Tardé mil años en terminar esto porque pues... no sé por qué. (?) Pero bueno jajaja es bastante cliché, así que nada. Es como lo que pasó entre el final de la pelea de All Might y la charla que tuvieron en el último capítulo del fanfic. Y pues nada, eso. Espero que les guste. :')


Se despertó cuando la luz lo golpeó en el rostro. Separó los párpados poco a poco y tuvo que levantar un brazo para cubrirse de la iluminación, demasiado blanca para su gusto. La primera cosa extraña que vio fueron sus propios músculos, pues estaba seguro de haber perdido en la batalla. Volteó su brazo un par de veces y abrió y cerró los dedos de las manos, extrañado.

― ¿Toshinori?

Lo segundo fue que, de entre todas las voces que podría haberse imaginado, era la de Todoroki Enji la que lo estaba llamando. Su tono era grave y masculino, pero estaba impregnado de preocupación. Giró el rostro a donde procedía el sonido y, efectivamente, se cruzó con el hombre, con vendajes en los brazos y en el torso, algunas magulladuras en el rostro y una expresión completamente agotada, sentado en una silla como a un metro de él.

― ¿Endeavor? ― Preguntó, cada vez más extrañado.

― ¿Por qué diablos estás ocupando mi nombre de héroe? ― Lo vio levantar una ceja y luego poner gesto de incomodidad, por el dolor, suponía. Después suspiró ―. Seguramente estás confundido. Tu operación fue más larga y complicada que la mía. Perdiste una parte de tu estómago, pero nada demasiado grave. En cuanto a tu poder, no puedo decir lo mismo. Recovery Girl dijo que tuviste una reducción importante en tu alcance. Quizás sea reversible…

Se incorporó hasta quedar sentado, mientras escuchaba las palabras que salían de su boca, una tras otra, en la explicación más larga que recordaba haberle escuchado a Endeavor. Sonaba apurado, como si estuviera lidiando con alguna especie de nerviosismo. Cada vez entendía menos. El dolor en su abdomen mandó una punzada por todo su cuerpo, pero no era insoportable. ¿Qué sucedía? Sintió los ojos del pelirrojo siguiéndolo con seriedad. Se calló luego de unos segundos y no lo interrumpió mientras observaba todo, ni cuando inspeccionaba su cuerpo, musculoso y firme. Era extraño.

― ¿Por qué estamos en el hospital? ― Preguntó ― ¿No acabamos de pelear contra All for One en Kamino para desmantelar a la Liga de Villanos y…? ― Algo no cuadraba.

― No sé de qué estás hablando, Toshinori ―. Dijo Todoroki con claridad ―. Peleamos con All for One, pero fue hace cuatro días y no fue en Kamino. Mira, no tengo la menor idea de qué diablos es la Liga de Villanos ni por qué usarían un nombre tan ridículo como ése, pero todos los rehenes fueron rescatados. Si tienes alguna otra cosa que decir, asegúrate de decírmela más tarde, cuando tenga que hacer el informe.

Qué confusión. Le dolía la cabeza.

― Quedaste inconsciente luego de pelear contra All for One ―. Agregó el contrario ―. Por el impacto de los ataques que recibiste y el daño que tuvo tu cuerpo, no me sorprendería que estuvieras presentando amnesia o que tus recuerdos se estuvieran mezclando, así que más te vale descansar, idiota. ¿Comprendes lo que es eso? Significa que no vas a levantarte y a correr como siempre por cualquier situación. Hay muchos otros héroes en la agencia que pueden tomar nuestro sitio por unos días.

― Sí, entiendo… ―. No, no entendía. Quería hacer muchas preguntas, en realidad. Volvió a reparar en los vendajes del pelirrojo ―. Tú… ¿estás bien?

Vio cómo el entrecejo ajeno se arrugaba y sus labios se torcían en una mueca bastante amarga.

― No del todo ―. Susurró, mirando a otra parte ―. Todavía puedo usar mi quirk y sigue siendo bastante fuerte, pero la regeneración de mis células se vio afectada. Tengo quemaduras leves en todo el cuerpo, aunque Recovery Girl se está haciendo cargo de ello ―. Bufó por lo bajo ―. En realidad, no puedo exceder el límite de 1500° si no quiero quemarme a mí mismo. Incluso así, el uso prolongado de mis llamas podría resultar inconveniente.

― ¿Qué?

Estaba seguro de que ese hombre era Endeavor, capaz de derretir el concreto con sólo pisarlo mientras usaba su quirk. ¿Quemarse a sí mismo? ¿Límites que debían ser respetados?

― Pudo haber sido bastante peor, en realidad. No me gusta, pero es mejor que nada ―. Dijo, como intentando contener la ira.

― ¿Qué fue lo que pasó?

Se ganó una mirada de réplica de los ojos azules del pelirrojo.

― ¿De verdad no te acuerdas?

― Yo… no ―. Aceptó.

Enji soltó un suspiro.

― Bueno, llevábamos meses siguiendo el rastro falso de All for One. Hace un par de semanas encontré la pista de un posible escondite y Gran Torino fue a reconocer el terreno mientras tú te encargabas de un asunto en Osaka. Cuando Gran Torino regresó, recibí unas estadísticas tentativas de la cantidad de personas que tenía All for One bajo sus órdenes. Lo comparé con las confesiones que recopilamos acerca de los criminales que habían desaparecido en los últimos años para hacer una semblanza de los quirks que podría estar ocupando o absorbiendo. Luego… ―. Se dio tiempo para soltar otro suspiro ―. Tuvimos una pequeña discusión acerca del despliegue estratégico. Insististe en que irías solo y dijiste un montón de estupideces, pero al final aceptaste que fuera contigo. Los subordinados fueron relativamente sencillos, pero te detuviste un momento con uno de esos tipos que habían recibido varios quirks… ― Hizo una pausa. Toshinori supuso que era porque venía la parte importante de todo aquello ―. Conseguí ganarte un poco de tiempo con All for One, pero no pude defenderme correctamente ―. Murmuró, arrugando más el entrecejo ―. Apareciste en el momento en el que estaba absorbiendo mi quirk y tuvieron una pelea importante. Intercambiaron varios golpes hasta que te dejó acorralado con el ataque de tu abdomen. Así que me levanté y lo sujeté un momento, dejando salir todo mi poder. Por supuesto, ese tipo no era nada idiota. Estar en contacto con él redujo mis parámetros, pero te dio tiempo de recuperarte. Aunque no fue suficiente del todo, te permitió acabar con él mientras estaba distraído. Te estabas desangrando, así que quedaste inconsciente inmediatamente después. Supongo que fue el One for All lo que te mantuvo con vida mientras llegaba Tsukauchi con los refuerzos. Porque sí, le pedí que preparara un equipo a varios kilómetros y no voy a disculparme por eso.

Tanta información lo estaba mareando. Era difícil de asimilar y, en lugar de aclararle algo, sentía que no comprendía nada. ¿Cómo era que Endeavor sabía acerca de All for One? ¿Cuál era el asunto de Osaka? ¿Conocía a Gran Torino? ¿Sabía acerca del One for All? ¿Habían tenido una discusión? Agitó la cabeza de nuevo, tratando de deshacerse de ese pequeño dolor que comenzaba a crecer.

― Perdona uh… Enji ―. Decir su nombre era bastante extraño luego de tanto tiempo ―. No recuerdo absolutamente nada. ¿Qué es lo que sabes sobre el One for All?

― Tanto como tú ―. Contestó sin problema ―. Acerca de los diferentes portadores y de esa pelea sin mucho sentido que han mantenido desde el inicio y que era tu deber finalizar.

Abrió los ojos ampliamente.

― ¿Cuándo te dije acerca de ello?

― ¿A qué vienen tantas preguntas tan estúpidas, Toshinori? Vas a hacerme enojar si sigues con eso ―. Siseó, pero, aunque lo escuchó maldecir por lo bajo y lo vio fruncir el gesto, le dio la tan esperada respuesta―. Meses después de nuestra graduación de U.A.

No pudo no sentirse sorprendido, así que no dijo nada durante unos segundos, a pesar de que el pelirrojo parecía estar esperando que lo hiciera. Las implicaciones de esa última frase eran muchas.

― Quieres decir… ¿no terminamos? ― Eso era, probablemente, lo que lo inquietaba más de todo lo que había dicho.

― ¿Eres idiota? ¿Qué es lo que vas a pedirme ahora, que te diga la fecha de nuestro maldito aniversario?

― ¿Tenemos un aniversario?

Todoroki gruñó y puso los ojos en blanco.

― Eres increíble, Toshinori. ¿Qué es lo que recuerdas?

Ésa era una gran pregunta. Recordaba el incidente en Kamino y la misión de rescate de Bakugou Katsuki. Estaba utilizando los restos de su poder para vencer a All for One por segunda vez y Enji le estaba gritando con desesperación al verlo demacrado en medio del campo de batalla. Sin embargo, el hombre pelirrojo sentado a un metro decía que eso no había pasado. Así que, en realidad, todo lo que recordaba con certeza era sus épocas de juventud.

― Me acuerdo de cuando estábamos en Instituto ―. Confesó ―. Es decir, no es que crea que soy ahora mismo un adolescente de 17 o 18 años, no. Estoy seguro de que tengo…

― 35 años ―. Completó Enji.

― ¿Qué? ¿Estás seguro?

Eso no podía ser. Su enfrentamiento fatal con All for One había sido cuando tenía 40 y, según recordaba, tenía ya 45. ¿Había retrocedido en el tiempo? ¿Era una línea alterna la que estaba experimentando? ¿Alguna clase de quirk incomprensible? ¿Había manera de escapar?

― Esto es un problema ―. Dijo Todoroki, casi para sí mismo ―. Hay una gran laguna en tu mente ahora mismo, al parecer ―. Esta vez, la preocupación era muy clara en todo su rostro. Cerró los ojos un segundo y lo observó mover sus dedos, antes de volver a separar los párpados ―. Como sea, deja de pensar demasiado, tienes que recuperarte primero. No sé qué pasa por tu cabeza, pero seguramente es algo idiota, así que no le des muchas vueltas. Cuando te den de alta volveremos a casa y tendremos tiempo de buscar una manera de arreglar las cosas ―. Mencionó el pelirrojo. Lo vio ponerse de pie con cierta incomodidad y lo miró desde su posición, gruñendo ―. Más vale que te apures, porque la maldita comida del hospital es horrible. Además, hay un montón de gente entusiasta y molesta afuera. Yo no pienso lidiar con ella, ¿entiendes? Ése es tu maldito asunto.

Avanzó hasta la puerta de la habitación mientras se quejaba, con ese tono molesto de siempre, que desapareció cuando dobló en el pasillo. En dirección a su propio cuarto, supuso. Era demasiado surrealista, pero todo parecía ser real. Inhaló con fuerza y, reparando en ello, revisó sobre su bata, palpando su abdomen en busca de la cicatriz que le había dejado All for One. Efectivamente, estaba ahí y su apariencia era desagradable, pero era mucho más pequeña de la que recordaba tener. La palpó con los dedos, siguiendo sus líneas irregulares. Se dedicó a meditar unos minutos, acerca de los sucesos que lo habían conducido ahí. Entonces, la puerta volvió a abrirse. Del otro lado apareció Recovery Girl.

― ¡Ah, Yagi! ¡Todoroki me dijo que despertaste! ― Dijo de manera tranquila, avanzando hasta el borde de la cama ―. ¿Cómo está tu cuerpo? ¿Te duele? ― Preguntó.

― Sólo un poco ―. Dijo con sinceridad.

― También me dijeron que tienes amnesia. Una muy grande al parecer…

― Uh… sí, creo que sí.

― Seguramente desaparecerá pronto, pero deberías dejar de preocupar tanto a ese hombre. Ya tiene bastante con la reducción de sus habilidades ―. Comentó la mujer, revisando su diagnóstico ― ¿Sabes? Hoy es el primer día que acepta ir a su habitación. Apenas se despertó de la cirugía, vino aquí y ha estado sentado ahí, esperando a que despertaras. ¡Es terriblemente terco! ¿No crees que al menos deberías hacer un esfuerzo para recordar a tu pareja?

Dio un respingo por lo que dijo.

― ¿Eh? ¿De qué habla? ― Preguntó con nerviosismo, sin saber por qué.

La anciana soltó una risa divertida.

― Nunca fueron muy buenos escondiéndose durante el Instituto. Además, soy una mujer con experiencia, Yagi Toshinori. Soy capaz de saber cuándo estoy cerca de una pareja de amantes. No estoy diciendo que lo hagan público, sólo digo que le des un descanso. Endeavor parece enojado, pero creo que sólo está lleno de preocupación. Y debe estar pasándolo mal. No logramos encontrar una manera de restablecer su quirk… ¡con lo orgulloso que es! Todavía recuerdo cuando hablaba de sus aspiraciones en U.A…

Era verdad, no había pensado demasiado en lo mucho que eso podría estar afectando a Endeavor. Al que recordaba, siempre estaba tratando de mostrar su valía y su fuerza inigualable. Ahora que lo pensaba, ¿no había salido casi ileso de este enfrentamiento a costa de la mitad del quirk de Todoroki? ¿Por qué no se lo había restregado en la cara? Era injusto, definitivamente. Sobre todo, porque se suponía que aquella era su batalla. Ojalá pudiera disculparse y recompensárselo.

― Al parecer podrán salir hoy mismo del hospital. Todoroki está durmiendo ahora por la última fase de su tratamiento. Tú deberías hacer lo mismo, Yagi-kun ―. Dicho esto, le dio un beso en la frente, activando su quirk. Supuso que había mucho qué curar, porque el cansancio lo invadió hasta el punto de dejarlo noqueado en un par de segundos.


La casa era grande y estaba apartada de la ciudad. Aunque la construcción era más de tipo tradicional, el interior tenía apariencia occidental, lo que causaba un contraste que, de alguna manera, alcanzaba un equilibrio. No había cruzado muchas palabras con Todoroki en el camino del hospital a la residencia. Los habían dado de alta en la noche y, luego de indicarle dónde estaba el auto asignado, se había limitado a mirar por la ventanilla con los brazos cruzados sobre el pecho. Luego había sido el primero en bajar del vehículo y había entrado a la casa sin esperarlo. Había una clara tensión entre ambos.

Sin saber qué hacer, fue al interior. No había empleados domésticos que lo recibieran, así que se guio por las luces que fue encendiendo el contrario, de tal forma que llegó a la habitación sin mucho problema. Ésta era bastante amplia, acorde a las proporciones de ambos. Tenía un armario grande empotrado en la pared que conectaba con la siguiente habitación, algunos muebles donde había productos variados y una cama extra grande, donde podían entrar los dos sin problemas, suponía. Lo que llamó su atención fueron las fotografías que estaban en las mesitas de noche, enmarcadas cuidadosamente. Se acercó a tomarlas con cuidado. Una era de su graduación en U.A., muchos años atrás. Había otra en donde estaban recibiendo condecoraciones como el héroe número uno y el héroe número dos. Al parecer eso seguía igual que como lo recordaba. En sí, no había nada extraño en ambas imágenes, pues él salía sonriendo y Todoroki salía con su cara seria y enfadada.

Lo que lo tomó con la guardia baja fueron las imágenes de lo que, suponía, era la vida cotidiana en esa línea alterna. En una de ellas estaba Enji parado, con los brazos cruzados y cara de fastidio al lado de un árbol de sakura. En otra estaba él, sonriendo ampliamente y con los pulgares arriba, justo en la entrada de esa casa, como si la acabaran de comprar. La última era la más extraña, pues era, de nuevo, una toma de ambos. Sólo que el rostro del pelirrojo tenía una curvatura en los labios, apenas notable, pero que conocía bien. Estaba sonriendo. Había pasado tanto tiempo sin considerar de manera seria una vida a su lado que recuperar la idea hizo que su corazón empezara a latir con fuerza. No entendía nada, pero si algo era seguro era que, al menos ahí, nunca se había separado de Todoroki.

Escuchó un gruñido del otro lado de una de las puertas correderas de la habitación, seguido de algunas maldiciones en voz baja. Dejó las fotografías en donde estaban y se acercó a la puerta, abriendo sin mucho cuidado. Lo que encontró fue un baño privado de estilo tradicional. Como era de esperarse, los gruñidos provenían del pelirrojo, quien estaba dentro del agua caliente, con los ojos cerrados y una expresión de malestar demasiado obvia.

― Eh… ¿necesitas algo? ― Preguntó, aclarándose la garganta.

Enji abrió los ojos y lo miró desde su sitio. Toshinori notó un par de cicatrices en su rostro que no recordaba haber visto antes. Lo mismo podía decir del resto de su cuerpo que quedaba a la vista, aunque no era como si hubiera visto a Endeavor sin ropa en los últimos 28 años. Le mantuvo la mirada unos segundos, como si quisiera reclamarle algo, pero, al final, simplemente bufó y desvió el rostro con brusquedad.

― Por supuesto que no ―. Dijo, ignorándolo.

Yagi se quedó parado un instante, mirando los detalles de la construcción. La noche era cálida, o tal vez lo sentía así por el vapor que provenía de la bañera. Se lo pensó un rato, pero terminó por tomar una decisión. Volvió a la habitación y se deshizo de su ropa, dejándola sobre una silla. Suponía que no había ningún problema con eso, ya que parecía que seguían siendo pareja y, de todos modos, no podía entrar al agua con ninguna prenda. Luego volvió a salir, encontrando a Enji en la misma posición, observando de mala manera el fondo de la bañera como si pudiera hacerlo hervir con la mirada.

― ¿Te importa si entro?

― Da igual―. Respondió con sequedad. No volteó a verlo.

Entró en el agua sin ninguna prisa, del lado contrario a donde estaba el pelirrojo, de modo que quedó sentado frente a él. Podía ver su rostro con claridad, la manera en la que crecía su barba, el ángulo de sus cejas, sus labios gruesos torcidos en ese gesto que no parecía ser capaz de abandonar. Observó, también, su cuello y sus hombros, musculosos como su propio cuerpo. Enji estaba en una forma realmente buena, si se le permitía el comentario.

― Dijiste que podíamos… solucionar las cosas cuando estuviéramos en casa ―. Se atrevió a decir. No le quedaba duda de que era ahí donde vivían, así que formuló la frase. En realidad, no sabía si acaso podría volver a donde había estado antes, a esa realidad en donde las cosas eran muy distintas. Lo que sí que tenía en claro era que había un asunto que solucionar en ese momento. Ya investigaría luego los detalles de la situación.

El pelirrojo se removió un poco. Levantó el rostro y descruzó los brazos. Algunas quemaduras leves quedaron a la vista. Sus miradas volvieron a encontrarse.

― No tengo la menor idea de cómo hacer que recuerdes las cosas ―. Aceptó el hombre, sin darle vueltas ―. Se supone que es temporal, pero es molesto. Son casi 18 años, Toshinori y ni siquiera pareces reconocerme lo suficiente. Me preguntas cosas como si no las supiera y actúas casi como si fuéramos un par de desconocidos. ¿Sabes que es lo peor? Que ni siquiera puedo hacer nada para evitarlo y por eso no puedo enojarme contigo por más que quiera golpearte hasta el cansancio. Todo esto es una estupidez, de inicio a final y…

― Hey, hey… cálmate, Enji ―. Se apresuró a decir, levantando una mano en su dirección ―. No es tu culpa ―. Lo vio apretar los ojos un segundo, afligido. Sus gestos no eran tan distintos a como los recordaba, pero las emociones que transmitían parecían más sinceras ―. Soy yo quien debería disculparse contigo, era mi pelea y tú terminaste llevándote la peor parte ―. Había estado pensando en eso luego de lo que había dicho Recovery Girl. A pesar de que no estaba seguro de qué había pasado, se había enterado de las consecuencias y sentía que le debía una disculpa al hombre.

― ¿De qué hablas? ― Preguntó.

― De tu quirk. Estoy seguro de que yo debo tener algunas limitaciones, pero tú perdiste un rango muy amplio de poder ―. Expuso.

El pelirrojo volvió a mirarlo fijamente, luego sus labios se fruncieron y maldijo un par de veces por lo bajo. Estaba frustrado; seguramente muchas cosas pasaban por su cabeza. Su pareja (él), había perdido la memoria de los últimos años. Su quirk se había reducido. Lo que hubiera sido lógico, pensaba, era que le agradeciera por su ayuda y su sacrificio y lo consolara de alguna forma, que le ofreciera su apoyo en todo como lo habían hecho de jóvenes, sin darle más preocupaciones. Entonces reparó en eso. Enji podría quejarse y enojarse por lo que había sucedido, echárselo en cara y todo, pero no. Estaba ahí, sintiéndose culpable por no poder ayudarlo. Pensando primero en su bienestar antes que en sí mismo, algo que le resultaría difícil de creer si pensaba en el Enji que había peleado a su lado en el incidente de Kamino.

― Era eso o dejarte morir. Puedo aceptar tener limitantes, Toshinori. Incluso si All for One se hubiera llevado todo. Quizás no te acuerdas, pero hace tiempo prometí que iba a cuidarte las malditas espaldas, te dije que iba a pelear contigo sin importar qué sucediera, incluso si terminaba muerto. No te atrevas a decir que es tu pelea como si estuvieras solo. Sabía en lo que me estaba metiendo, sabía que podía pasar algo así o incluso peor, pero… estás aquí. Vivo. Es la única mierda que me importa.

Si alguna vez se había preguntado cómo sería ver a Enji enamorado de él luego de los 18, ésa era su respuesta. La forma en la que enunciaba cada frase, con seguridad y firmeza, la forma en la que lo miraba, en la que arrugaba el entrecejo, en la que parecía estar bien con lo que había sucedido. Hasta las variaciones de su voz le daban a entender que, detrás de todo lo que decía, se encontraba un amor profundo. La consciencia de eso hizo que todo en su pecho se sintiera cálido y que su pulso se acelerara un poco. Que Enji todavía lo amara. Sólo imaginarlo era… indescriptible.

― Enji…

― No pongas esa cara. Tú hubieras hecho lo mismo.

En el fondo, sabía que sí. Lo sospechaba porque siempre había deseado protegerlo incluso cuando lo había hecho de forma incorrecta.

― Así que no quiero que pienses que me debes algo, ¿entiendes? Nada de comprar kuzumochi de regreso y ofrecerte a hacer las cosas que nunca haces. Si pretendes compensar algo, entonces esfuérzate en recordar.

― Sí…

No pudo decir otra cosa durante unos segundos. Era presa de un sinfín de emociones que sentía que había olvidado a lo largo de la vida. Cierta felicidad se alojaba en su cuerpo, unas ganas increíbles de acercarse y rodearlo con los brazos o buscar su boca para concretar un beso. Era consciente de que no era ésa la vida que le pertenecía, pero a pesar de todo, no era capaz de expresarlo en voz alta, como si temiera que todo terminara si lo decía.

― Enji… ―. Dijo ―. Creo que puedes hacer algo…

― ¿Qué?

― Hablar conmigo sobre los momentos importantes. Estoy seguro de que, si lo haces, terminaré por acordarme de ellos ―. Declaró, incluso sin tener la certeza de que eso podía pasar. O, mejor dicho, sabiendo que no sucedería por el simple hecho de que no los había vivido.

― ¿Cómo puedes estar tan seguro de que van a volver?

― Es porque hay cosas que no cambian, Enji. Cosas que están ahí, aunque no sepa del todo cómo llegaron a ese sitio. Lo que siento por ti, por ejemplo.

Y eso sí, no era mentira. Lo quería. Lo amaba. Dentro de ese sueño o lo que fuera, podía afirmarlo con el mentón en alto. Quería ser un poco egoísta, escuchar lo que tenía que decir, imaginar esos momentos y guardarlos para siempre. Hubo un nuevo silencio, en el que la mirada del hombre cambió. La sensación de molestia que desprendía se diluyó considerablemente y su expresión le resultaba incluso más joven de lo que era. Por su parte, le dedicó una sonrisa amplia.

― ¿Vas ayudarme, entonces?

Todoroki, por toda respuesta, se puso de pie y comenzó a salir de la bañera.

― Vamos a la habitación.


― ¿En qué momento dejaste de dormir en futón?

― Cuando nos mudamos a la casa, hace nueve años.

― ¿Cómo conseguí que aceptaras?

― No conseguiste que aceptara. Lo propuse yo ―. Murmuró ―. Antes de eso vivimos varios años en un apartamento en el que ocupábamos futones por cuestión de espacio.

― ¿Cuántos años fueron?

― Seis

Mientras se ponía la yukata, hizo la cuenta mentalmente. Enji había dicho que tenían 35. Según sus cálculos, habían comenzado a vivir juntos a los 20, por lo que, si no se equivocaba, llevaban 15 años viviendo juntos. Era bastante tiempo, sin lugar a dudas.

― ¿Por qué nos mudamos? ― Preguntó entonces, amarrando su obi sin mucha complejidad.

― Espacio ―. Hizo una pausa. Todavía con la yukata a medio colocar, Todoroki lo miró unos momentos ―. Tampoco te acuerdas de eso, ¿verdad?

Negó con cierta culpa.

― No, de nada… aunque estoy seguro de que ambos estuvimos en el Top bastante pronto.

Enji levantó ambas cejas.

― Sí, a los veintidós ya era el segundo mejor héroe y tú… bueno, qué quieres que te diga, mírate ―. Contestó. Eso lo sorprendió un poco; recordaba que el pelirrojo había sido el número dos desde que tenía veinte. No entendía qué podría haber cambiado ―. Tuvimos algunas dificultades unos dos años antes. Si no, estoy seguro de que hubiera estado ahí antes.

― ¿Por qué? ¿Qué fue lo que sucedió? ―. Ésa era la parte que lo tenía más inquieto, lo que no había vivido, pero había pasado. Al menos ahí.

― Bueno, estábamos entre los mejores cinco. Durante esa época tuvimos una charla y decidí que era tiempo de decirle a mi padre que estábamos juntos. Aceptaste, aunque no estabas muy convencido.

Mientras decía eso, terminó de vestirse. Se echó el cabello hacia atrás con una mano e, intercambiando miradas, se dirigió a la cama, en donde se metió sin problema y se acostó. Aunque tardó un momento más, terminó por seguirlo, acomodándose sobre su costado.

― ¿Qué te dijo?

― No le gustó. Las cosas no salieron nada bien y me echó de la casa; se enojó tanto que terminó en el hospital. Por supuesto, me desheredó. Hay cosas que no se pueden hacer tan fácil sin dinero y conexiones. ¿Por qué crees que nos mudamos juntos la primera vez? Incluso siendo héroes en ascenso, no podíamos permitirnos muchos lujos.

Levantó ambas cejas con sorpresa, sin saber bien qué decir. El padre de Enji siempre le había parecido una persona estricta y sabía que su relación no iba a resultarle aceptable, pero llegar al punto de correr a su propio hijo y desheredarlo le parecía bastante dramático y severo, incluso para él. Por otra parte, tenía sentido que se hubieran trasladado a un sitio en común; imaginaba las dificultades que habían tenido. A pesar de todo, no podía dejar de sentir cierto orgullo al pensar en que, fuera como fuese, incluso dos años más tarde de lo que recordaba, ambos lo habían logrado.

― ¿Después vinimos aquí? ― Era lógico, pero quería escuchar más.

― Tenemos una agencia en Tokio ―. Respondió el pelirrojo ―. Es la agencia más importante del país. Actualmente mandamos héroes a todas las prefecturas. Eso sí que deberías recordarlo, porque hay mucho papeleo por hacer ―. Gruñó. Luego soltó un suspiro ―. La fundamos en conjunto a los 26, así que nuestros ingresos mejoraron bastante. Propusiste mudarnos de sitio y luego sólo llegaste a decir que habías encontrado un lugar perfecto. Supongo que viste las fotos.

― Sí ―. Aceptó.

Luego se sumió en sus pensamientos nuevamente. Se dedicó a mirar a Enji y éste no le apartó la mirada. Se sentía afligido y mientras más lo escuchaba, más culpable se sentía por no poder recordar nada de eso o, dicho de otra forma, por sentir que nada de eso había pasado. O que podría haberlo hecho si no hubiera cometido tantos errores. Estaba ahí, acostado al lado de la persona que más había amado en toda su vida, capaz de tocarlo si estiraba la mano, con muchos años detrás de ellos, con una vida construida, con todos esos sueños de los que alguna vez habían hablado, cumplidos. Todoroki arrugó el entrecejo unos segundos y suspiró por lo bajo. Luego, sin decir nada, acercó su cuerpo al suyo hasta que sus pechos se tocaron y le pasó un brazo por encima. Silenciosamente, casi con cautela, levantó el rostro y buscó sus labios, besándolo durante un instante antes de apartarse lo suficiente para observarlo.

― Estás haciendo esa cara ―. Susurró.

Él, por reflejo y deseando hacerlo una vez más, también lo envolvió con un brazo.

― ¿Qué cara?

― La cara que pones cuando algo que está inquietando ―. Respondió Enji ―. Sé que dije que te esforzaras en recordar ―. Carraspeó unos segundos y bajó la voz ― …lo dije porque es… desagradable sentir que estás lejos otra vez ―. Lo vio cerrar los ojos y arrugar el entrecejo ―. Debe ser frustrante no poder recordar nada. Tal vez no debí forzarte a hacerlo, Toshinori.

― No me estás forzado a hacer nada, Enji ―. Contestó, permitiéndose acariciar su espalda amplia y fuerte ―. Quiero hacerlo. Estoy muy avergonzado por haberme olvidado de todo. Me gusta esta vida, me gusta lo que hemos construido juntos. Lo siento por haberlo olvidado. Pero… tengo otra pregunta que hacerte ―. Agregó.

El hombre se removió y volvió a abrir los ojos. Se veía algo cansado y ligeramente agitado, pero no parecía estar molesto.

― ¿Qué?

No estaba seguro de cómo debía formular la pregunta. Ni siquiera sabía si eso había pasado o no. ¿Qué tan diferentes habrían sido las cosas en sus años de Instituto? No tenía certeza de que fueran del todo iguales a como las recordaba. Tomó aire.

― ¿Qué pasó…? Quiero decir, ¿qué fue diferente? ― No, para Enji seguramente nada era diferente ―. I mean… creo que recuerdo… hubo una noche en la que discutimos, cuando… dijiste que ibas a dejar todo y dijiste que ibas a decirle a tu padre e ibas a ir conmigo. Al menos tengo imágenes acerca de eso ―. Terminó por decir.

Las facciones de Enji se endurecieron un poco. Al parecer no le gustaba sacar ese tema. Frunció los labios y murmuró algo entre dientes.

― ¿Por qué, de entre todo, es lo único que recuerdas? ― Murmuró ―. Me dijiste que ibas a irte y que no sabías cuándo ibas a volver. Te contesté que podía ir contigo para ayudarte y dijiste que no podía; argumentaste un montón de estupideces, diciendo que iba a estar seguro y que estaba haciendo lo que deseaba… entonces yo te grité que iba a dejar la agencia e iba a hablar con mi padre para que me tomaras en serio. Pero tú decidiste no decir nada y trataste de romper conmigo. Tuvimos una pelea y te negaste a darme verdaderos motivos Pasamos esa noche juntos ―. Hasta ahí, todo era justo como lo recordaba ―. A la mañana siguiente… habías empacado tus cosas, pero seguías ahí, con un aspecto lamentable. Pensé que ibas a irte antes, pero dijiste que no podías hacerlo. Dijiste que no podías explicarme las cosas en ese momento y me pediste que esperara, que siguiera en la agencia y que no hiciera algo estúpido. Prometiste que ibas a regresar y que ibas a decirme todo cuando volvieras ―. Hizo una pausa en ese punto ―. …tardaste un par de meses. No escribiste ni llamaste y yo no sabía si estabas vivo o no más que por los malditos titulares. Al final volviste y me dijiste todo. Acerca del One for All y All for One, de Nana y gran Torino y todo lo que habías estado haciendo. Por supuesto, discutimos de nuevo; no era tan difícil decirme esa clase de cosas desde antes. Estaba muy molesto porque me hubieras dejado de lado y hubieras pensado en mí más como tu novio que como un maldito héroe. La verdad es que todavía me irrita, porque de vez en cuando ocupas excusas idiotas como si fuera tan fácil quebrarme. Pero… incluso si tardaste, pudo haber sido peor.

Era difícil creerlo. Pensar que sólo se trataba de una cosa. Una pequeña situación, un par de minutos más en su apartamento, pudiera cambiar toda una vida. Lo recordaba, se veía a sí mismo empacando, sin dejar de ver al pelirrojo, sin saber cómo salir, cómo marcharse sin decir nada. Sentía la presión de quedarse, de darle los buenos días y decirle que todo iba a estar bien. Pero no. Se había ido. Esa maldita mañana se había ido.

― Si simplemente te hubieras marchado, estoy seguro de que nunca te habría perdonado.

― …lo sé ―. Murmuró.

Porque era justamente lo que había sucedido. No sabía cómo sentirse, ni qué hacer con toda esa frustración que sentía. Tenía un nudo en la garganta. Incluso así, sintió que todo comenzaba a volverse más cálido y comprendió que era la temperatura de Enji que empezaba a aumentar. Sintió la palma en su mejilla y aunque el rostro contario era tan serio como siempre, algo en su actitud era tranquilizadora.

― Ya no importa nada de eso ―. Dijo ―. De alguna manera lo solucionamos y vamos a arreglar este maldito problema también. Deja de pensar demasiado, Toshinori, me molesta verte con esa expresión. Sé congruente contigo mismo, ¿cómo diablos quieres que los demás estén bien si tú no lo estás?

― Lo siento, Enji, es sólo que… pienso en todas las cosas que pude haber hecho de manera distinta y…

― Cierra la boca, ¿quieres? Lo que no hiciste entonces no puedes hacerlo ahora, ¿vas a ponerte a llorar tantos años después? No juegues conmigo. Tú mismo lo dijiste, hay cosas que nunca cambian. Las importantes… ―. La determinación en los ojos de Enji era increíble. Entendía de qué estaba hablando; en ese universo, Todoroki lo amaba y él sentía que lo amaba también ―. Mientras eso siga igual, el resto me tiene sin cuidado.

― ¿Incluso lo de tu quirk?

― Maldición, casi lo había olvidado ―. Gruño entre dientes ―. Mira, eso me tiene enojado como no tienes idea; tú también tuviste una disminución importante, así que tampoco es que estés mejor que yo ―. Murmuró ―. El asunto es que hicimos lo que teníamos que hacer porque es nuestro maldito trabajo. De cualquier forma, quejarme no va a traerlo de regreso. Además, pudiste haber muerto si no hubiera estado ahí. No me hagas decir estupideces románticas, sabes de qué estoy hablando.

Y lo sabía. Qué distinto era todo. Ya no quería seguir pensando en lo demás.

― De acuerdo… ¿qué hay con la foto en donde estás al lado del árbol?

― Es el jardín. Te pusiste insoportable cuando floreció el cerezo.

― ¿Y las demás?

― Estabas orgulloso cuando me enseñaste la casa. No voy a mentirte, es el tipo de casa que hubiera escogido ―. Confesó el pelirrojo ―. Ésa, en donde estamos juntos, la tomó Tsukauchi unos días después de que nos mudamos. Tenemos algunas otras guardadas por ahí, pero no eres el mejor tomando fotografías, así que son bastante lamentables. Además de que ya no se consiguen rollos tan fácilmente, perdiste la cámara cuando fuimos a San Francisco hace unos tres años.

― ¿Vamos mucho a América?

― Cuando hay tiempo. Siempre hay cosas que resolver, asuntos de los que alguien debe hacerse cargo…

Lo entendía. La vida de un héroe era ajetreada. El mundo no se detenía por nadie y, con ello iba el crimen. De todos modos, se vio visitando lugares emblemáticos de Estados Unidos al lado de Enji, lidiando con el jet lag, con la comida, con todas esas cosas a las que el pelirrojo nunca había sido muy cercano.

― ¿Y nuestra relación? ― Quiso saber.

― ¿Qué con eso?

― ¿Sigue siendo algo desconocido para todos?

Todoroki suspiró.

― Algo así. Algunas personas con las que trabajamos lo saben, pero nuestra vida personal sigue lejos de los medios de comunicación. Salvo por un incidente cuando éramos más jóvenes ―. Lo miró unos segundos sin decirle nada.

― ¿Qué incidente?

― Tuvimos una pelea importante con un grupo criminal. Pasaron muchas cosas y al final fuiste demasiado lejos y terminaste besándome. Todavía puedes encontrar la foto en internet.

No pudo no reír. Era algo que habría hecho, seguramente llevado por el alivio de verlo vivo, sin que le importara que todos estuvieran mirando. Así era cuando habían peleado juntos durante el Instituto. A veces todo parecía desaparecer y sólo estaban ellos.

― No fue gracioso dar tantas explicaciones, Toshinori ―. Mencionó, pero Enji también estaba sonriendo un poco ―. Como sea, para la mayoría de personas simplemente somos socios. Amigos, tal vez. Aunque estoy bastante seguro de que la gente sospecha algunas cosas, igual que siempre.

― ¿Tú estás bien con eso?

― Por supuesto. No puedo imaginar lo molesto que sería si de pronto pudieran confirmarlo. Somos héroes, a los demás no debería importarle lo que hacemos con nuestras malditas vidas. Casi veo los titulares de las revistas. No quiero lidiar con ello de ninguna forma. Me basta con que nosotros sepamos lo que sucede entre ambos.

Entonces le surgió otra duda.

― ¿Nunca has pensado en…? ―. Se aclaró la garganta ―. Ya sabes, tener una familia… quizás… ¿casarte? ¿Tener hijos?

La mirada del pelirrojo se endureció en un instante.

― ¿Realmente crees que eso me interesa? ― Gruñó ―. Al parecer hay ideas que no se te van de esa cabeza estúpida que tienes. No. No quiero eso. Más allá de que es una gran responsabilidad y seguramente estarían expuestos a un sinfín de situaciones, no entiendo por qué rayos te cambiaría a ti por esas cosas.

― Ya… entiendo. Perdón por preguntar.

― Eres un idiota. No sé por qué todavía me sorprendo.

Si las cosas eran así, entonces significaba que Todoroki Shoto nunca había nacido. Y, si no había perdido sus poderes, ¿dónde estaría Midoriya Izuku? ¿Cuánto podría haber cambiado el mundo sin la ruptura de su relación?

― Enji.

― ¿Qué quieres ahora?

― ¿Recuerdas eso que habla del aleteo de una mariposa?

― ¿De qué hablas?

― Eso… ―. Una inquietud comenzó a crecer en su pecho mientras lo miraba, como si de pronto hubiera reparado en que nada de lo que sucedía era real.

― No te entiendo, explícate.

― Que el aleteo de una mariposa… puede sentirse hasta el otro lado del mundo.


Abrió los ojos con violencia, respirando agitadamente. Estaba solo. La luz entraba por la ventana. Extendió los dedos de su mano frente a su rostro y los halló delgados. No necesitó voltear para saber en dónde estaba. El reloj de siempre indicaba que eran casi las diez de la mañana. El calendario, que habían pasado dos semanas y media desde su última pelea. Reconocía el sitio, porque era suyo. A pesar de todo, sintió nostalgia por esas fotos que nunca había tomado, por los viajes que nunca había hecho, por el beso que nunca había robado.

Por Enji, que no estaba ahí y no lo había estado nunca.


Me disculpo por los errores. ;; De verdad, gracias por leer. 3 Cualquier cosa, pueden dejarme un comentario. :')