Capítulo 2: Recuerdos y Silencio.
Un joven de cabellos negros, ojos dorados y ropa de la nación del fuego corría dentro de un pequeño bosque intentando escapar de algo o de alguien. No fue sino después de correr durante un tiempo que se detuvo y se apoyó en un árbol a recuperar el aliento.
–Creo que la he perdido –se dijo a sí mismo después de comprobar que no había nadie cerca.
Se sentó y recargandose del árbol cerró los ojos, escuchaba un extraño silencio, se mantuvo así durante un rato, no supo cuánto tiempo había pasado, si minutos u horas cuando escuchó un estruendo muy cerca y de un momento a otro, sin siquiera poder reaccionar, se encontraba con la cara contra el suelo y sintiendo el peso de alguien sobre su espalda.
–Ahora, ¿cuáles son las palabras mágicas, chispista? –dijo la joven que se encontraba encima de él.
El joven de ojos dorados se quedó en silencio, aún estaba sorprendido, ¿cómo lograba hacer eso?
– ¿O te gustaría pasar el resto del día en esta posición?
El joven sometido murmuró algo que apenas se lograba entender, la boca de ella se amplió felizmente sabiendo que quería decir.
–Lo siento, ¿qué fue lo que dijiste? –preguntó cínicamente.
– ¡TÚ GANAS!, ¿BIEN? –gritó ante su clara derrota.
La joven, quién se encontraba sobre él, de cabellos negros y ojos verdes aceituna, se apartó de su amigo y éste procedió a levantarse.
—A veces me asusta lo malvada que puedes llegar a ser… Toph –dijo mientras se sacudía la tierra de sus ropas.
—Uno de mis muchos talentos, chispita.
—Egocéntrica.
—Tonto.
Se vieron con mirada desafiante y solo uno momentos después ambos comenzaron a reír, cómplices de esa extraña amistad; minutos después, con dolor de estómago de tanto reír, un cómodo silencio se instauró entre ellos, no había nada que decir, no hacía falta, la compañía del otro les agradaba.
Decidieron que debían regresar al palacio después de la, habitual, derrota de Zuko por parte de Toph, seguro los criados del palacio les estarían esperando para la cena. El camino al palacio fue bastante divertido, con Zuko hablando de lo que harían la próxima vez que se vieran y Toph diciendo cosas que le hacían poner caras extrañas, cosa que le gustaba a ella, hacer enojar a Zuko era una de sus cosas favoritas y más porque sabía que él le seguiría la corriente, siempre era divertido pelear con él.
Cuando estuvieron más cerca del palacio Zuko se dio cuenta que una gran columna de humo provenía de la misma dirección hacia donde se dirigían
– ¿Chispita? –preguntó Toph al sentir el repentino cambio de latidos de su amigo.
Zuko no lo pensó más, tomó la mano de Toph y comenzó a correr, tenía un mal presentimiento.
– ¡Vamos, Toph! –no hubo respuesta, ni siquiera puso resistencia, algo raro, pensó el joven de ojos dorados, por lo general le habría gritado que no la tratara como una niña.
Al llegar se encontró con una aterradora escena, su hogar se encontraba en llamas, el fuego se extendía por todo el palacio, ¿cómo había pasado esto?
– ¡Toph tu quédate a…! –se dió la vuelta pero ella no estaba, miró hacia todas las direcciones buscándole con la mirada.
'¿Cuándo había soldado su mano?' Se preguntó a sí mismo, sin embargo no tenía tiempo para buscar a Toph, seguro que estaba todavía en el bosque, ahí estaría a salvo, cuando hubo dicho esto así mismo entró al palacio en llamas sin volver a pensarlo.
– ¡AZULA, PADRE! –gritó mientras corría por los pasillos, aún siendo un maestro fuego soportar esas temperaturas era bastante difícil, sentía como si se encontrara muy cerca de un volcán.
Escuchó el sonido de una batalla muy cerca de donde estaba y se dirigió hacia donde provenía pero las llamas no ayudaban, llegó al pasillo que dirigía hacia la sala del trono, a la distancia pudo ver a su padre luchando contra alguien encapuchado, corrió para ayudarle a su padre pero escombro cayó en la puerta impidiendo que lograra acercarse más.
– ¡Mierda! –estuvo a punto de ser aplastado, se recuperó rápidamente e intentó destruir los escombros pero fue en vano, no tenía el poder para hacerlo, no podía hacer cenizas los escombros, la mayor parte era hierro que ahora se encontraba al rojo vivo, por ello tampoco podía moverlo.
Siguió intentándolo pero fue en inútil, la columna colapsó y el resto del techo comenzó a caer sobre él, lo último que pudo ver fue a su padre corriendo hacia él.
–Padre… –dijo antes de perder las pocas fuerzas que le quedaban.
Despertó de golpe, sudando, otra vez ese sueño, el mismo desde hacía años, estaba en el bosque y veía a la distancia una columna de humo, su hogar en llamas, entraba al palacio y al final veía a su padre, luchando contra alguien desconocido, la última vez vió a su padre.
–Toph… –miró su mano recordando el como había tomado a Toph de la suya. Su sueño había sido un poco diferente, había soñado con ella, ¿cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la había soñado?
Se quedó ahí unos minutos más, perdido en sus pensamientos. Cuando escuchó el ruido de las aves matutinas decidió salir de su tienda y buscar a su tío, "seguro que está preparando el té", dijo en su mente.
Sí, efectivamente, ahí se encontraba su tío, de espaldas a él, procuró no hacer ruido para sorprenderlo, incluso caminó de puntillas evitando hacer movimientos bruscos.
– ¿Aún sigues soñando con ese día? –preguntó el hombre mayor, que ahora que estaba más cerca uno podía darse cuenta que tenia una gran panza y barba larga, se servía un líquido verde de una tetera mientras disfrutaba de la brisa matutina.
–Han pasado semanas desde la última vez que tuve el mismo sueño, tío –tomó asiento en frente de Iroh después de haber fallado en su misión de sorprender a su tío.
–Pronto se cumplirá el tercer aniversario de ese accidente –dijo Iroh mientras bebía del té que había en su taza– puedo entender el por qué lo tuviste.
–No fue un accidente tío, alguien incendió el palacio y atacó a mi padre.
–Aún si lo viste no se encontró ningún rastro de tu padre ni de la otra persona que estuvo con él, ni siquiera se sabe si el incendio fue provocado o fue un accidente.
Zuko frunció el ceño ante la respuesta de Iroh, si, era cierto, no habían encontrado rastro de su padre ni de esa persona desconocida, simplemente habían desaparecido.
–Debes dejar pasar todo eso, tú padre ya no está, ahora toca concentrarse en el futuro –sirvió un poco de té en otra taza.
–No puedo simplemente olvidarlo, tío –tomó la taza que le estaba ofreciendo el viejo Iroh.
–Sobrino, no te estoy diciendo que debas olvidarlo, sino que puedas superarlo, han pasado casi 3 años desde ese día.
Zuko miró fijamente a su tío poniendo toda su atención en lo que decía.
–Pronto deberás volver, el plazo habrá terminado, la gente de la nación del fuego te necesita.
Se mantuvo en silencio recordando la promesa que había hecho a su pueblo: en su décimo octavo cumpleaños volvería para subir al trono y tomar el poder, para convertirse en el nuevo Señor del Fuego y cumplir el deseo de su madre y su padre.
–Lo se tío, siempre lo tengo presente, pero…
Iroh miró a su sobrino, había cambiado, lo sabía, desde la desaparición de su padre se había prometido ser fuerte por su pueblo y lo había conseguido pero había olvidado que la fortaleza también venía de la familia, de confiar en los que más quieres, que la fortaleza también viene de la unión.
–…solo queda un lugar al que debo ir antes de volver a casa –dijo Zuko mirando el interior de su taza vacía –la tribu agua del sur.
–Bien, entonces hay que apresurarnos –siguió tomando té –dentro de unas semanas será tu coronación.
No dijeron más, Zuko no se atrevió en mencionarle que había soñado con ella, aún no la podía olvidar pero tampoco tenía el valor de verla, era un cobarde no había duda.
Hola… sí, ya sé que prometí actualizar lo más pronto posible y ve me aquí, actualizando 2 meses después del primer capítulo… como defensa puedo decir que mi disco duro fue infectado con virus y tuve que formatear perdiendo todos mis archivos, sí, como lo lees, los capítulos que ya tenía escritos se perdieron, por eso tardé en actualizar y por eso siento que este capítulo no me salió tan bien como el que ya tenía, pero algo es algo.
