Capítulo 1) Bienvenida a Florencia.

Era un día espléndido, el sol brillaba en lo alto y el viento soplaba moviendo las velas del barco, llevándonos justo al muelle, la ciudad luce tan pintoresca.

Mi padre ha mencionado en menudas ocasiones lo bella que es la republica de Florencia, en realidad no pierde el tiempo en hablar de lo preciosa que es la península italiana, después de todo, espero sea verdad.

No es muy diferente a las demás ciudades que he visitado, los clásicos puestos mercantiles cerca de los muelles, mujeres con críos en brazos que lloran por hacer su voluntad mientras su madre lucha por pagar las pocas monedas que lleva encima, hombres perezosos esperando a que el dinero les caiga del cielo y los que trabajan, laboran arduamente, ¡Qué sociedad!

No hacen falta más de unos metros para que comience a ver la fascinante ciudad en la que doy mis pasos, cada fachada, cada calle es una obra de arte por si sola y en conjunto son una maravilla del mundo.

Comienzas a notar el cambio en cuanto tu lengua no es la misma, debo agradecer a mi Padre y Madre por letrearme con el italiano. Por fortuna o desgracia también tengo el cuerpo de una chica y aunque el uso de los clásicos vestidos nunca ha sido para mí, los pantalones aun dejan ver que soy, por encima de todo, una mujer, y las miradas de los perezosos que ya mencione no se hacen esperar y mucho menos sus silbidos y murmullos pero después de tanto tiempo, me he acostumbrado a ignorarlos.

Pierdo poco más de una hora maravillada por la belleza de la ciudad sin pensar que debo encontrar un lugar para pasar la noche, aun no decido que tan larga o corta será mi estancia, pero aun así necesito un lugar para por lo menos, tomar un baño.

Mi señor Padre conocedor del mundo, o por lo menos así lo llamó, no porque sus viajes lo llevaran muy lejos, inclusive creo que con mis pocos años yo le llevo la delantera, pero si algo hace bien mi Padre es conocer a tantas personas como le sea posible y no hay una sola ciudad de este lado del mundo en la que no tenga algún conocido, en este caso conocía a un artista, un tal Leonardo Da Vinci, según me indicó antes de mi partida.

Un pequeño mapa con trazos de la mano de mi Padre, me indican a donde debo dirigirme, no es muy lejos por suerte, ya quiero dejar esta gran alforja con mis pertenecías lejos.

¿Esta es la casa de un artista? Espera algo más…Poético, arreglado, por lo menos la montura en la puerta es linda. Doy tres golpes sobre la puerta y espero, sin respuesta alguna, luego otros tres, de igual manera, ni un solo ruido dentro, mi paciencia se rompen y comienzo a golpear la puerta con ímpetu.

De pronto y sin advertencia la puerta se abre de par en par.

-¿Sí?- Pregunta un hombre de cabello castaño claro a la vista, aunque su gesto de incomprensión se nota, supongo que fue por mi insistencia al tocar a la puerta.

-Sr…-Digo haciendo una pausa, obviamente el inglés me traiciona – ¿Signore Da Vinci?- Digo con algo de temor.

-Sí, ¿Quién es usted?- Pregunta extrañado.

-Disculpe mi mal léxico, no estoy acostumbrada al idioma-Dijo con una sonrisa apenada.

-Pues lo habla muy bien- Responde con una sonrisa más relajada -¿En qué puedo ayudarla?-

-Me disculpo por mi atrevimiento al venir a su…Morada sin una previa invitación-Digo pensando en lo que diré –Soy la hija de Bastian Miller-

-Pero como no lo he notado antes-Dice sorprendido –Por favor, entré- Dice dándome el paso.

-Se lo agradezco- Digo dando paso al frente.

Pero si esto definitivamente no es un estudio de arte, en realidad si lo es, pero es mucho más, hay mil y un cosas por todos lados, algunos dibujos muy extraños, pero ciertamente impresionantes, como si estuvieran pensados para otro propósito que no fuera el arte.

-Dígame Signorina Miller ¿Está su padre en salud?-Preguntó Da Vinci acercándome una silla –Por favor- Dijo apuntándola.

-Muy amable-Dijo con una sonrisa, sentándome –Sí, mi padre lo está, igual mi Madre-

-Es bueno escucharlo-Dice sentándose frente a mí.

De inmediato hay un completo silencio entre los dos, nerviosos nos vemos ambos, pero si quiero un suelo en donde dormir, debo ser astuta.

-Signore Da Vinci…-Digo antes de ser interrumpida.

-Leonardo, solo llámeme Leonardo-Dije con una sonrisa muy franca.

-De acuerdo, Leonardo-Digo viéndolo fijamente con una linda sonrisa –Me siento muy apenada al respecto, pero necesito su ayuda, verá, seguramente recuerda el espíritu viajero de mi señor Padre, quien diría que a tantos años sería yo quien lo tuviera-Digo nerviosa en mis entrañas, pero por fuera siendo una dama gentil – Por fortuna, mis viajes me han traído hasta esta tierra de arte y maravillas, quisiera permanecer el tiempo necesario para conocer toda esa maravilla que tanto he escuchado desde mi niñez-Digo riendo un poco al recordar –Así mismo necesito un lugar donde dormir segura, entenderá que siendo mujer, las posadas no son el sitio más seguro, si pudiera permanecer bajo su techo por un tiempo sería magnífico-

-Digna hija de su Padre-Dice Leonardo riendo –Sería para mí un honor, prestarle tan valioso servicio-

-Se lo agradezco, no necesito mucho espacio, ni siquiera una cama, un pedazo de suelo estará bien-Digo levantándome de la emoción.

-¿Pero que está diciendo?-Dice extrañado –Ni hablar de eso, si su padre se enterase de que está durmiendo en el suelo, seguro me manda con el verdugo- Dice nervioso – Este es mi taller, pero la morada a nuestro lado también es de mi pertenencia, aunque claro, no suelo salir nunca del taller, puede hospedarse ahí sin pena-

-Pero si es usted un santo-Dijo completamente eufórica –Le pagaré por esto sin duda-Digo buscando en mi alforja.

-No tiene que preocuparse por ello-Dice deteniendo mi mano a mi alforja –La familia de Bastian, será bien recibida sin necesidad de dinero en mi casa, vamos le mostraré sus aposentos- Dice guiándome hacia la morada.

Es una linda casilla, no tiene nada más que lo esencial, y ciertamente el polvo deja ver que no es visitada comúnmente.

-Disculpe el desorden, no suelo pasearme por aquí-Dice apenado caminando por la habitación –Esta será su habitación, traeré a alguien para que la limpie claro está-

-No es necesario, es lo menos que puedo hacer-Digo aceptando la pena de mis palabras.

-Entonces, bienvenida a Florencia Signorina Miller-Dice Leonardo sonriendo.

-Thalia-Digo sonriendo –Llámeme Thalia-

-Bienvenida a Florencia…Thalia-Dice antes de cerrar la puerta para dejarme cómoda en la habitación.

La noche comienza a caer, mientras comienzo a arreglar mis aposentos, Leonardo me provee lino limpio para la cama y un poco de comida cuando la noche ha caído por completo. Después de un digno alimento, subo a mis aposentos y caigo dormida completamente.

La luz del sol comienza a darme de frente a la cara mientras despierto, no tengo idea de cuánto tiempo dormí, solo sé que tuve un merecido descanso. Pensé que tendría que buscar un riachuelo cercano para tomar un baño, quiero decir, después de ese lago viaje en barco, un baño no estaría mal, pero por suerte hay una criada que me informa que mi baño está listo, vaya que Leonardo si es un santo.

Bendito y dichoso baño he tomado, el agua exquisita, por fin puedo sentirme limpia para recorrer la ciudad libremente. Voy a donde Leonardo para informarle de mi salida, con mi vago mapa me aconseja los mejores sitos de la ciudad y pierdo el día entero de un lado a otro.

Solo unas pocas monedas que cambie con un marinero el barco es lo que llevo conmigo, debo encontrar un banquero pronto para las cartas de cambio que llevo en mi alforja.

Recorro Santa María Novella, el palacio de la signoria, Santa María de Fiore y su increíble cúpula que tiene poco menos de 100 años en pie, sin duda alguna es una maravilla de la arquitectura, al igual que su altísimo campanario. Por ello de la mitad de la tarde llego al Mercado viejo, vaya que hay una infinidad de productos provenientes de todas partes del mundo, especias que pocas veces que visto o que solo he escuchado, aquí están, pero más allá de las especias algo llama mi atención.

Degusto una deliciosa manzana a la sombra de uno de los puestos de fruta, cuando una joven, de cuna noble claramente, lleva una cesta en el brazo y entre sus compras lleva algunas finas yerbas, pero se ve completamente confundida seleccionando un par de naranjas, no es que quisiera, pero no puedo dejar que lleve las peores.

-No esa-Digo acercándome a ella.

-¿Disculpe?-Dice la joven confundida.

-No lleves esa naranja, es aún muy joven, muy…-Digo pensando en la palabra –Amarga- Digo dejando notar mi claro acento británico –Vela, es muy verde para ser dulce, está por ejemplo-Digo tomando una hermosa- Incluso huele bien- Digo llevando el fruto cerca de mi nariz y luego a la de ella.

-¿Y quién eres tú, Acaso otra mercader que quiere que compre de su puesto?- Pregunta la joven algo molesta.

-No, solo una buena persona que no quiere que arruines tu…-Digo dando un vistazo a la cesta –Pez, pescado con una naranja amarga-Digo sonriendo –Thalia Miller-Digo con una leve reverencia –Disculpa si te molesté-Digo dando un paso hacia atrás y alejándome.

-Espera-Dije la joven –En realidad, no sé si lo estoy haciendo bien-Dijo abrumada dejando la cesta en el suelo –La criada enfermó y madre me ha enviado a mercado a por cosas para la comida, ¿Podrías ayudarme?-

-Por supuesto-Digo regresando con una sonrisa -Quisiera conocer el nombre de a quien ayudo-Digo buscando la mejor de las naranjas –Esta se ve bien-

-Cristina, Cristina Vespucci- Dice con una sonrisa levantando la cesta.

-Un placer Cristina-

Después de recorrer los puestos comerciales con Cristina, le he contado que recién he llegado a la ciudad, además le he enseñado algunos trucos con los productos del mercado. Al final del día, nos hemos llevado de maravilla, tanto que me ha invitado a compartir su mesa con su familia, los Vespucci.

Entre la novedad de que los patriarcas de la familia Vespucci se ha asombrado que una mujer tan joven como su hija salga a explorar el mundo, hemos disfrutado de una comida exquisita y aunque ninguno tardó más de una hora en terminar sus alimentos las horas volaron con la conversación, inclusive pude conocer más a fondo a su familia e interactuar con su primo, Américo.

Tal vez la empatía es algo común en esta parte del mundo, o simplemente lo hicieron por cortesía, pero la familia Vespucci me ha ofrecido ayuda cuando la necesite mientras dure mi estancia en la república.

-Pero si ya es tarde mi niña, permíteme llamar a los guardias para que te escolten a casa- Dijo la Madre de Cristina.

-Son muy amables, pero no es muy lejos, sería una perdida pedirle tal servicio a los guardias de la ciudad-Dije amablemente.

-Que por lo menos hagan algo más que robar-Dijo el Padre de Cristina, con cierto tono de molestia.

-¡Padre!- Dijo Cristina de inmediato.

-Estoy segura que hacen más-Dije tratando de apaciguar la situación –Les agradezco mucho por el día de hoy, espero volvernos a encontrar- Dije despidiéndome.

Por más que la familia insistió, yo decliné y al final caminé sola a casa, aunque después de irme con Cristina, no tengo ni idea de en donde me encuentro.

Pero qué día, adoro estos días con pocas responsabilidades y gran diversión, aunque he bebido algo de vino, mi cordura se mantiene. Ya es muy tarde como para que esté regresando a casa, seguro mi Padre me regaña al llegar o seguro Madre dirá algo al respecto.

-¡AYUDA!-

¿Qué fue ese grito tan estrepitoso? Sin duda ese es el grito de una mujer, pero de donde viene.

-¡POR FAVOR!-

Otra vez, pero esta vez, logró reconocer de donde viene y voy deprisa hacia allá, es un oscuro callejón cerca de Santa María de Fiore, esta tan oscuro que apenas puedo ver lo que sucede, son tres hombres y contra un muro tienen a una joven.

-¡Déjenle ir!-Grito de inmediato y los tres hombres giran a verme.

-Piérdete maldito bastardo- Me dice uno de ellos, mientras toma con fuerza el brazo de la joven, haciéndola gritar del dolor.

Eso sin duda me hace hervir la sangre, así que me lanzo sobre el hombre, logrando que suelte a la joven, la cual se esconde detrás de una caja de madera mientras les doy su merecido a los tres hombres.

Es una batalla dura, logró tumbar al primero sin más complicación, pero luego los dos restantes me toman y comienzan a golpearme, uno me sujeta y otro con fuerza me da contra el rostro, pensaba en como zafarme cuando la joven toma una tabla de madera y golpea a mi atacante, dejándolo inconsciente en el suelo. Rápidamente me giro y de un golpe lanzo al suelo al restante.

Intento recuperar la respiración, aun todo está entre las penumbras, pero aun así, la joven logra ver algo más.

-Estás herido-Dice pasando levemente su mano por mi sien y rápidamente me toma del brazo y me saca del callejón oscuro.

Pero… ¿Qué es esto? No solo es una joven, es una joven hermosa con rasgos finos y gentiles, hermoso cabello oscuro sujeto y unos increíbles ojos grises como la luna aquel día, pero extraño, no viste como una dama, si no más como…Es extraño, pero no deja de verse agradable con esos pantalones y camisa.

De inmediato debajo de una de las luces de la plaza tomamos asiento en un banco cercano y de su alforja comienza a buscar un par de cosas y al encontrar un lienzo limpio comienza a limpiar mi frente.

-Gracias por salvarme-Dice dulcemente, dejando notar un acento extranjero.

-No hay de que, siempre he tenido debilidad por las damas en apuros- Respondo mientras moja con un aceite el lienzo –Aunque… ¿Puedo preguntarte algo?- Digo con cierta cautela.

-Es lo menos que puedo hacer por mi salvador-Dice pasando suavemente su mano.

-¿Qué hacías en ese callejón? Es muy tarde como para que una joven como tu este fuera de casa-

-He estado en lugares más peligrosos-Dice ella riendo levemente –Pero he de admitir que me perdí cuando regresaba a casa- Dice apenada bajando la mirada –Listo, ya quedo-Dijo al terminar de limpiar la herida.

-¿Se ve muy mal?- Preguntó algo bromista.

-Te quedará una marca de por vida-Dice ella riendo, haciéndome entender que es una broma –Apenas se ve-

-Me alegro ¿Tu estas bien? ¿Estas herida?-Preguntó preocupado.

-Estoy bien, por fortuna, llegaste en el momento adecuado- Dice sonriendo.

-Me alegro aún más por ello- Digo sonriendo junto con ella.

-Creo que le debo una recompensa Signore- Dice ella con ese fantástico acento y comenzando a buscar en su alforja.

-La única recompensa que aceptaré será el nombre de la dama que he salvado- Dijo intrigado.

-Oh…-Dice ella por lo bajo, dejando de buscar –Thalia Miller-Dice inclinado su cabeza.

-Piacere Thalia, me llamo Ezio- Digo claro y sonriendo.

-Muchas gracias Ezio-Dice ella regresándome la sonrisa –No quisiera abusar de tu amabilidad, ¿Pero podrías indicarme como regresar a casa?-Pregunta sonrojándose.

-Por supuesto, ¿Dónde es tu casa?-Preguntó amablemente.

De inmediato ella saca un pequeño libro y con ello un mapa de la ciudad muy bien detallado.

-No estas lejos-Digo después de dar un vistazo –En realidad, solo erraste en ese último callejón-

-Gran error ¿No lo crees?-Dijo ella riendo levemente.

-Los hay peores-Digo levantándome del banco –Vamos, te llevaré a casa-

Aunque corto el camino, logro conocer a Thalia, a la asombrosa Thalia Daws, me contó que nació en Londres, es por eso que tiene tan encantador acento y desde hace poco más de un año ha viajado por toda Europa. Justo acaba de llegar a la ciudad, por ello que se encuentra perdida, por fortuna he tenido una grandiosa idea.

-Bien, llegamos-Dice ella sonriendo al llegar frente a su morada –Te lo agradezco una vez más Ezio, no sé qué hubiera sido de mí, si no llegaras, fue un placer conocerte-

-Pero si el placer fue mío- Digo tomando su mano para besarla, fue atrevido pero no había nadie que nos viera –Permíteme extender el placer, he invitarte a conocer la ciudad, con alguien de la ciudad-

-Me encantaría-Dice ella con una increíble sonrisa.

-Hecho entonces, te veré mañana, frente a María de Fiore- Digo eufórico -¿O prefieres que nos encontremos justo aquí?-

-No, no-Dice de inmediato –María de Fiore estará bien, suficiente fue que me acompañaras hasta aquí, como para que vengas aun mañana-

-¿Estas segura?- Preguntó reafirmando –Me preocupa que te pierdas una vez más-

-Lo estoy, no tienes de que temer, ya te lo he dicho, he estado en lugares más peligrosos, además ¿Qué haré cuando no puedas pasear conmigo? Debo ser una mujer fuerte-Dice levantando su puño, haciéndome reír un poco.

-De acuerdo Thalia, pero si no apareces, tendré que venir a buscarte- Digo riendo.

-Prometo estar ahí-Dice ella riendo encantadoramente –Buona Notte, ¿Lo he dicho bien?-Pregunta sonrojada.

-Perfecto, Buona Notte a ti también Thalia- Digo mientras la veo entrar a su morada.

Que coincidencia más extraña, pero más agradable es Thalia Miller, aun con todo lo que me falta por conocerla.

Nota: Para los que no me conocen, me presento, Hola soy Lilo, les doy la bienvenida a este fic de Assassin´s Creed. Les explico un poco para que no caigan en confusiones, he creado un personaje (Thalia) que adaptaré un poco a la historia de Ezio (Si, suena extraño, pero en mi mente es genial, así que denme una oportunidad, se los ruego) En este fic, tendremos diferentes puntos de vista, así que donde vean que acaba un párrafo y le siguen tres puntos suspensivos (…) es un cambio de perspectiva, yo sé que su mente podrá cambiar de voces.

Otra cosa que quiero aclarar es el nombre del personaje principal, Thalia, sí, así como se lee, no Thalía, el mío lleva la silaba tónica en la primera silaba y se lee como si fuera Thá-lia, una vez aclarado eso puedo seguir.

Denle mucho amor a este fic, créanme van a terminar enamorándose de él, se los prometo. Bueno me despido por el momento con un fuerte beso.

-Lilo Ny.