Capítulo 2) Problemas de familia.

Es la hora que he acordado con Thalia pero parece no estar por aquí, llevo ya unos minutos, me preocupa que se haya perdido, pero entonces cuando pienso ir a buscarla.

-Lamento el retraso- Dice llegando con una gran sonrisa detrás de mí –Pero he escrito una carta a mis padres, informándoles que he llegado bien- Dice mostrándome el sobre en su manos –Antes de ir a conocer la ciudad, ¿Puedes indicarme donde es la mensajería para enviarla a casa? Si he de tardar mucho, puedo verte otro día o si quieras esperar, sería magnífico-

-Nada de eso- Digo de inmediato negándome –Desde ahora a donde vayas iré y eso incluye la mensajería, vamos- Digo sonriendo haciendo que ella pinte una aún más grande.

Caminamos por las calles, con destino a la mensajería y no puedo resistir preguntarle más de ella, me ha dejado intrigado desde el día anterior.

-Cuéntame Thalia ¿Qué edad tienes? Luces muy joven pero podría asegurar que solo lo aparentas- Digo amablemente.

-¡Ay!- Dice ella de inmediato nerviosa- Te puedo asegurar que aparento lo que soy…- Dice aún más nerviosa -15 años, solo eso- Responde sonriendo.

-Pero si es mi misma edad- Digo sorprendido –Mírame, tu viajando por todas las tierras conocidas y yo aquí haciéndome viejo- Digo desanimado.

-Estoy segura que haces más que ello - Dice riendo –Háblame de ello, ¿A qué te dedicas Ezio?-

-Es aburrido si lo comparamos contigo- Digo riendo –Soy aprendiz de banquero- Digo frente a la puerta de la mensajería -Aquí es, hemos llegado-

Antes de entrar, Thalia me ha dedicado una mirada muy extraña, pero la ha abandonado por ir dentro.

-Buongiorno- Dice frente a la mesa –Quisiera, enviar esta carta- Dice colocándola sobre la mesa.

-Claro Signorina- Dice sonriendo el hombre que la recibe -¿A dónde desea enviarla?-

-A Londres- Dice Thalia sonriendo -¿Cuánto costaría?- Pregunta buscando en su bolsa de monedas.

El mensajero coloca la carta sobre una balanza, hace unas anotaciones y dice:

-5 Florines- Dice sonriendo.

-¡¿Qué?!- Responde Thalia asombrada -¿5 Florines? Solo quiero que la enviara a Londres, no al imperio Mongol- Dice ofendida –Incluso enviar una carta de Londres a la India cuesta tres pennys y mire que no son ni de oro esas monedas-

-Ese es el costo- Dice el hombre molesto -¿Quiere enviarla si o no?- Dice altanero.

-Si no hay otra solución- Dice de mala forma y mientras coge las monedas de su bolso, murmulla algo extraño, en otro idioma, para de golpe poner las 5 monedas sobre la mesa.

-¿A qué parte de Londres la enviamos?- Dice con una sonrisa el hombre.

-¿Me cobrará extra por ello?- Pregunta Thalia bromista –Al centro, Bake oat Street 32-

Todo queda listo para el envió de la carta y salimos de la oficina de la mensajería.

-¿Es muy grande Londres?- Pregunto confundido.

-Bastante- Responde Thalia sonriendo –Dicen que es la ciudad más grande de Europa, por poco Roma, pero no he estado ahí-Dice negando con la cabeza.

-¿Y qué te parece Florencia?-Pregunto entusiasmado.

-Que su servicio de mensajería es costoso- Dice Thalia riendo –Debo conseguir un trabajo pronto o no tendré que comer en unos días- Dice girando los ojos –Espera- Dice cambiando totalmente su expresión y llenándola de euforia –Dijiste que eras aprendiz de banquero, tu puedes ayudarme con mis cartas de cambio- Dice entusiasmada.

-Lo siento Thalia, pero yo no tengo ese poder- Digo desalentándola –Pero tal vez mi Padre pueda hacerlo- Digo pensando.

-¿Tu Padre?-

-Mi Padre es banquero, Giovanni Auditore-

-Alto ahí-Dice confundida -¿Auditore, como los socios del banco Medici?-

-Los mismos- Digo orgulloso de ello –Incluso mi hermano trabaja en el banco Medici-

-Y yo he quedado como una tonta sin saber con quién he recorrido las calles- Dice nerviosa -¿Crees que tu habilidoso Padre pueda con mis cartas de cambio?- Dice preocupada.

-No hay nada que mi padre no pueda-

-Entonces vamos, me preocupa quedarme sin dinero- Dice tomándome de la muñeca.

-¿Cuál es la prisa? Estarás conmigo el día entero- Digo deteniéndola –Si te llegase a faltar dinero, llevo unos florines encima y no tienes que preocuparte iremos con mi Padre luego, incluso, eres invitada en la mesa de la familia Auditore esta tarde-

-Pero que honor me ha hecho Sr- Dice sonriente –Lo siento, Signore- Dice confundida, pero con ese increíble acento, pero aún estoy intrigado por su vida.

-Háblame más de ti- Digo entusiasmado -¿Cómo haces para viajar de un lado a otro? ¿Qué haces cuando quedas sin dinero?-Preguntó extrañado.

-Esas son dos preguntas- Dice sonriendo –Comencemos por una, ¿Cómo voy de un lado a otro? Bien, desde pequeña mi Padre me ha contado de los lugares que ha visitado, por China, España, Jerusalén, en fin son muchos- Dice con ese claro acento a cada nombre que dice –Así que para mí el viajar, es llevarlo en las venas, solo tengo que tomar un mapa y apuntar a mi nuevo destino-

-Es increíble- Digo asombrado –Imagino que tus padres deben tener una gran fortuna para ello, seguro debes estar ahogada en lujos y riquezas en Londres-

-Se equivoca Sr- Dice sin notar esa última palabra –No tengo ni un centavo de mis padres, es por ello que trabajo, así respondo tu siguiente pregunta- Dice sonriendo –Nunca me he quedado sin dinero, a cada lugar que voy consigo un trabajo desde asistir a un Galeno, hasta limpiar las cubiertas de los barcos, mientras pueda tener pan en mi estómago y dormir bajo un techo, hago lo que sea, pero sin duda las aventuras que surgen día a día, es la mejor paga-

-Sigo diciendo- Digo girando los ojos –Tú llevando una asombrosa vida y yo haciéndome viejo-

-Es el arte de volver placer lo que es cotidiano- Dice presuntuosa -¿Qué caso tiene vivir, si no se disfruta cada día?-

-Eso es cierto-

-Encuentra un propósito Ezio, una motivación- Dice ella sonriendo.

-¿Una motivación? Mi madre me dice lo mismo- Digo con una risa –Soy un banquero, las aventuras no las llevamos más allá de las monedas-

-Si eso no te hace feliz, cámbialo- Dice viéndome fijamente con esos increíbles ojos de plata – No te quedes donde no disfrutaras o en un lugar que no es para ti, para eso respiras Ezio, para eso puedes caminar, para seguir tu camino y encontrar ello que te motiva-Dice tomando mis manos entre las de ella –Y si lo dice tu Madre y lo digo yo, es porque es verdad-Dice riendo.

-Debería escuchar más seguido- Respondo –Pero hoy no es el día, hoy nos divertiremos- Digo sin preocupaciones.

-Encontraremos tu motivación, ya lo veras- Dice ella riendo.

...

He paseado por la cuidad con Ezio durante un par de horas, me ha llevado a increíbles puntos de la cuidad, pero menciona que aún hay mucho por ver, por desgracia el hambre nos está matando y ha llegado el momento de ir con su familia.

-Es aquí- Dice Ezio sonriendo una vez que hemos llegado a su "Casa"

Pero si esto no es una casa, es un palacio, más grande que cualquier otra del distrito.

Justo vamos entrando cuando, corriendo hacia fuera, salen un joven y una niña, ambos en direcciones contrarias.

-¿Pero qué está ocurriendo?- Dice Ezio confundido – ¡Federico, Claudia!- Grita en la puerta, para regresar a mi lado.

Pero en ese momento una mujer, seguida de una sirvienta llegan corriendo frente a nosotros.

-¿Madre que está sucediendo?- Pregunta Ezio.

-Es Petruccio- Dice la mujer sin detenerse –Está muy mal- Dice subiendo por las escaleras.

-No- Dice Ezio de inmediato –Vamos- Dice tomándome del brazo.

Corro detrás de Ezio escaleras arriba, hasta una de las habitaciones y de par en par entramos abriendo las puertas. La Madre de Ezio está al borde de la cama, hablando con un niño pequeño que no luce nada bien.

-¿Qué ha pasado?- Pregunta Ezio acercándose a la cama.

-Ha estado débil todo el día y de repente ha perdido el conocimiento- Responde la sirvienta, ya que la Madre continua hablándole al niño sin respuesta alguna.

-Debemos llevarlo con un galeno- Dice Ezio acercándose a la cama.

-Federico ha ido en su búsqueda, debemos esperar- Responde la Madre.

-Pero este niño no soportará hasta que llegue el galeno- Digo de inmediato viendo la situación del niño.

-¿Puedes ayudarlo?- Pregunta Ezio expectante –Ayúdalo por favor Thalia- Ruega.

No soy un galeno, mucho menos curador, pero si algo he aprendido en mis viajes es a sanarme y sanar a los demás.

Me acerco rápidamente y observo más de cerca al pequeño y con un solo tacto de mi mano es más que claro lo que pasa.

-Está en fiebre- Digo sorprendida por su temperatura –Mucha fiebre-

-¿Qué hacemos?- Pregunta Ezio rápidamente.

-Hay que llevarlo al agua ¡Ya!- Ordeno.

-Al baño Ezio, al baño- Dice la mujer, mientras Ezio toma al niño en brazos y lo lleva fuera de la habitación.

De inmediato busco en la alforja que llevo conmigo, esta vez más vacía, pero por suerte tengo lo indicado y sacando un frasco con pétalos, se lo entregó a la sirvienta.

-Ponga esto en agua caliente- Digo antes de seguir a Ezio fuera, mientras la sirvienta se queda atónita.

-Deprisa Anetta, haz lo que te dice- Dice la mujer siguiendo a su hijo.

Corro por el pasillo hasta alcanzar a Ezio y el pequeño y comienzo a abrir el saquito que lleva encima el niño.

-Te pondrás bien hermano ya lo verás- Dice Ezio al niño –Aguanta-

Por fortuna en el baño aún hay una tarja repleta de agua, rápidamente Ezio sumerge al niño empapándose los brazos. Sin perder tiempo me acerco al niño y logro quitarle por completo su prenda superior, doy un vistazo rápido y encuentro una vasija, la tomo y comienzo a mojar la cabeza de niño.

-Vamos Petruccio, tu puedes- Dice Ezio al lado del niño –No te rindas-

No pasan ni dos minutos cuando regresa la sirvienta con una vasija humeante.

-Aquí esta Signora María- Dice presentando el brebaje.

Una vez más de inmediato me pongo en pie, tomo la vasija que lleva la sirvienta y la llevo a los labios del niño.

-¿Pero que es…?- Dice la sirvienta confundida.

-Alivia la fiebre este té- Digo sin dejar de inclinar la vasija.

Se termina el té, por fortuna, la temperatura el niño ha descendido y logra reaccionar.

-Madre- Dice débilmente el niño.

-No hables mi niño- Dice la mujer acercándose.

-¡Madre!- Se escucha un grito de fuera.

-Arriba hijo- Dice la Madre.

Las puertas del baño se abren y ahí entran el Joven que salió corriendo y un galeno.

-Hemos venido corriendo lo más deprisa que pudimos- Dice el Joven recuperando el aliento.

-¿Qué le ha sucedido al niño?- Pregunta el galeno con la respiración cortada -¿Pero, qué no es el niño que he venido a ver?- Pregunta apuntando a la tarja.

-Le ha entrado fiebre y si hemos de esperar a su servicio, me temo que otra historia estaríamos contando ahora- Digo viendo que todos están atónitos.

-Si la fiebre ha sido tan fuerte como dicen- Responde el galeno –Meterlo al agua ha sido una brillante idea-

-Además del brebaje- Dice la sirvienta.

-Te de rosa- Digo de inmediato.

-Un conocido remedio para bajar la fiebre- Dice el galeno –Como veo, mis servicios ya no soy necesarios- Dice retirándose.

-¡María!- Dice una voz profunda de fuera -¿Qué ha sucedido amore mío?- Dice un hombre llegando preocupado, seguido de una chiquilla más joven que yo, justo la que salió corriendo –Pero, ¿Qué ha sucedido? Dice confundido viendo al niño en la tarja sonriendo.

-Le ha entrado fiebre, pero todo se ha agregado gracias a…- Dice la Madre a quien es su marido –Disculpe, ¿Pero cuál es su nombre?- Pregunta dirigiéndome la pregunta.

-Padre, Madre, ella es Thalia Miller- Responde Ezio mientras yo me levanto del lado del niño y hago una reverencia.

-Piacere- Digo con una sonrisa.

-Antes de que todo esto sucediera, la había invitado a nuestra mesa- Responde Ezio.

-Es lo menos que podemos hacer para quien ha salvado la vida de Petruccio- Responde el Padre acercándose a mí y tomando una de mis manos – Piacere Signorina Miller, Giovanni Auditore, por favor llámeme Giovanni simplemente- Responde con una reverencia –Ya que todo se ha solucionado, vayamos a la mesa, Anetta ayuda a Petruccio a ir a sus aposentos-

-Thalia- Digo amablemente.

-¿Puedo quedarme un poco más Padre?- Pregunta el niño más alerta.

-¿Puede hacerlo?- Pregunta Giovanni confundido viéndome, al igual que toda la familia.

-Por supuesto- Respondo de inmediato –Sería lo ideal, unos cuantos minutos más- Digo viendo al niño.

-Entonces bien- Responde Giovanni sonriendo – Vamos todos a alistarnos para la mesa ¿Anetta esta lista la comida?- Pregunta hacia la sirvienta.

-Lo está Signore- Responde Anetta –Pondré la mesa- Dice saliendo de la habitación.

Todos comienzan a salir en orden, pero Giovanni nota algo que ni siquiera yo hago.

-Pero si estas completamente empapada- Dice Giovanni observando mis ropas –Al igual que tu Ezio, ¿Por qué no vas a tus aposentos a cambiar tu ropa?- Dice a su hijo –Y tu- Dice viéndome una vez más –Claudia- Llama a su hija que llega unos segundo después.

-¿Me has llamado Padre?- Pregunta la niña llegando.

-Sí querida- Dice Giovanni sonriendo –Prestarle uno de tus vestidos a Thalia ya que su ropa esta empapada-

-No es necesario señor Auditore- Respondo avergonzada.

-Giovanni- Dice al escucharme –He insisto- Dice amablemente –Claudia llévala si eres amable-

-Claro Padre- Responde la niña sonriéndome.

-Muy amables- Respondo sin salida de ello.

Al ver a Claudia sin duda puedo asegurar que me quedará alguna de sus prendas ya aunque luce más joven que yo, no es en talla e incluso podrá quedarme arrastrando por su altura. Lo único que me preocupa de sus prendas es que muy posiblemente sea un vestido.

Claudia no dice nada hasta que llegamos a sus lindos y lujosos aposentos, incluso aquí no dice mucho, busca en su armario y al encontrar algo llega a mi lado.

-Creo que este te quedará bien- Dice seriamente sin una sonrisa y lo entiendo si tu Padre te obliga prestar uno de tus lindos vestidos a un extraño ¿Lo haces de buena manera?

-Gracias ¿Claudia?- Pregunto para asegurarme de su nombre.

-Sí- Responde con la misma seriedad –Puedes cambiarte aquí, después bajas- Dice saliendo de la habitación y cerrando la puerta.

Una vez que estoy sola, me coloco ese muy lindo vestido que Claudia me ha entregado, es de tela fina y corte aún mejor, gris pálido con un cuello amplio a los hombros. Para no estar tan descubierta, ya que no conozco que tan aprensivos sean aquí, suelto mi cabello. Rápidamente meto toda mi ropa mojada en mi alforja y salgo de la habitación.

Es un palacio esplendido, tan grande que de no ver por donde he venido me perdería. Llego a la parte de abajo, en el patio principal que conecta todo y ahora sí, no sé a dónde dirigirme, pero de pronto llega la sirvienta, Anetta.

-Luce increíble Signorina Miller- Dice llegando a mi lado -¿Podría entregarme su ropa mojada?-

-Es muy amable, pero… ¿Por qué?- Digo extrañada.

-El señor Giovanni me lo ha indicado- Dice sonriendo –La lavaré y se la entregaré tan pronto sea posible-

-Eso yo lo puedo hacer no es necesario- Respondo sonriendo.

-He de insistir, el señor Giovanni me ha hecho hincapié en obtenerla-

-Pero sí que sin amables aquí- Digo riendo y sacando todo de mi alforja.

-Se la entregaré en cuanto sea posible- Dice Anetta sonriendo –Ahora, lucirá más hermosa si me entrega su bolso para llevarlo a la cocina-

-Es que llevo cosas importantes aquí dentro- Digo más aprensiva.

-No tiene por qué temer- Dice sonriendo –Yo la cuidaré con mi vida y si algo ha de necesitar, se la llevaré de inmediato-

Lo dudo mucho, pero si es una regla de la familia, debo obedecer.

-Prométeme que la cuidarás Digo seriamente y entregándosela.

-Con mi vida- Dice tomándola –Ahora entre, la están esperando- Dice apuntando a una puerta cercana-

-Muy amable ¿Anetta?- Preguntó.

-Para servirle- Dice con una sonrisa alejándose a la cocina.

Voy nerviosa, no puedo decir que no, pero como mi Madre siempre lo ha dicho, "Ante el público, con seguridad" Doy tres toques a la puerta y se escucha un:

-Adelante- Desde dentro, es la voz de Giovanni – ¡Pero mira eso!-

No había logrado ver bien a la chica que estaba en el baño junto con mi familia, pero desde que estamos en la mesa, no han dejado de hablar de ella.

-¿Cuál es su nombre Ezio?- Pregunta Madre.

-Thalia, Madre- Responde mi hermano –Thalia Miller-

-Miller, extraño nombre de familia- Dice Madre extrañada -¿De dónde ha venido?-

-¿Estás seguro que no es una ladrona?- Dice Claudia con recelo –Hasta donde sabemos, podría estar robando todo lo de mis aposentos sin percatarme y que nos dice que no intentará entrar a los de los demás- Dice molesta, como es ella.

-¡Claudia!- Dice Padre llamándole la atención –Es nuestra invitada y le ha salvado la vida a Petruccio-

-Tonterías- Dice mi hermana –Podría haberlo envenenado y no nos daríamos cuenta-

-Dijo que trabajo con un galeno ¿Por qué haría eso?-Dice Ezio extrañado -¿Qué ganaría con ello?-

-La satisfacción de hacerlo- Dice con recelo Claudia –Es una extraña que vendrá a nuestra mesa, quien sabe puede ser una ladrona, mercenaria, embustera o casa fortunas- Dice molesta-Que extraño que ha sido tan amable solo después de escuchar el apellido "Auditore" solo ha visto una mina de oro-

-¡Basta ya Claudia!- Dice Padre firmemente – Es una invitada y la tratarás con el respeto que se merece, te guste o no- Dice levantando un poco la voz-Y no quiero escuchar más al respecto, así que a callar-

Gracias a Claudia, la tensión sobre la mesa se ha hecho notar, pero es cierto, es una extraña, yo ni siquiera recuerdo su rostro, solo una figura pequeña junto a mis hermanos y aunque puede que mi hermana exagere, me pone a pensar.

-Estas muy callado Federico- Dice mi Madre haciéndome reaccionar – ¿Será que has tenido un mal día?-

-Los días de trabajo siempre son malos Madre- Digo riendo –Pero no es por el trabajo, además de que corrí de ida y vuelta con el galeno, no hay nada malo con la vida-

-Además del susto hijo- Dice mi Padre –Pero ya todo se ha mejorado- Dice sonriendo –Gracias a nuestra invitada- Dice levantando su copa en mi dirección.

-Por nuestra invitada- Digo levantando mi copa.

Pero justo en el momento que beberé, tres golpes se escuchan sobre la puerta.

-Adelante- Dice Padre dejando su vino sobre la mesa.

La puerta se abre totalmente y ante nosotros ha aparecido nuestra invitada, Thalia según escuche. Pero si el nombre no me impresiona, la imagen sí, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, sus finos rasgos, esos labios rojos, su cabello cayendo delicadamente y esos ojos, unos ojos tan preciosos como su portadora, sin mencionar que ese vestido le ha quedado mucho mejor que a mi hermana, con una figura impecable, pequeña de estatura pero increíble. He quedado impresionado con esa "amiga" que ha encontrado Ezio.

– ¡Pero mira eso!- Dice Padre levantándose de su asiento, mientras todos los demás hacemos lo mismo –Niña, has quedado tan hermosa, ¿No es hermosa María?-Dice llegando junto a Thalia, tomándola del brazo.

-Lo es querido- Dice Madre sonriendo, acercándose a Thalia y a mi Padre.

-Son muy amables- Responde Thalia con una pequeña reverencia.

Pero la reverencia no es lo único que noto, un tan extraño como agradable acento se hace notar, cada vez se pone mejor esta visita.

-Thalia, ella es mi esposa-Dice Padre.

-María Auditore- Responde Madre con una reverencia –Un placer oficialmente- Dice con una sonrisa.

-Honore mío- Responde Thalia -¿Lo he dicho bien?- Pregunta un poco sonrojada.

-De maravilla- Respondemos.

-Bien, ya conoces a Ezio- Dice Padre pasando frente a mi hermano, que sonríe, al igual que Thalia –Ahora, Claudia- Dice dedicándole una mirada penetrante, la cual con una falsa sonrisa se gira y la ve-Mi única hija-

-Hola- Responde Claudia indiferente.

-Un placer Claudia y gracias por el vestido, es precioso seguro te luce mucho mejor a ti-

Pero qué tontería, se lo he visto a Claudia y nunca se le verá de tan magnifica manera.

-Sí- Responde Claudia sin más –No hay de que-

-Bien… -Dice Padre seriamente llevando a Thalia al otro lado de la mesa, justo frente a mí.

Mi corazón comienza a palpitar más rápido cada vez y una extraña sensación de cosquilleo recorre mi estómago.

-Y finalmente- Dice Padre llegando con Thalia frente a mí –Él es mi hijo mayor, Federico- Dice mientras ella hace una reverencia.

-Un placer Thalia- Digo viéndola fijamente, pero a la vez tomo su mano y deposito un beso sobre ella.

-El placer es mío- Dice ella con una sonrisa –Federico- Dice acentuando mi nombre con ese lindo acento que lleva en la voz.

Podría admirar su belleza día y noche, por suerte Padre le ha pedido sentarse a mi lado.

No puedo ni concentrarme en lo que estoy comiendo, simplemente con cada palabra que dice, mi mente se enfoca directamente el ella, su voz, sus gestos, sus risas, es increíble y eso que ni la conozco.

-Dime Thalia- Dice Padre a media comida, cuando finalmente pude dar un bocado a mi plato -¿Qué te ha traído a Florencia?-

-¿Que no me ha traído?- Dice sonriendo –Le contaba a Ezio, que desde niña escucho de lugares maravillosos del mundo, Florencia no es la excepción, he viajado a muchos lugares, pero ninguno ha tenido la…- Dice cambiando el gesto de felicidad que llevaba por completa confusión –No recuerdo la palabra- Dice bajando la mirada.

-¿Por qué no pruebas decirla en otra lengua?- Recomienda Madre.

-Excelente idea- Dice ella sonriendo –Beauty and passion…- Dice viéndonos a todos -¿No?- Pregunta desaminada –Bien veamos ¿Beauté et passion?-

-Una de ellas es belleza- Dice Ezio de inmediato –Es francés-

-Eso- Dice Thalia sonriendo –Esa era la palabra, la belleza de la ciudad-

-Me alegra escuchar eso- Dice Padre.

-¿Y cuál es la siguiente palabra?- Pregunto.

-Es…Algo muy fuerte-Dice centrándose en mi –Un sentimiento muy intenso, como el amor- Dice viéndome fijamente –Saber que amas algo, que deseas algo-

-¿Pasión?- Preguntó viéndola fijamente.

-Justo eso- Dice con una gran sonrisa –Es por pasión-

Aunque ella dice esa palabra con gran euforia, todos en la mesa nos hemos quedado sorprendidos y no hay un solo sonido en la habitación.

-Me he manifestado mal- Dice Thalia sonrojada, ¡Dios mío! El tono rojizo sobre sus mejillas le queda de maravilla –Pasión por viajar y conocer un nuevo mundo- Dice sonriendo.

-Eso lo aclara bastante- Dice Padre preocupado, dando un sorbo a su vino -¿Y de dónde nace ese gusto por viajar?-

-Resultará extraño escuchar eso- Dice Thalia sonrojándose otra vez –Pero soy una amante- Dice sonriendo confiada.

-¡¿QUÉ?!- Pregunta mi Padre levantando la voz.

Todos nos vemos sorprendidos, Madre incluso se ha besado la cruz, Claudia la ve molesta, Ezio no tiene rostro frente a nadie y yo estoy que no lo creo.

-¿A quién has traído a la mesa Ezio?- Pregunta Padre un tanto molesto.

-No- Responde Thalia de inmediato –No es lo que piensan, debo de aprender a ser clara- Dice riendo –Me refería al hecho de que amo el arte, la belleza dentro de cada ciudad, me es impresionante, tanto que es difícil de dejarlo- Dice con la mirada baja –Lamento la confusión-

-Agradecemos la aclaración- Dice Padre volviendo a su lugar.

-Nunca me volvería una cortesana- Dice de inmediato –Hay límites dentro de la decencia y prefiero limpiar el piso de una posada que vender mi cuerpo- Dice contundente –Cualquier trabajo que me permita llenarme de conocimiento es suficiente, dentro de la decencia-

-Bien dicho- Dice Madre de inmediato –El conocimiento y la educación son cosas primordiales hoy en día-

-Y siempre lo serán- Responde Thalia.

-Ezio me ha dicho que eres apenas de su edad- Dice Padre sorprendido –Discúlpame que te lo pregunte, pero ¿Cómo es que tus padres lo han permitido?-

-Más que permitido…-Dice ella sonrojada, pero entonces la puerta se vuelve a abrir de par en par.

-Signore Auditore- Dice la institutriz de Petruccio entrando en el salón, se nota molesta.

-Lo siento Signore, pero no la he podido detener- Responde Anetta.

-No te preocupes Anetta, regresa a la cocina- Dice tranquilamente Padre -Madonna Luccia- Responde sonriéndole a la institutriz levantándose –Tome asiento, acompáñenos a la mesa-

-Nada de eso señor- Dice seriamente la señora molesta –Ya me ha dicho el galeno, su hijo está enfermo otra vez y ya es la segunda vez esta semana, además ya me he cansado de sus falacias y vulgaridades- Dice frunciendo el ceño –No hay día que no salga de aquí con un dolor de cabeza, estoy cansada de ese niño, sin mencionar que cualquier día podría contagiarme de su extraña enfermedad ¿Y qué decir de las tantas veces que he venido en balde, porque Petruccio esta indispuesto?- Dice levantando la voz de forma violenta.

-Madonna Luccia, tranquilícese- Dice Padre tratando de controlar esa situación.

-Su hijo es un demonio, el señor lo ha maldecido con esa enfermedad y yo no quiero ir al infierno- Dice con despecho –Se irá al infierno, al igual que toda esta familia-

-Se podrán ir al infierno, pero bien que tomo su dinero ¿Cierto?- Dice Thalia de inmediato –No la veo quejándose por su paga- Dice viendo a la mujer de forma retadora.

-¿Y esta quién es?- Pregunta con desagrado la institutriz.

-Ella es una persona que ha dicho la verdad- Responde Padre sonriendo viendo a Thalia –Para querer la salvación, ya ha permanecido por mucho tiempo en esta casa, será mejor que se vaya de inmediato y no vuelva- Dice Padre con una sonrisa presuntuosa a Madonna Luccia –Anetta, lleva a la mujer fuera, Madonna Luccia, no ha sido un placer tenerla-

La institutriz se ve asombrada por la situación, seguro esperaba que como otras veces, le subieran la paga, pero no contaba con que Thalia estuviera aquí. Sí que Thalia tiene carácter y madurez, me está volviendo loco.

-Será mejor que vaya a bañarse en olio bendito, no querrá arder en los infiernos- Dice Thalia a la institutriz bromeando, ese comentario me ha hecho reír al igual que mi hermano.

Madonna Luccia sale de inmediato sumamente molesta y Anetta cierra la puerta detrás. Padre cubre sus ojos de inmediato y suelta un profundo suspiro.

-Lamento que hayas visto esto Thalia- Dice Padre avergonzado –Pero agradezco por tu franqueza-

-No hay de que- Dice sonriendo –Ya se lo he dicho, quien necesita un trabajo y quiere trabajar, lo hace bajo cualquier circunstancia y sin peros-

-Es cierto- Dice Padre con una muy leve sonrisa –Tendremos que encontrar otra institutriz María- Dice centrándose en mi Madre.

-Dudo que quede una que quiera el trabajo- Dice Madre preocupada –Nadie aceptará después de esto, Madonna Luccia era una mujer de renombre, no lograremos encontrar a alguien dispuesto a enseñar a Petruccio-

Mis Padres se ven preocupados y es algo que me aflige y por lo que noto, a mis hermanos también, pero entonces una luz de esperanza aparece.

-Disculpen- Dice Thalia llamando la atención de todos –Lamento aprovecharme de la situación, pero yo aceptaría con gusto ser la institutriz de Petruccio- Dice sonriendo.

Madre y Padre se ven confusos, entre ellos y no logran entenderlo.

-No me mal entiendas Thalia –Dice Padre nervioso –Pero tienes la edad de Ezio, se creó que puedas…-

-¿Enseñar?- Dice Thalia adelantándose –Pero si ya lo he hecho, cuando viajo me he encontrado con más de un marinero que no sabe siquiera escribir su nombre cuando partimos, pero al regreso ya pueden redactar un libro y leerlo a la perfección- Dice eufórica –Además, puedo hablar, leer y escribir; Griego, latín, inglés, español, francés, alemán, turco y muchos más-Dice asombrándome cada vez más –Y tengo muchos libros en Londres que puedo hacer traer para enseñar, te lo ruego Giovanni, necesito este trabajo- Dice rogando juntando sus manos –Seré muy cortes y amorosa con Petruccio, seré la mejor institutriz que haya tenido-

-No lo sé- Dice Padre –Es impresiónate todo lo que has dicho, pero Petruccio es…Especial, no sé si podrás con el- Responde nervioso.

-De acuerdo, hagamos esto- Dice Thalia negociando –Dos semanas, denme dos semanas y si después de ello no ven mejora en Petruccio, no insistiré más- Dice con una sonrisa sutil y los ojos bien abiertos –Y lo haré sin paga, dos semanas libres-

Madre y Padre se ven preguntándoselo en sus adentros y después de un cabeceo de Madre, se da su respuesta.

-Es un trato- Dice Padre estirando su mano, con una sonrisa.

Thalia de inmediato se levanta y estrecha la mano de mi Padre.

-No se arrepentirán, ténganlo por seguro-Dice sonriendo –Comenzaré hoy si es preciso- Dice ofreciéndose.

-Será mejor mañana- Responde Madre –Debes preparar lo que le enseñarás-

-Lo mejor del conocimiento es que llega cuando menos lo esperas- Dice Thalia regresando a su lugar –Pero prepararé algo digno- Dice con una gran sonrisa –Muchas gracias por la oportunidad-

Esa sonrisa invade toda la sala y la hace brillar.

Después de la comida, hemos ido a otro salón, donde las preguntas a Thalia han seguido y ciertamente continuo asombrándome por ella, los lugares que ha visitado, las cosa que sabe y cuenta, no es una mujer común, es extraordinaria.

Se ha vuelto la noche y apenas lo he notado.

-No quisiera arruinar esta bonita velada, pero se hace tarde y hay trabajo que hacer mañana a primera hora- Dice Padre levantándose de la silla –Federico, Ezio- Dice llamando nuestra atención –Acompañen a Thalia de regreso a su casa, lo que menos queremos es que le suceda lo mismo que nos ha contado-

-No será necesario Giovanni- Dice Thalia negándose –Esta vez, se sin equivocación a donde tengo que ir- Dice riendo.

-Nada de ello- Dice Padre –No perderé a nuestra nueva institutriz antes de que comience, chicos, acompáñenla-

-De inmediato Padre- Dice Ezio levantándose.

-Claro, Padre- Digo levándome después de mi hermano –Iré por tus pertenencias- Digo viéndola con una sonrisa.

-Basta, no es necesario- Dice riendo –Yo puedo ir por mis pertenencias y caminar hasta mi refugio-

-No logro escucharte, ya voy a la cocina-Digo riendo un poco- Te veré en la puerta-

Voy por sus pertenencias, Anetta se niega a dármelas y no es hasta que le explicó que la levaré a su casa que acepta a dármelas. Es una alforja muy grande para una persona tan pequeña, me pregunto qué tanto llevará dentro.

Regreso al patio principal, donde ya Thalia se ha despedido de todos y ahora espera con Ezio.

-Si así lo deseas Federico- Dice Ezio –Yo podría llevar a Thalia solo- Dice amable.

-No, no- Digo de inmediato –Me aseguraré que ella llegue a salvo a su casa-

-Eso lo puedo hacer yo- Dice Ezio riendo –Vamos dame eso y la llevaré- Dice tratando de quitarme la alforja.

-Nada de eso hermanito- Digo de inmediato repeliendo a Ezio –No dormiré tranquilo de no llevarla a casa-

-Pero si eres un necio- Dice Ezio seriamente –Ya dame eso de una vez- Dice luchando.

-Te he dicho que no, yo la llevaré, ¿Por qué no te quedas tú?- Sugiero.

-Es mi invitada y yo la regresaré a casa- Dice Ezio prácticamente sobre mí.

Ezio y yo luchamos tanto que no notamos lo que sucede a nuestro alrededor.

-Si la invitada puede hablar- Dice Thalia entre los dos separándonos –Caminaré sola a casa, Gracias- Dice seriamente –Ahora por favor, Federico entrégame mi alforja-Dice viéndome fijamente.

-Te la daré una vez que estés en la puerta de tu casa- Digo seriamente.

-Seguimos con lo mismo- Dice ella girando los ojos –Entonces bien, andiamo señores- Dice comenzando a caminar.

Rápidamente Ezio y yo la seguimos y alcanzamos, es un camino muy corto y llegamos en menos de dos minutos, así que poco hemos hablado, pero cada palabra ha sido un deleite.

-Llegamos- Dice ella frente a la puerta –Les he dicho que no es lejos- Dice firmemente –Ahora por favor, mi alforja- Dice estirando su mano.

-¿Así sin más? –Digo bromista -¿Qué hay de mi beso de buenas noches?-

-No eres ni mi hijo, ni mi esposo, ni mi Padre, así que no- Dice ella seriamente –Por favor-Dice estirando su mano.

-¿Escuchaste eso Ezio?- Digo a mi hermano –Creí que los ingleses era más carismáticos y no tan… Amargados-Digo sarcástico, incitando su cólera.

-Yo igual- Dice Ezio siguiéndome la corriente –Veo que soy tan aburridos como el resto del mundo, solo aquí en Italia sabemos divertirnos-

-No somos amargados- Dice Thalia de inmediato –Se nota que nunca han conocido a un verdadero Ingles, suerte que yo estoy aquí-Dice con una sonrisa.

-¿Y cómo es un verdadero inglés?- Pregunta Ezio.

-Es carismático, ameno, simpático, amoroso- Dice con una gran sonrisa.

-Entonces demuestra ese gesto amoroso y danos nuestro beso de buenas noches- Digo chantajeándola.

-¿No me darás mi alforja hasta que lo haga cierto? Dice ella desanimada.

-Así es- Respondo seguro.

-Está bien- Dice ella con desagrado.

Entonces, con una delicadeza implacable y colocándose de puntas, Thalia se acerca a mi mejilla y deposita un dulce beso.

-Pero aquí es Italia, es doble- Digo sonriendo –Uno de cada lado-

Después de un suspiro profundo y una girada de ojos, Thalia se vuelve a acercar a mi rostro, da un beso en una mejilla y luego en la otra.

-Ahora si tendré dulces sueños- Digo alegre, mientras es el turno de Ezio.

-Bien ya lo hice- Dice Thalia con una sonrisa –Ahora, Por favor Federico dame mi alforja antes de que te reviente la bolas- Dice sin dejar de sonreír. Duras palabras para una dama, pero es genial que hable así.

-Aquí tienes- Digo entregándosela con una sonrisa.

-Esta velada ha sido placentera caballeros, esperemos que se repita- Dice antes de girarse y entrar –Los veré mañana temprano- Dice para cerrar la puerta.

Ezio y yo regresamos a casa, sin un tema que hablar, hasta que algo cruza mi mente.

-¿Crees que me hubiera golpeado de no dársela?- Pregunto.

-Vi como golpeaba a un hombre con una tabla, no veo por qué no te hubiera golpeado en las bolas- Responde Ezio –Se nota que tiene fuerza-

-¿De dónde la haz sacado? –Pregunto sarcástico a mi hermano.

-Ella sola ha llegado-Dice Ezio sorprendido -¿Una agradable visita, no es así?-

-Más que agradable-

Este día me ha vuelto loco la sola presencia de Thalia, aún más deleitarme con su imagen y voz, tengo que conocerla aún más y no puedo esperar a mañana, simplemente no puedo sacarla de mi mente.

Nota: Regresé, disculpen por tardar tanto. Me ha agradado mucho este capítulo ya que tenemos la interacción de Thalia con la familia Auditore, que nos llevará grandes aventuras a lo largo de la historia, por cierto, alguien una vez me dijo "Eres una romántica, siempre pones amor a tus historias "Y es cierto, aquí la prueba de ello, ¿Ustedes creían que sería el amor de Ezio? Bien lamento decepcionarlos, pero me ha encantado la idea de que sea Federico, ya verán por qué mientras avanza la historia.

Por favor sigan dándole amor a esta historia y cuentéenle a sus conocidos de ella, verán que no se arrepienten de leerla y terminarán amándola, lo prometo. Me despido con un beso y hasta el próximo capítulo.

-Lilo Ny.