Dos veces Sakura retiró su cabeza apartándose de ese miembro que no paraba de descargar, sin embargo Syaoran volvía a someterla introduciendo en los sonrosados labios de la muchacha ese enorme y espumante miembro obligándola a que continuara dando ese prolongado e interminable ―beso caliente,hasta que incapaz ya de aguantar los deseos de venirse al delicioso contacto de esos abultados y carnosos labios, Syaoran colocó sus manos tras la nuca de Sakura asegurándola para que no se separara más de él.

Y habiendo al parecer alcanzado un máximo de dominio sobre la chica, el excitado chico introdujo ese monstruoso miembro cuanto pudo hasta sentir la presión de la fina y Sakura garganta de su penitente y entonces él sintió como la chica succionaba con mayor energía que antes el tieso dardo, haciendo con su cabeza rápidos movimientos para simular con su boca un jaloneo que Syaoran vio estrellas.

La intención de la jovencita era acabar cuanto antes con ese libidinoso juego en el que la tenía atrapada el excitado muchacho.

Instantáneamente se produjo un envaramiento en las extremidades de Li.
Su cuerpo se proyectó hacía adelante presionando la garganta de su joven penitente, que en ese momento tenía la cabeza hacia atrás.
Las manos del enardecido chico se agarraron convulsivamente de la nuca de Sakura para detener sus movimientos, presionando su garganta.

—¡Me voy a venir! —exclamó el chico al tiempo que con los labios entreabiertos y los ojos vidriosos lanzaba una última mirada a su inocente víctima.
Después se estremeció profundamente y entre lamentos y entrecortados gritos histéricos, su potente miembro por efecto de la provocación de la jovencita, comenzó a expeler torrentes de espeso y viscoso fluido.

Sakura, comprendía por los chorros que uno tras otro resbalaba garganta abajo, así como por los gritos de su compañero, que éste disfrutaba al máximo los efectos de lo que ella había provocado.
Sakura siguió succionando y apretujando hasta que, llena de las descargas viscosas y semiasfixiada por su abundancia, se vio obligada a soltar aquella jeringa humana que continuaba eyaculando a chorros sobre su rostro.

– ¡Madre santa! — Exclamó Sakura tosiendo varias veces Tenía el cabello y la cara inundados perlados por culpa de Syaoran — ¡Qué barbaridad! ¡Creo que me tragué más de la mitad!...Jamás me imaginé que yo iba a hacerlo.

Syaoran, demasiado agitado para poder contestar, veía complacido como su joven discípula separaba su cabeza para deslizar sus labios por todo el largo de ese endurecido miembro, lamiendo y relamiendo incansablemente el pegajoso y blanco semen que aún erupcionaba por la punta de esa descomunal erección.

Pasado un rato el muchacho se incorporaba poniendo una de sus manos en el hombro de Sakura mientras con la otra empuñaba su todavía excitado miembro con el que hacía libidinosas caricias en los desnudos senos de la jovencita, la cual con su acostumbrada sensualidad para hablar le susurró en voz baja palabras de invitación al dialogo, observando, al hacerlo el efecto que causaban en el respetable miembro de Syaoran, que de nuevo adquiría la acostumbrada rigidez con la que empezó la contienda.

— ¡Syaoran!… ¿Podemos parar?...¿hay alguna otra cosa que quieras que yo haga?, ¡estoy muy cansada!

Era evidente lo mucho que la hermosura de la joven Sakura, así como la inocencia e ingenuidad de su carácter excitaban al ya de por sí sensual chico.

Saberse triunfador de tener entre sus manos a esa tierna y sensual chiquilla, absolutamente impotente y temerosa, la delicadeza, sensualidad y refinamiento de la muchacha, todo ello conspiraba al máximo para despertar sus licenciosos instintos y sus degenerados deseos.
Era suya, suya para gozarla a voluntad, suya para satisfacer cualquier capricho de su insensata lujuria Tras las acciones consumadas, esta vez la dulce chiquilla estaba lista para entregarse a los más desenfrenados actos de corrupción, que en su lujuriosa mente,Li Syaoran había planeado paso a paso.
Así que sujetándola con firmeza del hombro y deslizando esa caricia hacía el cuello con su enorme y caliente mano, le contesto:

— ¡Desde luego que no! — Exclamó Syaoran, cuya lujuria, de nuevo encendida, volvía a asaltarle violentamente ante tal solicitud
— ¡Syaoran!... es que… no lo sé, no vengo preparada para eso — Inquirió Sakura.

Por lo que Litranquilizándola, le dijo:

— No debes temer se bien cual es tu preocupación. Yo tengoprotección, te haré disfrutar como no tienes una idea, si crees que la masturbación que me practicastefue placentera para tu cuerpo, ésta palidecerá cuando conozcas el verdadero placer.

Excitada por la seductora explicación, y sabedora de que para ella no había otra salida que acceder a las peticiones de su verdugo, Sakura aceptó de inmediato.

— Esta bien…— Replicó Sakura —
— ¡Pues desnúdate! — Ordenó Syaoran — Quítate todo lo que pueda entorpecer o trabar nuestros movimientos, que te aseguro serán en extremo violentos.

Cumpliendo la orden, Sakura se despojó rápidamente de sus vestidos y buscando complacer a su verdugo con la plena exhibición de sus encantos a fin de que su miembro se alargara en proporción a lo que ella mostrara de sus desnudeces, se despojó de hasta la más mínima prenda interior, para quedar tal como vino al mundo.

Syaoran quedó atónito ante la contemplación de los encantos que se ofrecían a su vista. La amplitud de esas caderas, los capullos de sus senos, la nívea blancura de su piel, suave como el satín, la redondez de sus nalgas y lo rotundo de sus muslos, el blanco y plano vientre con su adorable monte y por sobre todo, la encantadora hendidura rosada que destacaba debajo del mismo, asomándose tímidamente entre los muslos, hicieron que él Syaoran se lanzara sobre la joven con un rugido de león hambriento.

Syaoran atrapó a su víctima entre sus brazos. Oprimió su cuerpo suave y deslumbrante contra el suyo. La cubrió de besos lúbricos, y dando rienda suelta a su licenciosa labia, prometió a la jovencita todos los goces del paraíso mediante la introducción de su gran aparato en el interior de su vulva.

Sakura acogió estas palabras con un gemido de placer y cuando su excitado estuprador la acostó sobre sus espaldas sentía ya la anchurosa y tumefacta cabeza del gigantesco pene presionando los calientes y húmedos labios de su virginal orificio.

El muchacho comenzó a empujar hacia adentro con todas sus fuerzas, hasta que la gran nuez de la punta se llenó de humedad secretada por la sensible vaina.

La pasión enfervorizaba a Sakura. Los esfuerzos de Syaoran por alojar la cabeza de su miembro entre los húmedos labios de su rendija en lugar de disuadiría la espoleaban hasta la locura y finalmente, profiriendo un débil grito, la chica se inclinó hacia adelante expulsando el delicioso tributo de su lascivo temperamento.
Esto era exactamente lo que el desvergonzado chico esperaba.
En cuanto la dulce y caliente emisión de su Sakurapenitente humedeció la tremendamente endurecida punta de su miembro, empujó resueltamente

— ¡Ohuu!… Syaoran… esto duele… ¡Uff!… ¡Oh Dios!... No sé si pueda. — Se quejaba Sakura clocando sus manos en los musculosos brazos del muchacho fuerte, pero el primer avance de la penetración ya se había producido presionando con fuerza el elástico sello de virginidad que amenazaba con romperse en cualquier momento.

— Iremos despacio preciosa, muy pero muy despacio. — Aclaró Syaoran cuya ansiosa excitación era más que evidente tanto por la expresión de su rostro como por su agitada respiración. — Extiende tus piernas y coloca tus manos en este tronco para que lo sujetes, así, eso es, como si tú te lo estuvieras clavando.

Sakura había tomado el tronco de esa enorme ereccion con ambas manos colocando un puño encima del otro para evitar la penetración completa como le había indicado el chico. Un empujón más y otro avance se produjo en la introducción, ahora Sakura lanzaba el grito de dolor que anunciaba la perdida irreparable de su virginidad, un par de avances más se produjeron y de un solo golpe Syaoran introdujo el resto de su voluminoso apéndice en el interior de la hermosa muchacha teniendo como límite las empuñadas y pequeñas manos de Sakura que seguían crispadas a esa monumental erección.

— ¡Ohuuu!... ¡No!... ¡Para!, ¡Para por favor Syaoran! — Suplicaba Sakura al sentir el decidido avance que aplastaba sus manos mientras sus piernas extendidas a ambos lados del chico temblaban de dolor sin aportar ningún movimiento de defensa.

Pero el marrullero joven que sabía bien que a esas alturas del juego esta víctima ya era suya, empujó resueltamente mientras la sujetaba de las piernas con ambas manos sin preocuparse de los esfuerzos que la chica hacía por seguir poniendo un límite a la inevitable entrada, la cual tuvo que permitir poco a poco, cediéndole terreno al ansioso muchacho, hasta que tuvo que soltar por completo ese respetable miembro para colocar sus manos en el velludo pecho de él, como si quisiera con esa acción seguir limitando el brutal ataque al que estaba siendo sometida.

Sin embargo, una vez que Sakura se sintió empalada por la entrada de la mitad de ese terrible miembro en el interior de su tierno cuerpo, perdió el poco control que conservaba, y olvidándose del dolor que sufría rodeó con sus piernas las espaldas del chico y alentó a su enorme invasor a no guardarle consideraciones.

— Mi tierna y dulce chiquilla —murmuró—. Mis brazos te rodean, mi arma está hundida a medias en tu vientre. Pronto serán para ti los goces del paraíso.

Las partes de Sakura se relajaron un poco y Syaoran pudo penetrar unos centímetros más. Su palpitante miembro húmedo y desnudo, había recorrido la mitad del camino hacia el interior de la jovencita. El placer del joven era intenso y la cabeza de su instrumento estaba deliciosamente comprimida por la vaina de Sakura.

— ¡Adelante, Syaoran! Estoy segura que puedo con todo. — Exclamó Sakura.

El verdugo no necesitaba de este aliento para inducirlo a poner en acción todos sus tremendos poderes copulatorios. Empujó frenéticamente hacia adelante, y con cada nuevo esfuerzo sumió su cálido pene más adentro, hasta que, por fin, con un golpe poderoso lo enterró hasta los testículos en el interior de la vulva de Sakura.
Esta furiosa introducción por parte del brutal muchacho fue más de lo que su frágil víctima, animada por sus propios deseos pudo soportar. Con un desmayado grito de angustia física, Sakura anunció que su estuprador había vencido toda la resistencia que su juvenil carne había opuesto a la entrada de ese miembro y la tortura de la forzada introducción de aquella masa borro la sensación de placer con que en un principio había soportado el ataque. Enseguida Syaoran lanzó un rugido de alegría al contemplar la hermosa presa que su serpiente había mordido. Gozaba con la víctima que tenía empalada con su enorme ariete, sentía el enloquecedor contacto con inexpresable placer mientras veía a la hermosa muchacha estremecerse por la angustia de su violación. Su natural impetuoso había despertado por entero. Pasare lo que pasare, disfrutaría hasta el máximo. Así pues, estrechó entre sus brazos el cuerpo de Sakura y la agasajó con toda la extensión de su inmenso miembro.

— Hermosa mía, realmente eres incitante, vamos a jugar un poco con todos estos encantos que tienes
Sakura aplicó con la punta de sus labios pequeños besos de niña al picante rostro del excitado Syaoran mientras este le extendía los brazos para sujetarle las muñecas de ambas, la joven dejó caer su cabeza hacia atrás para casi de inmediato sentir como caía sobre ella un verdadero diluvio de besos que la hacían retorcerse de placer y tironear con fuerza los amarres de sus manos.

— ¡Ohu!... ¡Por favor!... ¡Por favor!... Siento como que me muero… ¡Me muero!

Era la primera vez que Sakura era agasajada por un hombre, pero este no era un agasajo de novios, pues tratándose de nuestro buen joven Syaoran este era uno de los más bestiales y abusivos agasajos. Sin ningún miramiento pudor o delicadeza el buen joven saciaba por completo el ansioso deseo que las hermosas formas de ese juvenil cuerpo despertaban en él.

Firmemente empotrado en aquella apretada vaina y saboreando profundamente los deliciosos encantos de esa flor, Syaoran no era hombre que fuera a detenerse ante falsos conceptos de piedad, inmediatamente empezó a moverse, mientras lo hacía podía sentir la suma estrechez de los cálidos pliegues de carne en los que estaba encajado y empujó clavándose fuertemente con cada impulso de entrada sin preocuparse por el dolor que su miembro provocaba a su victima, sólo predominaba en él su ansioso deseo de procurarse el máximo deleite posible haciendo pausas solo para rociar de besos los abiertos y temblorosos labios de la pobre Sakura.

Por espacio de unos minutos no se oyó Otra cosa que los jadeos y sacudidas con los que el lascivo chico se entregaba a darse satisfacción y el golpeteo de su inmenso pene cuando entraba y salía del sexo de la Sakura penitente.

Pero la naturaleza hacía valer sus derechos también en la persona de la joven Sakura. El dolor de la dilatación se vio bien pronto atenuado por la intensa sensación de placer provocada por la vigorosa arma del muchacho y no tardaron los quejidos y lamentos de la linda chiquilla en entremezclarse con sonidos medio sofocados que desde lo más hondo de su ser expresaban el extremo deleite que esos vigorosos movimientos le provocaban.

— ¡Syaoran! ¡Oh!... ¿qué es lo que siento?

El lujurioso chico veía con una amplia y maliciosa sonrisa el efecto que le provocaba a la linda chiquilla con el desahogo de su propio placer mientras continuaba moviéndose furiosamente hacia adelante y hacia atrás, penetrando a Sakura en cada nueva embestida con todo el largo de su miembro, el cual hundía hasta los rizados pelos del tronco raíz de su enorme falo.

Al cabo de un rato, Sakura no pudo resistir más y obsequió al excitado violador una cálida emisión que humedeció todo su rígido miembro. Resulta imposible describir el frenesí de lujuria que en aquellos momentos se apoderó de la joven y encantadora Sakura que se aferró con desesperación al fornido cuerpo del chico enlazándolo con sus piernas en un abrazo con el que parecía querer clavarlo en su cuerpo todavía más de lo que ya estaba. El enardecido chico agasajaba el voluptuoso y angelical cuerpo de Sakura con toda la fuerza y poderío de sus viriles estocadas jaloneando con furia la estrecha y virginal entrada.

El joven Syaoran hundió hasta la raíz su miembro de semental en la vulva de Sakura, para anunciar entre suspiros que al fin llegaba la culminación, la excitada muchacha se abrió de piernas todo lo que pudo y en medio de gritos de placer recibió la descarga del fornido muchacho que parecía toro, en sus órganos sexuales.

Así permaneció Syaoran por espacio de varios segundos, clavado en las entrañas de su victima, ejecutando el reflejo de adentrarse cuanto podía, eyaculando una tras otra sus descargas de semen, cada una de las cuales era recibida por Sakura con profundas manifestaciones de placer traducidas en gritos y contorsiones.
Tras las violentas emociones la jovencita sentía que había quedado completamente llena y quedó como muerta, con la cabeza caída hacía atrás y el cuerpo en actitud de total abandono, el impacto emocional de esa extraña y novedosa sensación la había dejado postrada, completamente inerte y a merced de los abusivos agasajos que el lujurioso chico seguía dándole a su tembloroso cuerpo.
Sakura por fin había conocido el Orgasmo y como bien le dijo su verdugo, esa sensación hacía palidecer por completo todas las anteriores excitaciones que había experimentado en su cuerpo.
No obstante el hecho de haber terminado, el muchacho no tenía en absoluto intenciones de desmontar a la recién desflorada chica, cabe mencionar que su capacidad para repetir estos actos copulares en forma natural ya de por si era notable en el joven, los poderes copulatorios de este chico apenas empezaban a desatarse y ahora Sakura tendría que gozar tantas veces como el chico necesitara para mitigar esa espantosa lujuria.

- CONTINUARÁ