Por fin tuve tiempo de editar el capítulo. ;u; Aunque no estoy segura de que no se me hayan ido algunas erratas... les pido disculpas por eso. Por otra parte, agradezco su paciencia y su espera, así como los comentarios que me dejan. :') En serio, son lo mejor del mundo.

Parte de la historia toma lugar en el capítulo 88 del manga... con claras digresiones para darle paso al fanfic, claro. Espero que les guste, gracias por leer.


V

Estaba irritado. Más que de costumbre. Podía decirlo sin ningún problema. Sus ojos estaban clavados en el edificio, tenía los brazos cruzados y soltaba un bufido o un gruñido cada tres segundos. Conocía sus motivos, pero, a pesar de lo crítico del asunto, no podía no encontrar la situación un tanto cómica. Llevaba años trabajando con Endeavor y todavía más de haberlo conocido. Reconocía su trabajo, su actitud incansable, su firmeza, su fuerza y la actitud con la que hacía frente a los problemas. Reconocía en el pelirrojo a un héroe. Sin embargo, podía darse cuenta de esas actitudes infantiles que tenía de vez en cuando. Ya no eran más amigos, al menos no según lo que el contrario había establecido, pero eran colegas y, cuando se encontraban con All Might, que no era muy seguido, lograba reconocer sus tendencias de antaño, cuando se sentaban juntos a comer soba mientras charlaban. Endeavor, generalmente centrado, dejaba escapar su puerilidad, sin mucho reparo en los problemas que eso pudiera desencadenar o en lo que las personas pudieran pensar acerca de sus actitudes. A veces, cuando lo miraba inmerso en su trabajo, también podía encontrar rastros de preocupación o conflictos más humanos. Todoroki Enji era un tipo duro, pero no tan duro como el mundo creía; la gente lo había villanizado bastante, lo que no era de sorprenderse si se le comparaba con Toshinori. A pesar de sus 45 años, Naomasa no creía que hubiera cambiado tanto desde que tenía 18.

― ¡Tsukauchi! ―. Exclamó finalmente cuando se cansó de mantener una rabieta silenciosa ―. ¡¿Por qué ese americano está en la línea de enfrente y yo estoy aquí?!

Le dieron ganas de reír por semejante pregunta tan fuera de lugar y tan infantil, pero se contuvo como mejor pudo. Un pinchazo de nostalgia lo atravesó al escuchar cómo se refería a All Might. Ese americano había sido, durante algún tiempo, la forma en la que Enji se refería a Toshinori. No lo escuchaba desde hacía ya varios años, así que trataba de no pensar demasiado en el tema. No era su asunto y lo sabía, pero pese a todas las trabas que Enji pusiera entre ambos, la preocupación que sentía por él era sincera. Después de todo, habían terminado mucho más relacionados de lo que hubiera esperado cuando estaban en Instituto. El Departamento de Policía y Endeavor eran una dupla casi imparable cuando se juntaban, por lo que pasaba más tiempo con el pelirrojo que con el rubio, quien todavía mantenía una amistad con él. Con el primero había desistido en sus intentos de arreglar sus lazos, pero eso no quería decir que no se diera el tiempo para intentar comprenderlo incluso si era de manera indirecta y a partir de la observación como un animal en cautiverio. Podía decir, casi con certeza, que conocía a Endeavor lo suficiente para ser capaz de mantenerlo a raya en situaciones tensas.

― El área de tus ataques es mayor, lo que será útil en caso de que un grupo intente escapar ―. Explicó. Era verdad, así que no había ningún problema.

― ¡Bien! ― Resolvió el héroe.

A veces era asombroso lo fácil que uno podía evitar la furia de ese hombre. En ocasiones sólo se necesitaba decir la verdad, las cosas de manera directa y sin rodeos. Por lo general, Endeavor no argumentaba nada contra esos planteamientos. Ojalá Toshinori lo hubiera comprendido en su juventud.


El calor era una parte inevitable durante la adolescencia. En sus cuerpos varoniles y jóvenes, la expresión del deseo no tardó en aparecer. Los primeros contactos fueron bastante inocentes: a veces se tomaban de las manos o Toshinori se recargaba en su hombro; muy de vez en cuando, ponía la cabeza sobre los muslos firmes de Enji y se dejaba arrastrar por el sueño. Pero conforme iba avanzando su relación, también lo iba haciendo la tensión entre ambos.

En algún momento, cuando comenzaron a compartir besos más atrevidos, Yagi empezó a bajar las manos por su espalda, apretando sus nalgas o frotando sus muslos como si no se diera cuenta. Frecuentemente deslizaba las palmas por su abdomen hasta alcanzar sus pectorales, presionaba con fuerza y con unas ansias que siempre agitaban demasiado a Enji. Éste, cuando no encontraba forma de resistirse, pasaba las manos por los músculos abdominales de su pareja, aunque lo que más solía hacer era apretar los dientes y los ojos mientras Toshinori lo tocaba, realizando movimientos involuntarios contra el cuerpo ajeno.

El descubrimiento de la sexualidad, al menos compartida, alcanzó un nuevo límite una tarde en el dojo después de sus prácticas usuales. Y lo que empezó con un beso robado pronto mudó a las caricias acostumbradas, en las que las manos de Yagi se deslizaban por debajo de la tela, ávidas, palpando la piel húmeda de sudor, buscando y redescubriendo los puntos de placer.

― Enji ―. Murmuró esa tarde luego de que ambos hubieran calmado sus ansias con el otro.

― ¿Qué sucede? ― Preguntó, acomodándose la ropa sin prisa alguna.

― Quiero hacerlo.

En medio del dojo vacío, sus palabras sonaron firmes y claras. Todoroki se detuvo y volteó el rostro para verlo. Pasó saliva y sintió un calor conocido recorrerle el cuerpo.

― Es decir… ― Continuó.

― Sé de qué estás hablando ―. Se aclaró la garganta y arrugó el entrecejo. Su mirada recorrió la anatomía ajena antes de volver a sus ojos, donde se mantuvo algunos segundos, durante los que guardó silencio ―. …la próxima vez ―. Terminó por aceptar ―. Hoy… hoy no.

Ahí estaban esa noche. Yagi había insistido en que no necesitaban dos futones y, con una molestia fingida, Enji terminó por aceptar. Estaba seguro de lo que significaba aquello, así que no ató correctamente el nudo de la yukata. Igual que la primera vez que habían compartido futón, se metió entre las mantas y le dio la espalda. Fue consciente del momento en que Toshinori se deslizó al interior. Lo sintió removerse y, más temprano que tarde, su brazo lo rodeó desde un costado.

― …había imaginado esto muchas veces ―. Confesó contra su oreja ―. …desde la primera vez…

― ¿Tienes que hablar tanto? ― Murmuró.

Su cuerpo se estremeció y se vio forzado a pasar saliva, la mano contraria comenzó a moverse encima de la yukata, presionando el abdomen de manera conocida, frotando con unas intenciones demasiado obvias. El cosquilleo de la excitación no tardó en aparecer y mientras más contacto había entre ambos, más grados ganaba la temperatura de su cuerpo. Toshinori enredó sus piernas, cerrando el espacio entre ambos y permitiendo que su sexo, a medias despierto, se presionara en la curvatura de sus nalgas, todavía cubiertas.

― …estás caliente, Enji… ― Susurró, soltando una pequeña risa al tiempo en que sus dedos se encargaban de desatar el nudo del obi, que cedió casi al instante.

Todoroki bufó por lo bajo.

― …deja de burlarte de mí…

Sin mucha vergüenza, terminó de deslizar la tela sobre su cuerpo y dejó que se perdiera entre los pliegues del futón. Pese a lo que podría esperar, no era especialmente pudoroso cuando se trataba de Yagi. Le gustaba que lo tocara, que apretara su cuerpo con sus manos grandes y rasposas, que lo recorriera entero y lo mirara con el deseo ardiendo en sus pupilas. El rubio no tardó en desnudarse también y ambos cuerpos, medio cubiertos por la tela de las mantas, quedaron bañados por la tenue luz proveniente del exterior.

― Voltéate… ―. Pidió Toshinori.

No protestó, giró sobre su costado y se encontró de frente con su pareja, sin nada que pudiera impedir el roce descarado de sus pieles. Sus labios colapsaron en un momento, uniéndose de inmediato en una labor húmeda y pausada, con la que ambos trataban de esconder su nerviosismo. Una mano se cerró repentinamente contra su pectoral izquierdo, lo que le hizo jadear contra su boca, al tiempo en que un pequeño placer descendía por su columna hasta alcanzar su entrepierna. El brazo que Yagi mantenía en el futón se flexionó, de modo que la separación de sus cuerpos se volvió prácticamente nula. Ambos soltaron un jadeo por lo brusco de la acción, en la que ambos sexos quedaron presionados contra sus abdómenes. Era indecente y erótico, demasiado sensual para sus cuerpos hormonados. Los dedos del rubio, aquellos que se mantenían en su pecho, tiraron juguetonamente de su pezón, causando que gruñera por lo bajo.

― ...no sé por qué te gusta hacer eso… ―. Murmuró.

― Me gusta esta parte de ti.

― No son tan diferentes a los tuyos…

― Claro que sí… podría hacer muchas cosas con ellos… ― Dijo de manera juguetona, masajeando su pectoral ―. Enji…

― ¿Mnh?

Pero no dijo más. Mordisqueó sus labios y se removió, obligándolo a separar más las piernas para acomodarse entre ellas. Una vez así, empezó a frotar las caderas contra su ingle, empujando, buscando fricción. La boca de Toshinori comenzó a descender, primero por la barbilla, luego por el cuello, demasiado lento para su gusto. Una de sus manos se enredó en sus mechones rubios y la otra se aferró a la tela del futón, mientras sus propias caderas se mecían inquietas y los sonidos de placer escapaban de su boca involuntariamente.

― ¿Te gusta?

― Cállate…

― …levanta el cuerpo…

Sintió al rubio erguirse lo suficiente hasta quedar hincado, deshaciéndose de paso de las mantas que los cubrían. Desde esa posición pudo ver toda su desnudez, la forma en la que los músculos firmes se marcaban, moviéndose con la respiración; el centro de su calor, erguido contra su abdomen, palpitante, deseoso. La sonrisa en sus labios, con un deje pícaro y divertido. Sus ojos, recorriéndolo con lascivia, como si fueran capaces de llegar a las partes más remotas de su cuerpo. Aunque trató de evitarlo, se mordió el labio. Estaba expuesto y en una pose considerablemente bochornosa. Sin embargo, elevó las caderas y pasó las piernas por encima de los muslos de Yagi, quedando a su merced. Incapaz de soportarlo, desvió el rostro a un costado, sintiendo el calor del bochorno en las mejillas.

― Pareces ansioso… ―. Hizo notar el rubio.

― …puedo decir lo mismo, Toshinori… ―. Articuló, con los labios separados, tratando de que no se notara la desesperación que invadía su estómago ―. Apúrate, ¿quieres? Deja de perder el tiempo…

Empujó la pelvis para reafirmar su punto. El agarre de los dedos ajenos se cerró sobre su erección y empezó un vaivén pausado que le hizo arquear la espalda. Bajo su palma, la tela comenzó a arder un poco. Vio por el rabillo del ojo cómo el rubio escupía sobre sus dedos, llenándolos de saliva antes de conducirlos a la separación entre sus nalgas, un sitio que había tocado sólo un par de veces antes de manera superficial, sin atreverse a ir más allá de un par de caricias. Todo su cuerpo se tensó sólo por el roce.

― Diablos… realmente vamos a hacerlo… ―. Susurró Toshinori. Podía sentir la emoción en su voz.

Le hubiera gustado responderle algo, pedirle que cerrara la boca o que dejara de hacer el tonto y procediera con lo que debía hacer, pero no podía. Todo su ser parecía palpitar de calor. Se sentía arder por dentro y por fuera, de manera bastante antinatural. Una fina capa de sudor ya cubría su piel y su respiración estaba agitada. La mano que lo masturbaba le recordaba los momentos anteriores, lo bien que se sentía cuando Yagi lo tocaba, cuando ocupaba su boca para recorrerlo, cuando susurraba en su oreja esas frases sucias mientras se servía de su cuerpo a placer. Deseaba eso de manera insana, así que volvió a empujar sus caderas, sintiendo cómo los dedos húmedos se rozaban contra su intimidad descaradamente.

Toshinori… ― Consiguió decir y volteó el rostro para pedir con la mirada que siguiera adelante.

Lo escuchó gemir y luego vio cómo exhalaba con la boca, con las mejillas encendidas.

― Mierda, Enji…

No se dio a la tarea de decir nada más. Le mantuvo la mirada mientras comenzaba a meter uno de sus dedos en su cuerpo. Su interior se tensó y apretó alrededor del mismo. La intrusión era extraña y desconocida, ligeramente incómoda. Apretó los dientes y el entrecejo, todavía mirando a su novio, pero se negó a dejar de empujar el cuerpo.

― …muévelo… ―. Susurró.

Y eso fue lo que hizo, empezó lento, tanteando, como si hiciera una exploración de reconocimiento, retirando y regresando, flexionando por momentos. Los suspiros salieron de sus labios conforme se fue relajando, sintió los párpados pesados y un nuevo aumento de temperatura, al grado de que él mismo, resistente al calor, se sentía enfebrecido.

―…Enji, realmente estás ardiendo… por dentro, ah ― Aumentó el ritmo de la preparación luego de soltar esa frase y él no pudo sino arquearse un poco y gruñir de gusto.

El segundo dedo hizo su aparición. Entró abruptamente, sin aviso, lo que le quitó a la fuerza un jadeo de sorpresa y una sensación de incomodidad mayor. Volvió a tensarse; cerró los ojos con fuerza y pasó saliva, apretando la cintura de Toshinori entre sus muslos.

― ¿Estás bien? ― Preguntó, el rubio, moviendo suavemente los dedos, separándolos con calma. Su mano soltó su erección y se deslizó por el abdomen, pasó por el ombligo y continuó su camino, hasta que el pulgar fue capaz de acariciar su pezón. Ese chico sabía bien cómo y dónde tocarlo, por lo que se removió un tanto, arqueando la espalda.

― ¿Qué te hace parecer que… no lo estoy? ― Respondió en un murmullo, entreabriendo los párpados.

― Yo eh… no lo sé…

― ¿Quieres…? Toshinori… ya… es suficiente…

No quería seguir esperando. En realidad, parecía ser el más ansioso de los dos. Incluso si todavía no estaba del todo preparado, incluso asumiendo que la penetración iba a doler lo suyo. Iba a soportarlo. Cada célula de su cuerpo parecía gritar, encendida, necesitada. La mano que sujetaba la tela del futón estaba caliente; la superficie, ligeramente quemada. La ansiedad resultaba demasiado grande.

― ¿Estás seguro? ― Quiso saber Yagi, aunque de todos modos sacó los dedos.

― …no preguntes… sólo… maldición.

Notó un deje de nerviosismo en su rostro mientras se acomodaba. Volvió a escupir sobre su palma y sus ojos descendieron para ver cómo la llevaba a su sexo, lubricando tanto como le era posible de esa manera. Hasta ese momento, no se había puesto a pensar en la protección, ni en ninguno de esos tecnicismos necesarios, pero poco le importaba. Bufó cuando la punta pegó contra su cuerpo. Una voz lejana en su mente le dijo que estaban a punto de dar un gran paso y susurró que aquello iba a ser doloroso. Lo ignoró. No quería ninguna clase de consciencia que pudiera detenerlo en ese momento. Estaba dispuesto a pertenecerle al contrario de todas las formas posibles, a tomar de él, también, todo lo que quisiera. Y eso era lo que quería.

― ¡…!

No hubo aviso previó ni sutilezas, Toshinori empujó con fuerza, de una sola vez y el gemido acalorado que soltó se confundió con su propia exclamación sorda de dolor. Sus piernas se tensaron y se apretaron más. Los músculos al interior se cerraron casi con violencia y unos ligeros temblores lo recorrieron por completo. Dolía. Dos dedos no eran suficientes, la saliva tampoco había sido de mucha ayuda.

― Mierda, Enji… es demasiada presión… duele… ―. Murmuró el rubio con los dientes apretados.

― …ya sé… ―. Articuló, exhalando largamente, tratando de regularizar su respiración.

― ¿Debería…?

― No… no… ―. Pidió. No quería que se retirara ―. Sólo… espera…

Podía con eso. Apretó los ojos e inhaló con fuerza, tratando de relajarse. Escuchó a su pareja jadear. Luego lo sintió inclinarse, acercó su cuerpo nuevamente, hasta ser capaz de alcanzar su boca. Lo besó, temblorosamente, de manera entrecortada por la agitación de ambos. Mordió sus labios, recorrió su mandíbula y sus mejillas. Una mano ahora estaba en sus caderas y la otra vagaba por su costado, repartiendo caricias que poco a poco iban relajándolo.

― …estás quemando el futón… respira… respira… ―. Susurró contra sus labios. Inmediatamente después, empezó a mover las caderas.

La sensación de estar lleno se acrecentó al máximo. Percibía cómo su cuerpo se separaba, cómo sus nervios cedían prácticamente a la fuerza, quemando y protestando dolorosamente. Pequeños quejidos escapaban de sus labios constantemente y sus dedos no hacían más que presionarse con más fuerza sobre la tela. Pero, lentamente, comenzó a relajarse. Probó a empujar de nuevo sus caderas, luchando contra la incomodidad. Sus párpados se separaron para buscar la mirada ajena y no tardaron en hallarla, pues Yagi tenía la frente pegada a la suya. En esos escasos centímetros, sus alientos se mezclaron, el sudor que caía de la frente del rubio mojaba su rostro, afiebrado también. Lo escuchaba gemir, cada una de sus expresiones se iba grabando en su mente con una claridad de miedo y estaba seguro de que para su pareja era lo mismo.

El movimiento se hizo más fluido cuando los músculos comenzaron a ceder. El dolor punzante dejó asomar un regusto placentero en el que decidió enfocarse mientras empujaba su cuerpo. Percibió sus labios separarse, a sus manos tomar sitio en los hombros ajenos casi inconscientemente. Toshinori comenzó a ir con más fuerza, soltando gemidos y algunas maldiciones mientras lo embestía, cada vez con más facilidad, cada vez con más ganas. Gruñó cuando el impacto de las caderas contrarias se volvió brusco, cuando el rubio empezó a moverse contra su cuerpo con fuerza desesperada y su cuerpo comenzó a deslizarse encima del futón. El dolor regresó, pero vino acompañado de oleadas de placer cada vez más grandes. La voz que le llegaba a los oídos era la propia, pero sonaba casi desconocida.

Enji… Enji… ―. Repetía Toshinori, apretando los dientes por momentos ―. …eres tan…

Pocas veces lograba terminar la frase. Los movimientos medio erráticos de ambos lograron sincronizarse. Sus dedos apretaron los hombros ajenos; los sintió arder contra la piel ajena y, en algún punto, supo que quizás lo estaba quemando. Pero Yagi no se quejó. Aquella primera experiencia no duró demasiado. Incapaz de articular palabras coherentes, dejó que Toshinori hiciera de él lo que le quiso, incluso cuando el dolor no desapareció del todo. Terminó mientras decía su nombre y lo hizo dentro, de manera repentina y brusca. Luego llevó una mano a su sexo y lo acarició hasta que él también alcanzó el orgasmo.

Aunque había sido agridulce, Enji recordaría esa noche por muchos años más.


OKLAHOMA SMASH!

El grito resonó con fuerza desde adentro del edificio. Incluso su corazón endurecido pareció estremecerse con la voz del Símbolo de la Paz y se llenó de motivación repentinamente. Los enemigos seguían apareciendo y tantos como llegaban, tantos como calcinaba sin dudar un segundo. La situación era peor de lo que había parecido en un inicio y aunque su mente estaba en medio de la batalla, una parte, una muy profunda, continuaba creando recuerdos de los que le era difícil desprenderse. El muro entre el héroe y el hombre se volvió demasiado endeble, permitiendo que las memorias permearan su concentración.

Muchas veces durante su segundo y tercer año de Instituto, se había encontrado con All Might en situaciones similares, luchando hombro con hombro, avanzando entre los enemigos, sobreponiéndose a las adversidades para luego terminar con victorias aplastantes que revitalizaban sus ánimos y el sentimiento que profesaba por el rubio. La tensión de la pelea, las posibilidades de fallo, la sensación de hallarse al borde de la muerte o de levantarse luego de haber caído, el orgullo de triunfar, la rabia de la derrota… los cimientos que lo constituían los había construido al lado de Toshinori. Y ahora, peleando la misma batalla, en el mismo escenario, era imposible desterrar los pensamientos de su cabeza.

― ¡No puedo hacer contacto con Jeanist y los demás! ¡Su operación debió haber fallado! ― Gritó Tsukauchi a sus espaldas.

― ¡No es momento de estar balbuceando, maldita sea! ― Respondió con un grito, mientras el fuego abandonaba sus palmas en dirección a los nomu.

Tampoco era momento de estar pensando en sentimentalidades ni en rencores, pensó, pero no era algo que fuera a decirle a Naomasa. La mezcla entre adrenalina, furia y esa sensación de revivir, de alguna u otra manera, épocas que se habían marchado ya, sólo hacían que su poder y su determinación se hicieran más grandes.

― ¡Endeavor! ― Llamó una voz desde el edificio, del otro lado de un muro derribado.

Enji volteó y se encontró una nube de polvo que fue dispersándose con rapidez. En el centro de todo, lleno de presencia y desbordando fuerza, la figura imponente de All Might se erguía entre los escombros.

― ¿¡Estás bien!?

Su entrecejo se frunció. Esa pregunta, en esa situación, continuaba sacando fragmentos del pasado, de distintas circunstancias en las que los paralelismos en sus conversaciones se volvían innegables. Mientras luchaban, mientras practicaban, incluso cuando dormían juntos; el rubio siempre preguntaba la misma cosa. Con frecuencia, Todoroki contestaba con las mismas palabras.

― ¡¿Qué te hace parecer que no lo estoy?! ― Gritó en respuesta, con los cuerpos de los enemigos desperdigados en el suelo.

En ese momento, en medio de la pelea contra los nomus; frente a la mirada de Tsukauchi, que conocía su historia, volvieron a intercambiar el mismo diálogo de siempre. Por una fracción de segundo, más pequeña que un parpadeo, Enji reconoció en esa cara marcada por la edad la misma expresión del joven al que alguna vez había amado. Mas la visión se esfumó tan pronto como hubo aparecido y el orgullo volvió a levantar sus barreras inquebrantables alrededor de él. Había prioridades. No importaba cuándo recordara o cuánto insistiera su cabeza en rebuscar en épocas perdidas. La Liga de Villanos estaba jugando sus cartas. Algunos héroes habían caído y un joven, de la edad de su hijo menor, podría estar peleando por su vida en ese preciso momento.

― ¡¿Nuestro amado héroe #1 ya empezó a volverse senil?! ― Escupió en su dirección, consciente de que el lugar de All Might no estaba en una batalla menor. ―. ¡Si te vas, entonces no te quedes ahí, vete! ―. Ordenó.

Las pupilas del héroe refulgieron con determinación nueva. Se cruzaron con sus ojos e intercambiaron una mirada firme. All Might asintió, comprendiendo el sentido de sus palabras y, entonces, dijo lo siguiente.

Okay… ¡Te encargo este lugar!

Basta. Se dijo, tratando de acallar el sentimiento que le causaba sentir la confianza de Toshinori depositada en su persona. Es suficiente. Repitió mientras lo veía marcharse. Pero no hubo caso. El orgullo de sentirse reconocido se abrió paso en su pecho de manera violenta y encendió una llama que había estado esperando desde hacía 28 años atrás.


Infatuación: estado caracterizado por el
dejarse llevar por una pasión irracional,
tratándose de un amor adictivo.

Le gustaba despertarse en los brazos de Toshinori, pero no estaba dispuesto a admitirlo frente a él. Había comenzado su tercer año y las cosas por fin comenzaban a despuntar en su vida como héroes. Había avanzado, también, como persona. Las visitas de Yagi eran una constante; la cercanía con Tsukauchi se había hecho más grande e incluso sentía como si se relacionara mejor con la gente. Estar al lado de Toshinori le daba una especie de seguridad que nunca pensó encontrar en alguna persona. Por supuesto, no era como si de pronto le hubiera dado por sonreírle al mundo y comenzar a emular la actitud servicial y agradable de su pareja. Simplemente había comenzado a sentir que la gente era algo más que el objeto de su deber.

Desde que habían obtenido la licencia provisional, solían resolver la mayoría de los percances juntos. Él se limitaba a hacer lo suyo, es decir, a pelear; y le dejaba esas cosas complicadas, como las charlas y los saludos, al rubio. Sin embargo, no podía mentir. Incluso a él se le suavizaba el corazón al ver esa sonrisa tan amplia que tenía en los labios, junto con esa frase que realmente había comenzado a utilizar en las batallas: Todo está bien, ¿por qué, preguntas? ¡Porque yo estoy aquí! Sinceramente, al inicio le había resultado una estupidez, pero los heridos, los rehenes y las víctimas, parecían ver en ella un rayo de esperanza.

Se esforzaba tanto como podía para hacer su parte, incluso más. Tras el enfrentamiento que había tenido lugar en el callejón casi un año antes, había comenzado a notar que sus habilidades se hallaban cada vez un poco más lejos que las de Toshinori. Era fuerte, pero no tan fuerte; era rápido, pero no tan rápido. Y no era para nada carismático. Quizás en lo único que era superior a Yagi era en inteligencia, pero muchas veces todo se basaba en fuerza bruta. Lo que él quería era arreglar esa deficiencia como persona en mejorías como héroe. Dentro de sí pensaba que, si se mantenían juntos, eso sería más que suficiente para ser capaz de pararse a su lado y levantar la cabeza con orgullo. Ambos serían iguales y el mundo los reconocería como uno. Quizás entonces, cuando su fuerza estuviera al mismo nivel, Toshinori tendrá la confianza para decirle de dónde salían las heridas con las que regresaba o por qué de la nada tenía que enfrentarse con villanos que en su vida había visto. Aunque lo había intentado averiguar por su cuenta, todo lo llevaba a un callejón sin salida que, si se trataba de ser sincero, no hacía más que desesperarlo. Y es que no importaba cuántas veces le pidiera que le dijera o cuántas preguntas hiciera para encontrar alguna pista, Yagi siempre le respondía de la misma manera.

― No es nada de lo que debas preocuparte, Enji.

Y esa frase, incluso cuando venía acompañada con la sonrisa que en otras ocasiones hacía latir su corazón, no lograba sino inyectar un poco de veneno en su pecho. No contra su pareja propiamente, sino para sí mismo. Dentro de sí, las semillas de la inseguridad, del rencor y de la angustia, comenzaban a echar sus primeras raíces. Había comenzado a pensar que, si fuera más de lo que era en ese entonces, las cosas serían diferentes. El espectro de la inferioridad se cernía sobre él, oculto detrás de un sentimiento más fuerte al que llamaba amor.

De haber tenido la cabeza mejor plantada sobre los hombros, no hubiera tardado en darse cuenta de sus errores. Pero durante esa época no era más que un adolescente que poco sabía de la vida y su funcionamiento.

― Enji… ―. Susurró el rubio, apretando los párpados debido a la luz y acercándolo para que se recostara contra su pecho. Ambos habían crecido bastante, pero la altura de Toshinori era realmente un insulto.

― No puedes quedarte dormido todo el día y lo sabes ―. Murmuró, pero no se negó la posibilidad de acomodarse contra su cuerpo, extendiendo un poco más su descanso.

― Pero ayer impedimos un secuestro y salvamos a tres personas de un incendio… ― Protestó perezosamente.

― Eso no significa que hayamos salvado al mundo. Mientras tú duermes, un montón de crímenes se están llevando a cabo.

Lo escuchó emitir un quejido y luego percibió cómo sus brazos se cerraban más alrededor de él. El gorgoteo de su risa le llegó a los oídos.

― ¿Sabes cuál sería un crimen?

― Seguramente vas a decir alguna tontería ―. Se aventuró a decir.

― …no pasar el día entero contigo―. Dijo, riendo tranquilamente.

― Sabía que ibas a decir algo idiota…

Sin embargo, no pudo no sonreír un poco, si es que ese pequeño gesto en sus labios podía llamarse así. Esas frases tontas eran parte de Yagi, después de todo. Y es que él lo sabía mejor que nadie: de la puerta para afuera, cuando estaba siendo un héroe, Toshinori era una figura increíble, responsable y consciente de lo que debía hacer, pero como persona, así, como un ser humano común y corriente, no era más que un tonto con un corazón demasiado grande y poca experiencia en cualquier ámbito, lo que lo dejaba bastante vulnerable para las relaciones humanas. Claro, Enji tampoco era bueno con eso, lo que los dejaba en una posición interesante. Era sólo que, mientras Toshinori podría inspirar algo parecido a la ternura, él inspiraba miedo.

― Mi padre está en casa ―. Dijo. Se había enterado la noche pasada ―. Querrá que desayunemos con él.

Vio a Yagi parpadear un par de veces, repentinamente despierto. Enji sabía que el asunto de su padre lo ponía nervioso y la clase de encuentros que tenían en la habitación no hacía que nada de eso fuera más fácil para ninguno de los dos Ya había tenido un par de cuestionamientos acerca de los futones quemados o de la puerta rota, pero había logrado justificarlos con entrenamientos fuera de control, de los que su predecesor, aunque se veía un poco molesto, parecía sentirse orgulloso. Después de todo, Toshinori había salido en algunas primeras planas y él en alguna que otra nota secundaria. Eso era muestra de que la apuesta que había hecho en el futuro de su hijo no era un caso perdido.

― ¡Debiste decirme! ― Exclamó ―. No sé qué cara debería poner. Dormí con su hijo la noche anterior, por favor, deme su mano, Todoroki-san.

Así acabó con su buen humor.

― Deja de decir estupideces, Yagi ―. Murmuró entre dientes, lleno de fastidio ―. No es como si no hubieras hecho lo mismo por más de medio año.

Le dio un puñetazo en el abdomen por más que el rubio echó a reír. Bufó y se libró del agarre de sus brazos, luego se puso de pie y procedió a buscar su ropa sin voltear a verlo. Ese tema lo llenaba de ansiedad. No había forma en la que pudiera bromear acerca de eso. Tarde o temprano tendría que pararse frente a su padre y declinar las ofertas de miai que le enseñara: en algún momento debería sacar el pecho, levantar el mentón y decirle que no pensaba unir su vida a una mujer, por muy buena que fuera su posición social o sus genes. Llegaría el punto en que tendría que admitir que su amigo del Instituto era su amante y que pensaba quedarse el resto de la vida a su lado, con todo lo que eso implicaba. Eso no quería decir que estuviera listo para ver la cara de decepción de sus padres o que fuera capaz de enfrentarse a su furia. Por eso, que Toshinori hablara de ello como si fuera la cosa más normal del mundo lo alteraba.

― Sólo estaba jugando, Enji ― Se apresuró a decir ―. No tienes que enojarte. Sabes que no le diría nada así a tu padre, ¿verdad?

A Todoroki le hubiera gustado tener esa certeza, pero no lo hacía. Cuando las cosas llegaban a su cabeza y los escenarios se proyectaban en su mente, era difícil saber en qué confiar. Un descuido sería suficiente para que todo se viniera abajo.

― ¿Quién sabe? Eres un idiota. ¿Por qué no cierras la boca y te apresuras? ― Contestó con seriedad.

― Lo siento ―. Susurró Toshinori.


Una vez que los nomu dejaron de llegar, Endeavor dio un largo respiro. La cantidad de enemigos abatidos era enorme. Naomasa observó el panorama y aprovechó ese momento para acercarse a su lado, luego de que hubiera recibido algunas noticias acerca de la situación de Lady Mountain y Best Jeanist. Las cosas no pintaban bien, pero podrían cubrirlo.

― Están teniendo algunos problemas del otro lado ―. Dijo

― ¿Y qué estamos esperando? ―. Cuestionó.

La mirada de Endeavor no parecía estar llena de ira o de indiferencia como solía hacerlo. Lo pensó desde que se habían encontrado esa tarde, pero algo había de diferente en sus ojos. No era amabilidad, era más como… ¿emoción? No sabría describirlo; incluso el tono en el que hablaba era capaz de motivar a cualquiera, algo poco común en su persona.

― Lo estás llevando bastante bien, Todoroki ―. Señaló, tanteando el terreno.

― Sólo hago lo que debo hacer ―. Replicó. Gruñó cuando se dio cuenta de que le había respondido a pesar de que lo había llamado por su nombre.

― Creo que estás haciendo más que eso. Me recuerda a cuando peleabas al lado de Yagi, ¿sabes? Parece que...

― ¿Crees que es tiempo de estar hablando del pasado, Tsukauchi?

― No, en lo absoluto ―. Confesó ―. Pero tengo la sensación de que has estado pensando en ello.

― ¿Y a ti qué más te da lo que haga o no? Ocúpate de tus asuntos.

Antes de que pudiera decir algo más, Endeavor se había marchado. La irritación con la que le había respondido, sin llegar a armar ningún percance, le decía que sus intuiciones no iban por mal camino. Ya habría tiempo para ahondar en la situación.


Bueno, varias cosas. Primera: no tengo talento para escribir smut. Se me hace complicado, pero lo intenté. (?) Segunda: siempre he creído que Enji tuvo una época de reblandecimiento. Es decir, las personas modifican su forma de ser con frecuencia, dependiendo de las situaciones. Y cuando es joven, la verdad es que sí se pone todo estúpido. De cualquier forma, me disculpo por lo OC. Tercera: lo siento de nuevo si el asunto va rápido con los saltos temporales. ;u; Cuarta: Omití a Edgeshot de las escenas de pelea porque se me hacía algo complicado llevar ambas perspectivas: la introspectiva y la externa, donde se desarrolla la acción.

Pero ya saben, es un fanfic de romance o algo así. (?) Perdón de todos modos. ;u;

Espero que les haya gustado y que no se hayan decepcionado a estas alturas por el plot. ;u; Gracias por leer. 3