XII


─Esto es una maldita broma, ¿verdad?─me repito constantemente sin creer lo que estoy escuchando.

Estoy despierto, las ojeras que probablemente tengo no me impontan, por primera vez fumé –me termine dos cajetillas completas de cigarrillos–, un aura oscura y pesada envuelve donde estoy; varias venas se hinchan en mi frente y ya no sé que pensar.

Aunque mi rostro no exprese más que molestia, mi mente es un completo caos que no deja de gritar y rememorar los banos intentos por detener lo qué creó que se esta llevando a cabo dentro de esas cuatro paredes.

¡Maldita sea, abre esa puerta Lenalee!─grito, golpeando la puerta como loco desquiciado.

En que momento su linda y adorable novia adquirió el gusto por... Por practicar la zoofilia.

Él más que nadie conoce la dificultad que Lenalee tuvo que pasar para convencer a su hermano de vivir sola, así como la titanica proesa de conseguir novio.

«Fue una suerte el ser su amigo de la infancia»

Pero, ese era un oscuro secreto que no quería saber de ella.

─Lenalee, si no paras se lo diré a Kumoi─demando. Sin embargo, olvido su pequeño problema Lenalee, cree que yo soy su gato por ende ignora mis quejas y sigue disfrutando su noche con ese maldito animal que ahora si voy a matar.