó y lo apretaste contra ti con más fuerza. Escuchaste su intento por dejar de llorar.

—Está bien. —Le consolaste o al menos lo intentaste.

—No lo está. —Y era cierto, lo sabías, había un montón de razones por la que no estaba bien. Él suspiró —Lo que pasó... eso. —Intentó deshacer el abrazo. No lo dejaste— Escucha...

—Te quiero. —Le murmuraste al oído, incapaz de aceptar la excusa que seguramente te daría. Y esta vez fue su turno de erizarse.

Enterraste tu rostro en el lugar donde su hombro se unía a su cuello; con temor, tenías miedo de lo que pudiera decir, de terminar algo que no le daría la oportunidad de comenzar; de sentir el dolor que habías sentido antes, no lo soportarías, no otra vez. —Ichimatsu, sólo dime lo que sientes, olvida todo lo demás. —No hubo movimiento alguno por su parte, incluso había dejado de temblar e hipar.

—¡Ni siquiera yo sé lo que siento! Maldición. —Te gritó, desesperado. —Sólo se... —Su agitación empeoró impidiendo su hablar. Y acariciaste su cabello en un intento de calmarlo, ¿sería egoísta tener esperanza de un futuro juntos? ¿Era bastante soñador de tu parte? Creías que sí, así eras tú después de todo. —Yo lo prometí, ¿no es así? Lo juré.

—¿Ah? —No sabías de lo que hablaba, pero te provocaba una nostalgia y un malestar en el pecho terrible.

—Hace demasiado tiempo, ni siquiera logro saberlo con claridad —Suficiente. Tomaste sus mejillas con tus manos; lo obligaste a verte y sentiste culpa al ver sus ojos inundados en gruesas lágrimas—. Tus ojos son iguales a pesar del cambio de una vida. Pero no lo entiendo... —Con ese susurro algo dentro tuyo se había encogido dolorosamente.

¿Por qué siempre te sentías culpable con lo que respecta a Ichimatsu?

—Si no logras saberlo, has lo que sientas mejor. —A pesar de que no sabías de qué hablaba, esas palabras calmaron su llanto. Su suspiro fue entrecortado. Viste cómo mordió su labio inferior con duda, o tal vez era para calmarse. Y su boca se abrió, pero de ella no salió nada al volver a cerrarse; lo volvió a intentar.

Ti amo. —Fue el hilo de voz que te procuró. Abriste los ojos con emoción al escuchar las tenues palabras dichas en un idioma que no conocías, pero el significado era algo que llevabas en tu corazón como una marca imborrable por el tiempo.

—Yo también te amo. —Te apuraste a decir.

Ambas miradas, incrédulas por el juego del destino, fijas la una en la otra, conectando sus almas, anhelantes por juntar ambos corazones, sólo se cerraron cuando tuvieron que concentrarse en el contacto físico.

Y sólo entonces el peso que ataba tu alma se desvaneció, lo habías arreglado o eso pensaste.

Porque en realidad no había nada que arreglar.

¡Hola! ¿Cómo están? Ha pasado tiempo, bueno, espero que les haya gustado :´3