¡Hey! Hola. Este es el último capítulo del fanfic. ¡Nunca había terminado un long-fic! Así que, en verdad, me siento bastante orgullosa de mí misma. Aunque, debo aceptarlo, también me siento un poquito triste porque me encariñe demasiado con esta historia. Subiré algunos capítulos extra en el futuro, cuando termine de escribirlos y tenga tiempo de arreglarlos. El capítulo tiene alguna clase de inspiración en la conversación entre Toshi y Enji que hay en el manga... olvidé el capítulo, perdón. Lo editaré cuando lo busque.
Pero, hay algo importante que quiero decir: ¡gracias! Es decir, sin ustedes, que leen, esta historia nunca hubiera salido del documento de Word. La mitad del fanfic lo construyeron desde su parte. Gracias a Nati, a Steph, a Danone, a Ximena, a Yanchii y a todos esos usuarios anónimos y no tan anónimos (pero sí silenciosos) que me dejaron favoritos. En verdad, lo agradezco un montón, por el apoyo y por seguir la historia hasta el final.
Espero que les guste.
VIII
Le gustaban las mañanas desde que tenía memoria; quizá porque veía en ellas un nuevo inicio: la posibilidad de hacer las cosas mejor que el día anterior. Cada día nuevo significaba un paso más hacia delante y, bajo esa lógica, jamás dejaría de avanzar. Por lo general, los rayos de sol que le daban de lleno en la cara lo llenaban de esperanza y alegría. Incluso en las mañanas nubladas una corriente de aire, el trinar de un pájaro, el saludo de la anciana que vivía en la primera planta, cualquier cosa que lo hiciera darse cuenta de que acababa de amanecer era capaz de ponerlo de buen humor.
Pero esa mañana era diferente.
Hubiera deseado que nunca llegara.
Casi como si deseara evitar el alba, se había mantenido despierto. Sabía la hora por el reloj que tenía encima de la mesa de noche, quizás lo intuía también por la forma en la que el cielo iba clareando poco a poco a través de la ventana. Si bien el sol todavía no salía, tampoco lograba atisbar ninguna nube en el cielo. Seguramente sería un día brillante. La paradoja estaba ahí, en el contraste que marcaba frente al sentimiento en su pecho. Toshinori pensaba que era la demostración más grande que había acerca de la naturaleza del mundo. Tenía a Enji abrazado al torso, con su cabello rojo resaltando sobre su piel clara. Deseaba sostenerlo así para siempre, pero fuera de esa habitación, el tiempo corría en una marcha apresurada. Mientras él hacía acopio de todas sus fuerzas para tomar la decisión de pararse e irse, alguien allá afuera estaba muriendo. Alguien estaba siendo asaltado. Alguien estaba siendo violado. Alguien que, quizás, podría ser salvado por él.
Pero era presa de una emoción egoísta, que no retrocedía en su avance y ganaba terreno mientras más miraba el rostro de Enji. Su gesto al dormir oscilaba entre la calma y la molestia todo el tiempo, pero en esta ocasión, sus rasgos estaban fruncidos como si algo le doliera. Como si ni siquiera el sueño le hubiera dado un descanso del sufrimiento.
"No te vayas"
Eso era lo que había susurrado unas horas antes, en voz muy baja y a punto de dormirse. No parecía que se hubiera dado cuenta de que lo había dicho, pues se veía agotado tanto física como mentalmente. El hecho de que pocas veces se atrevía a exteriorizar sus verdaderos sentimientos por medio de palabras significaba muchísimo y pensar en ello le oprimía el corazón. Él tampoco quería marcharse. En cuanto saliera por la puerta de su apartamento, su historia juntos habría terminado. No volvería a verlo; al menos no como lo había hecho hasta ese momento. No volvería a besarlo, ni a tomar su mano, ni a sentir su calor reconfortante durante el invierno y agobiante durante el verano; no volvería a ser el motivo de sus pocas sonrisas ni de sus preocupaciones. Sabía que dejar a Enji significaba dejarlo para siempre. La siguiente vez que se encontraran sería como héroes, quién sabe cuánto tiempo después, cada quién en su respectivo puesto, con un límite infranqueable entre lo laboral y lo personal.
Y no quería. Quizás el amor no le resultaba a nadie un motivo válido, pero era el único que tenía y, desde su sitio, era más que suficiente para quedarse. Terminar con Enji era lo más duro que había tenido que hacer hasta ese momento. Pelear contra All for One, ser atrapado y torturado por sus secuaces, incluso despedirse de su madre… nada, absolutamente nada era tan desgarrador como tener que separarse del pelirrojo. Y es que podía darse cuenta de lo mucho que Todoroki lo amaba. Podía decirlo porque lo dejaba conocer partes de él que, estaba seguro, no le había mostrado nunca a nadie más. Cuando estaban juntos Enji no pretendía ser el héroe que transitaba por las calles con esa aura de poder y seriedad que asustaba a más de uno. Era el joven preocupado, molesto, a veces feliz, a veces cegado por el placer. Cuando entrenaban, era el chico lleno de determinación, de fuerza, de valor. Era la persona más increíble que hubiera conocido y con quien deseaba estar por siempre.
En algún momento, no sabía cuándo, se había engañado a sí mismo. Cuando recibió el poder de Nana estaba consciente de que tarde o temprano tendría que decir adiós a todos sus lazos y aceptó porque deseaba ser un héroe más que nada en el mundo. Quería ser un símbolo y luchar para que la gente tuviera siempre una sonrisa en el rostro. Nunca había considerado la posibilidad de que existiera algo que pudiese querer de la misma forma. Al inicio, en ese atropellado enamoramiento, ni siquiera había pensado que sus sentimientos crecerían hasta el punto en que se encontraban ahora. Que llegara a sentir que necesitaba del pelirrojo como necesitaba al aire. Incluso cuando peleaba, mucha de su motivación recaía en que debía volver al lado de Todoroki y la única forma de hacerlo era por medio de la victoria.
Por supuesto, todavía quería hacer del mundo un lugar mejor y lograr que las personas fueran felices; pero, ¿qué era la felicidad de todos si le costaba la felicidad a la persona a la que más amaba? Cuando se enamoró irremediablemente de Enji, llegó a creer que las cosas podrían ser diferentes; tal vez en algún momento, cuando algunas amenazas grandes desaparecieran, podría confesarle todo. Cuando tuviera algo seguro podría decirle que había adquirido el poder que ostentaba; podría hablarle de las dificultades y las luchas, podría ser claro con él de principio a fin. En el momento en el que no tuviera que ponerlo sobre la mesa de apuestas, entonces sí que serían todo aquello que le había prometido. Serían una dupla de héroes. Los mejores de Japón. Los mejores del mundo. Sin tener que separarse.
Había pensado que, para cumplir un sueño, era suficiente creer en él. Cuán ingenuo había sido.
¿Cómo se suponía que debía de renunciar ahora? Lo amaba, no sabía a ciencia cierta desde cuándo. No quería que nadie lo arrebatara de su lado y, por eso (oh, ironía), tenía que apartarlo él mismo. Lo que le dijo Nana la tarde anterior, cuando había logrado confirmar la existencia de su relación con Enji, había sido determinante; era la razón de todo lo que estaba sucediendo y lo sabía. ¿Cómo podía negarse y darse vuelta cuando había hecho un juramento?
― Toshinori… tienes que terminar con él ―. Le había dicho, lo había mirado con un gesto conciliador.
― ¡Pero…!
― Tienes que hacerlo ―. Insistió, con una mano en su hombro y unos ojos comprensivos.
Los suyos se llenaron inmediatamente de lágrimas, pues sabía que, por más que insistiera, era una discusión sin sentido. El tienes que dejarlo era más como un vas a dejarlo, sin derecho a réplica, por más que su terquedad se esforzara en salir a flote.
― ¡Estoy seguro de que puede resistir! ― Exclamó ― ¡Es realmente increíble! ¡Si solamente lo mantengo al margen durante…!
Nana bajó la mirada y negó, soltó un suspiro y arrugó el entrecejo un momento, como buscando las palabras correctas para decirle algo que él ya sabía.
― Sé quién es, Toshinori ―. Afirmó ―. Sé que es uno de los mejores héroes actualmente a pesar de ser tan joven. Pero también sé que la fuerza del mal es enorme y estoy segura de que tú también lo sabes… has visto lo que han hecho conmigo ―. Mencionó.
Y Yagi lo sabía. Por eso calló incluso cuando la defensa de Todoroki estaba subiendo por su garganta. Sabía que habían matado a su esposo, sabía que Nana había dado en adopción a su hijo con tal de mantenerlo a salvo. La había visto desprenderse de las personas más preciadas que tenía por un fin mayor. ¿Cómo podía quejarse? ¿Cómo pretendía ser así de egoísta, de inconsciente, para pedirle que lo dejara mantenerse a su lado? Nana levantó el rostro otra vez, como si hubiera adivinado lo que pasaba por su mente. Subió una mano a su rostro y limpió sus lágrimas con cariño maternal, consciente de lo que le estaba pidiendo.
― Cuando tienes algo que amas, inevitablemente tienes algo que puedes perder ―. Dijo con tono calmo ―. Comienzas a tener un punto débil. Ellos lo saben y van a utilizarlo contra ti. Van a ir detrás de lo que te importa y van a destruirlo sólo para destruirte a ti. Algunas veces tienes que darte cuenta de que lo mejor es apartarte y dejar que la vida siga avanzando para ellos. Es la única manera de mantenerlos seguros. ― Hizo una pausa, limpió un par de lágrimas más y luego retiró la mano. Lo siguiente que hizo fue poner una sonrisa en su rostro ―. Cuando te conocí dijiste que querías inspirar a los demás, dijiste que querías convertirte en un héroe. En un símbolo. Y tanto los héroes como los símbolos, Toshinori, no son del todo humanos. Poner una sonrisa en el rostro de los demás significa sacrificarse a uno mismo. Estamos dispuestos a dar la vida por alguien a quien no conocemos, sin recibir nada a cambio más que la satisfacción de saber que hemos hecho algo bueno. Sonreímos contra el miedo, contra la tristeza, contra el dolor. Lo hacemos porque es nuestro deber. Salvar al mundo implica dejar de pensar en uno mismo. ¿Entiendes eso? Es lo correcto.
Yagi lo entendía, pero hubiera deseado no hacerlo. No tenía palabras para discutir, ni nada con qué continuar defendiéndose. Había hecho una promesa. Había elegido ese camino por su propia voluntad. Lo que había sucedido no era culpa de nadie, más que de sí mismo. Y ahora debía tomar la responsabilidad de sus actos. Trató de sonreír, pero no pudo hacerlo. Era imposible. Había dolores contra los que era imposible luchar con una sonrisa, así que sólo apretó los labios y los puños y dejó que el llanto silencioso de la resignación corriera por sus mejillas.
― Estoy segura de que saldrá adelante ―. Dijo Nana, abrazándolo y permitiéndole que llorase a lágrima viva sobre su hombro ―. Tú mismo lo has dicho, es un chico fuerte. Vas a ver que estará bien…
Ahí, sobre la cama, no podía estar seguro de que Enji iba a ser capaz de salir adelante. De cualquier forma, tenía que pensar que sí y confiar en ello. Volvió a ver su cuerpo desnudo, lleno de sus marcas por todas partes, respirando pausadamente. Su mano tomó sitio en su mejilla y lo acarició con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Jamás olvidaría la fragilidad que le había mostrado la noche anterior, ni la desesperación que emanaba de su voz y de sus gestos. Por esas horas, las últimas que les pertenecían, se había olvidado de ser un héroe y había deseado ser un tipo normal como lo había sido antes, sin responsabilidad, sin tener que cargar el peso del mundo sobre sus hombros.
Sus dedos subieron hasta su cabello y lo despeinaron un poco como lo hacían de vez en cuando. Luego recorrió los rasgos duros de su rostro y descendió marcando los músculos que alcanzaba a tocar. La piel de Enji estaba caliente. Su propio cuerpo ardía. Tenía la espalda y los brazos quemados en varios puntos, pero sentir que Todoroki había dejado su rastro en él le inspiraba una especie de consuelo masoquista, pues probablemente las cicatrices se quedarían en él para siempre.
Había sido muy cruel en múltiples formas, estaba seguro de ello; le había escondido cosas al chico y lo había hecho pensar demasiado. ¿Cómo diablos no se había dado cuenta de que el pelirrojo estaba tan desesperado? O, en otras palabras, ¿por qué no había hecho nada para aligerar la carga que obviamente llevaba a cuestas? Que hubiera estado dispuesto a aceptar su relación y a dejar su agencia para ir detrás de él, sólo lo había hecho pensar en lo egoísta e injusto que había sido todo ese tiempo. No había manera en la que pudiera compensárselo. Mucho menos ahora que debía marcharse. Se removió lo suficiente para besar sus labios con cuidado y dejó un pequeño beso en su frente. Cerró los ojos y apretó los dientes cuando las lágrimas comenzaron a brotar. Inhaló con fuerza y, tratando de no pensar en lo doloroso que le resultaba aquello, se apartó, esperando que no se despertara porque, en ese caso, no sabría qué hacer. Por un instante sintió que su corazón se detenía, en el mismo momento en el que Enji se removió como buscando su cuerpo.
Esperaba que pudiera tener una vida feliz.
No quería hacerlo. No quería irse. Y aun así estaba poniéndose la ropa y metiendo en una bolsa las cosas que llevaría consigo, alguno que otro recuerdo que tenía del contrario. Trataba de ir con calma, retrasando los minutos para no dejar de verlo. Pero tarde o temprano tendría que terminar. Ir lento no haría ninguna diferencia.
Cuando por fin terminó, todo lo que hizo fue echarse la bolsa al hombro y caminar hasta la puerta, dando una última mirada al chico que dormía inquieto sobre su cama. Metió la llave en su bolsillo, seguro de que Enji no iba a necesitarla de nuevo. Se detuvo antes de salir. ¿Es que alguna vez desaparecía ese hueco que sentía en el pecho? ¿Alguna vez dejaría de amarlo? ¿Alguna vez la labor de héroe iba a ser capaz de paliar ese dolor que lo estaba destrozando? Porque no se sentía así.
Todo lo que sentía era que alguien le estaba arrancando el corazón.
Era agobiante estar pensando en ello frente a la puerta. Pensó en volver sobre sus pasos, pero no lo hizo. Soltó un largo suspiro y levantó el rostro para examinar el sitio. No había duda, era ahí. La construcción no había cambiado mucho, salvo por algunos detalles menores como el diseño de la puerta. Seguramente le habrían hecho algunas remodelaciones desde la última vez que había pisado el sitio. Ahora, sin poderes y sin su forma musculosa, se sentía completamente fuera de lugar. ¿Por qué había ido? No estaba seguro. Además de la inquietud que venía arrastrando desde la pelea con All for One, no tenía otra excusa. Ni siquiera sabía qué debería decirle a Endeavor luego de tanto tiempo y en esas condiciones. Un lo siento no parecía del todo correcto.
Suspiró de nuevo y tosió un par de veces. Sentía que le debía algo a Enji; porque se veía muy molesto tras la pelea. Además, el kuzumochi que llevaba en la caja terminaría derritiéndose con el calor que hacía si no se apresuraba a entrar. Y bueno… huir no era algo que le gustara hacer, por más que su cerebro continuara pensando que era una opción. Tenía que enfrentarlo, así que tomó aire y tocó el timbre.
Dio un paso hacia atrás, ansioso. La puerta terminó por abrirse luego de unos momentos, mientras él se preguntaba si habría alguien en casa. Una mujer joven con el cabello blanco y gafas se asomó del otro lado. No pudo no sorprenderse; tenía muchas similitudes con el joven Shouto y algunos rasgos de Enji, como la forma de su nariz. La muchacha levantó las cejas.
― ¡Oh, usted es All Might! ―. Exclamó.
Dio un respingo al salir de su ensoñación y, ligeramente avergonzado, se rascó la nuca. Estaba por decir algo cuando su estudiante apareció también detrás de la chica, con apariencia de ir de paso. Entonces reparó en que era domingo, se le había olvidado por completo. Incapaz de evitar el encuentro tan incómodo, sonrió a medias al tiempo en que la mirada del joven se clavaba sobre la suya, con un cuestionamiento directo que luego expresó en palabras.
― ¿All Might? ¿Qué estás haciendo aquí? ― Preguntó.
― ¿Eh? Ah… ―. No sabía cómo explicarse ―. Estaba esperando… uh… ¿está tu padre? ―. Se las arregló para decir, antes de cambiar el tema ―. ¡Pero…! ¿No deberías estar en los dormitorios, joven Todoroki?
El aludido también levantó una ceja. Lo veía prácticamente todos los días y, en general, tenía muy buena relación con él. Pero una cosa era charlar como profesor o incluso como héroe y otra muy distinta era estar frente a frente, afuera de su casa, pretendiendo hablar con su progenitor que también había sido su pareja durante la juventud, acerca de asuntos completamente personales.
― Los días que descanso voy a ver a mi mamá al hospital ―. Respondió finalmente, desviando la mirada―. Si estás buscando a mi padre, está adentro. Con permiso ―. Dijo, hizo una reverencia, intercambió miradas con quien parecía ser su hermana y salió por la puerta. La muchacha le dio una sonrisa tranquila.
― Adelante, por favor ―. Pidió, dirigiéndose a él nuevamente ―. Voy a decirle a papá que vino.
Cerró la puerta detrás de él. Pasó saliva. Ahora de verdad ya no podía escapar. Por pura curiosidad recorrió el camino hasta la entrada principal con los ojos. Detrás de la barda que daba a la calle, las cosas se veían un poco distintas a como las recordaba. La disposición de los jardines era diferente y toda la casa parecía tener un aire más silencioso y sobrio. No se escuchaba ni un solo ruido. Casi resultaba amenazador. Siguió a la mujer al interior y se descalzó en el recibidor. La chica desapareció por las escaleras.
Se quedó de pie, mirando sin demasiado reparo, evocando algunas memorias de los días en los que solía andar por esos mismos corredores o cuando practicaba con Enji en los jardines o en el dojo. ¡Cuánto habían cambiado las cosas desde esas épocas! 30 años se decían fácil, pero en realidad era un montón de tiempo.
Unas pisadas fuertes, acompañadas de gruñidos comenzaron a escucharse en el primer piso. Luego el retumbar de un gran peso contra los escalones. No mucho después, la figura imponente de Todoroki apareció a unos metros, en yukata y con las llamas de su rostro apagadas, por lo que podía ver con claridad su expresión molesta. Se cruzó de brazos y lo observó con un gesto de reproche, levantando el mentón con orgullo.
― Eh… ¿podemos hablar? ― Dijo, aclarándose la garganta. El entrecejo del pelirrojo sólo se arrugó más y chasqueó la lengua, antes de comenzar a andar por un pasillo.
― Lo siento ―. Se disculpó la chica que había bajado detrás del hombre. ―. Tiene una mala actitud…
― Ah… lo sé, no te preocupes. Gracias ―. Con una inclinación de cabeza, avanzó siguiendo al contrario.
Si no se equivocaba, ésa sala en la que se encontraban había sido la antigua habitación de Todoroki. Estaba casi seguro, puesto que, cuando joven, había memorizado todos y cada uno de los accesos a ella. La puerta corredera todavía daba al jardín, aunque el dojo no parecía estar donde había estado antes y las cosas que había en la estancia habían desaparecido. Ahora sólo era una amplia habitación con tatamis y una pequeña mesa en la que estaban sentados. ¿Enji era consciente de que lo había llevado al mismo sitio en donde habían pasado juntos su primera noche y muchas otras?
La mujer, quien parecía llamarse Fuyumi, había tomado la caja con el kuzumochi y lo había servido momentos atrás, junto un vaso de té que reposaba en la superficie al lado de los platos. Ninguno de los dos había tocado los alimentos. Ni siquiera habían intercambiado palabras. Todo lo que hacían era mirarse el uno al otro. Él, con vergüenza; Todoroki, con unos ojos penetrantes y enojados.
― ¿Qué… sucedió con tus padres? ― Se aventuró a preguntar, tratando de romper el hielo.
― Murieron hace tiempo ―. Respondió sin más. Luego de una pausa, volvió a hablar ―. ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué viniste hasta aquí? ¿Sucede algo con Shoto? ―. Cuestionó.
El momento de hablar había llegado. Eso no significaba que supiera cómo dar el primer paso para explicar sus motivos. Sin pensárselo demasiado, dejó que las palabras fluyeran como le iban llegando a la cabeza.
― ¿Eh? Ah… no. De hecho… me sorprendí de… verlo. Pensé que estaría en los dormitorios… ¿Esa mujer es… tu hija? ―. Quiso saber. ¿Estaba invadiendo su privacidad? Tal vez, pero deseaba enterarse de esa clase de cosas. Todoroki, en la juventud, había sido un buen muchacho incluso a pesar de su brusquedad. Endeavor, el héroe, no era muy distinto en algunos sentidos, salvo que parecía haberse endurecido considerablemente. Pero, ¿cómo sería el resto de su vida? ¿Habría encontrado su felicidad? ¿De qué hospital había hablado su hijo? Realmente quería saber más acerca de la situación. Quizás eso era por lo que había id Quizás sólo quería saber que su sacrificio había valido la pena al final de cuentas.
― ¿Por qué te interesa saberlo? ¿A qué has venido, entonces?
Si tenía que aventurarse a decir algo, más que enojado, habría dicho que Enji estaba sorprendido y quizás algo confundido. No se escuchaba nada alterado, ni había recurrido a activar su quirk. Aunque el tono era severo y fastidiado, no podía decir que el odio usual estaba presente. Tenía que ser sincero con él.
― Yo uhm… sólo quería hablar contigo ―. Terminó por admitir en un murmullo ―. Por algún motivo… ―. ¡Qué difícil era hablar con Enji! ―. Por algún motivo siento que te debo una explicación. Aunque no sé qué debería decirte en la condición en la que me encuentro… ¿siquiera puedo decir algo? No lo sé…la verdad es que estoy un poco avergonzado.
Bajó la vista y contempló el postre sobre la porcelana. Se tragó un suspiro. No sabía en qué momento de los últimos 28 años había perdido la habilidad para relacionarse de manera cercana con los demás. Mucho menos en qué momento había olvidado cómo hablar con Enji correctamente. Con muchas probabilidades, estar ahí era una equivocación, influenciada por un sueño tonto que había tenido luego de la pelea. Tal vez a Todoroki no le interesaba saber nada de él, ni como héroe ni como persona. Tal vez había hecho un camino lo suficientemente sólido como para que su historia de juventud se hubiera convertido en un recuerdo distante y sin sustancia. No lo sabía. Pero, si era el caso, ¿qué sentido tenía continuar aferrándose al pasado?
Escuchó un sonido proveniente del contrario, como una especie de bufido, pero no logró identificar claramente el sentimiento que lo impregnaba.
― Me molestas ―. Dijo por fin. Pero no estaba tratando de ser agresivo ni le estaba gritando, era más como… cuando lo seguía en sus rondas luego de volver de sus misiones y el pelirrojo le decía que dejara de hostigarlo hasta que terminara su trabajo. Qué mal venía la comparación estando solos en ese cuarto ―. Después de lo que sucedió en Kamino han salido muchas noticias gracias a tu maldito retiro. Y es fastidioso… ―. Se cortó a media frase, lo que le hizo levantar la mirada nuevamente. No parecía estar a gusto con la situación. Tenía los labios fruncidos y al final gruñó ―. …también pensé en hablar contigo ―. Dio un respingo. Bueno, eso era una sorpresa.
― ¿Qué? ¿Por qué? ― Inquirió. La relación entre ambos era menos que amistosa. A mucho podrían considerarse compañeros, forzando demasiado los límites de los términos. Esa especie de puchero que Enji tenía se acentuó más. Y él maldijo en su fuero interno, por estar pensando en lo curioso que le resultaba es gesto desde siempre.
― No me digas que no te has dado cuenta ―. Dijo. Luego bufó de mala gana y empezó a hablar entre dientes ―. No pretendía tomar el lugar de héroe número 1 de esta manera. Sé que no puedo llenar el hueco que dejaste y la gente parece estar de acuerdo.
Tuvo que parpadear un par de veces. ¿De qué estaba hablando? ¿Por qué todo, de manera tan repentina? Se suponía que él había ido hasta ahí para hablar de sus sentimientos (o algo por el estilo), no estaba preparado para que Todoroki comenzara a decirle esa clase de cosas… Aunque sabía que tenía razón. En realidad, siempre había sido así desde que habían debutado ambos como héroes profesionales. Muchas personas no confiaban en Endeavor por su actitud violenta y arisca y se negaban a ver más allá. A pesar de que era un magnífico detective y un peleador formidable, gran parte de la sociedad lo consideraba una amenaza latente. Como sus actitudes siempre habían sido contrastantes, no era difícil averiguar que sus preocupaciones venían a partir de ese algo que Enji creía no tener. Empatía. Pero así había sido siempre. Recordaba cómo, durante los enfrentamientos menores, le dejaba siempre la labor de calmar a las personas y saludar a las víctimas.
Que tuviera dificultades con la gente no lo hacía un peor héroe. Toshinori pensaba, con toda firmeza, que Endeavor era alguien admirable y que el lugar que ostentaba era justo el que merecía.
Estaba por decir algo, cuando ocurrió algo tan surrealista que no supo qué hacer. Incluso si de la nada se hubiera comenzado a reír histéricamente y hubiera empezado a quemar todas las cosas, le hubiera resultado más normal que la mirada que puso, como de resignación profunda, sin mirar nada específicamente, con cierto cansancio en ella. Incluso sus labios esbozaron algo así como una sonrisa irónica y entonces continuó hablando.
― Esto es estúpido… ―. Murmuró para sí ―. Luego de… lo que sea que pasó entre… ―. No completó la frase. Su ruptura, pensó con cierta incomodidad ―. Seguí esforzándome para crecer como héroe. Avancé mucho… por supuesto que no quería ser como tú. No quería agradarle a la gente como lo hacías tú ―. Yagi tragó en seco y mantuvo el aliento. Se preguntaba quién había sido la última persona a la que Enji le había permitido saber eso o si acaso había existido ―. …deseaba ser fuerte, el más fuerte de todos. No me importaba nada más… Pero no tardé en darme cuenta de que no importaba cuánto creciera, jamás podría estar a tu la-… en tu nivel ―. Se corrigió prontamente, pero Toshinori sabía lo que había querido decir.
"Jamás podría estar a tu lado".
Quería decir muchas cosas, pero optó por la salida fácil.
― Ahora mismo esto es muy poco… tú ―. Carraspeó ―. Hace años que no te escuchaba hablar así…
― ¡Cállate! ―. Exclamó Todoroki, pero pronto recuperó el tono mesurado de su voz ―. Tú sabes… te convertiste en lo que querías, ¿no es así? Todas esas cosas que dijiste alguna vez… ¿es eso? Quiero que me digas, ¿qué es el Símbolo de la Paz?
Ya entendía. Estaba preocupado. Tenía que tomar un lugar que no quería por el simple hecho de que no lo había ganado. Para el que, quizás, tampoco se sentía preparado. Seguramente eso estaba aplastando su orgullo. No podía no pensar en esas preguntas que había soltado antaño, sobre si consideraba que era menos de lo que era él, si acaso pensaba que no tenía la fuerza suficiente para que lo mirase como un igual. Era duro traerlo a colación en el momento.
― Supongo que sí… ―. Aceptó ―. No estoy del todo seguro. Tú sabes mejor que nadie en qué quería convertirme. Yo sólo corrí detrás de eso sin importar… ―. Oh. ―. …nada. Decidí ignorar la gentileza de las personas y tratar de olvidarme de ellas.
Miró por el rabillo del ojo la expresión ajena. Había un rastro de enojo en su mirada, pero no tanto como lo hubiera supuesto. Ambos parecían tratar el tema de su relación con pinzas, pero no lo estaban evitando. La última vez que habían hablado de ello, en ese parque solitario, Todoroki se había enojado hasta lo imposible. ¿Exactamente qué había cambiado desde entonces? El hombre no abrió la boca, como esperando a que continuara. Se lo debía. Luego de todo lo que había pasado, al menos debía ser capaz de darle algún soporte.
― Sé lo que están diciendo las personas, Enji ―. Lo vio dar un respingo, acaso por la forma tan familiar con la que lo estaba llamando ―. Pero tú y yo somos diferentes. No tienes que ser como yo y si quieres convertirte en el símbolo en el que yo deseaba convertirme, sólo debes hacerlo a tu manera. No tienes que apresurar las cosas, ¿sabes? Además… estoy seguro de que encontrarás una manera de solucionarlo ―. Esta vez lo miró directamente y le sonrió con calma―. Después de todo, siempre lo haces.
El pelirrojo sólo se quedó en silencio, lo miró por un segundo y gruñó por lo bajo inmediatamente después, poniendo expresión de enfado al instante. No le respondió, pero Yagi sabía que lo había escuchado atentamente. Todoroki terminó por tomar los palillos y meterse un bocado de kuzomochi en la boca, como evitándolo mientras masticaba. Le hubiera gustado decir que era chocante, pero esas actitudes, que tenían algo de pueril, seguían recordándole a sus reacciones de antes. Hacía esa clase de cosas cuando se sentía avergonzado y no encontraba palabras para ponerse a discutir. Aunque él no era nadie para juzgarlo. Mucho menos ahora.
― ¿De qué querías hablar? ― Preguntó entonces, con voz firme.
Se dio cuenta de que esta vez era su turno. El contrario le había expresado sus inquietudes y ahora le tocaba a él decirle qué era lo que le sucedía. Por supuesto, lo suyo era infinitamente más personal y no sabía si se lo iba a tomar a bien. De todos modos, tenía que tratar, porque no tenía otra justificación para estar sentado en esa mesa.
― Yo… bueno, ya sabes. En realidad, no tiene mucho que me mudé aquí para ir a dar clases a U.A…. ―. Empezó, tratando de organizar sus pensamientos, pero Todoroki gruñó con fastidio.
― Siempre haces eso ―. Dijo ―. Deja de darle vueltas a las cosas, Toshinori. Di lo que tengas que decir de una vez.
Se esforzó por no pensar en el latido que su corazón se saltó cuando mencionó su nombre. La tensión, se dijo. Era la tensión del momento lo que lo estaba haciendo reaccionar de esa forma. Sin embargo, el contrario tenía razón, no podía sólo bordear el tema. Si seguía haciendo eso, no iban a llegar a ninguna parte.
― Desde que vi al joven Shoto he estado pensando en muchas cosas ―. Admitió finalmente con un largo suspiro ―. Luego… tú y yo hemos estado coincidiendo en diferentes ocasiones y eso… supongo que me ha traído un par de recuerdos de ambos. Aunque ahora no tengo la confianza para insistir en que hables conmigo, quería saber cómo te va ―. Confesó.
Todoroki volvió a quedarse en silencio. Continuó comiendo su postre, cortándolo en pedazos que resultaban muy pequeños para su boca. Se mantuvo haciendo eso unos segundos, pero pronto comenzó a chasquear la lengua y a bufar repetidamente, como si estuviera inquieto. Por fin dejó los palillos sobre la mesa y se cruzó de brazos.
― ¿Exactamente qué quieres saber? ― Murmuró.
Hasta ese momento, no había pensado en algo específico que quisiera saber. Y decirle algo como "quiero saber todo" sonaba inadecuado en múltiples formas.
― No sé… ¿Tuviste dos hijos? Tsukauchi me dijo hace años que te habías casado… ―. Y cómo le había pesado en ese momento.
― Tuve cuatro ―. Respondió.
Ah… lo primero que pensó fue que su vida definitivamente había ido por el camino correcto, aunque pronto reparó en que no había visto a ninguno de los otros dos chicos. ¿Quizás eran más grandes? ¿Estarían fuera?
― Dos de ellos se marcharon de casa ya―. Aclaró, casi como si le estuviera leyendo la mente ―. La mayor es Fuyumi, el menor es Shoto.
― Tienes una buena vida, ¿eh? ¿Cómo está tu esposa? ― Preguntó entonces, curioso ―. El joven Todoroki dijo que iba a verla al hospital, ¿se lastimó?
La manera en la que entrecerró los ojos y contrajo los labios lo hizo sentir que era mejor no haber preguntado nada. Pero la pregunta estaba hecha y no podía cambiarlo. Luego de un rato, aunque su irritación era bastante obvia, terminó por contestar.
― Está en un centro psiquiátrico desde hace diez años. Al parecer Shoto decidió ir a visitarla recientemente ―. Soltó.
Algo ahí no cuadraba. Al menos no si se ponía pensar en que Todoroki tenía una gran vida con una esposa e hijos. Lo había escuchado apoyar a su alumno durante el festival deportivo, pero ahora que lo pensaba, el chico no había utilizado el fuego de su quirk hasta no hacía mucho, ni parecía ser muy apegado a su padre. Aunado a eso ¿por qué su esposa estaría en un centro psiquiátrico y dos de sus hijos se habían marchado? Sonaba disfuncional.
― Casi puedo ver lo que estás pensando ―. Gruñó el hombre―. Aunque no es tu asunto, puede que no te equivoques. Algunas cosas no funcionan, eso es todo. Tú deberías saberlo bien.
Y, si no se equivocaba, que probablemente sí, Enji estaba hablando de su antigua relación.
― Lo siento por eso ―. Susurró de manera automática, pero no por eso menos sincera.
― ¿Por qué?
Ésa era una buena pregunta. Lo sentía por muchas cosas. Ahora que se había quedado sin poderes, comenzaba a darse cuenta de un sinfín de asuntos que nunca le habían resultado tan claros. Siempre había hecho lo correcto, pensando que sólo había un camino por seguir y que las cosas tenían que ser de una única forma. No culpaba a Nana, pues sólo trataba de cuidarlo. Se culpaba a sí mismo por no darse cuenta sino hasta muy tarde de que no tenía por qué ir de manera solitaria por el camino del héroe. No tenía por qué haberse separado de la gente. No tenía por qué haber dejado a Enji, ni había razones para mentirle. Muchas veces, a lo largo de esas décadas, había deseado tener a Endeavor como compañero de batalla. Y lo cierto era que una relación estable y segura tampoco le hubiera venido mal. Sobre todo porque ser un símbolo también tenía repercusiones en las relaciones personales. Era difícil intentar algo serio con cualquier persona.
― Por… no decirte nada cuando debí hacerlo ―. Susurró ―. Realmente creí que era la única forma de proceder y luego me arrepentí por eso durante mucho tiempo. Hace años, Enji… yo en serio no quería…
― Pero igual lo hiciste y nunca me diste una maldita explicación ―. Interrumpió ―. Lo que siempre ha sido demasiado molesto.
A pesar de lo abrupto de las palabras ajenas, ambos estaban manteniendo la compostura demasiado bien. Sin embargo, era obvio el sentimiento que había entre ambos. Quizás el contrario no estaba gritando, pero ahora su voz tampoco era calmada. Tenía un tono de reclamo que trataba de esconder. La misma expresión de Todoroki se veía afligida.
― Bueno… muy en el fondo creo que sí te estaba subestimando ―. Admitió, no sin cierta culpa. No volteó a verlo, así que continuó ―. El villano de la otra vez… All for One… he estado peleando con él desde ese entonces. ¿Recuerdas las veces en las que desaparecía por días? ―. Estaba seguro de que las tenía muy presentes y un suspiro molesto se lo confirmó ―. Se debía a él… Puedes ver que es muy fuerte. Hace cinco años tuvimos un enfrentamiento y perdí gran parte de mi estómago y pulmones. Luego mi poder ha ido disminuyendo. Pensé que en esa ocasión había terminado con él ―. Explicó, volviendo a mirarlo―. El punto es… éramos jóvenes. Sé que hubieras ido a donde fuera que estuviera y yo… no estaba dispuesto a ponerte en peligro. No quería perderte.
Suspiró. Los labios de Todoroki se fruncieron en una mueca ante la clara ironía que podía hacerse con su última frase.
― Antes de que digas algo, Enji, ya sé que fue una tontería. No tienes idea de lo mucho que he pensado en eso. Pero trata de entenderlo… vi a muchos héroes morir peleando contra All for One. Alguien me dijo que tener algo que amabas significaba tener algo que podías perder. Y, en el fondo, estaba asustado. De que salieras lastimado, de que no pudiera protegerte… ―. Confesó. Inhaló con fuerza y volvió a suspirar ―. Además, estabas a punto de hacer muchas locuras, como dejar tu agencia. No me digas que no te diste cuenta de eso.
El pelirrojo volteó el rostro a un costado, rehuyendo su mirada nuevamente. Supo que estaba apretando los dientes al interior de la boca por la tensión de sus músculos faciales. Lo vio cerrar los ojos, arrugar el entrecejo nuevamente y pasar saliva. Estaba controlándose. ¿Para no hacer qué, exactamente? No podía decirlo con certeza.
― ¿Alguna vez pensaste que todo hubiera sido más fácil si sólo me hubieras dicho lo que estaba pasando? Todo lo que hacías era desaparecer y volver luego de un tiempo. Luego sólo dijiste que lo sentías y que estabas haciendo lo correcto. Nunca me explicaste qué era eso, ni siquiera quisiste pelear conmigo adecuadamente ―. Soltó entre dientes ―. Al final te fuiste sin despedirte. Cuando me levanté, ya no estabas y cuando nos encontramos trabajando te acercaste como si nada hubiera pasado nunca ―. En esta ocasión, cuando sus ojos se encontraron, Toshinori sintió la presión de la culpa envolviendo su cuerpo. Los ojos de Enji estaban apagados. Pero eran duros y fríos ―. ¿Esperabas que no pensara que estabas pasando por encima de mí o que no era suficiente para quedarme contigo? Por supuesto que he estado haciendo muchas cosas estúpidas gracias a ti, Toshinori. ¿Por qué diablos crees que me he estado esforzando todos estos años? Al principio quería demostrarte que te equivocabas al mirarme hacia abajo. Luego decidí que iba a superarte. ¿Qué sentido tiene ahora que has perdido todo tu poder? Es… demasiado frustrante.
Había mucho reproche en cada frase, pero era muy fácil ver a través de él. Sin embargo, la conclusión a la que llegaba era demasiado dramática. "Ha sido creado para superarte". Había dicho Enji sobre su hijo cuando se encontraron en el festival deportivo. Era como si el pelirrojo hubiera construido toda su vida encima de ese odio que parecía profesarle. Le hubiera gustado pensar que aquello sólo era una locura, pero sabía que el hombre que tenía en frente, aparte de temperamental, solía ser muy imprudente de vez en cuando, siempre que se veía superado por sus sentimientos o por la rabia. Si lo ponía de esa forma, se daba cuenta de todos los errores que había cometido con Todoroki y no resultaba sorprendente que hubiera comenzado a guardarle un rencor muy grande. Lo había lastimado, lo había dejado en la incertidumbre y había aplastado su orgullo. Además, estaba bastante seguro de que la mente de Enji se había hecho ideas demasiado descabelladas. Su pasado se limitaba a una serie de malas decisiones que, con toda certeza, podrían haber sido evitadas. Volvió a suspirar. Tal vez ninguno de los dos había cambiado tanto como parecía. Ambos seguían siendo un par de tontos.
― Lo siento… ―. Se disculpó ―. La verdad es que te eché mucho de menos, Enji. Ojalá mis decisiones hubieran sido otras… Me hubiera gustado que las cosas fueran distintas… ―. Podía decirle eso, ¿verdad?
No estaba esperando que de la nada Todoroki comenzara a ser agradable con él, por supuesto, pero sí que, al menos, no explotara. Lo vio poner mala cara por un segundo.
― Siempre ha sido irritante tener que ver tu cara y escuchar tu nombre en todas partes ―. Murmuró. Toshinori no atinaba a saber por qué había comenzado a hablar de eso―. …por un tiempo intenté olvidarme de ti, pero siempre que peleaba, siempre que estaba haciendo algo… estabas ahí. Era un fastidio tratar de sacar de mi cabeza todas esas tonterías que decías de nosotros siendo compañeros de batalla o… lo que fuera ―. Podía notar que le costaba mencionar la palabra pareja. Pero no lo culpaba. Habían imaginado un futuro juntos en algún momento y no sabía con certeza cuan duro había sido para Enji encontrarse sin eso. Una parte de sí quería abrazarlo, acercarse y decirle "todo va a estar bien porque yo estoy aquí". Pero eso era una tontería. Menudo pensamiento fuera de lugar entre un par de hombres maduros ―. Las cosas sucedieron como tenían que suceder. E incluso si hubieran sido distintas, quizás nos habríamos separado en algún momento.
― O quizás no…
El pensamiento le salió en voz alta, tras lo que sintió a su corazón agitarse considerablemente cuando se dio cuenta de que lo había expresado. Carraspeó y miró a otra parte, pero era difícil huir de los ojos de Enji que lo observaban de manera incesante. No, no era enojo, era… incredulidad. Pero no una incredulidad violenta, sólo… incredulidad a secas, como si no creyera lo que acababa de decir.
― Deja de decir tonterías, Toshinori… ―. Dijo con impaciencia ―. No es como que puedas cambiar las cosas.
― No, no puedo ―. Aceptó. Algo en su interior se había abierto. Tenía muchas cosas por decir ―. Al menos no las del pasado.
― ¿Qué diablos estás diciendo? ¿Acaso eres consciente de la situación actual?
Su voz sonaba molesta, pero se veía un poco alterado. Lo vio tragar y notó la forma en la que su respiración parecía agitarse. Por su parte, sentía que las cosas se le estaban yendo de las manos y no sabía si era por el buen camino o por el malo.
― ¡Espera! No estoy diciendo que tengamos una relación de ese tipo, Enji ―. Aclaró con prisa ―. Sólo digo que no quiero estar enemistado contigo. Tú… sigues siendo importante para mí.
Repentinamente, el pelirrojo golpeó la mesa con un puño, lo que lo sorprendió sobremanera. Lo miró cuidadosamente, esperando que no fuera a encender todo el lugar en algún momento. Pero todo lo que observó fue al contrario mirándolo como si quisiera hacer algo, respirando pesadamente, ligeramente inclinado, con los brazos tensos.
― ¿Tuviste que esperar a tener esa apariencia tan patética para venir a decirme esto? ―. Siseó.
Yagi no pudo no sonreír. Estaba seguro de que Todoroki no iba a hacer nada imprudente. Reconocía esa manera de hablar, esa forma en la que Enji se esforzaba por no ceder incluso cuando ya lo había hecho desde antes. Se sintió tentado a exponerlo, pero no lo hizo.
― Pues… sí ―. Aceptó ―. Pero te traje kuzomochi. ¿Todavía es tu favorito?
― ¿Qué más te da? ―. Respondió.
― No puedes estar enojado si lo traje hasta aquí.
― Cállate, ¿quieres?
Soltó una pequeña risa. Podía decir con certeza que Enji ya no estaba enojado. Lo observó concentrarse de nuevo en el postre, ligeramente derretido por el tiempo que habían pasado charlando. Hizo lo propio y tomó los palillos para comenzar a comer.
― …lo compré en el establecimiento a donde solíamos ir. ¿Te acuerdas? Ése que está en la tercera calle. ¿Quién lo diría? Todavía sigue abierto. Al parecer es popular.
― Sólo cierra la maldita boca.
Las estrellas brillaban sobre el cielo nocturno, reflejándose sobre el agua del canal con una irregularidad inquietante. En la orilla, ambos jóvenes respiraban profundamente. Toda la manga derecha de su ropa había desaparecido y los bordes de la tela humeaban ligeramente. Acababan de ganar una pelea y los villanos se habían marchado, huyendo antes de ser atrapados. Los dos tenían un par de golpes, pero estaban bien. Toshinori se apresuró para llegar a su lado y buscó sus dedos para entrelazarlos con los suyos, mientras dibujaba una sonrisa en su rostro. Era momento de volver a casa.
― Estuviste genial ―. Dijo.
Las palabras arraigaron en su pecho con una calidez inusitada. Volteó a mirarlo, mientras la luz de la luna incidía en su rostro en ángulos graciosos. Estaba enamorado de ese chico, de la manera en la que sus ojos parecían brillar cuando lo mirada, de la forma en la que sus mechones rubios caían sobre su rostro, de la forma en la que su sonrisa se ampliaba y conseguía aliviar sus inseguridades. Le dio un suave apretón con los dedos.
― Tú no estuviste mal ―. Respondió.
Toshinori se detuvo. Por inercia, él también lo hizo. El rubio se acercó más; puso una mano en su rostro y se inclinó en su dirección, con intenciones muy claras. No se detuvo a pensar en que estaban en un sitio público, ni en el hecho de que algún transeúnte tardío podría observarlos en esas condiciones. Cerró los ojos y se dejó besar con calma, sin preocuparse del tiempo. Se entregó, como en múltiples ocasiones, a los labios contrarios, a perderse en ellos, a sentir cómo todo desaparecía alrededor por un instante y se volvía uno la extensión del otro, sin impedimentos, sin límites.
― Enji, te amo…
Las palabras llegaron como un susurro claro arrastrado por el viento. El latido de su pecho se aceleró. Abrió los ojos y todo cuanto pudo ver fue la mirada clara de Toshinori a unos centímetros de su rostro. El pulgar en su mejilla trazó círculos sobre su piel con infinito cariño. Sin pensárselo, sin siquiera considerar lo que aquello significaba, se acercó hasta ser capaz de recargarse en su hombro. Sólo estaban los dos. Era todo cuanto importaba. El mundo corría su marcha y el futuro se presentaba frente a ellos, rozando las puntas de sus dedos. Mañana se despertarían al lado del otro. Los años pasarían, la vida, las estaciones. Y todas las noches, igual que ésa, estarían unidos por ese lazo invisible que los mantenía juntos.
― …siento que podría amarte toda la vida ―. Agregó.
Respondió con su silencio, escondiendo el rostro encendido en el hueco del cuello contrario. Sintiendo que, él también, sería capaz de amarlo para siempre.
Y ahí, tantos años después, sentados uno frente al otro mientras Yagi Toshinori hablaba de una y otra cosa, riendo de vez en cuando, Todoroki Enji no supo por qué se acordó de esa noche.
No tienes tú la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
Vendrá la primavera y habrá flores…
el tronco seco dará nuevas hojas
OH, POR DIOS. YA TERMINÓ. Nunca pensé que esto fuera a pasar. ;u; Perdón por ponerme sentimental. Insisto, en cuanto pueda voy a subir los capítulos extra. Y, sin lugar a dudas, seguiré escribiendo sobre la pareja. ¡Gracias, de verdad gracias por el apoyo!
Estaría encantada de leer sus comentarios. ¡Nos vemos!
