Él se culpaba

Ella no tenia la culpa, Él lo sabía ...

En su cabeza, todos los culpables, sin saber lo que paso ...

Ella no tuvo la culpa ... o eso quería creer


No podía moverse, sentía su cuerpo pesado, pero aunque quisiera moverse no podría hacerlo... ni sabía si quería. Cada vez que lo intentaba, el dolor en diversas partes del cuerpo la atacaba. Le ardía mucho la espalda, tenía bastantes moretones, rasguños, la ropa totalmente desgarrada, manchada con bastante suciedad y un poco de la sangre que salía de su espalda debido a los continuos castigos que recibía de Kenta con los elementos que el usaba y que bastantes desconocía. En tan pocas horas había acabado con ella, no se sentía con energías de seguir. Ahora reposaba en el mismo piso helado, Kenta se había aburrido de golpearla y dijo que se iría a comer. Creo que a estas alturas demás esta decir que el castaño no le había dado de comer, ya que según él, por haberlo traicionado, no era digna de probar alimento alguno.

A lo lejos podía escuchar el sonido de los autos, pero ese ruido cada vez se hacía más débil para ella, estaba por volver a desmayarse.

¿En serio dejaría que él volviera?, estaba segura de que si seguía negándose a estar con el como llevaba haciendo, no tardaría en matarla... pero había decidido que no quería morir allí.

Saco fuerzas que ni ella misma sabía que aun tenía, tropezó una o dos veces antes de poder levantarse. Con la mirada buscó algo que pudiera serle útil para escapar, pero no encontró nada más que una silla. Eso bastaría.

Cortó un pedazo de la sábana que había por allí regada y la uso para vendar un poco su espalda como pudo, era el lugar que más le ardía así que prefirió darle más importancia a ella. Una vez echo, camino despacio a la silla y la tomó por los lados. Fue hasta la ventana de la habitación y la tiró tan fuerte como pudo, haciendo que el vidrio se rompiera en mil pedazos. Ni siquiera se detuvo a pensar el por qué había sido tan descuidado de dejarla en una habitación con ventana, simplemente se limitó a salir por ella casi corriendo, algunos cristales llegaron a dañarla, pero su prioridad era salir. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se escondió unos minutos y efectivamente pudo escuchar los gritos de Kenta, llamándola amenazándola, diciendo que si no salía la paliza que le daría sería peor que el trato con el que actualmente la trató. Cubrió su boca y se escondió un poco más detrás de los enormes botes de basura, esperó hasta que lo escuchó correr a otra dirección y salió disparada al lado contrario.

Ya esta, había escapado. Pero... ¿Ahora qué?

No tenía modo de volver a la casa, no sabía ni donde se encontraba. Caminó casi sintiendo que cada paso que daba la dañaba más, hasta que salió del bosque y pudo diferenciar una carretera o algo que era similar a sus ojos. La siguió, guiada por las débiles luces de los faroles y para empeorar las cosas empezó a llover. Se abrazó a si misma haciendo un intento de mantenerse cálida y siguió caminando. Logró divisar más luces y llegó a ver unas cuantas casas; sin pensarlo fue hacia ellas y se dio cuenta de que estaba cerca de su casa. Eso la alegró y la hizo ir un poco más rápido.

La lluvia aumentaba a tal punto de que se le dificultaba la vista, froto un poco sus ojos intentando quitar la molesta humedad, pero no había caso, no podía ver casi nada de lo que tenía a su al rededor. Resbalo dos veces haciendo que cayera de rodillas al piso, pero no iba a rendirse, ya había logrado llegar hasta ahí, sería absurdo que no continuase. Se levanto y volvió a caminar, ahora un poco más lento. Pudo divisar una leve sombra a unos metros de ella así que se acerco a ella y vio a su prometido, en su versión masculina, aún no se acostumbraba a no ver a la pequeña pelirroja pero también se sentía alegre de eso, sabía que si él se había librado de su maldición, era gracias a ella en gran parte. Sonrió al recordar lo que había pasado...

China... Ranma... Las Fosas de Jusenkio... Kenta... la cura...

Estiró su mano intentando tocarlo y susurró levemente su nombre. Para luego desmayarse inevitablemente.

Ranma la escuchó y la buscó con la mirada...

Fin del FlashBack

Su cabeza daba vueltas, Ranma le había dicho que se acostara y intentara relajarse, pero de todas formas él seguía ahí al lado de ella, eso le brindaba una gran paz y tranquilidad, sabía que nada malo podría pasarle si él estaba con ella ahí, pero le preocupaba que no durmiera ya que sabía que había estado buscándola durante todo ese día sin descanso. Pero ya lo conocía y por más que intento convencerlo de que se fuera a dormir, obviamente se negó, diciéndole que no volvería a descuidarla jamás. Le causaba tranquilidad tenerlo con ella, por lo que le sonrió y estiró una de sus manos, esperando que entendiera su petición. Ranma le devolvió la sonrisa y entrelazo su mano con la de ella, intentando que lo sintiera, intentando transmitirle paz... Los ojos de ella se cerraron luego de unos minutos.

Él la observaba en silencio, intentando memorizar todas y cada una de las facciones de su rostro, por más golpeado o rasguñado que estuviera, para él seguía siendo el más hermoso que jamás había visto en su vida. Amaba esos pocos momentos que tenía para observarla, muchas veces se le quedó mirando sin que lo supiera o lo notara, la mayoría mientras ella dormía, era su forma de cuidarla y contemplarla sin temor a recibir algún golpe o grito. Con la mano que tenía libre aparto un mechón del cabello de ella que estaba sobre sus ojos y lo acomodó. En ese momento no sabía que le daba más alegría, si estar con ella así o poder observarla a su antojo.

Pero como dicen, lo bueno dura poco, dio un salto en su lugar cuando escucho a Akane gritar, o más bien suplicar, y moverse agresivamente.

_¡Hey Akane!, ¡Tranquila tranquila!.- Intentó calmarla tomándola por los hombros mientras ella tiraba patadas y manotazos.

Akane despertó de golpe y volteaba velozmente a los lados, intentando buscar al culpable de sus pesadillas pero solo vio a Ranma, se tomó unos segundos para asegurarse de qué no estaba alucinando y en verdad era Ranma. Luego lo abrazo muy fuerte, empezando a llorar. Él le correspondió instintivamente el abrazo, sin entender nada, pero prefería no preguntar y estrecharla más entre sus brazos.

Toda la familia subió corriendo la escalera al escuchar el grito de la más pequeña de las Tendo y abrieron la puerta de golpe, solo para encontrar a una Akane llorando en el pecho de su prometido y a Ranma abrazándola y meciéndola levemente, susurrándole que se calmara, que todo estaba bien. Soun se adentro e intento abrazar a su hija pero esta apretó más los brazos de su prometido, no quería separarse de él. Ranma le dedico una mirada a Soun y este entendió, estaba demás en esa escena.

_Lo.. lo siento papá... pero... no quiero que me toques.- Susurraba entre llantos Akane.

_No te preocupes, nadie te va a tocar.- Dijo Ranma acariciando un poco su espalda mientras la abrazaba.

A Soun le dolió un poco el comentario de su hija, pero también podía entenderla... aunque le hubiera gustado estar en el lugar de Ranma y ser él mismo quien consuele a su hija. Al llegar al marco de la puerta Genma le puso una mano en el hombro en señal de confort a su amigo y le sonrió de medio lado, Soun sonrió de manera triste agradeciendo el gesto del señor Saotome. Acto seguido, salió de la habitación, siendo seguido por los padres de Ranma, las hermanas Tendo se quedaron viendo a su hermana... deseaban tanto consolarla, pero lo mejor era no estar encima de ella mucho.

_Akane querida, ¿Necesitas algo?.- Habló finalmente Kasumi, intentando que su hermanita la viera.

_No...- Dijo Akane aun con la cabeza en el pecho de Ranma.

_Kasumi.. mejor vámonos ya..- Miró al chico.- Creo que Ranma se hará cargo.

Ambas hermanas salieron de la habitación dejándolos solos otra vez, Kasumi no quería irse pero sabía que nada conseguiría insistiendo, además podía apostar de que Ranma no tenía ni idea de todo el cuadro.

Akane ya se había calmado un poco, y se preguntaba si en algún momento ella podría volver a dormir tranquila, o siquiera a no sentirse mal consigo misma, porque esa era la verdad. Jamás había odiado más a su cuerpo como ahora, se sentía sucia y totalmente indigna. A cada rato pensaba si debía decirle a Ranma la razón por la cual ella estaba así y siempre llegaba a la conclusión de que tarde o temprano se enteraría. Pero eso no era lo que la preocupaba, sino el hecho de que luego estuviera sola, que él decidiera no quedarse, ya que bueno... ella ya no se encontraba ningún valor, ni como mujer ni como persona. Si, era mejor que lo escuchara de su propia boca a que alguien más se lo dijera y tal vez le dijeran algo erróneo.

_Ranma...- Levantó un poco la mirada, intentando buscar la de él.

_¿Qué pasa?.

...

...

_Es que... verás..


La familia se encontraba en la sala hablando cuando escucharon un gran estruendo arriba, como si se hubiera caído algo muy pesado, pero no llegaron a decir nada casi, ya que vieron como Ranma salía de la casa. No le llegaron a preguntar nada, pero ni él habló, solo salió de la casa dando grandes y ruidosos pasos, para luego correr.

La primera en reaccionar fue Nabiki, por lo que fue a la puerta y le grito preguntándole a dónde iba, pero no obtuvo respuesta alguna. Al verse ignorada, subió corriendo las escaleras en dirección al cuarto de su hermana, pero en el camino pasó por la habitación que Ranma compartía con sus padres, estaba prácticamente destrozada. Eso no era buena señal. Fue a la habitación de Akane y la encontró en su cama llorando y abrazando sus rodillas.

_¡Akane!, ¿Qué paso?.- Fue hacía ella tomándola por los hombros intentando que la viera.

_Ranma...

_¿Qué pasa?, ¿A dónde fue él?.- Toda la familia entro al cuarto, extrañados de verla en ese estado

_Él... él...

_¡Por Dios Akane!, ¡¿Qué paso?!.- Que su hermana no hablara con claridad la ponía de los nervios y la preocupaba mucho más de lo que ya estaba.

_...él se fue...