Capítulo 5
Un sacrificio
Los trajes que Tomoyo había confeccionado en esta ocasión, parecían haber surgido de un sueño. La tela se sentía tan suave que era fácil imaginar que había sido elaborada con estela de estrellas. Sakura y Syaoran parecían contrastes el uno del otro, pero al mismo tiempo, parecían complementarse y ser la parte faltante de cada uno.
El vestido de Sakura era blanco, con detalles dorados. Una falda igual al vestido de la obra (corta por el frente, revelando sus rodillas, y larga por detrás, apenas arrastrando por el suelo) tenía un corte irregular con picos y abombado, que daba la idea de ser un tutú de bailarina de ballet, cubierto por una enredadera dorada que se arremolinaba creando intricadas espirales, y daban la impresión de ser un cielo estrellado. Llevaba mangas largas y ceñidas, que terminaban justo donde iniciaban sus dedos. En la cabeza, un tocado parecido a un velo de novia compartía los picos y espirales de oro que su vestido. Un enorme prendedor dorado adornaba la parte izquierda de su rostro, justo arriba de su oreja. Un par de zapatillas blancas, con un corto tacón dorado, adornaban sus pequeños pies.
Syaoran, por su parte, vestía de negro, con detalles plateados. Usaba un pegado pantalón de corte recto, que le alargaba las piernas y hacía ver mucho más alto. A ambos lados, afiladas líneas plateadas adornaban sus muslos, dando la impresión de ser rayos cayendo a la tierra. El patrón se repetía en su camisa, sin embargo, lo más imponente del traje, era la capa. De aquel negro intenso, los brillantes detalles de la plata contrastaban creando la impresión de tratarse de una lejana constelación, en el infinito universo. Su camisa también llevaba mangas largas, y al igual que Sakura, terminaban justo al iniciar sus dedos, salvo que las suyas tenían una caída amplia, como si se tratase de la capa de un mago. De su meñique derecho, una pequeña argolla de plata sujetaba el borde de la capa, con lo que, al mover el brazo, la capa ondeaba detrás de él. Para combinar con el velo de Sakura, Tomoyo había optado por poner una elaborada hombrera negra que rodeaba ambos hombros de su mejor amigo, y cuyos afilados detalles plateados volvían a dar aquella impresión de que las mil ramificaciones de un rayo surgían de las entrañas de Syaoran.
Se encontraban en el techo del edificio central la secundaria; el único que se encontraba lo suficientemente conservado y estable como para poder subir, de toda la escuela. Desde allí, el grupo miraba en silencio la oscura ciudad: al tiempo que varias esferas habían atacado el escenario donde se encontraban presentando la obra, varias esferas más habían atacado el resto de Tomoeda, por lo que no había calle, o cuadra que no hubiese sido víctima de aquellos cráteres que ahogaban la ciudad.
-Tenemos que encontrarla. Saber dónde se esconde -dijo Kero, mientras él y el resto miraban a su alrededor, preguntándose donde podría encontrarse.
En ese momento, un destello azul surgió del bolsillo de Syaoran, y de allí, un nuevo grupo de cartas, se separó del resto del mazo, y procedió a alejarse a toda velocidad.
-¡No esta vez! -exclamó Syaoran. Del raquítico mazo de cartas se apuró a seleccionar una, y alzándola en el aire, exclamó-. ¡Viento!
La carta liberó su magia, con lo que aquella esbelta mujer de piel dorada y largo cabello rubio, se alzó en el aire, y se detuvo frente a sus hermanas. Extendiendo sus brazos, invocó una ráfaga de aire, que hizo tambalear aquel grupo de cartas. Sin embargo, aquello duró apenas un par de segundos, pues las Cartas Syaoran volvieron a estabilizarse en vuelo, y reemprendieron el viaje, rumbo al horizonte, como si nada las hubiese distraído de su objetivo.
-¡No! -exclamó Syaoran, cuando aquella dama de oro, ignorando sus deseos y ordenes, regresó a su forma de Carta, y siguió a sus hermanas cruzando el cielo estrellado.
Un nuevo terremoto.
-¡Cuidado! -exclamó Syaoran.
El suelo se sacudió a sus pies, lo que los hizo tambalear y perder el equilibrio. Yue y Kero extendieron sus alas, y se alzaron en el aire, mientras Sakura se abrazaba de Syaoran, y este, utilizando la carta de Vuelo, desplegaba sus alas (que debido a la ausencia de la Carta Fuego, se habían teñido de un azul oscuro, dando la impresión de haber muerto de frío), e igualmente se ponía a salvo de aquella nueva esfera negra que había atrapado la mitad del edificio central de la secundaria.
-¿Dónde está Tomoyo? -preguntó Sakura.
-Estaba con Eriol -fue la respuesta de Kero-. Pensé que él la estaba cuidando…
Un rápido vistazo a aquella oscura esfera les permitió observar aquel par de siluetas que se habían quedado atrapadas en su interior.
-¡No! -exclamó Sakura.
Syaoran agitó sus alas, y estaba por emprender la caída en picada, cuando Yue le cerró el paso.
-Es demasiado peligroso -dijo la hermosa ángel, con aquella mirada glaciar.
Syaoran la ignoró, y rodeándola, se abalanzó sobre la esfera.
Sin embargo, esta vez fue la voz de Eriol la que lo detuvo en seco.
El muchacho inglés, del cual apenas podía verse su silueta, le dedicó una elegante reverencia, al tiempo que decía:
-Todos dependemos de ti, Syaoran. Nuestro futuro está en tus manos, y tu sacrificio.
-¡Eriol! -gritó Syaoran.
-¡Tomoyo! -fue el chillido de Sakura.
Y no pudieron hacer nada más que ver como la esfera se desvanecía en la nada, llevándose con ella la mitad del edificio, y a sus amigos.
Syaoran volvió a agitar sus alas, y se alzó en el aire, hasta quedar a la altura de sus dos guardianes.
-Creo que ya se donde se encuentra la carta -anunció Kero, dando media vuelta. Los demás lo imitaron, y fijaron su vista en la distancia.
La colina, en donde hasta hacía un par de meses se alzaba la casa de Eriol, y ahora reinaba silencioso aquel parque de diversiones, era el único sitio en Tomoeda al que aún le funcionaba el alumbrado público, pues el lugar se encontraba completamente iluminado.
-Las Cartas Syaoran se fueron en esa dirección -anunció Kero.
-Pues en esa dirección iremos nosotros también -espetó Syaoran.
Agitando sus alas una vez más, abrazó a Sakura con mayor firmeza, y con esto, el trío inició el vuelo.
Volaron bajo cuando hubieron llegado a los límites del parque de diversiones. Aquella línea donde los cráteres dejaban de surgir, y la luz hacía brillar todas y cada una de las ahora dormidas atracciones.
-Se siente su presencia -susurró Sakura, como si estuviese temerosa de que la Carta pudiese escucharla-. Se esconde aquí, sin duda.
Dieron un recorrido alrededor, y finalmente descendieron en la entrada principal, dejando las taquillas detrás de ellos.
-Será una pelea complicada -dijo Kero, con los sentidos alerta-. Tiene las Cartas Syaoran en su poder, y no sabemos si puede usarlas en nuestra contra.
-Aunque no fuese así, su simple magia es motivo de alarma -interrumpió Yue-. Si ha podido llevarse al Mago Clow…
-Creo que Eriol decidió no oponer resistencia -esta vez fue el turno de Sakura de interrumpir. Miró a Syaoran con el semblante serio, y tras respirar profundamente, preguntó a su novio-. ¿A qué se refería con sacrificio?
Syaoran no respondió.
No podía decírselo.
-Kero tiene razón -dijo finalmente el muchacho-. Será una pelea complicada, y no creo ser capaz de cuidarte y defenderte, Sakura. Me quedan tres cartas… -y alzando la mano, las mostró a sus amigos-. Esto es todo lo que tengo.
-Sé cuidarme sola -respondió Sakura, un poco dolida porque su novio no hubiese respondido a su pregunta. Alzando su mano derecha, extendió la palma de su mano, y exclamó-. Yo, descendiente de Clow, te ordeno, ¡libera la luz!
De la palma de su mano, un brillo dorado se inició, y de allí, lentamente, una fina katana comenzó a surgir, como si saliese del interior de su cuerpo. Cuando la katana estuvo completamente liberada, la joven china la tomó firmemente, y blandió cortando el aire.
Syaoran no pudo evitar mirarla, sorprendido.
-Aprendí a hacerlo el verano pasado -se explicó Sakura, un poco cohibida-. Es la mejor forma de transportarla, pues siempre está conmigo…
-¿Cuál es el plan de acción? -interrumpió Kero.
Pero antes de que nadie pudiese responder con alguna idea, un estruendo los distrajo.
No se trataba de un terremoto, sino de los juegos del parque de diversiones, que habían comenzado a moverse por sí mismos. Con aquella música de carnaval sonando por los altos parlantes, aquello parecía el comienzo de una película de terror.
Y entonces, el caos comenzó.
Los caballitos que se encontraban girando en el carrusel, agitaron sus patas, e ignorando los postes que los detenían en su sitio, salieron despedidos, e iniciaron a galopar, cada vez a mayor velocidad, arremetiendo contra el grupo.
-¡Sepárense! -exclamó Syaoran.
Tanto él como Kero y Yue iniciaron el vuelo. Sakura, por su parte, utilizó sus piernas y brazos para subir al techo de tela de un puesto cercano. Los caballos continuaron galopando, dirigiéndose contra Syaoran, quien volaba por arriba de sus cabezas, y entonces, sin explicación lógica, los caballos también volaron.
-¡Escudo! -exclamó Syaoran, con lo que la Carta se materializó frente a él, y creando una esfera a su alrededor, los caballos se estamparon contra ella, y se disolvieron en mil y un pedazos de fibra de vidrio, que cayeron al suelo, haciendo un ruido sordo.
Y entonces, desapareciendo en un haz azul, el escudo regresó a su forma de Carta, e ignorando a Syaoran, voló lejos de él, en dirección al centro del parque.
-Creo que el objetivo eres tú, Syaoran -dijo Kero, volando detrás de él. Su amo asintió.
-Creo que lo mejor será que nos separemos -dijo aún agitado-. Así cubriremos mayor espacio, y no se pondrán innecesariamente en riesgo…
-Buscaremos una solución -intervino Yue-, mientras la distraes, podremos buscar alguna respuesta a qué hacer, cómo actuar…
Nadie dijo nada más. Los cuatro se limitaron a asentir, y sin esperar un segundo más, se dirigieron en direcciones diferentes. Syaoran, para asegurarse de que era el que se encontraba lo más alejado (todo fuese por proteger a sus guardianes y a su novia), agitó sus alas furiosamente, y alzó el vuelo, hasta llegar al punto más alto de la montaña rusa.
Tenía una altura considerable, pero no era lo suficientemente alto como para permitirle mirar todo el parque. Se encontraba apenas pensando que debía subir a aquella torre que se encontraba justo en el centro del lugar, y albergaba un enorme reloj de péndulo, cuando un crujido a sus espaldas, lo hizo girarse.
Detrás de él, corriendo a toda velocidad por las vías, un vagón de color morado intenso, se dirigía a él, sin tener la más mínima intención de detenerse. Syaoran bufó por lo bajo. Un intento de atacarlo demasiado sencillo. Simplemente tendría que agitar sus alas nuevamente, y alzarse en el aire, y aquel vagón nunca lo alcanzaría.
Sin embargo, el recuerdo de aquellos caballitos de fibra de vidrio lo asaltó. ¿Qué haría si el vagón ignoraba sus propios railes, y se alzaba en el aire, dispuesto a seguirlo? No iba a arriesgarse.
Se preparó para el impacto. Contando los segundos, miró al vagón reducir la distancia entre ellos, hasta que, justo en el último segundo, exclamó:
-¡Tiempo!
La realidad se tornó de un color amarillento, como si se encontrase dentro de una fotografía antigua y decolorada por el paso del tiempo. El vagón se había detenido justo delante de él, y al igual que todo lo que rodeaba al muchacho, no se movía en lo más mínimo. Igual que todo, excepto por…
Aquella esfera negra se alzó por detrás del vagón. La silueta de aquella extraña niña hizo que Syaoran frunciese el entrecejo.
-¡Ya basta! -exclamó el muchacho, furioso.
-Devuélveme a todos mis amigos -dijo la niña, en un susurro perfectamente audible.
Ocurrió en menos de un segundo.
El color amarillento que flotaba en el aire se disolvió, el vagón se puso inmediatamente en movimiento, con la misma velocidad que llevaba en un principio, y Syaoran no tuvo de otra más que girar violentamente para salir de su camino, mientras se dejaba caer en picada.
El vagón lo siguió, sin embargo, en el último instante, Syaoran recuperó la horizontal, y mientras él rozaba el suelo con su capa, el vagón se estampó contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos, y dejando una humareda de polvo que tardó un par de segundos en disolverse.
-¡Syaoran! -exclamó Kero con rabia.
Sin detenerse a pensar, el guardián del Sol abrió la boca, emitió un rugido, y de allí, una enorme esfera de fuego surgió, siendo lanzada con furia contra aquella esfera negra.
La bola de fuego se impactó contra la esfera, y la cubrió, creando una bola de fuego aún más grande, que ardió durante casi un minuto entero, eso hasta que…
-¡Kero! -el desgarrador grito de Sakura fue lo único que se escuchó en ese momento.
Alrededor del guardián del sol, una esfera negra había surgido. Del tamaño justo para contenerlo, difuminó a la bestia, y sin darle la oportunidad de decir nada más, la disolvió en la nada.
-¡Kero, no! -chilló Sakura.
-¡Kerberos! -esta vez fue el turno de Yue de gritar. Con sus helados ojos reflejando la rabia que crecía en su interior, la ángel se preparó para atacar. Trazó un arco con su brazo, y materializando un arco y flecha de luz, se preparó para apuntar.
Sin embargo, una nueva esfera la rodeo en el momento justo en que lanzaba su flecha (la cual se replicó mil veces en el aire, e impactaron a toda velocidad a la esfera que rodeaba a aquella extraña niña, sin hacerle el mínimo rasguño), y al tiempo que el grito de Sakura volvía a desgarrar el aire, la ángel desaparecía sin dejar rastro alguno.
-No intervengan -susurró la niña. Y sin decir nada más, la esfera que la protegía, se alzó en el aire, y se detuvo en lo alto de aquella torre del reloj, donde se disolvió en segundos, aunque claramente indicando que allí lo esperaría.
-El mover los juegos no forma parte de sus poderes -dijo Sakura, quien se había detenido junto a Syaoran-. Debe de ser capaz de utilizar las Cartas a su conveniencia y deseo. Y, el hecho de que los poderes de Kero y Yue no la hayan dañado… Eso debe significar que todo aquello creado por el Mago Clow no puede hacerle daño…
Sakura miró el perfil de Syaoran. El muchacho aún utilizaba la Carta Vuelo, lo que significaría que, con un poco de suerte, podría acercarse lo suficientemente a la Carta, como para poder intentar el capturarla. Sin embargo (y esta vez la chica miró a su puño, donde su novio sujetaba únicamente aquella carta que había creado, que simbolizaba un corazón, y no tenía ningún uso probado), aquella carta que le quedaba no le sería de ninguna ayuda.
-Tengo que capturarla -dijo en voz baja Syaoran, pero lo suficientemente alto como para que Sakura lo escuchase-. Tengo qué capturarla, así eso signifique… sacrificar…
No iba a llorar. No delante de ella. Tampoco iba a despedirse. No era capaz. Además de que, cualquier movimiento sospechoso, la haría preocuparse. Y no podía asustarla así.
Fue por ello que, sin mirarla, sin decir nada, sin detenerse a abrazarla o besarla una última vez, extendió sus alas, y apretando sus puños con fuerza, alzó el vuelo y se dirigió a toda la velocidad que le era posible, a aquella torre de reloj.
-¡Syaoran! -exclamó Sakura.
Sin poderse contener, inició a correr detrás de él.
Las esferas negras empezaron a surgir a su paso. Surgían del tamaño de una pelota de playa, y creían hasta alcanzar el tamaño de un auto compacto. Syaoran hizo lo mejor que pudo para esquivarlas, agitando las alas para cambiar su vuelo inmediatamente; giros veloces, vueltas agudas, subir, bajar, era difícil maniobrar cuando aquellas esferas atrapaban algo en su interior, y debilitaban las estructuras del parque, que se tambaleaban, caían, y originaban humaredas que parecían no tener prisa por disolverse.
Detrás de él, Sakura también la tenía complicada. Debido a la marea de polvo que se había alzado a su alrededor, era difícil el ver por dónde iba, y en varias ocasiones estuvo a punto de caer en un cráter, si no fuese por su excelente condición física, que le facilitaba el brincar, rodar y escalar, mientras aún sujetaba con firmeza su katana.
Unas cuantas docenas de metros más adelante, Syaoran llegó finalmente a la torre del reloj, y dando un giro de noventa grados, inició el ascenso en vertical, mientras seguía esquivando las esferas que, en un feroz ataque, desaparecieron la mitad del péndulo, ocasionando que éste cayese al suelo, y provocando con ello un nuevo estruendo y humareda, que retrasó aún más a Sakura.
Y entonces, ocurrió.
Primero, una risita. Después, la presencia de aquella esfera negra, y luego, la voz infantil que anunció:
-Ha sido divertido.
-¡NO!
Las alas que surgían de la espalda de Syaoran se desvanecieron, y no bien hubieron regresado a su forma de carta, se dirigieron hacia la niña, dejando a Syaoran caer hacia el vacío.
Se abrazó del roto péndulo, y trató de aminorar su caída. La redujo considerablemente, pero no fue suficiente, por lo que, al llegar al suelo, cayó de frente y se golpeó rodillas y palmas, con lo que comenzó a sangrar.
Y aún así, con la capa rasgada, el rostro lleno de tierra, la sangre corriendo por sus extremidades, se puso en pie, e inició la carrera a la cima de la torre, por aquella escalera en espiral.
-Finalmente las he reunido todas -dijo aquella niña, con una sonrisa siniestra en sus labios, y aquella mirada perdida.
-¡Ya basta! -exclamó el muchacho al tiempo que llegaba a lo alto de la torre, jadeando-. ¡No voy a permitir que destruyas toda la ciudad! ¡Voy a recuperar mis cartas, y aún más importante, voy a sellarte a ti en una!
-¡NO! -gritó la niña, preparando los puños y frunciendo el entrecejo-. ¡No vas a separarme de mis amigos!
-¡No puedes llamar a las Cartas tus amigos! -interrumpió Syaoran velozmente. Se encontraba furioso-. ¡Tomarlas a la fuerza, obligarlas a trabajar para ti! ¡Esos no son amigos! En cambio… ¡En cambio las cartas y yo si lo somos! No soy solo su amo. Al igual que con Kero y Yue, lo que nos une no es que yo sea el nuevo dueño del mazo, del báculo y de los guardianes. ¡Lo que nos une es nuestra amistad!
Dio una patada al suelo, lo que ocasionó que la niña lo mirase, sorprendida.
No, no iba a llorar.
-¡Kero y yo nos pelearemos, pero somos amigos! ¡El fue quien me enseñó todo lo que sé sobre las Cartas! Las veces que tuve que hornear con las amigas de Tomoyo para poder darle cosas dulces a ese glotón, porque es la única manera que tengo para agradecerle. Y aún así, están todas esas veces que peleamos porque no aprende a no tocar mis cosas que están en mi habitación... Pero sea como sea, siempre nos reconciliamos, porque queramos o no, vivimos juntos. En cambio, tienes a Yue, quien es completamente opuesta a ese muñeco de felpa. Ella es tranquila y callada, no conversamos mucho y a veces es incómodo estar en su presencia porque su aura es demasiado… Pero si necesito un consejo, ella siempre es mi primera opción. Sabe escuchar, sabe juzgar imparcialmente. Sus consejos son siempre lo que necesito para saber qué hacer. Además, ¡si ella no existiera, tampoco lo haría Yukito! Yukito es demasiado importante para mí. Es dulce y amable. Siempre tiene palabras de apoyo y sabe cuando la paso mal, aunque no diga nada. Aparte de ser mi amiga, Yukito es novia de mi hermano, y ellos dos se aman. Lo han hecho toda la vida, y estoy seguro que así seguirá por siempre. Lo cual es raro porque mi hermano es un troglodita comparado con Yukito. Touya es un cabezota, pero extrañamente él es el único que sabe hacerla feliz, y supongo que eso es todo lo que importa. Eso, sí, siempre me está molestando y me engatuza para que haga sus quehaceres de la casa... Pero también me ha ayudado muchas veces. Cuando tenemos que ayudar a papá siempre se sacrifica él primero: preparando los almuerzos, limpiando la casa... ¡No tiene qué hacerlo ya que siempre está ocupado con la escuela y sus trabajos de medio tiempo, y aún así lo hace sin quejarse! No me hagas empezar con Tomoyo. ¡Está loca! Todos esos cosplays y sus referencias extrañas a anime... Pero aún así, desde mi primer año de escuela primaria, fue la única que se acercó para ser mi amiga. A pesar de que yo era tan reservado y antipático, fue ella quien me sonrió e invitó a almorzar. ¡Sí, eran un montón de niñas y solo estábamos yo y Yamazaki...! Pero fue bueno el sentir que pertenecía a un grupo. Soy importante para ella, por eso siempre me está filmando, pero ella también es importante para mí, y es mi deber protegerla. Y las cartas…
Apretó los puños con fuerza. En su mano izquierda aún llevaba aquella carta que había creado con sus propios poderes. Aquel corazón…
-Las cartas y yo hemos pasado por mucho. Desde que las esparcí por Tomoeda por accidente, cuando las atrapé, una por una, y cuando me ayudaron a atrapar a las restantes, o a cumplir con mis caprichos. A veces he usado mi magia por simple comodidad, y aún así, ellas ayudan, porque quieren verme feliz. Viento nunca me defraudó; siempre pude confiar en ella. El mazo no estaría completo si no fuera por todo el apoyo que me brindó. Fuego y Agua son tercas y testarudas, pero es esa misma obstinación lo que hace que sean tan valiosas para mí, ya que cuando hay que pelear, lo hacen hasta el final, siempre entregando todo de sí. Carrera, Salto, Vuelo… ninguna de ellas me dejaría nunca solo. Son traviesas pero al mismo tiempo son fieles. Saben que dependo de ellas, así como ellas de mí. ¡Y espejo! ¡Cuántas veces no cubrió mi espacio vacío, y lo hizo sin pedir nada a cambio! Luz y Oscuridad habitaron en mi corazón… conocen todos mis secretos, mis deseos y debilidades…
Se le hizo un nudo en la garganta. No podía continuar. Pero necesitaba decirlo, tenía que sacarlo. Todas esas cosas que nunca les había dicho a las Cartas, y que necesitaba que las escucharan. Aún quedaba tanto por decir. Sombra, Hielo, Tiempo, Flote, Sueño, Dulce…
Sin embargo, no fue necesario.
Ellas lo sabían. Lo habían sabido siempre. Era por ello que estaban con él. Ese cariño y apoyo que se tenían. Eran más que amigos, eran una familia…
Un anillo verde oscuro surgió alrededor de aquella esfera negra, y tras girar velozmente, finalmente se detuvo, revelando las cincuenta y dos cartas del mazo, quienes se apuraron a dar la espalda a aquella niña.
-¡No! -chilló la Carta-. ¿Por qué…?
Syaoran esbozó una media sonrisa. Extendió su mano derecha, y sin necesidad de decir nada, una a una, las Cartas Syaoran se posaron sobre ella, formando aquel mazo.
-¿Por qué…? -volvió a chillar la niña.
-Ya te lo dije -se repitió Syaoran-. Más que ser mis cartas, son mis amigas.
Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas, y sin poderse contener, se dejó caer en el interior de su burbuja, y lloró desconsoladamente.
Entonces, las Cartas Syaoran se alzaron nuevamente, y descendiendo a los pies de su dueño, se alinearon en pares para formar un puente entre él y la niña. Syaoran, sabiendo lo que esperaban de él, avanzó por aquel pequeño puente, hasta detenerse delante de la niña, que se tapaba el rostro con ambas manos.
-No necesitas llorar -le dijo con voz firme-. Tú también puedes ser nuestra amiga.
Lo miró por detrás de sus dedos. Sus ojos aún estaban llorosos.
-¿Quieres atraparme?
Syaoran asintió en silencio.
-No es tan sencillo -musitó la niña.
-Lo sé -interurmpió Syaoran-. Clow me lo explicó. Es preciso hacer un sacrificio.
-No puedo creer que vayas a hacerlo -le reprochó la carta-. Desaparecer lo más preciado…
Syaoran negó lentamente.
-No puedo hacerlo -dijo tranquilamente, aunque se escuchaba una nota de dolor en su voz-. No puedo hacerle eso a Sakura. Como dijo ella en su papel de princesa en la obra, no es su culpa que yo esté enamorado de ella. Que yo haya decidido que mi corazón le pertenece solo a ella, no debe de ser el motivo por el cual ella deba ser sacrificada.
-¿Entonces…?
Syaoran hizo todo lo posible por sonreír, pero solo consiguió que su semblante se ensombreciera.
-Perdóname -dijo tristemente-. Acabo de pedirte que también seas nuestra amiga, ¿no es así? Lo primero que te digo y no podré cumplirte.
-¿Qué…?
-Así que, mejor te pediré que seas amiga de las Cartas. De Yue y Kero, ellos vienen con el paquete. Sé también amiga de Sakura y Tomoyo, no por nada Sakura es mi persona más especial, y Tomoyo es mi mejor amiga. Y aunque sean unos cabezotas, también se amiga de Jin-Lin y Eriol. Touya también es un cabezota, pero a todas las chicas les cae bien, así que seguro a tí también te agradará. Y no te olvides de mi padre...
Se llevó la mano al cuello, y desprendió el broche que mantenía su ya rasgada capa en su lugar. Debido a la intricada hombrera, la capa cayó haciendo un ruido sordo. Evitando mirar a la Carta, se rebuscó dentro de la camisa, y finalmente, extrajo de allí aquella vieja llavecita que hacía tanto tiempo no utilizaba.
-Llave que guardas el poder de mi estrella -recitó el muchacho, como en los viejos tiempos-. Muestra tu verdadera forma ante Syaoran, quien aceptó la misión contigo. ¡Libérate!
La llavecita se iluminó con aquella resplandeciente luz amarilla, la cual creció rápidamente, y al apagarse, reveló un báculo color rojo fuego, con detalles dorados. La estrella que adornaba la parte superior, brillaba como si por dentro, un fuego mágico ardiese.
-Haremos un intercambio -dijo el muchacho, aun sin poder mirarla-. Diré el conjuro, serás reducida a tu forma de carta, y para sellar el kekkai, yo desapareceré para siempre. ¿Estás lista?
No dio oportunidad a que la carta respondiese. Blandiendo el báculo, lo alzó en el aire, y rasgando el aire, lo detuvo justo frente al rostro de la niña, con lo que las llamas que surgían del interior de la estrella, se agitaron con fiereza. El símbolo de invocación que revelaba la estrella rodeada por el sol y la luna, se dibujó a sus pies.
-Regresa a la forma humilde que mereces -inició a recitar el conjuro original-. ¡Carta Clow!
La esfera negra que rodeaba a la niña reventó y dejó a su ocupante flotando en el aire. La pequeña niña había cerrado los ojos, y colgaba inmóvil delante del muchacho, mientras el báculo dibujaba en el aire la silueta de una carta, y ésta reclamaba a la pequeña.
-Carta que fuiste creada por Clow -continuó Syaoran, siendo consciente de que su cuerpo comenzaba a desaparecer conforme hablaba, iniciando por sus pies, al tiempo que la parte inferior de la Carta Clow cambiaba sus colores originales (rojo y dorado) por aquel verde y oro-. Abandona esa vieja forma -no sentía ya las piernas. Era como si no hubiese nada más de él, debajo de su cintura. Pero la mitad de la carta se había convertido ya... -, y transfórmate para servir a tu nuevo dueño… -se le nubló la mente, apenas y sentía los dedos, sujetándose con toda la fuerza que le quedaba, a su báculo mágico, el cual comenzó a temblar-. ¡Hazlo por el nombre de Syaoran!
Los dos se convirtieron en neblina.
Mientras que la niña se transformaba en una estela blanca que encontró su forma material al convertirse en carta, la cual aún no terminaba de brillar, Syaoran se había convertido en polvo de estrella, que desapareció como si una ráfaga de aire lo hubiese soplado lejos. Como si nunca hubiese existido.
Aquel viento mágico sopló fuerte, perdiéndose en la distancia.
Se desplegó fuera de la torre, y cubrió el horizonte, en todas direcciones. La brisa era fresca, se sentía ligera, y mientras avanzaba, todo lo que tocaba a su paso, se restauraba, como si nunca nada malo hubiese ocurrido en aquella ciudad.
Los juegos del parque de diversiones se repararon a sí mismos. Los miles de cráteres que se habían formado por toda Tomoeda desaparecieron. La torre de reloj se reparó mágicamente, y el péndulo reanudó su silencioso vaivén. Mientras el sol salía en el horizonte, la luz eléctrica regresó, los edificios se restauraron, el escombro desapareció, y aquella música de carnaval volvió a escucharse fuerte y clara.
Y entonces, la gente volvió.
Despertaron confundidos. ¿Por qué amanecía ya? ¿A dónde se había ido la noche? Nadie parecía ser capaz de recordar nada. ¿Había ocurrido algo?
Un par de figuras se movieron en el techo de la secundaria Tomoeda. la figura más alta cubría a la más bajita, como si intentase protegerla con su cuerpo. Al sentir los primeros rayos de sol golpear su espalda, Eriol se incorporó, mientras aún sujetaba a Tomoyo por los hombros.
Ella lo miró a él, mientras él miraba el horizonte. Era como si nada hubiese ocurrido. Los pájaros cantaban en la distancia, se sentía la frescura de la mañana, y el rocío había caído cubriendo los jardines de la escuela.
-¿Te encuentras bien? -preguntó el inglés, mientras aún sujetando a la joven por los hombros, la miraba en sus ojos grises.
Tomoyo asintió en silencio, y lentamente, alzó una mano para tocar la mejilla del inglés.
-¿Y tú...?
-Perfectamente.
Se sonrieron durante un instante, hasta que los ojos de Tomoyo se abrieron con horror, y sin poderse contener, exclamo:
-¡Syaoran!
-Debemos buscar a los demás -fue la respuesta de Eriol, con lo que soltado sus hombros, pero ahora sujetando su mano, dio un leve tirón, para hacerla caminar.
Tomoyo así lo hizo, y juntos bajaron del techo, salieron del edificio, y corrieron fuera de la escuela, en dirección al parque de diversiones.
Lo primero que hizo fue apretar los ojos con fuerza. Se llevó una mano a la cabeza, y abrió lentamente los ojos. La luz del sol lo golpeó en el rostro, con lo que tuvo que desviar la mirada.
-¿Papá? -preguntó Touya.
El universitario se incorporó, y aún confundido, se apuró a detenerse junto a su padre. Fujitaka, al igual que Eriol, había cubierto a Sonomi con su cuerpo, y del mismo modo que el inglés, se movió lentamente para dejar que Daidouji pudiese mirar alrededor. A un lado de ellos, Jin-Lin también parpadeó, confundido.
-¿Ya es de día? -preguntó la mujer pelirroja, quien completamente ajena a los acontecimientos que habían pasado (al igual que Fuijitaka no poseía poderes mágicos), lo único que no comprendía era porqué el sol había salido ya.
-Eso parece -fue la respuesta de Fujitaka.
-¿Qué ha pasado? -preguntó Jin-Lin, confundido.
Fujitaka ,miró a su alrededor. La gente, al igual que ellos, comenzaba a despertar y mirar confusa a su alrededor. Él también miró. Su mirada se posó por un prolongado minuto en el escenario, donde al igual que los espectadores, los alumnos que habían estado actuando en la obra, se miraban confundidos.
Y entonces, miró a su hijo mayor.
-¿Dónde está Syaoran?
Touya y Jin-Lin también miraron al escenario. Escanearon los rostros de todos los estudiantes, y al igual que el profesor de Arqueología, no encontraron al joven.
-No lo sé -fue lo único que pudo decir Touya. Miró a la distancia. La presencia de Yue se sentía en el horizonte. Donde estuviese ella, seguramente estaría su hermano menor.
Jin-Lin lo miró de reojo, y siguiendo la mirada del universitario, él también miró a la distancia. El parque de diversiones se alzaba en la colina. La rueda de la fortuna giraba lentamente. Frunció el entrecejo
-¡Sakurita! -gritó el joven chino, y antes de que alguien lo pudiese detener, inició la carrera hacia aquel lugar.
Un gruñido. Mientras se incorporaba, se preguntó cómo había caído. Agitó la cabeza, y del mismo modo, agitó sus enormes alas doradas. Parpadeando lentamente, Kero se sentó sobre sus cuartos traseros, y miró a su alrededor.
El parque de diversiones se encontraba intacto, y el sol había salido ya. ¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho Syaoran para hacer que todo terminase bien? Sonrió confiado por el resultado, obtenido con la magia de su dueño, pero entonces, un pensamiento asaltó su mente, provocando que su sonrisa se desvaneciese.
-¡Kerberos!
Miró detrás de él. Yue agitó sus alas plateadas y se detuvo a su lado. Ella no se mostraba sonriente, alegre por el resultado de la pelea. Al contrario, se notaba agitada y hasta cierto punto, presa del pánico.
-¡Kerberos! -repitió la ángel, aún flotando sobre el suelo.
-¿Dónde está Syaoran? -preguntó el guardián del sol. La guardiana de la Luna, pro primera vez en su vida, se retorció las manos.
-No... No lo sé -fue su débil respuesta.
-!Syaoran! -gritó Kero. ¿Qué estaba pasando?
-No se siente su presencia -dijo Yue débilmente-. Y la presencia de las cartas es tan débil...
-¡Syaoran! -volvió a gritar Kero, incapaz de aceptar lo que Yue había dicho, pese a ser verdad.
Sí, era cierto: él tampoco sentía ninguna presencia, aparte de la de ellos, y la de...
-¡Sakura!
Agitó las alas y se incorporó velozmente. Yue lo siguió. Tras un corto vuelo, se detuvieron frente a la torre del reloj. A parte de la música de carnaval que se escuchaba por los altavoces, no se oía nada más. Nada excepto... un débil sollozo.
-Sakura -susurró Yue. Estaban los dos por entrar a la torre del reloj, cuando una figura pequeña salió de allí. El sol iluminó su corto cabello castaño, y con ello, pudieron ver sus ojos llorozos. Hipaba al caminar.
-Syaoran... -dijo la joven china.
-¡Sakura! -una sombra pasó volando entre Kero y Yue, y se dejó caer a los pies de Sakura. Jin-Lin se notaba agitado, y respiraba con dificultad-. ¡Gracias al cielo que estás bien!
Pero su prima no respondió. Aún sollozando, hipó un par de veces más, mientras las lágrimas seguían recorriendo sus mejillas.
-Sakura... -dijo una nueva voz.
Tomoyo se hincó junto a Jin-Lin, mirando a Sakura desde abajo. Eriol se detuvo detrás de ella, y también miró a la joven.
Fue allí cuando Sakura no pudo más. Su débil sollozo se volvió un fuerte llanto. Con las piernas temblando, se dejó caer, golpeando sus rodillas contra el suelo. Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas, y por más que ella intentaba limpiarse el rostro, no servía de nada.
Tomoyo le acarició la mejilla.
-¡No, Syaoran, no! -exclamó Sakura, fuera de sí-. ¡No puedes irte! ¡No puedes dejarme! -se tapó el rostro con ambas manos, y por entre los dedos, continuó gritando-. ¡Finalmente he regresado! ¡Volví por ti! ¡Para estar contigo! ¡No volver a separarnos! ¡No puedes irte!
Se abrazó a sí misma, y lloró con todas sus fuerzas. Estaba por gritar, para liberar aquel dolor que le oprimía el pecho y no la dejaba respirar, cuando un fogonazo de luz verde la rodeó.
Eriol tomó la mano de Tomoyo, y tras ayudarla a incorporarse, la hizo retroceder. Jin-Lin hizo lo mismo, con lo que el fognozado de luz rodeó a la joven china, trazando un círculo perfecto a su alrededor. Sakura no puedo hacer nada más que abrazarse a sí misma.
-¿Qué pasa? -preguntó Tomoyo.
-Las cartas… -musitó Yue.
-¿Qué está pasando? -esta vez fue Kero quien preguntó.
-Lo que tiene que pasar -fue la ceremonial respuesta de Eriol.
-No llores -dijo una voz femenina, proveniente de la nada, pero Sakura la ignoró. Estaba cohibida por estar aislada del resto de sus amigos, pero sabiendo que eran solo las Cartas Syaoran, no sentía ya miedo.
Pero el dolor en su corazón seguía allí.
-No iba a regresar a China -dijo al aire, mirando a las Cartas, que aún giraban alrededor de ella formando un anillo de luz verde, como si esperase que ellas transmitieran su mensaje a su dueño-. Iba a quedarme en Japón, en Tomoeda. ¡Iba a quedarme contigo, Syaoran! Íbamos a estar juntos para siempre. No más cartas, no más correos, no más llamadas…
-No llores -volvió a decir aquella voz de niña.
Del anillo verdoso, se desprendió una motita de luz dorada, la cual prontamente se convirtió en una Carta Syaoran, que se dejó caer en la mano de Sakura. La joven, confundida, se apuró a enjuagarse las lágrimas, y la miró, sin entender qué significaba aquello.
-¿La esperanza? -dijo al leer el nombre.
Se trataba de la carta que Syaoran había creado cuando ella había partido a China, hacía varios años atrás. El corazón que en su momento se encontraba solo, ahora aparecía abrazado por aquella niña de largo cabello gris, y alitas surgiendo de la parte posterior de su cabeza. Al pie de la carta, había finalmente aparecido su nombre.
-No llores -dijo por tercera ocasión-. Todo estará bien -agregó.
En ese momento, la brisa volvió a soplar, trayendo consigo aquella lluvia de estrellas, que rodeó al grupo, y tras arrastrarse por el suelo, y elevarse alto en el suelo, finalmente se arremolinó frente a los muchachos y los guardianes... Y reveló una silueta.
Todos ahogaron un grito.
-No puede ser… -exclamó Kero, incapaz de creer lo que sus ojos veían.
-Sya… ¡Syaoran! -gritó Sakura, y sin poderse contener, se abalanzó sobre su novio, quien le regresó el abrazo, alzándola con ambas manos, y girando mientras la sujetaba de la cintura.
No pudo evitar besarla.
-Así que… -dijo cuando finalmente la volvió a dejar tocar el suelo-. ¿Te quedarás?
Sakura le sonrió. Syaoran hizo lo mismo.
Nuevas lágrimas llenaron los ojos de Sakura, pero estas eran de felicidad.
-¡Por siempre y para siempre! -gritó la chica, al tiempo que volvía a arrojarse a sus brazos, y lo besaba una vez más.
Fue esta vez la carta que aún sujetaba en la mano la que se convirtió en polvo de estrella, y la cual fue llevada por la brisa, perdiéndose en la distancia.
Volviéndose nada.
FIN
Yo sé que la up debía estar la semana pasada; les pido una disculpa por el retraso, pero es que las cosas se complicaron horrible y simplemente no pude hacer la up. No es por hacer drama, pero digamos que es una suerte de que esté entera.
¡En fin! Pasemos al fic. Cruzo dedos para que la espera de 3 semanas haya valido la pena. Que el drama que se veía venir desde el capi anterior los haya mantenido leyendo sin parar, y que el final de todo el fic no lo sientan tan "Deus ex machina". No está escrito tal cual en el fic, pero la idea de hacer que Syaoran "regresase" era para meter toda esa ideología CLAMP de que "todo va a estar bien", y por ello, sacrificándose para salvar a Syaoran, la carta Nada/Esperanza, se vuelve justo eso: se convierte en nada para darle esperanza a Syaoran y los demás. Bien poético, a que sí?
Igual porque sabía que si hacía que Sayoran se fuese, ustedes me colgaríandar por no darles un final feliz. Digo, a mi no me molestaría terminar con drama mil, pero sé que nunca me lo perdonarían; no después de leer esta historia desde hace más de 5 años.
Así que sí. Eso es todo por hoy. Syaoran se queda, Sakura se queda. Jin-Lin y Eriol quedan en un veremos, pero (y para los que gustan de la parejita) les dejo de regalo esas pequeñas interacciones entre Eriol y Tomoyo; quise transmitir un poco el que pueden entenderse sin decir nada, y que de verdad se preocupan el uno por el otro. Espero y haya quedado bien.
Total, que para no dejar este comment tan largo como siempre, le paro aquí, no sin antes agradecerles los follow, favorites y reviews. Sé que no los contestaba (una vez más, la compra de mi pc parece un acontecimiento cada vez más lejano), pero les aseguro que los leo todos, y todos me sacan una sonrisa. De verdad, mil gracias por tomarse su tiempo de leerme y comentar.
¡Espero verlos pronto! No tengo nada escrito, por lo que no publicaré dentro de poco, pero les aseguro que regresaré. ¡Sigan bellos! Abrazos y besos ;)
-Ribonette
