Capitulo 7: Una visita inesperada
Anko camina despacio sin provocar ruido alguno con sus pasos, la conciencia le carcomía la mente y se echaba la culpa de la melancolía de su casi hermana, en sus adentros se debatía eufóricamente por qué se decidió e empeñar a preguntar sobre aspectos oscuros del pasado de la chica, aun notando las lágrimas saladas que rodaban en sus mejillas.
Realmente soy estúpido
A cada paso, sentía que su alma adquiría peso y que pronto terminaría rompiendo el suelo para llegar finalmente al infierno, lugar donde el Diablo lo estaría esperando con una antorcha para quitarle el corazón. Sacude hacia un lado su cabeza sintiéndose más idiota de lo normal, jamás en su vida había sido tan detallista y sentimental, siempre había tenido la malicia de guardar su verdadero ser y mostrar un humano inexpresivo.
- ¿Quiere decir que le apasiona causar el caos en el gremio?
La familiaridad de su voz no lo hace pasar por desapercibido notando que alguien más se había adelanto a visitarla, se detiene justo en el marco de la puerta y se apega a la pared para que no logren ver su cuerpo.
- Si lo dices así suena más raro, pero algo así, cuando destruimos el gremio por disputas, siempre lo remendamos juntos, y pagamos todo juntos.
Escucha algunas risillas seguida de un bostezo, sus teorías eran ciertas, Juvia no había logrado dormir durante toda la noche, y aquella ráfaga de agua había sido ocasionado por ella. Escucha el movimiento de las sabanas y de la cortina, e inmediatamente recrea la escena en su mente: Aun que los dos negaran un rotundo romance o amor entre ellos, pensaba que el chico estaría durmiendo junto a ella, abrazados a la sombra de la cortina, la chica sonriendo por el calor de sus brazos y pecho, mientras el chico aspiraba el aroma delicado de su cabello, una escena digna de una novela de romance.
Su cara destella un sonrojo ante sus pensamientos, en general no le importaba que estuvieran juntos, pues considera que Juvia ya está grande para tomar decisiones sobre su corazón, pero aquello su mente todavía lo rechazaba, un miedo le florece ante lo mencionado la noche anterior sobre su primera relación:
- ¿Qué hiciste cuando ingresaste al gremio?
Juvia desvía su mirada un poco agachada:
-El maestro Porla le había dicho a Juvia que tenía un gran poder, así que no había necesidad de desertar, Juvia ya tenía una familia, aunque fuese mala.
Anko siente una punzada en el corazón, pero eso no lo detiene.
- ¿Finalmente Bora te convenció?
- Anko-kun fue el que lo presento ante Juvia- susurra con cierto rencor.
- Sí, pero si sabía que era un gremio malo porque entraste en el- Juvia agacha su mirada y frunce el ceño - ¿Por qué te dejaste llevar por Bora? - pregunta algo irritado el chico peliblanco.
- ¡Porque Bora-kun fue lo único que Kurosaki-kun había dejado para Juvia! - exclama mirándolo a los ojos, abriendo en su corazón aquella herida que se había cicatrizado hace mucho –Porque, Juvia consideraba a Bora como el guardián que Kurosaki-kun había dejado, así que Juvia le había dado un poco de su afecto. Hasta que la dejo por una chica que no hacia llover.
Anko abre sus ojos de sorpresa.
- Creí que querías a Bora por lo que era, pensé que habías visto en él lo que yo no te podía dar.
Juvia lo mira con sus ojos llorosos.
- Kurosaki-kun fue todo lo que Juvia quiso, era esa familia que nunca pudo tener.
Sus ojos se agachan por el pesar, pero vuelve en si cuando escucha un suspiro pesado. ¿Acaso el ambiente se había vuelto más melancólico de lo normal?
- Creo que lo hago bien- escucha decir desde el chico, aquello le da alivio, pues su imaginación había fallado
- ¿No crees hielitos? - ¿Hielitos?, ¿Quién es hielitos?, ¿es una chica?
- Y te entiendo perfectamente, te hubiera pedido lo mismo con Lucy, pero jamás pensé que quien te quitaría la vida fuese yo.
Esto último lo deja perplejo. En su mente divagaba la pregunta si Natsu era un asesino suelto rebuscado en las ciudades de Fiore, y no se le hacía raro, la idea recobraba más fuerza cuando repasa los hechos: Un chico, vagando en pleno bosque con una chica que no hacía más que llorar por cada memoria, además de la actitud tan desconfiada que habían adoptado desde que pisaron la casa. En especial de Juvia que intentaba proteger y controlar a Natsu.
- No…- susurra, pero de inmediato se tapa la boca para que no lo escuchen, sus sentidos se alertan y regresa a sus pasos silenciosos hacia su habitación, Maddame debía saber esto, no podían resguardar a un asesino.
- Jamás pensé que diría esto- comenta Erza haciendo a un lado los restos de su falda –Pero hemos hecho un buen trabajo, felicidades Lucy- finaliza con una sonrisa sincera.
- Gracias maestra- responde la mencionada con cierto nerviosismo –Aun no me hago la idea que convencí al consejo de magia.
- Quizás fueron otras cosas en vez de tu discurso…- propone Erza transformando su expresión a una picara.
- Erza-sempai, no diga eso por favor- responde la rubia haciéndose a un lado.
- De verdad que te luciste intentando defender nuestro gremio- se interpone Laxus llegando a su lado junto con Mirajane quien llegaba tocando sus palmas felicitando a su compañera –Sin embargo, debemos tener precaución, mi abuelo siempre desconfió del consejo.
- Debemos tener fe que todo resultara bien, a mí me pareció increíble la idea, Lucy-chan, en el gremio tu propuesta no era tan sistematizada- comenta Mirajane
- Hice algunos cambios.
- ¿Por qué decidiste sacrificarte por el gremio? - Laxus transforma su semblante cambiando su expresión a una más seria de lo usual.
- Lo hice porque quiero que esta familia se conserve para siempre, quiero que seamos los de antes…- comenta con nostalgia la rubia ensanchando su sonrisa.
- ¡Esa es la actitud! - exclama Erza dándole palmadas en la espalda mostrando una sonrisa enorme –Ahora vamos a decirle a los demás, ¡y festejar!
Mirajane y Laxus siguen al compás de su caminata regreso a la nueva localización del gremio, y aun que sabían lo que pasaría en las próximas horas era desastre, lo que significaría gastos, deudas, disculpas, etc… Estaban felices por haber logrado una expectativa que encontraban nula, y fue gracias a la persona quien pensaron menos indicada.
- Debemos avisarle a Wendy y Charle por la celebración, se la perderán totalmente- comenta Erza mirando fijamente a Mirajane en modo de orden, está la acata inmediatamente –Deben estar pensando que el gremio se colapsará…
- Yo iré a su búsqueda Erza-sempai- interrumpe Lucy sin esperar su aprobación, a penas sus piernas entienden se lanzan a correr hacia el centro de magnolia, pues necesitaba aire fresco para asumir sus actos con total responsabilidad.
Natsu sintió que el tiempo transcurría lentamente estando sentado en un solo sitio sin hacer nada, sus piernas empezaban a dormirse debido a la falta de movimiento y la presión de la cabeza quien estaba arrecostada durmiendo plácidamente, Finalmente apenas nota que las cejas de la chica estaban relajadas y que su respiración era considerablemente opaca, decide abandonar el lecho para hablar con la señora Maddame quien no se había percatado del estado de la chica.
Natsu mueve lentamente la cabeza de la peliazul hacia un lado arrecostandola con la dura colcha para que se adapte al cambio, al principio ella hace un gesto de desaprobación, pero apenas se vuelve acomodar sus facciones se relajan nuevamente.
- Ahora a buscar ese vejestorio con patas…- susurra levantándose poco a poco sin ocasionar ruido alguno.
Apenas llega al marco de la puerta voltea su rostro para cerciorarse que su compañera está durmiendo, al recibir una respuesta positiva empieza a caminar con pasos largos hacia la salida, pero apenas entra a la pequeña sala de madera observa sin detalle alguno al chico peliblanco quien estaba sentado con los ojos cerrados. Natsu decide no prestarle atención y se encamina hacia su destino. Pero esperadamente Anko lo detiene.
- Necesito hablar contigo.
Natsu detiene su caminar y sin mirarlo responde:
- Necesito hablar con el vejestorio de esta casa, debo decirle que Juvia no participara por hoy en los quehaceres de la casa.
- Ese tema lo arreglo yo- se levanta Anko dirigiéndose hacia la salida también –Mientras me ayudas a talar árboles para la chimenea, vamos hablando.
A Natsu no le daba buena espina, pero al menos se distraería haciendo algo, ya para la tarde entrenaría. Antes de salir Anko le ofreció un hacha, pero el pelirrosa lo rechazo excusándose que con un golpe bastaba. La caminata se hizo silenciosa, ninguno de los dos pronunciaba algo y el único ruido que se escucha es la armonía del acantilado que se encontraba a unos kilómetros lejos y el delicado canto de las aves. Ya llegado a su destino Anko bota cerca suyo la bolsa de agua y el forro del hacha.
En su labor el tiempo transcurre lento, y el chico peliblanco no dejaba de repetir la misma acción sobre el mismo tronco vertical, su expresión seria es más profunda ante las gotas de sudor que circulaban en su cara, mientras el pelirrosa lo miraba neutral sentado en el pasto.
- ¿Por qué no utiliza su magia?, es más fácil de hacer la labor- comenta Natsu distrayendo su mirada alrededor.
- ¿Por…que? ...- repite mientras volvía a tomar aliento para enfundar su hacha hacia el tronco de nuevo –Porque…si utilizamos…magia, las tropas del consejo…nos detectarán.
- He destruido muchas cosas con mi magia y no he tenido problemas.
- Hasta ahora- comenta Anko dejando su labor mirándolo fijamente con una mirada filosa –Ahora que andas de desertor, no creo que se te haga fácil.
Natsu nota la amenaza tras su afirmación así que se levanta en modo de desafío, su orgullo se sentía magullado ante la estúpida inteligencia de su adversor.
- ¿Acaso no te cansas de amenazar a los demás?, ya me estoy cansando de tu estupidez conmigo.
- ¿Estupidez? - el chico arroja su arma con tal impotencia dejando su labor a medias, su mirada se volvía cada vez más opaca de lo usual y el sudor le arrojaba algunos mechones blancos sobre su rostro, Natsu le sigue mirando despreocupado aun con sus brazos cruzados.
- Hmp-
Aquella expresión le saca de casillas empuñando su magia para crear agujas filosas de agua sacada de la bolsa. El pelirrosa observa sin expresión alguna aquel acto, sintiendo cierta referencia sobre las cuchillas cortantes de su compañera. Anko mueve su brazo en dirección a su adversario sobre esforzándose en sacar más magia y así le afectase, sin embargo, apenas Natsu cierra sus ojos con indiferencia, estas terminan evaporadas en el aire a tan solo un par de centímetros. Anko respira con dificultad más por el esfuerzo físico en la tala que en si sobre su magia, rechista los dientes sintiéndose lo más bajo del universo, invadiéndole un sentimiento de decepción al ver que ni un rasguño le logro, pero eso no le impide correr hasta él e intentar dar en la cara.
- Cada movimiento es más estúpido que el anterior, deseas que no utiliza mi magia y eres el primero en empuñarla- Comenta el pelirrosa aun sin abrir sus ojos, Anko se detiene soportando su ira sobre los puños –Me estás haciendo perder tiempo valioso- finalmente abre sus ojos intimidando al chico.
- ¿Por…que? - susurra antes de que el pelirrosa girara su cuerpo en dirección a la choza -¿Por qué le mientes a Juvia sobre tu realidad?- hace una pausa sintiendo unas agujas de agua perforarle los ojos -¿Por qué no le dices la verdad sobre su ida?
- Sabía que eres un chismoso desde el primer momento en que te vi- susurra casi en un suspiro relajando sus hombros –Juvia sabe todo, ella está al tanto de las cosas que he hecho, inclusive que asesine a mi amigo y su interés amoroso.
- ¿…que? - queda perplejo ante su respuesta
- ¿Te gustaba alguien?
Juvia se sonroja mirando hacia otra dirección:
- Gray…sama, a Juvia le gustaba Gray-sama.
- ¿Y qué sucedió con él como para que estuvieras con este? - comenta Anko con cierto recelo, nota como Juvia opaca sus ánimos.
- Por cosas del destino, Gray-sama ya no pertenece a Juvia…
Su mente se volvía un nido de confusiones antes sus teorías y acciones repercutidas, pero sentía que las víboras emergían de su nido ante lo dicho del pelirrosa. Quizás necesitaba más tiempo así mismo para dejar de molestar la vida de los demás, pero era inútil, un dilema se despertaba en su interior, y que mejor para despejarlas que ocuparse en oficios. Sin vacilar, pero un poco sorprendido, recoge el hacha y vuelve a darle la espalda para regresar a su labor.
- Más te valga decirle al vejestorio que Juvia no podrá ayudar sino hasta mañana.
- De ella me encargo yo- responde inmediatamente Anko empuñando el hacha con cierta ira hacia sí mismo.
Natsu cierra un poco los ojos sintiendo más desconfianza sobre el tipo enfrente suyo, sin embargo, una punzada de nervios apuñala su espalda en señal de que algo poderoso y malvado se acercaba, sus sentidos se vuelven más alerta y desenvaina sus brazos, listo para atacar. Esta acción deja despistado al peliblanco, quien se disponía a ofrecerle a Natsu que regresara a la choza.
- ¿Qué sucede con su…
- Shh- manda a callar el pelirrosa transformando un poco sus orejas para tener más sensibilidad. Una ligera sospecha de que fuesen los soldados de la ciudad lo invadía, pero algo dentro de él sabía que esto era mucho más poderoso que simples hechiceros.
Anko siente que su corazón se acelera mientras su mente procesa los actos de su acompañante, se pone alerta apenas escucha un ruido a lo lejos. Cuando de repente, el lugar se llena de humo negro provocándole una tos horrible.
- ¿Te quieres callar?, no me dejas concentrar- susurra Natsu impaciente ante las queja y tos del peliblanco. Unos zapatazos retumban en el amplio bosque asustando más al pelirrosa.
- ¿Por…que…no…tratamos de…?- no logra finalizar gracias a su tos y que una voz lo interrumpe.
- Vaya, vaya. Quien diría que sería sencillo encontrarme contigo, END- susurra muy a lo bajo una voz gruesa y algo socarrona. Natsu desprende llamas de sus manos mientras transforma su mirada un poco más filosa.
- Quien eres, como sabes de mí y que quieres- cuestiona sin demoras el mencionado mientras sus ojos tratan de enfocarse, tras el humo, en aquella silueta alta y de porte formal.
- ¡Oh sí!, verdad- responde el intruso con cierta diversión en su vos –Disculpe las molestias, me presentaré- apenas termina, el humo desaparece desapareciendo en un puto fijo. Aquella silueta se revela mostrando a un hombre bien vestido, con traje formal de color gris, en su rostro, un tanto demacrado con unas exuberantes arrugas, portaba una cuidada barba de color blanco y unos ojos filosos color verde. Pero lo que más se resaltaba, son unas marcas azuladas casi imperceptibles en su rostro. Natsu apaga sus llamas, pero su desconfianza seguía presente, Anko replica el acto sin entender la situación.
- Mucho gusto, señor Natsu- hace una pequeña reverencia dejando desconcertado al peliblanco –Mi nombre es Ákane Noi, en otras líneas de tiempo como estas, me apodan como, Acnologia.
Anko aparentaba ser un chico apartado de la ciudad y todo en referente a ella y su tecnología, pero sabía que, desde lo más bajo del inframundo, aquel nombre era reconocido, su cuerpo se apresura a entumecerse del miedo, en especial por su deficiencia en la magia, y el hacha lo empuña con desespero mientras Natsu se sorprende y aliviana un poco su postura.
- Imposible, yo te asesiné.
- La verdad señor Natsu- se apresura a responder el señor Ákane –Lo único que hizo fue crear otra línea temporal y transportarlo allá, soy viejo, pero no estúpido.
- ¿Cómo es que esta acá de esta manera no peculiar?
- Tendrá muchas preguntas…- levanta su mano y cierra sus dedos provocando que otros agentes encubiertos los rodeen –Se las responderé con gusto cuando lleguemos a mi guarida, por el momento vendrá conmigo.
- ¡Esto es una emboscada!, es demasiado cobarde para ser su tipo- exclama el pelirrosa intentando idear una estrategia, pero su mente no deja de retumbar aquella frase que el viejo le había dicho.
- Sabía que no ibas a desear venir conmigo, así que traje ayuda, no soy cobarde, solo que la vejez me trajo sabiduría, además, al igual que tú, no soy muy bondadoso en mi forma dragonificada. Y como personas civilizadas que somos, no vamos a causar más estragos, ¿o sí?
- Acnologia no es sabio, y menos civilizado.
- END lo es menos; ya que, por lo menos, me sé controlar, ¿y tú Natsu?
El mencionado se siente intimidado por primera vez, ya que tenía la percepción, que aquel viejo quien se apodaba como su peor enemigo, tenía la respuesta y solución a su problema.
