Y una vez adentro, Syaoran con el rostro deformado por la excitación y resoplando ruidosamente la respiración por su nariz, pasó el cerrojo a la puerta, y sin perder más el tiempo, con un gruñido de fiera enfurecida se arrojó salvajemente sobre su elegante visita, derribándola en piso, y sin la menor consideración por la femenina fragilidad y elegancia de esa bella personita, la aplastaba con su fornido pecho en dominante posición, aplicándole furiosos besos en la boca, como si quisiera respirar el aire de sus pulmones, mismos que la dama recibía con sus hermosos ojos de color desorbitados ante la sorpresa del inesperado y violento proceder de su violento abusador.

Con una débil y femenina defensa Sakura colocaba sus manos en los brazos de Syaoran, pero la férrea musculatura de ese hombre le daba un claro mensaje de lo inútil que sería luchar contra ese cuerpo de toro enfurecido, hasta que pronto cayó en la cuenta de que lo que ese agresivo ser quería era gozar con ella, y convencida de que no tenía otra opción que dejarlo hacer lo que él quería, relajó todo su hermoso cuerpo dejando caer sus brazos a los lados, en señal de rendición, cayendo poco a poco en el juego del abusivo estudiante, hasta que no pudo ocultar por más tiempo el placer que las acciones le provocaban a su juvenil cuerpo.

Syaoran siempre había sido guapo, pero en aquel momento, resultaba verdaderamente hermoso y sensual por su terrible lujuria, con el rostro y los ojos enrojecidos, el entrecejo y todas las demás facciones congestionadas, tenía una expresión que parecía la de un terrible enojo, mientras seguía empeñado en esa febril y dominante faena de sátiro.

Luego de un rato, Sakura semiasfixiada por la incansable cantidad de besos a su boca, echó la cabeza hacía atrás dejando su delicado y largo cuello expuesto al bestial agasajo que el abusivo y lujurioso joven seguía dándole mientras gruñía como bestia.

Una vez satisfecho con el agasajo, Syaoran rompió el silencio para dirigirse a la chica con su excitada y ronca voz.

—El placer que tanto miedo te ha dado buscar, te tiene atrapada en este cuarto, de aquí no vamos a salir hasta que se cumplan todas mis fantasías—
Le dijo mientras volvía a sujetar con sus dientes el labio inferior de la chiquilla estirándoselo con cariño y diciéndole.
— ¿Te portaras bien?

A lo cual la Sakura respondió cerrando sus ojos con un leve movimiento afirmativo de su cabeza.

Luego se levantó sobre el piso, quedando con sus rodillas a ambos costados de la chica.
Enseguida, y aprovechando su dominante posición, Li Syaoran abrió su pantalón para dejar al descubierto y a escasos centímetros del rostro de la chica su enorme y brutal erección

Con un gesto de angustia, como si buscara un respiro Sakura estiró su cuello para alejarse, pero el insistente acoso del excitado muchacho era tal, que la tenía atrapada con una de sus manos tras la nuca mientras con la otra empuñaba su robusto miembro buscando contacto con el bello cuerpo de la joven, hasta que con los largos dedos de su fina mano, tomó el brutal instrumento para empuñarlo en un intento por tomar el control de la situación, pero una vez que lo tuvo asido firmemente con su delicada mano, pudo sentir la mágica excitación que emanaba de esa pulsante pieza transmitiéndose por su fina mano, por lo cual,
lentamente permitió que el chico acercara ese miembro a su cara hasta hacer contacto con una de sus mejillas, moviendo lentamente su cara para acariciarlo con suavidad, sintiendo el tremendo calor que emanaba de ese objeto, así como las tremendas pulsaciones del enjambre de venas que parecían estar brincadas a reventar, y cuando se hubo acostumbrado al contacto de tan tremendo objeto, los dos escucharon la alarma contra incendios y de inmediato pararon al faena.

Algún chistoso quiso hacer la última broma del verano.

Syaoran se levantó de encima de la chica, y abrió el cerrojo de la puerta.

— Sal de aquí…— Su cabeza estaba abajo. — Lo siento, no debí hacer esto, perdóname…

Sakura no podía creer lo que acababa de ocurrir, Syaoran le dio la mano para ayudarla a levantarse.

—Si quieres decirle esto a alguien, asumiré las consecuencias.

—Aceptaré solo tu disculpa, y la promesa de que no lo hagas de nuevo.

—Lo prometo… y te ayudaré con Matemáticas, si eso también sirve.

— ¿Acaso crees que aceptaré esa propuesta?, debes estar loco

—Puedo ayudarte, es eso o reprobar la materia y venir a clases de verano.

—Ah… Está bien, vendré contigo a clases de apoyo. Pero no vendré sola

—Entiendo y sería lo mejor, de lo contrario no se si me podría controlar… ahora vete…

Diciendo esto, salió disparada hacia la salida, en su mente solo cruzaba la nueva experiencia y por su cuerpo corría sin parar la adrenalina.

¿Qué es lo que acaba de pasar?

Llegada la noche, un joven estaba a punto de dormir y repasaba lo que le había pasado en la tarde.

Llevaba casi todo el año, fantaseando con la chica en secreto.

Resultaba evidente que Li Syaoran era poseedor de un espíritu controlado pero rebelde, que a veces asomaba en su persona y se apoderaba totalmente de el, reflejándose en sus ojos centelleantes y los poderosos y lascivos impulsos de su ardiente naturaleza despertaron en el acto ante lo recién ocurrido ofrecida a su fértil imaginación.
¿Cómo hizo posible que pudiera controlarse? la mente de Syaoran en ese momento estaba convertida un torbellino de imágenes y de preguntas que no se atrevía a hacer.

Luego en su mente contempló el hermoso rostro de Sakura enrojecido por la excitación que esos besos en la sala de música de la escuela le habían provocado y de inmediato su imaginación voló cuando le dio continuación a lo que no pudo continuar

El abusivo muchacho estampó un largo y cálido beso en los rosados labios de Sakura quien con los ojos desorbitados por la sorpresa se mantenía boquiabierta embonando sus labios con los de Syaoran

Su mente estaba en realidad entregada a satisfacerla y sus fuertes instintos animales, su ardiente y vigorosa constitución, al igual que su indomable naturaleza, lo identificaban.

Li Syaoran era de los contados hombres capaces de controlar sus instintos pasionales en circunstancias como las presentes.
Continuos hábitos de paciencia en espera de alcanzar los objetos propuestos, el empleo de la tenacidad en todos sus actos y la cautela convencional propia de la orden a la que pertenecía, no se habían borrado por completo no obstante su temperamento fogoso y aunque de natural incompatible con deseos tan violentos que caían fuera de lo común, había aprendido a controlar sus pasiones hasta la mortificación.
Pero Sakura sólo lo conocía como el Ratón de biblioteca que es bueno en Matemáticas, que no sólo le había hecho sentir más exasperación y deseo que nadie, sino que le habla también tenia cuerpo de tentación y que había abierto el camino por el que podía dirigirse, sin pecado a gozar de los placeres que tan firmemente tenía fijos en su juvenil imaginación.

Pronto atrajo hacia él a la hermosa muchacha y la estrechó entre sus brazos, luego la besó larga y apasionadamente. Apretó el suave cuerpo de ella contra su cuerpo y apretó su dorso para entrar en contacto cada vez más íntimo con su grácil figura haciéndola que levantara la cara y echara la cabeza hacia atrás para dejar expuesto su hermoso y largo cuello al libidinoso y desenfrenado besuqueo que el joven aplicaba con el ansia de un presidiario mientras la joven se mantenía inmóvil y con los brazos caídos, sin embargo él quería probar el aguante de su víctima en una forma que no dejara duda de su completa obediencia, para esto la soltó y la hizo girar su cuerpo hasta quedar de espaldas a ella y de nuevo la volvió a abrazar rodeando la breve cintura de su rendida penitente para hacerla sentir la presión de su potencia en esas redondeces por las que tanta atracción sentía.

Syaoran continuó apretándola, cargándola, tallándola, haciéndola inclinarse para luego estirarle los brazos como si fueran riendas, manteniendo en todo momento ese increíble nalgatorio en contacto continuo con su incontrolable protuberancia masculina sin que la joven opusiera la menor resistencia o emitiera la mínima protesta, ni siquiera cuando pasó sus fuertes manos bajo su blusa para tomarla por los senos haciéndola retorcerse de placer con los ojos cerrados cuando inició una impúdica exploración en la que sus dedos comprobaban el severo endurecimiento de los pezones provocado por la excitación de todas esas libidinosas acciones.

Todas esas posiciones en que la agasajaba no eran otra cosa que emulaciones de las formas en que llegado el momento tendría que rendirle servicio a los degenerados e incontrolables apetitos del lujurioso muchacho.

- Continuará