5.- Odisea matutina sobre patines en línea

Querida libreta que si alguien encontrara años después pensaría que es una mala comedia de fantasía:

Martes, 20 de Noviembre, 13:12, de nuevo en el sofá, sobre cojines rosas, envuelta de una manta lila. (Nota para mí: Empiezo a tener calor.)

Hoy tampoco he ido al instituto, y creo que no lo haré hasta dejar de ser el tema de actualidad. Aunque si falto demasiado tal vez piensen que soy una cobarde y que no me atrevo a pisar el Shohoku por miedo a las adolescentes escabrosas. Ayer, después de contarte la primera parte de mi aventurita, esa que incluye a mi sexy Smileman, me fui a dormir. Y tan a gusto estaba yo, en mi cama, enredada en el nórdico y soñando con los angelitos (Que estaban desnudos y tenían la cara de Sendoh, Rukawa y Brad Pitt. En vista de esto ya no pierdo mentir piadosamente para no ir a clase: he tenido fiebre), cuando el molesto, maldito y mil veces insultado teléfono empezó a sonar a eso de las siete de la tarde.

.- Muuhh? – Por si no entiendes mi vocabulario, estaba preguntando quien era.

.- Shin? Te encuentras bien? Soy yo, Mari. Que te ha pasado? – Mi queridísima amiga, no podía fallar. Ella tenía que tocarme ciertas partes viriles e irrumpir mi hermoso sueño.

.- Ammmmm – Traducción literal: He tenido jaqueca

.- Amígdalas? Vaya, debe ser muy molesto, no?

.- Hemmm – Afirmación

.- Vaya, con razón el domingo te encontrabas mal… Te doy los deberes?

.- Hemmm

.- De matemáticas, del uno al doce, y los cuatro problemas de la hoja fotocopiada, de lengua leerte el libro aquel, sabes cual?

.- Hemmm

.- De sociales una redacción sobre la relación monetaria de…

Puse el contestador para que me diera todos los ejercicios, que no los voy a poner todos porque caerías en cuenta de que soy una chica excesivamente ocupada que pierde el tiempo inútilmente escribiéndote sus estúpidas anécdotas, y que finge tener amígdalas sólo por falta de sueño, suerte y dignidad. Un cuarto de hora, mil y una cosas que hacer, y mi decisión de faltar un día más para tener que hacer todo aquello (En cuanto te lo cuente todo, me pongo. O si no, le pido mañana los apuntes a Mari y me las apaño. Claro que en cuestiones de estudios, se aferra a sus libretas y no las suelta ni para dárselas al profesor). Pues eso, me despedí de ella:

.- Quieres que vaya y te prepare algo? Como tu no sabes cocinar muy bien… - Lo tomé como una proposición retórica, lo único que hacía era regocijarse de mi inaptitud culinaria.

.- Nuummm. Aaaaah.- No, Adiós y gracias.

.- Pues… Adiós! Y cuídate!

Colgué y volví a dormirme. Tal vez esta conversa forma parte de mi mundo onírico, porque lo recuerdo muy vagamente.

La verdad es que esto no viene al caso. Yo te estaba explicando que no dormí en toda la noche. No? Sí. Pues eso, que o dejaba de dar vueltas a la cama, me había leído una media docena de libros mortalmente aburridos con tal de pillar el sueño, pero nada. A eso de las cinco, me cagué en todo, y resignada a no pegar ojo aquella noche, me levanté y fui a ver a la tele.

.- Hola! Mi nombre es Michael McGood, y esta es mi compañera Nancy Bigboobs.

.- Hola!.- Saludaba sonriente la rubia oxigenada y siliconada como si unos fórceps tiraran de sus mejillas

.- Tengo un problema, Nancy

.- Ah sí? – A mi más puro estilo cuando hablo con Sendoh

.- El mismo que muchas personas. No os ha pasado muchas veces que, el cerumen de vuestro perro no se ha limpiado con los bastoncillos convencionales?

.- Tienes razón…. Eh… - La chica miró a la cámara suplicante, y tras varios segundos, volvía sonreír (estilo fórceps) – Michael! El reuma de mi becerro no se va con pastorcillos carnales… no… que el… - Volvió a mirar fijamente a la cámara, frunciendo el ceño muy concentrada. Se oyeron unos murmullos de fondo.- Ah! Improvisa, Michael, improvisa… Que no, que improvises estúpida rubia… - Repitió mecánicamente aún sin dejar de sonreír.

.- Eh… - Dijo el cincuentón de los shorts sobaqueros y camiseta de tirantes (Nunca me han caído bien los presentadores de teletienda. Principalmente, porque me recuerdan a Tayama. ) Muy nervioso – Bueno… pues pasamos a ver lo útil que resulta el versátil… WaxDog 3000v0! – Y , mientras Nancy seguía balbuciendo las mil posibilidades de versionar El cerumen de mi perro no se va con bastoncillos normales´, dieron paso a una secuencia de imágenes sobre como WaxDog 3000v0 cambió mi vida´. Finalmente volvieron a salir mis queridos presentadores americanos, enfrascados en una acalorada discusión.

.- Oye, Michael, las rubias no somos tontas, sabes?- Decía ella haciendo histriónicos movimientos – Las rubias no son tontas, las rubias no son tontas! R-U… eh… Las rubias no son tontas! Las rubias no son tontas! – Y tras haber demostrado a que se dedico en sus años de instituto, miraron a la cámara tras una advertencia del coordinador y volvieron a sonreír con fórceps. El mundo del directo es duro.

.- Bueno, queridos amigos! – Continuó McGood intentando salvar su reputación de jubilado – Ya habrán visto las mil maravillas que se pueden conseguir con este revolucionario invento! Pero… Si llaman en los próximos diez minutos, conseguirán completamente gratis un WaxCat 3000v1! Para que su gato no sufra a causa de…

Apagué el televisor, decidida a poner en práctica un Desayuno con sedantes´ y acabar con la pesadilla de la programación matinal. Y estaba, apoyada contra del respaldo del sofá, cuando escuché un peculiar sonido ahogado… Era la ducha, la de mi recién descubierto vecino Kaede Rukawa. Y claro, mi curiosidad se iluminó cual bombilla de 90 watts. Qué demonios hacía Rukawa duchándose a las cinco de la mañana, cuando las clases no empiezan hasta las ocho? Y, sobretodo, que hacía a dichas hora de la madrugada cuando todo el mundo conoce su faceta durmiente? Prepararse para ver un maratón de teletienda! Para ver los Teletubbies? (Creo que ya mencioné mi adversión hacia estos adorables bichos en el capítulo 3). Para saciar mi hambre de conocimiento, salí al balcón. Ignoré los menos tres grados Celsius y mi peculiar pijama (Una camiseta de tirantes con la cara de un simpático cerdo sonriente a juego con un culotte (Detrás de este hay un rabo rizado) y salté hasta el su balcón, ignorando de nuevo mi vértigo frente al deseo de saber qué demonios haría.

La verdad es que desde el pequeño incidente de la ducha, me he estado planteando montar un gran negocio. Hacerle fotos a Rukawa y vendérselas a su club de histéricas fans (Anónimamente, claro, no fuera que se interesaran en saber cómo las había conseguido y me tendiesen otra emboscada). Aquello acabaría moviendo mucha pasta si mi cámara sabía captar unas buenas imágenes… Pero dejé de lado por unos instantes a la chica materialista que vive en mí y me asomé lentamente por el ventanal. Segundos después, tuve la visión más espectacular de toda mi vida desde que mi primer (y único hasta la fecha) desnudo integral en una de las revistas porno de mi padre: Rukawa salía envuelto en una toalla y completamente mojado (Probablemente esta imagen te recuerde algo…). Y mis hormonas empezaron a izar sus banderas de Queremos sexo! Desvirganos ya!´. Las intenté callar pero fue imposible, mi cuerpo se convulsionaba ante tan divina imagen, y si no cerraba la boca en el próximo par de segundos, el balcón de Rukawa acabaría pareciendo la piscina municipal. Y, a pesar de ir bastante ligera de ropa, el conjunto negro se me antojó como un edredón eléctrico (Una manta eléctrica, pero en versión edredón).

Mi calentón duró apenas unos instantes, claro, él pronto se metió en su habitación sin reparar en mí (Demos gracias a Dios) y para entonces, yo ya me estaba abanicando con una enorme hoja de la planta exótica que allí tenía.

Me oculté en el tramo de pared que había mientras miraba de soslayo al interior del piso a través del cristal. Al cabo de un rato, salió vestido con un horrendo chándal lila. Aquello me preocupó, tan perfecto que parecía y luego, no tenía el más mínimo sentido de la moda… Llevaba la camiseta metida por dentro de los pantalones! Preferí quedarme con la anterior imagen mientras volvía a mi hogar de nuevo.

Rukawa llevaba un chándal, y había cogido una bicicleta. Qué iba a hacer? Supongo que era más que obvio, y más sabiendo que su única ambición aparente en esta vida es el básquet. Pero… y si era repartidor de periódicos, eh? O de pizzas! (Aunque, bien pensado, quien va a repartir pizzas a las cinco? ) Su imagen de deidad se rompería a mil pedazos si yo descubría su más temible secreto… Ah! Rukawa es… repartidor! Que vulgar viniendo de ti!´ Aunque bien mirado, fuera lo que fuese, si sus animadoras particulares se enteraban, todas esperarían en vela a verle pasar y se suscribirían aunque fuera una revista de temas culturales. Un periódico de Rukawa… Ahhh!´

El caso es, que entre la falta de sueño y lo monótona que es mi vida, decidí llegar hasta el final de aquel misterio. Pero… la ropa de aeróbic se estaba lavando, y no tenía más prendas que fueran de deporte… Me puse lo primero que pille, una minifalda con unos calcetines que pasaban de la rodilla, y una chaqueta de algodón con cremallera. Me miré al espejo, tras hacerme las dos colas estaba divina, tenía que reconocerlo. Cogí mis patines, comidos por el polvo en el armario de mi habitación, y en cuanto vi a través de la mirilla que Rukawa bajaba las escaleras, le seguí a una distancia prudente.

Bajé por las escaleras y, una vez abajo, me puse los patines y me oculté tras unos de los helechos que decoran la planta baja. La puerta del ascensor se abrió y el dios terrenal de los chándales cutres salió por ella junto a su bicicleta. Cuando hubo salido del edificio, yo hice lo propio, no sin antes ponerme mis enormes gafas de sol. Ahora yo era Shina 007.

La verdad, pensaba que hubiera sido más difícil aguantarle el ritmo. Pero en cuanto vi que una lombriz reptaba por el suelo más rápido que la bici de Rukawa, me di cuenta de que a ese paso, acabaría perdiendo el equilibrio. Quería correr, quería acción… fenómeno poco usual pero al parecer la cafeína seguía haciendo mella en mí. Unos… tres cuartos de hora después, llegamos a la cancha que hay a cinco minutos de mi bloque de pisos, y no me hizo falta esconderme esquina tras esquina para que el presunto repartidor de periódicos no se percatara de mi presencia.

Di unas cuantas vueltas rodeando los matorrales, hasta que me cansé. Y entonces, agachada, mirando a través de un arbusto, presencié como se sometía a un intenso entrenamiento matutino. Creo que Rukawa pasa demasiado tiempo solo. Por ese motivo tiene amigos imaginarios, en serio, botaba la pelota como si su mayor rival se encontrara frente a sí. Pobrecillo, madrugar tan pronto cada mañana tiene serias repercusiones a la salud mental, a parte de dormirse siempre cuando va en bici y/o está en clase. Cualquier día de estos, le atropella un coche y ni se entera. Y compadeceré más al conductor que a Rukawa cuando sus fieles admiradoras sepan quien ha sido.

Pues estaba yo muy concentrada en su partido Rukawa vs Amigo imaginario, cuando el una de las ruedas de mi patín, la delantera del derecho concretamente, salió de su inmovilidad para ir girando lentamente hacía delante y tirarme de bruces al arbusto. Y sí, caí sobre este, caí sobre la cancha y me pegué una de las mayores castañas que mi constitución patosa recuerde en mis dieciséis años de existencia. Sentí que unos pasos se acercaban y me temí lo peor. Porque, evidentemente, y de nuevo casualmente, fue Rukawa quien me vio emerger de entre el follaje verde, con el pelo salpicado de hojas de arbusto y el cuerpo arañado por las malditas ramas de la dichosa planta. Me miraba fijamente con su expresión mortal de siempre.

.- Hola! – Saludé desganadamente agitando la mano de un lado a otro. Y entonces me levanté con toda la dignidad del mundo. Y, por un pequeño traspiés y el olvido del calzado que llevaba, me volví a caer muy digna también. Me reincorporé finalmente, alcé el mentón y sacudí orgullosa los restos de tierra de mi hombro. – Adiós!

Y antes de que me diera tiempo de salir huyendo patinando como el viento calle allá, sucedió un fenómeno paranormal. Rukawa me hablo. Quiero decir, Rukawa construyó una frase. Sí, no miento, con su sujeto y su predicado, con su núcleo nominal y verbal. Rukawa tenía capacidad morfosintáctica!

.- Porque me sigues? – Ahora, mucho énfasis no puso el chico.

.- Seguirte! – Me señalé a mi misma con semblante incrédulo- Yo? Ha! No pensaras eso verdad? Estaba yo patinando, por aquí, cuando tropecé y caí contra el matorral… No seas tan egocéntrico, sabes? – Aunque, tal vez, hubiera resultado más la excusa de la misteriosa absorción de los extraterrestres. Alzó las cejas inquisitivo, otorgándome el honor de hacer la despedida. – Pues, eso… que yo estaba patinando como cada mañana y que ya me iba, eh?

Y, para mi rutinaria desgracia, la salí de la cancha en la misma dirección que seguimos hasta venir aquí.

.- Por las escaleras? – Cuestionó en su habitual tono neutro.

.- Eh… - Dije al ver los diez peldaños que había frente a mí y mi poca coordinación de los patines como para hacer algo que no sea en rectilínea dirección. – Pues claro que sí! – Tuvo que hablar mi narcisista orgullo – Es que a caso no sabes que yo soy una excelésima patinadora!

Bien, no tenía escapatoria, tan solo dos opciones. Una: Aferrarme con fuerza a la baranda y bajar peldaño a peldaño en plan Drag Queen (por lo de las plataformas) o Dos: Demostrarle a Rukawa mi increíble equilibrio y bajar por la barandilla misma.

Me decanté por la segunda opción, antes de acordarme que para cumplirla, me faltaba algo. Nada importante, una tontería: el equilibrio.

Pero, afortunadamente y a pesar de que no lo había hecho en mi vida, me deslicé con elegancia por ella dejando a un Rukawa sonriente e impresionado que estaba planteándose declararme su amor…

Es lo que me gustaría decirte para quedar como una tía super guay a la cual se le dan bien los deportes de alto riesgo y complicación. Lo que pasó en realidad es tan humillante que no quiero redactarlo… Dejémoslo es que me abalancé escaleras abajo sin tocar un sólo tramo de baranda. Si, es como si, buscando mi suicidio, me hubiera tirado de cabeza para comprobar lo sabroso que sabe el pavimento de la calle. Sin comentarios.

And the most palurda's prize goes to…

.- Si… una excelésima patinadora – Escuché desde arriba en un tomo más frío que el viento que soplaba y al cual me empezaba a acostumbrar, debido a las malditas casualidades de la vida.

Shina Suzakashi!

.- Auch… - Fue lo único que llegué a decir para acabar de destrozar la imagen de la todopoderosa Shina. Me había roto unas tres costillas, ambas piernas, la sien, el cuello… Bueno, estoy exagerando. Dejémoslo en una lesión en la muñeca y unas tres semanas sin poder sentarme (Porque te crees que siempre te escribo tumbada?) – Ha sido un… fallo técnico – Susurré mientras intentaba reincorporarme.

.- Ya, un fallo técnico. – Más valía calladito como siempre que no tan hablador. Ahora entiendo porque parece siempre que se le haya comido la lengua el gato. Si abriera la boca, se caería del pedestal en el que las animadoras locas le han subido. Más vale asocial y enigmático que hablador y gilipollas.

.- Al menos… me podrías ayudar a levantarme, no? – Ya puestos a quedar como una imbécil, lo hacía bien. Que luego no me digan que lo hago todo a medias. Y me ignoró. Así de fácil, el tío se largó con su pelotita y su amigo invisible dejándome a mi ahí, inválida, en mitad de la calle, desprotegida, agonizante…

Cabe decir se hizo el estrecho, pero al final acabó bajando para echarme una mano, nunca mejor dicho. Tan sólo me costo un par de docenas de insultos entre los cuales, supongo, se incluiría su punto débil, porque acabó rescatándome con su terrible expresión para ayudar a que me reincorporara. Y estaba yo de pie, cuando mi inestabilidad volvió a hacer acto de presencia, haciendo que me tirara sobre él. Demos gracias a su torso compacto, porque no sé que hubiera pasado si hubiéramos caído los dos al suelo… Probablemente, ya estaría anudando un lazo con la cuerda para ahorcarme en el salón de mi casa… Me retiré antes de que mis hormonas volvieran a protestar sobre mi puritana castidad y, con un color semejante al de Sebastián (el cangrejo de la Sirenita), me largué de ahí ignorando el dolor punzante de mis posaderas.

Empecé a patinar, toda convencida de a donde tenía que llegar, cuando caí en cuenta de que aquella calle no me sonaba. Y era algo muy difícil, puesto que era la quinta vez que pasaba por ella. Era mi increíble sentido de la orientación, que volvía al ataque impidiéndome recordar donde estaba. No podía volver atrás, no recordaba el camino. Y hacia delante me daba miedo, no fuera que acabara en un suburbio marginal y vete tú a saber en que lío me metía las seis de la mañana.

Era la segunda vez que me pasaba. Parecía una cheerleader con patines y, aunque llevaba las llaves en el bolsillo no sabía donde se encontraba mi casa. Se me pasó por la cabeza la idea de coger un taxi, pero me costaría un ojo de la cara y no llevaba un duro encima. Me estaba ya planteando la idea del cartelito, o de ponerme a cantar o hacer de estatua para ganar algo de dinero cuando… Mi salvación, mi héroe por segunda vez consecutiva en tan breve periodo de tiempo venía, dormido, con un chándal desfasado, cabalgando sobre su bici…

Esperé un cuarto de hora a que me alcanzara y le seguí. Aunque, bien pensado, estaba tan aferrado a los brazos de Morfeo que tal vez ambos acabábamos estampados contra un poste… o arroyados por un coche! Me imagino el lúgubre entierro:

"Hermanos, hermanas, no encontramos aquí reunidos para enterrar en santo sacramento a Kaede Rukawa (Gritos desesperados, suicidios, lágrimas y llantos) y Shina Suzakashi (Descorches de botellas de champán, bailes sobre mi tumba, aplausos y felicitaciones.) "

.- Porque me sigues?

La primera reacción que tuve al escuchar aquellas palabras fue un paro cardíaco. Y después llegué a la verdadera conclusión de quien era Rukawa. Era una estrella de básquet? No! Era un repartidor? Tampoco! Él era… Era un androide! De apariencia perfecta y humana pero, realmente, solo estaba preparado para hablar con monosílabos y algunas frases como aquella, que ya me había repetido dos veces en el día de hoy. Por aquel motivo no tenía emoción alguna! Es que soy un genio, me dije mientras sonreía ante tal descubrimiento.

.- Seguirte, yo? – reí nerviosamente – Te recuerdo que vivimos al lado.

.- Pero yo no voy a casa.

A, no? Un golpe bajo. Un golpe muy bajo. A donde iba? A repartir periódicos? Me dejó descolocada.

.- Ah… bueno, es que… - bajé la cabeza dispuesta a confesar – hoy he tomado un recorrido diferente y no sé… no sé donde está…

.- En realidad, si que iba a casa, sí.

Me cagué en Rukawa y en la madre que lo parió. Me había hecho confesar y todo por culpa de mi pésima orientación. Aquello requería una dulce y fría venganza…

.- Y que hacías antes en mi casa?

Mierda, mierda, mierda… Aunque tendría que haberme puesto a dar palmas por estar manteniendo una conversación, nada más y nada menos con él, quería morir. Era su palabra contra la mía, debía actuar fría y calculadoramente.

.- Yo? En tu casa? más quisieras! – Expuse toda convencida mis argumentos

.- A no? No ibas con un pijama de cerdos?

Y al decir aquello, aunque tendría que felicitarme a mí misma por el hecho de que se hubiera fijado en mi ropa interior, me quedé estática y hubiera vuelto a resbalar si no fuero porque aquello era demasiado penoso incluso para mí. Y entre blanca de estupor y roja de vergüenza tartamudeé:

.-Yo? Cerdos? Por favor, que vulgar! Hace tiempo que el rosa pasó de moda… - Y volví a reír al más puro estilo de Bigboobs (Nancy, la de la teletienda) mientras cerraba la cremallera de mi chaqueta para que no viera el color de mi camiseta…

Y finalmente llegamos. Unas diez plantas pintadas de blanco inmaculado, con sus balcones alineados y sus helechos de la entrada… Nunca antes había saludado tan efusivamente al portero. Vi que Iceman cogía el ascensor, y aunque se me antojaba algo bastante embarazoso estar en un espacio tan reducido junto al hombre de mis sueños II (el hombre de mis sueños I es Sendoh), supuse que lo sería mucho más si me veía subir las escaleras con elegancia y tranquilidad, peldaño a peldaño sin soltar la barandilla y rezando por que las ruedas no cedieran y volviera a dar el espectáculo por tercera vez consecutiva esta mañana.

Creo haber explicado ya que los astros la han tomado conmigo. Que culpa tengo yo de ser una piscis con ascendente géminis, eh? Pues eso, que cuando crees que las cosas ya no pueden ir a peor, se para el ascensor cuando estas ahí dentro con Rukawa, su bici y tu claustrofobia.

La verdad es que, tras meditar fríamente, me di cuenta de que esa era una de mis prioritarias fantasías eróticas. Encerrada en el ascensor, junto a tal cañón, equivalía a mi calentón, calentón. Y no había hoja alguna con la que me pudiera abanicar, así que lo hice con mi propia mano y me quité la chaqueta, diciendo:

.- Ay, que calor no? – Así empezaban todas las películas X – Eh… no va a volver a subir este trasto?

Él ya había dejado de golpear persistentemente los botones que indicaban el número de la planta, el seis estaba iluminado pero el maldito ascensor no subía ni queriendo. Ante la poca disposición de Rukawa a caldear el ambiente, y su capacidad reducida de conversa, me senté en el suelo murmurando todo insulto existente a la máquina.

Y las horas pasaron, y pasaron, y yo me aburría y me aburría, y Rukawa pasaba de mí, y pasaba de mí. Sacó aquello que más ama del mundo de una bolsa lila a juego con el chándal (Al final resultará que si que tiene sentido de la moda, combina la ropa con la bolsa y la bici) y empezó a botarla. Al quinto bote (Es que me aburría tanto que acabé por contarlos) el ascensor pegó una sacudida y descendió varios metros.

.- Eres gilipollas, o qué? Deja la pelotita por unos instantes, quieres?

.- No. – Y volvió a botarla, el muy imbécil. Me trataba como si yo fuera una mierda tirada allí, o peor, como si fuera un helecho que decora sutilmente el ascensor.

.- Serás subnormal! – Me sacó de mis casillas y fui a arrebatarle la pelota… pero había olvidado que él es un buen jugador de básquet y que yo no tengo reflejos, a si que me esquivo, me ignoró y volvió a botarla sin importarle que de un momento al otro ambos pudiéramos irnos al cuerno.

Y luego todo sucedió a cámara lenta…

Yo, de tanta rabia que hervía en mí, levante sin querer la pierna para darle en la espinilla… Pero la tenía más baja de lo que yo creía (es tan alto)… y esta golpeó accidentalmente cierta parte sensible de cierto gélido adolescente… que se llevó las manos para cubrir aquello que yo, completamente inocente, había pataleado sin misericordia, para hacerle entender que nadie se tomaba a la ligera a Shina Suzakashi (Como ya comprobaron anteriormente las animadoras). Y mientras Rukawa se había tirado al suelo, completamente indispuesto y diciendo algo no muy agradable de mí… yo vi que el botón rojo del STOP estaba sospechosamente hundido. Recordé entonces que, justo antes de que se parara, yo me había apoyado completamente exhausta contra la pared. Es decir, que llevábamos casi cuatro horas metidos ahí dentro por culpa mía. Antes de que se levantara, y tuviera un motivo más para exterminarme, volví a pulsar el botón y el ascensor volvió a, tal como su nombre indica, ascender.

.- Ya sube! – Empecé a gritar yo. Y entonces reparé en el grave estado de Rukawa – Oye… estás bien? A si sido sin querer, te lo juro… me perdonas? Eh? Rukawa? Me oyes?

Cuando yo creía que sus partes era su talón de Aquiles y que me había cargado al mismísimo Kaede Rukawa (Obviamente yo ya no estaría contando esto, hubiera muerto ya sabéis a manos de quien) Se reincorporó justo cuando la puerta se abría, dejando ver a mi nunca antes tan querido pasillo.

Corrí hacia mi puerta sabiendo que no me pasaría por el campo de concentración a estas horas (ya pasaban de las once) y, mientras ambos introducíamos ala llave en la cerradura, su voz, aún vacilante a causa de mi no intencionado golpe, me susurró:

.- Pues para ser vulgares, llevas unas bragas muy bonitas

Y claro, en circunstancias normales, creo que incluso me hubiera desmayado al oír tal cumplido provinente de Rukawa… Encontraba bonitas mis bragas! Pero pronto caí en cuenta de a que venía tal afirmación. Y es que, al tirarme escaleras abajo, le había ofrecido a Rukawa la completa panorámica de mis bragas. Las de la cola rizada de cerdito.

Tuya, y absolutamente patética:

Shina

Notas de la autora:

Concurso: Denomina al querido diario!

Ya lo expliqué el anterior, pero por si alguien no lo veía, profundizo en el tema:

Estaba yo comiéndome el coco, pensando en como llamar al diario (ya dijo Shina en el cuatro que se le habían acabado) cuando… Tuve una idea! Y me dije: Porque no se lo pides a las lectoras? Sí! Pero tenía otro dilema: A lo largo de la historia, Shina se va encontrando con rivales féminas que intentan amargarle la vida, separarles de Rukawa, o simplemente nuevas conocidas… Pero ya conocen todos mi desenvolupada imaginación. Así que llegué a la diplomática conclusión de aprovecharme de la imaginación de los lectores para suplir mi falta de creatividad, es fácil.

1.- En el Review, o por mail, como quieran, me dicen una ingeniosa forma de denominar al querido diario de Shina, después de haber puesto en mayúsculas DQD

2.- Debajo, pongan las siguientes características del personaje, que serán ustedes, o su alter ego, o su ego inventado…

.- Nombre y apellidos

.- Edad

.- Características físicas

.- Personalidad

.- La relación que les gustaría que tuviera con Shina (amiga, enemiga, conocida…)

.- Si falta algo, mas, ya se lo preguntaré…

3.- Acompáñenlo de alabanzas y admiraciones incondicionales hacia mí.

Ejemplo:

DQD: Estimada recopilación de humillaciones sufridas…

Shina

16 (20-3)

Morena, con mechas cobres naturales, pelo ondulado, 1'67, 57 kg, 91-69-89, ojos marrones… (y todo lo que se les ocurra, como si tiene el pelo rosa chicle y alas.)

Algo tímida, desafortunada, inteligente, espontánea, impulsiva, orgullosa, narcisista, egoísta, caprichosa…

Desde que leí tu historia, no pienso en otra cosa, creo que deberías ganar el premio plantea por tu formidable estilo de escritura, te adoro, eres mi diosa… (versión exagerada)

Esto es un ejemplo abreviado…

Bien, por el momento hay 6 plazas vacantes de personajes, si sale alguna nueva, o falta, ya les avisaré. Por último, sean misericordiosos y participen, que es una buena acción ayudar a intentos de escritoras faltas de inspiración…

Hasta la próxima,

Narumi.