Esto es muy random. (?) Empecé ayer a editar el capítulo y pensé que me iba a tardar más jaja. Luego consideré arreglarlo y dejarlo por ahí hasta la siguiente semana, pero luego recordé que me prometí subir los capítulos conforme los fuera editando, así que... nada. Aquí está. El siguiente lo subiré tan pronto como sea algo decente. (?)
¿Se acuerdan que había dicho que Tsukauchi era importante y por eso lo dejé a pesar de la poca correspondencia? Pues bueno, éste es uno de esos capítulos importantes jaja.
Hay spoilers del capítulo 93 del manga... que son bastante fuertes, a mi parecer. Así que quedan advertidos. (?) ¡Gracias por seguir la historia! 3
VI
Cuando Naomasa abrió la puerta del apartamento, todas las alarmas se dispararon en su cabeza, sonando como si las sirenas de las patrullas policiacas estuvieran pitando a la mitad de la noche. No sabía qué estaba sucediendo, pero lo intuía. Todoroki Enji podía calcinarlo en menos de un minuto, sin decir palabra alguna, sin dejar apenas que se le desacomodara un cabello. Su altura era imponente y la contextura de su cuerpo todavía más. De no haberlo conocido, la mirada que le estaba dando le hubiera causado un escalofrío de terror, pero, en lugar de eso, sólo hizo que algo en su pecho se agitara. Aunque le hubiera gustado decir que era una sorpresa verlo parado en su puerta, la verdad era que no. En alguna parte de su cabeza, sabía que un encuentro de ese tipo era altamente posible.
En ese instante no sabía que esa misma escena se iba a repetir una y otra vez a lo largo de varios meses. Tampoco sabía que el peso del silencio iba a terminar por asfixiarlo.
―Tsukauchi ―. Dijo.
En apariencia, el pelirrojo estaba igual de serio e intimidante que otros días. Quizás un poco más. Su voz, profunda como siempre, llegaba a los oídos con fuerza. Pero había algo al fondo de sus ojos, en los que siempre había visto la vergüenza o la molestia que lo acompañaba cuando estaba con Yagi, esta vez, había una especie de desesperación, un deje de dureza. Era un cambio apenas notable, pero que no le pasó desapercibido luego de haber compartido tantas tardes sentado frente a él. Sintió que su estómago se revolvía.
― Ah, hola, Todoroki ―. Se forzó a responder, tratando de desviar su mirada ―. ¿Cómo sabes… dónde vivo?
La pregunta le escapó de los labios con nerviosismo. No recordaba que alguna vez lo hubiera invitado o que le hubiera dicho su dirección. Sin embargo, ahí estaba. Tampoco se había reunido con él sin que Yagi estuviera de por medio. Interactuar con el chico de esa forma, solos los dos, parecía una empresa fuera de sus límtes.
― Me disculpo por la impertinencia. Toshinori me dijo dónde vivías un día que estábamos cerca del vecindario ―. Se excusó, tan propio como siempre.
― Oh, entiendo… ―. Murmuró ―. ¿Quieres… pasar?
― Con permiso.
Naomasa se hizo a un lado para que el contrario ingresara a su casa. La puerta parecía pequeña frente a él. Lo vio quitarse los zapatos sin ninguna prisa, acomodarlos de manera alineada y dar un único paso al interior, quedándose ahí educadamente, hasta que él cerró la puerta y lo condujo a la sala, a unos pasos de ahí. Sus padres todavía estaban en el trabajo, así que, por el momento, él se encontraba solo en casa. Todoroki no se molestó en mirar la decoración, ni en hacer comentario alguno sobre la estrechez del apartamento. Esperó a que le hiciera una seña o le diera una indicación para tomar asiento en el sofá.
Tsukauchi se sentó enfrente, de modo que se encontraron separados por una pequeña mesa. La tensión era clara; sus manos sudaban y todo su cuerpo estaba alerta, incluso cuando sabía que, en un enfrentamiento, sería él quien saldría perdiendo. Hubo un momento de silencio, en el que observó al contrario mirar la superficie de la mesa con el entrecejo arrugado, meditando, sin lugar a dudas. Dio respingo cuando, inesperadamente, un gran suspiro, lleno de un agobio enorme y un rastro de molestia, abandono los labios ajenos. Era difícil concebir que el pelirrojo fuese capaz de hacer esa clase de sonidos.
― ¿Qué sucede?
Fue un cuestionamiento tentativo. Enji le importaba, por supuesto. A veces bromeaban o charlaban cuando se encontraban los tres. Sin embargo, también sabía que era un chico demasiado orgulloso y que, mostrarse vulnerable, por poco que fuera, lo molestaba hasta niveles indecibles. Algo dentro de Tsukauchi le decía que sólo le permitía ver esas partes suyas a Yagi, como era de esperarse. Como nunca se había imaginado en esa situación, no sabía cómo proceder. Le aterraba sacarlo de sus casillas y temía que eso pudiera suceder si no tenía cuidado
― No sé nada de Toshinori desde hace un par de días ―. Confesó. Lo vio apretar los dientes, como tratando de controlarse ―. No ha aparecido en la escuela hoy, no ha llamado ni me ha escrito. Me estaba preguntando si tú sabías algo ―. Agregó y levantó la vista para poder verlo. Aunque el rostro en general era inexpresivo, lo alcanzó una agitación incontrolable ―. Eres su mejor amigo, después de todo. Esperaba que confiara en ti y te dijera a dónde diablos fue, ya que no parece confiar en mí en lo absoluto.
En esas palabras, Tsukauchi pudo experimentar un sinfín de cosas. En un inicio, percibió una ligera vibración en la voz del contrario, muestra de una preocupación que se esforzaba en ocultar; luego, conforme hablaba, la decepción hizo notorio su rastro y al final, mientras murmuraba entre dientes, la frustración y la ira contenida quedó patente. Si Naomasa tenía que ser sincero, no podía culparlo, ni siquiera por recurrir a él sin aviso alguno.
Pero sí que iba comenzar a culparse a sí mismo. Era claro cómo los dientes de Enji se presionaban al interior de la boca y veía la manera en la que las venas sobresalían en sus manos y en sus brazos debido a la tensión de todo su cuerpo. Su entrecejo estaba arrugado a más no poder y los labios tenían una mueca de molestia, pero más allá de eso, el aura que desprendía era de alguien que está intentando ser fuerte y a quien cada vez le cuesta un poco más mantener su fachada. Si detrás de ésta era más grande el sentimiento de abandono o de rabia, eso no lo sabía. Lo peor de todo era que él no podía sacarlo de su pesar por más que lo deseara, por más que tuviera los medios para hacerlo. Estaba en una encrucijada, pero incluso si accedía a decir la verdad, era imposible saber si eso era lo correcto.
Sabía, desde unos años atrás, que el quirk de Yagi Toshinori era un quirk impropio. Conocía acerca de Nana y de Gran Torino, así como de las grandes responsabilidades que tendría que asumir en el futuro; sabía acerca de All for One y de todos los métodos que estaba utilizando para realizar ataques en puntos estratégicos. Sabía que, la noche en la que Todoroki había terminado sobre una cama en U.A., los enemigos con los que habían peleado eran villanos en servicio de All for One y también sabía que, si Yagi no se encontraba en ese momento, era porque había surgido un percance en Nagoya con una célula de villanos. Era, como todas, una misión importante en la que podía perder la vida.
"Tengo que hacerlo" le había dicho el rubio "Quiero ser la clase de héroe que haga del mundo un lugar seguro para vivir. Quiero que la gente sepa que todo estará bien si yo estoy ahí"
Luego lo miró a los ojos, le puso una mano en el hombro y dijo:
"No le digas a Enji"
Por supuesto, él le había preguntado si no era más fácil sólo decirle al pelirrojo lo que estaba pasando o dejar que se uniera a su lucha como parecía querer hacerlo. Le había confiado su secreto a él, un ser humano sin quirk. ¿Por qué no decírselo a un héroe? Estaba seguro de que Todoroki no lo revelaría nunca, sin importar lo que tuviera que pasar para protegerlo.
"Si ellos se enteran de que estoy con él, de que me importa, no tardarán en ir a buscarlo. Sé que es fuerte, pero ellos también lo son. Harán cualquier cosa para frenar mi avance… Quiero protegerlo a cualquier costo y si eso significa que debo mantener esto en secreto, entonces eso es lo que voy a hacer. Por favor, Tsukauchi. Es probable que venga a buscarte, pero no le digas nada. Prométeme que no lo harás".
Y ahí estaba, con un nudo en la garganta, sentado frente al que, seguramente, sería uno de los más grandes héroes de las generaciones siguientes, sin saber qué decirle. La respiración se le cortó unos segundos y sus ojos buscaron cobijo en el suelo a pesar de que sentía la mirada azul de Enji sobre su rostro, esperando una respuesta que él no iba a darle. ¿Era eso traicionar la confianza que Todoroki había puesto en su persona? Probablemente. Pero le había hecho una promesa a Yagi y tampoco pensaba romperla. Se sentía dividido, pero, al final, terminó negando.
― No, no he sabido nada de él ―. Susurró con la garganta seca.
Un gruñido le llegó desde el sofá que tenía en frente. Por un momento se preguntó si el contrario había logrado ver a través de su mentira y ahora se levantaba para buscar revancha, pero cuando volvió a levantar el rostro, todo lo que vio fue a Todoroki inhalando con fuerza, como si luchara consigo mismo para mantener la compostura. Había algo en su actitud, alguna clase de gesto que no lograba comprender en su rostro que lo hacía sentir terriblemente culpable. No podía describirlo, no podía señalar qué era lo diferente, pero la dureza de la expresión remitía a un sentimiento de impotencia.
¿Era eso lo mejor para Enji? Casi podía apostar que, si le decía que Yagi estaba en Nagoya, iría corriendo sin dudar un segundo, dispuesto a caer luchando a su lado. ¿Qué tan dolorosa podía ser su incertidumbre? Abrió la boca para decir algo, pero antes de que pudiera formular frase alguna, las palabras salieron de los labios ajenos, rasposas y frías, como lanzas que, incluso si no era su asunto, fueron a clavarse a alguna parte de su pecho.
― ¿No soy una persona en la que se pueda confiar, Tsukauchi? ―. Preguntó. Él no supo qué responder ―. ¿Realmente estoy tan debajo de Toshinori como para que no sea capaz de decirme qué es lo que está sucediendo?
El regusto amargo se sentía a cada palabra. La vulnerabilidad se confundía con la ira y sus ojos ardían llenos de furia, buscando respuestas a preguntas que no las tenían. Había, también, una determinación insana, incomprensible.
― Todoroki, no creo que…
― Basta ―. Interrumpió, poniéndose de pie en ese preciso instante ―. Si no sabes nada, no importa. Pido perdón por las molestias que pude haber causado. Me retiro ―. Dijo.
No esperó un segundo más. Naomasa no trató de detenerlo. Enji se calzó con prisa y salió por la puerta, sin dedicarle una sola mirada más.
A Tsukauchi realmente le hubiera gustado que el asunto no se hubiera repetido. Le hubiera gustado que Todoroki no volviera a buscarlo. Era egoísta, pero luego de que Enji se hubo marchado esa tarde, no pudo sacarlo de su mente. Era casi un pensamiento surrealista. Lo había visto pelear, lo había visto barrer el suelo con Yagi, saltar a la acción sin dudarlo un segundo. Era poderoso, era inteligente. Salvo el carisma y la facilidad de sonreír, lo tenía todo. ¿Cómo podía creer que estaba por debajo de Toshinori?
― Todoroki vino a verme el lunes ―. Dijo; primero porque no quería esconderle cosas. Segundo, porque sentía culpa.
Los ojos de Yagi se abrieron hasta la desmesura.
― Dime que no le dijiste nada ―. Exigió.
― No lo hice, pero… quizás deberías…
― No ―. Fue una sola palabra, certera, cortante.
― ¿Por qué no?
― Ya te lo dije, Tsukauchi ―. Argumentó ―. Si cualquiera se entera, van a ir a buscarlo y… no quiero pensar en lo que podrían hacer con él. ¿Sabes la clase de monstruos que pelean con All for One? No los has visto… no tienes idea de lo que pueden hacer.
En eso tenía razón. Lo que había visto Toshinori seguramente había sido terrible; ni siquiera lo dudaba. Pero, sin importar lo que dijera, la expresión de Todoroki no abandonaba su cabeza.
― Es fuerte, Yagi ―. Insistió ―. Estoy seguro de que…
― ¡Te dije que no, Tsukauchi! ―. Levantó la voz de manera tan repentina que se quedó en medio de su réplica, sorprendido por la brusquedad ajena. Pareció darse cuenta de su actitud, por lo que lo vio inhalar y mirar a otra parte ―. No… no voy a cambiar de opinión.
Podía entenderlo en cierta medida, pero no lograba terminar de averiguar la estructura del pensamiento del rubio. No si pensaba proyectar una relación con Enji a largo plazo. Tratando de mantenerse calmado, le hizo una última pregunta.
― ¿Vas a escondérselo para siempre?
Las facciones de Toshinori se endurecieron de repente. El rostro pacífico y agradable de Yagi de pronto se veía severo. Cerró los ojos y suspiró.
― No lo sé.
Luego de eso, no quiso decir nada más.
La segunda vez que Todoroki apareció en su puerta, no se sorprendió en lo absoluto. Tampoco lo hizo en la tercera, ni en la cuarta. Para la quinta ocasión, simplemente se hizo a un lado y lo dejó pasar. Enji ya no decía nada; se deslizaba casi silenciosamente, perdido en sus pensamientos, con rasgos cada vez más duros y ojos cada vez más fríos. Tsukauchi había mantenido su promesa con Yagi, así que el pelirrojo no parecía encontrar sentido en preguntarle si sabía algo. Sin embargo, tampoco hablaba con Toshinori acerca de las visitas constantes que el pelirrojo hacía a su casa. La presión estaba por todos lados. Guardaba silencio por Enji, guardaba silencio por Toshinori. Y la culpa, destructora de paz, creció cuando empezó a sentir algo más que preocupación por Todoroki. Un secreto más que mantener resguardado.
Enji se sentó un momento en silencio, con los ojos cerrados. Naomasa lo dejó estar así, sin decir palabra alguna, limitándose a observarlo. El miedo de la primera vez, la posibilidad de ser calcinado, incluso la tensión incómoda que había entre ambos, todo se había ido diluyendo hasta desaparecer. Todoroki había bajado sus barreras frente a sus ojos y, a cambio, él le ofrecía un apoyo silencioso.
― Hay algo que quiero mostrarte ―. Mencionó tras unos minutos, en calma. Se puso de pie y le solicitó silenciosamente, con una mirada, que hiciera lo mismo.
― ¿Qué?
― Hay que ir afuera ―. Agregó ―. Hacerlo adentro sería una irresponsabilidad.
― ¿De qué hablas? ― Cuestionó de todos modos.
― Sólo muévete, no tengo todo el día.
A diferencia de las otras veces, parecía que el chico tenía más disposición. No dudó en seguirlo, tomó sus llaves y cerró la puerta detrás de ambos. Bajaron las escaleras sin mediar ninguna palabra, salieron del edificio y Todoroki se dirigió al parque medio abandonado que estaba cerca. Debido a que la zona en la que vivía no era ni la más segura ni la más transitada, el parque estaba bastante descuidado y desierto. Enji anduvo unos momentos hasta que se detuvo frente a un árbol seco. Sin voltear a verlo, uno de sus puños se encendió completamente. Naomasa dio un respingo, previendo lo que iba a hacer.
― ¡Hey, espera! ¿Eso no es ilegal?
― Tengo mi licencia ―. Replicó.
Sin lugar a discusiones, lo siguiente que vio fue cómo su mano se movía y se formaba una lanza ardiente, como si el fuego entre sus dedos se hubiera solidificado. Echó el brazo hacia atrás para tomar impulso y la saeta cruzó la distancia con un silbido. Con una precisión de miedo, la punta se clavó en el tronco, apenas un instante previo a que las llamas se extendieran e iniciaran la combustión, abrasando todo a su paso.
No pudo contener su sorpresa.
― ¿Qué es…?
― Cállate, no he terminado.
Cerró la boca inmediatamente, presa de una curiosidad cada vez más enorme. Las llamas anaranjadas todavía ardían contra la madera cuando Enji se acercó y, sin ninguna duda, metió la mano entre las mismas. Lo vio inhalar y luego soltar un gruñido. De un momento a otro, las lenguas de fuego se hicieron más grandes y su tonalidad comenzó a cambiar hasta adoptar un tono azul. Aunque estaba a unos metros, el calor le golpeó el rostro de lleno; intenso y agobiante. Por un momento se le cortó el aliento y no pasaron más de unos segundos antes de que el tronco se convirtiera en un montón de ceniza. Cuando Todoroki se apartó, la llama azul bailoteaba en su palma, luego regresó a su color anaranjado y finalmente se extinguió.
― Estoy tratando de alcanzar la temperatura más alta ―. Explicó, todavía sin voltear a verlo, concentrado en los restos de su hazaña ―. Todavía no puedo mantenerlo el tiempo suficiente.
Antes de que pudiera contestarle, reparó en el color enrojecido de su mano y parte de su brazo, que colgaba a un costado de su cuerpo. Su mente reaccionó y levantó ambas cejas con sorpresa. Quería preguntar cuántos grados había alcanzado, felicitarlo por su avance, quizás, pero había otra cosa que lo inquietaba.
― ¿Eso te quema?
Siendo que se trataba de Endeavor, a cualquiera le hubiera parecido una estupidez.
― No es importante. Un quirk es algo que se entrena y se mejora llevándolo al límite una y otra vez. Por supuesto que hay algunos efectos secundarios, pero todavía estoy lejos de mi marca.
Cerró los dedos en un puño y no agregó nada. Naomasa podía ver su espalda, la tensión que llevaba en los hombros y que le parecía ser bastante grande. Sabía que era incapaz de aliviarla. Aunque eran amigos, su lugar estaba del lado de los espectadores y todo cuanto podía hacer era mirarlo a la distancia.
― ¿Es un nuevo movimiento, entonces?
Sólo entonces el chico se volteó. Frunció los labios y bufó, como si le acabara de preguntar una obviedad. Se tomó unos segundos y exhaló un suspiro molesto.
― No quiero que ese idiota siga estando por delante de mí.
Y Tsukauchi no tuvo que preguntar para saber de qué idiota estaba hablando.
― Un día voy a ser lo suficientemente fuerte como para que lo reconozca y entonces voy a aplastarlo. Voy a hacer que muerda el maldito polvo ―. Murmuró ―. Entonces va a darse cuenta que seguir escondiendo cosas es una estupidez. Que crea que puede seguir salvando el mundo solo no significa que realmente pueda hacerlo. No es como si estuviera ciego.
Comprendió la primera parte, más o menos. La motivación de Todoroki tenía una raíz bastante clara. Pero la última frase lo descolocó considerablemente.
― ¿Qué? ―. Inquirió.
Enji se cruzó de brazos.
― No me digas que no lo notaste. No puedes ser tan tonto.
―¿El qué? ―. Preguntó de nuevo, incapaz de tomar el hilo de pensamiento.
― Las fechas ―. Soltó ―. Las notas en el periódico. No se necesita ser un maldito genio para ver la relación entre ellas. Miyagi, Nagoya, Osaka… ¿ese imbécil realmente piensa que somos estúpidos? ¿De verdad cree que puede mentirme de manera tan descarada, tan obvia? ―. Gruñó de manera contenida. Naomasa estaba seguro de que quería gritar ―. Voy a matarlo la siguiente vez que lo vea.
Esta vez su aliento se cortó por un motivo diferente. No sabía qué tanto había estado investigando el contrario por su parte, pero el que hubiera llegado a esa conclusión solamente le decía que Enji tenía una inteligencia muy por encima de la media. Efectivamente, Toshinori había estado en esos lugares, pero decir que cualquiera podría haberlo averiguarlo era algo impensable. No había salido como tal en las noticias, propiamente, porque eran percances aislados. De cualquier forma, no era el nombre de Toshinori el que salía en las notas. Imaginaba que Todoroki podía reconocer el rastro del rubio con ver las escenas.
A pesar de eso, lo que le sorprendió no fue el descubrimiento que había hecho el pelirrojo en sí, sino la manera en la que hablaba de Yagi. Su voz estaba empañada de enojo y, quizás, de algo de rencor. Desde que los conocía sabía que tenían una rivalidad escolar, siempre intentándose superar el uno al otro, pero ver la forma en la que el contrario llegaba a sus límites solamente para superar a Toshinori, para hacerlo morder el polvo… bueno, no iba a decir que no era un poco retorcido; la dualidad entre pareja-rival era demasiado compleja.
La segunda cosa que le llamó la atención fue que hablara de un nosotros, lo que no hizo sino aumentar el peso de la culpa que llevaba cargando en las espaldas. Él siempre había sabido dónde estaba el rubio; tenía las respuestas a las preguntas que alimentaban su inceritumbre; pero Todoroki seguía pensando que estaban en el mismo barco, cuando que, en realidad, siempre había estado navegando solo.
No supo qué decirle y Enji no lo obligó a darle una respuesta. Se limitó a mirarlo cuando pasó a su lado, dispuesto a salir del parque. Caminó detrás de él y volteó el rostro, sintiendo que algo entre ellos se había quemado junto con la madera del tronco, cuyas cenizas, restos de la combustión, subían en una pila de humo para perderse en la inmensidad del cielo.
"Recuerdo que el amor era una blanda furia
no expresable en palabras.
Y mismamente recuerdo
que el amor era una fiera lentísima:
mordía con sus colmillos de azúcar
y endulzaba el muñón al desprender el brazo".
Todas las mañanas en las que se levantaba y asistía a clases sólo para notar la ausencia de Toshinori, sentía que una clase de hiel hirviente subía por su garganta y se extendía por cada nervio de su cuerpo, consumiendo lentamente cada centímetro de su ser. Con frecuencia cerraba los ojos, avanzaba hasta su asiento y se sentaba a gruñirle a cualquiera que se acercase. Las clases eran tediosas en su mayoría y sólo las prácticas de pelea lo ayudaban a sacar parte de toda esa frustración que iba acumulando.
Pero nunca era suficiente.
Por más que dejara salir sus llamas sin ninguna limitante, por más que rostizara enemigos falsos y terminara mandando a sus compañeros a la enfermería; por más villanos y delincuentes que detuviera en su pasantía; por más palmas que golpearan su espalda; por más agencias que lo llamaran interesado… la furia que corría por sus venas jamás cesaba.
Cuando descubrió el rastro de Yagi en los periódicos, sintió que algo dentro de sí se rompía. No, no era su corazón. Era su orgullo y, probablemente, era peor que lo primero. Siempre, hasta ese momento, había querido pensar que estaban juntos, más o menos al mismo nivel. Todas las batallas que habían librado hombro con hombro de pronto parecían dejar de tener sentido y, sin embargo, continuaba pasando sus días y sus noches con el cuerpo enredado en el contrario, entregado a una pasión amarga y cada vez más oscura que lo carcomía por dentro y se escondía bajo las oleadas de un placer enorme; detrás de unos brazos demasiado cálidos.
Así que siempre que entraba al salón de clases y veía la deslumbrante sonrisa de Toshinori recibiéndolo, incluso cuando su rostro estaba lleno de vendajes, no podía contener una sensación de alivio. Sabía que le había mentido, que se había marchado sin decirle una palabra, que podía haber muerto y él nunca se hubiera enterado de las circunstancias. Sabía que lo había subestimado y lo había pasado por alto, que consideraba su relación como personas y su relación como héroes como dos líneas paralelas que nunca iban a tocarse. Sabía que Toshinori lo miraba hacia abajo, sin permitirle pararse a su lado. Y a pesar de eso, a pesar de la rabia y la humillación, se sentía agradecido por verlo vivo.
Y era eso mismo lo que odiaba. Amar tanto a Yagi Toshinori
Una parte de sí pensaba que, si no estaban al mismo nivel, entonces él se esforzaría por alcanzarlo, por superarlo, incluso. Quizás entonces el rubio entendería que no era alguien para dejar atrás, sino alguien a quién tener cerca. En medio de esa turbulenta niebla que era su mente, decidió que la única solución era volverse más fuerte. Por eso había estado entrenando incluso después de la escuela y de las prácticas; por eso dejaba salir sus llamas todas las noches hasta que sus manos ardían y su cuerpo se precipitaba al suelo sin energía alguna; porque así, mientras más pronto se fortaleciera, más pronto podría estar a su lado. Si realmente había un futuro por delante, entonces iba a dar todo lo que tenía por alcanzarlo.
― Sé dónde has estado ―. Soltó cuando se hallaron solos. Él no iba a esconderle cosas.
Los ojos de Toshinori se abrieron hasta la desmesura. Lo observaron fijamente y luego se cerraron. De los labios del rubio escapó un suspiro que le pareció cansado.
― Enji… ―. Susurró.
Sintió los brazos alrededor de su cuerpo, fuertes; lo atrajo hacia su pecho y lo pegó a él. Todoroki se dejó hacer sin protesta alguna. A diferencia de las primeras veces, cuando comenzaron a salir, había una sensación de fragilidad entre ambos. Por supuesto que Yagi sonreía y que seguía siendo un poco tonto, pero en esos instantes, cuando volvía de esas misiones de las que nunca hablaba, su relación se sentía opacada por una nube de incertidumbre y tensión.
― No te atrevas a negarlo, Toshinori ―. Exigió contra su hombro.
― No pensaba hacerlo.
― ¿Vas a decirme de una maldita vez lo que está pasando?
Ya sabía la respuesta.
― No puedo.
Sin importar cuántas veces se preparara para esa respuesta, su cuerpo siempre se sentía frío. Cerró los ojos mientras sus dedos se cerraban sobre la tela de su playera, soportando. La furia que lo habitaba comenzó a agitarse como una bestia hambrienta.
― Lo siento, Enji, pero no puedo decírtelo. Tiene que ser de esta manera.
― ¿Cuándo vas a poder? ― Gruñó ―. ¿Te parece bien largarte todo el tiempo sin decirme nada, viniendo cuando se te ocurre como si nada hubiera pasado? ― Murmuró entre dientes. Las preguntas se amontonaban en su boca, buscando salir de manera casi violenta. Levantó el rostro para mirarlo.
― Yo…
― ¡No! ― Exclamó, interrumpiendo sus palabras. No quería escuchar más de lo mismo ―. ¿Qué fue toda esa mierda de "vamos a luchar juntos"? Si no soy suficientemente confiable o fuerte para ti, sólo dilo, Yagi.
― ¿Qué dices? ¡Enji! ¿De dónde sacas eso?
Pese a que no solía ser del tipo sarcástico, aquella pregunta le resultó tan ofensiva, tan molesta, tan malditamente estúpida que no pudo contener una risa sardónica. Los ojos de Toshinori, generalmente tranquilos y apacibles, mostraron incomprensión.
― No me vengas con esas estupideces.
La última sílaba de su frase vibró cuando su voz se rompió. Volvió a apretar los dientes y gruñó con fuerza, luchando contra el grito frustrado contenido en su pecho. Sintió que su respiración comenzaba a agitarse y un picor poco usual se hizo presente en sus ojos. El líquido caliente del llanto propio de la rabia brotó sin que pudiera hacer nada para detenerlo, empañando ligeramente su visión. Todo su cuerpo, hasta el último centímetro, comenzó a ganar temperatura. El puño en la playera ajena se apretó.
Jamás le hubiera permitido a nadie verlo llorar, fuera por el motivo que fuera. Pero el sentimiento que lo embargaba estaba más allá de su control. Todo el tiempo se la pasaba diciéndose que era fuerte y que podía hacerle frente a cualquier situación, pero aquello dolía demasiado. La incertidumbre, la furia, la decepción, el miedo, la impotencia, el amor mismo… todo lo estaba sobrepasando.
― ¡¿Qué…?! Oye, ¿estás…? ―. Preguntó el rubio, sorprendido ―. Enji…
― Déjame en paz.
Lo soltó bruscamente y se llevó el dorso de la mano al rostro, limpiando las fastidiosas lágrimas que reaparecían apenas las secaba. Trato de empujarlo y de poner distancia, pero el otro no se lo permitió.
― No ―. Determinó.
El agarre de sus brazos alrededor de su cuerpo se volvió más fuerte. Hizo un par de intentos más para soltarse, pero terminó cediendo. No entendía por qué era incapaz de resistirse, ni por qué se sentía tan vulnerable cuando se trataba de Toshinori. Deseaba golpearlo hasta el cansancio por ser el causante de esa sensación agónica que albergaba, pero tampoco pudo. Yagi lo abrazó con fuerza sin hacer preguntas, buscó sus labios y puso en ellos un beso detrás de otros. No volvió a disculparse. No ofreció ninguna explicación. Ni siquiera dijo una palabra más.
Lo sostuvo contra su cuerpo como si nunca fuera a soltarlo, como si fuera incapaz de vivir lejos de él.
Enji pensó que no había crueldad más grande que ésa; Toshinori se marchaba y la ira confundía sus sentidos. A su regreso lo sujetaba con una necesidad tal que era incapaz de negarse a él. Era un bálsamo para el dolor que él mismo había causado. Pero incluso así, él siempre lo aceptaba de vuelta.
El estruendo de la pelea llegaba claramente a sus oídos. Sus piernas no parecían avanzar lo suficientemente rápido. Las calles que habían sido desalojadas, las casas destruidas, los helicópteros volando y las nubes de polvo, le causaban un mal presentimiento. Algo no iba bien. Sin importar cuántas peleas de All Might hubiera visto, tenía el sentimiento de que ésta era diferente.
La figura del villano se elevó en el aire justo al momento en el que llegó a la escena. No había tiempo para buscar al Símbolo de la Paz entre los escombros por más que su mente gritaba que lo hiciera. En su lugar, dejó que una ráfaga de fuego se extendiera en el espacio en dirección al hombre que se mantenía en el aire. Un ataque sorpresa podía marcar la diferencia. Mas las llamas fueron neutralizadas con un movimiento, sin haber alcanzado a rozar mínimamente la figura suspendida.
Maldijo. ¿Por qué Toshinori no había atacado en ese segundo?
― ¡¿Qué estás…?!
Empezó a decir, al mismo tiempo en que el polvo y el fuego daban paso a la claridad. Sus ojos lo encontraron al instante y, en menos de un segundo, todo su cuerpo pareció enfriarse sólo para hacer combustión inmediatamente después. En medio de la rabia, de la adrenalina, de la incomprensión, del dolor y de una desesperación sospechosamente conocida, su mente llegó a la descarnada conclusión de que la figura demacrada en medio del campo de enfrentamiento era Yagi.
― ¡¿QUÉ DIABLOS PASA CON ESA APARIENCIA, ALL MIGHT?! ― Gritó, dejando salir todo el aire de sus pulmones. Fue una exclamación inadvertida, que pedía una verdadera respuesta.
Nunca podría describir con certeza qué sintió en ese preciso momento. El tiempo, aunque fue por un fragmento demasiado breve, pareció detenerse. Todo era demasiado nítido. El traje de héroe que el mundo conocía colgaba como un trapo viejo de unos hombros demasiado delgados, de un cuerpo extremadamente frágil. La cara alargada y el cabello hacia abajo le recordó vagamente a esas épocas en Instituto de las que intentaba huir por todos los medios. Los ojos de Toshinori, la única cosa que podía reconocer con toda certeza en ese intento de hombre, se clavaron en los suyos casi con vergüenza. Había un deje de resignación en él que no entendía y Enji esperaba una voz que no escuchaba, una respuesta, una explicación. Cualquier cosa.
El enemigo habló.
― Aunque ya todos fueron bastante mediocres, el haberse encargado del nomu era de esperarse del hombre que ascendió al rango del número 2.
Apenas si pudo escucharlo. Incapaz de apartarle la mirada, el resto del mundo se volvió borroso y sus propios intentos de ataque se frenaron. Todo estaba mal. De inicio a fin. Toda la pelea, toda su historia. Todo lo que había sucedido. Era imposible.
― All Might… ―. Susurró.
No era ése el hombre al que quería superar. No había manera en que ese sujeto fuera el mismo por quien se había esforzado tanto, detrás de quien había corrido, por quien se había hecho más fuerte. No era esa espalda la que había mirado mientras la distancia entre ambos se hacía más grande. No era ése el hombre que lo había dejado atrás. Su desesperación no podía pertenecerle. ¿Por qué no estaba luchando? ¿Dónde estaba el héroe? ¿A dónde se había ido? ¿A dónde diablos había ido a parar todo lo que representaba?
No iba a aceptarlo. No podía aceptarlo.
― ¡¿QUÉ PASA CON ESA FORMA PATÉTICA TUYA?! ― Gritó, casi sintiendo que su garganta se desgarraba.
En su voz ardían mezcladas las llamas del odio y las llamas de algo que no se atrevería nunca a nombrar.
Aparte de mis reiterados agradecimientos, vuelvo a pedir perdón por lo OOC que podría haber en el capítulo. (?) La rapidez sigue siendo un asunto... Me alegraría mucho saber sus opiniones. Sin más, espero que les haya gustado. ¡Nos vemos~!
