Capítulo 3
Una presencia
Tal cual como dijo Naoko, los ensayos se sucedieron de manera intensiva durante el resto de la semana. Ocurrieron pocos cambios (después de todo la fecha de la presentación se acercaba de manera peligrosa), y por ello, en cada ocasión los ensayos producían un resultado más pulido y perfeccionista.
Debido a esto, Sakura y Jin-Lin no podían hacer más que mantenerse al margen y mirar los ensayos (Sakura soñaba despierta con saber qué se sentiría el ser una princesa, pues durante todos sus años de educación nunca le había tocado interpretar tal papel en una obra escolar), o se entretenían mirando como Tomoyo y sus ayudantes terminaban de confeccionar los vestuarios. A decir verdad, fue durante la tarde del jueves cuando finalmente quedaron listos, y tanto Syaoran como Rika (los dos protagónicos de la obra) pudieron probarse sus atuendos.
La historia trataba sobre un príncipe y una princesa de reinos vecinos, por lo que Tomoyo había hecho lo que sabía hacer mejor: crear vestuarios elegantes y cuidados hasta en el más mínimo detalle, dignos de la realeza. Con decenas de metros de tela vaporosa y fina tela, el aspecto que Syaoran y Rika habían adoptado al ponerse sus vestuarios hizo que el resto de la clase sintiese que no trabajaban en una simple obra escolar, sino en toda una puesta en escena de Broadway, y por tanto se encontrasen mucho más animados, y trabajasen con más ahínco, al día siguiente.
-¡La obra será perfecta, ya lo verán! -los felicitó Naoko con una sonrisa de oreja a oreja, aquel viernes por la tarde-. ¡Pueden descansar el fin de semana, y el lunes nos volveremos a reunir, para pulir los últimos detalles, antes de la presentación! ¡Tengan un agradable fin de semana!
Se despidió de sus compañeros, los cuales comenzaron a salir del salón, contentos de que su arduo trabajo estuviese dando tan buenos resultados, pero más que nada alegres de poner tener todo un fin de semana para hacer lo que quisiesen.
-Ten un agradable fin de semana, Naoko -se despidió Jin-Lin, al ver como la autora y directora de la obra se colgaba la mochila, dispuesta a salir del salón.
-¿Se quedarán todavía un rato más?
-Solo ayudaremos a Tomoyo a guardar los vestuarios. No queremos que les pase nada -explicó Sakura, mientras Syaoran y Tomoyo guardaban el vestido de princesa de Rika en un enorme portatrajes oscuro.
-De acuerdo. ¡Tengan un agradable fin de semana! -se despidió Naoko, y cerró la puerta del salón detrás de sí.
-Hablando de un agradable fin de semana -intervino Tomoyo, mientras Sakura y Jin-Lin se apuraban a guardar el vestuario de Syaoran, en otro portratrajes-. ¿No les gustaría ir a un parque de diversiones?
-¿Parque de diversiones? -repitieron sus amigos.
-El parque que se instaló donde fue la Mansión de Eriol ha sido inaugurado apenas ayer -explicó la joven de largo cabello grisáceo-. Pensé que sería divertido que fuésemos todos juntos.
-Suena divertido -sonrió Jin-Lin, terminando de subir el zipper del portatrajes, y dando éste a Syaoran, para que lo colgase con el resto de los vestuarios-. Sakura y yo vamos.
-¿Irás tú también, Syaoran? -preguntó la joven de ojos verde esmeralda, mirando a su novio.
-Seguro -respondió el aludido. No lo convencía mucho la idea del parque (cosas de niñas después de todo), pero si Sakura iría, él definitivamente iría con ella.
-En ese caso, ¿nos reunimos mañana junto a la resbaladilla del parque pingüino, a eso de las diez de la mañana? -preguntó Tomoyo, a lo que sus amigos dijeron inmediatamente que sí.
-Este es el último, ¿verdad? -preguntó Syaoran, mientras colgaba el portatrajes junto a los demás vestuarios.
Sus amigos miraron dentro del armario y contaron… Con lo que ninguno de ellos se dio cuenta del haz de luz que surgió de la mochila de Syaoran, y salió disparado a toda velocidad de allí, atravesando la ventana, y perdiéndose en el infinito cielo azul.
-Son todos -confirmó Tomoyo sonriente, sin embargo, al girarse a ver a Syaoran (para indicarle que podía ya cerrar el armario del salón), no le pasó desapercibida la manera en que su mejor amigo miraba a su propia mochila.
Y es que Syaoran había sentido una extraña sensación recorrerle todo el cuerpo. Automáticamente su mano se había extendido para tomar su mochila, y, sin embargo, ésta se detuvo a medio camino, al tiempo que clavaba en ella su mirada, mientras fruncía el entrecejo.
-¿Pasa algo? -preguntó Sakura ligeramente preocupada, quien también se había dado cuenta del cambio en la expresión de su novio.
-¿Sentiste algo? -preguntó Syaoran a Sakura, con lo que esta vez la chica china lo miró confundida.
-¿Algo de qué? -fue su respuesta. Syaoran se apuró a negar con la cabeza.
-Nada, olvídalo. Si no sentiste nada, entonces seguro fue mi imaginación.
Sin pensárselo dos veces, Syaoran tomó su mochila, y se la colgó al hombro. Tomoyo lo imitó, y sin decir nada más, los cuatro chicos salieron del salón.
El último en llegar, igual que siempre, fue Syaoran. Eran las diez con quince minutos cuando junto a la resbaladilla del rey pingüino, en el parque del mismo nombre, los cuatro jóvenes emprendieron la marcha rumbo al parque de diversiones. Caminando por aquel caminito de ladrillo naranja, conversaban alegremente entre sí, al tiempo que mentalmente agradecían aquella sombra de los árboles que flanqueaban sus pasos, pues los ayudaban a calmar un poco el calor que se sentía en aquella mañana de verano.
Sin embargo, se encontraban a medio camino de su ruta para salir del parque dirigirse al parque de diversiones, cuando no pudieron evitar sorprenderse de lo que veían.
-¿Qué significa esto? -no pudo evitar preguntar Jin-Lin.
-¿Cómo es posible que no haya ninguna señalización? Es peligroso… -susurró Tomoyo.
Y es que delante de ellos, en el punto donde debería encontrarse el puentecito de piedra que unía los extremos del lago que atravesaba la mitad del parque pingüino, no había puente alguno. Lo único que quedaba de la estructura, era los extremos a ambos lados del lago, así como parte de los pilares que lo mantenían en su lugar. Se veía como si el puente hubiese sido cortado limpiamente…
No les quedó de otra más que dar un rodeo, mientras seguían conversando sobre lo que acababan de ver. Y es que aquello no tenía explicación lógica alguna. Sin embargo, prontamente el tema quedó olvidado, cuando al llegar a la que hacía varios ayeres había sido la casa de Eriol (la más imponente y hermosa de toda la ciudad), ahora se encontraba aquel enorme y vistoso parque de atracciones que, en aquel momento, estaba repleto de todos aquellos ciudadanos de Tomoeda que habían ido a pasar un agradable fin de semana en sus atracciones.
-¡Quiero ir a ese! -dijo Jin-Lin, apuntando a la montaña rusa, apenas hubieron comprado los boletos, y entrado al parque-. ¡Vamos, Sakurita! -agregó, y sin esperar a que su prima pudiese decir nada en respuesta, tomó a la joven china de la mano, y emprendió la carrera rumbo al juego mecánico.
-Será mejor que los sigamos, o los perderemos de vista -dijo Tomoyo, con lo que ella y Syaoran se pusieron en movimiento.
La montaña rusa fue el primer juego. De allí siguieron al carrusel, un viaje en tren que cruzaba toda la periferia del parque, subieron a un botecito que cruzaba un río artificial que terminaba en una caída en picada en un lago, así como también subieron a diversos juegos que daban vueltas y los dejaron todos mareados. Cuando el hambre les vino, no dudaron en comprar diversas chucherías, desde helados, papitas, hamburguesas, hot-dogs, palomitas, y refrescos. Sintiéndose más pesados ahora que tenían el estómago lleno, se decidieron a recorrer las atracciones de tipo feria. Jugaron en diversos puestos (a pescar peces, atinar los aros, y tirar figurillas de plomo) con lo que ganaron diversos peluches, así como figurillas echas con globos de colores.
-Hemos ido a todos los juegos a los que has querido, Jin-Lin -comentó Tomoyo en voz baja, para que solo el chico chino la escuchase, mientras Sakura recibía un peluche que Syaoran había ganado para ella en un juego de carreras de caballos-. ¿Cuándo dejarás que Sakura hable con Syaoran?
-Ya tendrá tiempo de sobra para hacerlo -respondió el joven chino, al tiempo que bebía de manera distraída de su refresco de naranja-. Después de todo va a quedarse, ¿no es así? Quizá inclusive sea más que divertido que Sakurita no le diga nada y cuando las vacaciones de verano terminen y ella no regrese a China…
Dejó el comentario en el aire, y bebió un poco más. Tomoyo dejó de mirar a su amigo, y fijó su vista en el motivo por el cual había callado: Sakura y Syaoran se acercaban, conversando animadamente. Sí, quizá esa fuese una mejor forma de revelar la sorpresa…
-¿A dónde quieres ir ahora, Jin-Lin? -preguntó Sakura, mientras se abrazaba de aquel peluche con forma de conejo rosa.
-Quiero ir allí -respondió su primo, apuntando al aire. Sus tres amigos se apuraron a mirar.
A las cabinas de la rueda de la fortuna solo se podía entrar por parejas. No supo si había sido por su comentario, o porque Jin-Lin lo había planeado así desde el principio, pero Tomoyo se descubrió a sí misma sentada frente a frente con el chico chino, mientras Sakura y Syaoran compartían la cabina de enfrente.
La pareja también iba sentada frente a frente, en aquella pequeña cabina en la cual pasarían lo siguientes diez minutos. Tanto Sakura como Syaoran aprovecharon que tenían un momento de relativa intimidad (después de todo, podría no escucharse su conversación, pero sí podían ser vistos desde el exterior), y retomaron la plática que habían dejado pendiente desde aquella última vez que se habían visto solos.
-Esa vez que fuiste a cenar a mi casa… -inició Syaoran, mirando a los hermosos ojos verdes de su novia-. No terminaste de responder a mi pregunta.
-¿Qué pregunta? -fue la evasiva respuesta de la joven china.
-¿Cuánto tiempo te quedarás en Japón? -arremetió Syaoran-. Por más que me gustaría imaginar que te quedarás aquí, sé que debes regresar a China. Tu familia y la escuela… Así que quiero estar preparado para cuando tenga que despedirme nuevamente de ti, y tener que esperar un año para poder volver a verte…
-Bueno, aún no tengo una fecha definida.
-¿A qué te refieres?
Sakura estaba por abrir la boca para decir algo más (aunque a decir verdad no tenía ni la menor idea de lo que iba a decir) cuando tanto ella como Syaoran no pudieron evitar alzar la mirada, con una expresión de preocupación en sus rostros. Lo habían sentido en forma de escalofrío, recorriéndoles toda la piel, colándose por cada poro de su cuerpo…
Del mazo que Syaoran llevaba en el bolsillo, una de las cartas se había separado rodeada por aquella misteriosa luz azul, y atravesando uno de los cristales de la cabina, había salido volando a toda velocidad, perdiéndose en la distancia.
Tanto Sakura como Syaoran se pusieron de pie inmediatamente, mirándola perderse en la distancia, y tras unos angustiosos segundos hasta que su cabina se detuvo al llegar al piso, abrieron la puerta sin perder ni un segundo, y del mismo modo, bajaron de un brinco, corriendo a toda la velocidad que daban sus piernas, preguntándose una vez más qué significaba aquello.
Seguir aquella presencia fue sencillo. Una vez que salieron de la rueda de la fortuna, giraron a la izquierda y siguieron corriendo, hasta finalmente detenerse frente a la casa de los espejos.
-La presencia se siente provenir de este lugar -fue el comentario de Syaoran, y tras tomar un par de segundos para calmar su respiración, prontamente agregó-. Vamos.
Sakura asintió en silencio, y sin decirse nada más, se dirigieron una rápida mirada, antes de tomarse de la mano, y volver a ponerse en movimiento.
Syaoran guiaba a Sakura por aquellos oscuros y estrechos pasillos. Todas y cada una de las paredes de dichos pasillos se encontraban cubiertas de espejos, por lo que, al contraponerse, sus reflejos se repetían hasta el infinito, dando la impresión de que se encontraban vagando por una extraña realidad alterna. Hasta parecía que el tiempo corría de manera diferente, sentían como si aquella sensación de frío les proviniese del interior del cuerpo, y ni hablar de cómo sentían la respiración pesada…
-No hay duda, se trata de la presencia de una Carta Clow… -susurró Sakura, mientras se movían a paso lento.
-No lo entiendo… -fue la respuesta de Syaoran, igualmente en un susurro, mientras él y Sakura miraban sin ver uno de los espejos, como si esperasen vislumbrar allí una respuesta a aquella extraña situación-. Se suponía que ya las habíamos atrapado todas. Inclusive las transformamos en Cartas Syaoran. Hace cuatro días, cuando nos encontramos aquí mismo, en el parque de diversiones, también sentí la presencia de una carta. Pensé que estaba imaginando cosas, inclusive pensé que en realidad la presencia que había sentido era la tuya, pero ahora…
-Yo pensé lo mismo -contestó Sakura, mirando a Syaoran. Dio un suave apretón a la mano de su novio, dándole a entender que comprendía la gravedad de la situación, y le daba todo su apoyo.
Syaoran igualmente la miró. Estaba por sonreírle, para darle a entender que había comprendido, y para decirle que la protegería de cualquier cosa con la que tuvieran que enfrentarse, cuando su mirada captó algo más allá de donde se encontraba Sakura. Una figura bajita que inmóvil, aguardaba al final del pasillo.
¿Quién era aquella extraña niña, con aquel vaporoso vestido, largo cabello castaño, y extrañas alas surgiendo de su cabeza?
-¡¿Quién eres?! -fue todo lo que pudo decir el chico, y soltando la mano de su novia, emprendió la carrera hacia el final del pasillo.
-¡Syaoran, espera! -exclamó Sakura, con lo que ella también procedió a correr detrás de él.
Llegaron al final del pasillo, donde se toparon con un espejo, y se vieron obligados a girar a la derecha. Allí, nuevamente al final de aquel pasillo, la figura de aquella extraña niña los esperaba pacientemente.
Se abalanzaron de nueva cuenta, pero al llegar al final del pasillo, volvieron a toparse con un espejo. Esta vez no había a dónde dar vuelta: era como si la niña de ojos grisáceos se encontrase al otro lado de éste.
-Utilizaré la carta de Atravesar para cruzar el espejo -dijo Syaoran, al tiempo que se buscaba en el bolsillo del pantalón dicha carta. Sin embargo, tras palpar y buscar en dicho bolsillo, volvió a mirar a aquella niña y a Sakura, con una expresión de preocupación en el rostro.
Antes de que Sakura pudiese preguntar qué pasaba, el joven se apuró a exclamar:
-¡No está! ¡La carta no está!
-¿Qué dijiste? -preguntó Sakura, mirando a su novio.
-¡No está! -repitió Syaoran-. No puede ser, tomé todo el mazo antes de salir…
-Devuélveme… -se escuchó un susurro-. Devuélveme… -dijo aquella extraña niña a media voz, y gritó sin contenerse-. ¡Devuélveme a todos mis amigos!
Aquella extraña luz azul surgió del bolsillo del joven, y atravesando la tela del pantalón, varias Cartas Syaoran se alzaron en el aire, alejándose de su dueño, y cruzando a toda velocidad el espejo, como si de agua se tratase, donde girando sobre sí mismas, se detuvieron frente a la extraña niña.
Giraron cada vez a menor velocidad, hasta que, al detenerse por completo, simplemente desaparecieron en la nada.
La rabia surgió en su interior. Apretando fuertemente los dientes, Syaoran se apuró a volver a meter su mano en el bolsillo de su pantalón, y sacar una carta a toda velocidad.
Lanzándola al aire, no tardó en invocarla:
-¡Bosque!
La mujer que parecía una representación de la madre naturaleza, era una de las cartas más fieles hacia su dueño, por lo que, sin necesidad de palabras, había comprendido al instante lo que se requería de ella, y sin perder ni un segundo, extendió sus largas ramas para sujetar aquella extraña presencia, y someterla sin posibilidad alguna de moverse…
Sin embargo, cuando las ramas hubieron atravesado el cristal, fue como si la niña no se encontrase allí. Como si no existiese, pues no importaba cuánto se extendiesen las ramas, no lograba asirse de nada. Y entonces, sin explicación alguna, ajena a los deseos y órdenes de Syaoran, la Carta Bosque dejó de extenderse, se recluyó de nueva cuenta en su forma de carta, y sin hacer caso a las indicaciones que le habían sido dadas, rodeada de aquella luz azul, se alejó del alcance de su dueño, y tal cual habían hecho sus hermanas, cruzó el espejo, deteniéndose frente a aquella niña, girando sobre sí misma, cada vez más despacio, hasta detenerse y convertirse en nada.
Y con ella, aquella extraña presencia con forma de niña igualmente se desapareció.
-¿A dónde ha ido? -preguntó Sakura, con voz temblorosa-. No puede sentirse ya su presencia.
-¡Vuelve aquí! -gritó Syaoran, y corriendo apenas el par de metros que lo separaban de aquel espejo donde la niña se había manifestado, y ahora solo era visible su propio reflejo, se apuró a alzar un puño, firmemente cerrado-. ¡Vuelve aquí! -repitió al tiempo que dejaba caer su puño contra el espejo, y lo golpeaba con todas sus fuerzas.
-¡Syaoran, no! -exclamó una asustada Sakura, viendo como su novio procedía a golpear el cristal una vez más-. ¡Si lo rompes, vas a lastimarte!
Pero Syaoran no escuchaba. Alzó el puño, y golpeó el cristal, cinco, seis veces más, repitiendo su orden.
-¡Vuelve aquí! ¡Regrésame mis cartas!
-¡Syaoran! -lloriqueaba Sakura, mientras sujetaba el brazo del chico, e intentaba detenerlo-. ¡Syaoran por favor, se ha ido!
-¡Regrésame mis cartas! -gritó una vez más.
Y entonces, el ruido del cristal rompiéndose finalmente lo hizo detenerse.
-¡Syaoran! -exclamó Sakura una última vez. Mientras de sus mejillas corrían aquellas gruesas y pesadas lágrimas, por el brazo de Syaoran corría aquel hilillo de sangre.
Sujetando la mano de su novio con delicadeza, retiró el puño del joven del roto espejo y, ensuciándose ella también de sangre, entrelazó sus dedos con los de él.
-Vamos -dijo finalmente la joven china-. Tenemos que reunirnos con Tomoyo y Jin-Lin. Seguramente están preocupados, preguntándose dónde estamos.
No era dueño de su cuerpo. Solo podía sentir la cálida mano de Sakura, pero de allí en fuera, no sentía, ni veía, ni escuchaba nada más. Se dejó llevar, sus piernas caminaron automáticamente, y tras serpentear nuevamente entre aquellos oscuros pasillos, finalmente los dos jóvenes salieron de la casa de los espejos, donde la luz del sol les hizo creer que lo ocurrido allá atrás había sido solo un sueño.
Si tan solo fuese así…
Pero la falta de aquellas Cartas Syaoran era real, así como la herida que aún escurría sangre. Guiado por Sakura, caminaron por entre el mar de gente que, ajenos a lo que había ocurrido en el interior de la casa de los espejos, conversaba alegremente disfrutando de su fin de semana en el parque de diversiones.
En completo silencio, se detuvieron junto a un bebedero, y sin decirse nada, Sakura procedió a limpiar la sangre que aún escurría por entre sus dedos. No podía hacer nada más para limpiar la herida, mucho menos para desinfectarla, pero sabía que debía hacer todo lo que estuviese en sus manos para poder cuidar de él. Y así, sin pensárselo dos veces, Sakura se rasgó la falda, y a modo de vendaje, procedió a cubrir con él la herida, y amarrar el trozo de tela para asegurarlo en su lugar.
-¡Syaoran, Sakura! -se escuchó una voz a la distancia.
Aun completamente ajeno a lo que ocurría a su alrededor, Syaoran ni se inmutó. Sakura fue quien se apuró a alzar la vista, esperando encontrarse con Tomoyo y Jin-Lin, y, sin embargo, el ver quién acompañaba a sus amigos, la hizo igualmente quedarse sin habla.
No pudo hacer más que dar un codazo en las costillas a su novio. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Syaoran se tragó el coraje, e igualmente alzó la vista, sólo para sorprenderse de encontrar allí aquella piel pálida, cabello negro azulado, ojos azules y gafas de montura redonda.
-Eriol -fue todo lo que el dueño de las Cartas Syaoran pudo decir.
Aparte de su kit de costura, Tomoyo siempre llevaba un pequeño botiquín de emergencia, por lo que, sentados en una banca del parque (algo apartada del resto del bullicio), fue ella quien se encargó de curar la herida de Syaoran, mientras el resto de sus amigos no podía dejar de preguntarse qué hacía el inglés allí.
-Lamento el haber tardado tanto en llegar -fue lo primero que dijo Eriol, mientras de pie donde se encontraba, miraba a Tomoyo, Syaoran y Sakura, quienes estaban sentados en aquella banca. Jin-Lin se encontraba igualmente de pie, con la espalda apoyada en aquel árbol que les daba sombra-. Pero, de no haber sido por las cartas de Tomoyo, quizá inclusive ni me hubiese percatado de la situación.
-¿De qué situación hablas? -preguntó Jin-Lin.
-¿Quién es la niña que se ha robado las cartas? -preguntó Syaoran con rabia.
-Ella es la situación -explicó Eriol-. Ella es otra Carta Clow.
-¿Otra Carta Clow? -repitió Sakura-. No sabía que hubiese otra carta más…
-El único que conocía de su creación y existencia, era el Mago Clow, es decir, yo.
-¿Y por qué no habías dicho nada? -atacó Jin-Lin sin piedad.
-No soy dueño de todos los recuerdos del Mago Clow -se defendió Eriol, con su tono de voz impasible, completamente diferente al de Jin-Lin-. También para mí hay cosas que desconozco sobre las Cartas Clow, y la magia del Mago Clow. Ese fue en parte el motivo por el cual he llegado un poco tarde… Intentaba forzar la memoria, trazar una vía lógica de estos sucesos, para no alterar a Syaoran sin un motivo lo suficientemente preocupante.
-¿Y qué fue lo que descubriste? -preguntó la joven de largo cabello gris.
-Parte de mis recuerdos del Mago Clow contemplaban la creación y existencia de una carta más -comenzó a explicar Eriol-. Una carta que se encontraba sellada debajo de la Mansión del Mago Clow. Se suponía que la carta dormía, atrapada por las restricciones que el Mago Clow había colocado sobre ella. Mis memorias llegan hasta allí. La lógica me guio a pensar que, para la activación de esta nueva carta, debía ocurrirse un desbalance de energía que rompiese el sello. Dicho desbalance se ocurrió hace muchos años, cuando Syaoran transformó todas las Cartas Clow en Cartas Syaoran… y ninguna desgracia ocurrió.
-¿A qué te refieres con el desbalance de energía? -preguntó Tomoyo.
-A decir verdad, es algo muy sencillo. Verán, las cincuenta y dos cartas de la baraja creada por Clow, fueron hechas a partir de energía positiva. Todas y cada una de las Cartas Clow, ahora Cartas Syaoran, tienen la habilidad de crear algo; en teoría, sus poderes solo pueden utilizarse para el bien. Basándose en el lado oriental de su magia, Clow debía de crear una fuerza igual que contrarrestara el poder de las 52 cartas, para cumplir con el equilibrio del Ying y el Yang.
-Pero si el equilibrio se rompió hace años, y no pasó nada… -comenzó Jin-Lin.
-Sí, yo me preguntaba lo mismo -fue la rápida respuesta de Eriol-. Lo que me hizo suponer que quizá el sello estuviese protegido por otro tipo de magia. Una barrera más física. Algún tipo de kekkai… Todo se volvió claro para mí cuando recibí la última carta de Daidouji.
-¿Mi carta? -susurró la aludida, al tiempo que todas las miradas se posaban en ella.
-Así es, Tomoyo -continuó Eriol-. Fue tu correspondencia la que mencionaba aquellos procesos de demolición de la Mansión Clow, para construir este parque de diversiones… El kekkai se había roto, y con ello, el poder de la carta ha sido liberado.
-¿Y cuál es su poder? -preguntó Sakura.
-Su poder es del mismo valor que el resto del mazo, lo que lo vuelve una carta muy poderosa. Y para empeorar la situación, su naturaleza de balance del equilibrio le otorga una naturaleza destructiva, lo que la vuelve una carta muy peligrosa.
-¿Qué significa eso, en concreto? -preguntó Syaoran. Estaba cansado de la manera de hablar de Eriol, y quería respuestas exactas que le ayudasen a saber exactamente qué hacer.
-Eso, mi estimado Syaoran, significa que esta nueva carta es simplemente energía negativa. A diferencia del resto de las cartas, su poder reside en destruir, no en crear. Eso es lo peligroso de su poder: el dejar todo en la nada, y desaparecerlo por completo.
-Desaparecer… -repitió Sakura en un susurro.
-Lo ha hecho ya, ¿no es así? -preguntó Eriol, mirando a Syaoran-. Han desaparecido cartas…
-Ella me las arrebató -interrumpió el joven, visiblemente enojado.
-¿Y qué hay de la ciudad?
-¿A qué te…? -inició Jin-Lin, pero Tomoyo lo interrumpió al instante.
-¡El buzón de correos que nos indicaba cómo llegar a la fuente de sodas! ¡Y el puente de piedra del parque pingüino!
-Ese es el poder de la carta -explicó Eriol-. Ella intentará desaparecer todo aquello con lo que Syaoran tenga contacto, con la finalidad de reclamar las Cartas Syaoran para sí. Hablamos de cosas, lugares, e inclusive personas…
-Ella… -inició Sakura en un susurro, pero prontamente alzó la voz-. Ella llamó a las cartas "sus amigos"…
-Eso es porque en esencia, no deja de ser una Carta Clow. Ella también forma parte del mazo.
-¿Y cómo podemos restaurar ese equilibrio? -fue la pregunta de Jin-Lin.
-Convirtiéndola a Carta Syaoran -respondió el dueño de las cartas, al tiempo que apretaba firmemente los puños, y su herida volvía a abrirse.
Un nuevo hilillo de sangre comenzó a recorrer su mano, y pequeñas gotas cayeron en el suelo, produciendo una oscura mancha.
-Así es -fue la simple respuesta de Eriol.
¿Sería capaz de decirle a Syaoran que el proceso no era tan sencillo como sonaba?
Después de todo, había que hacerse un sacrificio…
¡Hola a todxs! ¿Cómo han estado? Yo sé que esto de esperar 2 semanas es una tortura, pero bueno, considerando que el fic tendrá apenas 5 capis, pues es un mal necesario...
En fin, les prometí en el capi pasado que apartir de aquí habría varios cambios, ¿y no les he cumplido? Es decir, no podía simplemente no incluir a Eriol, así que aquí lo tienen. Lo traje más que nada para dar una explicación un poco más profunda sobre la nueva carta (me sorprendí a mí misma cuando terminé escribiendo lo del kekkai, clara referencia a X 1999 que espero les haya gustado), pero de ahí en fuera será simplemente un personaje secundario de acompañamiento, tipo Tomoyo.
Como sea, espero que esta repentina aparición haga un poco de justicia porque (guiño guiño) esa sutil insinuación de que Eriol y Tomoyo se cartean es mi modo de incluir un peque Tomoyo x Eriol aquí. Y sí, sé que aún les debería un fic sólo sobre ellos pero vamos, que ya les había comentado que esa historia sería tipo angst.
¡En fin! Me ando yendo por las ramas, así que le pararé a mi biblia aquí. Como les había comentado, debido a que básicamente Syaoran se quedará sin cartas, no esperen mucha acción como "pelea final". De todos modos, espero y el fic les esté gustando.
Así que me despido de ustedes, con la promesa de vernos en 2 semanitas (osease en Marzo D:). Me voy no sin antes agradecerles todos sus reviews, sus follow y favorites, y de pedirles dejen un nuevo review para saber qué les va pareciendo el fic. Se lso había prometido desde hacía años, así que esta historia (aunque pequeñísima) es muy importante para mi.
¡Les mando abrazos y besos, y nos seguimos leyendo! ¡Sigan bellos :D!
