N/a: No, nadie me ha suplantado con un doble, es la Kitty de carne y hueso (o de teclas y módem) que semiabandonó está historia hará cosa de un año sin la más mínima compasión… Si os tuviera cara a cara no me atrevería ni a miraros a los ojos xD… en fin, disfrutad el capítulo y os doy las explicaciones al final!
11.- Toc, tooc!... El día que no fue mi día pero que más o menos acabó siéndolo por increíble que parezca.
(El aturdimiento que me provocó los acontecimientos a continuación narrados me impiden que me preocupe por detalles tan nimios como que hora/fecha es o en qué lugar me encuentro)
Dios Mío. Nunca hubiera podido llegar a imaginar que yo, con mi gafería y mi poca habilidad para relacionarme con el género masculino, llegaría a encarnar el sueño de toda la población femenina que alguna vez en su vida ha tenido contacto con Rukawa…
Eran la ocho y media. Y yo tenía una cita con Rukawa a las nueve. Podría haberme fugado hacia tierras lejanas. Podría haberme suicidado. Podría haber fingido mi muerte y haberme refugiado en Bali con el dinero del seguro de vida…
Ooh sí, había tantas alternativas probables para evitar que llegara ese momento… Me temblaba el pulso, me flaqueaba la respiración, me palpitaba el corazón, se me encrespaba el pelo y se me habían quemado las tortitas. Oh mais oui, Shina Suzakashi, la nervios de acero, la que a pesar de ser una dramática empedernida a la hora de la verdad se mostraba tranquila y serena, se encontraba en la cocina echa un manojo de nervios, y todo por culpa de aquel ser anormal e inexpresivo que lo único que había hecho por mí era moldear con constante dedicación aquellos pectorales…
Veréis, yo nunca me he enamorado. Es más, creo que no tengo esa capacidad, llámame insensible, llámame realista, el caso es que yo no creía en más amor que el que se le puede profesar unos stiletto, Manolo Blanhik a ser posible.
Está la atracción. El ser humano es un ególatra en todos sus aspectos: incluso la persona que se define orgullosa como altruista lo es simplemente porque, siéndolo, se satisface a sí misma. Teniendo esto en cuenta, está claro que la felicidad de dos personas que se diferencien en algún aspecto vital , y que hayan decido formalizar sus polvos en un término llamado noviazgo, será sólo plenamente posible si uno de los dos está muerto.
He aquí la faceta anti romántica y materialista que asusta a la audiencia de mis desgraciadas vivencias, pero es un hecho. Todo este planteamiento filosófico venía al caso porque quería justificar que no creo en el amor en la forma convencional de éste, yo más bien creo que se trata de un intercambio de intereses que fomenta nuestro ególatra narcisismo. Por eso las
personas como yo o como Rukawa – personas ególatras y narcisistas, si, yo además soy cínica y predico todos y cada uno de mis defectos- somos más especiales para las relaciones sentimentales, porque ya estamos tan encantados de habernos conocido a nosotros mismos que no necesitamos que nadie nos haga sentir completos…
A sí, con esto – que siempre me voy por los cerros de Úbeda pero es que estamos haciendo un crédito en el instituto sobre la psicología de las relaciones interpersonales y claro, tenía que hacerme la entendida en el tema- quería decir que no te pienses que por eso de que me tiemble todo y me escaseen las fuerzas cada vez que pienso en Rukawa estoy enamorada de él, ya que como habéis podido contrastar el hecho de que yo no me pueda enamorar es algo plenamente científico… Es simple y pura atracción. Son las hormonas estas que me están matando y llevando por el camino de la amargura, son casi 17 años de casto virginismo al que le tendría que poner fin un día de estos si quiero llevar una vida normal y corriente… Pero en fin, ese tema merece un diario a parte.
Tenía exactamente 27 minutos, y nada que ponerme. O tal vez, tenía tantas cosas que ponerme que el dilema radicaba en no saber qué escoger… Ai madre, ai madre…
A ver, tejanos, top lencero y peep toes? Por Dios, Shina, ibas a rescatar una pelota, no a una Rave en el centro de la ciudad…
Tejanos, jersey, y deportivas? Santo cielo, que te tendrás que ligar a Rukawa de alguna manera…
Falda plisada verde, jersey de rombos y… Pero por dios, que estás diciendo? Tu abuela te mira desde el espejo, Shina, esto es un atentado contra las leyes más báscicas de la estética universal!
Falda de tubo negra, jersey negro y botas de media caña, negras también, con cinco centímetro de tacón?
Ring, ring?
Cómo que ring, ring? Eran las nueve menos diez, por dios, no podía ser puntual!? Puntual es ser puntual, ni antes, ni después, simplemente a la hora… Joder, joder!
Era aquello o nada. Era ahora o nunca. Era quedar con Rukawa o esconderme debajo de la cama. Era… era…
El timbre continuaba martilleando en mis tímpanos con gran insistencia… Y yo iba a presentarme con una falda de tubo negra y botas de tacón… Pero en qué momento se me había pasado por la cabeza ponerme cinco centímetros de tacón, cuando seguramente me tocaría escalar alguna ventana?
Sea cómo fuere, mi mano ya estaba en el pomo, y no había marcha atrás. Hola, perdición. Adiós, dignidad.
-Habíamos quedado a las nueve. Nueve, nueve en punto. No a las nueve menos diez. Es que tantas ganas tienes de verme? – Cómo? Shina ante Rukawa dando una contestación coherente y sin vacilaciones?
- Más quisieras. Vamos.
Oh Dioos Mío! Shina piernas de gelatina se encontraba allí, ante la puerta, impactada por la imagen de Rukawa en algo ajeno al chándal y las sudaderas conjuntadas con la bici… Llevaba tejanos. Y una camisa negra. Madre Mía. Toda mi vida soñando con tener un vecino pivón, y resulta ser un extorsionador con nulidad para las relaciones sociales. Que culo. Que piernas. Que salida que estoy, por dios. Mis hormonas ya izaban sus banderitas pidiendo guerra y desvirgación, mientras que mi sentido común trataba de poner orden en todo aquel caos hormonal recordándome que era un cerdo insensible que me había chantajeado sin piedad y que prefería anteponer mi valiosa existencia a una pelotita de los Lakers.
Dónde vive Tayama?
En la urbanización de Koshibake.
Qué? Pero Rukawa, cariño, pásame el número de tu camello porque no creo yo que lo te fumas sea muy recomendable… Tu sabes donde esta eso? Esta en la quinta hostia, y a estas horas no pasan buses, y yo llevo unos tacones que me están matando, y…
Tranquila, confía en mí. – Y me miró a los ojos. Que ojos. Que ojos!- Lo tengo todo preparado.
Esta conversa tenía lugar mientras esperábamos el ascensor, y cuando llegó nos metimos dentro. Rukawa debía haber olvidado el incidente de la última vez para atreverse a cometer tal temeridad, compartir ascensor conmigo. Fueron unos largos y dolorosos 40 segundos, yo sólo era capaz de mirarme al espejo y pensar en porqué no me había maquillado con más precisión, que estaba en una cita con Rukawa, joder! No estábamos hablando de una chiquillada cualquiera, era una cita nocturna con el hombre de mis sueños (eróticos) II y a mi no se me había pasado por la cabeza extenderme bien el colorete…
Abrí la puerta y caminé sin mirar al frente, decidida a que aquella tortura japonesa pasara lo más rápido posible y… me comí una pared. Con todas sus letras, mi boca se encontraba incrustada contra una pared que yo no tenía noción de que existiera… en el rellano principal. Porque no sé porqué, nos encontrábamos en el parking.
Rukawa me lanzó una de esas miradas de desprecio que hacen que te lo quieras tirar sin dilaciones y luego matarlo sin contemplación alguna, y abrió la puerta inserida en la pared que yo me había tragado para seguir adelante.
Pero porqué…? – Yo, ya recompuesta, iba a preguntar que hacíamos allí si la verdad es que dudaba mucho que con sólo 17 años tuviera coche, la verdad es que estaba absolutamente intrigada, pensando que tal vez había escarbado un pasadizo secreto que comunicaba directamente con la casa de Tayama, cuando vi que Rukawa se subía en una moto.
Si fuera Mari te diría que es un modelo tal cual de x cientos caballos y nosequemáscuantos milímetros cúbicos, o lo que sea con lo que se miden las motos. Pero como no soy ese repulsivo cúmulo de perfectas perfecciones, y soy Shina, su eterna amiga no tan guapa, ni tan lista, ni tan simpática, sólo te puedo decir que era absolutamente impresionante. Era enorme, de un color gris metalizado, no tenía ni un solo rasguño y que probablemente su precio se equiparaba con mucha facilidad a un coche de gamma económica.
Pero qué… pero esto… - Sí, ya llevaba más de diez minutos sin tartamudear, y eso en mí, y en presencia de Rukawa, no es nada normal.- Me estás diciendo que esta moto es tuya y que te atreves a ir al Shohoku en bici teniendo esto aparcado y sin usar en el parking?
No es mía, es de mi padre.
Pero… tienes licencia, no?
Sé llevarla.
Pero tienes el carnet?
Subes o qué?
Tengo otra opción?
No.
Pues subo… Al menos me darás un casco, no?
Me pasó un casco azul que colgaba del manillar y lo miré cómo si me hubiera dado un medidor de moléculas cuánticas: no tenía ni idea de qué hacer con él.
A diferencia de todas las chicas normales, yo nunca me he subido en moto, porque como nunca he tenido novio, no he tenido la oportunidad de embuchar mi cabeza en un casco y arriesgarme a comerme el arcén. Y ahora mira tú por dónde, Rukawa me iba a llevar, no tenía carnet y teníamos que desplazarnos a una ciudad contigua, todo para recuperar una pelota que seguro que no le había costado ni la mitad que la multa que nos podía caer…
Finalmente me enfundé el casco y, con el pelo aplastado y las mejillas contraídas por la presión de aquella cosa sobre mi cabeza, me planteé un dilema mayor. Subirme a la moto, contando que era muy alta, muy ancha y que mi falda era escandalosamente corta para aquella situación y temperatura.
Estaba allí, palplantada en frente de la moto, deduciendo de qué forma podía subir para no montar un espectáculo de bragas… Dios mío, creo que habría que ser ingeniero aeronáutico para conseguirlo.
-Cuando quieras, eh?
Las impertinencias de Rukawa hicieron que me olvidara de mis pretensiones de decencia y, total, qué más daba, si ya me había visto lo más escasa de ropa que pudiera estar… me espatarré de piernas cuál gimnasta y di un ágil salto para subir a la moto. Una vez arriba, me baje la falda todo lo que pude y recé varias veces a todos lo dioses que conozco para que no hubiera mucho tránsito a aquellas horas de la noche.
Sin preguntarme nada, el tío arrancó de forma super bestia, y casi me caigo. Con lo torpe que soy, que no se mantener el equilibrio ni sobre el sofá, estaba sentada en una moto, coaccionada por la poca elasticidad de mi falda de tubo y la presión de un bastante más pequeño que mi circunferencia facial, subiendo la rampa de salida a un mínimo de 120. Sin pensármelo dos veces, me agarre a la cintura de Rukawa lo más fuertemente que pude, mientras chillaba desquiciada, presa del pánico que le tengo a las subidas-
-Waaaaaaaaaaarghhgh! Ahaaaaaaaaaaahhhhh!
-Pero que haces?
-No puedo evitarlo, me dan mucho miedo las subidas, desde que la montaña rusa del SkyFictionarian se averió en una por dos horas…
Supongo que a Rukawa no le interesaban lo más mínimo mis traumas de infancia, porqué aceleró aún más si cabe, e íbamos a un mínimo de 160 por las tranquilas y noctámbulas calles de Kanagawa.
Pero yo decidí dejar de pensar en que nos podíamos estrellar en un elevado porcentaje de probabilidades, en que Rukawa no tenía carnet e íbamos a una velocidad muy superior a la permitida, en que la falda se me iba subiendo y hacía un frío capaz de erizar toda la extensión de mi pezón, en que en poco tiempo estaría en casa de Tayama jugando a las misiones imposibles…
Y me centré en ver el lado romántico de aquella imposición extorsionista, las estrellas se dibujaban en el cielo con gran precisión, el pelo que se había salvado de la imposición de casco parecía volar en la infinidad del viento que levantaba la moto al pasar… Y lo más encantador de todo: yo firmemente aferrada a Rukawa, podía notar todos y cada uno de los integrantes de su perfecta tableta de chocolate, podía sentir el rozar del pelo de su nuca en mi barbilla, podía sentir el tacto de sus brazos cada vez que relava la presión de sus manos en el manillar… Además, el hecho de que Rukawa estuviera conduciendo una moto, me parecía tan bárbaramente sexy que mis hormonas volvían a proclamarse en contra de mi abstinencia y me impulsaban a tantear a lo tonto el esculpido torso de mi Dios glacial.
En menos de un cuarto de hora llegamos a Koshibake, una zona residencial para familias medianamente acaudaladas – supongo habrá dado un braguetazo con su mujer, porque dudo que el sueldo de un profesor de gimnasia en un instituto público sea muy elevado…-. Es uno de esos complejos urbanísticos de casitas residenciales que imitan el estilo occidental, y donde se van a vivir todos los intentos de pijos ostentosos que se creen que tienen demasiado dinero como para vivir en la periferia pero muy poco como para mudarse al centro. Por eso se van al límite entre Kanagawa y Yohirogaki, no se sabe muy bien donde acaba una ciudad y donde empieza la otra, y por eso se trata de un barrio que ha cobrado entidad propia, Koshikabe.
Mi querido vecinito aparcó la moto un par de calles antes de inserirnos en el pleno centro de barrio, y nos bajamos de ella con sigilo.
-Um… Kaede – Yo ya me tomaba confianzas, total, era su sicaria particular- No sé si sabes que habrá como unas 100 casas y que…
-Es la 74 – Jopetas, iba preparado el chaval.
-Y que… es una temeridad total.
-Ya.
Empezamos a recorrer las calles de aquella especie de pueblo de pedantes unifamiliares – muy acorde con el ideal de Tayama- 56…67… Ai dios, estaba tan cerca… Mi muerte a la vuelta de la esquina, y nunca mejor dicho, allí se alzaba la 74, blanca, imponente, con su 4x4 y su jardín, su casita para el perro y su taller propio de bricolaje casero, los columpios de los vástagos de aquel horripilante ser e incluso una piscina hinchable, cortesía de Ikea.
-Bueno supongo que si tan informado vienes sabrás de quien es cada habitación y en cual concretamente guarda Tayama tu puta pelotita… Yo veo más viable entrar por la ventana de enfrente, pero por la distribución que deben tener estas casas será la de los niños, así que tal vez la que da a la zona de detrás … - Como podemos comprobar a lo largo de mi vida he visto muchas películas de acción y espionaje – insertar gesto de insuficiencia aquí-.
- Sí, sí, tranquila, lo tengo todo planeado.
- Vale, muy bien, quieres un pin? Creo que ya va siendo hora de que me lo cuentes.
Seguí a Rukawa, que se plantó en el portal.
-Pero por aquí nos van a oír..
-Ya… Tranquila, lo tengo todo…
-Planeado, si ya…
Iba a tardar poco en mostrarme la complejidad de sus planes. Picó al timbre. Y mientras yo estaba allí, en la entradita, perpleja, tratando de averiguar dónde estaba la cámara oculta, Rukawa se escondió en unos matorrales cercanos de un solo salto, al tiempo que decía:
-Confío en ti, tú sabrás que decir!
Y la puerta se abrió. Allí estaba Tayama, en pijama y pantuflas, con el mando de la tele en una mano y la otra metida en el bolsillo del batín.
A lo largo de mi vida, sobretodo de los últimos meses, se habían dado muchos acontecimientos estruendosamente ridículos y apresurados. Pero aquel surrealismo era ya el colmo. No sabía si reírme, si llorar, o si tirarme un peo y suicidarme de verdad en cuando llegara a casa, después de haberle seccionado a Rukawa uno a uno los miembros de su cuerpo.
-Su…Suzakashi?
- Ahahahahahaha….- Empecé a reír histéricamente de forma compulsiva, mientras me planteaba que era lo mejor, si improvisar sobre la marcha una excusa que me hubiera llevada a las diez y dos de la noche a casa de mi profesor de gimnasia, con el cual no mantenía muy buena relación precisamente, o explicarle la verdad y sacar Rukawa de entre los matorrales.
A estas alturas, cualquier cosa hubiera resultado inverosímil y perjudicial para mí. Así que confié en mis dotes de actriz, basándome en cuán maravillosamente interpreté el papel de árbol en aquella obra que hice en primaria, que me llevó a una plena simbiosis con aquella elemente natural, tanto, que me quedé dormida y me caí de un escenario de dos metros de altura… pero eso es otra historia. – Um… Señor Tayama, yo… necesito hablar con usted de algo muy serio…
Si tu fueras yo, como saldrías de esta?
a)Mi amigo Kaede Rukawa tiene cáncer terminal, y no quiere abandonar este mundo sin haber abrazado por última vez a su pelota de los Lakers.
b)Mi amigo Kaede Rukawa tiene estrechos contactos con la Yakuza, y si no me da pelota, pesará sobre su conciencia que mi vida se haya quedado en una partida de ruleta rusa…
c)Um… Hola? Sopresa, soy su menstruación!
-A… bueno, no sé, Shina… mejor pasa dentro, pasa… Pero cómo que vienes a estas horas, y tan tarde…?
-Es que hace mucho tiempo que convivo con este dilema, señor Tayama, y ha llegado un momento en que yo no doy más de mí, y siento que esta situación me supera, me quita el sueño, el hambre y las ganas de hacer cualquier cosa y… - Sollozo on. Movimiento de lentilla por encima del párpado in. Chica llorosa espectacularmente creíble.
-Madre de Dios, pero que te pasa Suzakashi?
-Pues me pasa que…
Llega un momento en la vida de toda adolescente en que se plantea si su trayecto vital hasta la fecha ha sido el correcto. En que se enfrenta cara a cara a su yo adulto, a su plena madurez. En que dice cosas que no tendría que decir, pero las dice por sus neuronas se han parado en el justo momento en que su profesor de gimnasia le abrió la puerta y no encuentra otra salida.
- Estoy locamente enamorada de usted.
En que sin saber por qué, y sin siquiera tener intenciones de hacerlo, se le declara a su profesor de la forma más visceral y apasionada posible.
- Dios Mío, Shina… pero yo estoy casado, tengo hijos y tú eres una alumna y yo tu profesor y…
- Lo sé, lo sé… No se lo digo para que me corresponda, no pretendo tal cosa… Sólo quiero que lo sepa porque a mí este sentimiento me estaba devorando vivía, y necesitaba compartirlo con usted. No quiero que se sienta ofendido, ni violentado, sólo quería que supiera que usted es mi amor platónico, que es el ideal de hombre que persigo, por sus valores, sus ideales, por sus bíceps y su fuerza… Porque usted debe pensar que le odio por todas las cosas que he hecho últimamente, y no podía estar tranquila si usted piensa que soy una alumna alocada e irrespetuosa… Cuando muchas cosas que han pasado, han sido sólo por llamar su atención…
- Bueno yo… No sé qué decir… Me siento muy alagado, pero creo que deberías salir con un chico de tu edad que…
- Ya lo sé, ya lo sé. Sólo quería que supiera que – tiene entradas y barriga Cervera- es mi amor platónico, y así será siempre… Es la persona que más respeto en este mundo…
No sé cómo me las llegué a ingeniar para que no se me escapara la risa. Me estaba declarando a Tayama, a ese enanito con corte de pelo similar al de un champiñón, le estaba diciendo que era mi ideal de hombre y que le amaría siempre… Por si no tuviera suficiente con el afilado tamaño de mi nariz, ahora iba a ser una personificación de los poemas de Quevedo con patas…
- Bien pues…
- No cal que diga nada, señor. Sé que es incómodo. Ya me voy, es tarde… pero… podría utilizar el baño antes?
- Claro por supuesto, pero Suzakashi, no llores, no… eres una chica muy guapa, seguro que todos los chicos de tu curso estarían encantados de salir contigo…
Yo asentí, aún con la mirada empañada en lágrimas, mientras subía por la escalera, tal como me indicaba Tayama. Una vez en el piso de arriba, hice estragos para no descojonarme allí mismo… Al final mi plan, aunque me había dejado en absoluto ridículo, me había salido bastante favorable, que una alumna estuviera enamorada de él era el mayor de los sueños para alguien tan ególatra como él… Aún me subiría un par de puntos la nota de gimnasia.
Ahora venía la parte de misión imposible…
Tchun, tchun… tirulíííí tirulííí pampam! Pan pan pan pan pan pan pan pan pan pan piruliiiiiii piruliiii…. Pampam!
Era un largo pasillo con ocho habitaciones distribuidas a los lados… si yo fuera Tayama, dónde guardaría la pelota? El problema real venía si la había puesto en su cuarto, porque su mujer ya estaría durmiendo, o en el de sus hijos… Abrí la primera puerta, era su despacho.
Por primera vez la suerte me daba la mano, la pelota estaba allí! La tiraría por la ventana y así no me tendría que hacer pasar por embarazada sacándola de casa llevándola debajo de mi camiseta. La cogí, estaba en la estantería de encima del escritorio, abrí la ventana y la tiré, luego ya la cogería…
Pero cuando estaba pensando en mangar también una foto de Tayama en bañador y colgarla en la vitrina de premios del instituto, la estridente alarma de un coche me sacó de mis ensoñaciones. Ai madre, había dejado caer la pelota con total libertad y me había cargado el cristal frontal de todoterreno de Tayama!
Me apresuré a bajar por las escaleras, ojalá Rukawa hubiera caído en coger la pelota antes de que Tayama se percatara que le había destrozado el coche, porque si veía ahí el arma del crimen pensaría que era una de mis bromas habituales – como la del tinte del pelo- y me denunciaría a la policía por fraude, y me expulsarían del colegio, y llamarían a mis padres…
Cuando llegué al comedor la puerta principal estaba abierta, y no había nadie en él. Salí corriendo al jardín, sin darme cuenta de que con tanta prisa la falda se me había subido aún más. Para mi fortuna la suerte no se había ido de mi lado, y no había rastro de la pelota, sólo había cristales esparcidos por toda la zona en la que el coche estaba aparcado.
-Qué ha pasado señor Tayama?
- Habrán sido unos gamberros… Hostia putaaa! Si sólo tenía tres semanas!… - Plenamente desconsolado, Tayama estaba al borde dellanto más primitivo.
-Um… señor Tayama, debo irme, de veras que lo siento mucho…
-Eh? – salió de su universo de 4x4's destrozados que anteriormente habían lucido flamantes y sido la envidia de su cuñada - Te llevaría pero…
-Da igual, da igual, si voy a dormir a casa de una amiga que vive en esta zona. Adiós… supongo que esto quedará entre nosotros, verdad?
- Sí… Shina!
-Qué?
- Se que te mueres de ganas por besarme… Si quieres, puedo concederte un beso, que quedaría entre nosotros, para que puedas rememorarlo durante toda tu vida…
-Ai madre, Ai madre! Pero qué clase de depravación era aquella? No sabía que responder, apenas tenía fuerzas para reprimir las arcadas y las carcajadas que se acumulaban conjuntamente en mi cavidad bucal…
-No señor Tayama… mejor dejarlo así – Mirada brillante y empalagosa on- Si probara su dulce néctar, querría más y… prefiero no hacerme ilusiones. Hasta mañana!
Aquella despedida quedó como un llanto contenido, pero en verdad era el estallido de mis risas, no podía aguantarme más… dulce néctar? Tendría que dejar de ver telenovelas.
Rukawa me esperada, con la pelota bajo el brazo en la esquina contigua. Ahora que todo había pasado, llegaba el momento de recapacitar en lo que aquel cerdo me había hecho… Tranquila, lo tengo todo planeado! Me había dejado completamente sola y desamparada frente al peligro, y aunque había salido bien(dentro de lo que cabe), podría haber sido perfectamente la escena más traumática y determinante de la vida de Shina Suzakashi.
Mi concepción de él había cambiado plenamente… Antes sólo era un chico incapaz de expresar sus sentimientos, y demasiado obsesionado con cierto deporte que me tenía mosqueda… Ahora, directamente, era un ególatra sin escrúpulos, actractivo del cual se había esfumado totalmente en el momento que saltó a los matorrales abandonándome ante el implacable Tayama.
Podía ser guapo, podía tener un cuerpo de infarto y podía haber sido el dios de mis sueños (eróticos) hasta hacia apenas una hora, podía tener una moto impresionante y dar un morbo flipante. Pero para mí Rukawa se había reducido a escala hasta llegar a ser el jorobado de Notredamm, porque su interior era tan asqueroso que incluso me repuganba la idea de tener que volver a casa pegada a su espalda, cuando la ida me había parecido uno de los momentos más destacables de toda mi vida.
Cuando llegué a su altura pasé de largo, sin siquiera mirarle , y seguí caminando, seguida por él, hasta llegar a la moto.
Metió la pelota debajo del sillón y me tendió el casco. Cuando lo cogí lo tenía agarrado firmemente y, por increíble que parezca, ladeó un esbozo de sonrisa. Rukawa tonteando conmigo, esto si que ya era para tirar cohetes – hacia él, claro.
-No tienes suficiente con dejarme sola frente a Tayama, sino que ahora además quieres que me rompa la crisma…
No tardó ni una milésima de segundo en darme el casco. Me subí a la moto con la única aspiración de llegar a casa de una vez, y no volver a cruzarme con aquel engendro en cualquier tipo de situación vital.
Arrancó y salimos disparados por la autopista, a 200. Pero de repente, cuando aún rondábamos por el descampado que hay a las afueras de Kanagawa, aminoró la velocidad. A 80, a 60, a 20, a 0.
-Porqué paras?
-No he sido yo… Mierda.
-Qué? Qué pasa?
-No tiene gasolina.
Y así se quedaron mis intentos de pacifismo decente. Me bajé de la moto, poseída por la furia que gestaba en mí desde que aquel imbécil me dijo que tranquila, que lo tenía todo planeado, sólo hacía falta dejarme en la estacada en el momento culminante de la operación rescate. Antes de acechar contra él, tiré de la falda para que no se me escaparan mis vergüenzas – de seda roja, con una fresa bordada en lentejuelas-.
-Vale. Genial. De puta madre, tío, tú si que sabes. Y ahora qué? No, espera no me lo digas: tranquila, lo tengo todo planeado. Tengo perfectamente planeado como ser una auténtico gilipollas que no es capaz ni de revisar los niveles de gasoil. Increíble, muy bien Rukawa, son casi las doce de la noche y estamos tirados en un puto descampado donde no suele haber mucha circulación viária que digamos, y eso incluye los taxis… Pero claro, tampoco tenemos dinero para llamar a ninguno, sólo tenemos una moto sin gasolina y tu maldita pelota de los Lakers. Y ni te atrevas a sugerirme que empujemos la moto hasta la gasolinera más cercana, porque como mínimo, está a 7 kilómetros…
No esperé a que me contestara, empecé a caminar en línea recta sin saber muy bien a dónde ir hasta que tropecé con un tronco. Deseé que Rukawa no hubiese visto mi traspiés y me senté encima del tronco y rebusqué en mi bolso con la esperanza de que tuviera un paquete de pitis guardado. No te malpienses, yo no fumo. Bueno, un poco. Soy fumadora ocasional: sólo en fiestas, épocas de exámenes y situaciones exasperantes como aquella. En fin, juntarse con una amiga vandálica como Saya tiene sus consecuencias, ya se sabe, todo se pega. Para mi regocijo lo encontré, lo encendí con desesperación y lo aspiré como su fuera la última bocanada de oxigeno del universo.
Al cabo de un minuto apareció Rukawa, se sentó en mi tronco(ya había pillado la postura, ya me había adueñado de él), a mi lado, y aún tuvo los enormes huevos de decirme:
-El humo me molesta.
Me quedé absolutamente perpleja. Incluso en una situación como aquella era capaz de sacar a pasear su egocéntrica impertinencia.
-Supuse que tu escaso intelecto te llegaría para deducir que lo que tú pienses a mí me importa una absoluta mierda. Y, si tanto te molesta, este es mi tronco, así que te vas, que eres tú el que ha venido a sentarse a mi lado.
No podía contenerme era imposible, ver su cara de atolondrado impasible mirándome con desdén, como si nada hubiera pasado, como si no estuviéramos tirados en un desértico descampado a media noche por su culpa.
Me giré, le eché todo el humo que pude a la cara y le pegue una bofetada con todas las fuerzas que logré reunir.
-Te diría que lo siento, pero no lo siento, es más me muero de ganas por darte otra, acompañada de una patada en los huevos porque realmente, es lo único que te mereces – Veréis, yo quería hacerme la ofendida orgullosa que le negaba la palabra, pero alguien que habla solo no se le puede que esté en silencio más de dos minutos- De qué vas? De qué coño vas? En serio, Rukawa, tienes un problema y no va en coña… Joder, es que no se qué te he hecho! – Y entonces recordé todas mis intromisiones en su domicilio- Vale, tal vez algún día he tenido un pequeño incidente pero, hostia, era sin querer y no será por las veces que te pedí perdón… Pero está claro que tú te has decido a amargarme la existencia, no tengo suficiente con que medio instituto piense que soy una guarra y el otro medio que estoy colgada por ti, con que odie a mis amigas y me salgan enemistades de hasta debajo de las piedras, con que este enfrentada a medio claustro docente no… Ahora encima tienes que venir tú y complicar más las cosas… Que te propones? Que me mude? Porque realmente este considerando irme a Hokkaido con mis padres… cualquier oveja será más afectiva que la gente de aquí…
-Lo siento… - Oh! Un momento! Que se pare el mundo, Rukawa, es decir, Rukawa, ese ser orgulloso e invencible me estaba pidiendo perdón
-No basta con sentirlo, sabes? Es muy fácil, yo te mato y ahora digo: uy perdón, yo es que lo siento. Pues no, no, la putada ya me la has hecho… No es el hecho de haberme dejado solo con Tayama y de haberme engañado con lo del tu super plan tranquilo, sinó que yo siempre eres así de despreciable… yo pensaba que lo único que te pasaba es que eras poco hablador, o que yo te caía mal, pero es que en realidad prácticamente siempre eres así de capullo,… No sé, hay muchas chicas que sienten real devoción por ti, y vale, son unas plastas y unas desequilibradas mentales ,pero supongo que podrías respetarlas un poco, no? O ni que fuera a tus compañeros de equipo, deben sentir curiosidad por ti más allá de cuantas canastas puedas meter… Nunca hablas, sólo abres tu boquita para meter cizaña y para joder el…
-Tampoco nadie me pregunta…
Increíble. Osea que era eso. Supongo que a través del Shohoku deben circular centenares de teorías sobre el autístico comportamiento de Rukawa: que si los traumas de infancia, que si por culpa de una lesión, que si tuvo un accidente de pequeño que le lesionó la parte derecha del cerebro, e incluso he llegado a sentir que es porque es un gay reprimido!
Y la justificación de su escasez de palabras se limitaba a eso. Que nadie le preguntaba, al chaval.
Suspiré hondamente y apagué la colilla con un movimiento del pie a lo Grease que me quedó bastante estiloso, la verdad. Estuvimos callados mucho rato. Al menos media hora, mirando las estrellas, el suelo… A lo mejor fue menos tiempo, pero se me hizo eterno. Vale lo reconozco, sólo fueron cinco minutos, luego mi falta de asertividad se apoderó de mí y me empecé a sentir mal por haberle soltado semejante bronca cuando él era un chico poco sociable al que nadie le preguntaba nada. Y decidí arreglarlo.
-Cuál es tu color preferido?
-Hum? – Rukawa me miró de su forma habitual, cómo si King Kong en miniatura estuviera trepando por mi rostro.
-No has dicho que nunca nadie te pregunta nada? Pues ahora no tienes excusa- Le mire a los ojos y volví a buscar un cigarrilo en mi bolso.
-El rojo.
-Cómo que el rojo?
-Qué pasa?
-Pues que tiene cara de que te guste el azul… Bueno y el lila por descontado… pero el rojo? El rojo es un color super vital, es el color de la pasión y tu pues…- No me atreví a seguir con mi explicación después de verle la mirada.
-Seguro que el tuyo es el rosa.
-Cómo lo sabes? – Le miré realmente sorprendida.
-Mira. Intuición. Tienes cara de que te guste el rosa.
-Vale y… cuál es tu grupo preferido?
-Metallica.
-Buah, guay, pero que tópico. –alzó las cejas como queriendo preguntar cuál era el mío.
-Blondie.
-No sé quien son.
-Cómo que no sabes quién es Blondie? Eso es una aberración para el culto musical.
-Pss… Y comida?
-Qué?
-Tu comida preferida
-Aah… um… pues está difícil la verdad pero… sí, los espaghetis a la carbonara.
-Como yo – dijo sin gran entusiasmo y en un apenas audible susurro.
-Ala que coincidencia! Pues a mi me salen estupendos, soy un as de los fogones en cuanto a pasta… Um… me toca… te preguntaría deporte, pero no tiene gracia… película?
-No tengo película preferida.
-Cómo no puedes tener peli preferida? Si eso es lo que define a una persona…
-Pss, que dices? Y a ver, cuál es la tuya? Titanic?
-Supongo que con eso querrás insinuar que soy una pava llorona, pues no, que sepas que la odio y que mi peli preferida es el padrino, y ni te atrevasa decirme que no sabes cuál es…
-Claro que lo sea. Entonces que se supone que dice de ti esa peli?
-Bueno pues que… no lo sé?
-Empezamos a reírnos – bueno, empecé a reírme y el a mirarme divertido-. Ves? Si es que no me puedo enfadar con nadie por mucho más que lo intente… lástima. No puedo ser una chica malota, siempre acabo sucumbiendo a los encantos – por escasos que sean – de cualquiera.
Y fue así como empezamos a preguntarnos cosas tontas y banales, que personalmente, creo que son las más importantes a la ora de conocer a alguien… cuando empiezas una conversa, siempre acabas empezando por temas trascendental filosóficos, cuando las cosa mundanas y tópicas son las más curiosas y las que más detalles te pueden dar de alguien. Y no sé como acabamos llegando al tema de porque vivíamos solos, yo por lo de mis padres y su ideal bucólico, él porque ellos se habían divorciado y no aguantaba a ni a su padre, ni a su padrastro, ni a sus hermanastros, ni a las múltiple madrastras que había tenido a lo largo de su infancia, y como su padre cobraba una pasta – eso lo intuí yo por lo ricachón insoportable que lo describía- y estaba harto de los caprichitos y comportamientos rebeldes de Rukawa – ves, él si que es un malote en toda regla- le quería enviar a un internado en Suiza, pero él dijo que para eso pues que se iba a vivir solo, que salía más a cuenta y que todos tan contentos, y así fue como acabó siendo mi vecino.
Increíble, estaba teniendo una conversa de lo más íntima con Rukawa, media hora más, y le explicaba las irregularidades de mi ciclo menstrual. Estaba ya por plantearle insinuadamente si alguna vez le había gustado alguna chica (o ni que fuera un chico, yo que sé), cuando Rukawa me acabó convenciendo, no sé de qué manera para que empujáramos la moto hasta casa.
Supongo que ya te he comentado en varias ocasiones que tengo un pequeño problemilla con eso de decir "no". Así que en vez de un "tú estás loco y eres anormal" me salió un "aaah… bueno." Que culminó en tres horas y media de camino, a ratos subida en la moto, a ratos parando para sentarnos, a ratos empujándola, todo esto salpicado de conversas minimalistas con Rukawa que suponían un pequeño paso para mí, pero un gran paso para la historia de la humanidad.
Cuando divisé nuestro edificio sentí una satisfacción que no tenía comparación siquiera con lo del días de los patines.
Después de bajar la moto al garaje subimos hasta nuestra planta. Cuando ya tanteaba la llave en mi bolso, sentí una voz a mis espaldas:
-Shina – Oh Dios, baja a ver esto, supergelidopoderoso Kaede Rukawa me estaba llamando por mi nombre!
-Dime…
-Podríamos quedar para cenar – estaba claro que nos íbamos a saltar la comida y las clases, puesto que rozaban ya las 6 de la mañana- spaghettis, para comprobar que no eres una fantasma y que te salen bien.
-Hecho. Si quieres nos apostamos algo…
Rukawa ya entraba en su piso, aferrando firmemente la pelotita desencadenante de aquella noche.
-Y… Gracias.
Sigo pensando que tal vez la falta de sueño me jugó una mala pasada, o que tal más que falta de sueño es una acumulación excesiva de éste, y llevo ya dos días soñando. Increíble. Así que sólo me tenía que declarar a mi profesor de gimnasia y hacer cuatro preguntitas para conseguir una relación normal con Rukawa. Yo, Shina Suzakashi, que jamás he tenido ningún relación – ni amistosa ni amorosa- con ningún tío, voy y entablo conversa precisamente con Kaede Rukawa… Apasionante.
Te das cuenta de que en ésta historia no acabo tan mal? Eso deja lugar a un mal presentimiento sobre lo que pueda pasar con los spaguettis a la carbonara…
Sin saber si sueña o es que Dios ha decidido compensarle toda su mala fortuna, se despide, incierta hacia el futuro (tanto por los spaguettis como por la relación con su profesor de gimnasia), se despide con cariño:
Shina
N/A:
Uuuuf… La verdad es que se me hace difícil presentarme así tal cual, casi un año y medio desde que actualicé por última vez y sin ninguna excusa coherente…
Empecé a escribir las aventuritas de Shina con apenas 15 años, y hará cosas de tres meses que cumplí los 18. Han sido tres años de los cuales apenas he tenido tiempo para enterarme, y aunque tres años sean una miseria temporal en comparación con todos los que tengo que vivir, la verdad es que me siento tan distada de aquella niña de 15 que apenas me siento identificada…
Cambiar de colegio, de amigos, comportó un cambio radical en mi vida. Progresivamente, dejé de ser la chica introvertida que veía todo anime televisado y que pasaba los ratos perdidos leyendo y escribiendo fanfics. Hacía muchas cosas , era un non-stop de seis y media de la
mañana a doce y media de la noche, y a la mínima que encontraba un rato libre lo único de lo que tenía ganas era de tirarme en el sofá y anclarme allí por horas. Y de vez en cuando entraba al mail y veía que alguien me había dejado un nuevo Review y decía… actualiza, actualiza, actualiza… y esa presión alejaba a mis musas y lo único que conseguía era una atajo de barbaridades mal narradas.
Sé- aunque siempre lo diga y tal- que este capítulo deja mucho que desear, pero me ha costado una barbaridad retomar la historia y volver a meterme en la cabecita de Shina, porque ya se había prácticamente olvidado lo que tenía pensado para este capítulo… y voler a meterme en el universo de Slam Dunk cuando hace siglos que no sigo nada de anime, ni siquiera fics…
Este finde me voy a Alemania por un mes, pero supongo que en Agosto me tocará pasar dos semanitas con mi familia en un complejo veraniego sin gente de mi edad, osea que podre dedicarme de lleno a avanzar la menos tres capítulos más…
Más de una vez he pensado en abandonar definitivamente mi cuenta pero cada vez que veía esos 115 Reviews sentía un cargo de conciencio enorme, una deuda moral con todas vosotras, que me habéis apoyado a lo largo de cada capítulo… Y realmente es de agradecer que haya gente que este siempre ahí para recordarte que les gusta lo que haces, así que os lo debo absolutamente todo… Miles de gracias, y realmente siento haber tardado tantísimo…
Besos!
Kitty.
