"Capítulo 3: Familia.


—¡Achuuú!

—Guacala, no me pegues tus mocos.

En un lugar muy frío, un grupo de niños de vestimenta bastante gruesa y de color azul caminaban con cuidado sobre la nieve y miraban a sus alrededores siempre alerta, buscando algo.

—¿Cuánto tiempo tendremos que seguir caminando?

—Hasta que caiga el sol, estamos a pocos minutos de ganar, solo tendremos que esperar y seguir caminando, no debe encontrarnos.

No pasó mucho tiempo cuando escucharon un extraño sonido, un "crack", el hielo a sus pies se estaba rompiendo, y eso era extraño, abajo de ellos no había agua sino hielo solido.

Se miraron entre si preguntadose quien había hecho eso y después miraron al mayor del grupo.

—Yo no fui, aún no tengo la habilidad de romper el hielo con solo pisarlo.

—Entonces eso significa que... —fue interrumpido por un gran estruendo, un gigantesco ser de nieve surgió del suelo y los niños se quedaron sorprendidos.

—¡Corran! —gritó el más grande los chicos quien fue el primero en salir de shock y haciendo uso de su agua controlo los chicos crearon un muro de hielo creyendo que eso detendría a la bestia... pero para sorpresa de todos no fue suficiente, con una rápida embestida destruyó el muro que habían creado. En un rápido movimiento se tragó a dos chicos.

—¡CHICOOOS! —estaba a punto de ir al monstruo pero fue detenido.

—Déjalos, debemos huir hasta la caída del sol y habremos ganado.

Encima del monstruo de nieve había un hombre vestido con unas ropas naranja y al parecer guiaba a la bestia. En un rápido movimiento el monstruo se adelantó a los chicos a pesar de ser mucho más grande que ellos era muy rápido y de una solo golpe los enterró bajo nieve.

—Gané —dijo alegremente el extraño quien estaba encima del ser de nieve.

—Eso no es justo, Appa no juega —se quejó uno de los niños que era tomado de su ropa por el que ahora se revelaba como un bisonte volador después que la nieve se cayera de encima.

—¡Que asco, Appa me dejó cubierto de baba! —se quejó otro niño después de que el bisonte les escupiera del hocico.

—Nunca dijeron que Appa no podía participar —sonrió con inocencia— solo me dijeron que si lograba atraparlos sin utilizar agua o aire control no tendrían clases por una semana, así que yo gané, devuelta a la aldea, seguro que Katara estará preocupada.

—¿No será que el caballero extraña a su doncella —se burló uno de los niños, quien había sido escupido por Appa, hizo una figura de nieve y la inclinó como si le fuera a besar.

El joven de cabellos castaños y tatuajes en los brazos se sonrojó ante el comentario, aún cuando había sido él el que se había declarado a su, ahora, prometida seguía sonrojandose cada vez que les llamaban pareja, pero escucharlo le llenaba de felicidad al mismo tiempo.

Los niños rieron al ver la habitual expresión de su sifu en agua control, cosa que a él le dio risa también y se unió después de un rato.

—Está oscureciendo, debemos llegar pronto a la aldea; vamos, suban en Appa —dijo su maestro al ver a la distancia que se acercaba una tormenta, las cuales eran más habituales durante la noche.

—¡Si! —respondieron al unísono sus pupilos.

—¡Pido dirigir a Appa! —uno de ellos dijo saltando de alegría.

—No Soke, la última vez que dejé que dirigieran a Appa terminamos sumergidos en el mar y Appa enfermó.

—¡Oops, lo siento! —se disculpó al recordar lo ocurrido y se pasó una mano por la cabeza riendo nervioso .

La alegría de los niños, aún siendo él casi uno, era una de las cosas que le agradaban de la tribu agua del sur, le hacía sentir en familia otra vez. Al principio había sido duro adaptarse a ese lugar, era un extraño de otro tiempo en un lugar aún más extraño, pero ahora tenía compañeros, amigos e incluso un futuro padre, abuela, hermano y por supuesto a ella. Y así comenzaron su viaje de vuelta a casa, Aang perdido en sus pensamientos.

—¡Veo la aldea! —gritó uno de sus discípulos sacándole de sus pensamientos.

—Puedo ver a la maestra Katara y creo que está furiosa —los niños comenzaron a entrar en pánico, su mentora era, por lo general, maternal pero cuando le hacían enojar daba miedo, mucho miedo.

—¡TODOS VAMOS A MORIR! —el pánico entre sus alumnos se intensificó, incluso estando a decenas de metros podían ver a su maestra Katara con el ceño fruncido.

—Aang, fue un gusto haberte conocido, amigo mío —dijo de forma seria su mejor alumno y amigo, Soke.

Aang sonrió de forma nerviosa, no era como si Katara se fuera a comer sus corazones, no entendía el por que de esa reacción por parte de sus alumnos.

No pasó mucho tiempo cuando llegaron a su destino, la aldea, aunque en realidad ahora era un pequeño pueblo más que una aldea, había prosperado bastante desde hacía casi 5 años, cuando el último Señor del Fuego había retirado sus barcos de guerra de las aguas cercanas y ya no se persiguió más a los maestros agua.

—Hola cariño —ya que el joven de cabello castaño fue el primero en bajar, saludó a su prometida para comprobar si estaba enojada.

—¿¡Hola cariño!? —la voz de Katara sonaba enojada, muy enojada.

—Lamentamos llegar tarde —dijo Soke, el mejor alumno de Aang, pero la maestra agua les miró con ojos serios, no parecía estar feliz.

—¡Sentimos llegar tarde y lamentamos nuestro comportamiento! —dijeron al unísono los más jóvenes de la aldea y alumnos de Katara y Aang.

El enojo de Katara se disipó rápidamente, no podía estar enojada por siempre, a pesar de ser un tanto traviesos sus alumnos seguían siendo buenos chicos.

—Está bien, vuelvan a casa, mañana seguiremos con el entrenamiento.

—¡SI! —dijeron alegremente, se habían salvado de un castigo seguro… o eso es lo que creían.

Aang vio la escena y recordó el primer día ahí, el día que llegó a la aldea. "¿Te encuentras bien?" Fueron las primeras palabras que había escuchado después de mucho tiempo, era una voz dulce, calmada y que mostraba preocupación.

Recordó a esa chica de piel de piel bronceada y como se quedó perdido en el color de sus ojos— Aang ¿Te encuentras bien? —Katara interrumpió sus pensamientos, regresandolo al mundo real.

—Sí, estoy bien, solo recordaba algo —Katara le miró preocupada pero después de que éste relajara la expresión de su rostro supo que no debía preocuparse— estoy bien, volvamos adentro —le extendió su mano, ella por supuesto la tomó y sonrió.

—Papá terminó temprano sus tareas, hoy podremos cenar todos juntos —Aang sonrió, hacía algo de tiempo que el padre de Katara no se unía a cenar con ella y su hermano, pues Hakoda era el líder de la ciudad de la tribu agua del sur y siempre estaba ocupado, dirigir una ciudad no era tarea fácil.

Pronto llegaron a la casa, lo que antes eran pequeños iglús ahora parecían palacios— Katara, mi niña —un hombre de larga cabellera salió a abrazar a la maestra agua.

—Papá, ya no somos niños, voy a cumplir 17 años y Sokka ya tiene 18… y estoy a semanas de casarme con Aang.

—Sí, lo se querida, pero aunque te cases o tengas 40 años, aún así seguirás mi niña —Aang miró la escena conmovido, con lágrimas en los ojos de la unión que había.

—Tu también únete al abrazo, pronto serás parte de la familia —dicho esto el castaño se unió al abrazo y después de él lo hizo otro joven de cola de caballo, el hermano de su prometida y su mejor amigo, Sokka.

Era una bonita escena, sin embargo un rugido se escuchó arruinando el bello ambiente.

—Lo siento, ayudar a papá es agotador y da mucha hambre —se pasó una mano por la cabeza riéndose nervioso, pero para su sorpresa los otros dos varones se unieron.

—Lo lamentamos pero tenemos hambre —dijeron al unísono Aang y Hakoda y para sorpresa de ellos Katara comenzó a reír, era una risa contagiosa y de un momento a otro estaban riendo los cuatro juntos.

—Está bien, vamos todos adentro —dijo Katara secándose las lágrimas de tanto reír. Todos afirmaron con la cabeza y entraron a la casa, la abuela Kanna les estaba esperando.

Y así pasaron el resto de la tarde, contando lo que habían hecho durante el día, anécdotas y algunas historias de terror mientras cenaban alrededor de la fogata. El joven castaño miró a todos reunidos y sonrió, se sentía en familia y eso lo hacía sentir muy feliz.


Ok, lamento mucho haber desaparecido durante casi 5 meses, pero la Universidad no me dejó escribir y no tenía inspiración. Éste capítulo lo empecé a escribir recién publicado el anterior pero no me convenció el resultado y tuve que reescribirlo varias veces y aún así no siento que exprese de manera clara mi idea.

Ahora estoy escribiendo otros 5 capítulos y espero que pueda publicar por lo menos 3 antes de volver a la Universidad de nuevo.