Nota final -Quiero darles un caluroso aplauso, si lectores, un aplauso, por haber tenido la paciencia para leer el final de este fanfic, que espero disfruten mucho. Dedicado con todo mi corazón a los lectores de aquí y de forosdz, fwa, etc.
Capítulo final -A tu lado.
Los meses habían pasado lentamente. Toda parecía tan rutinario y simple, que la monotonía ahogaba a Tohru de manera interminable.
-Cómo te extraño.
Desde que Kyou fue encerrado, no pasaba un día en que no pensara en él.
-¿Sudece algo malo? -le preguntó Yuki.
-Ah... ¿Ah¡Ah! No, no pasa nada U
-Es que otra vez serviste cuatro porciones.
El semblante de Tohru se oscureció unos instantes. Aún no podía olvidarlo.
-¿Te encuentras bien? -preguntó Shigure, quien tampoco pasaba desapercibidas las reacciones de todos en su casa.
-No, nada...
-Si hay algo que nos quieras decir, con gusto te escucharemos -Shigure trató de animar a Tohru- tú ya nos ayudaste bastante, y nos toca corresponderte eso.
Una sonrisa triste se dibujó en el rostro de la chica.
-Se... se los agradezco mucho -rápidamente, comenzó a llorar- pero... no importa... en serio.
Ambos Sohma callaron al comprender lo que agobiaba a Tohru, y siguieron adelante con sus asuntos.
Subiendo en la noche al tejado, Tohru se preguntaba si habría alguna cosa más por hacer.
...-...-...
Uno de los sirvientes colgó el teléfono.
-¿Lograste localizarlo?
-Para nada. La secretaria dijo que había cambiado de institución hace tiempo, y que no dejó ni nombre, ni dirección o teléfono para localizarlo.
-Entonces en verdad la dejaron.
Los sirvientes de Sohma suspiraron de forma pesada. Habiendo perdido contacto con la única persona que podría ayudar a la jefa de la familia, les quedaban pocas esperanzas de una mejoría, en todos los sentidos.
-Tal parece que es el fin, hace años ni lo hubiéramos creído.
-El hechizo terminó, pero solo para ellos.
Abriendo un poco la puerta de la habitación de Akito, los sirvientes se sintieron un poco más tranquilos al verle reposar tranquilamente. Uno de ellos se acercó para tocar su frente, y con gran alivio se cercioró de que la fiebre ya se había ido.
-Kora dijo que la depresión ocasiona que las personas, inconscientemente, disminuyan sus defensas al punto de que cualquier enfermedad puede llegar a ser mortal para ellas. De por sí su salud es muy frágil, y luego perder algo que había sobrevivido a través de los siglos, en una temporada, debió haberla devastado.
-¿Insinúas que ella era feliz con el hechizo?
-Quizá. Tal vez Akito-san sentía, es decir, se sentía útil, y ahora que lo ha perdido...
...-...-...
La puerta del cuarto oscuro se volvió a abrir ese día.
Pero de nueva cuenta, no era Akito.
-¿Joven Kyou? -una de las sirvientas, con una llave muy particular, se acercó a Kyou, quien aún no pudiera identificar su rostro por la repentina entrada de luz- Akito-san está muy enfermo, y no creemos que pueda sobrevivir...
-¿Y Hatori? -preguntó, pero la sirvienta movió la cabeza de forma negativa- ¿y los demás?
-No hemos logrado un contacto con el doctor, y los demás no quieren saber nada. Y, aunque no sepamos las intenciones de Akito-san, creo que lo liberaría, ya que no tiene sentido que usted siga aquí.
Y con esas palabras, Kyou vio por última vez el cuarto oscuro.
-Le trajimos algo de ropa que encontramos del joven Hatsuharu, que dejó este último año nuevo, y el baño está listo, por que supongo que desea asearse, también está servido...
Aunque le hablaran, las palabras resultaron muy lejanas para Kyou, quien apenas y levantaba la cabeza, para descubrir que el imponente clan Sohma había caído al terminar el hechizo.
-¿Todos se han ido?
-Con el único que hemos llegado a tener contacto es con el señor Kazuma, ya que ni con el joven Shigure hemos podido comunicarnos.
Y como si hubiera sido invocado, rápidamente el maestro, quien acabara de llegar, se arrojó y abrazó con efusividad a Kyou.
-¡¿Maestro?! -exclamó con sorpresa Kyou- ¿estaba aquí?
-Temía por tu seguridad -le dijo cuando por fin terminó el abrazo- temía que te pasara algo, pero me doy cuenta de que Akito no hizo más que liberarte, y nada me pone más feliz que eso.
-No fue Akito -Kazuma se sorprendió al oír eso- sino que está enferma, y no da señales de mejorarse.
-Kyou¿sabías que Akito...?
-Ya no importa, aunque explica muchas cosas. Lo que sí quiero, es verla, si es posible, por supuesto.
...-...-...
-...que sea esa la ra...
-...stro, está desper...
-¿...Akito?
Poco a poco, Akito fue recuperando el sentido, pero no pudo incorporarse sino hasta que recibió un poco de ayuda para apoyarse.
-¿Cuanto...? -pronunció de forma apenas audible- ¿cuanto tiempo...?
-Cerca de tres días, pero aún está débil, descanse, Akito-san.
Kazuma le acercó a Akito una taza de té, pero ella la rechazó.
-¿Qué hacen todos aquí?
Con esa pregunta, se marcó un silencio. En realidad, aunque hubiera explicaciones, nada tendría sentido en ese momento. Akito bajó un poco la cabeza, y a una señal tanto Kazuma como los sirvientes se marcharon.
-¿No irás a encerrarme de nuevo?
-¿Ya te encariñaste con el cuarto oscuro? Creí que odiabas la idea de quedarte ahí.
-Odio ese lugar, pero qué vas a hacer tú. Eso quiero saber.
Akito no dijo nada. Era evidente que todo lo ocurrido en los últimos meses era la cuenta regresiva de algo, pero ¿de qué?
-No hay nada que pueda hacer ahora, pero tú si. Lo mejor será que te marches, ya que aún tienes mucho por vivir, y aquí no harás absolutamente nada que valga la pena.
Kyou se puso a observar a la persona que tenía frente a él. Se veía más pálida de lo que creía que era, mucho más pequeña y en sus ojos podía verse una profunda tristeza que difícilmente podría pasar desapercibida.
Nunca se explicó por qué, ni para qué, o si valdría de algo, pero se acercó lentamente a ella, y le dio un beso. Nada en especial, un simple impulso, pero por el cual le dio a entender que, de cierta manera, le comprendía, y le perdonaba, de alguna manera u otra, su proceder.
...-...-...
Aún no lograba acostumbrarse, a pesar del tiempo transcurrido. Caminando lentamente, seguida de cerca por Yuki, y tratando de prestar atención a sus comentarios, Tohru trataba de mostrarse alegre, pero hasta para ella era evidente que no podría sentirse tranquila sabiendo que Kyou estaría solo y encerrado por el hechizo del gato.
-¡Tohru!
-¡¿Ah?! -el grito que diera Yuki evitó que Tohru chocara otra vez contra un árbol- Ah¡ah! oh cielos, lo lamento Yuki.
-Solo trata de prestar atención al camino, Tohru, si sigues distrayéndote te vas a lastimar.
-Lo sé. Y lo siento mucho -comenzó a llorar de nueva cuenta- pe... pero no puedo evitarlo.
A Yuki no le gustaba ver sufrir a la persona que siempre le prestara su tiempo para él desahogar sus penas, pero también se molestaba consigo mismo al no ser quien pudiera arreglar la situación.
-Volvamos, si seguimos aquí, podríamos atrapar un resfriado, y Hatori hace mucho que salió a EUA.
La chica limpió sus lágrimas y trató de seguir al joven, pero se sentó en un tronco y dio rienda suelta a su llanto.
-Ky-Kyou, te... ¡Te extraño¡Te extraño mucho!
Siguió llorando con la amargura que día a día se fuera acercando a ella, sin darse cuenta que una persona, lentamente, se le acercaba y comenzaba a tocar su hombro a modo de consuelo.
-Lo... lo siento Yuki...
-¿Yuki?
De pronto, todo se detuvo para Tohru. Lentamente levantó su rostro y sintió la mano de Kyou tomando delicadamente su mejilla y limpiando sus lagrimas.
-Yo lo siento aún más por haberte preocupado.
Sin decir más, Kyou tomó a Tohru en brazos, siendo grande la sorpresa de ella al ver que el joven no se transformara más.
-Ya no te preocupes por mí.
Y arrancándose el rosario, el joven dio a entender que el hechizo ya no sería un obstáculo para su felicidad.
...-...-...
-¿Se siente bien?
-A decir verdad -dijo Akito a sus sirvientes- nunca me había sentido mejor, creo.
Todo había pasado muy rápido. Desde el momento en el que Kyou se atreviera a besarla, descubrió que las cosas ya serían regidas única y exclusivamente por el destino, y que tratar de impedirlo sería una tontería, por lo que le deseó mucha suerte y no dejó de orar por la liberación del hechizo hasta que sintió desde lo profundo de su alma una sensación que jamás había experimentado, dejando que nuevas lágrimas rodaran por sus mejillas.
-Tengo un poco de sed¿podrían traerme té, por favor?
-Sí, en seguida.
Nuevamente sola, Akito se levantó del futón y se puso encima el kimono, y levantándose, contempló con melancolía el jardín, ese jardín que, meses atrás, albergaba personas que hacían cuanto podían por librarse, y hoy no estaban, por que lo habían conseguido.
-Quizá... si no hubiera sido tan ciega...
Se recargó en la pared, esperando por el té y contemplando las nubes. Dejó que el viento rozara su rostro y sintió cómo su cabello había crecido, aunque no le dio la importancia que tiempo atrás le hubiera tenido.
-Quizá... si les hubiera dado la oportunidad...
Observó sus manos un momento. Esas manos que habían lastimado a tantas personas, esas manos que solo sabían arruinar lo que tocaban, esas manos... que ansiaban una caricia, un contacto cálido con otra piel...
-Quizá...
Cuando la sirvienta entró con el té, se acercó a Akito y le dijo en un susurro.
-Alguien vino a visitarle¿lo dejo pasar?
-¿Alguién¿Quién? -pero al instante Akito reiteró- Dile que pase.
Cuando le vio entrar, sintió como cada una de las células de su piel vibraban. Ansiaba arrojarse a sus brazos, desahogarse, dejar que la abrazara, que la besara, que la estrechara contra su pecho y escuchar de él palabras que la consolaran hasta un nuevo amanecer.
Pero también tenía miedo, ya que nadie la conocía a ella tan bien como él. Tenía miedo de que él fuera únicamente a burlarse de ella, a lastimarla, a decirle todas las verdades que ella bien sabía y sin embargo desconsideraba por ser molestias no solo para ella, sino para quienes estuvieron con ella. Tenía miedo a que él solo estuviera ahí para vengarse.
Pero solo se le quedaba viendo, con esa sonrisa que escudaba muy bien sus verdaderas intenciones. Akito maldecía por lo bajo no poder descrifrar lo que esa sonrisa y la mirada que le daba querían decir.
-Tanto tiempo... -dijo al fin Shigure- Veo que te dejaste crecer el cabello.
-Recién me recuperé. No he tenido tiempo de arreglarme como quiero.
La tensión que se sintió en ese momento provocaba en el cuerpo de Akito una sensación de asfixia, sentía que no podía ni moverse ni respirar, y tampoco quería que Shigure la viera a los ojos y romperse frente a él por completo. Aún no.
-¿A qué se debe tu visita?
Akito se volvió al jardín, en espera de la respuesta de Shigure. Pronto, pudo sentir las cálidas manos del joven tocando sus hombros y acariciando suavemente su cuello, sintiendo su cálido aliento en la nuca, lo que la estremeció de la cabeza a los pies.
-Vine a pedirte perdón... por haberte dejado.
-Mentiroso.
-Akito, estoy hablando en serio. No hubo día en que no pensara en tí. Y cuando dormía, solo soñaba con tu sonrisa, tu calor, tu amor.
-Claro, lo que esta meretriz te pudo dar.
-Akito.
-¡Vamos! -ella se volvió y lo empujó con fuerza- ¿Por qué negarlo si tú mismo me lo dijiste¿A qué vienes¿A burlarte de mi de nuevo¿A verme destrozada¿A lastimarme más de lo que ya estoy? No tienes idea... ¡No tienes idea de cuanta falta me hiciste! Te estuve esperando... A tí¡a quien fuera! pero nunca llegaron, me dejaron... y ni siquiera podía quejarme, por que no había razón, por que no tenía sentido, por que estaba sola...
-Akito...
-¡Vete! -Akito rechazó el contacto de Shigure- Ya no quiero que me lastimen, déjame sola, por favor...
Pero Shigure avanzó, y abrazándola tiernamente, dejó que le pegara, que le gritara, que llorara, que se rompiera, pero con la seguridad de que él estaba ahí para consolarla, para acogerla en sus brazos, para demostrarle que a veces el amor tiene que hacer ciertas heridas, por que solo así, cuando todos los demás métodos fallan, la persona amada se da cuenta de que jamás, de alguna manera u otra, estuvo sola.
Y ella lo sabía, por que aunque no fuera el mismo caso o las mismas circunstancias, había alguien que estaba con ella en la soledad. Y a pesar de las grandes diferencias y los grandes malestares que con el tiempo tuvieron lugar, no había nada que pedir, perdonar o incluso olvidar, por que en cada recuerdo, había "algo" que a pesar del dolor, provocaba una sonrisa, el recuerdo de específicos momentos en los que el alma se mostraba tal y cual era.
-No estás sola Akito. Jamás lo volverás a estar. Te lo prometo.
...-...-...
"Se acercó hasta donde estaba él, y dándole la sonrisa más hermosa que había llegado a ver en su vida, le limpió la cara con su pañuelo.
-Ya no llores, n.n ¿sí?"
FIN de Avec toi dans la solitude, gracias por su atención, nos vemos pronto en otros fics.
