Hola a todos, aquí SilentDrago. En esta ocasión traigo cuatro capítulos de esta obra. El primero es sobre la cosmopolita ciudad de Liberita.
Habitantes de Liberita
Luz, eso era lo que había surgido en la ciudad de Liberita. Luz que alumbró las mentes hasta ese entonces dormidas, luz del intercambio entre la gente de distintas culturas que empezaba a llegar y, sobre todo, luz eléctrica que produjo el excéntrico inventor Eddy en su casa.
De no ser por Ark, el héroe legendario que lo ayudó, jamás hubiese podido lograr aquella maravilla. Esos destellos de artificio se convirtieron de un momento a otro en los enemigos de las noches oscuras, los fantasmas tenebrosos, la negra incertidumbre. La luz no solo ayudó a que casas y calles se iluminaran al terminar el día, sino que también trajo consigo un invento posterior: la televisión, fuente de información y entretenimiento sin despegarse del sillón.
Eddy estaba orgulloso de sus logros, pero sentía que quizás su luz eléctrica se había robado las luces de los corazones humanos. Esperaba, en el fondo, estar equivocado.
―¿Aló?
La ruptura con Amanda había sido dolorosa para Bell, pero aquello lo motivó a terminar con mayor prontitud su invento, al que llamó teléfono. Gracias a él, no importaba la distancia, pues la gente de todas maneras podía comunicarse con los seres amados que se encontraban lejos.
Así fue que el inventor conoció a su nueva novia.
La demanda de teléfonos se hizo enorme: al poco tiempo, toda Liberita tenía uno, a veces dos. Sin embargo, algo que notó Bell fue que de a poco las relaciones telefónicas estaban comenzando a primar, dejando de lado el cara a cara.
―Sé que hice bien creando el teléfono, pero… no sé si era la solución idónea a la separación ―se dijo un día.
La llegada de cientos de extranjeros a Liberita significó que comenzara un importante mestizaje en la población. Muchos de ellos veían a la ciudad como el lugar donde podrían hacer realidad sus sueños. Además, varios productos de allende los mares se hicieron conocidos internacionalmente tras su paso por Liberita. Tal era el caso del vino y la ropa de Loira, las sardinas enlatadas de Litz y las chuletas de Costasol.
―¡El vino de Loira es lo mejor! ―juraba un ciudadano en el bar local.
Y es que muchos preferían aquel licor de uvas al fuerte whisky. No había mejor forma de emborracharse que con algo de sabor suave.
Orfania, refugio de los huérfanos de Liberita, había crecido en tamaño junto con la ciudad… y también había crecido en cuanto a residentes. Originalmente, solo eran Perry, Willy, Linda, Paul, Harry y Anita; pero de un momento a otro, más niños se les habían unido.
Lo único bueno era que ahora tenían a una empleada que los cuidaba y los ciudadanos les tenían más estima después de que Willy construyera su avión. Antes de eso, eran considerados unos chiquillos latosos que pagaban tarde el alquiler. La fama cambia la percepción de las cosas.
De todas formas, los dos huérfanos más ilustres de Orfania, Willy y Perry, ya no vivían allí: el primero ahora tenía su hogar cerca del pueblo de Nirlago y el segundo decidió recorrer el mundo en busca de aventuras. Para el resto de los residentes de la casa, aquello estaba bien; quizás así mostrarían su verdadero valor.
En el mercado negro de Liberita, un hombre expulsaba bocanadas de humo al lado de una enorme jaula. Todavía recordaba a la enorme águila que alguna vez estuvo encerrada ahí.
«Quizás debí haberle cobrado más gemas a ese chico», pensó.
