IV
Después de eso viene y con ternura acaricia mi cabeza.
–Bicho, no seas travieso.
–¿Eh?
«¡Me acaba de llamar bicho!»
Acerca su rostro al mio, se inclina un poco y besa mi nariz.
–Jum.
Es curioso que mi mal humor se desvanezca con algo tan simple... Saben qué olvidenlo, que esa bola con patas se empache con la comida –Lenalee, no es una excelente cocinera después de todo–, ya estoy lleno.
Pese al pequeño problema de Mí novia, le llevo ventaja a ese gato.
