N/a: Long Story short: Lo siento mil por tardar tanto y os amo. Quedan sólo dos capítulos para el final y espero publicarlos antes de que acabe el año.
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CAPÍTULO 16: El naufragio del Titanic y la gatita de sangre caliente
19:00 Domingo, 13 de Marzo. Estoy empezando a procesar que seguimos en la isla-no- paradisíaca de Japón, y a que ahora mismo estaría más cerca de un rebaño de cabras que de una tumbona esponjosa en la que lucir mi impecable depilación de ingles brasileña. Depilación que, inciso que creo que no llegué a resaltar en nuestro anterior encuentro, no tenía echa cuando fui desflorada.
Mi muy querido diario que podría servir de documento de análisis de problemas mentales en futuras clases y ponencias de psiquiatría:
Si me conoces lo suficientemente bien - y creo que lo haces, puesto que ya te he contado todas las cosas que me hacen querer inscribirme a un programa espacial, porque la tierra ya se me ha quedado pequeña como para encontrar un sitio donde esconder todas mis vergüenzas y miserias…-. Bueno, a lo que íbamos, que siempre encuentro algún que otro recurso para escabullirme de contarte mi vida. Pues que si me conoces lo suficientemente bien sabrás que no soy una persona altamente sociable. Mis dotes de intra-relación personal son la cantidad justa y necesaria para poder fingir que soy una persona funcional, siempre y cuando no tenga que mantener una conversa de más de media hora. Por lo tanto, es posible que no te creas que yo, Shina Suzakaishi, podría ser el centro y alma de una fiesta de jugadores de básquet. E incluso el motivo organizacional del evento. Ah bueno, ya, claro. Había obviado que a estas alturas me conoces lo suficientemente bien como para creer cualquier cosa que te pueda contar sobre mí, porque los caminos del señor son inescrutables y yo siempre seré capaz de encontrar uno que me lleve a exponerme de forma pública ante una multitud.
Pero como siempre, sería injusto que empiece a relatarte todos mis sentimientos de hoy sin introducirte todo el contexto de la historia. Allá vamos. ¿Listo para tu ración diaria de vergüenza ajena? Pon a calentar la palomitera, por favor.
La verdad es que todo estaba siendo muy normal. Sorprendentemente normal, dadas las circunstancias con las que me había plantado en aquel autobús infernal: Rukawa sentando delante de mí dormitando contra la ventana. Viendo como su melena, que se asomaba por el cabezal del asiento, se movía levemente con el aire de sus resoplidos y rezado por que las 4 horas de carreteras estrechas y sinuosas se me pasasen lo más rápido posible.
¿Shins, qué te pasa? - Akane se había sentado a mi lado y había decidido, por primera vez en meses, preocuparse por cómo me encontraba. Gracias, Akane. Gracias por ser tan oportuna y vociferar que es evidente que tengo mala ara justo cuando estamos detrás del principal motivo de mi estado. Para que usar tu discreción habitual y esperar a que estuviésemos en un rincón oscuro y vacío. Para qué.
No, ¿que me va a pasar? Bueno, a ver, tengo sueño. Y yo veía con la idea de que nos íbamos a las Fiji. Aún me estoy haciendo la idea de que en realidad vamos a Naruda, la verdad.
Ay, pues mira que a mi en el fondo hasta me apetece. Ya sabes que no me gusta mucho la playa, y he escuchado que en Naruda hay unos lagos preciosos…!
Estuve prácticamente una hora escuchando a Akane deleitarme la Guía que le había cogido prestada a Ayako. Qué irónico el karma, pensé. Si antes suplico porque el trayecto se pase rápido antes tengo que estar pendiente de un recital sobre los lagos, fauna y flora de una región que hasta aquel entonces había sido desconocida para mi.
Cuando llegamos a la casa rural ya podría incluso haber cartografiado la zona con los ojos cerrados. La verdad es que aquello era más bonito de lo que me pensaba. Árboles frondosos, un aire tan limpio que costaba hasta respirarlo de una sola bocanada. Pleno contacto con la naturaleza, retorno a mi verdadero ser y conexión con mi espíritu más animal. Aquello me iba a aportar la paz que tanto necesitaba.
¡Maldito zorro! Esa es mi maleta.
¡Esa es la mía so torpe…! Que no ves que son todas iguales?
Grrr. Quién habrá tenido la genial ideal de ponernos a todos conjuntados, como si fuésemos niños de parvulario. Pues la mía no tenía el nombre puesto, ¿qué me dices a eso maldito zorro? Claramente esta es la mía.
Pues que la mía tampoco tenía el nombre.
¡Ni la mía…!
Suspiré mientras arrastraba mi maleta de ruedas por aquel suelo lleno de polvo y raíces. Claro. Paz. Qué mejor sitio para ir a buscarla que ir a a un sitio en el que estaría veinticuatro horas escuchando su voz. Bueno, por suerte tampoco mucho, porque ya sabemos todos que el chico hablador no es, pero ya me entiendes.
Las primeras horas en Naruda fueron bastante apacibles, la verdad. Bastante parecido a lo que esperaba hacer en las Fiji: Hablar de chorradas con mis amigas e intentar ahogar mis sentimientos de confusión en mojitos bajo un cocotero. Sólo que tendría que ser en té aguado y sentadas en una roca bajo los pinos, mirando a la nada.
Bueno Mari, y qué tal te va con Sendoh? Que hace mucho tiempo que no nos cuentas nada, desembucha - Sayaka sacó el tema por el que todas nos habíamos estado muriendo de curiosidad en secreto, aunque no sé si justo en aquel momento me apetecía escuchar como Mari se moría de amor y era apasionadamente correspondida, mientras que mi vida amorosa tenía la misma vivacidad que un panda bebé con sueño.
Genial - me pareció ver un arco-iris reflejarse por la espalda de mi adorada amiga, mientras los pajaritos y las mariposas se coordinaban para bailar al son de su asquerosa e hiperglucémica felicidad - La verdad que nunca habría pensado que llegaríamos a estar así, porque creo que estoy sintiendo cosas que no había sentido nunca antes… El otro día conoció a mis padres, y la verdad que todo super bien fuimos a…
A ver, a ver. Mari. Que te piensas que a mi me interesa saber si te paseaste por el centro comercial con el de la manita o no. Al grano - Le exigió Sayaka - ¿ Os lo habéis montado o qué?
Ay Saya por favor, qué indiscreta.
Jo Mari a ver que lleváis ya como un montón de meses. Bueno uno o así. Tus amigas necesitamos saber si la cosa se ha puesto realmente seria o no.
Mari se bajó de la roca y se quedó de pie, mirándonos a las tres. Parecía algo mosqueada.
¿Y desde cuándo "eso" es un indicador de que la cosa se ha puesto seria? No lo es para nada. La cosa es seria. Pero si tanto te interesa no, aún no ha pasado nada. Sendoh me gusta de verdad pero yo me estoy… Reservando hasta ser consciente de que realmente vale la pena. Tú lo has dicho, llevamos dos meses. No me voy a despiporrar y ofrecer mi flor virtuosa - te lo prometo diario. Dijo la flor virtuosa - al primero que pasa.
Yo se la ofrecí al segundo que pasó y no me fue tan mal. - Sayaka se rió y le acompañamos en su chiste personal. Todas conocíamos la historia de Tsukuda: El segundo novio de Sayaka y un romántico primer encuentro en la parte de atrás del todoterreno de sus padres.
Bueno, tú eres tú Sayaka. Para el resto de nosotras es algo importante. Y será con alguien importante. Más tarde o más pronto.
Se me encogió un poco el corazón. O esa es la sensación que tuve. Notaba un pálpito constante y punzante en el pecho. Mari me estaba incluyendo en su grupito. El de las chicas castas y virginales que son capaces de conquistar a un hombre sin promesas lujuriosas. Que tienen esas quince citas oficiales, y conocen a los padres y se prometen amor eterno por las noches mientras miran las estrellas. Y primero es el primer beso. Y luego el segundo. Y luego es la primera vez que le dejas acariciarte un poco más arriba de la cintura y un poco más por debajo de la camiseta. Y en mi bucle de confusión y vacío existencial, me preguntaba si a mi realmente me apetecía haber sido una de esas chicas y haber ido poco a poco.
Bueno, habla por ti. Y por Akane si quieres, pero de Shina…
Mi corazón paró en seco, tras un último latido estruendoso. ¿Lo sabía? ¿Sayaka lo sabía? No podía saberlo. Había algo diferente en ti cuando ya no eras virgen que el resto de no vírgenes podían detectar y oler a metros de distancia?
Shina si va este ritmo con los novios más vale que la vayamos apuntando a un convento
Sayaka empezó a descojonarse y yo, aún sumida en un bucle de paranoia, me carcajeé al ritmo de sus risas, para intentar dejar bien claro que su chiste tenía parte de razón y que era todo divertidísmo, porque yo tardaría siglos en encontrar a alguien que quisiese pasar más de una tarde conmigo.
Hahaha, si, hahaha, es verdad… Más vale que ponga a Maullidos a tener familia porque voy a necesitar muchos gatos en mi futuro de tía solterona hahaha
Todas se reían. Akane se estaba revolcando por el suelo y Mari se apoyaba en mi hombro y se tapaba la boca, como haciendo ver que no era adecuado reírse de una situación como aquella.
Bueno Shins. No te preocupes, todo el mundo va a su ritmo. Lo importante es que sea con la persona adecuada.
Seguimos mirando hacia el bosque, haciéndonos compañía en silencia. Y pensar que en algún momento me había estado planteando contarles toda la verdad. ¿Con quién podía hablar, si no era con mis amigas? Pero no hubiese sabido ni por dónde empezar. Me imagino las preguntas inquisidoras de Mari, sobre si éramos amigos o sobre cómo se me había ocurrido "entregar mi virtud" así tan rápido y sin prueba alguna de compromiso. Miss Castidad, ella, que me consolaría de forma paternalista como si ella no hubiese conocido a su novio restregándose contra él en una discoteca. Pero veo que al final había tomado una buena decisión: No tenía sentido. ¿Qué les iba a explicar? Que a Rukawa verme en mayas y aspirando de mi ventolín le había infundido un arrebato de pasión y que yo me había dejado llevar sin pensar en las consecuencias? Nada en esta historia tiene sentido. Así que más vale que me la guarde sólo para mi, y con el tiempo la podré recordar de forma borrosa y sin detalles, feliz y rodeada de mi rebaño de gatos salvajes.
Como verás, y a pesar de seguir corroborando que me debería buscar a otro grupo de amiga, el día había ido evolucionando de forma correcta, porque había tenido un total de 0 encuentros con Rukawa. Aquel retiro espiritual me permitía al menos hectáreas y hectáreas de espacio al aire libre para poder esquivarle a mi antojo, y con escondites naturales en casos de emergencia.
O eso es lo que pensaba yo hasta que descubrimos cuál era el plan de aquella tarde: Navegar por uno de los lagos que tanto habían entusiasmado a Akane en un barquito motorizado de dos plantas. El profesor Anzai y Ayako nos habían guiado a través del sendero que conectaba la casa con el lago, a un paso que me costó seguir, cosa que, si tenemos en cuenta que era un señor práticamente octogenario quien lideraba la marcha, dice muy poco a mi favor. En cuanto vi aquel pequeño mamotreto destartalado, super que por mucho que lo intentara no me iba a poder mantener a la distancia de Rukawa que yo necesitaba - que así para resumir se concretaría en el equivalente a dos continentes y una isla de tamaño mediano.
Si miráis hacia vuestra derecha podréis ver a lo lejos la montaña de Akitsubaru. Es una de las formaciones rocosas más interesantes de toda la región - Akane, que había interiorizado la guía como un mantra vital, había decidido autoadjudicarse el título honorífico de guía. Me sorprendió mucho aquella vocación recién descubierta de mi amiga, pero nadie podía poder en duda que le ponía entusiasmo. Aunque el tema era aborrecedor por más energía que mi compañera le intentase poner.
Cuando empezó a hablar de cómo se podían diferenciar los árboles que se podían vislumbrar desde la orilla Akane empezó a hacer un pequeño vaivén. Y entonces me di cuenta. No era mi amiga quien se estaba moviendo. Era yo. Osea era mi mente. El ligero traquetreo del barco me había ido mareando poco a poco, y ahora una nauseas me iban recorriendo el cuerpo.
Me levanté y me aventuré hacia la cubierta. Por suerte no había nadie, porque el viento atizaba el barco y la gente había preferido quedarse en la parte cerrada, donde no parecía que un huracán tropical te fuese a desmembrar de un solo plumazo.
Me agarré a la barandilla de la proa y miré hacia las aguas turbias y revueltas de aquel lago entre montañas. Creo que no fue una buena idea, las nauseas se intensificaron y sólo podía rezar para que aquellos bandazos en el oleaje pararan y los bancos de madera se convirtiesen en un mullido sofá en el que dormir profundamente.
Shina.
Aquella voz. Aquel nombre. MI nombre. Y lo había dicho él. ÉL. Me giré para confirmar mis sospechas. Rukawa se estaba acercando a mi y yo sólo podía pensar en que no podía vomitarle una segunda vez encima.
Ah. Hola.
Hola.
Estupendo. Entre mi indisposición y su capacidad dialéctica aquella conversa tenía toda la pinta de convertirse en un intenso intercambio de monosílabos.
Ehrm… ¿Qué tal?
Estupendamente. Reencontrándome con la persona con la que menos quería hablar justo en el momento en el que creo que voy a morirme del mareo. Pero, eh, chico, genial.
Bien… Aquí. Disfrutando del paisaje. Que no es Fiji, pero bueno.
Quería hablar contigo.
Claro. Muy bien. Kaede Rukawa quiere hablar conmigo. Ha tenido tres santas semanas para venir a hablar conmigo pero justamente ha decidido hacerlo el día que los huevos revueltos y el donut del desayuno están bailando una conga caribeña en mis entrañas.
Vale.
Erh… A ver, que ya sabes que a mi no se me da bien esto. Hablar, digo.
Ya - Asentí mientras me asía con más fuerza a la barandilla e inspiraba sin saber qué esperar.
Pero que lo siento, y eso. Osea que no siento lo que pasó. Siento que no hayamos vuelto a hablar, y no me gustaría que pienses que…
¡OH DIOS MÍO!
MADRE MÍA NO PUEDE SER
AY MI MADRE, A VER, A VER
Rukawa y yo nos giramos del golpe. Había tres chicos del equipo de básquet en un de los laterales del barco. Me quedé tan congelada que creo que incluso creo que dejé de estar mareada. Nos quedamos allí, ensimismados viendo Mitsui agitaba un papel en el aire y los otros dos chicos se lo intentaban arrebatar.
Mierda - Susurró Rukawa.
Mierda, ¿qué? Que es lo que le preocupaba? Que aquellos chicos hubiesen escuchado como intentaba pedir perdón? Mientras yo estaba dilucidando por qué era tan malo que alguien escuchase nuestra conversa, si tampoco me estaba diciendo nada del otro mundo, Rukawa se encaminó silenciosamente hasta el grupo de chicos. Les escuché susurrar. Subieron un poco el tono, pero seguía sin escuchar su conversa por culpa de aquella ráfaga de viento. Intenté encaminarme hacia ellos para enterarme de qué estaba pasando, pero tuve que volver a asomarme por la barandilla del barco porque un amago de arcada me sacudió.
Cuando volví a mirar hacia ellos Rukawa estaba empotrando a Mitsui contra la pared mientras lo agarraba por el cuello.
¡Eh, Shina! - Mitsui me llamó y fue el último atisbo de motivación que necesitaba para ir hasta ellos, a pasos lentos y sin soltarme de la barandilla.
Cállate imbécil - Rukawa le volvió a dar un golpe contra la pared.
Mitsui dejó ir el papel que tenía en la mano al intentar incorporarse y se volatilizó con el aire. Seguí avanzando a tientas por la cubierta hasta que algo me tapó la visión.
Nooo - Escuché un grito ahogado que me pareció que era de Rukawa, pero tampoco vayas a fiarte de mi porque ya sabes que tampoco es que le haya escuchado tanto como para tener todos sus tonos identificados.
Me quité lo que me había opacado la visión por un momento y me lo quedé mirando. Al principio no me lo podía creer. No lo podía ubicar en un contexto que me ayudase a entender cómo aquello estaba ahora allí.
Levanté la mirada hacia Rukawa, que había dejado a Mitsui revolcándose de dolor en el suelo y se había acercado a mi.
No es lo que parece Shina. Se ha confundido y ha cogido mi mochila por error, y eso estaba ahí por accidente, no sé ni como… Yo creo que Maullidos…
inspiré. Intenté incorporarme para poderle mirarle a la cara sin que las nauseas volviesen al acecho. Aquel papel que se me había pegado en la cara era el que Mitsui tenía en la mano. Era el panfleto con el que Rukawa que había sobornado para conseguirle la puta pelota de Tayama. El panfleto en que salía yo en ropa interior, con actitud agresiva y en el se anunciaban mis servicios por un módico precio. Sentía tanta rabia hirviendo en mi interior que no sabía ni cómo gestionarla. Ni qué decir. Me acerqué un poco a Rukawa.
NO - METAS - A- MIAU- EN-ESTE - Y le di un empujón con toda la fuerza que pude exteriorizar para exorcizar aquella ebullición de odio que había en mi.
Y no es lo que pretendía. Por más que le odiase. Y me quisiese morir. Por más que no pudiese contenerlo. De verdad que no es lo que buscaba.
Oh dios mío. Se ha caído. Se ha caído. Que alguien pare el barco
Uno de los chicos que habían estado en el corrillo de Mitsui corrió hacia dentro. Yo no podía moverme. Sólo podía ver a Rukawa nadando a contracorriente para poder alejarse del barco.
Oh dios mío. Lo siento. ¡Lo siento! De verdad que no es lo que quería…!
Gluuu
¡Ay dios!
Nunca antes en la historia de la humanidad un barco había estado a punto de descarriar por culpa de un témpano de hielo flotando en el agua. Bueno sí. Pero ya me entiendes. Nunca me había imaginado que la vida de Rukawa estaría en peligro por mi culpa. Por más que fuese un gilipollas redomado.
Miré hacia dentro y vi que no salía nadie. ¿Dónde estaba aquel tío? Fui corriendo hacia la parte de dentro.
Y pensad que los sauces que hay en cada uno de los márgenes…
HAY QUE PARAR EL BARCO. Vamos a chocas, vamos a chocar con…
Todos se giraron hacia mi, extrañados.
Hay un…! - señalé hacia fuera pero los nervios y el movimiento rápido habían desatado en mi todo que llevaba minutos revolviéndose. Vi un cuenco encima de una mesita y lo vi como una salvación: Lo agarré y vacié todo mi mareo dentro de aquello.
¡Es verdad! - Dijo Akane - Hay un roca en medio del lago, lo decía la guía! Y el barco se está desviando del rumbo, nos vamos a chocar!
Lo que sucedió a continuación lo recuerdo con el velo del mareo. La gente iba correteando de un lado al otro y gritando cosas aleatorias, mientras los vaivenes del barco se intensificaban. Vi a alguien rodar por el suelo y yo seguía aferrada a mi cubo lleno de vómitos, que había ido salpicando a discreción con cada una de las sacudidas.
De pronto todo paró.
Yo sólo podía pensar en Rukawa y en si estaría bien, y si por el contrario su cuerpo estaría enredado en la turbina.
Que esté bien. Que esté bien. Que esté bien. Que esté bien. Alguien me pasó un chaleco fosforescente y me lo puse y me lo abroché como pude. Seguí a todo el remanso de gente que salía del interior del barco. El capitán iba recorriendo el lateral dando indicaciones como podía:
Tenéis que tiraros por la borda. Id con cuidado. ¡No, de cabeza no! Pero poneros el chaleco. ¡No, de espaldas no!
Cerré los ojos e intenté tirarme sin pensármelo dos veces. El frío del agua me caló los huesos e hizo que se aliviaran un poco mis nauseas. Empecé a buscar la palidez de Rukawa por la turbieza de aquel lago, pero sólo vislumbré una cabellera roja haciendo aspavientos.
¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Que me ahogo, no se nadar, no se nadar, el chaleco me va pequeño!
Sakuragui, si tocamos todos que aquí no cubre.
Mi reciente amigo pelirrojo emergió del agua para comprobar que esta apenas le llegaba a la cintura.
Ey, ¡Haruko! Claro, ya lo sabía, estaba haciendo broma jajaja.
Torpe
Aquella palabra reanudaron el latido de mi corazón. Estaba ahí. Y hasta con el pelo aplastado por el agua y el chaleco medio abierto estaba irresistible.
Así que nada. Ayer hicieron una fiesta para celebrar cómo mi alerta nos había salvado a todos de chocar con la roca. Y, claro, pasaron cosas.
Pero creo que esto es algo para contar en otro momento, antes necesito darme un pequeño atracón de calmantes.
Se despide, desequilibradamente tuya,
Shina.
N/a:
LONG STORY LONG
Holi. Qué tal? Os prometo que he llegado a pensar que la fecha de última actualización de la historia estaba mal. ¿Octubre? Pero qué dices, Fanfiction, yo hace relativamente poco que subí capítulo…
Pues eso. Un año después sigo siendo la misma persona sin vergüenza ni palabra que lleva más de una década escribiendo un fic de menos de 20 capítulos. Aquí, de guays, como si fuese George R. R Martín o algo.
Bueno, volvamos a mi discurso del día de la marmota:
_MIL MIL MIL gracias a todas las que seguís ahí, esperando o incorporándoos al último momento. Vuestro apoyo me da taaanto ánimo… Aunque lo demuestre con esta poca constancia.
_Queda 1 capítulo + 1 epílogo. Llegará en breves. No voy a prometer que pronto por si luego me traiciono a mi misma como siempre, pero me he propuesto acabar el fic este 2018. For real.
_Ya sabéis que mis excusas son las de siempre: La vida, que pasa, y no te das cuenta…! Pero este último año he estado también escribiendo una novela. Siguiendo con mis propósitos, también espero que esté acabada este 2018…! Si queréis estar más al tanto de lo que voy haciendo y tener un canal de via directa para presionarme y forzar a mis musas a que bajen me podéis seguir en mi cuenta de Instagram literaria: abrildramasmil
