Capítulo 3

"No somos conscientes del verdadero valor de lo que tenemos hasta que lo perdemos para siempre"

"No Dreams Today"

No sabía exactamente el motivo por el cual se había sentado allí. Tal vez fuera porque estaba más cerca de la ventana y así la suave brisa invernal le daba de lleno en la cara.

Unas pequeñas partículas blancas pertenecientes a la nevada de la noche anterior, se infiltraron en el cuarto queriendo pasar inadvertidas. Pero no para él.

Tan inconscientemente como se había acomodado en aquel rincón, se inclinó y con cuidado destapó las inmaculadas teclas. Tras echarles un ligero vistazo, las acarició con suavidad hasta que uno de sus dedos se hundió provocando un hermoso sonido que inundó toda la habitación.

Sonrió para si, y casi sin darse cuenta, sus manos comenzaron a bailar solas sobre ellas. Primero con lentitud, pero después con mucha más fluidez. ¿Quién le iba a decir que después de tantos años aún se acordaría de tocar el piano?

Cerró los ojos disfrutando cada nota de la melodía. El canon de Pachelbel siempre había sido su pieza favorita, y aunque prefería mil veces escucharla bajo el lamento de violines, en piano resultaba incluso más melancólica. Lo enamoraba.

Ya no había nada que pudiera sacarlo de aquella envolvente tranquilidad. Pocas veces conseguía desconectar completamente del mundo y evadirse de todos los problemas.

No eran precisamente pocos...

Ahora ya no quedaba nadie en aquella casa, ni siquiera él mismo. Por eso, no hizo caso al timbre del móvil que había abandonado sobre la mesa junto a un buen fajo de papeles por rellenar. No era habitual en él dejar las cosas pasar, pero en aquel momento quiso ser egoísta. Si era algo urgente que avisaran a otro...

Intentó mantener la mente en blanco. Fundirla con cada nota. No pensar. Pero pronto, toda esa paz que había conseguido se vio interrumpida.

Abrió los ojos y dejó de tocar. De nuevo el silencio.

Suspiró largo y profundo, y volvió a bajar la tapa de madera. Se incorporó y arrastró sus pies hasta la mesa donde había estado trabajando, como si nunca se hubiera tomado esos escasos minutos de descanso ante el piano. De ninguna forma iba a permitir que lo supieran.

Miró de reojo la puerta de la calle preparándose para lo que vendría a continuación... En menos de tres, dos, uno...

El sonido de llaves en la cerradura y...

-¡Ya estamos en casa!

...Otra vez la rutina.

El chico levantó la vista y contempló con aprensiva pesadez a las dos chicas que acababan de entrar, tan alegres y vivarachas como de costumbre. Venían riendo, con las botas y calcetines mojados, al igual que los guantes de lana. Adivinó que habrían hecho alguna que otra inútil parada para tirarse bolas de nieve.

Puso los ojos en blanco antes de volver a los papeles.

- Capitán, hoy ha vuelto a faltar a clase. - canturreó su teniente mientras dejaba su abrigo sobre el sofá, acudía bailoteando hacia el lugar dónde se había sentado el chico, y se medio tumbaba sobre todos los folios. -¿Sabe que eso no está bien? Si falta dos días más sin justificante de padre, madre o tutor, acabarán expulsándolo.

Hitsugaya volvió a dirigir sus ojos a la mujer, tratando de ignorar el hecho de que le estuviera doblando los informes con la parte delantera de su cuerpo.

- Yo no tengo padres ni nada parecido. -le contestó fríamente. - Además, ir a clase es una pérdida de tiempo. Es demasiado aburrido.

- Es cierto. Pero si lo expulsan supondrá un borrón irreversible para su expediente. -lo ha dicho la profe.

El chico arqueó una ceja irritado. El instituto sí estaba provocando en Matsumoto algo irreversible. Muchas veces parecía haber olvidado por completo quién era en realidad y cuál era su misión en el mundo mortal. Sí, muy de vez en cuando se comportaba como una chiquilla, y él odiaba profundamente que lo tratara como si también lo fuera.

- ¿No hace demasiado frío aquí? -se quejó Inoue por detrás, frotándose los hombros. A pesar de su apariencia despistada, ella era mucho más ordenada que Matsumoto y había dejado las cosas en su habitación.

- ¡Oh! -exclamó Rangiku. - El capitán se ha vuelto a dejar la ventana abierta.

La chica se giró hacia el rincón para comprobarlo y acudió rápidamente a cerrarla.

- No tiene ningún sentido que pongamos la calefacción para estar mejor, si tú dejas todas las ventanas de la casa abiertas, Toushiro-kun. -le advirtió ella. - Ya no hace tiempo para tenerlas toda la mañana de par en par. Dentro de unos días estaremos en pleno invierno.

Hitsugaya dejó caer el boli que llevaba en la mano. Rodó por el borde de la mesa hasta que cayó al suelo.

- Sí... -se limitó a contestar apesadumbrado.

Las dos chicas lo miraron dándose cuenta de lo que eso significaba: Si todos los nuevos cálculos eran correctos, el comienzo del año estaría cargado de indeseables situaciones que los shinigamis deberían evitar a toda costa.

La batalla final.

- Emmm... ¿Mucho trabajo hoy Capitán? -inquirió Rangiku, rompiendo la tensión que se había creado en el ambiente en cuestión de segundos.

- Tsk... Lo de siempre. -resopló, agachándose para recoger el bolígrafo.

En ese justo instante, el timbre del teléfono móvil volvió a escucharse insistente, vibrando bajo todos los papeles amontonados.

Abrió los ojos de par en par, recordando que ya lo habían llamado anteriormente. Se había olvidado por completo. Se levantó de inmediato, y al contrario que había hecho hacía pocos minutos, apartó todos los informes de un manotazo en busca del aparato.

Era muy extraño que volvieran a llamar tan seguidamente, y todavía lo era más que lo hicieran a la misma persona. Debía tratarse de una emergencia, de no ser así, no entendía cómo no lo habían pospuesto para más tarde.

Destapó el teléfono para contestar, disimulando perfectamente su nerviosismo, y antes de que pudiera hacerlo alguien habló antes que él:

- ¿Capitán Hitsugaya?

Le llevó unos segundos reconocer la voz femenina. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba. Sonaba angustiada y acelerada de pura histeria.

- Sí soy yo. - se limitó a contestar. Sin embargo debió de parecer extrañado porque Rangiku se agachó a su lado mirándolo intensamente. Tratando de descubrir el por qué esa reacción en su superior.

- Capitán Hitsugaya, soy Kiyone Kotetsu, segunda oficial del grupo trece, -se presentó. - disculpa que lo moleste si estaba ocupado, pero me han pedido que le avise para que acuda inmediatamente aquí, a la sociedad de almas.

Ahora las pupilas del chico se contrajeron perplejas. Llevaba más de un año sin pisar la soul society, realizando todo su trabajo desde la casa de Orihime incluidas las conferencias y reuniones de capitanes. ¿Por qué ahora pedían que volviera? Justamente ahora que llegaba el invierno.

-¿Qué ha ocurrido? - quiso saber.

- No lo sé. Yo tan sólo cumplo órdenes directas de informarle.

- ¿Órdenes de quién? -preguntó, perdiendo ya parte de su paciencia. La verdad es que la chica no es que fuera muy mañosa expresándose.

- De mi hermana, capitán. -contestó ella. - Ahora mismo se encuentra reunida con Unohana y el capitán Kurotsuchi. Era algo muy urgente, por eso mismo me dijo que fuera yo misma quien le llamara para que viniera. Intenté contactar hace poco pero...

- Muy bien. Estoy allí enseguida. -la cortó éste. - Gracias por avisar.

Colgó el teléfono y lo miró por unos instantes pensativo. Lo cierto era que las palabras de la chica lo habían preocupado. Si ya no era normal que lo llamaran para acudir de inmediato a la sociedad de almas, lo era menos que la encargada de avisarle fuera la oficial de Ukitake.

- ¿Pasa algo malo? -preguntó Inoue con inocencia, que ahora se encontraba junto a Rangiku.

El chico miró a las dos de reojo, y se llevó la mano a la barbilla confundido, al tiempo que se guardaba el móvil en el bolsillo trasero del vaquero.

- No estoy seguro. -contestó sincero. - Me acaban de pedir que acuda de inmediato a la sociedad de almas.

Las cejas de Rangiku se alzaron sorprendidas.

- ¿Por qué?-inquirió.

- No me lo han dicho. -contestó de mala gana. No le gustaba en absoluto que no le hubieran dado ninguna explicación. Ningún tipo de detalle.

Dejó escapar otro suspiro de resignación.

- Tengo que irme.

- ¿Quiere que le acompañe capitán?-insistió Rangiku.

Aunque parecía que lo hiciera con la intención de ayudar en todo lo posible, él sabía que no era otra cosa mas que pura curiosidad.

- No.

- ¿Y tardara mucho en volver¿No pensará quedarse allí mucho tiempo, verdad?

- Matsumoto... No lo sé. No sé nada. -le aseguró molesto. - En cuanto me digan de qué se trata, serás la primera en enterarte.

Conociendo de ante mano cuánto odiaba su capitán que le hicieran esperar, la mujer asintió conforme. Confiaba en él profundamente. Ocurriera lo que ocurriera, sería la primera en saberlo.


Se sentía incómodo. Le faltaba algo y no conseguía concretar el qué era.

Tanto tiempo sin pisar el Seireitai, tantos días añorando lo que él consideraba su hogar, y ahora que había regresado sentía un extraño pinchazo en el estómago que le decía que volviera. ¿A dónde¿A Karakura¿Al mundo mortal¿Por qué? No se le había perdido nada allí. ¿De dónde venía esa sensación?

Chasqueó la lengua dando aquella indefinida corazonada por perdida y continúo caminando sin pausa, con paso decidido, en dirección al cuartel de la décimo tercera división.

Se había tomado la libertad de abrir la puerta que lo conectaba con su mundo en las inmediaciones de esa división, dado que había sido una oficial de la misma la que le había informado para que acudiera. Sin embargo, no parecía haberse enterado de su llegada.

Algo molesto, en parte porque no hubiera nadie allí para recibirlo e inmediatamente explicarle qué sucedía, torció la siguiente esquina y vislumbró la entrada. Justamente allí se encontraba la joven Kotetsu, caminando de un lado para otro cual león enjaulado. Al verlo aparecer, dio un respingo y se apresuró por realizar una exagerada reverencia.

- Es todo un placer volver a verle por aquí, Capitán Hitsugaya.- comenzó acelerada, sin levantar la vista del suelo. - Muchas gracias por...

-¿Para qué me has llamado? -preguntó él, queriendo ir al meollo de la cuestión.

La rubia levantó la cabeza y rehuyó los fríos ojos verdes que la observaban, sabiendo que no le correspondía a ella contestar esa pregunta.

- ... Tiene que acompañarme, capitán...-le indicó la chica, echando a caminar por delante suyo.

Él no se sorprendió en absoluto y asintió conforme. Después de todo, si lo habían llamado a él, la orden no vendría ni mucho menos de la hermana de Kiyone. A la teniente de la cuatro debía haberle avisado un Capitán. El descubrir quién había dado la primera orden, era fundamental para llegar a comprender cuál debía ser el motivo por el que lo habían mandado llamar. No obstante, por mucho que le daba vueltas no conseguía sacar nada en claro.

¿Tendría algo que ver con Aizen¿Arrancars¿Espadas¿Habrían descubierto alguna anomalía en la propia Sociedad de Amas? Tanto Unohana como Kurotsuchi estaban reunidos... ¿Sería algo relacionado con la llave que había pasado por alto el departamento de investigación y desarrollo? No importaba, pronto lo averiguaría.

La siguió en silencio hasta que alcanzaron el patio de la cuarta división.

Detuvo su paso por un momento para contemplar los edificios que componían ese lugar: los destinados al hospital y enfermería, oficinas, zona residencial y calabozos.

Tragó saliva. Por alguna razón no le gustaba estar allí en esos momentos.

- Por aquí, Hitsugaya-Taicho. -lo apremió la oficial, dirigiéndose a la zona en la que se encontraban los despachos.

Ambos se precipitaron al interior del edificio sur, y siguieron su recorrido por un largísimo y estrecho pasillo con varias puertas en los laterales. De vez en cuando, se topaban con algún miembro de la cuarta división que aunque se lo quedaban mirando, no parecían sorprendidos de verle allí. Al contrario, estaba convencido de que ellos sí conocían el motivo de su visita.

Comenzó a sentirse incómodo. Tanto secretismo en el ambiente estaba terminando con él poco a poco. Sobre todo por las miradas que le dirigían. Lo observaban con pura lástima.

¿Qué demonios estaba ocurriendo?

- Aquí es. -concluyó finalmente la rubia, deteniéndose ante una gran puerta corrediza. Fue a tocar con los nudillos sobre su superficie, pero antes de que pudiera hacerlo, una pausada voz femenina la detuvo.

- Todavía están reunidos. Te sugiero que no les molestes.

Tanto Toushiro como Kiyone se dieron la vuelta.

Allí, ante ellos se encontraba una mujer joven, delgada y esbelta, vestida con el uniforme shinigami. Hitsugaya no la había visto en su vida, aunque reconoció por el recogido de su larga melena rubia ceniza, a qué familia pertenecía.

No había ni una muestra de aprecio en su voz, y escudriñaba a ambos con sus fieros ojos miel sin ningún reparo u discreción

- Ha...Hane... San.-tartamudeó la oficial. - ¿También la han llamado a usted?

- No. Desde luego que no. -contestó sin inmutarse lo más mínimo. - He venido aquí en funciones de mi actual trabajo. Puedes retirarte Kotetsu.

- Sí. -contestó ella, haciéndoles a los dos una profunda reverencia de despedida.

Los ojos verdes del chico siguieron los pasos de Kiyone perdiéndose por el pasillo, y luego clavó su mirada en la recién mencionada Hane. Ella lo observaba curiosa y paciente, con los brazos cruzados sobre el pecho y sin el menor indicio de querer presentarse.

- Capitán de la división diez, Hitsugaya Toushiro. -se adelantó este, inclinando levemente la cabeza; esperando a que ella cumpliera con el protocolo.

Pero no lo hizo.

En su lugar, arqueó una ceja de forma curiosa y contestó sarcástica:

-¿No me diga? No lo había notado a pesar de que lleva el haori blanco reglamentario y el número marcado a la espalda.

La contestación lo pilló desprevenido. Sintió su furia revolverse en su interior al oírla hablar. Por muy noble que fuera no permitía que nadie le tratara de esa manera.

Y para colmo agregó:

- He de confesarle que me lo imaginaba mucho más alto, capitán. Pero supongo que uno no puede llegar a todo.

A punto estuvo de contestarle a su manera, cuando la puerta a sus espaldas se descorrió y aparecieron los tenientes y capitanes de las divisiones doce y cuatro.

- ¡No me habían humillado de esa forma en la vida¡Debería diseccionaros a las dos! -protestaba Mayuri, poniendo el grito en el cielo y acusando sin ningún miramiento a las dos integrantes del grupo cuatro.

- Era necesario, capitán. -se defendió Unohana con su característica templanza.

- Por supuesto. -contestó molesto. - Y como comprenderá, también es necesario que el cuerpo se investigue en mis laboratorios. Lo quiero allí en menos de una hora. -ordenó tajante.

Hitsugaya atendió a la peculiar conversación bastante perdido. No obstante, Hane parecía saber de qué iba todo el asunto. Ya no lo soportaba más, allí todos sabían algo menos él.

- ¿Entonces ya no hay nada que hacer? -inquirió la rubia tras escuchar las palabras de Mayuri.

- ¡Desde luego que no hay nada que hacer! -le espetó él. - ¡No ha habido nada que hacer desde el principio!¡El cuerpo en mi despacho en menos de una hora!

- Capitán... -lo calló Unohana. - Me temo que eso tendrá que decidirlo Hitsugaya.

Ahora Toushiro se quedó helado. La estancia se había quedado de repente en completo silencio y todos los ojos estaban puestos en él. ¿Le tocaba decidir a él¿Decidir sobre qué?

El capitán de la doce resopló indignado antes de mascullar:

- ... qué ganas de desperdiciar materiales...Una fantástica investigación echada a perder por un niñato. Vayámonos Nemu.

- Sí, Mayuri-sama.

Los dos desaparecieron por el pasillo con paso decidido. Se veía claramente que el capitán estaba demasiado irritado.

- ¿Qué es lo que ocurre? -preguntó Hitsugaya por enésima vez.

Unohana lo miró del mismo modo que habían hecho los otros miembros de su división. ¿Por qué esa mirada?

- Acompáñame Hitsugaya-Taicho. - le dijo entonces, ofreciéndole paso al interior del despacho.

- Capitana... -la interrumpió Isane. - ¿Qué es lo que hago¿Llevo el cuerpo a los laboratorios o...?

- No... Todavía no...

- Muy bien. -asintió ella, cerrando la puerta; dejando a los dos capitanes dentro.

El despacho de Unohana era bastante pequeño comparado con el del resto de dirigentes. A penas había espacio para un escritorio, dos estanterías y unas butacas que ahora se encontraban dispuestas en torno a la mesa.

Hitsugaya se quedó de pie, observando cada rincón de la habitación, mientras esperaba todo lo paciente que podía permitirse a que la mujer hablara de una vez por todas.

- Por favor, siéntese capitán. -lo invitó con una amable sonrisa.

- No, gracias. -contestó él, haciéndose notar su mal humor. - Prefiero quedarme de pie.

Ella inspiró profundamente ante tal respuesta.

- Lo conozco desde el día en que puso el pie en el Seireitai, Hitsugaya... -comenzó. - ... se cuán cabezota puede llegar a ser, por eso no se lo volveré a repetir: Haga el favor de sentarse. - dijo esta vez más brusca, pero no con menos educación.

Él dudó por unos instantes antes de obedecer. Una vez lo hubo hecho, ella lo imitó y buscó por los cajones del escritorio un botecito transparente con varias cápsulas anaranjadas en su interior. Lo destapó y le ofreció una.

- Tómese esto antes de hablar, por favor.

- ¿Qué es?- preguntó éste, cogiendo una.

- Tranquilizantes.

- Estoy tranquilo, no me hace falta. - respondió tajante, volviéndola a dejar en su interior. Sin embargo ella siguió tendiéndole el frasco. Esta vez no hizo falta que le insistiera, con sólo mirarla sabía que si no le obedecía no le diría ni una sola palabra.

Volvió a tomar el peculiar medicamento y se lo metió en la boca sin rechistar.

- Son como caramelos. -sonrió ella con amabilidad. - ¿Sabe bien, verdad? Tiene un ligero gusto a menta.

Éste le fulminó con la mirada mientras saboreaba la pastilla.

- ¿Me va a explicar alguien de una maldita vez por qué estoy aquí¿Qué es eso que tengo que decidir?

- Paciencia capitán... -le pidió ella. - Le aconsejo que se calme o será peor.

-¿Peor? -repitió él con los ojos muy abiertos.

De pronto sentía su corazón palpitándole a un ritmo vertiginoso. Comenzaba a estar asustado.

Unohana se inclinó hacia el y para su sorpresa tomó su mano estrechándosela con cuidado. Luego sonrió con tristeza y habló casi en un susurro:

- Capitán Hitsugaya... Siento tener que darte esta mala noticia pero... La salud de la teniente Hinamori Momo ha empeorado considerablemente en estos últimos tres días.

Se la quedó mirando. Sus ojos verde mar denotaban el impacto que acababan de crear esas palabras en su persona. Era incapaz de reaccionar. Definitivamente, eso era lo que menos esperaba que dijera.

- ¿Qué significa eso? -se escuchó pronunciar con un hilillo de voz.

Ella prosiguió apesadumbrada:

- Hace tres días, uno de mis subordinados fue a comprobar cómo se encontraba y me avisó de inmediato al notar que su estado no era normal. -hizo una pequeña pausa. - Hinamori seguía respirando, sin embargo carecía de todo indicio de fuerza espiritual. Es decir, su cuerpo estaba vacío. Sin alma.

Hitsugaya comenzaba a sentir que le faltaba el aire. Comprendió porqué Unohana le había pedido que se sentara. Por primera vez desde hacía mucho tiempo temblaba sin tener frío.

Hizo un esfuerzo por hablar, pero no lo consiguió.

La capitana continuó hablando:

- Le hicimos varias pruebas para intentar averiguar qué era lo que le ocurría. Buscamos cualquier resto de vida en ella, pero no pudimos hacer nada. -confesó. -Incluso esta mañana a mi teniente se le ocurrió que el Capitán Kurotsuchi había podido intervenir manipulando el tratamiento, ya que en más de una ocasión me había pedido investigar la salud de la teniente por su cuenta. Pero tras varias discusiones puedo asegurarte que él no ha tenido nada que ver. -le explicó. -Me temo que ha estado demasiados días atrapada en las sombras y finalmente se ha dejado consumir por ellas. Se ha dejado vencer. Lo siento.

No podía creer lo que estaba escuchando. No, no quería creerlo. Habían pasado casi dos años desde que Aizen la atacó. Casi dos años sin volver a pisar ese lugar, sin verla. Unohana le había pedido que hablara con ella por aquel entonces, pero él esperando que despertara pronto, se había negado. Llevaba todo ese tiempo tan enfrascado en su trabajo, tan absorto con todos los problemas que habían ocasionado los traidores de la Sociedad de Almas, que había olvidado completamente el motivo de su existencia.

No. Tampoco se había olvidado. Sencillamente tenía tan asumido que despertaría y volvería a verla sonreír, que no se había preocupado por conservarla. Se había dicho a si mismo que podría luchar con Aizen para vengarla, pero en ningún momento se había parado a pensar que no se podía luchar contra los sueños que la mantenían cautiva. Y ahora nunca despertaría...

-¿Puedo verla? -preguntó tratando de sobreponerse a toda esa angustia.

La mujer asintió lentamente y se incorporó para guiar al joven capitán a través de los pasillos de su división.

Esta vez también se encontraron con varios shinigamis que le dirigían esas miradas cargadas de compasión, pero las ignoró por completo.

Estaba totalmente perdido. No era consciente siquiera de que se encontraba en la cuarta división. Si le hubieran preguntado algo tan simple como el día de la semana, no habría sabido responder. Estaba completamente desorientado. Sólo tenía una idea en mente: No podía detenerse, tenía que verla.

Finalmente llegaron a una puerta apartada de todas las demás, perdida al fondo de un soleado pasillo. La capitana pasó primero y le abrió la puerta.

Estaba asustado. Tenía miedo, y eso era inusual en él.

Reconoció la puerta y las paredes de la habitación. Las había visto hacía mucho tiempo. Sin lugar a dudas era la habitación en la que había visto descansar a Hinamori, esperando a que volviera. Y ahora era al revés. El había vuelto... Y ella seguía allí.

Al igual que la última vez, Hinamori permanecía en la cama. Conectada a varias máquinas y respirando el oxígeno que ellas le proporcionaban.

Se acercó tembloroso hacia ella. Estaba cambiada. Muchísimo más delgada. Tenía unas espantosas ojeras y los ojos rehundidos en ellas. Su piel se pegaba a sus huesos marcándole exageradamente los pómulos. Sus labios y párpados estaban amoratados y su larguísima melena castaña había perdido fuerza y brillo. El peculiar tono melocotón de sus mejillas había dado paso a un gris carente de vida. Su aspecto enfermizo era producto de todo ese tiempo de abandono. Y sin embargo, el hecho de verla nuevamente tras tanto tiempo, le hizo creer que era una de las cosas más hermosas que había contemplado en toda su vida.

Además... Respiraba.

Sintió una descarga de adrenalina recorrer todo su cuerpo al percatarse de eso.

- Respira... -se escuchó hablar. Luego se giró hacia la capitana como si lo hubiera engañado cruelmente. - Está viva. -afirmó, con los ojos casi fuera de sus órbitas, como quién realiza el descubrimiento más importante de su vida.

La mujer asintió de nuevo.

-... Se está muriendo. -le aseguró.

- Pero... Usted me había dicho...

- ... que aunque siga respirando, su cuerpo está vacío. Su alma se ha perdido capitán. Ya no está en este mundo. No puede escucharnos.-terminó por él.

- ... Está viva... -repitió como un autómata sin poder apartar la vista de su amiga.

- Lo está únicamente porque sigue conectada a la máquina. Tan sólo es cuestión de tiempo que su vida se apague por completo. Está sufriendo Toushiro... La estamos reteniendo aquí contra su voluntad. Su alma ya ha decidido. Quiere nacer de nuevo. Es algo natural.

El chico negó fuertemente con la cabeza, alejando todas las palabras de la mujer de su mente. Daba igual lo que le dijera. Por más que se esforzara por hacerle entrar en razón, él veía que respiraba y por lo tanto estaba viva. Tenía que haber un pequeño reducto de energía espiritual en ella, de lo contrario ya habría fallecido. Quedaba una mínima esperanza en su corazón que se manifestaba gritando que no iba a morir. Y aferrándose a esta esperanza; sabiendo que toda su vida, su mundo y su razón de ser dependían de ella, se negaba a aceptar lo que la capitana le contaba.

- ¿Entiendes ahora porqué estás aquí, no es cierto? Además de que te quería dar la mala noticia en persona, tú eras su mejor amigo, quien siempre se ha preocupado por ella, el que la ha querido más que nadie... Por eso te corresponde a ti tomar la decisión.

- ¿La decisión¿Qué decisión? -preguntó perdido.

- La decisión de desconectarla ahora y dejarla morir tranquila. Ésa decisión.

Volvió a hacer un firme y repetitivo gesto negativo.

- No... -musitó, resistiéndose a aceptarlo. - Esta viva. No va a morir. Ahora no.

- Toushiro, por favor. -le pedió Unohana, posando su mano sobre su hombro. Pero él la apartó con violencia y se postró con notable angustia ante la cabecera de la cama donde descansaba la chica, a pocos centímetros de su rostro. La escuchaba respirar rítmicamente, de forma trabajosa y antinarutal.

No pensaba perderla. No estaba dispuesto a perderla otra vez. Haría cualquier cosa por rescatarla de dónde quisiera que hubiera ido. Si era necesario se tiraría al vacío para ir en su busca y traerla de vuelta. En ese instante le daba igual todo lo demás: Por él podía llegar el fin de la Sociedad de Almas, que Aizen se saliera con la suya y gobernara el cielo, que hubiera un cataclismo a nivel mundial y acabara con toda vida humana... Pero que ella viviera. Daría su propia vida las veces que hiciera falta sin dudarlo ni un segundo y asesinaría a tantos como le pidieran... Con tal de que volviera a abrir los ojos. Tan sólo una vez más... Sólo unos instantes para decirle cuánto lo sentía, lo que la echaba de menos, cómo añoraba su sonrisa, su buen humor, sus ganas de vivir y su lucha por todas esas cosas que merecían la pena.

- Hinamori... -le susurró con un hilo de voz buscando su mano entre las sábanas. La tenía helada. - ...Lo siento. Lo siento mucho. Perdona por no decirte nada antes, pero estaba enfadado. Ya no lo estoy así que puedes abrir los ojos¿Me oyes? Hinamori... No estoy enfadado contigo. Sólo lo haré si no despiertas. Así que hazlo, por favor. -le suplicó.

- Hitsugaya, es inútil. Déjalo estar. -le aseguró la capitana.

Pero él sujetó con mucha más fuerza la mano de la chica y persistió.

- Hinamori, sé que sigues ahí en alguna parte. Sino ya habrías muerto, pero no lo has hecho... Seguro que me estás escuchando, si lo haces abre los ojos... Házmelo saber de alguna manera. ¡Por favor!

La respiración de la chica permanecía igual en esa constante agonía; Hitsugaya comenzaba a desesperarse. Apretó sus dientes y puños enrabiado e impotente. ¿De verdad no había nada que hacer?

- ¡Maldita seas Hinamori¡No seas cobarde¡Lucha¡No te dejes vencer ahora! -le gritó de golpe. - ¿Qué te crees que estás haciendo¡Piensa en todos los que te han estado cuidando durante este tiempo¿Así se los agradeces¿Dejándote morir?

- Capitán Hitsugaya - lo llamó Unohana, bastante enfadada, viendo el mal rumbo que estaba tomando la situación.

- ¡Idiota¿Me oyes Hinamori¡Eres una idiota¡Te lo advertí decenas de veces¡Nunca deberías haberte convertido en Shinigami¡TE ODIO!

El puño del chico se alzó y a punto estuvo de golpear al endeble cuerpo de la teniente, sin embargo la capitana fue más rápida y consiguió pararlo.

- Ya basta. -le pidió al chico. - Le dije antes que no podía oírnos. Por mucho que le grites no lo hará. Debiste haber hablado con ella cuando tuviste tu oportunidad. Ahora ya es demasiado tarde.

El joven capitán se estremeció al oír estas palabras. Volvió a la dura realidad.

- Me temo que tengo que pedirle que se vaya, Hitsugaya. No está causando ningún beneficio con su presencia. -le dijo furiosa. - pasaré por alto que haya tratado de agredir a mi paciente, pero le aseguro que no volverá a pisar esta habitación.

Se quedó helado y de pronto se vio en el pasillo con la puerta cerrada.

Tenía ganas de gritar, de destrozarlo todo, sentía su energía espiritual revolviéndose angustiada en su interior. Se habría calmado de haber podido liberar su BanKai y destruir cuanto lo rodeaba. No obstante, era un capitán del Gotei 13. Le habían enseñado a actuar frente a ese tipo de situaciones... Solo que no estaba preparado para vivir una. Trató de calmarse. Mantener la mente fría.

Levantó la cabeza y clavó en Unohana sus fieros ojos, fríos como dos estacas de hielo. Su aspecto había cambiado y parecía ido, completamente fuera de su ser. Cualquiera que lo hubiera visto en ese momento, habría asegurado que se había vuelto loco. Algo no muy alejado de la realidad.

- ...Ni se te ocurra... -la amenazó con los dientes apretados y apuntándola con el dedo. Su rabia interna le impedía pronunciar las palabras con normalidad. Le costaba demasiado trabajo hablar. - ...Ni se te ocurra desconectarla. -concluyó a duras penas.

La capitana sostuvo su mirada sin decir nada.

- No la dejes morir. -le advirtió. - Ese es tu trabajo.


El cielo de Karakura había adquirido ya una tonalidad violácea oscura cuando el sonido de llaves, acompañado de un fuerte portazo, sacó a las dos chicas de sus quehaceres culinarios.

Inoue intercambió una mirada cómplice con la teniente y luego preguntó cantarina:

- ¿Has vuelto ya Toushiro-kun¿Qué es lo que te han dicho?

Como respuesta se escuchó otro portazo más. Esta vez proveniente de una de las habitaciones.

- Qué carácter trae hoy... -murmuró Matsumoto para si. - ¡Capitáaaaan¡Estamos preparando comida española para cenar¡Tortilla de patatas con remolacha y una paella de pimientos picantes!

La mujer esperó sonriente a que su Taicho tras oírla vociferar de semejantes maneras, irrumpiera en la cocina para darles una charla de dietética como solía acostumbrar. Pero no lo hizo. Tras unos minutos, el chico no acudió a echarles la bronca. No se le escuchaba en ningún lugar de la casa.

Algo preocupada, Rangiku volvió a intercambiar una mirada con Orihime y dejó de pelar las patatas para ir a ver qué hacía su superior.

Antes de poder llegar a su habitación, se detuvo en seco frente a la puerta del cuarto de baño. Al parecer Hitsugaya se había ido quitando la ropa y la había dejado tirada a lo largo de todo el pasillo.

Se escuchaba el grifo de la ducha abierto.

Aunque fuera a darse un baño, no era normal que su capitán hubiera dejado todo por ahí hecho un barullo. Él era una persona demasiado ordenada. Este tipo de detalles lo sacaban de sus casillas.

Golpeó con los nudillos en la puerta antes de preguntar:

- ¿Capitán se encuentra bien¿Ha ocurrido algo malo?

No obtuvo respuesta.

- ¿Capitán puede oírme¿Tiene que ver con lo que le hayan dicho en la Sociedad de Almas? -insistió sin dejar de tocar a la puerta. - Capitáaaan... Eoooooo... Capitáaaaaaan... ¿Se ha ahogado¿Entro a hacerle el boca a boca? Capitáaaaaan...

-¡Déjame en paz, joder! -se escuchó esta vez.

Rangiku se quedó petrificada.

¿Hitsugaya soltando tacos? Esto era nuevo.

La mujer habría arremetido nuevamente contra él con una de sus ocurrencias, pero prefirió no hacerlo adivinando por su tono de voz que no estaba para bromas. De hecho era la primera vez que le hablaba de ese modo...

Por mucho que llegara a tocarle las narices a lo largo del día, siempre había tenido paciencia suficiente para aguantarla. ¿Qué habría ocurrido para que la pagara con ella?

Se apoyó cabizbaja en la pared frente a la puerta, hasta que finalmente el chico salió.

Si no fuera por todos los años que había estado bajo su servicio, Rangiku habría asegurado que ése no era su capitán. No lo reconoció. Por primera vez en la vida lo vio como un niño... Pequeño, triste, solo, necesitado de cariño...

- Taicho... -murmuró confundida. - ¿Qué es lo que...

El chico se detuvo para mirarla por un momento con ojos llorosos, increíblemente rojos. Esperaba que el agua de la ducha lo hubiera calmado un poco, y hubiera borrado las huellas de su sufrimiento. Pero su teniente no era idota. Se había dado cuenta... De todo.

Lo que menos necesitaba en ese momento era pasar por uno de sus interrogatorios. O tener que escuchar palabras de apoyo mezcladas con esa tortuosa compasión. Se derrumbaría por completo y no quería que nadie lo viera en ese estado.

- Me voy a dormir. -anunció él, utilizando las menos palabras posibles.

- ¿No vas a cenar nada? -preguntó sin poder apartar la vista de él.

-No. No tengo hambre.- contestó sincero clavando sus ojos en las baldosas del suelo. - Disculpa.

Y sin darle ninguna explicación más, el chico fue arrastrando los pies hasta llegar a su habitación.

Se dejó caer sobre el colchón, buscó a tientas la colcha y se tapó con ella por completo, hundiendo su cabeza bajo la almohada.

Sabía que esa noche no podría dormir. Sin embargo era la única forma de evadirse del mundo, de todo... Hasta de si mismo.

Apretó con fuerza la mullida textura del nórdico para intentar reprimir las lágrimas. Él no podía llorar. Los shinigamis no lloran. Los capitanes no lloran. Los fuertes no lloran. ¿Qué demonios era él?

Sin darse cuenta ya tenía otra vez la cara empapada. Los ojos ardiendo. Había dejado atrás toda sensatez y era su corazón el que había tomado el control.

Cómo odiaba que eso sucediera. No obstante, en esos momentos no podía evitarlo.

Hinamori, su mejor amiga. La persona que lo había rescatado de la muerte. La verdadera culpable de que él hubiera llegado a convertirse en shinigami, en capitán del Gotei 13. La única persona que lo había conocido realmente. La única a la que de verdad había querido. Su mundo, su razón de ser... Estaba muerta.

No... Todavía no lo estaba. Pero iba a hacerlo. Y no podía hacer nada para evitarlo. No podía luchar por ella. No podía salvarla.

Tan solo esperar...

De nuevo aquel sentimiento de impotencia, culpabilidad e inutilidad lo invadía por completo. Y la mejor salida que encontraba toda la rabia acumulada era esa: El camino de las lágrimas...

Patético. Era alguien patético.

Ella se estaba muriendo y él se estaba dejando morir bajo las mantas de aquella cama. Se le encogía el corazón cada vez que pensaba en lo que podía haber sido y nunca fue, en todos los momentos desperdiciados, en todo lo que no pudo decirle... Por su orgullo.

Era todo apariencia. Por más que pedía a gritos crecer y sobreponerse a la situación, aquella noche el niño que se aferraba a la almohada le demostraba todo lo contrario. Aquella noche; en aquel lugar, Hitsugaya Toushiro el capitán de la décima división había muerto dejando paso a un asustado niño. Lo que nunca decía ser y realmente era. Y aunque por la mañana volviera a ser la persona fría, seria y distante que acostumbraba, sabía que por la noche, de nuevo, no lograría dormir.

Ya no había lugar para los sueños.

Nunca más para ella.

Ni para él.

No dreams tonight; No dreams today.


Fin de este capítulo.

To be continued...


N.A: Lo prometido es deuda. Hoy mismo he vuelto del Salón del Manga, (que ha estado muy bien, por cierto), y aquí os dejo el nuevo capítulo.

¿Ha sido o no ha sido dramático? XD Ya tenía ganas de que Toushiro apareciera! Ahora me diréis vosotros:

-¡Pero así no¡Mala persona¡Maltratadora de personajes! ...

Y Naleeh se partirá de la risa y os dirá:

-¡Era necesario¡Espera el siguiente y verás!

Podría hablaros horas sobre este capítulo y contaros mis varios quebraderos de cabeza para con el siguiente, del que tengo 4 malditas versiones diferentes (OMG!) pero no lo haré. Si queréis saber algo más y opinar sobre lo que habéis leído, ya sabéis lo que debéis hacer!!! Soy una Review-adicta!!!

Ah! Una última cosa! Os recomiendo que os bajéis el Canon de Pachelbel para piano si no lo habéis escuchado nunca y lo hagáis porque es una maravilla (Y de paso os releéis el principio).


Curiosidades Made in Naleeh...

"Almas en Juego" - rol de bleach.

Tengo un apartado nuevo! XD Se me acaba de ocurrir que podría ponerlo.

Veréis, en nuestro pequeño rol de interpretación de Bleach, yo llevo al personaje de Hitsugaya. Hacerse pasar por él es muy duro! Más siendo que yo soy una sonrisa con patas! XD

En fin, lo que quería decir es que varias cosas de las que ocurren en el juego de rol, en el que cada uno de nosotros debemos ser el personaje al 100x100, acaban reflejadas en mis fics para bien o para mal a modo de pequeños cameos (no puedo evitarlo).

Podría preguntar a los roleros eso de¿Dónde está el cameo? Pero os lo diré yo misma XD

En este capítulo lo encontramos en...

¡Las fantásticas pastillitas naranjas de la división 4¡Sirven para todo! Te quitan desde los nervios a unas paperas ¬¬

Oh dios... Mataré a Isane por lo de las paperas. No sé si ella se acordará, pero yo sí.

En mayor medida aún porque las dichosas pastillitas saben a menta. Y odiamos (verdad que sí Toushiro kun?) todo lo que tiene supuesto sabor a menta (PUAJ!).

Así que sabiendo que tenían un ligero gusto a "menta" imaginaros la cara del pobre chico.

En fin... Delirios míos. Ya me callo.


Review please!!!